Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

GÉNERO Y VARIACIÓN DE SIGNIFICADO DE ALGUNAS PALABREAS

El ingeniero Alejandro Merino, en cuya cabeza el estudio de nuestra lengua  merece sitio  a parte. Él ha sugerido el tema  en torno a un grupo de palabras homónimas  que varían el significado  según que se empleen en masculino o en femenino.

Precisamente el género  indica que son palabras diferentes  dos que se escriben de la misma manera pero tienen diferente origen y significado. Veamos: el orden, la orden; el cólera, la cólera; el editorial, la editorial; el génesis, la génesis;  el guía, la guía; el cabeza, la cabeza; el moral, la moral; el levita, la levita;  la atalaya,  el atalaya; el margen, la margen; el guardia, la guardia, el esperma, la esperma, el cura, la cura, el corte, la corte.

1-Cólera.  Procede del latín  cholĕra, bilis. En femenino significa: 1. f. Ira, enojo, enfado. Y en masculino es el nombre de una  enfermedad gastrointestinal epidémica.

2-Editorial .Como adjetivo es igual para ambos géneros: política editorial,  consejo editorial.  Es masculino  cuando se refiere al artículo no firmado que expresa la opinión de un medio de comunicación sobre un determinado asunto: el editorial de hoy.  En femenino, suele nombrar  a una casa editora: Editorial Gente.

2- Génesis. Masculino, origen o principio de algo. El libro de la Biblia que cuenta el origen del mundo  es el Génesis.  Pero en forma femenina significa: serie encadenada de hechos y de causas que conducen a un resultado (Hay que buscar la génesis del problema).

3- Guía. Femenino.  De guiar, es aquello que dirige o encamina. Tratado en que se dan preceptos para encaminar o dirigir en cosas, ya espirituales o abstractas, ya puramente mecánicas. En masculino guía es sinónimo de volante (pieza del automóvil). El Diccionario presenta otras acepciones de guía en masculino, citemos una más: Persona autorizada para enseñar a los forasteros las cosas notables de una ciudad, o para acompañar a los visitantes de un museo y darles información sobre los objetos expuestos.

4- Cabeza. La cabeza es la parte superior del cuerpo, en la que está situado el cerebro. Es sustantivo  masculino para indicar persona de mayor responsabilidad en una familia que vive reunida.

5-Moral- Femenino.  Doctrina del obrar humano que pretende regular el comportamiento individual y colectivo en relación con el bien y el mal y los deberes que implican.  f. Conjunto de facultades del espíritu, por contraposición a físico. Moral es también un árbol oriundo de Asia, de la familia de las moráceas cuyo   fruto es la mora.

6-Levita. El levita es para judíos un sacerdote dedicado al servicio del templo. Mientras la levita es una prenda masculina de etiqueta, más larga y amplia que el frac.

7- Atalaya. Torre hecha comúnmente en lugar alto, para registrar desde ella el campo o el mar. Se ha llamado el atalaya  al hombre destinado a registrar desde la atalaya y avisar de lo que descubre.

8-Margen. Femenino.  Extremidad y orilla de una cosa. Margen del río, del campo.  En masculino: Espacio que queda en blanco a cada uno de los cuatro lados de una página manuscrita, impresa, grabada.

 

9- Guardia (femenino). Acción de guardar . f. Conjunto de soldados o gente armada que asegura la defensa de una persona o de un puesto. . f. Defensa, custodia, protección. Cuando se trata de un miembro de la guardia, asume el masculino: un guardia, el guardia.

10- Esperma. Semen. Es de ambos géneros cuando se  refiere a la  sustancia de las abejas para hacer velas. Cera.

11- Cura.   Sacerdote  católico. En femenino, cura es lo mismo que  curación.

-12- Corte. Masculino.  Acción y efecto de cortar o cortarse.  Sección por donde ha sido cortada una pieza de carne, un embutido, etc. Este jamón tiene buen corte. Cambia femenino cuando se refiere a   Medio que se toma para cortar diferencias y poner de acuerdo a quienes están discordes. Tribunal de justicia: la corte.

 

EL ORDEN NO SE ESTABLECE CON UNA ORDEN

El artículo anterior se refirió  a un grupo de palabras homónimas  cuyo  significado  varía  según que se empleen en masculino o en femenino. De esa lista hemos discriminado  el vocablo /orden/para resaltar su amplio valor semántico.

El Diccionario de la lengua española  atribuye veintiuna acepciones a esta palabra, tanto en género masculino como femenino,  y registra treinta y cinco  locuciones  formadas con este vocablo, en las que también  se intercalan los usos en masculino y femenino: el orden de batalla , el orden del día, a la orden, de orden, la real orden.

