Cajoneca, monda y lironda/*honda y lironda, pro bono, exiliar

Por Roberto E. Guzmán

CAJONECA

El poder de inventiva de los dominicanos no conoce límites. Ese es un recurso muy bien explotado por la inteligencia dominicana. El ingenio dominicano crea palabras que se avienen  muy bien con las circunstancias. Esta del título que se expondrá en el cuerpo de esta sección es una muestra de lo dicho más arriba.

Muchas personas se preguntarán, ¿qué es eso de cajoneca? Es una voz de escasa circulación en el español dominicano; sobre todo en los últimos tiempos en que los avances científicos han dejado en el olvido muchas cosas.

La voz del título tiene relación con la palabra caja, o cajón; pero no es una colección de cajas, o puede serlo, pero eso no es lo que designa la voz.

Se hace necesario agregar a lo ya escrito que la voz cajoneca se utiliza en la mayoría de los casos en un tono jocoso, festivo, divertido.

Con la voz cajoneca se refiere el dominicano a su magra colección de libros que todavía no ha adquirido el carácter de biblioteca, y que sobre todo reposa en cajones; es decir, no están los ejemplares colocados en libreros. En otras palabras, es una colección de libros que no ha alcanzado la categoría de biblioteca y que permanece en cajas o cajones, de allí el nombre.

 

MONDA Y LIRONDA – *HONDA Y LIRONDA

“. . . porque la realidad *HONDA Y LIRONDA es que. . .”

Los sonidos juegan malas pasadas a algunas personas. El instinto del ser humano es identificar un sonido con algo que es conocido. Eso parece que fue lo que sucedió en la frase que consta a manera de ejemplo de empleo errado.

La honda que el dominicano conoce es el tirapiedras, es decir, es la horqueta con material elástico que sirve para lanzar piedras. Es el tirachinas del Diccionario del español dominicano (2013:659).

La palabra monda puede ser una conjugación del verbo mondar, que en el español dominicano corresponde al verbo pelar, sobre todo para referirse a frutas, hortalizas y tubérculos. La monda puede ser la cáscara que se retira de los antes mencionados cuando se pelan. Además, puede ser el sustantivo que corresponde al verbo mondar. La monda es también la persona que causa mucha risa. En el registro coloquial es el colmo.

Mondo, da y lirondo, da es una locución adjetiva que se usa para significar que algo es limpio, sin añadidura alguna. Cuando el sentido de mondo se refuerza con lirondo, se acentúa el grado de mondo, esto es, limpio (¿liso?). Limpio, libre de cosas añadidas, superfluas, mezcladas o adherentes.

Por su condición de locución no admite un cambio del tipo que se hizo en la cita, pues esta intromisión saca la locución fuera de su sentido original.

 

PRO BONO

“. . .envió suministros humanitarios PRO BONO. . .”

Este pro bono es un latinismo de poca circulación en español. Es más conocido en lengua inglesa. En su condición de expresión latina, es considerada como latinismo que no se ha incorporado a la lengua española y debe escribirse en cursiva o entre comillas.

Se considera latinismo la palabra o expresión latina que se utiliza en una lengua extranjera al latín, que en este caso es el español. Anteriormente los latinismos pertenecían a la lengua culta, al léxico científico. En la actualidad muchos de ellos se han incorporado a la lengua internacional española. Una vez que se incorporan pueden dejar de escribirse en cursiva y algunos adquieren tildes para marcar la sílaba de mayor énfasis.

Puede ser considerado latinismo también un giro privativo de la lengua latina. El latinismo es un préstamo procedente de la lengua latina a una lengua extranjera.

No debe confundirse el nombre latinismo con latinajo, que es una voz de índole despectiva usada en el registro coloquial. En puridad debería guardarse la palabra latinajo para el latín malo; es decir, incorrecto.

La expresión latina pro bono sirve para denominar un trabajo o labor generalmente profesional que se realiza sin percibir pago o indemnización. En la mayoría de los casos en inglés la usan para las defensas que asumen algunos juristas sin recibir emolumentos. Es un trabajo que se hace gratis.

En el caso de la cita el latinismo está mal empleado. En este caso se ha empleado para “suministros”, que no es un trabajo, sino una contribución en especie. Este tipo de error ocurre en los casos en que los escribientes trasladan conceptos de una lengua a otra.

 

EXILIAR

“Soplaron tan fuertes que lo EXILIARON de sus responsabilidades. . .”

Desde el inicio debe aclararse que el verbo soplar aquí está usado en sentido figurado, por lo tanto no hay que sorprenderse. No ha de tomarse este verbo en sentido literal, estricto.

El centro de atención en este apartado es la forma en que el redactor de la frase utiliza el verbo exiliar. Esta es la primera vez que se encuentra ese verbo usado de esta forma, por eso llama la atención.

En tanto verbo transitivo exiliar es condenar al exilio. Exiliarse es verbo que puede tomar la forma de intransitivo pronominal. En esa función es “marcharse una persona de su país por razones políticas”.

El exilio es la “separación, voluntaria o forzosa, del propio país, por razones políticas”. Diccionario del español actual (1999:2067).

En algunos casos hay personas que utilizan una palabra y lo hacen de modo metafórico. En los casos en que no son tropos usuales es un riesgo que corre quien así escribe, sobre todo si es una metáfora literaria como la llama D. Fernando Lázaro Carreter, que él define así: “que pertenece al habla, como modalidad individual de un escritor o un hablante”. Diccionario de términos filológicos (1962:275).

En poesía los tropos son muy frecuentes. En literatura hay tropos que están prácticamente fosilizados, es decir, que a fuerza de repetirlos son conocidos por lo menos por los lectores cultos. Claro, cuando esto hace un literato hay que tomar este recurso como una libertad reconocida.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Nublazón, forzar el mingo, ejido/*egido, apretuje

Roberto E. Guzmán

NUBLAZÓN

“. . . y gastar sumas de fábula en una NUBLAZÓN propagandística. . .”

Ocurre a veces que el deseo de comunicación de quien escribe no se cumple. O si se cumple, lo hace de modo muy confuso, de suerte que el lector tiene que recurrir a un ejercicio de desciframiento. Eso que se acaba de exponer es lo que ha sucedido en la frase que se copió más arriba. A continuación se analizará el asunto para desenredar la madeja.

Para comenzar se hace necesario recordar que la voz nublazón no es reconocida por todo el universo de hablantes de español.  En Cuba, México y República Dominicana posee el significado de nubosidad. En Cuba también tiene el significado de  “opacidad en la vista”. La opacidad de esta definición ha de entenderse por falta de claridad o borrosidad. La nubosidad que se mentó antes es la abundancia de nubes; que indica que algo está cubierto de nubes.

Salta a la vista que las sumas gastadas en propaganda no cubren de nubes el mundo, por mucho dinero que en ello se invierta. Para llegar al meollo del mensaje hay que llegar a este por medio de inferencias.

Cuando en el cielo hay nublazón, se presume que eso entorpece la claridad, que oscurece el día porque el sol no puede penetrar a través de estas con la misma intensidad.

Así puede presumirse que la idea es que la dimensión de la propaganda fue tal que oscureció el entorno de modo que no permitía hacer un juicio certero acerca de lo que existía en la realidad de los hechos.

No cabe duda de que este ejercicio para entender la frase fue más largo de lo acostumbrado. Una de las cualidades que se resaltan en las redacciones de todo tipo es la claridad expositiva. Aquí se falló al no lograrse ese propósito como quedó demostrado.

 

FORZAR EL MINGO

“. . .FORZANDO EL MINGO de las primarias abiertas. . .”

La expresión que se encuentra en la cita es de uso muy frecuente en el habla de los dominicanos. A pesar de su origen no solo se la oye en el ámbito de los salones de billar.

El mingo es la bola de billar que se pone en cabeza de la mesa para abrir una partida de billar. Hasta donde la memoria alcanza esta es de color blanco.

El verbo que acompaña la locución verbal -forzar- hay que recibirlo en las funciones de ejercer presión, obligar a que se haga algo, hacer que la voluntad o la conducta de otros varíen en un sentido previamente establecido. Es una acción sobre la voluntad ajena para lograr determinados propósitos.

El Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:318) asienta que la locución vale para expresar, “persistir en obtener o lograr algo sin el resultado esperado”. La segunda acepción es “extralimitar los recursos para conseguir algo”.

Una vez expuestas las acepciones los lectores quedan en libertad de interpretar en el caso de la cita si se refiere a la persistencia del accionar o a los recursos invertidos.

 

EJIDO – *EGIDO

“Él fue el donante del solar donde se erigió el EGIDO.”

Llama la atención en la frase transcrita que la persona que la redactó incluyera en ella palabras cultas y, sin embargo, cayera en el error de incorporar una voz que no se encuentra recogida en los diccionarios de la lengua española.

*Egido es una voz que no consta en diccionario alguno. Por el sentido de la frase se deduce que el autor de esta quiso colocar allí la palabra ejido que es la reconocida en el español internacional.

Se hace oportuna la ocasión para estudiar el vocablo que sí es de conocimiento del universo de hablantes de español, ejido, pues es interesante, sobre todo si se tiene en cuenta que en República Dominicana posee una acepción que es de uso privativo en esa comunidad de hablantes.

La acepción registrada por las Academias para la palabra ejido es, “campo común de un pueblo, lindante con él, que no se labra, y donde suelen reunirse los ganados o establecerse las eras”.

La palabra ejido es importante en la historia americana. En México tiene una larga historia porque allí es, “Forma de propiedad de la tierra que consiste en la asignación estatal de un terreno  a un grupo de campesinos para su explotación colectiva”. Así se llama también al terreno que funciona bajo este régimen de propiedad. Además, se llama ejido a la sociedad de campesinos copropietarios de un terreno que funciona bajo este tipo de normativa.

Tal y como se anunció, en República Dominicana es, “Territorio que corresponde a la jurisdicción de un municipio”. Esta acepción es compartida con Argentina, donde la palabra pertenece al registro culto.

Así queda probado que ejido es un vocablo importante en la América Hispana. La primera acepción que se consignó es la que registra el Diccionario de la lengua española. Las otras acepciones se encuentran en el Diccionario de americanismos.

 

APRETUJE

“La mujer rubia, alta y de experiencia en el rostro venció el APRETUJE. . .”

Cada día se encuentra una voz nueva que se añade a la lista de las ya conocidas. En la mayoría de los casos estas palabras nuevas salen del pueblo llano y designan de una manera más corta lo que la lengua ya ha denominado con otros vocablos más largos.

Se evaluará aquí el patrón que ha podido observarse en la formación de palabras de este tipo; es decir, de sustantivos que ya tienen antecedentes en la lengua, pero más largos y que son favoritos de los estratos cultos de la población.

En la frase copiada a manera de ejemplo se observa un acortamiento de lo que se supone que es la palabra original en el proceso. Con este tipo de cambio, acortamiento, se cumple con uno de los fenómenos que se observa en las lenguas que es la economía de tiempo y espacio.

En el ejemplo comentado en esta ocasión se observa que no se ha añadido una terminación a un verbo. Quizás lo que se ha hecho va más allá de acortar el sustantivo conocido que es apretujamiento, para acortar el verbo mismo, apretujar e imprimirle así al resultado de esta operación el valor de sustantivo.

Con este apretuje no se añade una de las terminaciones usuales en América, especialmente una de las usadas en Centroamérica, sino un acortamiento que se ha encontrado en otros casos.

De la exposición que antecede puede inferirse que apretuje en la frase transcrita reemplaza a apretujamiento y que la mujer pudo vencer el apiñamiento o amontonamiento de personas y desplazarse entre ellas.

Apretuje se encuentra en el verbo apretujar en el imperativo, que en América se usa para usted. Así mismo está en el presente del subjuntivo, para “yo, usted, él, ella”.

Antes de cerrar esta sección hay que mencionar que el verbo apretujarse, en tanto transitivo pronominal en Puerto Rico se usa para “abrazarse y besarse una pareja de manera prolongada y lasciva”. Quizás logró la rubia alta librarse de este abrazo.

© 2018, Roberto E. Guzmán

«La luz se ha refugiado en el sendero» (Ramón Emilio Reyes, España, Editorial Círculo Rojo”, 2013)

Por Fausto Leonardo Henríquez

Miembro correspondiente de la ADL

La novela La luz se ha refugiado en el sendero está considerada por Giovanni di Pietro y Bruno Rosario Candelier, dos eminentes críticos y conocedores de la literatura dominicana de todos los tiempos, como una de las novelas imprescindibles para comprender y completar la novelística de la época de la dictadura trujillista en la República Dominicana.

La luz se ha refugiado en el sendero y El Testimonio, de Ramón Emilio Reyes, se unen por época y por excelencia, a las obras Judas y El buen ladrón de Marcio Veloz Maggiolo, y Magdalena, de Carlos Esteban Deive. Quien sabe de estos escritores comprenderá que asociar el nombre de Ramón Emilio al de ellos es una clara señal de que estamos, con toda seguridad, ante un escritor de primer orden en la narrativa dominicana.

Después de leer la novela me he hecho estas preguntas: ¿Qué he podido apreciar en mi lectura de La luz se ha refugiado en el sendero? ¿Qué resortes son los más llamativos? ¿Hacia dónde apunta esta novela? Sin pretender ser exhaustivo, ni mucho menos, arriesgo algunas claves para los lectores potenciales.

Se constata en la obra un lenguaje depurado, con una prosa engarzada de imágenes poéticas que hacen atractivo el discurso y la comprensión de presentimientos, sentimientos, emociones, personajes y paisajes. El tono poético eleva el valor de la obra. Esto es, tal vez, junto a la trama y la técnica, y al trasfondo histórico que la envuelve, su mejor logro. Pero no hay que precipitarse, porque hay muchos resortes más, como se podrá ver.

El escritor recurre al mundo de los sueños, las visiones y las profecías. Hay instantes en que se puede palpar la atmósfera de Pedro Páramo de Juan Rulfo. Ese sutil hallazgo de “realismo mágico” permite al autor desvelar secretos mundos del alma humana. Especial acento hay que poner en el influjo que produce una maldición o profecía en la protagonista de la obra.

Para llegar a la visión, a la paz del alma, hay que pasar, así parece para quien nace en la desdicha, por muchas pruebas y dificultades, por muchas amarguras. La protagonista experimenta un mundo de pesadillas. Sin embargo, no se detiene, ella busca la calma, la bondad, la consecución de un ideal simbolizado en la visión, en la alta montaña. Se puede decir que realidad y deseo, onirismo y vía de perfección, cabalgan juntos en el relato.

La luz se ha refugiado en el sendero posee, como ya se ha insinuado, un cierto tono bíblico-profético que me hace recordar a los metafísicos ingleses. Al menos hay un trasfondo con reminiscencias bíblicas apocalípticas que atraviesa transversalmente la novela. Junto a este dato cabe mencionar la importancia que tienen las alegorías. El escritor emplea todos los recursos posibles para trabar bien su discurso y, entre esos recursos las alegorías bíblicas desempeñan un papel significativo. Por ejemplo, la alegoría de las ovejas hermosas y las vacas flacas que devoran a las ovejas; o la alegoría de las espigas maduras y las espigas esmirriadas que devoran a las primeras. Eso es lo que se constata, no lo que significan. Son claves, por otra parte, en la narración el campo, el huerto, el camino, Dios, la agricultura.

El narrador teje una trama con fuertes momentos de ternura y desgarramiento. Tanto, diría yo, que la protagonista queda sicológicamente agotada, hecha polvo. Ella, la protagonista, que es la que cuenta su vida, su historia y su mundo interior repleto de fantasmas y sus miedos, es una mujer con temores a la muerte, a las catástrofes, a los raros sucesos anunciados por una extraña profetisa. Ella se vuelve hacia sí misma. Trata de comprenderse y de verse ante la mirada ajena. Sin duda, es una mujer con el alma atormentada, el autor dice “paradójica”, si leemos bien, estamos ante un perfil de mujer con una alta dosis de bipolaridad sicológica. Sus miedos están relacionados con la muerte cercana de sus padres de edad avanzada, su soledad interior, el recuerdo recurrente y martilleante de anuncios de maldiciones sobre el poblado donde ella vivía. ¿Puede una mujer con ese perfil tener una esperanza? ¿Cuál sería su futuro?

A mitad de la obra, capítulos cuarto, quinto y sexto, el lector se hallará varios mosaicos narrativos de sumo interés. En ellos se verá cómo la protagonista realiza una boda sin noviazgo, una extraña relación con un personaje histórico -en la novela no dice quién- pero se puede conjeturar que se trata del dictador Rafael Trujillo, de quien aún hoy corre la fama de que muchas mujeres pasaron por su tálamo como objetos de placer desechable.

Aquí hay una finísima crítica al seductor hombre de poder y dominio. Ese extraño hombre, “lleno de odio”, “vestido de abandono” despertó los sentidos de la joven mujer del campo. Pero después de encender sus pasiones, la despidió con la misma frialdad con que había despedido a saber cuántas mujeres más.

