ALCOHOL

“Allí bebía ALCOHOL frecuentemente aunque no molestaba a los peatones.”

La intención en esta sección es destacar que la palabra alcohol usada del modo en que lo hace el traductor de esta reseña del periódico es correcta aunque a primera vista parezca extraña a la lengua. Se verá que el uso inveterado no ha sancionado aun esta utilización a pesar de que consta con esa acepción en los diccionarios.

El vocablo del título pasó a formar parte del idioma español hace siglos ya y no obstante su incorporación de larga data por la formación se adivina que procede del árabe al-kuhl, el colirio. En su Diccionario etimológico, ¿1537-1613?, D. Francisco del Rosal reconoce la deuda del español con el árabe con respecto de esta voz y añade “y quiere decir quemado o negro. . .” En la actualidad el común de los mortales no le reconoce la cualidad al alcohol primitivo de servir para teñir de negro las cejas y pestañas como hacían las mujeres hace años.

No causa extrañeza que el término se haya tomado del árabe pues no en vano los árabes ocuparon la península, o parte, e influyeron durante esos siglos de permanencia sobre la lengua que luego devino en español.

El uso que se halla legitimado hoy en día, el de usar la palabra alcohol como sinónimo de “bebida alcohólica”, procede quizá del inglés, lengua en la cual con esa voz se mientan todas las bebidas que llevan alcohol incorporado o destilado. En la consulta médica los profesionales de la salud entre otras preguntas que hacen a los enfermos incluyen la de saber si ingieren bebidas alcohólicas: Do you drink alcohol?

No huelga que se haga constar que a los caribeños después de la pregunta acerca del alcohol hay que preguntarles si por casualidad beben cerveza. La prevalencia de beber cerveza en el Caribe es tal que los hablantes de las islas y el litoral bañado por ese mar no piensan que beben alcohol cuando liban con cerveza. Perdónese la digresión.

El caso de la admisión del vocablo alcohol  como equivalente de “bebida alcohólica” es tan reciente que esa acepción no constaba en el DRAE en su edición de 1970. Si la tendencia prosigue su curso no está lejos el día en que por economía de esfuerzo en español se diga “alcohol” y caiga en desuso “bebida alcohólica”.

ROSEADO – ROCIADO

“Una despachadora policial en H. le informó sobre varias llamadas al 911 de hombres hispanos que reportaban haber sido golpeados y ROSEADOS con gas lacrimógenos por. . .”

Parece increíble pero es veraz lo sacado del periódico. Si es difícil que algún mortal incurra en un error de este tipo, es más difícil admitirlo cuando en cabeza de la reseña constan los nombres hispanos no de uno, sino de dos periodistas profesionales. La única explicación, inadmisible por cierto, es que redactaron con prisa y no revisaron.

Ante errores de este tipo es cuando el lector avisado cae en el desconcierto y no sabe si debe llorar o reír. Llorar porque esta clase de pifia no debe ocurrir en un periódico serio; o reír porque la falla es tan infantil que uno se resiste a creerla aun cuando la tenga bajo los ojos.

Rosear en el Gran diccionario de la Lengua Española consta con una acepción que personalmente se la considera anticuada: “mostrar una cosa un color parecido al de la rosa”. Se la tilda de anticuada porque en los tiempos modernos hay rosas de todos los colores. Es tan cierto el aserto acerca de los colores que los vendedores de rosas se permiten teñirlas de las tonalidades más increíbles para complacer todos los gustos.

No hay lugar a sorprenderse si la acepción que se copió se considera anticuada porque es un hecho general que todos los diccionarios se expresan de una manera similar. Ya no se trata de un apego a la realidad de los hechos comprobados sino a una idea aceptada por la generalidad de los hispanohablantes y de ese modo queda todo bien entendido y aprobado.

Como ya adivinaron lo lectores, en la reseña debió aparecer “rociado” que es una conjugación del verbo rociar que es “esparcir un líquido en pequeñas gotas”. Como decía el padrino:”aquí es cuando la puerca retuerce el rabo”. Si es gas no se rocía porque no tiene gotas. Lo más probable en este caso es que haya un error en cuanto a la apreciación del elemento usado por el agente de policía que trabajaba como guardián en sus horas libres.

En un caso de esta naturaleza lo más certero es volver a lo más elemental que es emplear un verbo general que no compromete la redacción, estos son “arrojar, o echar”. Claro está, si se usa uno de estos verbos propuestos hay que cambiar la redacción para que corresponda con las funciones de esos verbos.

BASTÓN

“Segundos después, cuando el policía se movió de lado, nos dimos cuenta de que en la otra parte los aditamentos comenzaban con un BASTÓN.”