El vocablo /orden/ procede  del latín  ordo. Su primera acepción  es  como voz masculina: “Colocación de las cosas en el lugar que les corresponde”. Siguen estas: 2. m. Concierto, buena disposición de las cosas entre sí. 3. m. Regla o modo que se observa para hacer las cosas.

El orden tiene que ver también con el ámbito de materias o actividades en el que se enmarca alguien o algo.” En el orden social”.  “En el orden político”.  La sexta acepción, también en masculino,  se refiere al nivel o categoría que se atribuye a alguien o algo. “Es un profesional de primer orden”.

Algunas acepciones  y  locuciones  corresponden a la arquitectura. Por ejemplo: Cierta disposición y proporción de los cuerpos principales que componen un edificio.

En  botánica  y zoología, se denomina orden (en masculino) a “cada uno de los grupos taxonómicos en que se dividen las clases y que se subdividen en familias. Orden de los artiodáctilos”.

En la  lingüística se habla del orden gramatical, mientras en  la  música se trata de una cuerda de un instrumento musical, o grupo de dos o tres cuerdas, que representan una única nota y se tocan de una sola vez.

En la religión católica conocemos  como orden uno de los siete sacramentos, que reciben los obispos, presbíteros y diáconos. El orden episcopal, el orden sacerdotal.

Femenino

El más conocido uso en femenino  del vocablo orden (la orden, una orden) se vincula al sentido de “mandato que se debe obedecer, observar y ejecutar”. Sin embargo,  antes que esa acepción (número 17), en el Diccionario académico aparece esta: 16. f. Instituto religioso aprobado por el papa y cuyos individuos viven bajo las reglas establecidas por su fundador o por sus reformadores, y emiten votos solemnes.

Esas son las llamadas órdenes religiosas (salesianos, jesuitas, mercedarios…). Pero también se mencionan en femenino  “Cada uno de los institutos civiles o militares creados para premiar por medio de condecoraciones a las personas con méritos relevantes”. La Orden de Duarte, Sánchez y Mella, la Orden de Cristóbal Colón, la Orden de Alfonso X el Sabio.

Nos referimos a la orden cuando pedimos al camarero de un restaurante algo para comer o beber. Lo  curioso es que  de acuerdo al Diccionario ese uso se limita a tres países: Cuba, México y República Dominicana.

Aunque la referencia al orden sacerdotal se emplea en masculino, en la  vigésima acepción de  la palabra se plantea lo siguiente: “20. f. Rel. Cada uno de los grados del sacramento del orden, que se van recibiendo sucesivamente y constituyen ministros de la Iglesia”. Es decir que podríamos decir de un religioso que “Ya recibió la orden de diácono y se prepara para la orden de presbítero”.

También se aplica el femenino (la orden) para nombrar cada una de las filas de granos que forman la espiga.

 

¿POR QUÉ  LOS DOMINICANOS LLAMAMOS “TAJO” A LA CARNE?

Los estudiosos de la lengua atribuyen origen rural al uso de la palabra /tajo/  con el significado de carne.  Hasta hace  pocas décadas  la mayoría de la población dominicana  vivía en el campo. Como  los campesinos hemos emigrado hacia los centros urbanos y escribimos en periódicos y  libros, firmamos decretos y cartas pastorales, aprobamos leyes y dictamos cátedras universitarias, es de presumirse que el vocablo tajo,  carne comestible,   se haya asentado en nuestro hábitat.

De verdad, la voz tajo deriva del verbo /tajar/  y el Diccionario de la lengua española  le atribuye las siguientes acepciones:

  1. m. Corte hecho con instrumento adecuado.2. m. Sitio hasta donde llega en su faena la cuadrilla de operarios que trabaja avanzando sobre el terreno; como la de mineros, segadores, taladores, etc.3. m. Escarpa alta y cortada casi a plomo. 4. m. Filo o corte. 5. m. Pedazo de madera grueso, por lo regular afirmado sobre tres pies, que sirve para partir y picar la carne sobre él. 6. m. tajuelo (‖ banco rústico). 7. m. Trozo de madera grueso y pesado sobre el cual se cortaba la cabeza a los condenados. 8. m. coloq. tarea (‖ trabajo que debe hacerse en tiempo limitado). 9. m. coloq. Lugar en el que se trabaja. Me voy al tajo.10. m. Esgr. Corte que se da con la espada u otra arma blanca, llevando el brazo de derecha a izquierda. 11. m. Zam. tabla de lavar. 12. m. C. Rica. cantera (‖ sitio de donde se saca piedra). 13. m. desus. Corte  o hechura de un vestido.

