La novela de la mocanidad de José Frank Rosario

Por Bruno Rosario Candelier

 

A Ligia Belliard,

quien atesora la lumbre de la mocanidad.

 

La novela del poeta, dramaturgo y narrador mocano José Frank Rosario, Coronar el viento, pone a figurar a Moca en el mapa de la novelística nacional, al tiempo que desarrolla un tema de alta significación para la Mocanidad y las letras dominicanas.

Esta obra se desarrolla en Moca y su temática acontece dentro del marco epocal del gobierno de Rafael Trujillo, aunque la obra no lo enfoca directamente, pero se puede deducir, por la atmósfera del miedo reinante, que se ubica en el período histórico de ese régimen ya que en la novela hay una perspectiva, unas circunstancias y unas motivaciones que sirven de telón de fondo, y dentro de las peripecias de ese marco témporo-espacial, el autor de la novela, José Frank Rosario, ubica su temática en el ámbito de una familia y por consiguiente se puede comprobar que se trata de la historia de una familia mocana, centro y cauce de la intrahistoria familiar.

En la plasmación de esta novela se confirman dos aspectos fundamentales: por un lado, el sentido de la historia local; y por otro lado, el impacto de la historia nacional.y en ese tenor tendríamos que especificar dos conceptos en torno a la creación literaria deJosé Frank: el hecho de enfocar la historia de una familia, necesariamente entraña una historia local porque se trata de una familia de Moca; pero esa historia está articulada a la historia nacional, en tiempos del régimen de Trujillo. Como no se trata de un hecho de la historia, o de historiografía, no es una obra historiográfica porque la historia que en la novela narra el autor es una historia propia de una obra de ficción. Y una novela que cuenta una historia inspirada en la realidad social, como hacen todas las genuinas novelas. Esta novela tiene varios atributos, como voy a enfocar a continuación.

Narración de una intrahistoria. Ocurre que en toda novela hay la narración de una o más historias para que sea novela; si se trata de la narración de una sola historia no es novela, sino un relato; pero en esta obra hay varias historias conectadas a una historia local dominante, pero como no se trata de la historia nacional sino que es una historia local, y aún más restringido, de una historia familiar, en literatura ese tipo de narración tiene un nombre específico. En literatura a esa modalidad de la historia se le llama intrahistoria, es decir, es una historia interna, singular y privada, que puede ser la de una familia ouna comunidad. José Frank Rosario narra una intrahistoria familiar dentro del marco genérico del régimen de Trujillo. El siguiente pasaje lo confirma: “En casa fuimos ocho los hijos. Como si hubiera sido algo dispuesto de antemano, los cuatro primeros fueron hombres, las cuatro últimas, mujeres. Los varones se marcharon de casa cuando nosotras no soñábamos siquiera con abandonar el nido. Eran cuatro y se marcharon a cumplir con su destino, decía mamá dramáticamente, cuando alguien le preguntaba por ellos… Quedamos las mujeres, solas e inexpertas en los asuntos de la vida, para precisamente afrontar sus coletazos ponzoñosos. Porque no acababa de irse Adolfo, el más pequeño de ellos, casado y con un empleo seguro, cuando comenzó la maquinaria de Trujillo a tragar soga, a arrastrarnos sin compasión en una bacanal de sangre que aún hoy no sé cómo quedamos vivas… Bueno, en realidad lo sé: por nuestros maridos. Porque después de esperar lo debido nos casamos todas, una después de la otra, en lo que canta un gallo” (1).

