Temas idiomáticos

Por María José Rincón

OTRA YAGUA VIEJA

30 / 07 / 2019

Tratamos la semana pasada de la abundancia en nuestra expresión diaria de expresiones con palabras españolas que copian estructuras del inglés. A ellas se suman los falsos amigos, lingüísticos, se entiende. Como en la vida misma, pasan desapercibidos para la mayoría de los hablantes. Dos palabras se parecen entre sí en su forma, a pesar de pertenecer a lenguas distintas; por ejemplo, el verbo español pretender y el inglés topretend. Cada uno tiene en su lengua sus significados propios, pero su parecido provoca cruces de significados.

Nos valemos del Diccionario de la lengua española y encontramos que el español pretender significa ‘querer conseguir algo o hacer diligencias para conseguirlo’; de ahí también su acepción de ‘cortejar una persona a otra’. Una pretensión o una pretendencia es la aspiración a conseguir algo, incluso si es ambiciosa o desmedida. El que pretende es el pretendiente o la pretendienta, también si aspira a un cargo público o a un noviazgo. Somos pretenciosos o pretensiosos cuando, con pretenciosidad, nuestras aspiraciones van más allá de la realidad. En este repaso por pretender y su hermosa familia no hemos encontrado por ninguna parte el significado actual del verbo inglés to pretend, que, a grandes rasgos, se refiere a ‘fingir, simular’. Sin embargo, en nuestra conversación cotidiana encontramos con demasiada frecuencia la expresión *pretender ser alguien más (pretend to be someone else), sin duda originada en la confusión que produce la falsa amistad entre pretender y to pretend. Lo correcto en español sería fingir o simular ser otra persona. Y sí, en esa expresión se cuela otro anglicismo: el inglés else significa a veces ‘otro’ y no es correcto traducirlo, como tantas veces se hace, por ‘más’.

No siempre la angliparla es tan evidente como nos gustaría; a veces nos acecha detrás de cualquier yagua vieja.

TENER ARRESTOS

06 / 08 / 2019

Nuestra forma de hablar español muestra rasgos de pronunciación que nos definen desde hace siglos. La ortografía ejerce su tarea imprescindible para la unidad de la lengua y permite que todas nuestras pronunciaciones (y son muchas a lo largo y ancho del mundo hispanohablante) desaparezcan cuando escribimos. Sin embargo, algunas palabras resultan irreconocibles, hasta el punto de hacernos creer que son términos exclusivos del español dominicano; pero basta que les apliquemos la lupa dialectal para que encontremos que siguen siendo palabras propias del español general de cualquier lugar.

Pregunta una lectora por los adjetivos arretao y arretá. Los rasgos fonéticos que muestran, y que la escritura intenta reflejar, provocan que perdamos el norte. Estas formas registran dos fenómenos dialectales muy extendidos en español. Empecemos con la aspiración o supresión de la ese final de sílaba, propia del español meridional: arre(s)tao, arre(s)tá. Continuemos con la elisión de la -d- intervocálica, a la que se suma la pérdida de la -a final: arre(s)ta(d)o, arre(s)tá(da).

Como ya han descubierto, se trata del participio del verbo arrestar. Basta consultar el Diccionario de la lengua española para confirmar que este verbo cuenta con dos acepciones relacionadas con nuestro adjetivo. Una de ellas, ‘arriesgar’, ha perdido vigencia; la segunda, propia del pronominal arrestarse, es la fuente directa del uso dominicano: ‘determinarse, arrojarse a una acción o empresa ardua’. Un miembro más de la familia es el sustantivo arresto, que tiene, entre otros significados, el de ‘arrojo o determinación para emprender algo arduo’. De ahí la expresión muy usada de tener arrestos.

Si buscan arretao o arretá en el Diccionario del español dominicano no van a encontrarlos. No es una palabra diferente, es solo nuestra forma de pronunciar una palabra común.

¿QUÉ BUSCAMOS?

13 / 08 / 2019

El paso del ecuador de 2019 es un buen momento para revisar las consultas que los dominicanos hemos hecho en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia a lo largo de este primer semestre. El servicio Enclave Rae nos permite tomar el pulso a lo que los usuarios le piden al diccionario, lo que buscan y cómo lo buscan. Y lo que encontramos no deja de sorprendernos.

