Bruno Rosario Candelier pone a circular libro sobre el grupo mester de narradores de la Academia de la Lengua

Por Emilia Pereyra

El director de la Academia Dominicana de la Lengua, doctor Bruno Rosario Candelier, puso en circulación el libro “El Grupo Mester de la Academia”, durante un acto realizado en la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2018.

En la actividad, el escritor valoró el aporte que hace el grupo conformado por los escritores Manuel Salvador Gautier, coordinador del colectivo, Ángela Hernández, Miguel Solano, Rafael Peralta Romero, Ofelia Berrido y Emilia Pereyra.

Al presentar la obra, Gautier recordó que el Grupo Mester de Narradores de la Academia Dominicana de la Lengua fue creado el 13 de agosto de 2005, a través de una carta constitutiva de la institución.

Dijo que el grupo ha trabajado con ahínco y que una de sus intervenciones más importantes fue la organización del Curso-Taller sobre Técnicas Narrativas, efectuado en marzo de 2009.

Afirmó que también el colectivo ha participado en paneles realizados en varias instituciones como el Centro León, universidades y en las ferias internacionales del libro.

Gautier explicó que en el libro Rosario Candelier ha recopilado una serie de trabajos realizados en diferentes escenarios, donde se analiza toda la obra o una sola obra de cada uno de los mesteres.

“Estos trabajos han sido escritos por distintos autores: el doctor Rosario Candelier, los mesteres y miembros de la Academia Dominicana de la Lengua y del Ateneo Insular”, agregó.

Dijo que Rosario Candelier introduce cada autor, con un trabajo donde analiza la obra de este autor, y que luego se continúa con los distintos trabajos realizados sobre la obra del autor por otros escritores.

Aseguró que el conjunto de estos trabajos por autor da una idea cabal del valor literario de su obra.

Manifestó que la publicación de Rosario Candelier demuestra una capacidad enorme en organización y método. “Quienes la lean, apreciarán la obra de un grupo de escritores que han sido sujetos de ser analizados y capaces de analizarse”, indicó.

Solano, Peralta Romero, Berrido y Pereyra dieron testimonios de las experiencias positivas que han tenido promoviendo la narrativa dominicana en varias provincias del país, universidades y espacios culturales.

24 abr 2018, Diario Libre

 

Presentación de la obra «El grupo mester de la academia», de Bruno Rosario Candelier

Por Manuel Salvador Gautier

 

El Grupo Mester de Narradores de la Academia Dominicana de la Lengua fue creado el 13 de agosto de 2005, por una Carta Constitutiva que se inicia con el siguiente párrafo:

La Academia Dominicana de la Lengua, en la misión que la autoriza a fomentar el estudio de nuestra lengua y el cultivo de las letras, ha de auspiciar y encomiar la creatividad de nuestros narradores que asumen las palabras para crear con ellas una obra de ficción impregnada de valores literarios, humanísticos y culturales.

Esta Carta concluye con el siguiente párrafo:

Bajo la denominación de Mester de la Academianuestra institución auspicia la creación de un grupo de narradores que sobresalgan por la densidad de su pensamiento y la belleza de su narración a través de una obra de ficción ajustada al más bello decir que alumbre y auspicie el genio de nuestra lengua y el aliento de nuestras letras. Este Grupo Literario se conforma en ocasión del Día de Cervantes, autorizado a partir de la presente proclamación, para estimular a los creadores acreditados con esta singular distinción por la Corporación de Académicos.

Ese mismo día, el presidente de la Academia Dominicana de la Lengua, doctorBruno Rosario Candelier, dirigió una comunicación al Arq. Manuel Salvador Gautier, en la cual se le designaba como Coordinador del Grupo Mester de Narradores con el fin de que colaborara en la organización y orientación del Grupo Literario.

El Coordinador comenzó inmediatamente a cumplir con su mandato. El grupo se consolidó con sus actuales miembros: Ángela Hernández, Emilia Pereyra, Ofelia Berrido, Rafael Peralta Romero, Miguel Solano, y su Coordinador designado.

El grupo ha trabajado con ahínco. Una de sus intervenciones más importantes fue la de organizar el Curso-Taller sobre Técnicas Narrativas, en marzo de 2009. Pero también ha participado en paneles en varias instituciones como el Centro León; en un grupo de universidades: La UASD, la PUCMM, la UNPHU; y en distintos paneles, en la Feria del Libro Dominicano.

En el libro El Grupo Mester de la Academia, eldoctor Bruno Rosario Candelier ha recopilado una serie de trabajos realizados en diferentes escenarios, donde se analizatoda la obra o una sola obra de cada uno de los Mesteres. Estos trabajos han sido escritos por distintos autores: el doctor Rosario Candelier, los Mesteres y miembros de la Academia Dominicana de la Lengua y del Ateneo Insular.

El doctor Rosario Candelier introduce cada autor, con un trabajo donde analiza la obra de ese autor. Luego continúa con los distintos trabajos realizados sobre la obra del autor por otros escritores. El conjunto de estos trabajos por autor da una idea cabal del valor literario de su obra.

El primero Mester en ser presentado es el coordinador Manuel Salvador Gautier, con el trabajo “La novelística de Manuel Salvador Gautier” del doctorRosario Candelier. Luego sigue con otro trabajo titulado: “Realidad histórica y ficción metafísica en El asesino de las lluvias de M. S. Gautier”, también del doctorRosario Candelier. Siguen 15 trabajos más, entre los cuales está “Dimensión intuitiva en la novela La fascinación de la rosa de Manuel Salvador Gautier”, de Roxana Amaro, y “Tiempo para héroes o la biografía clandestina de Manuel Salvador Gautier”, de Sélvido Candelaria.En estos trabajos está analizada prácticamente toda la obra narrativa escrita por Gautier.

La segunda Mester en ser presentada esEmilia Pereyra, con el trabajo “La narrativa de Emilia Pereyra”, subtitulado “Emilia Pereyra: Cóctel con frenesí”, del doctorBruno Rosario Candelier. Luego aparece el trabajo “Nadie silencia el coraje con la muerte”, de Manuel Salvador Gautier. Le siguen ocho trabajos más, entre los cuales está: “Un libro breve de argumento largo”, de Rafael Peralta Romero. En estos trabajos está analizada toda la obra narrativa escrita por Pereyra.

El tercer Mester en ser presentado es Rafael Peralta Romero, con el trabajo: “La narrativa de Rafael Peralta Romero” del doctorBruno Rosario Candelier. Luego se encuentra el trabajo “Los tres entierros de Dino Bidal, novela de Rafael Peralta Romero”, de Ofelia Berrido. Le siguen cinco trabajos más, entre los cuales está: “Memorias de Enárboles Cuentes, entre lo maravilloso y el interiorismo”, de Emilia Pereyra. En estos trabajos no está analizada toda la obra narrativa escrita por Peralta.

La cuarta Mester en ser presentada esOfelia Berrido, con el trabajo: “La creación literaria de Ofelia Berrido” con el subtítulo “La dimensión mística en la poesía de Ofelia Berrido”, del doctor Bruno Rosario Candelier. Luego aparece el trabajo “La clave mística de un diario novelado”, con el subtítulo “El sol secreto, de Ofelia Berrido”, del doctorBruno Rosario Candelier. Le siguen nueve trabajos más, entre los cuales está “La novela El infiel, de Ofelia Berrido”, del doctor Manuel Matos Moquete. En estos trabajos está analizada toda la obra narrativa de Berrido.

El quinto Mester en ser presentado es Miguel Solano, con el trabajo: “La narrativa de Miguel Solano”, con el subtítulo: “La ʻrazón poéticaʼ en Miguel Solano”, a su vez subtitulado “La ficción creadora del poeta soldeño”, del doctor Bruno Rosario Candelier. Luego encontramos el trabajo: “Rafael Solano y Bruno Rosario Candelier Diálogo sobre narrativa y creación”. Le siguen siete trabajos más, entre los cuales está: “De cómo simplificar lo intrincado”, con el subtítulo “Sobre el libro de cuentos de Miguel Solano ¡Explorando! La imaginación Infantil”, por Manuel Salvador Gautier. En estos trabajos no está analizada toda la obra narrativa de Solano.

La sexta Mester en ser presentada es Ángela Hernández, con el trabajo: “La narrativa de Ángela Hernández”, del doctor Rosario Candelier. Luego está el trabajo “Conversatorio con Ángela Hernández”, del doctor Rosario Candelier. Le siguen dos trabajos más, entre los cuales está:“Mudanza de los sentidos de Ángela Hernández”, de Emilia Pereyra. En estos trabajos no está analizada toda la obra narrativa de Hernández.

Esta publicación del doctor Rosario Candelier demuestra una capacidad enorme en organización y método.  Quienes la lean, apreciarán la obra de un grupo de escritores que han sido sujetos de ser analizados y capaces de analizarse.

21 de abril de 2018, Pabellón Funglode, Feria Internacional del Libro Dominicano 2018

 

La lengua sefardita

Por Segisfredo Infante

            Allá por el año 1993 visité, entre muchos lugares históricos y espirituales, el barrio judío de laAntigua Jerusalem. “Old City” la llaman por allá. Mis propósitos eran múltiples, incluidos el de rezar en el “Muro de las Lamentaciones” o “Muro Occidental”, y contemplar, con dolor y estremecimientos íntimos, las ruinas del Primer Templo de Salomón, sobre las cuales se localizan también las ruinas del Segundo Templo, a la par del pequeño montículo sur-oriental en donde de hecho vivió el rey David, su familia y sus amigos, unos mil años antes del maravilloso Rabino Jesús. Uno de los tantos motivos de mi visita era parlar con algunos sefarditas, y conseguir alguna revista del idioma judeo-español, el cual es, según mi humilde juicio, una variante del castellano de los siglos catorce, quince y dieciséis, que afortunadamente todavía se conserva en algunos puntos claves del Estado de Israel, y de otras partes del mundo.

Logré visitar una oficina y conseguir una revista en español actual llamada “Ariel”, y tambiénla revista “Noaj”. No comprendo cómo meses más tarde averiguaron mi dirección en Tegucigalpa y continuaron llegando a mis manos algunos ejemplares de la aludida revista “Ariel”, riquísima en su variado contenido. Por la gracia de Dios todavía conservo algunos ejemplares que las termitas han respetado hasta este momento. En mi último inventario reciente, de hace cinco semanas, me habían destruido, completamente, otra vez, más de cincuenta libros, entre ellos las viejas “Memorias” de FroylánTurcios que publicamos en los tiempos de Manuel Salinas Pagoada (QEPD), y un ejemplar del proceso de diálogo en El Salvador, que compré hace varios años en la capital salvadoreña.

