Los signos de exclamación, antes llamados signos de admiración, son dos: el de apertura (¡), o principio de exclamación, y el de cierre (!) o fin de exclamación. Se desconoce a ciencia cierta el origen de estos dos signos, pero se cree que derivan de las dos letras de la palabra latina Io, que significa ‘alegría’: los humanistas italianos del siglo XIV las colocaron una encima de la otra, alternativamente. Con el tiempo la I y la o se fueron estilizando hasta convertirse en los signos actuales: ¡ y !. En 1630 el ortógrafo español González Correa, autor de la Ortografía kastellana nueva i pefeta, describió el signo de esta manera:

...[E]s una línea derecha sobre un punto, komo una i buelta para abajo: y sirve para señalar, kuando nos admiramos. Xesús, ke gran mal!

Gómez Correa fue un hombre muy avanzado para su época: lo delata su novedosa ortografía (komo, buelta) que aún hoy en día tiene sus seguidores. Su invitación al uso del signo de exclamación fue también novedosa y… prematura. Tuvo que esperarse casi un siglo para que la costumbre de la época —el doble empleo del signo de interrogación (?) tanto en preguntas como en exclamaciones— diera paso a la diferenciación del signo de interrogación y exclamación.

Respecto de la denominación del signo, las Academias de la Lengua usaron la expresión signos de admiración hasta el 1999, año en que la Ortografía de la lengua española adoptó el término actual de signos de exclamación. Se le reprochaba a la denominación anterior (signos de admiración) el indicar solo uno de todo un abanico de sentimientos posibles: alegría, júbilo, sorpresa, asombro, ruego, deseo, súplica, pena, compasión, dolor, orden, afirmación enfática, advertencia, insulto, reproche, indignación. El vocablo exclamación, en cambio, significa ‘grito o frase en que se refleja una emoción, sea de alegría, pena, indignación, cólera, asombro o cualquier otro afecto’, lo cual se ajusta perfectamente al uso que se le da a este signo de puntuación.

Para algunos lingüistas, los signos de exclamación no son propiamente signos de puntuación, sino signos de entonación, pues no sirven para marcar la estructura lógica del texto —como ocurre con la coma, el punto, el punto y coma, etc.—, sino, más bien, para indicar la modalidad del discurso cuando este difiere del mero enunciado. La norma académica, sin embargo, incluye expresamente entre las funciones de los signos de puntuación la de indicar la modalidad de los enunciados, y considera, por tanto, que los signos de exclamación son signos de puntuación.

El signo de apertura (¡)

El signo de apertura o principio de exclamación (¡) se emplea en el español desde el siglo XVIII. En 1754, la Real Academia Española recomendó su uso en la segunda edición de la Ortografía. El español tiene la peculiaridad de ser el único idioma que lo utiliza. Salvo en un caso particular que indicaremos más adelante, el uso del signo de apertura es hoy obligatorio en la escritura de oraciones o frases exclamativas en nuestro idioma.

Esta particularidad tiene su explicación: en español, a diferencia de otras lenguas, una misma frase u oración puede perfectamente variar de modalidad (entre enunciativa, interrogativa y exclamativa) solo por el cambio del tono o inflexión con la que se dice:

Fuiste ese día al Palacio de Justicia a defender al ladrón ese que apodaban Al Capone.
¡Fuiste ese día al Palacio de Justicia a defender al ladrón ese que llamaban Al Capone!
¿Fuiste ese día al Palacio de Justicia a defender al ladrón ese que llamaban Al Capone?

Ese fue el hombre que hace unos días vio saliendo de la casa con una pistola en la mano.
¡Ese fue el hombre que hace unos días vio saliendo de la casa con una pistola en la mano!
¿Ese fue el hombre que hace unos

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días vio saliendo de la casa con una pistola en la mano?

De manera que, de no colocarse el signo de apertura, sería imposible anticipar en la lectura la naturaleza enunciativa, interrogativa o exclamativa de la oración, lo cual causaría trastornos en la entonación (para el caso de la lectura en voz alta) o dificultades en la comprensión (para el caso de la lectura silente).

Por otro lado, el hecho de que los avances tecnológicos nacen, por lo general, fuera del mundo hispanohablante ha creado problemas prácticos en el uso del signo de apertura. Los teclados estándar de las computadoras, por ejemplo, no incluyen una tecla para el signo ¡, el cual, por demás, se encuentra ausente del sistema de caracteres ASCII (American Standard Code for Information Interchange) usado por casi todos los sistemas informáticos actuales. Por esa razón, en la República Dominicana se omite frecuentemente el signo de apertura en los escritos, especialmente en anuncios y textos informales, práctica que es incorrecta pese a su amplia difusión.

Usos de los signos de exclamación

Los signos de exclamación son de los que menos usados en el lenguaje jurídico. Es total su ausencia en las normas jurídicas y en las decisiones judiciales, en razón de la naturaleza de estos textos. Solo se nota su empleo en los escritos forenses de los abogados, a veces con cierto exceso.

La función de los signos de exclamación es enmarcar o delimitar las expresiones exclamativas, expresadas ya sea en oraciones (¡No vengas mañana!), frases (¡Dios mío!, ¡Qué belleza!) o palabras solas (¡Ja!, ¡Socorro!, ¡Asesino!). Como se ha indicado, el término exclamación tiene un amplísimo ámbito que comprende desde expresiones de júbilo o alegría hasta muestras de cólera e indignación.

El signo de apertura debe colocarse justamente donde comienza la exclamación, aunque no coincida con el comienzo de la oración: Si ganamos, ¡vamos a brindar con champán!

Cuando se dan varias exclamaciones seguidas, cada una puede considerarse como un enunciado independiente o, si son breves e íntimamente relacionadas, como parte de un mismo enunciado. En el primer caso, cada exclamación comenzará con mayúscula: ¡Que hay audiencia para hoy! ¡C…! ¡No me dijiste nada ayer!… ¡Busca la toga y vámosno! En el segundo, se escriben con minúsculas, salvo la primera, y se separan con coma o punto y coma: ¡Vaya!, ¡qué bien!

El signo de cierre se emplea por sí solo entre paréntesis (!) para expresar asombro, sorpresa o ironía: Dijo que necesitaba cinco minutos y habló por más de media hora (!).

Es común en textos informales o con gran carga expresiva el empleo de dos, tres y más signos de exclamación para dar mayor énfasis a la exclamación: ¡¡¡Ladronazo!!! La cantidad de signos puede utilizarse para modular el grado de expresividad de dos o más exclamaciones consecutivas: ¡¡Carajo!! ¡Pedazo de m…! ¡¡¡Lárgate ya!!!

Hay oraciones que son exclamativas e interrogativas a la vez. En ese caso, pueden combinarse de tres maneras distintas los signos de exclamación con los signos de interrogación (¿?) y así expresar el carácter dual de la oración:

a) Abriendo con el signo de exclamación y cerrando con el de interrogación: ¡Tumbó al abogado de un pescozón en plena audiencia?

b) Abriendo con el signo de interrogación y cerrando con el de exclamación: ¿Tumbó al abogado de un pescozón en plena audiencia!

c) Abriendo y cerrando con los dos signos a la vez: ¡¿Tumbó al abogado de un pescozón en plena audiencia?!; ¿¡Tumbó al abogado de un pescozón en plena audiencia!?

Estas últimas dos formas son las preferidas por la norma académica.

© 2015 Fabio J. Guzmán Ariza