La experiencia amorosa de la protagonista con el Jefe, fue pasajera. La desazón de sentirse objeto usado y desechado golpeó aún más el corazón atormentado de la joven mujer. Entonces un pozo de desencanto, amargura y culpa la invadió de tal suerte que solamente vino a sentirse viva otra vez al conocer a un nuevo hombre. Pero aun conociendo a este joven, ella seguía con su telaraña mental y emocional. Es decir, ella continuaba con sus visiones, sus paranoias, sus sentimientos de culpabilidad y sus desdichas. En realidad, ella misma era para sí misma su verdadero problema. Surge nuevamente la pregunta, ¿qué puedo pensar de una mujer cuyo mayor problema existencial es ella misma?

La protagonista lucha con sus pensamientos y sus sentimientos que no cesan de aparecer en el espejo de su mente. Su soledad se agiganta con la soledad y abandono de su padre, su madre y su hermana de crianza. Cada quien anda buscando su propia senda, a tientas. Su romance con el joven campesino es lo único que le devuelve a la realidad y le da sentido a su vida. Es esto lo que le da fuerzas para zafarse de las garras de su primer hombre que reaparece fugazmente. ¿Pero se sostendrá ese romance siendo ella esquizoide? Eso se verá en lectura.

Si lo comentado hasta aquí ilumina un poco aquellas preguntas que planteamos al principio, a saber: ¿qué resortes son los más llamativos? ¿Hacia dónde apunta esta novela?, entonces podemos acabar este breve comentario a La luz se ha refugiado en el sendero, señalando los rasgos que, a mi entender, sobresalientes de la obra:

  1. El uso consciente de la palabra poética. Con esto el autor consigue embellecer su prosa cuidada, prueba esta de gran maestría. Si solamente sobresaliera este rasgo en al novela, bastaría para sostenerla de pie. Pero no, hay más.
  2. El uso de recursos bíblicos, proféticos y apocalípticos. Con ellos el autor introduce rasgos de la religiosidad dominicana, pero también servirán para poner de manifiesto el mundo interior de la protagonista, cuyo sentimiento de culpabilidad se acentúa hasta el último instante de la obra. “La definitiva madrugada” es la esperanza última que posee la protagonista para la alcanzar la paz, la calma, la luz de su turbulenta vida interior.
  3. El ruralismo. La atmósfera de la novela se desarrolla en el campo, con sus colinas, sus montañas, sus ríos, sus gentes.
  4. Retrato del dictador Trujillo. El autor aborda sesgadamente las pasiones sexuales, el carácter y personalidad de Trujillo. Prefigura su trágico final.
  5. Manejo de la sicología femenina. Este es otro de los fuertes del autor en esta novela. La aflicción, el desgarramiento interior de la protagonista -que afecta a los que entran en su vida- se contagia en el lector por el magnetismo y tratamiento que el escritor le da a sus estados de ánimo. Este es, seguramente, junto a la poética, el paisajismo rural, su segundo gran aporte de Reyes, el cual demuestra que es un profundo conocedor del alma humana.

Ramón Emilio Reyes deja el buen olor de su valioso trabajo literario. Quienes participaron de la puesta en circulación de esta obra en Barcelona, pueden darse por complacidos al tener delante a uno de los maestros de la novelística dominicana del siglo XX. Leer su obra será el mejor reconocimiento que le podemos dar.

 

Herencia léxica taína en el español dominicano

Por María José Rincón

Miembro de número de la ADL

 Presentador: Gracias por responder a esta invitación que hemos hecho a esta visita temática o diálogo en la sala sobre un tema que es sumamente importante para nosotros, por los aportes de la cultura taína al castellano actual, a ese que hablamos todos los días. A sugerencia de la facilitadora que voy a presentar a continuación, llamamos a esta actividad “Tesoros de la lengua taína”, es decir, los aportes que enriquecen el castellano que hablamos hoy en día. Para eso convocamos a María José Rincón, esta joven que está aquí a mi lado, que es una sevillana, una andaluza que se licenció de filología hispánica en la Universidad de Sevilla con especialidad en español de América. Obtuvo una maestría en elaboración de diccionarios y control de calidad del léxico español y realiza actualmente un doctorado de filología. María José Rincón reside en República Dominicana desde el año 1992. Es miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Coordinó el equipo lexicográfico de la segunda edición del Diccionario didáctico avanzado, de la editorial SM en Madrid; coordinó tareas lexicográficas de la Academia Dominicana de la Lengua y ha colaborado en la revisión de materiales lexicográficos del Diccionario de americanismos y en la nueva edición del Diccionario de la lengua española. María José ha dedicado buena parte de su vida productiva a desarrollar y a aportar conocimientos con relación a nuestra lengua, y ustedes saben que la lengua es un componente importante en la identidad cultural y nacional de un pueblo. Así que para hablar de los tesoros de la lengua taína, los dejo con María José Rincón.

   María José Rincón: Muchas gracias. Creo que ha quedado demostrado con las palabras de Luis Felipe, que una de mis grandes pasiones son los diccionarios. A eso he llegado a través de muchos años, más de lo que ustedes se imaginan, de intensa labor con las palabras, que han sido desde siempre una de mis grandes vocaciones. Antes de empezar quiero decir que es siempre un honor estar en el Centro León y es siempre un placer venir a Santiago. Soy miembro de la Academia Dominicana de la Lengua, con nosotros hay otro académico, cibaeño, que nos acompaña, don Fabio Guzmán Ariza, quien ha trabajado conmigo en esa labor de traer los diccionarios, sobre todo la niña de nuestros ojos que es el Diccionario del español dominicano. Y aquí estamos de nuevo para hablar de eso que yo propuse que se llamara “Tesoros de la lengua taína”.

Para empezar a acercarnos a esos tesoros me gustaría que nos propongamos una metáfora. Hemos visto piezas arqueológicas bellísimas que nos acompañan hoy aquí y quiero usar una de esas piezas como metáfora. Imaginemos una de esas piezas que llevan siglos en la cocina de nuestra casa, que se hizo hace cientos de miles de años, alguien la diseñó para usarla, para que contuviera algo y esa pieza se sigue manteniendo en la cocina y millones de personas después de esa primera que ideó esa pieza la siguen usando durante cientos de años. A veces se aburre de ella y la deja apartada, ya no le sirve y una generación posterior, a veces a miles de kilómetros de distancia de esa cocina, recupera esa vasija y la vuelve a usar para otra cosa. Todas esas manos por las que va pasando la vasija le van dejando una pátina extraordinaria que a veces hace que no la podamos reconocer. Ya no se parecía a aquella primera vasija que ideó alguien, pero cuando la lavamos y le quitamos esa pátina que le dejan el uso y los años, nos damos cuenta de que sigue siendo la misma.

Pues bien, la magia de esa vasija es la magia de las palabras. Esas palabras que hace cientos de años alguien moldeó, no sabemos quién, para nombrar una realidad, van cambiando con el uso de cientos de millones de personas a lo largo de miles de kilómetros para que luego sigan sirviéndonos a nosotros para mencionar la misma realidad si se mantiene u otras realidades nuevas. Esa es la gran magia de las palabras y por eso, las palabras taínas que conservamos en la lengua española, que es la única manera que podemos acercarnos a la lengua taína, son tesoros para nuestra lengua, porque se siguen manteniendo a través de los siglos y nos siguen siendo útiles, no solo a nosotros que vivimos cerca de donde nacieron, sino a más de quinientos millones de personas en más de 21 países a lo largo de todo un Continente y en países de otros Continentes. Todas esas palabras que nacieron aquí perviven entre nosotros, y a través de la lengua de los hablantes españoles se han extendido a la lengua española general y también a otras lenguas del mundo. Una vez que nos hemos centrado en esa metáfora aprendemos a valorar el tesoro que ha acumulado la palabra.

Les voy a hacer un recorrido breve de cómo las palabras se registraron en español y cómo conocemos que esas palabras proceden de la lengua taína; no todas, porque la riqueza lingüística del Caribe es inimaginable y muchas veces incomparable con otras realidades a lo largo del mundo. La realidad lingüística prehispánica en América es algo inimaginable y muchas veces no comparable con otros temas a lo largo del mundo. En América, los estudiosos calculan más de 170 familias de lengua. Imagínense que las lenguas romances, de las que provienen del latín, es una sola familia y se extiende a lo largo de toda Europa y parte de América. De esas 170 familias se derivaron dialectos y subdialectos, la mayoría de ellos ininteligibles entre sí, es decir, la riqueza era extraordinaria, muchas de ellas sobreviven como lenguas, incluso oficiales en su país, y muchas de ellas se han perdido o están en proceso de extinción. Las grandes familias de lenguas que influyeron en la lengua española son: arahuaco, caribe, náhuatl, maya, quechua, aimara, chicha, araucano y tupic guaraní. Estas grandes nueve familias lingüísticas fueron las que dejaron huellas en la lengua. Evidentemente la arahuaco y la caribe fueron las de primer contacto, y, por tanto, las que mayor huella han dejado. Ahí tienen las lenguas que se hablaban en el entorno de las Antillas.

¿Por qué muchas veces no sabemos decir por qué una palabra es arahuaca, taína, caribe, y a veces los lingüistas solo la denominamos como una palabra antillana? Porque las lenguas que se hablaban en las Antillas tenían un tronco en común que era el tronco arahuaco, y ese caribe y ese taíno que convivían en La Española tenían un tronco original común. La intercomunicación entre estas lenguas hace que no se sepa a través de los textos si la palabra es taína, arahuaca o caribe. Por eso, cuando vayan a buscar la palabra en su etimología se dirá que es de origen antillano porque los orígenes lingüísticos no están claros. Por tanto, esa expresión que leemos muchas veces en las crónicas de Indias, la lengua de los indios se puede poner como interrogación porque realmente la lengua de los indios como única lengua no existe, no es una realidad, ya que existían varias lenguas.

Para un extranjero que llega y se enfrenta a ellas parece una misma lengua, poco a poco con el contacto y la convivencia se van dando cuenta de que algunas de esas expresiones lingüísticas son ininteligibles entre sí, y eso fue lo que pasó en gran parte del Caribe. La primera familia que encontramos, la arahuaca, se extendía en todas las Antillas y en parte del Continente americano. Los préstamos arahuacos son de los más numerosos del español. Ha pasado al español de América, al español general e incluso a otras lenguas que no son el español, prestada a través de la lengua española.

La otra gran familia es la taina, que es de procedencia arahuaca. Es la otra lengua que se hablaba en las Antillas, sobre todo, en las Antillas Menores. Los datos precolombinos aseguran que en La Española se hablaban hasta tres lenguas, de las cuales fehacientemente solo tenemos un rastro de la lengua taína, por ser la más prestigiosa, porque era de los cacicazgos de mayor poderío. Esta a su vez tenía subdialectos que eran ininteligibles entre ellos. Lamentablemente, la lengua taína se extinguió y los únicos vestigios que tenemos de ella son esas palabras que quedan incrustadas en los textos y las que se han mantenido a lo largo de los siglos en el uso de las gentes de la República Dominicana, pero también de otras zonas.

El uso de los tainismos va a depender del nivel de cultura de sus hablantes. Eso sí es importante el nivel de conocimiento que tiene el hablante de su lengua. Vamos a ver que muchas de esas palabras son palabras para nombrar cosas del mundo natural. Como esas vasijas cuando dejan de sernos útil las dejamos arrumbadas. Ese es el gran reto de nosotros los que estudiamos el léxico: es procurar que no se pierdan esas palabras, no solo por cuestión lingüística sino por cultura, por identidad lingüística y cultural. Decía Bartolomé de Las Casas sobre la lengua taína: “Es la más ordenada y compuesta, y la más elegante y la más copiosa en el vocablo y la más dulce en sonido”.

El léxico patrimonial, es decir, las palabras de mi propia lengua para aplicarlas a mi nueva realidad, que permite enriquecer la lengua. Si no encuentro la palabra para nombrar esa nueva realidad, hago un préstamo a otra lengua, un extranjerismo. Entre las palabras de Las Casas cito de nuevo: “Imagínense que un hablante de español, que conoce el fruto de la piña, que es el fruto del pino que da los piñones y se encuentra con otro fruto que tiene cierta similitud a ese fruto del pino y que no tenemos una palabra para nombrarlo, toman la similitud, hacen una comparación poética y se le coloca el nombre”. Eso es crear una nueva acepción de un término que ya se tenía.

Gonzalo Fernández de Oviedo escribió: “El nombre de piña le dieron los cristianos porque lo parece en alguna manera puesto que estas son más hermosas y no tienen la robusticidad de las piñas de piñones de Castilla”. Esa es una manera de nombrar la realidad. Otra manera es hacer un derivado. Imagínese la vid que da uvas, eso es en Europa, llegamos aquí con la realidad que se parece y la denominamos uva de playa, que se parece en cierto modo y a lo que da las uvas le llamamos uvero y ahí creamos una palabra a partir de una que ya existe. Hasta ahí estamos usando los medios de la lengua española para nombrar esa nueva realidad. En la descripción de Fernández de Oviedo leemos: “Son unos racimos de unas uvas ralas, desviadas unas de otras, e de color rosado o morado e buenas de comer”. La locución también es una forma de crear palabras nuevas, por eso surge palo de aceite, uva de playa, puerco de monte….

Vamos a ver como son esos préstamos. Los cronistas, las fuentes de los cronistas, que son las fuentes de primera mano, son de ellos que más palabras nos llegan, palabras taínas que se registran históricamente, se convirtieron en filólogos improvisados porque ellos trataron de explicar por qué usaban esas palabras taínas en sus textos. Este vocablo es de Fernández de Oviedo y estuvo en un tratado de lingüística, y es un tratado de amor  a la lengua española, pero al mismo tiempo es un tratado de cómo usar la lengua como una herramienta para expresar mejor la realidad. Mientras va leyendo las palabras del español, va comentando lo que quiso decir para ayudar a los presentes a comprender la situación en la que se produce el escrito: “Si algunos vocablos extraños e bárbaros aquí se hallare, la causa es la novedad de que se tratan y no se pongan a cuenta de mi romance que en Madrid nací y en la Casa Real me crie, y con gente noble he conversado y algo he leído para que se sospeche que habré entendido bien el castellano, la cual de las vulgares se tiene por la mejor de todas y lo que hubiere en este volumen que con ella no consuene serán nombres por mi voluntad puestas para dar a entender las cosas que por ellas quieren los indios significar”.

 

María José Rincón

Centro Cultural E. León Jimenes

Santiago de los Caballeros, 12 de enero de 2018.

Entrevista a Fabio J. Guzmán Ariza sobre el lenguaje

El académico Fabio J. Guzmán estuvo como invitado del programa radial “En la mira”, que conducen las periodistas Edith Febles y Amelia Deschamps, el 23 de noviembre de 2017, para hablar sobre el tema de la discriminación contra la mujer desde la perspectiva del lenguaje.

Guzmán Ariza explicó que las palabras que tienen un significado diferente en masculino y femenino se llaman duales aparentes. “La sociedad ha sido sexista y eso se refleja en el lenguaje”.

Añadió el académico que algunos idiomas tienen cierta ventaja, como el inglés que no tiene distinción entre los géneros y por eso no tiene el problema del gran debate que se ha formado con el genérico masculino en el idioma español. “El género masculino es el género no marcado. Cuando digo los niños en nuestro idioma estamos incluyendo niños y niñas”, enfatizó.

En respuesta a la pregunta de en qué punto se encuentra el debate por el uso del doble género en enunciados como los niños y niñas, bienvenidos y bienvenidas, nosotras y nosotros…, este respondió que el debate existe y las academias han tomado la postura de no fragmentar el idioma  porque si se se lleva ese criterio a sus consecuencias naturales notará que nadie habla así. “Es totalmente antinatural”. Puso como ejemplo la oración:

 Los niños no podrán salir del recinto sin el permiso del director, salvo aquellos que sean minusválidos.

Todo el mundo lo entiende. Veámoslo en la forma del llamado lenguaje inclusivo:

 Los niños y las niñas no podrán salir del recinto sin el permiso del director o la directora, salvo aquellos y aquellas que sean minusválidos o minusválidas.

“Es antinatural”, concluyó Guzmán Ariza, “la gente no habla de esa manera”.

Explicó que hay alternativas para evitar el lenguaje sexista, por ejemplo la Declaración de los Derechos del Hombre se cambió por la Declaración de los Derechos Humanos.

“Hay muchos ejemplos con la palabra hombre, el Museo del Hombre Dominicano podría ser de la persona dominicana. La Unesco decidió en el año 1991 desterrar para siempre la expresión derechos del hombre y se sustituyó por derecho de la persona, derechos del individuo, derechos de la humanidad o derecho del ser humano, y recomendó usar la palabra hombre solamente cuando se aluda directamente al sexo masculino”.