Así que logré conversar con algunos sefarditas. Ignoro si el poeta Moshé Liba es sefardita, pero con él logramos parlar mediante un español contemporáneo muy fluido. Era curioso que los sefarditasme expresaran que ellos “no hablan español”, en tanto que ellos hablan “ladino”. Tal cosa la escuché en Jerusalem. Pero también en Safed, pueblo de kabbalistas, “café turco” y sinagogas actuales de más de cuatro siglos. Yo les contesté que podíamos conversar en “ladino”, pues para el autor de estos renglones es comprensible porque se trata de una variante del castellano que podemos encontrar en libros latino-riojanos-castellanos como los “Milagros de Nuestra Señora” de Gonzalo de Berceo (1246-1252). En “La Celestina”, con un castellano propio de finales del siglo quince y comienzos del dieciséis, que se le adjudica a varios autores, entre ellos Rodrigo Cota, Juan de Mena y Fernando de Rojas. Parejamente en “El Lazarillo de Tormes”, de comienzos del siglo dieciséis. Inclusive en algunos giros del “Quijote de la Mancha”, que por motivos extraños eran peculiares en las formas de hablar de mi abuela materna olanchana María López.

La historia personal cobra cierto sentido frente a la iniciativa del actual director de la RAE, don Darío Villanueva, y de otras personalidades sefardito-españolas, de crear una “Academia Nacional de Ladino”, o de “Judeo-Español”, en tierras del Estado de Israel. Es una noticia extraordinaria que conocemos desde hace un par de meses, que me ha llenado de mucha alegría, tal como le respondí hace más de un mes, a mi amigo don Bernardo Gorgún, uno de los líderes o rabinos de la comunidad hebrea de Tegucigalpa. De tal suerte que esperamos que el proyecto sea apoyado por las autoridades israelitas, y que se haga realidad durante el próximo año 2019, por el bienestar lingüístico de unos doscientos milsefarditas aproximados que habitan en Tierra Santa, y por el enriquecimiento de la extensa comunidad de hispanoparlantes de todo el planeta. Es el deseo íntimo de un anodino directivo, actual, de laAcademia Hondureña de la Lengua, vice-director de la misma.

Aparte de lo anterior he leído algunos poemas en lengua sefardito-española, como el que lleva por título: “Yerushalayim, de oro sois”. Pues bien. Esta es la primera vez que desde 1993 escribo, abierta y prosaicamente, sobre mi visita a Tierra Santa. Ignoro las razones o motivos por los cuales había postergado estos relatos escritos. Aun cuando, verbalmente, lo había realizado entre algunos círculos de amigos. Cada día se vuelve indispensable recordar mis caminatas por todo el recorrido aceptado de la pasión de Jesús hacia “El Gólgota”, y hacia el bastante estudiado “Santo Sepulcro”, me refiero en términos arqueológicos. Mis andanzas por Nazaret, Caná, Tiberíades, Caphernaum, Migdala, los Montes de Golán, el río Jordán, Safed, Haifa, las proximidades métricas de Jericó y, por supuesto, Tel Aviv. Que conste, este sólo es el comienzo de un probable correlato físico y espiritual, que se puede adivinar en mi extenso poema “De Jericó, el relámpago”.

            Tegucigalpa, MDC, 18 de marzo del año 2018. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 25 de marzo de 2018, Pág. Seis).    

 

 

 

«Diccionario de símbolos», del Dr. Bruno Rosario Candelier

Por Juan Ventura

                       En el campo de la bibliografía nacional nadie había publicado un libro bajo el epígrafe de: Diccionario de símbolos[1]como el que hoy en día ponemos en circulación, de la autoría del Dr. Bruno Rosario Candelier. Es una obra con una ordenación alfabética.

Dicho libro viene a ser pionero en la República Dominicana y, por tanto, será una herramienta que no deberá de faltar en ninguna biblioteca, ya sea privada o pública.

El pasado 12 de octubre del año (2017), cumplió la Academia Dominicana de la Lengua noventa (90) años de su fundación y ninguno de sus miembros de número o correspondiente, se habían ocupado en la publicación de un libro de tal magnitud e importancia.

Nuevamente el Dr. Rosario Candelier pone de manifiesto sus enjundiosos y profundos conocimientos de la literatura dominicana a través de este valioso e importante libro.

El Dr. Bruno Rosario Candelier tiene muchos años trabajando en compañía de otros académicos en la preparación y publicación de diccionarios y de los códigos gramaticales y ortográficos de la lengua, como han sido en los siguientes: Diccionario panhispánico de dudas, Madrid, Real Academia Española, 2005; Diccionario del Estudiante, Madrid, Real Academia Española, 2005; Diccionario práctico del Estudiante, Madrid, Real Academia Española, 2007; Diccionario Didáctico Avanzado, Madrid, Grupo SM, 2009; Nueva gramática de la lengua española. Morfología. Sintaxis I y II; Nueva gramática de la lengua española. Fonética y fonología, Madrid, Real Academia Española/Asociación de Academias de la Lengua Española 2009; Ortografía de la lengua española, en 2010; Diccionario de Americanismos, Madrid, Real Academia Española, 2010; Diccionario de la Real Academia Española, 23 edición. 2013; Diccionario del español dominicano, Academia Dominicana de la Lengua, 2014; Diccionario fraseológico del español dominicano, Academia Dominicana de la Lengua, en 2016.

En su larga y fructífera trayectoria de más de cincuenta y dos años de vida literaria, se ha ocupado de estudiar a profundidad la vida y obra de los grandes y sobresalientes escritores y literatos dominicanos.

El Dr. Bruno Rosario Candelier ha expresado:

“Cada saber tiene su simbología. Y cada lengua tiene la suya. En la literatura dominicana hay un caudal de símbolos que este diccionario selecciona, describe y ejemplifica. En ese sentido, la simbología se clasifica según el área de su competencia. La simbología religiosa, por ejemplo, estudia los símbolos que intervienen en una creencia o práctica ritual o confesional. De igual manera, la simbología del folklore, de la culinaria o de otra vertiente de la idiosincrasia de un país se ocupa de los símbolos que representan dichos aspectos dentro de la vida social, histórica, lingüística, antropológica y cultural. La simbología de una cultura comprende el estudio de los símbolos que permiten reflejar su mentalidad cultural”.[2]

Este libro Diccionario de símbolos, del Dr. Bruno Rosario Candelier viene a llenar un gran vacío existente en el país en el campo bibliográfico nacional.

Son clásicos los libros: Diccionario de símbolos[3], del español Juan Eduardo Cirlot (1916—1973); Diccionario de los símbolos[4], de los franceses Jean Chevalier (1906—1993) y Alain Gheerbrant (1920—2013);  y otros tantos.

Su amplia y vasta obra, habla y responde, por el connotado filólogo, lingüista, ensayista, narrador, periodista, promotor cultural, filósofo, crítico literario, biógrafo, novelista, académico, profesor universitario y director de la Academia Dominicana de la Lengua.

Con más de 60 obras publicadas en su larga y fructífera trayectoria como escritor y promotor cultural, convirtiéndose en el humanista y hombre de letras más trascendente e importante de los últimos años en la República Dominicana. En el año 2015, celebró 50 años de vida literaria y 25 años del Movimiento Interiorista.

Su trabajo intelectual ha estado dedicado por completo a las letras, al magisterio y la promoción cultural. Ha sido un escritor disciplinado y formado como humanista extraordinario e intelectual de fuste. Ha hecho de él: “Ningún día sin una línea”. De ahí su éxito y consagración a las letras dominicanas.

Es el fundador del Movimiento Interiorista, en 1990[5] y Presidente del Ateneo Insular. El mismo ha tenido una difusión en el país y en el extranjero.[6]

Escribió su primer ensayo en el año 1965. Estudió latín, griego, inglés, francés e italiano.

Es el crítico dominicano más agudo y consagrado a las letras nacionales.[7] Siendo el escritor dominicano que más ha escrito sobre  literatura dominicana y ha resaltado la vida y obra de la gran mayoría de los escritores dominicanos.

El Dr. Bruno Rosario Candelier ha ayudado a formar a grandes escritores que tenemos en la actualidad.

El Dr. Bruno Rosario Candelier se ha convertido en el principal crítico literario e intelectual dominicano. En su trabajo intelectual se ha dedicado, con rigor y profesionalidad, al estudio de la lengua y el cultivo de las letras, y que le ha merecido el reconocimiento.

En dicha obra que hoy ponemos en circulación, el Dr. Rosario Candelier hace gala de sus profundos y amplios conocimientos lingüísticos y filológicos. En cada uno de los símbolos de entradas en dicho Diccionario aparece un texto o varios textos literarios de nuestros hombres de letras.

“En la fuente literaria—nos dice Rosario Candelier—abordamos la poesía, la narrativa, el teatro, la crítica y el ensayo”.

 

Acota el autor de dicho Diccionario de símbolos:

“Con las instrucciones lingüísticas y metodológicas precisas para las tareas propias de un glosario de símbolos, laboramos en la búsqueda y el expurgo de las obras literarias (textos periodísticos, obras literarias y el lenguaje de la oralidad) y algunas fuentes secundarias (como diccionarios). En todas las áreas del saber humano hay símbolos que son creados e interpretados por autores y lectores. Disciplinas como mitología, religión, derecho, historia, música, arquitectura, mística, periodismo, filosofía, astronomía, física, etc., tienen un caudal de símbolos. En todas las ramas del saber y en los diferentes ámbitos de los conocimientos se encuentra una simbología, y cada lengua, como cada cultura, tiene la suya. En la cultura dominicana hay variados símbolos, algunos de los cuales recoge este diccionario”[8].

Como es natural en obra de este tipo, se hizo acompañar de la colaboración de Rita Díaz Blanco y Ruth Ruiz.

En nuestro país no hay tradición en la publicación de diccionario de ese género. Es el primero que se publica.

El autor de dicha obra en la extensa y enjundiosa introducción que le hace, nos explica detalladamente la metodología empleada.

