Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

28 AGO 2018

PARA GUSTOS, COLORES

Cada cierto tiempo se escuchan voces que preconizan la muerte de la lengua española. En estos días he leído a Pedro Delgado Malagón en El Caribe preguntarse si nuestra lengua morirá de pureza, relegada al uso de los intelectuales y artistas, o si morirá desintegrada por la contaminación de las jergas. Me encanta que la pasión por la lengua española, que sin duda demuestra Delgado, sea tema de debate y esté presente en los medios de comunicación, que tanta responsabilidad tienen en la difusión de su buen uso, ya que la lengua es su principal herramienta.

Parece apuntarse don Pedro a los que creen en su agonía. Refiere con detalle un supuesto informe académico dispuesto a modificar hasta lo irreconocible nuestra ortografía. Con tonalidad tremendista habla de inquisición, de mutilación despiadada y de perverso aquelarre, sin parar mientes en que este remedo de reforma académica no es más que una broma barata para afear malos usos ortográficos que circula desde hace años por las redes, y que quizás no merece el mal rato.

La labor de las academias de la lengua española, tan traída y tan llevada, sigue siendo desconocida para muchos hablantes. Entre burlas y veras se propagan bulos muy difíciles de desmontar; sobre palabras admitidas o no, sobre supresión de letras en el abecedario, sobre cambios ortográficos inverosímiles y, sorprendentemente, también sobre inmovilismo a ultranza.

Delgado Malagón habla de la mala ortografía, de las jergas y de la disgregación lingüística como principales responsables de la debacle; tres aspectos (ortografía, léxico y unidad) tan interesantes para el debate que me atrevo a dedicarles algunas de mis próximas Eñes. No tendrán, ya les adelanto, una tonalidad tan oscura como el «Sálvese quien pueda» de don Pedro, pero, para hablantes y gustos, colores.

 

04 SEP 2018

EVIDENCIAS ORTOGRÁFICAS

Esta Eñe de hoy quiere acercarnos a la ortografía, no a sus reglas y excepciones, sino a su razón de ser en el sistema lingüístico. Para ello no hay mejor guía que la Ortografía de la lengua española, un manual académico que debería convertirse en libro de consulta cercano.

Para la escritura disponemos de un conjunto de signos convencionales, es decir, producto de un convenio o pacto antiquísimo para representar el lenguaje oral mediante signos gráficos. Necesitamos además un conjunto de reglas que indiquen cuándo y cómo deben usarse estos signos. Según la definición académica, «este conjunto de normas que regulan la correcta escritura de una lengua constituye lo que llamamos ortografía». No es cosa exclusiva del español: todas las lenguas de cultura tienen su ortografía.

La ortografía, como conjunto de reglas, no es inmutable. Sus convenciones han ido evolucionando con el tiempo según distintos criterios. Nuestras normas ortográficas de hoy no son las mismas que se aplicaban en otras épocas; ni mejores ni peores, adaptadas a los tiempos.

Lo que debemos tener claro es que la ortografía tiene carácter normativo, lo que permite mantener la uniformidad de la representación gráfica del español, independientemente de la persona que escriba, del país en el que viva o haya nacido, de su variedad dialectal o de su acento.

La forma en que nos enseñan ortografía nos hace verla como un galimatías ininteligible de reglas y excepciones, en lugar de transmitirnos que la ortografía nos permite escribir y leer con corrección. Dicen las Academias de la Lengua sobre la ortografía: «No es un simple adorno, sino condición necesaria para el completo desarrollo de la persona, como individuo y como ser anclado en la sociedad, en la medida en que la escritura es hoy fundamental como soporte del conocimiento y como instrumento de comunicación».

11 SEP 2018

DE JERGAS Y ARGOTS

Nos toca seguir con el léxico. Muchos consideran que las variedades léxicas de nuestra lengua representan un riesgo para su futuro. Algunos hablan de jergas o argots para referirse a ellas de modo despectivo. Aclaremos algo.

Los sustantivos jerga y argot comparten dos significados. Usamos estos sustantivos para referirnos a un lenguaje particular que utilizan las personas que comparten oficio o profesión. Así hablamos del argot médico o de la jerga informática. El hecho de que el argot, o la jerga, estén formados por términos especializados hace que, en muchas ocasiones, se convierta en un lenguaje críptico para los que no pertenecen al grupo profesional. Y recuerden que hay grupos profesionales muy «particulares» a los que les viene muy bien que sus propias jergas sean incomprensibles para otros: el argot de la drogadicción o la jerga delincuencial. Precisamente la dificultad para su comprensión hace que usemos los sustantivos jerga y argot para referirnos a cualquier lenguaje difícil de entender, por su incorrección o por su confusión.