Ninguna de las acepciones hace referencia a carne, pero sí a trozo, pedazo, corte. La asociación podría ser que un trozo de carne es un tajo. Pero hay otros detalles  que ayudan a la aproximación. Por ejemplo, el verbo tajar significa “Dividir algo en dos o más partes con un instrumento cortante”.

El participio de ese verbo es tajado, que al hacer la función de adjetivo asume el femenino tajada: “1. adj. Dicho de una costa, de una roca o de una peña: Cortada verticalmente y que forma como una pared. 2. f. Porción cortada de algo, especialmente de carne cocinada”.

Ya ven,  en la segunda acepción aparece el vocablo carne. Es decir, una  tajada es una porción de carne. Bien sabido es que en  el habla dominicana predomina  para tajada el significado de  pedazo de una naranja. Se ha hecho extensivo el término, como sustantivo,  para indicar  los beneficios que recibe una persona –generalmente un funcionario público- en una negociación  que implica recursos del erario: “La obra no sirvió, pero al  ministro no le importa porque  ya cogió su tajada”.

El participio activo del verbo tajar es tajante: que taja.  El Diccionario lo registra así: 1. adj. Que taja. 2. adj. Concluyente, terminante, contundente. 3. m. carnicero (‖ persona que vende carne). ¡Eureka!  Ahí está, en la tercera acepción,  tajante es sustantivo y equivale a carnicero.

La Nueva gramática de la lengua española, página 481, cuando  trata de las voces terminadas en –nte (originadas en el participio activo)  indica lo siguiente: “Entre los muchos nombres de oficio  en –nte perdidos  o poco usados, cabe señalar aprovechante, bailante, (hoy bailarín, bailador, bailaor y bailón, de sentido distinto), musicante o trabajante. Con el sentido del actual carnicero se usaban antiguamente  tajante y cortante”.

Si tajante equivale a carnicero, no es de extrañar que lo que vende sea tajo, es decir carne. (Publicado en EL NACIONAL  el domingo 6.1.19)

 

METURA

Sin la “metura” la comida está incompleta

En la gastronomía de la pobreza no se emplea el vocablo guarnición, que eso (arroz, yuca, ñame, plátanos, batata o yautía)  sirve como elemento principal al que hay que buscarle una metura. El  sello clasístico  del comer impone también su terminología.

En la gastronomía del buen vivir la guarnición es cosa secundaria, porque  el componente  principal  es proteína de origen animal: carnes, pescado o marisco. ¿Con qué lo prefiere?, suele preguntar el camarero del restaurante, luego de que el cliente haya seleccionado pescado, carne o marisco. A seguidas podría precisar las opciones: puré de papas, papas salteadas, vegetales o arroz blanco.

En la casa del pobre, la esposa preguntará: ¿Con qué nos vamos a comer los víveres? Y remacha: Aquí no hay nada de metura. “Trozos sin metura,  está fuerte eso…”, responderá el hombre. La metura se marida con lo que en otras mesas se llama guarnición. El Diccionario académico define guarnición de este modo: “Complemento, generalmente de hortalizas, legumbres, etc., que se sirve con la carne o el pescado”. Procede del verbo guarnir.

Tengo testimonios de personas procedentes de diferentes regiones del país que emplean el vocablo metura  para nombrar a la parte de la comida que otros llaman compaña e incluso grasa. En Miches y otros puntos del Este, metura es término común.

El Diccionario del español dominicano no reconoce  el vocablo metura, aunque sí su sinónimo /compaña/. Pero su definición resulta incompleta: “Guarnición de un plato principal”.  Para el común de los hablantes, compaña es el componente proteínico y no los frutos de origen vegetal.  Aunque el aguacate, por su contenido graso, ha sido empleado –gastronomía de la pobreza-  como compaña o metura.  Se le menciona con  el apelativo “chicharrón de bosque”.

El vocablo metura no  aparece en el Diccionario de la lengua española ni  la registra don Max Uribe en su célebre diccionario de dominicanismos.  Tampoco  ha sido incorporado en el Diccionario del español dominicano. Aunque, bueno, hay que señalar que  esta obra, auspiciada por la Academia Dominicana de la Lengua,  recoge la forma /mestura/ con  las siguientes  acepciones: mezcla, rural. 2. Carne o frituras que acompañan al plato básico de arroz y habichuelas.

La  palabra metura como  su parónima /mestura/ se presumen  derivadas –o corruptela- de mixtura, voz procedente del latín que significa: 1. f. Mezcla, juntura o incorporación de varias cosas. 2. f. Pan de varias semillas. 3. f. Med. Poción compuesta de varios ingredientes.

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