Recordó que Fundéu Guzmán Ariza hizo un recomendación hace unos días que decía que ya se debe decir jueza y juez, y médica y médico, porque antes, en los siglos XVII y XVIII cuando las mujeres no eran profesionales la abogada o la médica era la mujer del médico y del abogado, ahora cada cual tiene su adjetivo particular.

Expresó que se usaban frases que en realidad ninguneaban a la mujer, es decir menospreciaban al sexo femenino, en que se hablaba de la humanidad y de los hombres y de cierta manera dejaban sentir que la mujer estaba fuera de ese conjunto. Por ejemplo: “Los nómadas se trasladaron con sus enseres, animales y mujeres”. Así se escribía, excluyendo o poniendo en último lugar a las mujeres.

  1. ¿Por qué algunas personas corrigen que no se dice presidenta pero no objetan que se diga sirvienta?
  2. Producto precisamente del movimiento que comenzó hace treinta o cuarenta años en el mundo occidental se prefiere presidenta, cuando se trata de una mujer, a presidente.
  3. ¿Por qué es importante el lenguaje no discriminatorio?
  4. Porque tenemos que pensar en el 50 % de la población, no debemos ningunearla. La mujer no es inferior al hombre. No se debe poner a la mujer en un plano inferior; eso es inconcebible ahora mismo.
  5. ¿Influye en la gente cómo se habla en los medios?
  6. Por supuesto. Hay tantos refranes dominicanos que reflejan un machismo secular. Esa cultura viene de siglos  y siglos. Y no son solamente los dominicanos. Hice una lista de refranes y un porcentaje altísimo de estos eran hirientes para la mujer, como estos: “La mujer, como la vaca, se busca por la raza”, “La mujer tiene largo el cabello y corto el entendimiento” y “Mujer asomada a la ventana, o es puta o está enamorada”.

Pregunta de un oyente: ¿Qué opina del uso de “todo y todas”?

  1. Cuando se dice todos ya se incluye hembras y varones. La Constitución dominicana trató de seguir el desdoblamiento pero el problema es que es tan poco natural que a veces al mismo redactor se le escapa y, por ejemplo, cuando la Constitución habla del caso en que al presidente hay que sustituirlo solo habla del vicepresidente y se le olvidó poner la vicepresidenta. Si en ese caso se está usando como género no marcado se podría decir que ahora mismo Margarita no podría sustituir a Danilo Medina. Si en el resto del texto se habla en masculino y femenino en cada uno de los puntos, si ahí no se puso vicepresidenta fue porque no se quiso. Es algo que está contra toda lógica. Ese es el problema de los desdoblamientos, que no son naturales.
  2. Algunos han comenzado a utilizar la arroba para indicar el doble géneros, ¿es adecuado? ¿Cómo pronuncias una arroba? Esos son los problemas del desdoblamiento, no tienen solución. La solución que algunos le han dado es tratar de evitar los sustantivos masculinos y femeninos. Por ejemplo si se dice “los franceses no son tan hospitalarios como los dominicanos”. Cuando decimos “los franceses” no estamos hablando de hombres, sino de hombres y mujeres. Si vamos a decir los franceses y las francesas no son tan hospitalarios, podemos sustituirlo “el pueblo francés” o “las personas francesas”. Otro ejemplo tomado de un artículo que escribí hace un tiempo: “Son dominicanos todas las personas que nacen en la República Dominicana”. En vez de decir “Son dominicanos y dominicanas todas las personas que nacen en la República Dominicana”, se le puede buscar la vuelta y decir por ejemplo “Son de nacionalidad dominicana las personas que nacen en la República Dominicana”. Pero entonces tiene que hacer un esfuerzo para tratar de evitar los sustantivos, lo que también es difícil y poco natural. Cuando uno comienza desdoblando sustantivos llega un momento que ya la persona duda si es inclusivo o no, y ahí vienen los problemas.

También es posible el uso de ciertas frases colectivas para evitar doblar. Por ejemplo, en lugar de decir Los electores pueden votar desde las seis de la mañana, se podría decir El electorado.

Hay maneras de cambiar las frases usando un lenguaje menos sexista. Para mí el problema no no es de fácil solución.

Finalmente, las conductoras del espacio radial dieron paso a la sección “Palabras domingueras”, en la que el académico presentó y definición los siguientes términos:

Nomofobia: neologismo que describe el pánico por no tener el celular a mano.

Coprófago: adj. Que en psiquiatría se refiere a la persona que ingiere excrementos

Discurso de recepción a Rafael Peralta Romero

Por Tony Raful Tejada

   Hoy recibimos  como nuevo miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua, al escritor, periodista y académico, Rafael Peralta Romero. Nacido en Miches, República Dominicana, el tres de diciembre de 1948. Es miembro  correspondiente de la Academia y del grupo Mester de Narradores, adscrito a esta corporación.  Ha tenido  un largo y productivo ejercicio como comunicador social, editor de secciones, ejecutivo, columnista y corrector de estilo de varios diarios nacionales. Fue Sub director  de Información y Prensa de la Presidencia de la República,  Director de Relaciones Publicas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y otras instituciones. Tiene 14 libros publicados.

    Rafael Peralta Romero  estudió comunicación social en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y al mismo tiempo ha laborado como profesor de las escuelas de Letras y Comunicación Social de esa institución.

Se cuenta entre los más destacados autores de literatura para niños de la República  Dominicana, además de ocuparse del aspecto teórico de la misma, a través de conferencias y artículos. Ha ofrecido numerosas exposiciones sobre temas diversos vinculados a la cultura, al lenguaje, a la historia, a la literatura infantil, a la ortografía, a la narrativa y a la poesía.

Su discurso de ingreso para su incorporación como miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua, titulado, “Concurrencia de libertades y restricciones en el uso de la lengua española”, es un formidable alegato para el abordaje de la libertad de los hablantes del idioma español, en el sentido de crear cuantos términos y vocablos,  sean requeridos por una necesidad léxica comunicacional para nombrar seres y cosas, denominar cualidades de los elementos de uso de la palabra. El proceso de formación de las palabras está condicionado a las necesidades comunicativas de la sociedad, tal y como establece  Mario López Asenio, en su interesante trabajo titulado “Morfología, proceso de formación de palabras”, “Como el español es una lengua romance, las palabras más usadas provienen del latín. A estas palabras se les llama patrimoniales. Junto a ellas se han ido incorporando nuevas palabras de diferentes procedencias: germanismos, arabismos, italianismos… y hoy día, especialmente, anglicismos. Estas palabras se conocen como préstamos... hay un grupo de palabras de creación individual (un autor la inventa) o colectiva (la sociedad) que se incorporan al idioma para hacer referencia a realidades nuevas o desconocidas. A estas se las conoce como neologismos, tanto las patrimoniales como los préstamos como los neologismos son sometidas a los procesos que tiene la lengua para  crear nuevos vocablos”.

“La Morfología es la parte de la Gramática que se ocupa de la forma y la categoría gramatical de las palabras.  Las palabras se clasifican según sus propiedades morfológicas, en dos grupos: las invariables (preposiciones y conjunciones), y las palabras variables (sustantivos, adjetivos, verbos….b) según sus propiedades sintácticas. Utilizando este criterio, distinguiremos las siguientes clases de palabras: determinante, pronombre, sustantivo o nombre, adjetivo, verbo, adverbio, preposición y conjunción. En resumen, los principales procesos de formación de nuevas palabras son los siguientes: A partir de palabras primitivas: derivación, composición y parasíntesis, Los préstamos, Los neologismos, procesos transformativos: Las siglas, la acrónimia y el acortamiento y la revitalización.”

Rafael Peralta Romero propone priorizar la necesidad de comunicarnos enriqueciendo la lengua en la creación  de  palabras que nos resulten necesarias, citando las limitaciones de las libertades léxicas para nombrar seres y cosas. Es el elemento referencial de las restricciones, el enfoque de la necesidad, cuando habla de generar voces nuevas “a partir de otras ya existentes en nuestra lengua, y en algunos casos por la adopción y castellanización de vocablos procedentes de otra lengua y que carecen de equivalente en la nuestra”.

En su discurso de ingreso a la Academia, Peralta Romero, divide su exposición  en seis secciones alusivas  a la temática escogida, en la primera expone el marco introductorio, en el segundo, rinde homenaje al académico y maestro de la palabra, Ramón Emilio Reyes, fallecido, a quien reemplaza en el sillón marcado con la letra C de la Academia. Las notas sobre Ramón Emilio Reyes, resaltan  su trascendencia literaria, el reconocimiento de su obra y la valía de sus aportes lingüísticos y culturales. Por igual evoca a los antecesores, el poeta Freddy Gatón Arce, el autor de “Además, son muchos los humildes de mi tierra” un texto antológico de la poesía dominicana, el padre Oscar Robles Toledano, una de las plumas más culta que hayamos tenido,  y Federico Llavería, fundador de la Academia.  En la tercera sección, Peralta Romero hace una reflexión sobre el equilibrio de la libertad y el peso normativo de las reglas en el lenguaje. La libertad como esencia no puede ser absoluta porque transgrede el orden mínimo necesario de articulación y de convivencia. La defensa de las pautas gramaticales, las compara con las reglas de tránsito, porque nadie puede conducir un automóvil en una ciudad carente de señales. Y pone el ejemplo de quienes ignoran la tilde que marca el acento de las palabras o que dejan alegremente la labor a las computadoras, desconociendo que la categoría gramatical de muchas palabras, depende de la silaba en la cuales se haya colocado el acento ortográfico, Peralta Romero hace  hincapié  en el problema que se crea al cambiar el sonido de la J jota por el de la consonante Y ye, lo cual se muestra de manera sistemática en generaciones anteriores. Y pone ejemplos ilustrativos. Y explica  que quienes escriben con J deberían leer pijama, siendo una incoherencia decir piyama y escribir pijama, pijama y soya la escribimos con J y las pronunciamos con Ye.  Peralta habla de un posible complejo de inferioridad lingüística que llevamos dentro. Me parece interesante su criterio para una discusión más profunda, pero los ejemplos son reveladores,   Japón se escribe con J, pero  nadie lo pronuncia  Yapón, aquí no se produce la sustitución fonética, sin embargo de Japón  nos llega la palabra Yudo, que nosotros escribimos Judo, Judoca. El Hospital Metropolitano de Santiago, cuyas siglas es HMS, al cual se le añadido el acrónimo de HOMS, le llaman JOMS, para “que parezca de fuera”, dice Peralta Romero, en el sentido de que, lo de fuera tiene una supuesta valoración superior de calidad, lo cual no es necesariamente cierto, pero delata ese complejo de inferioridad, como reflejo de una inequidad sicológica de identidad.

El Lic. Peralta Romero hace una clasificación  en relación con el tema lingüístico, evocando los espectros definitorios de la política y haciendo acopio de disquisiciones de acuerdo con el enfoque diferenciado de la lengua. Estarían los “conservadores”, a quienes se les llama puristas, y quienes se apegan  al caudal lexicográfico del español y se niegan a dar cabida a neologismos y adaptaciones de vocablos procedentes de otras lenguas. Por otro lado estarían los “anárquicos”, calificados como tales, a quienes sostienen la anulación de las normas ortográficas y prescinde de los signos de puntuación, pura y simplemente.   En cierta medida es así, pero hay que advertir que el lenguaje poético tiene licencias creadoras propias, su propio universo morfológico y criptográfico, y tanto en   modelos renovadores de versificación como en textos narrativos, la anulación  o no observancia de normas ortográficas, en algunos casos, no obedece a desconocimientos de las normativas, sino  a elaboraciones semánticas y creativas, a provocaciones  y rupturas  escriturales dentro del campo artístico.

Su aseveración de que, quien encarna la anarquía, al menos alberga en sus genes, vocación para actitudes viciadas al desconocer los controles académicos, es relativa por cuanto tanto el orden como la anarquía, son moldes sociales e ideológicos de valores taxativos, remitidos al universo social como respuestas a necesidades e impugnaciones, que en el caso concreto del lenguaje, pueden disociar, transgredir, alterar, en un escenario divergente, censurable, irreverente, pero no genético.

Una posición que el académico Peralta Romero llama intermedia  y que representaría acciones democráticas y progresistas  en política, sería en la lengua  la que  aceptaría  la adaptación de neologismos, sobre todo si no tiene equivalentes en nuestra lengua, como “baipás”, “estrés”, “escáner”. Por igual  acepciones aplicadas en el habla local,  voces existentes en el español, citada por Peralta Romero, como llamarle “china” a la naranja, “cuero” a la prostituta, “lechosa” a la papaya, significando que la máxima elevación de ese grupo es la capacidad de ver o propiciar la capacidad de enriquecimiento léxico, mediante la derivación, la composición y parasíntesis.

En la quinta sección de su ponencia, el Lic. Peralta Romero, hace una provechosa definición del recurso llamado composición. Palabras como quita lodo, quita piedras o quita hojas, igual que cubrecama, quita manchas, sacacorchos,  matarrata o hiede viva, constituye un proceso  morfológico de palabras a partir de la unión de dos o  más vocablos, de dos o más bases compositivas cultas o de la combinación de palabra  y base compositiva. Señalando  que la norma académica no contradice la libertad de los hablantes para formar palabras a partir de la unión de dos o más vocablos, de dos o más base compositivas cultas o de la combinación de palabra y base compositiva.

Es interesante como Peralta Romero  define la necesidad del  lenguaje, su utilidad práctica, cuando dice, que toda realidad, acción, objeto o cualificación requiere de una palabra que la designe y si faltara ese vocablo en nuestro idioma, hay que crearlo. Ahí, dice Peralta, radica la libertad del hablante. Un ejemplo  muy revelador es la palabra “batidor”, que usamos los dominicanos para definir  un entramado de alambres para soportar el colchón en algunas camas. Dentro de las definiciones en el diccionario académico la palabra batidor, que tiene 10 acepciones, ninguna se refiere al entramado de alambres. Cita Peralta Romero la Nueva Gramática de la lengua española, el concepto de derivación se usa con dos sentidos en la lingüística contemporánea. En el primero más amplio, derivación se opone a flexión, y los fenómenos que abarca la morfología derivativa o morfología léxica se oponen  los que caracterizan a la flexiva. En ese sentido el concepto de derivación engloba también el de composición y el de parasíntesis. En el segundo sentido más restrictivo, el concepto de derivación se refiere tan solo a los procedimientos de formación de palabras, por medio de afijos, ya sean prefijos, sufijos o interfijos.

La parte seis define la morfología, el estudio de la estructura interna de las palabras, incluyendo las variantes que presenta las palabras, los segmentos que lo componen y la forma en que se combinan, explicando que se divide a la vez en morfología flexiva y morfología léxica o derivativa. Todo un sumario de ejemplos basados en la Gramática académica, explicando como a partir de un verbo se obtiene por derivación un grupo de sustantivos y uno de adjetivos.  Todo el trabajo enfocado en como las locuciones nominales dan lugar a derivados adjetivales, medio ambiental, de medio ambiente, bien hablado, mal hablado, bienvenido de bien venido, malcriado, mal criado. El ponente cita que la Gramática académica acoge el adjetivo medalaganario, formado en República Dominicana a partir de la locución  “me da la gana”. Y dice que como tenemos la libertad de crear adverbios a partir de agregar el sufijo mente, a un adjetivo, ha adquirido carta de presentación el adverbio medalaganariamente.

Dice el académico Peralta  Romero que los verbos son indispensables en el idioma. Es la única categoría gramatical capaz de expresar una idea por sí sola. Váyase, Entre. De modo que si de un concepto, de una situación, de una cualidad, se desprende una acción y carecemos de verbo para referirla, hemos de crearlo, no sólo es la libertad sino la necesidad.

La parte siete, explica y sostiene que nuestras creaciones de palabras no tienen que subordinarse al español peninsular, ni considerarse al menos. Dice Peralta Romero que la diversidad no contradice la unidad del español, sobre todo si las comunidades de hablantes parten de lo que tenemos para enriquecerlo. Hay un criterio  incisivo que apunta Peralta Romero cuando al referirse a la creación de palabras, indica que es poco lo que puede afectar la unidad de la lengua española a pesar de las diferencias que pueda  suscitar, puesto que el español en América se sostiene sobre zapatas tan firmes como el ordenamiento gramatical y la ortografía. Pienso que este criterio  delimita cualquier confusión o resistencia a la libertad necesaria de nuevas palabras y términos dentro del idioma español.

Recibimos en este  augusto recinto de la lengua, del idioma,  de la palabra reluciente de  la ilustración, en proceso magno de renovación perenne, al nuevo miembro de número de la  Academia Dominicana de la Lengua, Rafael Peralta Romero. Bienvenido al recinto sagrado del idioma, a la defensa de su esencia primigenia de comunicación  y a su evolución en el  desarrollo cultural y social de los pueblos.