Como muy bien ha dicho el Dr. Bruno Rosario Candelier:

“La elaboración de un diccionario de simbología conlleva la reunión del entramado representativo propio del ámbito de referencia en su conjunto lingüístico, histórico, social y cultural. La riqueza de sentidos de los símbolos en la historia de la cultura es relevante, y una de las dimensiones fundamentales es su realización en el fuero de los textos escritos, en especial de los literarios, ya que una vertiente principal es la simbólica. En su diseño, este diccionario tiene una estructura enciclopédica”.[9]

El autor de dicho libro nos identifica “la entrada o palabra clave que facilita la búsqueda al lector, consignada como voz simbólica con letras mayúsculas y en negritas, aplica las pautas del siguiente decálogo: 1. Definición del significado literal o valor básico. 2. Descripción del valor metafórico. 3. Identificación del valor simbólico. 4. Clasificación del ámbito del saber (ling., med., rel., lit., folk., psic., fil., mit., met., mist., teol., ast., agr., dep., mus, arq., der., fis., hist., antr., etc.). 5. Los elementos clasificados van con abreviaturas en negritas. 6. Ejemplificación o ilustración literaria (con la cita textual de una obra). 7. Ejemplo de ilustración escrito entre comillas y citado en su fuente original. 8. La palabra clase de la cita se destaca con letras en negritas. 9. Si se ponenvarios ejemplos, se enumeran. 10. Sus variantes se consignan con números en negritas”.[10]

Debemos de felicitar al Dr. Bruno Rosario Candelier por la obra que ha escrito y que viene a llenar un gran vacío en la bibliografía nacional. ¡ENHORABUENA!

 


[1] Santo Domingo. Editora Amigo del Hogar, 2017, 518 págs. (Academia Dominicana de la Lengua y Fundación Guzmán Ariza Pro Academia Dominicana de la Lengua).

[2] Diccionario de símbolos. Santo Domingo, Editora Amigo del Hogar, 2017, página X).

[3]19 edición. España, Editorial Siruela, 2016, 520 págs.

[4] Sexta edición, Barcelona, España. Imprenta Tesys, Empresa Editorial Herder, S. A., 1999, 1107 págs.

[5] Fundado en Moca el 28 de julio de 1990. El mismo ha sido definido por su mentor y guía así: “Movimiento literario dominicano de finales del siglo XX que expresa la huella interna y mística de lo real en la conciencia expresada mediante el lenguaje de la intuición, las verdades poéticas, los valores trascendentes y la belleza sublime”. Y sigue diciendo Rosario Candelier: “Esa definición se funda en el hecho de que el Interiorismo expresa, mediante el concurso de los sentidos interiores, el impacto que lo real produce en la conciencia, canalizando la dimensión trascendente de las cosas, la revelación de intuiciones metafísicas y la promoción de valores permanentes”. (“Del Director de la Academia Dominicana de la Lengua para el Director de la RAE”, contenido en el libro: La fragua del sentido. La lengua en el desarrollo cultural. Santo Domingo, Editora Corripio, C. por A., 2009, p. 196.

[6] En las Antillas españolas (República Dominicana, Cuba y Puerto Rico); España (Madrid, San Lorenzo de El Escorial, Guadalajara, Toledo y Barcelona); Centroamérica (Hondura y El Salvador) y Suramérica (Perú y Argentina). Véase la obra de Bruno Rosario Candelier. La fragua del sentido. La lengua en el desarrollo cultural. Santo Domingo, Editora Corripio, C. por A., p. 196.

[7] Cabe también destacar a los críticos literarios dominicanos: Pedro Henríquez Ureña, Max Henríquez Ureña, Camila Henríquez Ureña, Antonio Fernández Spencer, Pedro René ContínAybar, Manuel Valldeperes, María Ugarte, Federico Henríquez Gratereaux, Diógenes Céspedes, Manuel Matos Moquete, Andrés L. Mateo, Odalís G. Pérez, Soledad Álvarez, Mariano Lebrón Saviñón, Jeannette Miller, Manuel Rueda, Juan José Jimenes Sabater (a) León David, Marcio Veloz Maggiolo, José Alcántara Almánzar, Joaquín Balaguer, Cándido Gerón, Alberto Baeza Flores, Manuel Núñez, Franklin Gutiérrez, Julio Jaime Julia Guzmán, José Enrique García, Manuel Mora Serrano, José Mármol, Héctor Incháustegui Cabral, Federico García Godoy, José Rafael Lantigua, Daisy Cocco de Filippis, Ramón Francisco, Pura Emeterio Rondón, Giovanni Di Pietro, Alex Ferreras, Josefina de la Cruz, Miguel Ángel Fornerin, Eugenio García Cuevas, Miguel D. Mena, Carlos Federico Pérez y Pérez, Guillermo Piña Contreras, Basilio Belliard, Andrés Blanco Díaz, Néstor Rodríguez, Plinio Chahín, Miguel Collado, Enriquillo Sánchez, Enrique Eusebio, Miguel Aníbal Perdomo, Olivier Batista, y otros tantos.

[8] Obra citada, pág. XII.

[9] (Ibim, pág. X).

[10] (obra citada, pág. XII).

Relectura al libro «Larga vida» de Manuel Matos Moquete

Por Gerardo Roa Ogando

No es posible captar todos los matices estéticos e ideológicos de una buena obra artística desde una primera y única lectura. Ese es nuestro caso con una de las novelas del translingüista y creador literario dominicano, Manuel Matos Moquete. Una segunda lectura nos ha hecho ampliar nuestra cosmovisión de su mundo, el cual es contado al revés en este libro.

En un artículo anterior, habíamos destacado el poder del signo verbal usado por dicho intelectual para reinventar la microcultura rural de la región Sur, República Dominicana. Habíamos afirmado que el campo semántico en “Larga vida” se cimenta en la construcción semiológica que expresa la portada, así como en el papel de los actantes, cuyas acciones y vivencias se relacionan con la eternidad.

En una segunda lectura de esta interesante novela, identificamos la ironía como hiperónimo que conjuga los hipónimos semiológicos y socioculturales de la novela. En esta ocasión, refutamos, en parte, nuestro propio artículo del 30 de diciembre de 2017 en Almomento.net, en el que sostuvimos que la eternidad era una constante en esta narración.

No es únicamente la longevidad la constante en la ficción sureña de Manuel Matos Moquete. Todo lo contrario, se trata de una ironía propia de un fino pensador iconoclasta de su estirpe. Los reflejos literales que en apariencia expresan una supuesta eternidad, lo que en realidad revelan es “la brevedad de la vida”, al estilo de Lucio Anneo Séneca.

El sarcasmo inicia justamente con el comienzo y el fin de los amores de Felito, el hijo del boticario, con Hiraida Ponciano. Es cierto que el amor que ella sentía por el novio de toda su vida era tan intenso que una hora en su ausencia significó toda una vida. Su acelerado amor fue tan inmenso que tan sólo en cinco días (para ella tal vez, diez décadas) se había casado con el agrónomo Olegario Valdez. Hidaida tenía muy poco tiempo que perder.

La ironía se traslada sutil y simultáneamente a los árboles que hospedaban a Vinicio  y a Felito, cerca del “El Palmar”. Siendo los árboles un símbolo de lo eterno, el que estos se marchitaran y no pudieran servir por más de tres o cuatro días de cobijo, expresa realmente esa finitud de la vida.

Aunque Vinicio tenía el doble de edad de Felito, su vida pudo ser mucho más breve de no haber asumido su trabajo como vendedor de la póliza “vida eterna”, lo que en realidad significaba vida efímera. Si Eljefe (como se escribe en la novela) hubiese descubierto, a través de su sistema de espías, que el supuesto empleo constituía una excusa para no pasar el tiempo en el parque municipal de “Vuelta Grande”, su vida, en vez de corta, se iba a convertir en una eternidad en la cárcel.

Esa es la misma finitud que termina con la existencia del poeta del pueblo. Bastó con identificar ciertos rasgos femeninos en Eljefe, y dramatizarlo públicamente, para que la gente se inventara todas las calumnias contra él, hasta quitarle la vida.

La ideología del poder es muy patente en el hecho de que los habitantes ligados al partido le tenían tanta lealtad al tirano, que no toleraban que nadie insinuara nada que no estuviera afín con sus intereses. Sin dudas, su cosmovisión giraba en torno al sistema de ideas del déspota. Los sustratos ideológicos asociados a la mitología se evidencian en los falsos nombres que las personas daban a sus hijos para evitar probablemente el maldeojos. Estos detalles constituyen elementos a partir de los cuales se monta la brevedad disfrazada de larga vida.

La brevedad es tan patente en esta novela que ni siquiera el censo pudo concluir eficazmente, ya que las personas del campo tenían muy poco tiempo para morir. Pasaban de más de ochenta años. Todos percibían el poco tiempo que les esperaba. En ese mismo lugar, la brevedad se evidencia en el momento en el que aquel joven campesino pretendía satisfacerse sexualmente. Los transeúntes le acortaron el tiempo.

La brevedad de la vida es la constante opuesta a la eternidad. Esta oposición se presenta hasta el final, puesto que el lector queda con el deseo de seguir leyendo, de volver sobre ella una y otra vez. Este detalle es notable en un artista del verbo, quien en breves instantes expresa tantos datos de la tradición cultural dominicana, sin ser este su fin primario.

Con esta segunda lectura es posible comprender cómo la vida misma es tan breve que no permite el desarrollo de todas las facultades del pensamiento. Los seres humanos perecemos sin haber desarrollado, tal vez, los mayores y mejores proyectos de la vida. Esa es la denuncia implícita que según infiero, contiene esta novela de Manuel Matos Moquete, la cual invito, una vez más, a su lectura.

Por supuesto, la narrativa de Manuel Matos Moquete no se limita a “Larga Vida”. Sus títulos cuentan alrededor de treinta producciones que a mi juicio no han sido explotadas de forma crítica por parte de los lectores nacionales. No estoy tan seguro de que los cineastas, guionistas y críticos literarios hayan hurgado en su pluma.

Aunque los textos de este autor son conocidos en la diáspora estadounidense y latinoamericana, sus obras merecen una mayor y mejor atención por parte de los gestores culturales nacionales, que les permitan colocarlos en el lugar que merecen, sin importar la antítesis, longevidad-brevedad, que matiza esta interesante novela.

 

Larga vida en la narrativa sureña de Manuel Matos Moquete

Por Gerardo Roa Ogando

Manuel Matos Moquete es un intelectual dominicano de una erudición auténtica. Su prosa es iconoclasta, sin renunciar al acervo cultural heredado de sus largos años de lectura en Cuba y en Francia. De su maestro Henri Meschonnic aprendió “la poética” como método de análisis del discurso, pero nunca lo he oído repetirla, sino para construir una crítica plural que le ha permitido hallar su propia definición como investigador de las humanidades y como creador literario.

