Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

ADJETIVOS SALIDOS DE ORDEN

Esta columna se ha referido  antes  a los adjetivos que funcionan también como sustantivos, sin que nada resulte cuestionado porque se trata de palabras polisémicas, es decir que tienen  más de un significado e incluso más de una categoría gramatical.

Es normal, por ejemplo,  que los adjetivos diario, periódico, médico, estrecho o  plano funcionen igualmente como nombres sustantivos: 1-Le dispensa  una visita diaria/ Publico una columna en el diario El Nacional.  2-Se  hace chequeos periódicos / Trabajo en el periódico Hoy. 3- Llevé un certificado médico / Hoy visité mi médico. / 4-Es un cuarto muy estrecho / El estrecho de Bering queda en Asia.5- Se trata de un terreno plano/ Ya tengo el plano del edificio.

La Gramática de la lengua española, publicación oficial (2009),  señala una larga lista de casos y situaciones  en los que los adjetivos se convierten en sustantivos de manera digamos lícita. Decimos que los adjetivos andan fuera de orden cuando forzamos su uso, en lugar de un sustantivo, al que se desplaza aplicando la llamada ley del menor esfuerzo.

Por  ejemplo, el adjetivo dulce se relaciona con los sustantivos dulzor y dulzura, por lo que es preferible decir: Me gusta el /dulzor/ de esa fruta o No me gusta la /dulzura/ de la miel, en vez de: Me gusta el “dulce” de esa fruta  o el “dulce” de la miel.

Es cierto, la mayoría de los adjetivos soportan el artículo /lo/ antepuesto y funcionan como sustantivo: lo bello, lo feo,  lo divino, lo humano, lo profano, lo sagrado. Mire este ejemplo lo bien que le quedó a Armando Manzanero:

“Adoro el brillo de tus ojos / Lo dulce que hay en tus labios rojos,/ adoro la forma en que suspiras y hasta / cuando caminas yo te adoro vida mía…”.  “Lo dulce” asume la función sustantiva.

Pero /dulce/ es también un sustantivo, de pleno derecho,  para nombrar un alimento o golosina  preparado con azúcar, frutas, nueces  y otros componentes (dulce de coco,  dulce de cajuil, dulce de leche, dulce de maní). De ahí derivan dulcero (vende dulces) y  dulcería (vende o fabrica dulces).

Es frecuente, en el habla cotidiana, colocar el artículo /el/ delante de un adjetivo, como en el ejemplo de “el dulce”, en detrimento de un sustantivo que está para  eso, para nombrar. Mire estos casos: el amargo, en vez de el amargor; el grueso, en  vez de el grosor; el espeso, en lugar de el espesor o la espesura; el árido,  en vez de la aridez, el agrio, en vez de la agrura. Hay muchos casos.  Este último tanto se ha empleado, que pocos se refieren al zumo o extracto de naranja agria con estos nombres, sino con su  cualidad principal: agrio, que es un adjetivo. “Lávalo con agrio de naranja y luego…”

Cuando un uso lingüístico llega hasta la poesía adquiere visos de legitimidad.  Es bien conocida la canción “Piel canela”, que ha circulado en diferentes voces, entre ellas las  de Nat King Cole,  Marisela y  Los Panchos.  Observe dos adjetivos precedidos del artículo /el/ y por tanto en función de sustantivos.

Que se quede el infinito sin estrellas

O que pierda el ancho mar su inmensidad

Pero /el negro/ de tus ojos que no muera

Y /el canela/ de tu piel se quede igual

Si perdiera el arcoíris su belleza

Y las flores su perfume y su color

No sería tan inmensa mi tristeza

Como aquella de quedarme sin tu amor

Faltaron casos y argumentos. Habrá que volver sobre el tema.

 

SEIS MUESTRAS DE NUESTRA EXPRESIÓN

Entre  la amplia producción  del filólogo  Pedro Henríquez Ureña se cuenta  el libro “Seis ensayos en busca de nuestra expresión”, referido a cuestiones lingüísticas y literarias  propias de la gran patria que es Hispanoamérica.