«Concurrencia de libertades y restricciones en el uso de la lengua española», discurso de ingreso de Rafael Peralta Romero

Sr. Dr. Bruno Rosario Candelier

Director de la Academia Dominicana de la Lengua

Señores académicos, queridos familiares, apreciados amigos:

 

UNO

Con gran complacencia comparezco a este augusto foro para realizar una acción que  además de satisfacer un requisito inexorable de las academias de la lengua española, constituye una razón de suficiente importancia para considerarme afortunado, no obstante estar en la plena conciencia de que la función que a partir de hoy asumo anda  muy divorciada de la fortuna material, cuya búsqueda afanosa tanto perturba a la sociedad de hoy.

Me presento ante ustedes, honorables académicos, queridos familiares, apreciados amigos y colegas, algo sobrecogido, altamente agradecido y plenamente decidido a afrontar las responsabilidades que conlleva ser miembro de número de una institución que tiene como objetivo primordial la preservación y defensa del nuestro idioma, recurso que nadie debe dudar consiste en la primera condición para la identidad de una nación. He dicho que me siento sobrecogido y quizás una situación tan personal no requiera ser ampliada, por ajena a lo que me corresponde hacer desde este podio, pero quizás resulte visible el que me recorran los temores. Conste que  no  me apremia la aprensión de quien ha traicionado a su maestro o amigo, y luego es perseguido por su conciencia, más bien me asalta el temor de que la emoción  que suscita  este excepcional momento de mi vida conspire contra la razón y  me haga conducir  estas palabras por sendas no deseadas.

La de altamente agradecido, he señalado también como otra condición que me embarga. Debo  proclamar con pleno júbilo mi gratitud al Altísimo y a los académicos que depositaron sus votos para honrarme con esta elección. Debo agradecer, en igualdad de sentimiento, a los académicos que se abstuvieron de sufragar, porque esa actitud resalta el sentido democrático de la elección y me ayuda a recordar que ningún humano lleno de defectos debe esperar acogida de  consenso, sobre todo si la lidia ocurre entre seres pensantes, como al efecto son los integrantes de esta corporación.

Me he propuesto hablar con ustedes acerca de la libertad que tenemos los hablantes del español de crear las palabras que nos resulten necesarias para nombrar seres y cosas, denominar acciones o expresar cualidades de los elementos de los que hablamos. También he de referirme a las limitaciones de esas libertades léxicas, tomando en cuenta el genio de nuestro idioma y la aspiración de la mayor unidad posible entre quienes usamos esta importante lengua para comunicarnos.

Con el solo enunciado del tema es fácil percibir que el discurso girará en torno a la derivación de palabras, que con sus variantes parasíntesis y composición, representan el recurso más auténtico y legítimo para generar voces nuevas a partir de otras ya existentes en nuestra lengua, y en algunos casos por la adopción y castellanización de vocablos procedentes de otra lengua y que carecen de equivalente en la nuestra.

Antes de profundizar en el tópico fundamental de este discurso, debo hacer un alto atendiendo a una pauta protocolar que rige en las 22 academias de la lengua española, en el acto de incorporación de un nuevo miembro numerario. Se trata de la honrosa referencia al académico que le precedió en el sillón que ha de ocupar el recipiendario.

En mi caso se trata del maestro de la palabra Ramón Emilio  Reyes, novelista, cuentista, poeta y lingüista, a quien durante once años correspondiera el sillón marcado con la letra C. También ocuparon este asiento, en orden cronológico descendiente: Freddy Gatón Arce, poeta, periodista y novelista;  Oscar Robles Toledano, sacerdote, hombre de vastos conocimientos, políglota y erudito, quien fuera catedrático en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Santo Domingo,  y Federico LLaverías, uno de los doce miembros de número fundadores de la Academia, quien  durante  33 años fue secretario perpetuo de esta institución.

 

DOS

El doctor Ramón Emilio Reyes, fallecido el 25 de diciembre de 2017, tomó posesión del sillón C en el año 2002 con el discurso titulado “El lenguaje de la Generación del 48″.  Le respondió, en nombre de la corporación, el poeta Lupo Hernández Rueda, también fallecido el pasado año, por cuya ausencia fue elegido quien les habla. El cambio de sillón ha sido un mero acuerdo administrativo.

Reyes nació en Santo Domingo el 29 de julio de 1935. Se recibió de doctor en Derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Luego se graduó de Lingüística, Estilística y Literatura Hispanoamericana en el instituto Caro y Cuervo y en la Universidad de los Andes,  Bogotá, Colombia.

En Indiana University, de Norteamérica, realizó estudios de postgrado en Literatura Norteamericana Moderna y Cultura Hispánica. Hizo estudios avanzados de Asistencia Legal en la Universidad de Puerto Rico y en Estados Unidos. Obtuvo el doctorado en Derecho Internacional Privado en Atlantic International University. Reyes laboró como corrector, redactor y columnista en publicaciones tan importantes como  El Caribe, Listín Diario, La Noticia y el periódico El País, de Miami (Estados Unidos). Fue profesor de Literatura y Lengua Española en las universidades Autónoma de Santo Domingo, Nacional Pedro Henríquez Ureña y New York State University.

Ramón Emilio Reyes presentó credencial como escritor al publicar, en 1961, su primera novela, El Testimonio, texto de tema bíblico que fue parte de una corriente literaria surgida en la postrimería de la tenebrosa Era de los Trujillo. Otras obras son: El Cerco (novela breve); Los amantes libres (novela breve); La estafa de seda y Después del amor (también novelas breves). Después de consolidar su nombre como novelista, en el marco de la discreción que caracterizó su accionar, dio a conocer La Tierra y otros cuentos; La muerte de Sila (monólogo dramático), La Cena (cuento incluido en la Antología del Centenario de Vicente Blasco Ibáñez).También escribió  ensayos y conferencias, entre los cuales destacan: Jorge Guillén, el Mundo y las Cosas; El Lenguaje poético de la Generación del 48; Poesía de Juan Ramón Jiménez; El nacimiento de la prosa; Teatro Español del Siglo de Oro; La imagen de José Asunción Silva; Jorge Luis Borges y el Cine; Teatro breve y novela de Estados Unidos; Grandes textos de la literatura; Poesía de Puerto Rico; La poesía cultural de Hugo Gutiérrez Vega; El lenguaje universal de Walt Whitman; La novela española contemporánea; Novela de Arturo Pérez Reverte y Novela de Carmen Martin Gaite.

En su biografía no se mencionan premios ni reconocimientos, incluso su nombre no aparece en algunos diccionarios de autores dominicanos. Acaso su galardón más preciado  haya sido la dedicación al trabajo intelectual sin espectacularidad, sin estridencias, sin guerrerismos y sin cabildeos en procura de distinciones. Nadie puede asociarlo al tipo de escritor que gestiona o  exige preseas y reconocimientos, pues se limitaba a escribir la obra, y lo hacía con pulcritud y sin prisa. Prueba de su paciencia en el quehacer literario es la publicación, en 2013, de la novela La luz se ha refugiado en el sendero, escrita en 1958. La editó el sello Círculo Rojo, de España, según se comunica en una nota que aparece en la página web de la Academia Dominicana de la Lengua. Se informa, además, que la obra formaba parte del ciclo novelístico de tema bíblico que, al inicio de la década de los 60 del siglo XX, cobró auge en las letras dominicanas con obras de esa vertiente narrativa escritas, además de Reyes, por Marcio Veloz Maggiolo y Carlos Esteban Deive. La luz se ha refugiado en el sendero aborda el tema de la dictadura de Trujillo, la figura del dictador y las adversidades sufridas por el pueblo durante ese régimen de horrores. La dimensión simbólica de los personajes se vincula a importantes referencias sociales, políticas y culturales de la época.

Las obras  publicadas  de Ramón Emilio Reyes  dan cuenta de  su talento literario, su conocimiento de la lengua y el manejo del arte literario en varios géneros. Reyes  fue,  ante todo, un hombre de bien y un académico  laborioso. Siempre con una mesura que lo aproximaba a la timidez.

 

TRES

La libertad es un atributo indispensable para los seres humanos, diríase que sin esta prerrogativa la vida resulta incompleta y engorrosa. “Somos responsables porque somos libres”,  ha escrito Jaime Balmes, filósofo y teólogo español del siglo XIX.

De lo dicho por el pensador ibérico se infiere que la responsabilidad implica la oportunidad  de escoger entre dos o más opciones antes de actuar y que probablemente la decisión adoptada conlleve alguna restricción, pues hay una correspondencia entre el albedrío y las restricciones.

La organización de la vida en sociedad demanda el establecimiento de normas, las cuales suelen ser poco gratas. Las reglas de tránsito, por ejemplo, sobre todo si contradicen nuestro interés inmediato, resultan desagradables y se tornan en tormentos para algunos espíritus que se definen  libertarios. ¿Acaso pueda alegarse que esas  regulaciones conllevan limitaciones a la libertad de circulación que corresponde a los ciudadanos?

Nada hay más parecido a las reglas de tránsito que las pautas gramaticales. ¿Quién disfruta conducir un automóvil  en una ciudad carente de señales, semáforos o agentes de tráfico?  Me parece que  en esto solo  encontrarán placer quienes gozan  andar  en el desarreglo.  Quizá no sea aventurado afirmar que quien se solaza en el desorden lleva la conciencia atropellada,  y es lícito  intuir que ha de ser  un sujeto patológico. Referiré un caso sencillo, que encierra libertad y restricción en el uso del idioma. A quienes se permiten ignorar alevemente la tilde que marca el acento de las palabras, o que dejan  esa labor a la computadora, puedo mostrarles decenas de tríadas de palabras cuya categoría gramatical depende de la sílaba en la que se haya colocado el acento ortográfico, acción que a su vez determina la forma en que habrá de pronunciarse el vocablo. De modo que podremos escribir:

 

  1. a) Médico b) Medico       c) Medicó
  2. a) Vómito b) Vomito       c) Vomitó
  3. a) Prólogo b) Prologo       c) Prologó
  4. a) Título             b)Titulo           c)  Tituló
  5. a) Diálogo b) Dialogo       c) Dialogó

 

Se aprecia con facilidad que en cada caso el  primer vocablo es un sustantivo  y  palabra esdrújula; el segundo  es forma  verbal, primera persona, presente del indicativo del verbo  cuya base representan (medicar, vomitar, prologar, titular, dialogar) y el  tercer grupo corresponde al pasado perfecto, tercera persona, singular, modo indicativo del verbo en cuestión. No hay libertad absoluta en la tildación de las palabras, el acento radica en la pronunciación y se marca para facilitar la lectura cuando se trata de la lengua escrita. La tilde, como los signos de puntuación, tiene por función  dotar a lo escrito del sabor y la naturalidad de la lengua hablada.  Otra cosa, ¿quién dijo que en la lengua española los signos de interrogación y de entonación al inicio de la oración han sido suprimidos? ¡Eso nunca! Se trata de elementos propios de nuestra lengua, parte  importante de su carácter, dignos de ser imitados por otros sistemas lingüísticos. La libertad de suprimirlos en que osan algunos es un vicio y como todo vicio favorece el desorden y el desconcierto.

A propósito del aspecto fónico procede señalar como una desvirtuación la libertad que se otorgan muchos dominicanos al cambiar el sonido de la J (jota) por el de la consonante Y (ye), lo cual se muestra como corriente en cascada en nombres de personas de unas décadas hacia acá. Digamos que la norma académica no puede arrogarse el derecho de interferir en la escogencia del nombre para una criatura, pues se trata de una indiscutible prerrogativa de los progenitores. Quien declara al recién nacido ante el oficial de estado civil podría nombrarlo conforme al patrón de su preferencia, incluida la amplia oferta de nombres iniciados con J tan usados últimamente: Joel, John, Jony, Josanny, Josiris, Janel, Josemy, Julissa, Jeremy, Jolesimy, Jazmín, Janet, Jansel, Jessica, Jeneisi, Jamiris, Jocasty, July, Jensi, Joheli, Joanna, Joahn.

La libertad de quienes escogen estos nombres o de quienes los lleven, termina cuando se pretende que quienes traten a estas personas, deben pronunciar tales  apelativos con el sonido de ye, siendo como es, la letra inicial una jota. Similar exceso es requerir que nombres que se escriben con G inicial como Geanilda, Georgina, Gisel, Gina o Gilda sean pronunciados Yanilda, Yoryina, Yisel, Yina.

El vicio llega más allá de los nombres propios y nos afecta en el uso de palabras  comunes como piyama y soya, que mientras las pronunciamos como ye las escribimos con  jota. Pijama o piyama son grafías válidas para denominar esta prenda de vestir, vocablo  que en algunos países  es masculino y que en otros, entre ellos República Dominicana, México y Centroamérica, es femenino. Cada hablante le colocará los determinantes según su preferencia. La restricción única está en el aspecto fónico: quienes la escriben con J deberían leer pijama. Pero es una incoherencia decir piyama y escribir pijama.

De verdad, los dominicanos somos concesivos y respetuosos  frente a las lenguas extranjeras de las que tomamos alguna palabra prestada. Justamente la consonante J es la víctima más propicia cuando se cuela cierto complejo de inferioridad lingüística que llevamos dentro. De Japón -algunos deberían pronunciar Yapón- nos ha llegado un sistema de defensa personal que con el proceso de transliteración vino a llamarse yudo, aunque por extrañas influencias aquí  escribimos el vocablo con J (judo, judoca, Fedojudo), pero leemos yudo, yudoca y Fedoyudo.

Para los responsables de esta tendencia verbal, el sonido de la J aparece si la palabra comienza con H. Un ejemplo bien visible se encuentra en Santiago de los Caballeros. Allí está el importante Hospital Metropolitano de Santiago, cuya sigla es HMS, al  que le han acomodado el acrónimo HOMS, mientras médicos como pacientes, periodistas como autoridades, y gente que da este centro como referencia para ubicar direcciones,  le llaman JOMS, para que parezca “de fuera”. Esa libertad es un vicio.

 

CUATRO

En los debates acerca del tema lingüístico afloran con la frecuencia y el fervor que caracterizan a las discusiones políticas, puntos de vistas tan diferenciados que permiten clasificar a los intervinientes en conservadores, revolucionarios y anarquistas. En lo relativo a la lengua, a los conservadores se les llama puristas. Estos se apegan al caudal lexicográfico del español y se oponen a dar cabida a neologismos y adaptaciones de vocablos procedentes de otras lenguas.

Alguien que reclama  ausencia de controles académicos en el uso de la lengua, que proclama necesaria la anulación de las normas ortográficas, que prescinde de los signos de puntuación o en vez de colocarlos los tira al desgaire, es un  individuo que encarna la anarquía o al menos alberga en sus genes  vocación  para actitudes viciadas.

La posición intermedia, como las acciones democráticas y progresistas en la política, propenden a aceptar la adaptación de neologismos, sobre todo si no tienen equivalentes en nuestra lengua (baipás, estrés, escáner), aceptan acepciones aplicadas en el  habla local a voces existentes en el español (cuero, prostituta; china, naranja; lechosa, papaya). Pero la máxima elevación de ese grupo – en el cual quisiera contarme- es la capacidad de ver y propiciar el enriquecimiento léxico mediante la derivación, la composición y la parasíntesis.

 

CINCO

A propósito de las intensas nevadas registradas  en los Estados Unidos de América a principios de  enero pasado,  leí  una nota de la agencia de noticias  Efe que informaba acerca del trabajo realizado por las  maquinarias dedicadas a recoger nieve: “Las   unidades quitanieves estarán en estado de alerta para desplegarse por Nueva York  cuando sea necesario” (Hoy, 4-1-18, Pág. 9B). Quitanieves, escrito en una sola palabra, nombra un artefacto para limpiar de nieve las vías.

Aquí no necesitamos  tal aparato, pero el vocablo  nos enseña a nombrar, si la inventáramos, una máquina  quitalodo, quitapiedras o quitahojas, voces  que por el momento nadie verá en el Diccionario las cuales, como quitanieves, corresponden a la estructura verbo más sustantivo, igual que   cubrecama, quitamanchas, sacacorchos, matarrata o  hiedevivo. Ese  es el recurso llamado composición. Con este proceso morfológico se forman palabras a partir de la unión de dos o más vocablos, de dos o más bases compositivas cultas o de la combinación de palabra y base compositiva. La norma académica no contradice la libertad de los hablantes para formar palabras, más bien  orienta esa potestad y  la encauza conforme al perfil de nuestro idioma. El léxico está sujeto a influencias extralingüísticas, como el origen mismo de la lengua española, que fue producto de acciones políticas del imperio romano en su afán de dominio. En tal sentido, el léxico recibe influencia del devenir político, económico, tecnológico, pero siempre aguijoneado por la necesidad comunicativa de los hablantes.