Novelación introspectiva con recursos modernizantes. Un aspecto muy importante de esta novela lo aportan los diferentes planos o niveles que el autor enfoca en atención al desarrollo de la trama narrativa y a sus conocimientos de la técnica compositiva de una novela. José Frank Rosario es uno de los intelectuales más cultos de Moca. Este distinguido autor de poesía y ficción es escritor erudito y un maestro de la lengua, y lo es por la forma correcta, bella y culta en que usa el lenguaje. Manifiesta su creación varios niveles literarios: hay uno que incluye el uso de superposiciones espaciotemporales. Lo que técnicamente se llama retrospección, es decir, cuando el autor recrea lo que narra se va al pasado y evoca hechos del presente con reminiscencias del pasado, pero como se trata de un escritor de riguroso conocimiento idiomático,de un apropiado conocimiento de la historia y un dominio de la literatura, el lector podrá apreciar diferentes estadios y niveles donde se nota la capacidad de creación de este formidable narrador. Esta faceta de su obra no solamente se puede encontrar en esta novela, puesto que se da en todas sus creaciones, pues en su poesía se manifiestan estos niveles profundos a los cuales penetra en función del desarrollo intelectual que lo caracteriza y eso, naturalmente, deja su huella en su creación. Cuando un escritor narra lo que quiere contar, afloran en sus palabras su sabiduría, su ilustración, su formación intelectual y estética, porque cuando se trata de un escritor como José Frank Rosario, que ha leído mucho, que ha vivido mucho y que ha pensado mucho,de tal manera que quizás sea el mocano que más libros ha leído, lo que se nota en su escritura en la que se aprecian esosniveles de creatividad y esa capacidad de escribir. Conozco bien a José Frank Rosario (2) porque fue mi discípulo como estudiante de literatura en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, y puedo dar el testimonio de que entre los estudiantes a quienes he impartido docencia (y hubo muchos brillantes), José Frank Rosario ocupa el lugar número uno. Espero que alguna vez él pueda publicar los trabajos que él creaba en las tareas que le asignaba,verdaderos modelos de rigor profesional, de investigación seria, con alto nivel conceptual, y naturalmente eso se refleja en todo lo que ha escrito. En esta novela sobre una familia local, ustedes podrán preguntarse: ¿qué puede decir un autor al hablar de una familia? Pues bien, es mucho lo que se puede decir, es mucho lo que ustedes van a encontrar en esta obra inspirada en una singular faceta de la Mocanidad. Grandes novelas de la literatura universal y específicamente de nuestra América hispana, son historias de familias.Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, es una historia de una familia, y cuando se trata de una historia familiar, todo el que la lee entiende que está leyendo la historia de su propia familia, de tal manera que una lectora de Japón, cuando le preguntaron qué le pareció la novela del escritor colombiano, dijo que ella sentía que Cien años de soledad era la historia de su familia. Veamos la siguiente ilustración: “Los años habían ido pasando, pero Rita no podía olvidarse de cuanto pasó allí. Imposible, cómo iba a poder. Por eso, el día que tocaba limpieza, mientras iba de un lado a otro asistida por las ayudantes, abriendo ventanas y balcones, desmantelando muebles, removiendo colchones y barriendo salones y patios, una oleada de recuerdos la invadía en forma de voces y llantos, risas y rostros que la renovaban por dentro, la hacían vivir de nuevo otras muchas vidas, sintiendo entonces que la que estaba viviendo en la ciudad adquiría sentido de nuevo, perdida como andaba entre las tres generaciones que había sobrevivido, quedándose al final con nadie más que con Ernesto, el hijo de Laura, ahora casado de varios años y metido en líos, probablemente empujado por la muerte misteriosa de su papá Sebastián, y por todo lo que Trujillo le había hecho a Tobías, su abuelo. Que la sangre pesaba mucho, bien lo sabía ella, y Ernesto era hombre de no olvidarse. Él estaba liado, eso era seguro, porque ella se lo leía en los ojos, en los gestos, en las palabras que cruzaba con su mujer, palabras a trozos, calimochas, retorcidas, para que ella no entendiera, y en eso se equivocaban, porque sí que entendía, porque ella era la única que conocía el corazón del muchacho, desde chiquitico, que los trabajos que le tocaba hacer los hacía de memoria, y eso la dejaba libre de pensamiento y alma para dedicarlos a él, que era lo que siempre había hecho, menos los años que pasó en el extranjero, porque entonces era su imaginación la que entraba en juego, y con ella trataba de guiarlo en sus pasos” (Coronar el viento, p. 210).