Como lingüista y semiólogo, Matos Moquete es (junto a Diógenes Céspedes y Manuel Núñez, etcétera, pero con su marca distintiva y distintiva) quien mejor conoce y explica las teorías del signo lingüístico, en versión de sus más genuinos autores, entre quienes cuentan Ferdinand de Saussure y Charles Sanders Pierce, etcétera.

Como literato y narrador despliega un dominio sobresaliente de las teorías literarias universales y es, además, un genuino creador de mundos semánticos que se entrecruzan en las mentes de los lectores transportándolos a través de los vagones del extenso acervo cultural que exhibe mediante su pluma. En esta ocasión me centraré en sólo una de su extensa producción literaria.

La novela[1] “Larga vida” es la narrativa sureña de Manuel Matos Moquete que a mi juicio retrata con mayor propiedad la subcultura del Sur dominicano de alrededor de la década de los años sesenta. Desde los juegos de gallo, las dramatizaciones juveniles, hasta la zoofilia de los muchachos que se estrenaban con asnas, marranas y aves son recreadas sutilmente y con auténtica sublimidad a lo largo de sus ciento ochenta y cuatro páginas.

El detonante es un censo ordenado por Eljefe[2] para determinar la cantidad de habitantes de Vuelta Grande, una ciudad imaginaria del sur dominicano. El mundo semántico que Manuel Matos Moquete construye en esta novela inicia en la portada, desde donde es posible observar el símbolo más representativo de la longevidad, un árbol que alberga bajo su sombra a Felito y a Vinicio, personajes principales de la obra.

Al escuchar las conversaciones entre estos dos personajes ficticios imaginamos todo el tiempo que ha transcurrido desde que Felito abandona a su novia Hiraida Ponciano para dedicarse de lleno al censo, y desde que Vinicio decidió suscribirse a la venta de la aseguradora “Vida eterna” para guardar distancia entre las actividades relacionadas al poder. Sin dudas Vinicio es otro símbolo de vida eterna, ya que es dos veces mayor que Felito y, por lo tanto, es mejor conocedor de la vida, ya no es un imberbe soñador.

Sin embargo, al final de la narración es posible comprender la manera en que aquellos antagónicos cinco días que duró Felino en el bosque censando fueron una larga vida para su exnovia, quien decidió cambiar el amor de toda su existencia por el agrónomo Olegario Valdez, quien representaba una vida más larga y placentera, no sólo para ella, sino también para toda su familia.

El mundo semántico en torno a “Larga vida” que Matos Moquete recrea se solidifica en Vuelta Grande, lugar rural en la que las personas son antiguas, todas tienen un nombre falso y nadie sabe quién fue don Cheché, el lugareño más viejo del paraje. Asimismo, es notoria la relación entre los árboles centenarios que se describen en el lugar con el título de la obra.

Al finalizar la lectura se siente una sensación de continuidad, de larga vida, estrategia discursiva con la que el autor igualmente transmite la noción de vida eterna que lo acompaña en todas las páginas de esta interesante novela. Si el lector de estas líneas desea saber cómo se construye la vida eterna, lo invito a leer esta y otras obras de este audaz autor dominicano, Manuel Matos Moquete.

Ese deseo de vivir eternamente al estilo cuasi religioso que Manuel Matos Moquete exhibe, parece ser resultado de sus años mozos, aquellos en los que participó activamente con los grupos de una izquierda que se desplazaba movida por la ideología marxista de igualdad y libertad, a través de la cual se intentaba instaurar un nuevo orden mundial en el que las personas viviríamos en paz y tranquilidad, aunque sin vida eterna.

Filiación institucional del autor:

El autor es lingüista es investigador adjunto al Instituto de Lengua y Literatura de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Desde el año 2014 hasta el presente coordina la Cátedra de Lingüística en la Escuela de Letras de dicha universidad y, en la PUCMM, es profesor de la asignatura “Nuevos enfoques en el Análisis Crítico del Discurso” del programa doctoral de Español: lingüística y literatura. Es autor de los siguientes libros académicos: Redacción, estrategias para el análisis y la producción de discursos académicos (2011); Lingüística cosmológica, una introducción a los estudios complejos del lenguaje (2013); La taxonomía del discurso, aspectos de la teoría lingüística (2016); Estrategias para el desarrollo de la competencia morfosintáctica (2016).

[1] Matos Moquete, Manuel (2010) “Larga vida”. Novela. Publicaciones Matos Moquete. Santo Domingo, RD. 184 páginas.

[2] Aparentemente, se trata de una sustantivación creada por el autor para referirse a Rafael Leónidas Trujillo.

Informe lexicográfico de la ADL a la Real Academia Española

(Primer informe: abril de 2018)

 Enmiendas y adiciones a la

23ª. edición del DLE

 

Este informe lexicográfico de la Academia Dominicana de la Lengua a la Real Academia Española tiene sugerencias, enmiendas y adiciones al bloque de propuestas  del Diccionario de la lengua española, que hemos realizado con la colaboración de Roberto Guzmán, María José Rincón, Rita Díaz Blanco y Bruno Rosario Candelier.

 

DLE                                                                               PROPUESTAS

 

abrumarse.prnl. Dicho de la atmósfera: Llenarse de bruma. abrumarse. [Adición de acepción]. 1 bis. Agobiarse y angustiarse.

 

burguesía.… f. 1. En la Edad Media, clase social formada especialmente por comerciantes, artesanos libres y personas que no estaban sometidas a los señores feudales. ‖ 2. Grupo social constituido por personas de la clase media acomodada. pequeña ~.f. Clase social intermedia entre la burguesía y el proletariado.

 

burguesía. … ‖ pequeña ~.f.[Enmienda de acepción de forma compleja]. Parte de la burguesía que por sus recursos limitados vive modestamente.

 

 

 

 

adlímina.[Adición de artículo]. loc. adj. Dicho de la visita oficial de un obispo al Vaticano: Que se produce periódicamente para cumplimentar la invitación del papa y exponerle la situación de su diócesis.

 

 

arrurú.[Adición de artículo]. m. 1. Col.arrullo (‖ sonido monótono y cantar). ● interj. 2. C. Rica,Cuba, Hond y R. Dom.arrorró.

 

 

(Segundo informe, abril de 2018)

 

DEL                                                                               PROPUESTAS

especialidad.… f. 1. Cualidad de especial. ‖ 2. Confección o producto en cuya preparación sobresalen una persona, un establecimiento, una región, etc. ‖ 3. Rama de una ciencia, arte o actividad, cuyo objeto es una parte limitada de ellas, sobre la cual poseen saberes o habilidades muy precisos quienes la cultivan. ‖ 4. Medicamento preparado en un laboratorio y autorizado oficialmente para ser despachado en las farmacias con un nombre comercial y registrado.

 

Especialidad. … ‖ 5.[Adición de acepción]. Rama de una ciencia, arte o actividad en cuyo centro se cultivan y ofrecen servicios sobre saberes o habilidades de expertos en sus respectivos ramos. La internaron en el Centro de Especialidades Médicas.

 

antropología. … f. 1. Estudio de la realidad humana. ‖ 2. Ciencia que trata de los aspectos biológicos y sociales del hombre.

 

antropología. … ‖ 2. [Enmienda de acepción]. Ciencia que estudia los aspectos biológicos, sociales y culturales del ser humano.

 

civilista.adj. 1. Dicho de un abogado: Que preferentemente defiende asuntos civiles. ● m. y f. 2. Persona que profesa el derecho civil, o tiene en él especiales conocimientos.

 

civilista. … ●m. y f. 3. [Adición de acepción]. R. Dom. Persona que profesa y promueve los principios cívicos de la vida urbana en sociedad. Eugenio María de Hostos era un civilista a carta cabal.

 

doctor, ra. … m. y f. 1. Persona que ha recibido el más alto grado académico universitario. ‖ 2. Título particular que da la Iglesia católica a algunos santos en atención al especial valor de la doctrina de sus escritos. ‖ 3. coloq. Médico, aunque no tenga el grado académico de doctor. ○ f. 4. coloq. p. us. Mujer del doctor. ‖ 5. coloq. p. us. Mujer del médico. ‖ 6. coloq. desus. Mujer que blasona de sabia y entendida. ■…

 

doctor, ra. … ‖ 7. [Adición de acepción]. Sabio o entendido en asuntos complejos y profundos. Como dice el dicho popular, doctores tiene la Iglesia.

 

indigenista.adj. 1. Perteneciente o relativo al indigenismo. ● m. y f. 2. Persona partidaria del indigenismo. ‖ 3. Especialista en la lengua y la cultura de los pueblos indios de Iberoamérica.

 

indigenista. … ‖ 3.[Enmienda de acepción]. Especialista en la lengua y la cultura de los pueblos indígenas de Iberoamérica.

 

indigenista. … ‖ 3.[Enmienda de acepción]. Especialista en la lengua y la cultura de los pueblos aborígenes de Iberoamérica.

 

metafísico, ca. … ● m. y f. 3. Persona que profesa la metafísica. ○ f. 4. Parte de la filosofía que trata del ser en cuanto tal, y de sus propiedades, principios y causas primeras. ‖ 5. Modo de discurrir con demasiada sutileza en cualquier materia. ‖ 6. Cosa que se discurre con demasiada sutileza. ➤imposibilidad ~.

 

metafísico, ca. … ●m. y f. 3.[Enmienda de acepción]. Especialista en metafísica.

 

 

metafísico, ca. … ●m. y f. 7.[Adición de acepción]. Disciplina filosófica que indaga el sentido de fenómenos, cosas y ocurrencias.

 

 

subnormal. adj. Dicho de una persona: Que tiene una capacidad intelectual notablemente inferior a la normal. U. t. c. s.

 

subnormal. adj. [Enmienda de acepción]. Persona con una capacidad intelectual inferior a la normal. U. t. c. s. U. t. c. insulto.