El origen de las palabras obedece en gran medida a circunstancias y realidades concretas. Por eso unas palabras aparecen y otras desaparecen. Por ejemplo, hace dos o tres décadas los dominicanos conocimos el vocablo bíper (del inglés beeper). La evolución tecnológica ha traído otros recursos para la localización de personas y el aparatito así denominado desapareció, pero ha dejado  como herencia el verbo bipear  (toque telefónico breve que significa llámame). Por igual se llama bíper a la acción de bipear.

No siempre los hablantes del español estarán pendientes de que los vocablos que emplean en su vida de relación hayan sido incorporados al Diccionario de la lengua española, de hecho el predominio de concepciones puristas ha retardado la inclusión de muchos términos de uso habitual, por lo que es de esperarse  que los académicos estén – o estemos- al tanto de cómo habla la gente para dar cabida a sus palabras en el repertorio oficial. Es la orientación que rige las academias de la lengua española.

Hay quienes se quejan  de la normativa, y por lo común el  lamento suele ser injustificado,  puesto que  la normativa guía, entre otros aspectos,  acerca de la escritura de las palabras creadas por los hablantes tomando en cuenta el origen de estas. El español dominicano, para citar un ejemplo, se ha enriquecido a partir de una marca de vehículo utilitario, aparecido en los años cuarenta del siglo XX, presumo que el primer todoterreno conocido aquí. Me refiero a Jeep, que se pronuncia yip, y por un acomodo fonético los dominicanos lo hemos llevado a yipe, voz de la cual han derivado yipecito, yipeta, yipetón, yipetudo, yipetocracia.

Es que toda realidad, acción, objeto o cualificación requiere de una palabra que la designe y si faltara ese vocablo en  nuestro idioma, hay que crearlo. Ahí radica la libertad del hablante. El condicionamiento viene dado en que primero ha de recurrirse al patrimonio  léxico del español para emplear la palabra correspondiente.

¿Quién les diría a los dominicanos que esa pieza metálica, mayormente de alambre, que han llevado las camas como soporte del colchón  había de llamarse batidor?  En el diccionario académico esta palabra aparece con diez acepciones y ninguna se refiere  a un entramado de alambres para soportar el colchón en algunas camas. La palabra batidor, como muchas otras de uso regional, convive con los vocablos del español general.

Estamos bordeando el tema de la derivación, pero falta precisar algunas nociones, a la luz de la doctrina lingüística. Cito al respecto la Nueva gramática de la lengua española: “El concepto de derivación se usa con dos sentidos en la lingüística  contemporánea. En el primero, más amplio, derivación se oponea flexión,  y   los fenómenos que abarca la morfología derivativa o morfología léxica se oponen a los que caracterizan a la flexiva, como se explica en el 1.5. En este sentido, el concepto de derivación engloba también el de composición y el de parasíntesis. En el segundo sentido, más  restrictivo, el concepto de derivación se refiere tan solo a los procedimientos de formación de palabras por medio de afijos (ya sean prefijos, sufijos o interfijos) simples”. (NGLE, pág. 337).

 

SEIS

El estudio de la estructura interna de las palabras corresponde a la rama de la gramática que se denomina morfología, la cual incluye las variantes que presentan las palabras, los segmentos que las componen y la forma en que se combinan. Este apunte es importante para  comprender que esta rama de estudios se divide en morfología flexiva y morfología léxica o derivativa.

La morfología flexiva se refiere a variaciones de la palabra que implican cambios de contenido de tipo gramatical (género, número, caso)  cuando  se  refiere a sustantivos y adjetivos;  modo, persona, tiempo, número, cuando se trata de verbos.  Con la morfología flexiva se obtienen variantes gramaticales de una palabra  que no tienen entradas en el diccionario. Del verbo dormir, por ejemplo, tendremos  entre otras variantes flexivas: duermo, dormimos, durmieron, durmiera, dormiré, durmiendo…mientras que  con la morfología léxica obtenemos realmente nuevas palabras: dormitorio, dormida, dormidera, dormidero, dormitiva, dormilón, dormido, durmiente.

Este ejemplo  ilustra de como a partir del verbo dormir hemos obtenido por derivación un grupo de  sustantivos (los primeros  cinco)  y uno de  adjetivos (los tres últimos).   A propósito de la derivación de sustantivos,  vale referir que la  palabra base para formar un nuevo sustantivo puede ser un verbo, un adjetivo u otro sustantivo. Entre los patrones más productivos, la Gramática académica cita  los siguientes:

Ejemplos con verbos: Comprar + a > compra, caminar + ata > caminata,  asesinar + ato > asesinato, hartar (se) + azgo> hartazgo, rendir + ción> rendición, llamar + da > llamada, matar + dero> matadero.

Un amplio grupo de verbos prestan sus bases para formar sustantivos con la terminación  – miento, la cual resulta tan productiva como – ción. La terminación  miento varía en -mento.  Ejemplo: Alumbramiento (de alumbrar), alzamiento (de alzar), casamiento (de casar), bastimento (de bastir, abastecer).

Ejemplos con nombres: Estoque + ada> estocada, profesor +ado> profesorado, andamio +aje > andamiaje, califa +ato > califato, pera +al > peral, pelo + ambre> pelambre,  vela + amen > velamen.

Ejemplos con adjetivos: Bobo + ada> bobada,  bueno + dad > bondad, manso + edumbre> mansedumbre, tonto + ería > tontería, viejo + ez> vejez.

La que antecede es solo una breve porción de  las terminaciones o sufijos que permiten formar sustantivos  deverbales, deadjetivales o   denominales que aparecen en la página 338 de la Gramática.  Hay terminaciones para indicar ocupaciones (panadero, soldador, modista, oculista)  tendencias y doctrinas (marxismo, platonismo, cristianismo),   actitudes y cualidades personales (atrevimiento, mecenazgo, finura, imbecilidad), lugares para determinadas cosas (caserío, basurero, comisaría, gasolinera).

El sufijo –ero/era comparte  con –dor/dora el privilegio de ser los más productivos en nombres de ocupaciones y oficios.  De acuerdo a estos patrones aplicamos a algunos extranjerismos adaptados las terminaciones que nos permiten crear nuevas palabras. Así tenemos:

  1. a) Blog (del inglés, sitio web personal) ofrece bloguero y bloguera (persona que crea o gestiona un blog).
  2. b) Tuit (también del inglés, mensaje digital enviado a través de la red Twiter) ofrece el adjetivo tuitero (que envía tuits)   y  el verbo tuitear (comunicarse por medio de tuits).
  3. c) De rap (estilo musical de origen africano), rapero (quien realiza este tipo de música). Pueden apreciar en bloguero, tuitero y rapero la terminación correspondiente a quien realiza determinada labor, igual que panadero, peluquero, jornalero, tabaquero.

Las derivaciones siguen a veces caminos caprichosos, aunque marcados por las pautas gramaticales. Es el caso del sustantivo pan, del cual deriva panadería (lugar donde se fabrica o se vende pan), panadero (quien lo hace y quien lo vende), panera (recipiente para poner pan), pero nunca llamamos panería -parece lógico que así fuera- al  sitio donde se procesa el pan ni  panero o panera a quien lo vende. Esta tendencia es propia del universo de los hablantes del español.

Pero una combinación de lo estándar con lo propio dominicano ocurre  con los derivados de la palabra cuero, a partir de la variación semántica que  adquiere esa palabra en el español dominicano, que es también una forma de crear palabras aunque gráficamente sea el mismo vocablo. Veamos:

cuero (piel de los animales)

cuerero (fabricante de objetos de cuero).

cuerazo (golpe con el cuero, igual a latigazo).

cuerear (preparar los cueros, procesarlos)

cuerería (no aparece en el Diccionario de la lengua española). Pero  deriva de cuero, en el habla dominicana. Es una libertad que nos hemos tomado los dominicanos para denominar un lugar donde se ejerce la prostitución. Los otros  usos –excepción de cuerería- los consigna el DEL, la libertad que nos hemos permitido los dominicanos es semántica, desde el punto morfológico todos los usos se ajustan al genio de la lengua.

La intención despectiva se vale de la terminación –ero para emplear palabras con esa intención: cuquero  en vez de obstetra,  loquero, en lugar de psiquiatra o guitarrero  por no decir guitarrista. Pero es diferente la  actitud sicológica de quien habla cuando emplea el vocablo ronero para referirse a un fabricante de ron. Una compañía dominicana que procesa esa bebida insiste en promover su tradición en el ramo. En la televisión, como en la prensa,  destaca : “Cinco generaciones de maestros roneros…”.

De una publicación periódica extraigo esta muestra:

-“Los maestros roneros de Brugal: Herencia familiar…”

-“Así lo expresan los cuatro maestros roneros o máster blender, que actualmente laboran en Brugal& Compañía. Ellos son…”

-Gustavo Eduardo Ortega Zeller, “El más joven de los maestros roneros de Brugal y el único de la quinta generación…”. (Listín Diario  21 de junio de 2009).

Con el vocablo ronero, se denomina al fabricante de ron, es decir se trata de un sustantivo, y  en los ejemplos citados este vocablo  viene antecedido del adjetivo maestro, palabra que empleamos más como sustantivo: maestros roneros.  Pero ronero es también adjetivo (relativo o propio del ron). Así deberá  ser incorporada, en algún momento, en el Diccionario académico.

Entonces pasamos a hablar directamente de los adjetivos formados por derivación. Son muchos los adjetivos con que cuenta nuestro acervo  lexicográfico que han derivado de sustantivos, de verbos o de otras categorías gramaticales, incluyendo los propios adjetivos, cuyo grado superlativo aporta nuevos vocablos terminados en –ísimo, ísima (grandísimo, bellísima, santísima…).

Los adjetivos procedentes  de nombres suelen  adoptar las siguientes terminaciones: -al  (de término , terminal; centro, central), -ano (de huerto, hortelano; de Higüey, higüeyano), -ar ( montículo, monticular; espectáculo, espectacular),  -ario (banco, bancario), -ico (de metal, metálico; vandalismo, vandálico), -ista (socialismo, socialista),  -ístico (museo, museístico), -ivo (de deporte, deportivo), -izo (paja, pajizo), -oso ( aceite, aceitoso; leche, lechoso).

También tenemos la oportunidad de formar adjetivos a partir de verbos y para ello el uso sugiere las  siguientes terminaciones: -ble (vender, vendible; masticar, masticable), -dero (casar, casadero; pasar, pasadero), -dizo (huir, huidizo;  enfermar, enfermizo), -dor (ensordecer, ensordecedor; atesar, atesador), nte (sorprender, sorprendente; cantar, cantante), -orio (definir, definitorio; consultar, consultorio).   (NGLE,pág. 506).

Los adjetivos denotan nociones como semejanza (lechoso, de ahí el nombre que hemos creado para la fruta llamada papaya), nociones de tendencia o propensión (asustadizo), intensificación del concepto, actitud muy  propia del habla dominicana (grandísimo, feísimo, inteligentísimo), pero también indican estos adjetivos nociones para llevar a cabo una acción (estimulante, agravante). La calificación implica en otros casos la capacidad de un objeto o persona para recibir una acción (lavable, temible, objetable) y por igual  incluye la noción de  posesión o existencia (fiebroso, afanoso, baboso).

Las locuciones nominales también dan lugar a derivados adjetivales: medioambiental  (de medio ambiente), bienhablado (bien hablado), malhablado (mal hablado), bienvenido (bien venido), malcriado (mal criado), malhechor (mal hechor) y      malhumorado (mal humor), malpechoso (de mal pecho).

La libertad de crear palabras surte sus efectos en los registros académicos. Quiero citar con satisfacción que la Gramática académica  acoge el adjetivo medalaganario, formado en República Dominicana a partir de la locución “me da la gana”.  Y como tenemos la libertad de crear  adverbios a partir de agregar el sufijo /mente/ a un adjetivo, ha adquirido carta de presentación el  adverbio  medalaganariamente.

A propósito de autores dominicanos, cuando el poeta Ramón Francisco  compuso los versos que rezan: “Atesador, atesador, ateso los batidores” no indagó si el vocablo “atesador” aparecía o no en el Diccionario,  pero sí estaban seguros, él y el arquetipo descrito en el poema, que  la terminación –dor sirve para denominar oficios. Ya nos hemos referido al vocablo batidor en la acepción que lo emplea el poema La patria montonera.

Los verbos son elementos indispensables en el idioma. Es la única categoría gramatical capaz de expresar una idea por sí sola: ¡Váyase!; ¡Entre! De modo que si de un concepto, de una situación, de una cualidad… se desprende una acción y carecemos de verbo para referirla, hemos de crearlo, no es solo la libertad, sino la necesidad.

Hay en nuestra lengua dos procedimientos morfológicos  para derivar verbos a partir de adjetivos, de adverbios, de sustantivos o de otros verbos. El primer procedimiento es la sufijación.  Veamos los siguientes ejemplos:

Con adjetivos: limpio + ar: limpiar; ancho + ar: anchar; escaso + ear: escasear, amarillo + ear: amarillear y también amarillar; cristiano + izar: cristianizar.

Con sustantivos: favor + ecer: favorecer; cristal + izar: cristalizar; momia + ificar: momificar; droga + ar: drogar; perro + ear: perrear.

Los  adverbios se prestan, en menor medida, para formar verbos: de  atrás + ar  deriva atrasar.

Algunos verbos se han formado por sufijación  de otros verbos: correr + etear ha dado corretear. El español dominicano ha generado el verbo brincolear, derivado de brinco que a su vez ha generado el verbo brincar.

Hay un segundo procedimiento para la formación de verbos, muy empleado en la lengua coloquial. Me refiero a la parasíntesis, que consiste en agregar un prefijo y un sufijo a la palabra base, es decir una partícula al inicio y otra al final del verbo de que se trate.

Con  la adición de afijos discontinuos,  del sustantivo perro podemos formar el verbo emperrar o emperrarse, el sustantivo emperramiento y el adjetivo emperrado. Estos vocablos en el  español dominicano  muestran  gran diferencia semántica  con el español estándar. De emperrarse  se lee en el Diccionario lo siguiente: 1. prnl. coloq. Obstinarse, empeñarse en algo.

Del adjetivo  tonto  adicionando  el prefijo /a/ y el sufijo /ar/  obtenemos atontar. Del adverbio lejos, con similar procedimiento ganamos el verbo  alejar. Del adjetivo sucio + en +ar: ensuciar.  De Jaula, con el prefijo /en/  y el sufijo /ar/  obtenemos enjaular.  Por igual del adjetivo raro  tenemos  enrarecer;  de  peor  empeorar.

Con este procedimiento los dominicanos hemos creado el verbo endrogar o endrogarse, empleado en lugar de drogar o drogarse, que son los de uso general.

Hablando de verbos  formados por sufijos y prefijos, es imposible no referirse a los formados por el más poderoso de los prefijos: re.  Este prefijo, en boca de líderes y gerentes,  es capaz de refundar, reestructurar, redefinir, reorientar, reencauzar o  rediseñar según que se trate de  negocios, gremios, universidades o el Estado mismo. La partícula se presta también para formar sustantivos y adjetivos vinculados semánticamente a estos y muchos otros verbos: refundación, reestructuración, reencauzamiento o reencauce,…rediseño. Lo mismo para adjetivos: refundado, reestructurado, reencauzado,…rediseñado.

Quiero enfatizar en el uso del prefijo –re delante de dos verbos en particular: postular y elegir. Los sustantivos reelección y repostulación guardan una íntima correspondencia en lo político, pues la primera depende en primer término de la segunda. En lo gramatical, los une la condición de dependientes del prefijo “re”, con el que se forman palabras que implican la repetición del sentido del vocablo original.

Del grupo formado a partir del verbo “postular”  (presentar candidato para un cargo) más la partícula “re”, de lo cual derivan  “respostular” (verbo), “repostulación (sustantivo) y “repostulado” (adjetivo).

La 23ª edición del Diccionario de la lengua española no incluye este grupo de palabras, pero la necesidad comunicacional, impuesta por la práctica política, ha llevado a un uso cotidiano de estos términos.  La realidad política indica que quien no es postulado no puede alcanzar la posición electiva. Al final del mandato, el  funcionario que aspira a seguir en un cargo electivo, deberá ser postulado de nuevo. En cada ocasión  en que   presente candidatura será postulado. Quizá por eso los académicos no le dan importancia a “repostular” y “repostulación”. Quien se postula de nuevo puede ser rechazado o reelegido. El grupo formado con “elegir” más  el prefijo “re”, sí ha  contado con la bendición académica. Veamos: Reelegir. 1.tr. Volver a elegir. (Se  conjuga como pedir. Tiene un  participio irregular: reelecto y  su participio regular es  reelegido).

Reelección, una palabra que tanta repercusión ha tenido en la vida  de muchos pueblos del mundo, que ha sido responsable de sangre, lágrimas y otros pesares, lingüísticamente queda reducida a una definición de cinco palabras: f. Acción y efecto de reelegir.