Uso de formas verbales apropiadas. En cuanto al lenguaje es un dato muy significativo el uso de las palabras en esta novela. Lo primero que llama la atención es el uso de dominicanismos, pues hay muchos vocablos del español dominicano en esta novela, lo mismo dominicanismos léxicos y semánticos, y usofraseologismos, es decir, empleo de locuciones, adagios, giros y refranes que forman parte de la fraseología del español dominicano y quiero decir, en honor a José Frank Rosario, que ya esta obra forma parte de la base de datos del Diccionario fraseológico del español dominicano, obra de la Academia Dominicana de la Lengua que quien les habla ha emprendido para registrar las palabras y las expresiones de nuestro lenguaje. Muchas de las frases, giros y refranes que usamos los mocanos aparecen en esta novela y ya están registrados en el citado refranero y también lo estarán en elDiccionario de refranes,del suscrito, lo que evidencia el hecho del valor que los refranes tienen para nuestra lengua y la manera como los dominicanos usamos las palabras y las expresiones; pero en el caso particular de José Frank, su escritura refleja un dominio de la sintaxis, una propiedad en la dimensión semántica de los vocablos y, sobre todo, el uso que hacen los hablantes nuestros al emplear expresiones criollas, lo que es parte de la riqueza de esta obra narrativa de este ilustre mocano, lo que evidencia la conciencia lingüística que tiene nuestro autor, que posee una conciencia de lengua, como tiene también una conciencia literaria. Esa dobleconciencia se manifiesta en la calidad de la expresión, en la propiedad y la corrección del lenguaje conforme la normativa gramatical y ortográfica, lo que es importante subrayarlo porque a menudo nos encontramos con obras de escritores dominicanos con notables fallas gramaticales y estilísticas. En esta obra de José Frank Rosario no vamos a encontrar esos errores del lenguaje, porque José Frank tiene conciencia de nuestra lengua; se formó para ser un buen hablante, es un estudioso de la palabra y ha sabido hacer uso de esa formación intelectual plasmando en diversas obras su conocimiento de la palabra. Esta obra es un producto de tantos años de lectura porque él lee desde niño, y desde niño ha sido un observador de la realidad; por eso es novelista. Los novelistas son los escritores que fueron, desde niños, observadores de su realidad, de la realidad ambiental, de la realidad familiar y de la realidad social.  Entonces él ha sido como una esponja, que lo capta todo, le llega todo, lo sufre todo, lo goza todo, porque ama la vida, y ese sentimiento de amor a la vida es una vertiente fundamental en esta obra, como en todas sus obras, donde se aprecia esa ponderación de la vida con un alto sentido de lo que la vida es y significapara los seres humanos.

Dimensión psicológica de la memoria vicaria. Tenemos que tener presente el tema del inconsciente de Sigmund Freud, y del inconsciente colectivo de Carl Jung, como pauta para entender la psicología humana. Quienes al profundizar en el estudio del inconsciente ahondaron en esa vertiente del conocimiento profundo lo hicieron para que entendamos lo que somos, lo que sentimos, lo que percibimos, sobre todo, lo que recordamos del pasado con la profunda dimensión espiritual que podemos evocar y comunicar a través de la palabra cuando la conciencia humana profundiza en la herencia espiritual de la humanidad. Hay escenas en esa novela de José FrankRosario en donde se nota que el autor se mete en el inconsciente a través de la evocación de un personaje al recordar hechos y vivencias, al profundizar en intuiciones y experiencias: “Qué bueno es no llevar un diario verdadero, de tinta y papel, sino este escribir sobre las sombras del cuarto que la madrugada adensa, este diseminar recuerdos por el aire. Es que es un vicio, casi un pecado, retrotraer tantos detalles. Me vienen los recuerdos en bandadas, tropezándose, pugnando por salir a la luz, y pienso que si los escribiera, la gente se aburriría al leerlos. Porque a la gente de hoy le da fatiga leer la menudencia de los particulares. Siempre quieren ir al grano, sin pérdida de tiempo, adoradores de la diosa Eficiencia. Pero no escribo, no. Pienso, nada más, y eso me convierte en la única testigo de este desarrollo peliculero, emisora y receptora de estos pensamientos que me asedian. Porque no me canso de reflexionar sobre lo indefensos que somos los seres humanos ante los acontecimientos. Esta ceguera, este no saber nada hasta que las cosas ocurren, para espeluznarnos, aturdirnos con la sorpresa, como un tigre agazapado que espera el menor descuido para saltarnos encima” (Coronar el viento, p. 46).