 

 

libre. (… ♦ Sup. irreg. libérrimo). adj. 1. Que tiene facultad para obrar o no obrar. ‖ 2. Que no es esclavo. ‖ 3. Que no está preso. ‖ 4. Licencioso, insubordinado. ‖ 5. Atrevido, desenfrenado. Es muy libre en hablar.6. Disoluto, torpe, deshonesto. ‖ 7. Suelto, no sujeto. ‖ 8. Dicho de un sitio o de un edificio: Que está solo y aislado y que no tiene casa contigua. ‖ 9. Exento, privilegiado, dispensado. Estoy libre del voto.10. soltero.11. Independiente o no sujeto a una autoridad superior. ‖ 12. Desembarazado o exento de un daño o peligro. Renta libre de penas, de cuidados.13. Que tiene esfuerzo y ánimo para hablar lo que conviene a su estado u oficio. ‖ 14. Dicho de un sentido o de una parte del cuerpo: Que tiene expedito el ejercicio de sus funciones. Tiene la voz libre.15. inocente (‖ libre de culpa). ‖ 16. Dicho de un tiempo: Que tiene alguien al margen de sus ocupaciones habituales. ‖ 17. Dicho de un espacio o de un lugar: No ocupado. ‖ 18. Gram. Dicho de una unidad lingüística: Que puede presentarse de forma aislada en la oración.

 

libre. … adj. 19. [Adición de forma compleja]. verso~ .m.Ret. Dicho de un renglón en la versificación irregular: línea formada por una o más palabras que no se somete al ordenamiento silábico de la estrofa.

 

teléfono. … m. 1. Conjunto de aparatos e hilos conductores con los cuales se transmite a distancia la palabra y toda clase de sonidos por la acción de la electricidad. ‖ 2. Aparato para hablar por teléfono.3. Número que se asigna a cada teléfono. ■…

 

teléfono. … [Adición de forma compleja]. ‖ ~ fijo. m. teléfono que se conecta a una red telefónica mediante cable.

 

teléfono. … [Adición de forma compleja]. ‖~ inteligente. m. teléfono celular con pantalla táctil y con múltiples prestaciones o aplicaciones.

 

 

 

empoderar1. … tr. desus. apoderar. Era u. t. c. prnl.

 

empoderar1. [Enmienda de artículo]. empoderar. … tr. 1. Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido. U. t. c. prnl. ‖ 2. Dar a alguien autoridad, influencia o conocimiento para hacer algo. U. t. c. prnl. ‖ 3. desus. apoderar. Era u. t. c. prnl.

 

empoderar1. [Adición de acepción]. empoderar. … tr. 3. Adquirir un individuo o un grupo la determinación de actuar con responsabilidad para conseguir determinados fines. U. t. c. prnl.

 

larimar. f. [Adición de artículo]. (acrón de Larissa y mar). R. Dom. Piedra semipreciosa, de aspecto vítreo, generalmente azul moteado de blanco, muy útil en joyería, que aparece en la costa sur de la República Dominicana.

 

de vida alegre. … [Adición de forma compleja]. ‖ mujer ~ f. m.Alude a la mujer que lleva una vida sexual promiscua o dedicada al ejercicio de la prostitución. “Es la historia de varios amigos que planean una fiesta con dos señoritas “de vida alegre”.

 

asquilloso, sa.[Adición de artículo]. adj.desus. Propenso a sentir asco. U. en R. Dom.[1]

 

metisaca. f. Taurom.Estocada imperfecta, en la cual el diestro clava el estoque en la res y lo saca rápidamente sin soltarlo, por considerar imperfecto el golpe.

 

metisaca.[Enmienda de acepción]. m. Taurom.Estocada imperfecta, en la cual el diestro clava el estoque en la res y lo saca rápidamente sin soltarlo.[2]

 

 

selfi.[Adición de artículo]. … m. o f. Fotografía de una o más personas hecha por una de ellas generalmente con un teléfono inteligente y para compartirla. U. t. c. f.

 

autofoto.[Adición de artículo]. … f. Fotografía de una persona hecha por ella misma.[3]

 

[1]Estas dos definiciones no harían sinónimos los términos selfiy autofoto, por lo que no podríamos recurrir a autofoto para evitar el anglicismo selfi.

 

profesar.… r. 1. Tener o mostrar un sentimiento o una actitud hacia alguien o algo. Le profesan cariño, admiración.2. Defender o seguir una idea o una doctrina. Profesan su fe abiertamente.3. cult. Ejercer una profesión o un oficio. Profesaba la medicina en una aldea.4. cult. Enseñar una ciencia o un arte. Profesaba cánones en la universidad.○ intr. 5. Dicho de un novicio: Comprometerse a cumplir los votos propios de la orden religiosa en que ingresó. ‖6. Ingresar en una orden religiosa.

 

profesar.… ‖ 5.[Enmienda de acepción]. [Pasa a 6 bis].Dicho de un novicio: Comprometerse a cumplir los votos propios de una orden religiosa.

 

filología.… f. 1. Ciencia que estudia una cultura tal como se manifiesta en su lengua y en su literatura, principalmente a través de los textos escritos. ‖2. Técnica que se aplica a los textos para reconstruirlos, fijarlos e interpretarlos. ‖3. lingüística. filología. … f.1. [Enmienda de acepción]. Ciencia que estudia las culturas tal como se manifiestan en su lengua y en su literatura, principalmente a través de los textos escritos.[4]

 

 aburguesarse. [Enmienda de artículo]. aburguesar. tr. 1. Hacer que alguien adquiera cualidades de burgués (‖ persona que tiende a la estabilidad económica y social). Las comodidades aburguesan al trabajador. U. t. c. intr. La buena vida aburguesa. ○ prnl.  2. Adquirir cualidades de burgués (‖ persona que tiende a la estabilidad económica y social). A cierta edad nos aburguesamos todos.

Observación: Hay también un aburguesamiento que se hace como crítica.

baipasear. [Adición de artículo]. … tr. 1. coloq. Arg., Chile, Ec., Ur. y Ven. Evitar o sortear algo o a alguien, especialmente por considerarlo un obstáculo o una molestia. ‖ 2. coloq. Chile, Nic., Ur. y Ven. Saltarse la persona, la instancia, etc., correspondiente y acudir a otra obviando el orden jerárquico o lógico. U. t. c. prnl.

¿Podría encontrarse un verbo más apropiado que saltarse? El uso en esta acepción pertenece al registro coloquial.

escrache. [Adición de artículo]. m. Manifestación popular de protesta contra una persona, generalmente del ámbito de la política o de la administración, que se realiza frente a su domicilio o en algún lugar público al que deba concurrir.

Sugerimos añadir esta, para que sea más preciso:  al que esta deba concurrir.

meme. [Adición de artículo]. … m. 1. Rasgo cultural o de conducta que se transmite por imitación de persona a persona o de generación en generación. ‖ 2. Imagen, video o texto, por lo general distorsionado con fines caricaturescos, que se difunde principalmente a través internet.

¿A través de internet?

milígramo. [Adición de artículo]. m. Chile. miligramo. RD

¿Qué significa este RD al final? Si es República Dominicana, debe colocarse junto a Chile.

motoniveladora. [Adición de artículo]. f. Constr. Máquina autopropulsada que sirve para nivelar un terreno.

En la actualidad sirven no solo para nivelar.

sororidad. [Adición de artículo]. f. 1. Amistad o afecto entre mujeres. ‖ 2. Relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento. ‖ 3. En los Estados Unidos de América, residencia estudiantil femenina.

Si ha de mencionarse esa acepción en los EE. UU, debe añadirse la asociación de mujeres estudiantes.

viagra. [Adición de artículo]. … m. o f. Medicamento utilizado para el tratamiento de la disfunción eréctil masculina. ¿Marca de fábrica?

Viagra es marca de fábrica; por tanto, recomendamos suprimir dicho artículo.


[1]No tengo documentado este uso en la República Dominicana.

[2]Mi propuesta para esta enmienda de acepción: ‘Estocada en la cual el diestro clava el estoque en la res y lo saca rápidamente sin soltarlo por considerarla imperfecta’.

[3]Estas dos definiciones no harían sinónimos los términos selfiy autofoto, por lo que no podríamos recurrir a autofoto para evitar el anglicismo selfi.

[4]Corregir concordancia «se manifiestan».

La Santa Cena según la visión de Reynolds Jossef Pérez Stefan

Por Bruno Rosario Candelier

 

“La Santa Cena fue un punto de reunión en el aposento alto, donde Jesús convidó (latín invitare) a compartir a su alrededor su más fieles colaboradores o discípulos, justamente tenía que celebrarse bajo la centralidad del Yahweh manifiesto por medio del Espíritu Santo, derramado ricamente con inyección de poder y consolación para quien le esperaba el Calvario. También se celebró esta ceremonia final bajo los principios fundamentales de la Sagrada Escritura contenida en la Torá, que se leyó esa noche y además bajo la centralidad universal y planetaria de la ciudad eterna de Jerusalén” (Reynolds Jossef Pérez Stefan, La Santa Cena, 182).

Desde el fuero de la espiritualidad teológica, Reynolds Jossef Pérez Stefan, acrisolado intelectual vegano conocido en su comunidad como Jochy Pérez, ha dado a la estampa una nueva cosecha de sus fructíferos estudios sobre nuestra cultura, plasmada a la luz de su formación teológica, su visión religiosa y su vocación espiritual. Se trata de la obra de ensayo La Santa Cena de Nuestro Señor Jesucristo (1), amplio texto de ponderada reflexión histórica, teológica y religiosa sobre uno de los acontecimientos medulares del Cristianismo, como fue la Última Cena de Jesús de Nazaret, celebrada en la noche del jueves previo al día de su crucifixión.

Esta nueva y valiosa obra de Reynolds Jossef Pérez Stefan confirma el activismo cultural que la actual generación de intelectuales veganos está propiciando para recuperar el prestigio que en el pasado escritores y artistas veganos dieran lustre y esplendor a la sociedad de La Vega.

Aunque tiene mucho de inspiración, esta obra de investigación es fruto del estudio y la reflexión de varios años de trabajo intelectual del galeno vegano. Su autor siempre ha tenido inclinación por las cosas de Dios y, para la materialización de esta obra, dedicó varios años a la lectura y la investigación de ensayos y publicaciones relacionados con la Última Cena, uno de los grandes episodios que protagonizara el Hijo del Hombre en su paso por la tierra por la significación teológica y mística de ese ágape sagrado.