Dicen que la política se nutre de realidades. La lengua, por igual,  se desarrolla  a partir de realidades. Es una realidad que los dominicanos, gracias al prefijo “re” empleamos  el  verbo “repostular”, así  como “repostularse” (forma pronominal).

Es una realidad, en política, que quien  quiera ser electo (elegido) deberá ser postulado. Quien  aspire a repetir en el cargo  será también postulado, pero si fuera electo de nuevo sería “reelecto” o “reelegido”.  Parece que para llegar a  estos participios, “repostulado” constituye un puente.

No puede haber “reelección” sin  repetir la postulación. Un principio lingüístico importante se basa en la economía verbal. Repostular evita  la forma “postular de nuevo” o “repetir la postulación”. Mientras tanto, en la norma lingüística de los dominicanos seguirá apareciendo el grupo formado por el verbo “postular” más el prefijo “re”.

El esfuerzo por derivar verbo de otro verbo  no siempre proporciona buenos resultados. Por ejemplo, del verbo /ver/ ha derivado el sustantivo visión, no es necesario,  por tanto,  el verbo *visionar.  Por igual, de explotar obtuvimos explosión ¿para qué entonces el verbo *explosionar? El sustantivo apertura ha derivado etimológicamente de abrir,  pero no se aconseja el uso del verbo *aperturar, inventado en el ambiente bancario.  En igual situación andan *resolutar, frente a resolver, del cual deriva resolución.

A partir del verbo abollar, que con la partícula compositiva   /dura/ se forma   abolladura, se ha derivado  el verbo desabollar (des+ abollar) para quitar  las abolladuras, sobre todo a los automóviles. El técnico en esta materia es un desabollador, palabra  con la que el Diccionario académico denomina un “instrumento que emplean los hojalateros para quitar las abolladuras de las placas metálicas”. El sufijo –dor  es muy importante para denominar  ocupaciones y oficios (limpiador,  soldador…) Los vocablos  enyesador (derivado de yeso +en +dor;  empajillador, derivado de pajilla + em + dor no aparece tampoco en el Diccionario. Son producto de la parasíntesis.

Tampoco reconoce nuestra  principal publicación lexicográfica el vocablo /desabolladura/ ¿Cómo vivir entre tantos vehículos sin los talleres de desabolladura?

Un buen ejemplo de verbo obtenido por el método parasintético  es ensortijar, resultado de colocar al sustantivo sortija  la terminación  /ar/  y el prefijo /en/ = ensortijar.  De ahí el sustantivo ensortijamiento (formación de sortijas en el cabello) y el adjetivo ensortijado.

 

SIETE

Con lo dicho en torno a la derivación estamos llegando al final, pero no se termina de golpe y porrazo, pues no es grato eso. Porrazo es golpe con una porra, algo muy parecido a la macana, por lo que es fácil intuir que porrazo y macanazo son muy afines. Los dominicanos conocemos mucho de macanazos y de otras palabras terminadas en –azo.

Tenemos terminaciones en -azo, derivadas de coyunturas políticas y sociales: gacetazo, paquetazo, granadazo, madrugonazo, cacerolazo.  Otros vocablos se refieren a golpes, aunque no precisamente dados con el objeto que ha servido de base para formar la nueva palabra: cajetazo, coñazo, totazo, trancazo, tablazo, guantazo. Sin dudas que la derivación, con sus variantes,  es el procedimiento más idóneo para enriquecer nuestro idioma a partir de sus propias células, pero esto no niega la eficacia de vocablos que llegan por diferentes vías.

Las voces procedentes de otras lenguas en unos casos serán traducidas al español: computer, computador; mouse, ratón, desktop, escritorio.  En otros casos procede la adaptación morfológica (incluido el plural) y así adaptamos  voces procedentes de otras lenguas como:   clúster, clústeres; espray, espráis.  Por igual hemos acuñado los  neologismos (stress, estrés; bypass, baipás; scanner,  escáner; leader,  líder). De algunas de estas palabras se han derivado otras de  puro corte castellano: estrés, estresar, estresado; escáner, escanear, escaneado, escaneo; líder, lideresa, liderar, liderazgo, liderato.

Cuando se da  nueva acepción a vocablos ya existentes del español, estamos contribuyendo, al menos semánticamente, si no lexicográficamente,  al ensanchamiento de nuestra lengua. Es lo que ocurre en el habla dominicana con las voces cuero (prostituta), china (naranja), (bachata, nombre de un género musical) o mona (gallo de traquear). Nuestras creaciones de palabras no tienen que subordinarse al español peninsular ni considerarse  al menos. La diversidad no contradice la unidad del español, sobre todo si las comunidades de hablantes parten de lo que tenemos para enriquecerlo. Parece paradójico que la riqueza léxica del español, dada la cantidad de países donde es hablado y las variantes regionales en esas naciones, se torne en problema, mínimo quizá, que dificulta la comunicación en algunos casos. La libertad  léxica  -alegarán algunos-  podría afectar la unidad de nuestra lengua, ya que existen diferencias entre el español hablado en América y el de España,  e incluso hay matices muy resaltantes de uno a otro país hispanoparlante, tanto en  el aspecto fónico como en el léxico. De  todos modos el idioma español crece sin que la diversidad constituya obstáculo significativo. La unidad del idioma es uno de los compromisos de  las academias. “Este ideal de unidad ha inspirado la vocación panhispánica que preside las obras que se vienen publicando en los últimos años: la Ortografía de la lengua española (1999), el Diccionario panhispánico de dudas (2005), la Nueva gramática de la lengua española (2009), el Manual de la Nueva gramática y el Diccionario de americanismos, obras  todas ellas del trabajo mancomunado de la Real Academia Española y de la Asociación de Academias” (Ortografía de la lengua española, Presentación, pág. xxxvii).

A este respecto quiero recordar unas palabras de  Günter Haensch,    de su ponencia “La lexicografía del español de América en el umbral del siglo XXI”,  presentada  en el Encuentro Internacional sobre el Español de América, efectuado en Bogotá, Colombia, en 1991. Dice el  lingüista alemán: “En esta ponencia he querido demostrar que la lexicografía  del español de América necesita una doble renovación que consiste, por una parte, en reconocer la existencia de grandes diferencias del léxico  entre el español peninsular y el americano, y dentro del español de América, diferencias que no se pueden eliminar ni callándolas ni minimizándolas, ni tampoco ensalzando con actitudes triunfalistas un grado o  tipo de unidad que no existe. No se deben marginar los elementos léxicos propios del español de América, sino que hay que integrarlos en el inmenso caudal léxico del castellano; sin embargo, para poder integrarlos hay que conocerlos mediante una descripción exacta y completa”. (El español de América hacia el siglo XX, Tomo I, 1991,  Instituto Caro y Cuervo, Santafé de Bogotá,  p. 76).

La iniciativa de crear  palabras  es poco lo que  puede afectar la unidad de la lengua española, a pesar de las diferencias léxicas que  pueda suscitar, puesto que nuestra  lengua se sostiene sobre zapatas tan firmes como el ordenamiento gramatical y por la ortografía.

El  ideal del crecimiento de la lengua española sin menoscabo de su genio queda perfectamente expresado en este párrafo de los Estatutos de la Academia Dominicana de la Lengua,  referente  a sus fines: “Tiene por primordial objetivo la defensa y el cultivo del idioma español, común de los dominicanos.  Debe velar, por ello, porque su natural crecimiento no menoscabe su unidad y que sea conforme a su propia índole y su desarrollo histórico”.

En el uso de la lengua castellana las libertades son complementadas por las restricciones. Hay una sana correspondencia entre ellas, que  permite considerar que el hablante del español disfruta de libertad para crear y adaptar  términos, erosionar el orden gramatical, rebautizar los seres y las cosas o  dotar de un valor semántico particular a los vocablos existentes, siempre para satisfacer necesidades de comunicación, pero esa libertad es condicional.

Rafael Peralta Romero

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo, 13 de febrero de 2018

 

BIBLIOGRAFÍA

1- Nueva gramática de la lengua española, Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Tomo I, Espasa Libros, Madrid, 2009.

2-Ortografía de la lengua española, Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Espasa, Madrid, 2010

3-Diccionario de términos filológicos, Fernando Lázaro Carreter, Gredos, Madrid, 2008.

4– Diccionario de la lengua española, Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, 23ª  edición, Espasa, Madrid, 2014

5-Diccionario del español dominicano, Academia Dominicana de la Lengua  y Fundación Guzmán Ariza, Santo Domingo, 2013

6- Günter Haensch y otros,  El español de América hacia el siglo XX, Tomo I, 1991,  Instituto Caro y Cuervo, Santafé de Bogotá, ).

 

Refranero del español dominicano: refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas

Por Bruno Rosario Candelier

 

Identificación y acarreo de paremias

Con el nombre de paremias se conocen las variantes fraseológicas expresadas en refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas. El conjunto de nuestras paremias, que nuestro pueblo bautiza con el nombre de refranes, constituyen el meollo de esta quinta obra lexicográfica publicada por la Academia Dominicana de la Lengua.

La confección de este refranero implicó tres años de labor lexicográfica en el acarreo de refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas. En mi condición de director de la ADL y coordinador del equipo lexicográfico de la institución, instruí a los colaboradores con la base teórica y la orientación lingüística para ejecutar las tareas pertinentes con un criterio operativo en la realización de esta obra de estudios idiomáticos. El acarreo de las paremias de diccionario implicaba diferenciar los rasgos semánticos de las susodichas paremias (refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas), mediante el auxilio de una guía que el equipo lexicográfico aplicó en el expurgo de las fuentes primarias (obras literarias, textos periodísticos y voces de la oralidad) en procura de las expresiones paremiológicas del español dominicano, tanto en el plano literario como en la cultura viva del pueblo, formalizadas en los diversos modismos idiomáticos usadas en las obras de nuestros escritores o pronunciadas en los variados escenarios de la lengua viva, en los medios de comunicación y en los diversos ambientes populares. Esta obra se funda, por tanto, en el uso de refranes del español dominicano.

Con la orientación lexicográfica pertinente, la labor de acarreo de las expresiones paremiológicas se hizo en busca de las idiolexías del español dominicano que este Diccionario de refranes, editado con el auspicio de la Fundación Guzmán Ariza pro Academia Dominicana de la Lengua, ofrece a quien pueda interesar. Con este refranero completamos el abanico fraseológico de nuestro lenguaje, con las cinco vertientes paremiológicas registradas en esta obra.

Indagamos, leímos y curcuteamos obras narrativas de autores nacionales en busca de las expresiones idioléxicas, lo mismo en textos de poesía y ficción, que en periódicos y revistas. Y puse particular atención a la oralidad, fuente viva de refranes, adagios, sentencias, máximas y proverbios. Cada una de las variantes paremiológicas del abanico fraseológico fue enfocada con el siguiente criterio:

   Máxima: Señala lo que hace que las cosas sean. Y en tal virtud, es  un principio que orienta la conducta: “El ojo del amo engorda al caballo”.

   Sentencia: Advierte lo que las cosas deben ser, por lo cual es norma o patrón que ampara una determinación: “Delante de ahorcado no se debe mencionar el lazo/la soga”.

   Adagio: Indica lo que las cosas son y, en ese sentido, es un conocimiento fundado en hechos de la vida: “Culebra no se amarra en lazo”.

 Proverbio: Muestra lo que las cosas generan, razón por la cual es una pauta inspirada en su naturaleza: “Por la fruta se conoce el árbol”.

Refrán: Señala lo que las cosas enseñan, en cuya virtud entraña un concepto derivado de una experiencia de vida: “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”.

Además de definir cada paremia, presentamos ejemplos para que se entienda mejor cada variante paremiológica. También se explica el modo operativo y la estructura del esquema para definir cada variante paremiológica con ejemplos oportunos:

aguas

las aguas se aclaran con el tiempo. máx. Señala que a una situación turbia, de la que no se tiene una percepción clara, es mejor darle larga.

 

filo

filo a la mocha que hay cañas que cortar. sent. Consigna lo que se debe hacer para conseguir lo que se quiere, como el hecho de fajarse a trabajar: “…reaccionó pronto y se puso a sacar más filo a la mocha, que había cañas que cortar y mandarla para el ingenio. Ahora que se vuelve a la posición anterior, el panorama le pertenece de nuevo por entero…” (OGil, “Orlando”, L. D., 25/01/16/5A).

 

agrias

las agrias no se pagan. adg. Indica que se hace lo que conviene: “El pasado lunes en el Comité Político quedó claro que las agrias no se pagan y que la alta dirección puede hacer jugo con las dulces” (OGil, “Orlando”, L. D., 4/08/17/6A).

 

venganza

la venganza no es buena consejera. prov. Enseña a no hacerle lo mismo a quien nos ha ocasionado un daño: “Al PLD, como a las Paola, le manda uno a decir siempre: “por favor” y “gracias” (ser humilde) y a releer atentos el refranero popular… “la venganza nunca es buena, mata el alma, la envenena” (PMckinney, “Bulevar”, L. D., 12/01/16/10A).

 

mal

no hay mal que por bien no venga. ref. Enseña que una adversidad suele tornarse favorable: “Cientos de ratas fueron encontradas muertas a causa de las aguas, (…) y que motivó al general Príncipe Tenebroso a opinar que “No hay mal que por bien no venga, pues solo así podían morir tantos ratones juntos…” (RPeraltaRomeroResiduos146).

En el taller de orientación explicaba los ejemplos, al tiempo que aclaraba las dudas con las instrucciones pertinentes para la realización de las tareas. Las expresiones idiomáticas llamadas “refranes” comprenden las paremias cuyo estudio se conoce con el nombre de paremiología, vertiente del lenguaje que en la lengua española tiene una importante tradición por la dimensión ilustradora, sintetizada y edificadora de los refranes. A las expresiones idiomáticas las denominé  “idiolexías”, que es lo mismo que decir, ‘modismos idiomáticos’.

Con el caudal de las expresiones idioléxicas que conforman los modismos idiomáticos de nuestro lenguaje confeccionamos este refranero integrado por refranes, adagios, máximas, sentencias y proverbios, modalidades del decir que fundan esta nueva obra de la ADL. En el Diccionario fraseológico del español dominicano dimos a conocer locuciones, frases y giros idiomáticos (1), cuyas idiolexías completamos en esta obra.

Con esta orientación iniciamos la confección de este diccionario paremiológico cuya realización tuvo tres procesos: recopilación de expresiones idiomáticas, definición de sus significados y, en múltiples casos, ilustración de su uso con ejemplos de las expresiones idioléxicas.

 

Naturaleza de las paremias

Paremia es la palabra que designa al conjunto de refranes que usan los hablantes de la lengua. El refranero comprende el caudal de paremias, y el conjunto de las expresiones paremiológicas llamados idiotismos o modismos idiomáticos, constituye una herencia de la lengua española compartida por los hablantes de las diversas variedades del español en el mundo hispánico. Por eso el perfil del refranero no es solo una expresión de la lengua general sino también una muestra de las variantes geográficas de nuestro idioma con sus formas peculiares en el habla del español dominicano.

El habla se forma con los vocablos con que se forman las combinaciones léxicas y sus valores semánticos que la gramática clasifica en frases, oraciones y párrafos. El lenguaje está preñado de formas paremiológicas que llamamos locuciones, frases, giros, refranes, adagios, máximas, sentencias y proverbios. El conjunto de esas expresiones idiomáticas o paremias, que el autor de esta obra llama idiolexías, nuestro pueblo lo identifica como refranes.

Hay dos clases de paremias: las simples (locuciones, frases y giros) y las complejas (refranes, adagios, sentencias, máximas y proverbios). Estas últimas tienen en común una dimensión semántica que entrañan una lección, una enseñanza, un principio, un sentido profundo, una verdad moral y una sabiduría existencial. Las primeras expresiones idiomáticas (locuciones, frases y giros) las presentamos en el Diccionario fraseológico del español dominicano; y las segundas (refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas) figuran en este Diccionario de refranes, que completa el caudal de las expresiones idiomáticas que usan los hablantes dominicanos de todas las edades, condiciones sociales, niveles culturales, modalidades expresivas y variantes dialectales.

Los adagios entrañan un conocimiento de la realidad; las máximas, un principio orientador; las sentencias, una pauta de conducta; los proverbios, una enseñanza moral; y los refranes, una sabiduría inspirada en la experiencia de la vida.

El redactor y los colaboradores de este Diccionario de refranes siguieron las instrucciones impartidas para confeccionar este refranero con las idiolexías que conforman las paremias del español dominicano. Cumplimos tareas específicas para el expurgo de las fuentes (obras literarias, textos periodísticos) y voces de la oralidad (expresiones de la calle, localizables en tiendas, colmados, colmadones, discotecas, bares, templos, peluquerías, escuelas, oficinas, cafeterías, centros médicos, restaurantes, estadios deportivos) y, desde luego, en la radio, la tv y la red electrónica de internet.