Dimensión metafísica de lo viviente. Esta es una faceta importante que quiero subrayar en la composición de Coronar el viento, quizás la dimensión más importante desde el punto de vista de la valoración trascendente de una obra literaria. Es la dimensión metafísica que una obra debe tener para proyectar hondura y trascendencia. Esa dimensión tiene en esta obra dos aspectos colaterales. Los especialistas del lenguaje hablan del protoidioma de la creación, concepto con el cual dan a entender que los genuinos creadores de literatura, como poetas, narradores y dramaturgos, son los que hacen uso de ese lenguaje primordial, y entonces acuden a un tipo de palabras y a un nivel de la cultura y de la espiritualidad con cierta profundización: “El jugo se lo fue tomando a pequeños sorbos, cerrando los ojos y abandonándose al ruido, dejando que la brisa fresca le arañara la piel. Se sentía en armonía consigo mismo, con los desconocidos que en ese momento se movían a su alrededor. Con la tierra, con todo el universo. Abrió los ojos y se fijó en el cielo, entrevisto tras las ramas, en esa hora de un azul purísimo; después miró a la distancia, hacia los confines del fundo, y tras ellos las lomas, serenas e inmutables, enormes, casi negras de tan azules, con sus cabezas coronadas por las nubes espesas, tal como le había contado Rita. Se extasió mirándolas, tratando de recordar las tantas cosas que ella le había transmitido: la historia de la tía segunda y el engendro, la de Emeteria y cómo había salvado a su abuelo cuando era un recién nacido… Una mano se puso sobre su hombro derecho, despertándolo de su sueño a ojos abiertos. Era Tobías. “Así son ellas –le dijo, arrastrando una silla y sentándose a su lado. También él miró a la distancia-. Son como un imán. No hay quien pueda verlas y no quedarse luego contemplándolas…”.  Ernesto no sabía cómo, pero había entendido lo que su abuelo quería decirle. Él sabía lo que era: “El misterio de lo inmenso, de lo que no puede medirse”, pensó. Y la raíz de lo inamovible, de lo que no pasa. Imaginó –sonriendo para sus adentros ante la idea- el diálogo que sostenían esas lomas con las estrellas cada noche, de gigantes a gigantes, bostezando eternidades…” (Coronar el viento, p. 284).