Las jergas no son cosa de nuestros tiempos. Han existido desde que la lengua es lengua. Que se lo digan si no a Miguel de Cervantes, en cuyas novelas podemos encontrar el léxico jergal de su tiempo usado de forma magistral. La existencia de las jergas no pone en peligro nuestra lengua. El peligro está en que solo podamos comunicarnos echando mano del vocabulario jergal. Como casi siempre, la responsabilidad está en la cancha de los hablantes. Se trata de ampliar nuestro vocabulario de forma que podamos aprovechar el argot o deshacernos de él a voluntad. Con más y mejores palabras se amplían también nuestros horizontes y, por supuesto, los de nuestra lengua.

18 SEP 2018

¿EN PELIGRO?

Si hay una lengua inmensa en el mundo, esa es la nuestra. Los hispanohablantes debemos ser conscientes de lo que esto implica. Nuestra lengua es inmensa en historia y en extensión; basta saber que se habla como lengua materna en cuatro continentes desde hace siglos. Nuestra lengua es inmensa en hablantes y todos y cada uno de ellos tienen derecho a considerarla propia. Donde más se muestra la amplitud de nuestra lengua es en la pronunciación y en el vocabulario.

¿Significa esto que nuestra lengua está en peligro de disgregación? En mi opinión el español tiene en la riqueza y la variedad su fuerza y su futuro, porque nuestra lengua dispone de las armas que le permiten mantenerse unida.

La ortografía, como sistema estructurado, nos permite conservar la unidad, que no la uniformidad de nuestra lengua. Describe muy bien su importancia social la Ortografía académica: «Gracias a la existencia de una ortografía común leemos los textos de autores de muy diversas áreas geográficas como si tuvieran una misma voz. La unidad ortográfica constituye, pues, el soporte más visible del sentimiento de comunidad lingüística y cultural entre países que se expresan en una misma lengua».

El vocabulario es otro cantar. Su capacidad de adaptación, combinación, creación y muerte es ilimitada. También tiene sus reglas, pero está obligado a responder de inmediato a nuestras necesidades en todas las circunstancias de la vida. Y no hay nada más cambiante y más rico que la vida. El léxico de una lengua no puede quedarse atrás. Los buenos hablantes somos responsables de utilizarlo apropiadamente, de atesorarlo, de enriquecer nuestro bagaje para sacarle el mayor partido posible a nuestras palabras, a nuestras casi infinitas palabras. Unidad y diversidad parecen irreconciliables, pero no lo son en nuestra lengua.

 

25 SEP 2018

JAMÓN Y CASABE

El préstamo lingüístico forma parte esencial del léxico de nuestra lengua. La adopción de palabras procedentes de otras lenguas no es una práctica reciente. Sucede desde que la lengua es lengua por el contacto directo entre hablantes de idiomas distintos o por la influencia cultural, política o económica de una sociedad sobre otra.

Lo que diferencia a unos extranjerismos de otros es la razón por la que se adoptan. Hasta que los españoles llegaron a esta isla la lengua española no se había visto en la necesidad de disponer de una palabra para referirse a la yuca, ni a una especie de pan elaborado a partir de ella, sencillamente porque para ellos no existían ninguna de estas realidades. Cuando las palabras empiezan a hacerse necesarias para designar una nueva realidad el préstamo es la vía más rápida; en un «santiamén» lingüístico yuca y casabe entran a formar parte de nuestro léxico, y como tales empiezan a regirse por las normas gramaticales y ortográficas de nuestra lengua. Incluso sirven de base léxica para crear nuevas palabras (yuquitacasabero), dan origen a locuciones (guayar la yucahacer yuca) o protagonizan refranes a la dominicana: a falta de pan, casabe.

Los préstamos que deben preocuparnos como amantes de nuestra lengua son otros préstamos; aquellos que adoptamos por moda, parejería o, sencillamente, como sucede en la mayoría de los casos, por desconocimiento de nuestras propias palabras. Cuando esto sucede la palabra patrimonial y el préstamo, con el mismo significado, conviven y, a veces, terminan desbancándose una a otra. La Ortografía académica pone un curioso ejemplo histórico: hace siglos el galicismo jamón (del francés jambon) acabó triunfando sobre el patrimonial pernil precisamente en la tierra de los jamones. Ninguno de nosotros sentimos a la palabra jamón como extranjera, porque para la lengua como para los buenos jamones el tiempo no pasa en balde.

 

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