Los textos de ilustración se consignaron de la siguiente forma: la palabra clave y el ejemplo están escritos en negritas; definición del significado de la paremia, seguido de dos puntos; la paremia donde aparece en el párrafo va entre comillas, y se escribe con letras en versalitas; y al final, entre paréntesis, va la inicial del nombre del autor, sus apellidos completos, una palabra clave del título de la obra en cursivas y la indicación de página, sin margen). La fuente bibliográfica se consigna en la bibliografía final (2).

    El autor de esta obra aplicó una metodología de trabajo que se resume en el siguiente decálogo operativo que orienta al lector:

  1. Expurgo y presentación de las paremias, idiolexías o expresiones idiomáticas leídas, usadas o escuchadas.
  2. Tras cada expresión idiomática se consigna su definición.
  3. Se selecciona el párrafo donde aparece la susodicha paremia para mostrarlo como ejemplo de uso.
  4. Si la paremia se ha tomado de un libro, periódico o revista, se cita su uso con el ejemplo que sirve de ilustración.
  5. En cada ejemplo se consigna la fuente de procedencia, cuya ficha bibliográfica aparece en la bibliografía final.
  6. La palabra clave y las paremias se marcan en letras negritas.
  7. Si la paremia presenta más de una vertiente interpretativa se consignan con números en negritas.
  8. Cada ejemplo se coloca en orden alfabético en el diccionario.
  9. Las expresiones idiomáticas se clasifican de acuerdo con su modalidad (refrán, adagio, máxima, sentencia y proverbio).
  10. Esta plataforma de trabajo unifica criterios con rigor metodológico para la calidad de la investigación paremiológica.

Cada una de las paremias presentadas fue revisada cuidadosamente en beneficio del rigor lexicográfico de este refranero o lexicón paremiológico. En la confección de esta obra lexicográfica apliqué diez consideraciones operativas:

  1. El orden de la ficha bibliográfica se hizo de esta forma: nombre del autor, título del libro (con letras en cursivas), lugar de publicación, editora, año de publicación y página.
  2. A cada refrán le precede una palabra clave.
  3. Al término del refrán va un punto.
  4. A seguidas se consigna su clasificación en minúscula.
  5. A continuación se presenta la definición o la descripción del significado del refrán.
  6. Al término de la definición se colocan los dos puntos que anuncian el ejemplo.
  7. Se muestra como ilustración un párrafo donde aparece el uso del refrán, que en la cita se destaca en versalitas.
  8. El ejemplo se pone entre comillas y se da la procedencia.
  9. La fuente de referencia se consigna entre paréntesis con la inicial del nombre, los dos apellidos del autor, una palabra clave del artículo o el libro citado y la fecha de edición. La ficha bibliográfica va en la bibliografía final.
  10. En esta obra paremiológica estudiamos los modismos idiomáticos de la expresión vertidos en las paremias, es decir, refranes, adagios, sentencias, máximas y proverbios.

El conjunto de las paremias o idiolexías se usan en la lengua escrita y en la lengua coloquial de la oralidad. El refranero condensa la sabiduría popular, y el campesino matiza y complementa su conversación con refranes y dichos populares. Dada la riqueza expresiva de las paremias, el hablante común tiene una fe inmensa en las formas de expresión paremiológica. Ya Sancho, como auténtico hombre del pueblo, decía que su único caudal eran los refranes (3); y el campesino dominicano, fiel a esa tradición popular, conoce y emplea un dicho sentencioso para cada situación. Cuando, por ejemplo, desea expresar la pretensión de superioridad del hombre de la ciudad, no vacila en afirmar que “el sabio vive del fruto, y el bruto, de su conuco” (4). Según Emilio Rodríguez Demorizi, el refrán era un recurso habitual en nuestra poesía popular tradicional. Abundaba en las letrillas de los primeros tiempos de la República, de 1844 a 1861, y luego en las décimas de Juan Antonio Alix, “quien mejor y más largamente espigó en la vasta sementera del refranero criollo” (5).

Los modismos y dichos populares constituyen un modo de expresión de nuestro pueblo y una forma de expresión de su idiosincrasia porque esa forma de hablar, como los modos sentenciosos, no solo son muy del gusto de los sectores populares, sino que revelan una faceta de su talante cultural. Al respecto, escribía Juan de Valdez: “Lo mejor que los refranes tienen es ser nacidos en el vulgo” (6); y Gonzalo Correas afirmaba que “de refranes se han fundado muchos cantares y, al contrario, de cantares han quedado muchos refranes” (7). El soneto de Ramón Emilio Jiménez lo confirma:

 

La guapa moza campesina, cuya

comprensión de la vida es nada estrecha,

aunque ya herida por oculta flecha

le dice al hombre del que aún no es suya:

 

No hace un lazo una hebra de cabuya,

un solo grano no hace cosecha,

un solo machetazo no hace brecha,

ni un solo día basta para ser tuya”.

Pero al instante el ánimo responde

del campesino, que su amor no esconde,

y el labio se abre al corazón sincero:

De un solo grano se formó la mata,

es una sola bala la que mata,

y una sola palabra la que espero” (8).

 

El apego a esas formas de expresión sigue vivo en los sectores populares, especialmente en la población rural, donde el criollismo conserva sus raíces originales. Las mismas formas métricas tradicionales se prestan mejor para la incorporación de las paremias. Cuartetas, seguidillas y pareados, las formas más típicas de la lírica folklórica, resultan un eficaz instrumento, como dice Carlos H. Magis, para satisfacer el gusto popular por el decir sentencioso, que suele emplear los recursos fundamentales de la expresión poética tradicional: metrificación, rimas, imágenes (9).

Tanto el refrán, como las restantes expresiones idioléxicas, tienen un perfil social ya que las paremias obedecen a la condición espacio-temporal de la cultura que la genera. Por ejemplo, el refrán “tanto vales, cuanto tienes” refleja parte de la cosmovisión de la mentalidad de la sociedad donde tiene vigencia dicha expresión, es decir, proyecta una situación en donde el valor del dinero prima sobre la esencia de la persona.

 

De refranes y dichos populares

“Esto también lo sabe casi azul Domitila,/la domadora de Compadre Mon, la que suave,/abre sus manos de patio, y siente que se llenan/de las barbas de Mon, y siente que sus dedos/se pueblan de refranes, y el pueblo en ellos cabe,/igual que todo el cielo cabe en una ventana” (10).

En uno de sus discursos políticos decía Juan Bosch que los dominicanos de su tiempo no hablan como lo hacían los de tiempos anteriores, y precisaba que hasta hace algunos años “aquí se oían muchos refranes que hoy no se oyen” (11). Pues bien, en esta obra hemos recogido no solo los refranes actualmente en uso, sino los refranes del pasado que figuran en libros de autores dominicanos.

En efecto, de tiempo en tiempo se puede apreciar que la forma de hablar varía en virtud de la naturaleza cambiante de la sociedad y el habla de sus hablantes y, en cuanto a los refranes y dichos, siguen teniendo vigencia, aunque algunos usos pierden su sentido primordial. Como el refrán tiene una vinculación con la vida campesina conserva muchos rasgos de la cultura tradicional. El refranero condensa reflexiones realistas y prácticas comunes de los hablantes ante acciones humanas, hechos naturales o acontecimientos sociales. El refrán es fruto del sentido común socializado, de la experiencia colectiva avalada por una tradición inveterada y reproducida por cada generación que repite y reafirma la verdad del dicho agudo y la reflexión de la expresión sentenciosa. En el refrán brota el alma del pueblo con su filosofía natural, su postura ante la vida y sus aspiraciones, su humanismo, su modo de reaccionar, positivo o negativo, ante tal o cual ocurrencia. Cada refrán, sentencia, adagio, máxima o proverbio versan sobre situaciones concretas y encierran un axioma de las verdades entendidas como tales: “Loro viejo no aprende a hablar”, dice una antigua expresión que alude a quien debiendo hacer algo no lo hace por falta de habilidad.

El refrán está vinculado a la tradición cultural de una comunidad, en cuya virtud está enraizado en el alma del pueblo. De ahí su carácter tradicional, su matiz folklórico y su gracia popular. El estudio de las paremias, con sus refranes, proverbios, adagios, máximas y sentencias, se denomina paremiología. Los dichos y refranes forman parte del acervo cultural del pueblo, ya que es parte sustantiva de su cultura viva, y como tienen un carácter tradicional, heredado y asimilado, conservan fórmulas estereotipadas, frases fijas, giros lexicalizados, clichés estilísticos y recursos expresivos fosilizados integrados al caudal lingüístico de la comunidad donde operan. La carga significativa que encierran las paremias está formada por valores socialmente aceptados -mitos, creencias, prejuicios, actitudes, supersticiones, leyendas- y que constituyen la sal de la vida del lenguaje de los hombres y mujeres del pueblo, matizando la conversación, modulando la intención expresiva, enriqueciendo el lenguaje coloquial con su singular decir.

El triple carácter patrimonial, convencional y tradicional de las paremias consolida una carga conceptual sutilmente refrendada por diversos aspectos ideológicos, imaginativos, morales, estéticos, imaginativos, afectivos y espirituales, a pesar de la petrificación de su contenido o la fosilización de su forma, de manera que las paremias connotan proyecciones interiores de la cosmovisión y cultura del pueblo que las usa y recrea -prejuicios sociales, supersticiones, tabúes-. Por esa razón, no siempre hay que aceptar como bueno y válido el significado de las paremias que encierra la cantera de la expresión idiomática popular. Ciertamente, entre las gentes del pueblo, el contenido de un refrán contiene una verdad indiscutible, y la fe ciega que depositan en esa manifestación lingüística los llevan a creer y compartir plenamente sus postulados. De ahí que la labor del lexicógrafo y, sobre todo, la del maestro y el escritor ha de consistir en valorar el alcance de esas expresiones tradicionales y fundar las antiguas verdades de una sabiduría inveterada.

Enfocadas las paremias como hechos de lengua en su expresión idiomática, se deben apreciar sus valores semánticos y el carácter lexicalizado de su composición. La expresión “carácter lexicalizado” alude a su condición de frase hecha, es decir, fija, invariable y repetida. Si enfocamos las paremias como una manifestación estilística en virtud de los rasgos expresivos implicados, es preciso ponderar sus connotaciones comunicativas, sus componentes afectivos y su contenido espiritual, atendiendo a su marca coloquial potenciada por la rica cantera del saber expresivo tradicional, valiosa fuente de recursos popularizados. Tal es el valor que tienen para literatos, profesores y lexicógrafos las paremias del lenguaje.

La palabra “popularizado” remite los sectores populares, y es justamente en esos sectores donde el uso de dichos v refranes tiene más vigencia, es decir, en la comunicación oral popular, sobre todo en el ámbito rural, donde el lenguaje corriente se impregna de expresiones paremiológicas. De ahí que algunos escritores que acuden al acervo lingüístico tradicional, especialmente los que hacen una literatura culta popularizada inspirada en el registro de lo propio, incorporan a su producción coplas y refranes de la cultura popular. Ese es un procedimiento al que acuden narradores, dramaturgos y ensayistas para aprovechar el matiz expresivo de las paremias y otras expresiones folklóricas como un medio para captar la esencia del alma popular, reflejar su idiosincrasia y expresar el sentir vivo del pueblo para obtemperar la simpatía popular.

La literatura dominicana tiene valiosas obras con expresiones paremiológicas. En esta obra hemos citado refranes usados en textos poéticos de Juan Antonio Alix, Ramón Emilio Jiménez, Manuel del Cabral, Huchi Lora y Benjamín García; cuentos de José Ramón López, Juan Bosch, Artagnan Pérez Méndez, Rafael Peralta Romero y Emelda Ramos; novelas de Alfredo Fernández Simó, Marcio Veloz Maggiolo, Ángel Garrido, Emilia Pereyra y Manuel Salvador Gautier; obras dramáticas de Franklin Domínguez, Manuel Rueda, Máximo Avilés Blonda, Iván García y Jovanny Cruz; estudios y ensayos de Pedro Henríquez Ureña, Ramón Emilio Jiménez, Emilio Rodríguez Demorizi, Héctor Incháustegui Cabral y Orlando Gil, entre otros. Los refranes condensan la sabiduría popular y, por su carácter tradicional, son anónimos, conceptuosos y breves.

El refrán tiene una impronta sociocultural. Sus implicaciones sociales, políticas, antropológicas y espirituales los convierten en signos portadores de variados sentidos y mensajes. En un campo de La Vega, y esto lo registro en mi libro Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, le oí decir a un campesino esta expresión: “El sabio vive del bruto, y el bruto, de su conuco” (12). Y lo decía con gesto de humildad, consciente de lo que estaba diciendo, y del puesto, que según su apreciación, ocupaba en la sociedad. Justamente los refranes tienen su origen en un hecho concreto y se aplican a hechos similares, y su importancia es indiscutible por el rol que desempeñan en el lenguaje coloquial.

Naturalmente, no se debe confundir el refrán, típica expresión paremiológica, con la frase conceptuosa o deslumbrante, como esta que escuché de una película brasileña: “Mi vida se detuvo en el tiempo”, o esta otra, de factura literaria: “El tiempo es lento para el corazón que espera”. El campesino dominicano es ducho en crear y repetir refranes y expresiones paremiológicas. De labios de nuestros campesinos he oído varias expresiones paremiológicas: “El burro sabe a quién tumba, y el demonio, a quién se lleva”, para indicar que uno sabe lo que hace y a quién lo hace; “Tú eres el níspero del Cerro” alude a una persona muy vieja; “Mala carcoma tienes tú al lado” significa que no puedes hacerle vagamunderías a su compañero. La significación de las siguientes son obvias: “Más vale paso que dure, que trote que canse” (es preferible ir despacio sin cansarse, que ir rápido y terminar agotado); “aquí tiene uno que bailar al son que le tocan” (hay que hacer lo que establece la casa o el jefe); “el que sabe de mondongo, que desenrede esta tripa” (señala que  el portador del conocimiento resuelva el problema); “cada cual sabe dónde amarra su caballo” (advierte que uno sabe lo que tiene que hacer y cómo lo hace); “ese gallo no canta en tu gallinero” (señala a quien está fuera de su ambiente natural).

Conocedor del rol de los refranes en el talante de nuestro pueblo, Manuel del Cabral escribió: “Y se agiganta mucho más tu historia/en la alcancía de mi memoria,/loro de los refranes, triunfo de las mujeres,/cuando volando las cabalgaduras,/eran sobre las lomas y las llanuras/un tiroteo los amaneceres” (13).

Los refranes, máximas, sentencias, adagios y proverbios formalizan la sabiduría del pueblo (14) y, como en los cuentos de caminos, resumen la experiencia de vida, el conocimiento de la realidad y los saberes heredados. Condensan vivencias, anhelos y normas de vida, que se consignan con una pauta de escritura (15). Según la estimación de Pablo Mckinney, a los señores (se refiere a los actuales dirigentes políticos en el poder) los refranes y cuentos de la sabiduría popular deberían decirles algo, por ejemplo: “Tanto fue el cántaro a la fuente, hasta que se rompió”, o aquello de “tanto sobó el diablo a su hijo, hasta que le sacó un ojo”, o “Lo mucho hasta Dios lo ve” (16).

Los refranes revelan una filosofía pragmática, realista y vivencial de la vida cotidiana, fundada en hechos reales y experiencias vividas, que al ser internalizados en la conciencia y usados en el lenguaje con su connotación semántica, proyectan el sistema de creencias, actitudes y valores del pueblo que los crea, usa y pronuncia (17).

En las paremias se refleja la idiosincrasia del pueblo y por ende la psicología de sus hablantes con las manifestaciones antropológicas de la comunidad donde el dicho popular o el refrán oportuno tienen vigencia. Por eso en esta obra se proyecta, a través de nuestros refranes, una radiografía del alma dominicana, que el autor de esta obra va desgranando e interpretando en las correspondientes idiolexías con el ejemplo adecuado. Por ejemplo, el refrán “en el ruido de las espuelas va el coraje de los jinetes” se retrata el alma nacional mejor que cualquier tratado de sociología o cualquier estudio sociopolítico.

En su dimensión lingüística, sociológica y literaria las paremias registran, perfilan y plasman lo que una comunidad de hablantes entiende, usa y expresa. Porque un refrán no es solo una simple paremia del lenguaje, sino una singular forma de ver las cosas y una peculiar manera de explicar el mundo.

 

Bruno Rosario Candelier

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo, R. D., 7 de enero de 2018.