Sabiduría espiritual del mundo. Esa singular dimensión en esta novela es parte de su profundización metafísica, que los antiguos griegos llamaban Numen. El Numen es una palabra muy importante en la interpretación del pensamiento profundo, cuando el concepto se vincula a la conciencia de lo trascendente. Los sabiosantiguos aludían con Numen a la sabiduría espiritual de lo viviente, y hay en esta obra situaciones, vivencias y mensajes en que José Frank Rosario pone a sus personajes, especialmente mujeres, a recordar, y al recordarse meten en esa dimensión de la conciencia, y hace uso de lo que llamo conciencia vicaria. Para que ustedes puedan apreciar lo que les estoy diciendo, voy a leerles un pasaje de la página 280 donde el autor cuenta: “Este desgranar a viva voz lo que no se conoce, un escalofrío lo recorrió desde el cuello hasta la última vértebra; él no está viendo con sus ojos sino con los de otra persona o a lo mejor esa otra persona se las ha robado a él para mirar lo que no tiene delante él mismo, concluyó el viejo”. Se trata de aprovechar la experiencia ajena para contar una historia. De alguna manera alude al inconsciente y entonces en el siguiente pasaje de la página284 de su no novela, leemos lo siguiente: “El jugo se lo fue tomando a pequeños sorbos, cerrando los ojos y abandonándose al ruido, dejando que la brisa fresca le arañara la piel. Se sentía en armonía consigo mismo, con los desconocidos que en ese momento se movían a su alrededor. Con la tierra, con todo el universo. Abrió los ojos y se fijó en el cielo, entrevisto tras las ramas, en esa hora de un azul purísimo; después miró a la distancia, hacia los confines del fundo, y tras ellos las lomas, serenas e inmutables, enormes, casi negras de tan azules, con sus cabezas coronadas por las nubes espesas, tal como le había contado Rita. Se extasió mirándolas, tratando de recordar las tantas cosas que ella le había transmitido: la historia de la tía segunda y el engendro, la de Emeteria y cómo había salvado a su abuelo cuando era un recién nacido… Una mano se puso sobre su hombro derecho, despertándolo de su sueño a ojos abiertos. Era Tobías. “Así son ellas –le dijo, arrastrando una silla y sentándose a su lado. También él miró a la distancia-. Son como un imán. No hay quien pueda verlas y no quedarse luego contemplándolas…”.  Ernesto no sabía cómo, pero había entendido lo que su abuelo quería decirle. Él sabía lo que era: “El misterio de lo inmenso, de lo que no puede medirse”, pensó. Y la raíz de lo inamovible, de lo que no pasa. Imaginó –sonriendo para sus adentros ante la idea- el diálogo que sostenían esas lomas con las estrellas cada noche, de gigantes a gigantes, bostezando eternidades…” (Coronar el viento, p. 284).

Ese pensamiento alude a lo que ha he dicho, es decir, a esa dimensión de la palabra donde el autor, tras la descripción de un suceso, tras el relato de un recuerdo, se retrotrae al pasado, y sabemos que el pasado de la humanidad registra todo lo acontecido a lo largo del tiempo porque nada se pierde, todo queda registrado, absolutamente todo, y en ese registro que tiene la naturaleza, nosotros recibimos por alguna vía algunos de sus mensajes y algunas verdades profundas y, sobre todo, aquellos que han desarrollado la sensibilidad trascendente, es decir, la sensibilidad espiritual; y los que valiéndose dela palabra, los que articulando una historia acontecida en su entorno o en su país tratan de auscultar lo que esa historia registra para reflejarnos a nosotros esos hechos o el trasfondo de esos hechos, para conectar la esencia de lo que somos con la esencia del Universo.

Transferencia afectiva del relato. Creo que José Frank Rosario logra un acierto al recoger la historia que él conoció desde niño, pues la mayoría de las cosas que él narra en esta novela fueron conocidas por él como si se tratase de un narrador testigo que al mismo tiempo es un narrador omnisciente; y entonces logra captar y comunicar secretos y detalles que le dan una profundidad psicológica a su novelar. Lo que dije al principio de que José Frank es un observador de la realidad es cierto, de tal manera, que él pudo ver a temprana edad individuos muertos  por los esbirros de Trujillo, y para un niño de 7 años observar un cadáver es algo impactante, traumático y sorprendente. Esas vivencias impactaron al autor de esta novela, y por suerte para la novelística dominicana, él ha asumido la temática de esta obra y la ha plasmado en términos narrativos en primer lugar porque eso queda registrado, al escribir un hecho queda para el futuro, Nosotros podemos conocer lo que vivió José Frank y lo que él narra en tantos pasajes de esta novela que nos permitirá, de alguna manera, identificarnos con ese pasado que es parte de la Mocanidad. Lo que él narra en esta obra es parte de la vida en Moca, de la vida de una familia mocana y de la historia local y de la intrahistoria mocana. Digo que esta obra va a ocupar un espacio y un puesto significativo en la literatura dominicana por la manera en como él narra la historia porque es por la forma como se escribe, como una obra queda porque el contenido no le da categoría a una obra literaria, es la forma como se trata, es el tratamiento formal, lingüístico, estilístico y literario, que José Frank Rosario logra plasmar con maestría: “Ese desgranar a viva voz lo que no se conoce”. Un escalofrío lo recorrió desde el cuello hasta la última vértebra. “Él no está viendo con sus ojos, sino con los de otra persona. O a lo mejor esa otra persona se los ha robado a él para mirar lo que no tiene delante ahora mismo”, concluyó el viejo. Otro escalofrío seguido de un breve mareo, lo hicieron sentarse. Creía entender lo que estaba ocurriendo, detrás de esos ojos no estaba Laura, como temió en un principio, sino Rita. Era un trozo del alma de Rita el que lo conducía por entre los recovecos del antes y el ahora, el que lo ponía en posesión de la historia antigua de la casa y la familia, quien sabe si para ayudarlo a vivir en el presente, porque las almas van de útero en útero, y las cosas también, presas en la memoria del recién nacido” (Ibídem., p. 280).

