Arroz con mango

Una correcta educación bilingüe tiene sus ventajas indudablemente. Como ya habrán notado, los académicos tenemos el raro vicio de aspirar a un uso apropiado de las palabras. El adjetivo bilingüe significa ‘que habla dos lenguas’. La definición no puede ser más anodina ni más acertada.

Valga la redundancia

Esta frase es la que usamos para excusarnos por una redundancia, que consiste en la repetición o el uso excesivo de una palabra. Existen, sin embargo, muchas ocasiones en las que lo que repetimos innecesariamente no es la palabra sino el concepto.
Estas redundancias son más difíciles de notar. Demuestran desconocimiento del significado exacto de las palabras y descuido en nuestra expresión. ¿Quién de nosotros no se ha referido alguna vez a la base fundamental de algo? Si la base es el ‘fundamento o apoyo principal de algo’ el adjetivo fundamental sobra. ¿Qué me dicen de los ejemplos prácticos? La razón de ser de los ejemplos es precisamente ser prácticos. Los kilos de peso y los años de edad parece que nos pesan más y que pasan más rápido, pero no pueden ser más que eso, y a ambos sustantivos les sobran los complementos preposicionales. Al erario también le añadimos con frecuencia, e innecesariamente, el adjetivo público. El erario siempre es público porque este sustantivo se refiere al departamento de la Administración Pública que se encarga de las finanzas del Estado. ¿No será que este concepto ya no nos queda tan claro a todos? Seguramente más de uno tendrá entre manos algún proyecto. Algunos dirán incluso que tienen un proyecto de futuro. Tienen el ‘designio o pensamiento de ejecutar algo’. Por eso es que todos los proyectos son de futuro. Una vez más no vale la redundancia.

Envíe sus comentarios y/o preguntas a la Academia Dominicana de la Lengua en esta dirección: consultas@academia.org.do

© 2011 María José Rincón

Nuestra autoridad

El trabajo académico dedicado a la revisión y actualización permanente del Diccionario de la Real Academia no se detiene nunca. La próxima edición de esta obra está prevista para 2014.

Herramientas

Los usos erróneos que se generalizan en la lengua proceden con frecuencia de un fallo concreto. Los hablantes, sin pararnos a analizar su corrección, lo extendemos al repetirlo. Eso es lo sucedido con las declaraciones poco afortunadas, lingüísticamente al menos, de un responsable del suministro de agua en estos días de averías, cortes y restricciones. En vista de que la escasez de agua afectaba a sectores que habitualmente no la sufren, animaba a «racionalizar el agua». Los reporteros reprodujeron sus palabras sin detenerse a pensar en lo inapropiado de la elección del verbo.

Releer y corregir

Admiramos a los escritores que son capaces de usar el lenguaje con creatividad y que nos regalan páginas magistrales convertidas en obras de arte. El don de crear belleza con las palabras es patrimonio de unos cuantos. Los demás tenemos que conformarnos, que no es poco, con redactar con corrección y coherencia.

Pequeñas pero chismosas

Las preposiciones nos juegan a veces malas pasadas. Son partículas con significado gramatical que nos sirven para unir palabras y sintagmas. En español son palabras invariables y forman un grupo cerrado que, hace ya algunos años, nuestros profesores, sabiamente, nos hacían aprender de memoria en una especie de trabalenguas cantado: a, ante, bajo, cabe, con, contra…
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Una sobreviviente

A veces tengo la suerte de recibir consultas que me acercan a la interesante vida de las palabras. La profesión periodística, por su inmediatez, se enfrenta a diario con el manejo de su principal herramienta de trabajo: la palabra. Las dudas sobre la propiedad de un término son muy habituales, y eso le ha ocurrido a nuestra lectora con la elección entre emprendedurismo y emprendimiento.
Ambas se usan para nombrar la acción o el efecto de acometer una obra o para denominar la cualidad de emprendedor que tiene una persona. Desde luego que emprendedurismo no está incluida en el Diccionario de la Real Academia y emprendimiento aparecerá por primera vez en su próxima edición. Eso no quiere decir que sea una palabra nueva. La primera documentación que he encontrado en español data de una carta escrita por Juan II nada menos que en 1312. Desde esa lejana fecha el español parecía, solo parecía, haberla olvidado en los textos escritos hasta que reaparece en la zona del Río de la Plata a partir de los años setenta del siglo XX, sobre todo en prensa escrita. También de las publicaciones periodísticas de la misma zona proceden los ejemplos para emprendedurismo, pero a partir de 2001, y de uso muchísimo menos frecuente. Si me piden que tome partido, cosa que a los lingüistas no nos gusta demasiado, desde luego me inclino por emprendimiento, con más solera y mucho más bonita, aunque esta última razón sea poco científica.

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© 2011 María José Rincón

El mundo en español

Los recientes acontecimientos internacionales nos han obligado a utilizar topónimos y gentilicios poco frecuentes. Túnez, el país y su capital, se convirtieron, por obra y gracia de la ignorancia o, peor aún, de la parejería, en *Tunicia, y los tunecinos en *tunicios. Egipto y los egipcios han salido mejor parados y, al final, nos hemos aprendido el gentilicio para los cairotas, los naturales de El Cairo, la capital egipcia. La lejana Pekín, o Pequín, como también puede escribirse, se convierte demasiado a menudo en Beijing; por cierto, no sé cómo tendríamos que llamar al delicioso pato a la pekinesa.

Merengue sin güira

Algunos signos ortográficos han protagonizado esta columna durante las últimas semanas. Son marcas gráficas que ayudan a que podamos leer e interpretar correctamente los textos escritos. Nuestros lectores nos consultan acerca del uso de la diéresis, también conocida como crema, esos dos puntos que colocamos horizontalmente sobre una vocal. En nuestro sistema ortográfico solo tienen una función: indican que la letra u debe pronunciarse, cuando aparece después de g y antes de e o i. Se trata, por tanto, de un signo diacrítico, como lo es la tilde, que le otorga un valor especial a la letra sobre la que se coloca.

Unas cuantas tildes menos

Entre las novedades que nos ha traído la nueva ortografía académica se encuentra la eliminación de la tilde en tres casos concretos. La regla general es que las palabras que tienen una sola sílaba no se acentúan ortográficamente. Existen, no obstante, casos de uso de la tilde para distinguir entre las formas tónicas y átonas de un mismo monosílabo.