Al nacer no solo recibimos vida y conciencia, sino capacidad de pensar, talento para intuir y don para crear con la preciosa dotación del Logos que nos distingue de plantas y bestias. Supongo que El código da Vinci, de Dan Brown, debió ser una fuente de motivación para Jochy Pérez. Obviamente, es asaz complejo estudiar y analizar una cultura tan antigua y un tema tan secreto con una trascendencia relevante y profunda en el orden espiritual, religioso y teológico, pues al tratar aspectos de esta naturaleza hay que evitar generalizaciones vagas, consideraciones supuestas o invenciones de la fantasía. Ya sabemos que la ciencia, la teología y la mística se auxilian recíprocamente y que cada una necesita de las otras para abordar temas y aspectos vinculados con el conocimiento profundo, libre de la especulación metafísica o de un compromiso confesional. Una cosa es la fe del cristiano, diferente de la fe científica, por lo cual en el texto bíblico se dice que “bendito aquel que cree sin ver”. Desde luego, hay claves sobre teología bíblica, el pensamiento cristiano y la teología patrística, que nos impiden, como lo entendiera Reynolds Jossef cuando se dispuso a investigar para darle forma y sustancia a esta obra que tiene abundantes huellas del conocimiento histórico, lingüístico y literario de la sabiduría humana.

La investigación científica implica una serie de condiciones para adentrarse en el estudio de un tema como el de la Santa Cena, sobre todo cuando se vinculan actitudes espirituales de creencia, de fe y de honda espiritualidad para redactar una obra que podrían leer personas que requieren determinada demostración, como sucediera con santo Tomás, que tuvo que tocar para creer.

Esta obra de Reynolds Joseef Pérez Stefan no es una novela, aunque pudo haber sido una obra de ficción porque podría ocurrir que alguna vez su prestante autor se anime a usar sus conocimientos científicos, bíblicos, teológicos, lingüísticos y literarios para articular una narración con la sustancia para una novela y no un libro de ensayo, como es este estudio sobre la Santa Cena, obra que presenta en la portada el cuadro de Leonardo da Vinci sobre la Última Cena y, en la contraportada, la creación de un artesano vegano hecha con hojas de plátanos sobre el mismo tema.

En la página 19 de esta obra leemos la motivación que concitó la vocación creadora de Reynolds Jossef Pérez Stefan: “Después de pedirle a Dios este rayo de luz tan poderoso como el que cegó temporalmente al apóstol Pablo y si a Él le place en su gracia y benevolencia otorgarla a un mortal lleno de limitaciones, imperfecciones y debilidades humanas -solo me queda arrodillarme con la mayor reverencia- para luego humillarme en actitud de adoración para tributarle gratitud y toda la honra del Universo”. Eso significa que el autor estaba consciente de la tremenda empresa literaria en la que se embarcaba. Es decir, tuvo la suficiente humildad intelectual, lo que se infiere al pedirle a la Divinidad esa iluminación. Cuando hice ese comentario, en el conversatorio que organicé con la presencia del autor y el suscrito en una reunión con los poetas interioristas del Ateneo Insular en el Santo Cerro, Hochy Pérez expresó: “Sí, porque muchas veces cuando escribimos, aunque sea con buena intención, si eso no es agradable a Dios, en vez de educar desde el punto de vista teológico a la gente, podemos deformar y llevarle conceptos teológicos que no son agradables al Señor” (2).

En otro pasaje de esta grandiosa obra, leemos lo siguiente: “La Santa Cena no fue una invitación de Jesucristo a sus discípulos simplemente para compartir alimentos un jueves en horas de la noche, en un aposento alto de una casa elegida de último minuto en Jerusalén, ni tan solo fue para llenarles sus vientres de alimentos y bebidas; no era un bacanal (latín bacchanalis) romano; ya que fue más importante la llenura del espíritu y del alma, que la del cuerpo. Esta es una tricotomía, que es una posición o enfoque teológico que describe la naturaleza y estructura del ser humano como espíritu, alma y cuerpo. Este principio se fundamenta en la Biblia en el libro de Hebreos 4:12 y 1Tesal. 5:23” (3).

Es decir, el estudioso bíblico hace aquí el planteamiento de que ese glorioso ágape no tuvo como objetivo fundamental el mero hecho de comer, sino que tuvo una motivación de mayor trascendencia. La fiesta de pascua era muy diferente a la que en nuestro tiempo celebramos en Navidad, advierte el autor. Esa fiesta celebraba la salida del pueblo judío de Egipto y entonces era una cena suculenta, que se celebraba el 14 del mes del Nisán, un mes del calendario judío que está entre marzo y abril. Entonces esa cena, en la interpretación de Jochy Pérez, era de alta significación, porque para entonces se hacía turismo religioso: “Si usted era un judío que vivía en Macedonia o en Asiria, dos o tres meses antes la gente emigraba para Jerusalén en esa fecha a juntarse con sus familiares. Entonces la cena era un recordatorio de la salida del pueblo judío de su esclavitud en Egipto, que llaman Pésaj”. Para el pueblo judío, explica el autor de esta enjundiosa obra, “su padre de la patria era Dios, y no hubo que coger una espada para lograr independencia, y vemos el fenómeno de Duarte en Dominicana, de José Martí en Cuba, de Simón Bolívar en Latinoamérica, donde quiera hubo sangre y supimos encontrar los esqueletos de ellos, porque tenemos un panteón, pero el esqueleto de Jesús está resucitado. El único pueblo que tiene un padre de la patria, un Dios que lo libertó, que lo sacó de la esclavitud, que lo llevó al desierto por cuatro siglos, que lo purificó en la sequedad del desierto para mejorarlo en una molienda. Si usted recorre, por ejemplo, el desierto de Sinaí en un camello, usted lo pasa en un mes o en mes y medio; sin embargo, ellos nunca encontraron la salida porque estaban en una especie de molienda espiritual y pasaron 40 años dando vuelta en el desierto y Dios les proveía. Dios se convirtió en panadero, porque Dios les daba el maná y también les daba codornices y se los daba justamente para el alimento de ese día, no para el otro día porque si lo guardaban cogían gusano, para que creyeran en ese Dios, que era un Dios suplidor”, nos dijo el autor de la obra en un interesante conversatorio con el suscrito celebrado en Santo Cerro (4).

La raza judía, poseedora de la más alta inteligencia entre los humanos, fue la elegida por Jesús para habitar entre nosotros. En tiempos del divino Maestro de Galilea se hablaba hebreo, latín, arameo y griego, como se pudo apreciar en la película La pasión de Cristo, que muestra el uso de esas lenguas antiguas en diversas escenas del mártir del Gólgota. Se entiende que el arameo era la lengua que hablaba Jesús.

Hay algunas personas que no están de acuerdo con la existencia histórica de Jesús, pero no tienen fundamento para negar su existencia, como tampoco lo tienen quienes niegan su Divinidad o, peor aún, quienes niegan la existencia de Dios. En este tiempo de la vigencia de la ciencia de la física cuántica el ateísmo no se justifica. Quienes creemos en Dios, admitimos que Dios es el Padre de la Creación y, en tal virtud, aceptamos que domina todas las cosas y que todo cuando existe es una emanación de la fuente primordial de lo viviente.

En su libro, como en el testimonio de su vida, Reynolds Jossef simple y llanamente confirma la grandeza de Dios, hecho del que hay múltiples manifestaciones en la historia de la salvación humana, y en esta misma obra del escritor vegano, como el fenómeno del mar rojo cuando se abrió según el relato bíblico, que la energía divina permitió que se abriera cuando pasaron los judíos y se cerrara cuando llegaban los egipcios, hecho que puede interpretarse como un milagro. Y el milagro no es sino una súbita alteración de las leyes de la naturaleza.

En la página 56 hay una información donde nuestro acucioso investigador sostiene que los discípulos de Jesús, excepto Juan el discípulo amado del divino Maestro, tuvieron una muerte trágica. Todos los apóstoles murieron trágicamente. ¿A qué atribuye Pérez Stefan esa circunstancia a favor de Juan? Su opinión es la siguiente: “No tengo una respuesta. Sé que todos murieron trágicamente: ahorcados, etc. La verdad es que Juan es el más joven de todos ellos y el que más años duró, y Jesús tuvo una actitud paternal hacia él. Fíjense que en esa época cuando el hombre se casaba les llevaba muchos años a las mujeres. Cuando a Jesús lo crucifican, según se puede constatar en diversas películas, especialmente en La pasión de Cristo, que la Iglesia Católica validara como real, ustedes no ven la figura de José acompañando a María, viendo a su hijo morir en la cruz, porque José había muerto para esa época. Entonces Juan cuida a María hasta su muerte, y de ahí en adelante no se sabe lo que pasó, pero él no murió trágicamente. Juan era un muchacho que siempre estaba muy cerca de Jesús y la virgen María, y por ser tan joven la gente no lo reconocía como uno de los apóstoles” (5).

En esta obra de investigación histórica y bíblica, Pérez Stefan explica en un glosario final algunos vocablos especializados, que define y describe muy bien, y es oportuna esa faceta lexicográfica de nuestro autor porque un trabajo de este tipo implica el uso de voces especializadas, palabras técnicas, expresiones arcaicas propias de disciplinas como la teología, los estudios bíblicos y la vida de Jesús. Veamos un ejemplo al respecto: “No quiero cerrar este capítulo sin antes hacer un análisis histórico, teológico y evolutivo del verdadero significado de la palabra Dios. La misma procede del latín “Deus”, sin más, constituyendo una excepción de palabra que procede de un nominativo y no de un acusativo, como es habitual, debido a que a Dios se le invocaba con el nominativo. Esta etimología está tan extensamente probada por todos los escritos latinos tardíos y protorromances medievales, que es increíble defender otras posibilidades. Cualquier otra cosa es un puro invento. El latín “deus”, no procede en absoluto del griego Zeus. Lo único que sucede es que ambas palabras derivan de una raíz indoeuropea común dyeu-/dyu, que significa “luz diurna”, variante de la raíz indoeuropea deilw– (brillo, luz). y en efecto la palabra latina “deus”, así como la variante “divus” (que están ambas en la base de nuestro término “Dios”), que significan “ser de luz”, pues así era entendido los dioses en los orígenes, como seres hechos de la materia de luz y nimbados de ella. Lo que sucede es que el nombre Zeus (Dyeus) tiene el mismo origen indoeuropeo. Este origen, también está en la base del nombre Júpiter (en genitivo “lovis”, procedente deDyeuis”), solo que en el nominativo se le invocaba como padre (en indoeuropeo pitar/piter), así Dyu=piter” (6).