Finalmente, quiero ponderar el talento novelístico de José Frank Rosario y animarlo a que siga escribiendo novelas porque tiene no solo la dotación de poeta, sino también de novelista. Los novelistas tienen una conformación cerebral particular para poder auscultar la realidad social de su pueblo. Los poetas tienen el don de auscultar su propia alma. En cambio, el novelista ausculta el alma de la sociedad; por eso los novelistas son voceros de su sociedad, voceros de su historia y voceros de su tiempo. Esa es la importancia que tiene esta obra de José Frank Rosario, un valioso creador mocano y fino cultor de nuestra novelística. Ojalá se anime a seguir plasmando con su probado talento creador, con la capacidad intelectual desarrollada, con el nivel lingüístico y literario que ha forjado para el cultivo y la exaltación de las letras mocanas y para beneficio de la literatura dominicana.

Para Moca tiene una alta significación que José Frank Rosario haya tomado como tema de creación la historia de una familia mocana, y a través de esa historia proyecta el pasado de esa familia, el pasado que vivió nuestro pueblo y la atmósfera que caracterizó una etapa singular de la historia dominicana. Esos atributos enaltecen la importancia de esta novela por el hecho de asumir como sustancia de creación esa historia familiar como sustancia de la intrahistoria de nuestra comunidad. De ahí la importancia que esta obra tiene para Moca, para la valoración de la Mocanidad y para el desarrollo de la novelística dominicana.

 

Bruno Rosario Candelier

Acto de la novela de José Frank Rosario

Moca, Biblioteca Municipal, 12 de mayo de 2015.

 

Notas:

  1. José Frank Rosario, Coronar el viento, Santo Domingo, Ministerio de Cultura, 2015, 10.
  2. José Frank Rosario nació en Moca, República Dominicana, en 1948. Narrador, poeta, ensayista, dramaturgo y educador residente enUnion City, New Jersey, USA. Se formó en la Orden de los Carmelitas Descalzos y en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. En su pueblo natal ejerció la docencia, dirigió el Liceo Domingo Faustino Sarmiento, hizo vida cultural y orientó círculos literarios, ayudando a forjar la promoción literaria de los 70. Autor de una literatura trascendente, recrea vivencias impregnadas de saludables referencias bíblicas, alusiones al mundo cultural grecolatino desde la perspectiva espiritual de su cosmovisión cristiana. Su carisma personal y su creación literaria hacen de este valioso escritor dominicano un modelo del ideal interiorista. Fue premiado en el Concurso de Cuentos de Casa de Teatro. Miembro fundador del Ateneo Insular y signatario del Movimiento Interiorista. Su lírica metafísicaes densa, con reboso de humanismo, cultura y espiritualidad. Su narrativa ausculta la interioridad de sus personajes desgarrados por apelaciones profundas, que contrapone al sentido de la vida. Escritor de sólida formación intelectual, la exaltación de los ideales trascendentes articula su visión de la vida, la historia y el mundo. Su lírica expresa la dimensión interna y esencial de lo viviente con un valor simbólico, metafísico y estético de extraordinaria calidad y hondura. Publicó el poemario Entre la voz y el viento, y la novela Coronar el viento.

 

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