La palabra que más se ha buscado en el diccionario es el sustantivo ínterin (’entretanto, tiempo que transcurre hasta la realización de lo que se expresa’); nada menos que 5443 veces. Si usted tiene una hipótesis válida que explique este interés repentino, no dude en compartirla con nosotros. La siguen los verbos haber, ir, hacer y ser, que tienen entre los cuatro 11 900 consultas, probablemente relativas a su ortografía o su conjugación. Quizás se acerca un poco más a la realidad cotidiana la preocupación de los usuarios por el significado o la ortografía del verbo cancelar, que tiene en el español dominicano la acepción ‘despedir a un empleado’ y que suma 1987 consultas. Las 1855 consultas del sustantivo género están, sin duda, relacionadas con la preocupación por el lenguaje inclusivo y por la defensa de los derechos de las mujeres. El sexo y la cultura casi van a la par: 1642 y 1524 consultas respectivamente.

El análisis de las palabras más buscadas por los hablantes nos habla mucho de nosotros, de nuestros intereses y de nuestras dudas relacionadas con las palabras que los expresan. Las palabras que nos han servido de ejemplo hoy son las que los hablantes escriben correctamente cuando las buscan. Más sorpresas aún nos deparan aquellas que escribimos mal en el buscador de la RAE. Las dejamos para las próximas semanas.

 

¿QUÉ NOS ENCONTRAMOS?

20 / 08 / 2019

El diccionario, si es bueno, es una constante fuente de información para los usuarios, incluso cuando no encontramos lo que buscamos. Enclave RAE nos proporciona datos sobre las consultas en línea del Diccionario de la lengua española. Escribimos la palabra que queremos consultar. Aunque el buscador nos asiste con las aproximaciones más plausibles y con un lematizador avanzado, si cometemos un error ortográfico, nos indica que la palabra no está registrada en el diccionario.

Los errores en el uso de la tilde impiden que los usuarios dominicanos tengan resultados en sus búsquedas de los términos ética (389) o utopía (300). Una de las palabras más consultadas por los dominicanos es el adjetivo espurio, que hemos consultado sin éxito en 1027 ocasiones por haberla escrito *espureo, tratando de corregir, cuando no toca, nuestro más que habitual antihiatismo. Varios errores ortográficos, y alguno también relacionado con la ultracorrección de nuestro seseo, provocan las 486 consultas fallidas de *excibicion. Estos datos nos demuestran que una buena ortografía también es útil para buscar con éxito en el diccionario.

Algunas búsquedas sin resultado tienen relación con palabras usuales en nuestro lenguaje diario, pero que el DLE, como diccionario de norma, no registra. Los casos más evidentes son los verbos eficientizar y aperturar, consultados 407 y 355 veces respectivamente. Creo que no necesitan explicación las 388 consultas de *morido.

PEQUEÑAS EXCUSAS

27 / 08 / 2019

La tarde de mi ingreso en la Academia Dominicana de la Lengua le dediqué mi discurso al primer diccionario monolingüe del español; quería compartir el placer de leer diccionarios como si de novelas de aventuras se trataran. Tanto disfrutamos aquella tarde que Inés Aizpún me propuso encargarme de una columna semanal en Diario Libre sobre temas lingüísticos con la condición de que mantuviera el tono desenfadado de aquella tarde académica. Nació así esta columna.

Lo que me parecía que iba a ser una asignación de corto aliento, por aquello de que a pocos parece interesarles la corrección lingüística, si nos atenemos a lo que nos toca oír y leer todos los días, se ha consolidado con los años, gracias a la difusión de Diario Libre y, sobre todo, gracias a los lectores.

Mi nuevo libro, De la eñe a la zeta, recopila más de cuatrocientas Eñes como pequeñas excusas para compartir con mis lectores mi pasión por nuestra lengua.

Hay pocas cosas tan apasionantes como buscar ese destello que transforma la dificultad y la aridez de los temas lingüísticos en una explicación curiosa o sorprendente, capaz de atraer el interés o de despertar la emoción de los lectores.

En las páginas de este libro tienen un repaso azaroso por dudas ortográficas o gramaticales, con algún que otro boche; un repaso azaroso por usos léxicos dominicanos, y no solo dominicanos; muchos diccionarios, algunas aficiones literarias y algunas curiosidades de nuestra lengua y de nuestra relación con ella. Me conformo con que su lectura aporte a que seamos conscientes del valor que representa para nosotros el buen uso de la lengua.

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