Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

 UN EMBLEMA ACTUAL

08 / 01 / 2019

El lema de la Real Academia Española, «Limpia, fija y da esplendor», triunfó sobre otras propuestas, como aquella de «Aprueba y reprueba» que hoy, que todo nos hiede y nada nos huele, habría levantado ampollas. Por allá por 1713, cuando fue fundada la RAE, estaba asentada la idea de que cada lengua alcanzaba un momento de apogeo que era necesario mantener.

En su emblema, un crisol sobre el fuego simboliza el trabajo con una sustancia noble y maleable, la lengua, de la que, como si de un metal se tratara, hubiéramos de separar la escoria. No se me solivianten por el uso de la palabra escoria. En su acepción originaria se refiere a la sustancia procedente de la parte menos pura del metal que se separa cuando este metal se funde en el crisol.

Como nos aconsejaba Lázaro Carreter, quien fue director de la RAE, «bien está que el célebre emblema se recuerde tanto», pero tengamos presente sus estatutos actuales: «La Real Academia Española tiene como misión principal velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico. Debe cuidar igualmente de que tal evolución conserve el genio propio de la lengua, tal como este ha ido consolidándose con el correr de los siglos, así como de establecer y difundir los criterios de propiedad y corrección, y de contribuir a su esplendor».

Los estatutos advierten de que esta tarea debe hacerse con las Academias americanas y, como bien apunta Lázaro Carreter, «en concurrencia con todos cuantos, hablando y escribiendo, contribuyen a ese esplendor». Los años de trabajo con la lengua y su saber filológico destacaban esta otra misión académica: «velar por que el español pueda seguir siendo mucho tiempo más la lengua con que una parte enorme de la humanidad ha escapado a la maldición de Babel».

  

SALAMI DOMINICANO

15 / 01 / 2019

Entre las curiosidades que nos dejó 2018 está la peculiar invitación de Induveca, empresa de productos cárnicos, a sus seguidores en las redes sociales, y se entiende que consumidores de sus productos, a firmar una solicitud para que la Real Academia Española incluyera el *Salami Dominicano, (así tan cual, con sus mayúsculas y todo) en el Diccionario de la lengua española. Para ello propusieron la etiqueta #ElSalamienlaRAE. La curiosa iniciativa empresarial denota, al menos, que sabemos poco de cómo se hacen los diccionarios en general, y el Diccionario de la lengua española de la RAE en particular.

Si buscamos en el DLE ¬¬—y recuerden que pueden hacerlo gratuitamente en la versión en línea— encontraremos esta definición de salami; ‘Embutido hecho con carne vacuna y carne y grasa de cerdo, picadas y mezcladas en determinadas proporciones, que, curado y prensado dentro de una tripa o de un tubo de material sintético, se come crudo’. El salami, como la palabra que lo designa, tiene su origen en Italia. Me imagino que, como pasa con el sancocho o con el cocido, cada maestrillo tiene su librillo y cada zona, fabricante o cocinero tiene su propia receta y su forma de comerlo. Todas no caben en una definición lexicográfica. Los rasgos generales de «nuestro» salami pueden descubrirse en la definición académica. Quizás algunos rasgos diferenciadores podrían convertirlo en un dominicanismo semántico o, tal vez, aquello a lo que nosotros llamamos salaminunca fue salami.

Me permito un consejo a las empresas para sus iniciativas relacionadas con la lengua o con el diccionario: cuiden con esmero la ortografía y la redacción; de lo contrario sus promociones serán contraproducentes. En cualquier caso sigan comiéndose su salami como más les guste.

 

PRIMERA CONSULTA DEL AÑO

22 / 01 / 2019, 12:00 AM

Una de las primeras consultas del año versa sobre la corrección del uso de *haiga como primera o tercera persona del singular del presente de subjuntivo del verbo haber. Una consulta a primera vista sencilla, pero que nos puede servir para aprender muchas cosas de cómo funcionan la lengua y sus diccionarios y la valoración que de ellos hacen los hablantes.

Algunos lectores consideran que la forma *haiga es incorrecta por tratarse de una «falta de ortografía»; otros creen que su ausencia del Diccionario de la lengua española de la RAE (y, añado yo, de la mayoría de los diccionarios) es un indicio evidente de su incorrección.

Los hablantes no van mal encaminados al considerarla una forma incorrecta, pero esta incorrección no tiene que ver ni con la ortografía ni con su ausencia del diccionario. Por supuesto, si la buscan tal cual en el diccionario no la encontrarán, como tampoco encontrarán ninguna forma verbal conjugada. Los verbos se buscan en el diccionario por su infinitivo. Si buscamos haber en el DLE podremos consultar su conjugación y confirmar que la forma verbal correcta para el presente de subjuntivo de este verbo es haya.

A los que me consultaron respondí en mi cuenta de Twitter (@Letra_zeta) que el uso de *haiga está desaconsejado porque es considerada por los hablantes cultos como una forma vulgar. Como bien respondió el servicio de consultas lingüísticas de la RAE en su cuenta de Twitter (@RAEinforma) «esta forma ha sido siempre ajena a la norma culta del español; hoy pervive como vulgarismo, fuertemente estigmatizado, en el habla popular y rural». Existir, existe; pero, parafraseando a mi admirado y añorado Mariano Lebrón Saviñón, «usted no lo diga».

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