Una obra de esta naturaleza, primera en su género escrita por un dominicano, implica realizar estudios de teología, geografía y lingüística, y sin duda el autor tuvo que investigar, entre otros aspectos, cuáles eran las monedas que existían en esa época, porque se hablaba de que a Jesús lo vendieron por unas monedas de plata; y cuáles eran las diversas etnias y culturas concurrentes en Judea en tiempos de Jesús, así como las implicaciones políticas bajo el dominio del Imperio Romano. Por ejemplo, el denarius, de donde procede el vocablo español “dinero”, era la moneda romana de esa época, pero había también una moneda judía, que tenía cierto valor pero la imposición imperial la subyugó en ese momento. El concepto judío puede entenderse como una raza o como una religión. Cuando Abraham salió de la tierra de Ur y se fue a la tierra que Dios le había prometido, en esa época fueron a la tierra de Canaán, y Abraham venía de una tierra de la paganidad, de muchos dioses, a una tierra donde iban a tener un Dios único. Como bien explica Jochy Pérez en este edificante libro, en la antigüedad bíblica había pueblos que adoraban dioses diversos y muchas cosas paganas, dioses hechos de barro. El papá de Abraham, por ejemplo, tenía una tienda de ídolos y un día se fue y dejó a su hijo encargado para que cuidara esa tienda, y cuando retornó, encontró todos los ídolos rotos y el padre le llamó la atención y Abraham le dijo: “Papá, fue que ellos se pelearon entre sí y se destruyeron”; y le dice el papá a Abraham: “Pero si esos tienen ojos y no ven, tienen boca y no hablan, tienen oídos y no oyen, tienen manos y no se articulan ni mueven sus piernas”. Entonces le dice Abraham: “Eso quería yo que tú supieras papá. Estás construyendo dioses paganos”. Entonces los rompió con un palo.

El afortunado autor de esta obra, quegoza de ascendencia judía, procede de una familia nacida en la cercanía de Belén y, por consiguiente, lleva en su sangre genes de ese privilegiado pueblo que convivió con Jesús. Belén es un vocablo judío y sus habitantes originales eran también judíos, como lo fue Jesús. De hecho, el antiguo templo de los judíos, que denominan sinagoga, era visitado por Jesús, quien discutía con los letrados de la Torá. Más aún, cuenta la Biblia que una vez, siendo Jesús un imberbe, se les perdió a sus padres y, tras una larga búsqueda, lo hallaron predicando en el templo de Jerusalén, donde estaban los expertos rabinos, discutiendo sobre teología. Y el joven Jesús discurseaba contra los fariseos, una religión que engañaba al pueblo.  Entonces se hablaba de fariseos, saduceos, zelotes, judíos y esenios. ¿Tenía Jesús vínculos con los esenios? Los esenios eran una escuela mística que se aislaban en el desierto para su contemplación espiritual.

Según el autor de La Santa Cena hubo un pastor árabe a quien se le perdió una de sus ovejas, y hay muchas cuevas cerca de donde vivían los esenios, y entonces para no tener que entrar de cueva en cueva buscando sus ovejas, el pastor acostumbraba tirar piedras, y un buen día, cuando tiró una piedra, oyó un sonido timpánico, como de barro, y cuando entró encontró intacto el libro de Isaías, el mismo que está en el Antiguo Testamento. Ellos fueron los preservadores de los antiguos documentos testamentarios de la Torá. Los esenios lo preservaron y lo guardaron, porque cuando vinieron los romanos en el año 70, en tiempos del emperador Tito, hablaban  de “la pax romana” (que no era la paz con z, sino con x), “la paz de la desolación”, dice Jochy Pérez. Ellos destruyeron todo, no dejaron piedras sobre piedras.

Cuando en esta obra de singular aporte su agraciado autor habla de que Dios en el Sinaí alimentó a los hebreos con codornices y maná, usa la palabra correcta, porque en hebreo antiguo maná alude a una interrogación, algo así como ¿qué es esto? Eso quiere decir que ellos se sorprendían con lo que les llegaba de lo Alto. Según Pérez Stefan, el maná era como una hojuela, una especie de carcha, que no era lo mismo que el tipo de pan que comemos hoy. El pan que se usa en la Santa Cena es un pan sin levadura, que se dice ázimo en hebreo. Fíjense que cuando se le pone levadura al pan, el pan crece, explica. Para la celebración de la fiesta de pascua se barrían las casas, se limpiaba todo, porque para ellos era una ofensa encontrar una semilla o una basura en el piso. En la fiesta de la pascua se juntaba toda la familia, comenzaba por la tarde donde mataban al cordero de tres a seis de la tarde, justamente hacia la hora en que se crucificó y murió Jesús. Explicaba el autor de La Santa Cena que los celebrantes tenían una ceremonia ritual que la dirigía el papá o el mayor de la familia. Si la mujer era viuda, tenía que adherirse a la familia y participar en la ceremonia. Ellos tomaban una copa de vino tinto diluido y tomaban especias amargas, entre esas especias había verduras, y cuando eran muy amargas los niños le preguntaban al papá: ¿por qué tomamos esto?, y entonces él decía: “Porque la amargura que estuvimos viviendo en el pueblo judío en Egipto fue de mucho dolor”. Entonces cada paso tenía un significado y entre paso y paso se iban cantando los salmos del 113 al 118. Por eso en esta obra su autor consigna: “El vino convencional del jugo de la vid, es un buen antioxidante para las arterias, evitando o reduciendo los riesgos de las afecciones propias de la ateroesclerosis en el hombre; pero el vino de Yeshúa es el más perfecto y magnífico antioxidante, ya que nos quita el verdadero óxido que nos corroe íntimamente, es el que está en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestro espíritu y en nuestra alma, donde el vino de la cava o bodega más exquisito no puede tener dicha bondad terapéutica. El vino divino ingerido en La Santa Cena en memoria de Yeshúa, nos condiciona y nos proporciona el sendero de la salvación y de la vida eterna en representación de su sangre derramada en el Calvario, por medio de la evocación y la memoria de su sacrificio en la cruz de tipo expiatorio” (7).

La Última Cena, la Santa Cena o la Cena del Señor fue una especie de despedida. ¿Qué pasó en esa cena? -le pregunté al distinguido ponente. Y me respondió: “Se celebró en un aposento alto, se ve que era de una gente de clase media o alta, porque la casa de gente pobre no tenía aposento alto. Era una zona fresca y estaba Jerusalén intramuros, no fue en una casa cualquiera. La literatura deuterocanónica dice que “ruscha” fue en la casa que lo hicieron, pero la Biblia no lo dice. Inclusive, es un anónimo la persona que Jesús manda a buscar con Juan y Pedro para que con un cántaro de agua fuera a buscar el agua a la casa donde se iba a celebrar la cena y dice “de fulano”, no dice a nadie.  En esa celebración de la Santa Cena no se sabe quién asistió, si fueron la esposa del dueño de la casa, las hijas, no dice que María Magdalena y su madre María estuvieron presentes. Si yo estoy haciendo una cena y mañana me van a crucificar, yo quisiera que mi esposa y mis hijos tuvieran y mi papá y mi mamá, si estuvieran vivos, estuvieran. Sin embargo, María no estuvo, ni María Magdalena tampoco, que tuvo un papel protagónico”, comentó JochyPére.

Advertí que entonces no se invitaban a mujeres para esas cosas, pues la cultura judía era predominantemente masculina. En esa última cena solo participaron los apóstoles, es decir, los escogidos por Jesús. Leonardo Da Vinci, sin duda uno de los intelectuales más grandes con una mente prodigiosa, era científico, artista y un gran místico, además de pensador, pintor e inventor.

¿Qué pasó esa noche?, porque era de noche y, al parecer, fue una cena oculta. Según Pérez Stefan, en esa cena lo que hubo fue solamente pan y vino. Fue una cena oculta, modesta, de gente pobre, pero según el autor de esa singular obra de amor, hay un error desde el punto de vista pictórico de Leonardo da Vinci. Él pone en la mesa muchas copas y muchos panes, y solamente se utiliza un solo pan que representa el Cristo de un solo cuerpo partido, porque él mismo lo partió y repartió a los discípulos; y una copa de vino, que se pasó a cada uno de los participantes para que probaran el vino. Al pan se le untaba una especie de aderezo. “Otro de los errores que tiene Leonardo da Vinci, según el escritor vegano, es que la santa cena no se hizo en una mesa, sino en un triquino, que era una especie de una meseta en forma de c y la gente se sentaba en el suelo. Había unos cojines atrás, porque el judío cuando saludaba, lo hacía con la mano derecha, no te daba la mano izquierda porque es la mano de saludar y limpiar los genitales. Si tú le pasabas comida a un judío con la mano derecha, tú lo estabas irrespetando, porque le estabas dando la mano contaminada. Entonces, por eso cuando ellos se sentaron para la santa cena, tenían un poco de reclinación y comían; por eso es que Jesús dice que “quien está recostado sobre mí es quien me va a traicionar”, porque cada uno le correspondía recostarse en el hombro del otro. Lo único que yo tengo claro por deducción lógica es que Juan y Judas están sentados al lado de él, después las otras posiciones serían conjetura” (8).

Cuando a Leonardo da Vinci le hicieron el encargo del cuadro, pasó mucho tiempo buscando figuras que les parecieran a los personajes bíblicos, porque no encontraba la figura de Judas, se sentó en la plaza, y espera y espera y no aparecía el muchacho, que era una mezcla de ojos de santidad pero con hipocresía en el fondo. Entonces de los doce discípulos tenía once, faltaba Judas, y en la plaza encontró por fin la figura de Judas. Finalmente lo convenció, lo sentó en una banqueta en la misma plaza, lo pintó y cuando él terminó el joven le dijo: “Maestro, usted me había pintado hace muchos años como Jesús”. Ese hombre se había corrompido, le había cambiado la fisiología. En realidad, dijo Jochy Pérez, “la cara es un reflejo del alma y la mirada es también un reflejo del alma”.

En este momento no podemos saber en realidad cómo era Jesús y cómo eran sus apóstoles, pero Dios mediante en este siglo XXI se sabrá cómo era Jesús, porque hacia mediados de la presente centuria van a inventar un aparato que va a viajar al pasado, que podrá identificar la cara de Jesús, y si en verdad ocurrió la ultima cena, cómo fue que lo torturaron, azotaron y crucificaron hasta morir y qué relación tuvo con María Magdalena y qué predicó en el Sermón de la Montaña y cómo fue su Resurrección. Todo se va a ver y ese aparato se va a descubrir, Dios mediante, en este mismo siglo. Parece que están trabajando en esa herramienta para identificar los misterios del pasado, no solo respecto a Jesús, sino a todos los personajes de la historia. Esa va a ser la gran revolución que va a transformar la visión del mundo y a enmendar mitos, leyendas e historietas. Se esclarecerán muchas especulaciones. Y como dijera el discípulo amado de Jesús, se cumplirá la sentencia de que “La verdad os hará libres”.