Este artículo, basado en seis vocablos, pretende a penas  presentar una breve muestra del habla de una pequeña nación, la dominicana, y si con ello ayudara a colocar un puntito en  nuestra  identidad, pues mejor.

Los seis  vocablos, adjetivos todos,  resultan muy propios del habla local. Se emplean  para emitir juicios sobre  personas y guardan entre sí gran afinidad semántica: trascendío, salío, metío, untado, relambío y averiguao. En cada uno se ha elidido la consonante –d en la última sílaba.  Veamos:

1-Trascendío o trascendía es una corruptela del adjetivo /trascendido, da/, que es a la vez el participio del verbo trascender. Este verbo aparece con siete acepciones en el Diccionario de la lengua española, las cuales poco tienen que ver con el uso que le damos aquí al vocablo trascendío.  Pero lo que se dice del adjetivo trascendido,  en el mismo diccionario, sí tiene que ver: “Dicho de una persona: Que trasciende, averigua con viveza y prontitud”.

El Diccionario del español dominicano (DED), publicación de la Academia Dominicana de la Lengua, atribuye a este vocablo la siguiente definición: Referido a persona, desvergonzado, atrevido, entrometido.

Cita una ejemplo de la novela Guasábara, de Alfredo Fernández Simó: “De haber sío por otro, aquí tuviera de trascendío sin sosiego, averiguando cosas y queriendo andar por el vecindario casa por casa”. (Pág. 70).

2- Salío.  Pasar de dentro afuera, es la primera de las cuarenta y unas acepciones que tiene el verbo salir. Ninguna guarda relación estricta con el sentido que le otorgamos al adjetivo /salío/. Tampoco  /salido/, como lo presenta el DLE, guarda relación alguna: 1. adj. Dicho de una cosa: Que sobresale en un cuerpo más de lo regular.

El  DED no incorpora este vocablo, pero lo conocemos con los mismos usos de trascendío. Ej: Qué tipo más salío, ¿quién le dio vela en ese entierro?

3- Metío.  Como marcada peculiaridad de nuestra forma de expresión, tenemos que derivados de los verbos antónimos salir y meter son sinónimos. El participio de meter, metido, sí guarda relación con el sentido en el que empleamos nuestra forma /metío/. Metido y metida (América Central,  Cuba y R. Dom. entremetido) significa entremetido, da. Este término es el participio del verbo  entremeter. Dicho de una persona: Que tiene costumbre de meterse donde no la llaman.

Según el DED, metido o metida es una  “persona, indiscreta, que se entremete en asuntos ajenos”.  Cita la novela de Pedro Vergés, Solo cenizas hallarás: “Y ella quería decir perdóneme Sotero, dejando de tutearlo, qué metida que soy, pero no se atrevía”.

4-Untao. El untado no se distingue del trascendío, metío o salío (trascendido, metido o salido), pero semánticamente tiene más carácter de dominicanidad.  Siendo la primera acepción del verbo untar  “Aplicar y extender superficialmente aceite u otra materia pingüe sobre algo”, poco que ver ha de tener su participio, untado, con el concepto de persona  presumida, lo que solemos   considerar “comparón”.

5- Relambío. ¿Qué dominicano no ha escuchado o dicho este vocablo para juzgar a alguien que se pasa de la raya? Relamber no es palabra de la lengua española, pero sí del habla dominicana. Hemos referido el poder creativo del  prefijo –re, con  el cual el hablante crea las palabras  a partir de otras ya existentes. La palabra base es /lamber/ cuyo uso se desaconseja en favor de lamer. Pero el dominicano tilda de /relambío/ al que se pasa de gracioso. Significa  descarado.

El DED  define el vocablo como “Persona descarada que se tomada  demasiadas confianzas”. Y pone de ejemplo frase de Edwin Disla, en su novela Manolo: “No es que no quiera saber de él, es que no me agrada su comportamiento; es demasiado relambío y fresco”.  (pág. 406).