Notas:

  1. Cfr. Bruno Rosario Candelier, Irene Pérez Guerra y Roberto Guzmán, Diccionario fraseológico del español dominicano, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua, 2016.
  2. Rafael Peralta Romero, Residuos de sombra, Santo Domingo, Cocolo Editorial, 1997. Claudio Acosta, “Qué se dice”, Hoy, 15/07/14/2A. Marino Berigüete, 13 cuentos supersticiosos del Sur, Santo Domingo, Centenario, 1999. P. Mckinney, “El bulevar de la vida”, Listín Diario, 12/01/16/10A. César Medina, “Fuera de cámara”, Listín Diario, 13/01/16/2A.
  3. Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, II, XLIII.
  4. Adagio escuchado por el autor de esta obra en Bacuí, paraje rural de la provincia de La Vega, R. D., en el año de gracia de 1964.
  5. Emilio Rodríguez Demorizi, Refranero dominicano, Roma, Stab tipográfica, 1950, p. 35.
  6. Juan de Valdez, Diálogo de la lengua, Madrid, Espasa, 1953, p. 15.
  7. Gonzalo Correas, Arte grande de la lengua castellana, Madrid, Conde de la Viñaza, 1903, p. 258.
  8. Ramón Emilio Jiménez, Savia dominicana, Santiago, Rep. Dominicana, El Diario, 1931, p. 169.
  9. Carlos H. Magis, La lírica popular contemporánea, México, El Colegio de México, 1969, p. 368.
  10. Manuel del Cabral, Obra poética completa, Santo Domingo, Alfa y Omega, 1976, p. 100.
  11. Juan Bosch, Vanguardia del pueblo, Santo Domingo, 24/03/1982, p. 4.
  12. Bruno Rosario Candelier, Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, Barcelona, España, UCMM, 1977, p. 190.
  13. Manuel del Cabral, Obra poética completa, p. 50.
  14. B. Rosario Candelier, Ensayos lingüísticos, Santiago, UCMM, 1990, p. 235.
  15. Los ejemplos de ilustración siguen esta pauta: la palabra clave y la paremia en negritas; la definición del significado seguido de dos puntos; el párrafo de ilustración citado entre comillas y la paremia donde aparece su uso se consigna en versalitas. Al final se coloca entre paréntesis sin márgenes la inicial del nombre del autor, sus apellidos, una palabra clave del título de la obra y la página donde figura el uso. La bibliografía registra la fuente de los refranes en libros, revistas y periódicos.
  16. Pablo McKinney, “El bulevar de la vida”, Listín Diario, 18/07/17/12A.
  17. El autor de esta obra consigna que, como fuente de la oralidad, escuchó varios programas de radio y tv en procura de refranes usados por los voceros de la comunicación social, entre los cuales cito a Mons. Freddy Bretón en “Comunicación y vida”; Julio Hazim, en “Revista 110”; Manolo Ozuna en “El mañanero”; Melton Pineda en “Buenas tardes, país”; Delis Herasme en “Amaneciendo con Delis Herasme”; Consuelo Despradel en “Tempranito con Consuelo”; Juan Grullón, en “La esquina de Juan”; Cristian Casablanca, en “Mente maestra”; Álvaro Arvelo, en “El gobierno de la mañana”; Pablo Mckinney, en “El sol de la mañana”; y Héctor Arias (El Talibán), en “El poder de la gente”.

Bibliópata, elefantiasis, brégete/bréjete apagón, informativo

Roberto E. Guzmán

BIBLIÓPATA

“Todo BIBLIÓPATA la conoce. . .”

La voz del epígrafe no aparece recogida en ninguna de las obras consultadas. No puede esconderse que se simpatiza con la palabra, a pesar de que puede resultar difícil de interpretar para muchos hablantes de español.

Además, hay una parte de la voz compuesta que hace difícil que esta se admita sin reparos. Se considera que la voz del epígrafe está compuesta del prefijo biblio- y lo que puede considerarse una terminación, parte del sufijo –patía, que es un componente de palabra que procede del griego pathos, que significa que sufre de una enfermedad o, enfermedad.

En español existe ya el vocablo bibliómano que se utiliza para denominar a la persona que siente pasión por los libros. Hay también en español la bibliomanía que es la afición desmedida a tener muchos libros.  El bibliófilo es un amante de los libros o que se aficiona a los que son raros o agotados.

Entre una y otra de las palabras enumeradas más arriba lo que se encuentra es que se diferencian por una gradación en cuanto a la intensidad del sentimiento que experimenta la persona aficionada a los libros.

Una persona no tiene que ser calificada de padecer una enfermedad por el solo hecho de mostrar inclinación a atesorar libros. No es justo que se califique de enfermo por los libros a aquel que muestra preferencia por poseerlos. No se puede negar que hay personas que muestran tendencia a reunir colección de libros, y, puede considerarse sano a condición de que no se apegue con demasía a esta actividad.

La búsqueda de la voz bibliópata en Google da como resultado que en el glosario de bibliografía aparece definida en tanto, “un bibliófilo para el que el amor de los libros se ha convertido en una obsesión (incluye libreros y coleccionistas)”.

No pude negarse que quien estos comentarios escribe es propenso a reunir libros que lee y consulta con regularidad, de allí la simpatía que experimenta por el vocablo.

 

ELEFANTIASIS

“. . . responsables de la ELEFANTIASIS estatal. . .”

La elefantiasis es una enfermedad, síndrome, que consiste en un “aumento desproporcionado, enorme”, así comienza la definición de la enfermedad.

La palabra está formada con una obvia alusión al paquidermo, que denomina a un grupo de mamíferos caracterizados por una piel muy gruesa y dura. El endurecimiento y engrosamiento de la piel, a su vez, es una particularidad de la mencionada enfermedad.

La palabra elefantiasis fue tomada del latín elephantiasis, que en su momento  la tomó de una voz griega muy parecida a la del latín y el español. La terminación –sis en español, sobre todo en medicina, significa “estado irregular” o “enfermedad”. Generalmente se la hace preceder de otra vocal, en este caso, de /a/.

Todo lo que antecede se menciona para destacar que el aumento desproporcionado y engrosamiento que caracterizan esta enfermedad se presta muy bien para que se la use en sentido figurado para aplicársela a una burocracia gubernamental como se hace en la cita, que crece más allá de sus verdaderas necesidades.

 

BRÉGETE– BRÉJETE

“. . . la razón principal del BREJETE. . .”

Sucede en más ocasiones de las que uno desearía aceptar que un acento (tilde) que no se marca puede traer confusión en la interpretación del mensaje.

Las voces bréjete y brégete son dominicanismos totales, tanto por la formación de la palabra, como por su significado. Los demás hablantes de español quizás no tienen idea de lo que un hablante de español dominicano expresa cuando utiliza la voz bréjete, así con la tilde sobre la primera letra /e/. Ese bréjete significa “escándalo, barullo”. De estas dos formas en que aparece en el título es como se consigna en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias.

El Diccionario del español dominicano (2013:105) inventaría la voz dominicana, tanto con una letra /g/, brégete, como con la jota /j/ bréjete. Para esta voz el DED trae cuatro acepciones. En las dos grafías la tilde aparece sobre la primera letra /e/.

La primera es “trajín, afán”. La segunda es “discusión, riña, pendencia”. La tercera es “barullo, alboroto”. La cuarta, “chisme, enredo”.

Además del sustantivo, el DED consigna el verbo bregetear que en opinión personal de quien esto escribe deriva del mencionado sustantivo, con los equivalentes verbos, “trajinar, trabajar afanosamente”. Recoge, así mismo otro nombre de la misma familia, bregeteo, con el significado de “trajín, afán”.

No puede desestimarse la importancia de las tildes. Existen ejemplos famosos de malentendidos que han surgido desencadenados por la falta de un acento marcado.

El académico Rafael Peralta Romero en su discurso de ingreso a la Academia Dominicana de la Lengua ponderó la importancia de las tildes. Debajo se reproduce lo resaltado:

  1. a) Médico b) Medico       c) Medicó
  2. a) Vómito b) Vomito       c) Vomitó
  3. a) Prólogo b) Prologo       c) Prologó
  4. a) Título             b)Titulo           c)  Tituló
  5. a) Diálogo b) Dialogo       c) Dialogó

No hace falta añadir comentario alguno porque estas palabras leídas expresan las diferencias. Ellas cambian el sentido de lo expresado, así como las categorías gramaticales a las que pertenecen.

 

APAGÓN INFORMATIVO

“. . . que fue revertida después de un APAGÓN INFORMATIVO de tres días”.

Muchos de los vocablos del habla cotidiana cobran vigencia debido a circunstancias que llevan a que estos se utilicen de forma continuada. En el título hay un vocablo, apagón, que forma parte de la vida diaria de los dominicanos.

La expresión del título se estudiará en el cuerpo de esta sección. Se analizará si después de utilizar el sustantivo apagón, hace falta que se explique a qué se refiere la palabra.

El sustantivo masculino apagón no debe la terminación –ón solamente a que la acción a que se refiere sea grande, como sugiere de primera impresión. Se debe más bien a que es repentino.

Además, este apagón se debe a causas extrañas, que escapan al control de quien utiliza los servicios. Como se intuye por la terminación, la suspensión del servicio también es de grandes proporciones.

En el caso del apagón informativo que duró tres días, es muy probable que la salida de operaciones del sitio o página informativa haya sido sin aviso previo, es decir, de manera repentina y que conllevó el cese de las actividades normales.

En muchas ocasiones los dominicanos piensan que los apagones eléctricos solo se producen en el sistema de distribución de esa energía en República Dominicana. El fenómeno ocurre en otros países también.

No sería motivo de sorpresa si la palabra apagón extiende su manto léxico a otras áreas, como por ejemplo, si una persona dice que sufrió un “apagón mental”, para aludir a la suspensión de la memoria, de manera súbita y temporal, que la persona percibe por perder el hilo de la conversación, o por no ser capaz de recordar una palabra en el momento preciso. Hay que prepararse para otros apagones.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Madrevieja, bulto, comprar, segmento

Roberto E. Guzmán

MADREVIEJA

Hace largo tiempo que en la República Dominicana existe una comunidad que se llama Madrevieja o Madre Vieja. Las dos formas de escribir el nombre aparecen hasta en los letreros que la identifican.

Esta comunidad se encuentra en la provincia de San Cristóbal, en el suroeste del país. Está en la margen oriental del río Nigua que baña al municipio cabecera de la provincia que lleva el mismo nombre de la provincia.

El autor de estos comentarios acerca del idioma entiende que debe escribirse ese nombre, Madrevieja, en una sola palabra, pues eso, madrevieja,  significa “cauce del río”. No ha de olvidarse que la mentada comunidad está junto al cauce del río. Se sostiene así que ese es el origen del nombre.

El dato que se menciona acerca del significado del sustantivo madrevieja se obtuvo en el Vocabulario popular andaluz, de Francisco Álvarez Curiel, en la página 143. En el caso del nombre del sitio, por su condición de nombre propio, se escribirá con una letra mayúscula como se hizo más arriba.

Un hallazgo de este género resulta divertido si se piensa que el origen de ese nombre quizá lo tiene la comunidad desde los tiempos de la colonia cuando algún andaluz anduvo por esos lugares. Alguien pudo pensar que escrito en una sola palabra era un sinsentido y comenzó a representarlo en dos palabras separadas.

No hay que olvidar que en el español general existe en el nivel coloquial la locución verbal,  “salir o salirse de madre un arroyo o un río” que es desbordarse, salir de los bordes y causar las aguas una inundación.

 

BULTO

“. . . con honrosas excepciones, han sido un BULTO, una falsa estrategia. . .”

El uso de la voz bulto que puede observarse en la frase transcrita es un dominicanismo por su sentido, es decir, que solo se conoce con ese significado en la República Dominicana.

Con ese valor del habla dominicana aparece recogido en el Diccionario de americanismos (2010:306), “cuento, mentira, alarde”.

Cuando se leyó por primera vez la frase reproducida más arriba, se pensó que se trataba de un uso diferente, tendente a “distraer” la atención, para que desempeñase las funciones de entretenimiento, para que la atención fuese dirigida a lo que se menciona como bulto.

El Diccionario del español dominicano (2013:113) asienta otra significación que no se conoce en los demás lexicones, con el sentido de “escándalo”. Para ilustrar esta utilización trae una cita de la obra Antología narrativa (2007:274) de Iván García Guerra.

Es bueno tomar nota de que a las interpretaciones “cuento, mentira, alarde” que aparecen en el DAA del 2010 mencionado antes, el DED del 2013 deja fuera la palabra “cuento” en tanto equivalente y añade “allante” que debe interpretarse aquí como “persuasión con mentiras”, que es la manera en que lo define en su primera acepción el DED (2013:30).

 

COMPRAR

“. . . prácticas que ya no COMPRA el mundo presente. . .”

¿Qué es eso de comprar prácticas? ¿De dónde sale esa nueva costumbre? ¿Qué desean expresar las personas que usan el verbo comprar en casos como este? Todas estas preguntas serán respondidas en el desarrollo de este tema en esta sección.

Las únicas prácticas que se compran son las de las oficinas de los profesionales que venden el ejercicio de sus profesiones con las listas de clientes y los contactos, cuando estos deciden retirarse o cesar en ese trabajo.

La forma de la redacción de la cita de esta sección está escrita en español, pero con una interferencia del inglés. Las prácticas a las que alude el texto de la cita son las acciones de algunas personas.

El verbo comprar en este lugar no tiene cabida. Comprar en español ha guardado sus acepciones principales desde hace siglos y ellas son, adquirir una cosa con dinero; o dar dinero o regalos a una o varias personas para conseguir un fin, esto indebidamente.

Más arriba se escribió que había en la cita interferencia del inglés. Esto así porque en esa lengua han incluido una acepción que no ha alcanzado al español. Esa acepción del verbo comprar en inglés –to buy– es la que se refiere a “aceptar, admitir, aprobar, creer”.

En algunas ocasiones este tipo de desliz se cuela por medio de las traducciones o adaptaciones que aparecen en las informaciones periodísticas. En otros casos se debe a aquellos articulistas y columnistas que acostumbran a leer en inglés algunas informaciones y luego pasan al español de modo crudo lo que leyeron en lengua inglesa.

Es más, se piensa que en inglés cuando una persona se deja convencer, permite que lo engañen o es muy crédulo, puede decirse que “compró” eso de que se trata. En español hay que evitar este uso.

 

SEGMENTO

“. . .afecta en su vida diaria grandes SEGMENTOS de la población. . .”

La palabra segmento hace tiempo que logró vigencia. Es una palabra favorita de los “conductores” de programas televisivos. Se la considera un término culto en los casos en que reemplaza a otros vocablos como se leerá más abajo.

Desde su origen se ha tenido esta palabra como un ejemplo del registro culto del habla española. Cuando ingresó en el español a principios del siglo XVIII entró con ese calificativo.

El vocablo estudiado aquí posee tres acepciones generales en tres diferentes áreas del saber humano, lingüística, mecánica y zoología. Además, se han reconocido dos acepciones muy específicas, una en geometría y la otra en economía. Con la mención de las áreas del saber en las que se reconoce, con sus acepciones, el uso de segmento, no hace falta entrar en detalles.

La acepción que merece consideración es a la que la Real Academia dio su sanción aprobatoria en economía, “Cada uno de los grupos homogéneos diferenciados a los que se dirige la política comercial de una empresa”. Esta lexía compleja “segmento de mercado”, que consta en el diccionario de las academias apareció en la edición de 2001.

La primera acepción que se encuentra en el Diccionario de la lengua española es general, “porción o parte cortada o separada de una cosa, de un elemento geométrico o de un todo”. Con respecto de esta acepción hay mucho espacio para argüir. Esto así porque si se trata de objetos materiales, no hay inconveniente en denominar segmento esa parte “cortada o separada”. No es  tan fácil admitir esa denominación en los casos en que se hace una abstracción (para separar) una porción o parte de un concepto, de algo intangible.

Una vez expuesto el inconveniente, se hace necesario aceptar que la tendencia en el habla es a ampliar el campo de acción del sustantivo. Algunos autores niegan rotundamente la posibilidad de utilizar segmento en tanto equivalente de sector y consideran este uso como impropio. No falta quien entienda que usar segmento para personas sea una forma despectiva de llamarlas, porque implica una visión lineal de estas.

El Diccionario de uso del  español (2012:2677) introduce una subacepción a la primera acepción de la voz segmento, esta reza así: “Cada una de las partes en que se divide algo no material”. La mayoría de los ejemplos de uso de segmento de este modo, se refieren a “segmento de la población”. Llama la atención que un ejemplo con “segmento de población” sea el que emplea el diccionario Merriam-Webster´s del inglés americano.

El Novo Diciónario Aurélio da língua portuguesa (1986:1561) en la redacción de la primera acepción usa la palabra “sección” para referirse a la “porción”. La segunda acepción en ese diccionario es, “porción bien delimitada, destacada de un conjunto”.

El movimiento que se observa es a tolerar el uso con respecto de la población, pensando que es una ampliación de la acepción en economía que tiene el vocablo en relación con el mercado.

© 2018, Roberto E. Guzmán