En materia de redacción algo que hay que tener siempre muy pendiente es la conveniencia y la intención que mueven a la acción de escribir para alcanzar la mayor eficacia comunicativa. Al redactar quien lo hace no puede olvidar que tiene que mantener el placer del lector. Este interés se pierde fácilmente si quien redacta elige vocablos equivocados para expresar sus ideas.

Quien escribe debe elegir metódicamente los términos que utiliza para atraer la atención del lector por medio de la exactitud de la correspondencia entre lo escrito y lo leído con la consecuencia de lo comprendido que es el fin.

En la cita se constata que la redactora no ha realizado una selección acertada de palabra cuando se lee que el agente del orden público lleva un “bastón”.

Por fortuna para el agente de la policía él no lleva un bastón porque con eso tendría más dificultad para golpear que con lo que sí le sirve de instrumento de agresión o más bien, de disuasión.

Hay dos acepciones para la palabra bastón. Una es la del palo que se utiliza para apoyarse. La otra es el distintivo de autoridad que casi siempre tiene empuñadura, es labrado y tiene adornos. El primero de los dos bastones es bastante largo y llevarlo colgado de la cintura sería una gran incomodidad. El segundo, por costumbre, el elevado personaje de la dignidad que lo lleva lo mantiene en una mano o en las dos.

Como ya se dejó entrever al principio de esta sección, se repite aquí para que no quede duda alguna: la elección de este vocablo en este contexto es desafortunada. Más abajo se mencionarán otros bastones dominicanos.

En República Dominicana llaman de bastón a la barra metálica diseñada para inmovilizar el “guía” del automóvil, eso que otros hispanohablantes conocen con el nombre de “volante”.

El DAA asienta que bastón en RD es también “miedo, flojera”. No se discute el asunto aquí aunque no se recuerda ese uso. El que sí se recuerda es el bastón “que le cae a la persona que ha ingerido bebidas alcohólicas en exceso”. Consiste ese bastón en una somnolencia que hace que el individuo comience a cerrar los ojos aun cuando tiene deseos de mantenerlos abiertos.

Este recuento de bastones no agota la cantera de esa voz en el español reconocido ni en el particular de algunos países. La mesura indica que es prudente cerrar aquí ese estudio.

PIQUE – PICAR

“Cuando estén cocidos y un poco dorados agregue los tomates, pasta de tomate, un poco de agua, laurel, jugo de limón, salsa inglesa y PIQUE  .

Como es posible que los lectores deduzcan que se trata de una receta de cocina, no está de más agregar que fue para cocinar unos camarones. Con la oración terminada se dio satisfacción a la natural curiosidad que resultó “picada” por los términos de la cita.

En esta sección se examinará primero lo que se entiende por pique en el texto reproducido y luego se pasará revista a algunas acepciones del verbo picar para recalar en una dominicana que se ha soslayado hasta ahora.

En Puerto Rico y según el DAA también en Colombia el pique es una variedad de ají picante. El uso que se ha oído de labios de puertorriqueños es que “pique” corresponde a picante. No importa el tipo de pimienta o ají que se utilice para dar ese sabor picante a lo preparado.

Hace más de cincuenta años, en el Santo Domingo de entonces se vendían unos “moroquitos”, que eran unos pastelitos rellenos de carne que se pregonaban en la calle. El vendedor los llevaba en una bandeja sobre la cabeza o sobre un hombro y anunciaba su mercancía pregonando que llevaba “moroquitos con pique y sin pique”. Nadie necesitaba preguntar qué cosa era esa de “pique”.

El dominicano hace o coge un pique cuando se enoja, cuando su enojo llega a la rabia. Esta es una acepción que tiene asidero formal en la acepción 20 del DRAE que recoge para el verbo picar en funciones de verbo transitivo “enojar o provocar a alguien con palabras o acciones”. La acepción 53 es más extensa y asienta ofenderse, enojarse o enfadarse.

Llegado a este punto el asunto hay que introducir el “picar” que se anunció al principio como un uso que no se ha recogido en las obras publicadas hasta esta fecha. Hace también más de 50 años en el Santo Domingo de esa época “picar” era “emprender una persona una carrera”. Los muchachos acostumbraban a dar “gabela” diciendo al o los otros “pica alante” (=adelante) que te alcanzo o te paso muy pronto.

Esa acepción recién mencionada se parece a la que conocen los argentinos y uruguayos, pero que ellos limitan a la acción de arrancar bruscamente con un vehículo automóvil. Ojalá no caiga en el olvido este tipo de usos del pasado dominicano. Vale la pena que se aclare que lo examinado en esta sección no agota las acepciones del verbo picar dominicano. Los otros valores no se tratan aquí porque constan en los diccionarios de dominicanismos.

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