6- Averiguao, de averiguado, participio del verbo averiguar: “Inquirir la verdad hasta descubrirla”. El sujeto averiguao es trascendío, salío, metío, untado y  relambío.

INTERSECCIÓN,  INTERCESIÓN,  INTERCEPTACIÓN

Habíamos pensado que con las  dos entregas publicadas los domingos 21 y 28 de julio daríamos por terminadas las  precisiones en torno a palabras parónimas.  Para que se ratifique –no rectifique-  la influencia de los amigos, y más si leen esta columna,  continuamos hoy con las diferencias entre los tres vocablos citados en el título.

Todos hemos vacilado al escribir alguna de estas palabras, y lo que es peor, algunos no han dudado, sino que han escrito una cuando el contexto requería la otra. Veamos

Intersección.  Procede del latín  intersectio, -ōnis. El Diccionario de la lengua española la define así: 1. f. Punto de encuentro de dos o más cosas de forma lineal. Hay un semáforo en la intersección de esas calles. 2. f. Geom. Encuentro de dos líneas, dos superficies o dos sólidos que se cortan entre sí.3. f. Mat. Conjunto de los elementos que son comunes a dos conjuntos.

Es un término de la geometría: dos calles que se cruzan, dos caminos, líneas de ferrocarril. Por eso ha  colocado la antigua Amet unos rótulos en algunas vías que dicen “No ocupe la intersección”. De este sustantivo deriva el verbo intersecar o intersecarse que significa: Dicho de dos líneas, dos superficies o dos sólidos: Cortarse o cruzarse entre sí.

Intercesión. También procede del latín (intercessio, -ōnis). Se define como la acción y efecto de interceder. En tanto que el verbo interceder se emplea con el sentido de hablar en favor de alguien para conseguirle un bien o librarlo de un mal. Es una acción muy propia de la politiquería. Preferimos referir que   el vocablo intercesión  es muy usual   en el mundo religioso, más aun entre católicos que suelen –o solemos- pedir al Padre por medio de Jesucristo, de Santa María o de los santos. Toda devoción a los santos tiene por fin solicitar su intercesión ante Dios para conseguir favores.

Interceptación. Palabra menos conocida que las anteriores es interceptación. (Del latín  interceptus, participio  pasivo de intercipĕre ‘interceptar’). El Diccionario académico  la define muy escuetamente: Acción y efecto de interceptar. A este verbo le asigna tres acepciones: 1. tr. Apoderarse de algo antes de que llegue a su destino. 2. tr. Detener algo en su camino. 3. tr. Interrumpir, obstruir una vía de comunicación.

De modo que cuando las autoridades detienen un grupo con un cargamento de drogas antes de llegar a su destino, la acción es una interceptación.

Ocurre que en estos casos se suele emplear  el vocablo “intercepción”, que no aparece en el Diccionario oficial de la lengua española.  No obstante tiene uso frecuente. Una página web titulada Castellano Actual, explicando  la diferencia entre  intercepción e intersección indica lo siguiente: “Intercepción e intersección son dos palabras totalmente distintas y por el gran parecido fónico pueden ser consideradas palabras parónimas”. Y agrega: “El vocablo “intercepción” está relacionado con “interceptar” (‘apoderarse de algo antes de que llegue a su destino’), de allí que se use más la forma “interceptación”: Los servicios de inteligencia interceptaron su correspondencia; La interceptación telefónica es un grave delito”.

Otra página de Internet se ha permitido definir la voz intercepción de este modo: “Del verbo interceptar, que quiere decir detener o frenar algo en su camino, se forma el sustantivo intercepción. El verbo interceptar equivale a otros, como estorbar, obstaculizar, entorpecer, impedir, interferir o interrumpir”.  Le atribuye todo el valor semántico del vocablo interceptación. Usted escoge. Usted sabe diferenciar.

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