A la pregunta de qué llevó a Reynolds Jossef a escribir específicamente de la Santa Cena, el autor de la obra dijo que hay muchos temas conexos que obedecen a curiosidades de la sensibilidad y la inteligencia, sin descartar el aporte que pueda hacer el lector tras su lectura, porque sin duda la vida de Jesús, aunque fuera breve en cuanto al tiempo, fue intensa y luminosa. Insistimos: ¿por qué el tema de la Santa Cena? El grosor del libro, de unas 600 páginas, evidencia que el autor tuvo que investigar mucho y también mucho que decir. La Santa Cena tiene el subtítulo de Temas paralelos, porque fue un acontecimiento que sucedió con otros eventos desde el punto de vista político, social, religioso y teológico en la época en que Jesús vino al mundo. Es un tema que el autor investigó durante muchos años, más aún en una lengua, como la española, en la que hay pocos libros sobre dicha temática, lo mismo en la bibliografía teológica de la Iglesia Católica y la evangélica.

Según nuestro teólogo vegano, Jesús dejó dos legados básicos, como fue el bautizo en la Santa Cena y, desde la perspectiva teológica, la prédica del Evangelio. Sin embargo, en el cielo, según san Juan en el Apocalipsis, se va a seguir celebrando la Santa Cena con el mismo Jesús. Prácticamente las dos ceremonias que son obligadas y repetitivas desde el punto de vista cristiano, la Santa Cena trasciende a lo espiritual, a la nueva Jerusalén, que es la Jerusalén que vivirían los genuinos cristianos. Se supone que la Última Cena la celebró Jesús como una despedida de sus discípulos predilectos, sabiendo que se iba a morir, porque él debió saberlo.

Esta es una obra de ensayo. Sin embargo podría servir de inspiración a quien quisiese escribir una novela a partir de los datos y las referencias aquí evidenciadas. El autor de esta obra es un narrador, que ha escrito varios libros y tiene las condiciones intelectuales, estéticas y espirituales para verter en una novela episodios diversos. Tiene un libro inspirado en la vida de Juan Bosch: Memoria de Juanito, con una dimensión narrativa. Igualmente en esta obra, La Santa Cena, se nota que hay un narrador que se niega a hacer ficción, aun teniendo las condiciones para fabular. Su prestante autor no solo leyó a Dan Brown, sino a otros fabuladores eminentes, amén de obras fundamentales del Cristianismo y la espiritualidad. Ejemplo del talento narrador que aprecio en Reynolds Jossef es el estilo ágil y el lenguaje descriptivo del autor de La Santa Cena, como se puede apreciar en el siguiente pasaje que retrata el dinamismo de la urbe donde aconteciera el suceso que marcó un antes y un después en la historia de la humanidad: “Para la fiesta de la Pascua Judía, época donde se celebró la Santa Cena en el año 33 e.C., entre los meses de marzo y abril, por tradición, la ciudad de Jerusalén se revitalizaba, tomaba más fuerza su estilo de vida capitalino, se dinamizaba el comercio, el bullicio se apoderaba de la ciudad y las personas chocaban hombro con hombro y manto con manto. El polvo producido por tantos animales en marcha por las calles de Jerusalén y tantas sandalias pululando agitadamente, bien aparecía una densa cortina de humo, ya que todas las calles a la sazón no estaban adoquinadas. Todo esto acontecía como una transfusión energizante, siendo el escenario festivo religioso en las calles empedradas de la gran capital espiritual del Judaísmo y el Cristianismo. Los parroquianos y visitantes se preparaban para recluirse en el Templo de Jerusalén o en una sobria intimidad reflexiva y consagratoria en el hogar” (9).

Finalmente, presento esta última cita observada por Jochy Pérez: “Quería comentar algo sobre la Escritura, si bien sabemos algo de la palabra, sabemos que fue lo primero que recibimos, según la Torá; los judíos consideran tan sagrados los primeros cinco libros, que dicen ni siquiera que fue Moisés quien los escribió, sino Dios, y se los entregó a Moisés. La tabla de los mandamientos se escribió con un cincel, porque fue sobre piedras que se cincelaron esos principios morales. Después, como dijo el maestro, se comenzó a escribir sobre huesos, sobre hojas, piel de animales y llegó una forma más evolucionada, era que hacían unos cajones y le vaciaban la cera y esa cera cuando ya se rectificaba escribían sobre ella, pero por el calor del Medio Oriente la acera se derretía, perdía su morfología y la escritura se deformaba. Por eso la gente dice que le hable “sinceramente”, es decir, con claridad. También se utilizó ese término, porque se hacían vasijas que eran traída de la China que era para ser vendidas a través de Venecia y a veces se quebraban con un valor impresionante y los mercaderes le ponían ceras y buscaban pintores renacentistas que la retocaban y cuando iban a comprar una vasija decían: “dámela sincera”. Luego pasamos a la evolución del papiro”.

El impacto de la Última Cena en la vida de Jesús fue abordado por Reynolds Jossef Pérez Stefan con el alcance, la significación y el respeto que dicho acontecimiento tiene en la etapa fundacional del Cristianismo. Al respecto, nuestro autor precisó sin rodeos: “Es interesante destacar un dato muy importante que lo tomamos a la luz de lo revelado en las Sagradas Escrituras. En la Santa Cena en el aposento alto no participaron mujeres, ni siquiera María la madre de Jesús; mucho menos Martha, ni María Magdalena, esta última quien fue la principal obrera evangelística entre todas las mujeres y la más fiel seguidora del Mesías. Todo esto nos demuestra que ni siquiera los lazos familiares en el caso de María, la madre de Jesús, justificaban su presencia, ni tampoco se le dan los créditos falsamente otorgados por las literaturas paganas a María la de Magdala, para participar de esta sagrada ceremonia. Este principio lógico derriba y desnaturaliza la aparente sobreestimación y valoración desmedida que le han querido dar a este personaje, en las innumerables bibliografías profanas de autores heréticos” (10).

En estos tiempos no se tiene una verdadera valoración de la Santa Cena o de la Eucaristía, de la que hace uso la Iglesia Católica: los católicos usan una oblea de pan y en la iglesia evangélica utilizan un pan sin levadura: “No estoy diciendo que una es mejor que otra, solo es para que vean la diferencia, -advierte Pérez Stefan, y añade-: La Iglesia Católica cree en la consustanciación de la carne, y dicen que el pan se convierte en la carne de Jesucristo y el vino en su sangre. En la iglesia evangélica se dice que el pan representa el cuerpo de Cristo y, el vino, la sangre de Jesucristo”, consignó el autor de la obra.

Desde el punto de vista espiritual, ¿qué implicaciones tuvo en aquel entonces para los discípulos que participaron en la Santa Cena? En ese momento histórico, según nuestro teólogo, fue algo trascendental, porque no solamente fue la cena de una despedida, pues pronto se sintieron desprotegidos, como un ejército sin general, cuando ellos estaban bajo la sombrilla de la  Divinidad, y de repente se quedaron prácticamente desolados. La iglesia cristiana se ha visto asediada a través de la persecución y fíjense que ninguno de los apóstoles pudo permanecer en Jerusalén. Eso trajo como consecuencia una dispersión hacia el Asia Menor hasta llegar a Europa y permitió como consecuencia que el Evangelio tuviera un alto crecimiento.

Los primeros cristianos tuvieron que esconderse en esa época. Hubo un genio anónimo que inventó el símbolo del pez para identificar a los cristianos. Ellos se dibujaban un pez en la mano cuando querían saber si otro era cristiano. Si alguien conocía ese símbolo ya sabía que era cristiano. Es muy singular el origen de dicho símbolo: en griego la palabra “pez” se dice ichthys, y cada letra de esa palabra inspiró un concepto cifrado en la expresión siguiente: IXΘΥΣ: Iota I=Jesús,  X=Christos, Theta Θ=Theou(de Dios), Sigma Σ=Soter (Salvador), que significa: “Jesucristo, hijo de Dios, es nuestro Salvador”. Entonces, dibujan el pez, y esa representación implica la idea de que el portador es cristiano.Ese símbolo nació en el primer siglo de la era cristiana. Fue alguien escondido en las catacumbas de Roma, sin duda una gran intuición lingüística de quien inventó ese símbolo para que los cristianos se identificaran entre sí. Los cristianos eran perseguidos por los gendarmes del Imperio Romano, que en los primeros tres siglos del Cristianismo era rabiosamente anticristiano, hasta el siglo IV cuando el emperador Constantino abraza la fe cristiana, oficializa la religión de Cristo como una religión de Estado y entonces dejaron de perseguir a los cristianos, pero quedó el símbolo del pez como representación de la confesión cristiana, que algunos creyentes usan como identificación de su fe católica.

En fin, esta magnífica obra de Reynolds Jossef Pérez Stefan,  en su base histórica, tiene una dimensión moral, teológica, religiosa y espiritual. Inspirado en la fe cristiana, movido por el sentido de la verdad y concitado por uno de los acontecimientos ancilares de la humanidad, Pérez Stefan ha escrito un libro que asombra no solo por los abundantes y reveladores datos sobre la vida de Jesús, sino por el rigor metodológico de su investigación, la brillantez de su formalización y, sobre todo, por el amor que revelan sus palabras al abordar el legado del Hijo del Hombre con su martirio y resurrección para que hagamos de nuestra vida un testimonio de edificación, sabiduría y trascendencia.

 

Bruno Rosario Candelier

Presentación de La Santa Cena

Moca, Ateneo Insular, 30 de marzo de 2018

 

Notas:

  1. Reynolds Jossef Pérez Stefan, La Santa Cena de Nuestro Señor Jesucristo, La Vega, Impresora Universal, 2018, 600pp.
  2. Reynolds Jossef Pérez Stefan, Santa Cena, p. 19.
  3. Reynolds Jossef Pérez Stefan, Santa Cena, p. 50.
  4. Conversatorio con Reynolds Jossef Pérez Stefan, celebrado durante una reunión del Ateneo Insular en Santo Cerro el 24 de febrero de 2018.
  5. Conversatorio con Reynolds Jossef Pérez Stefan. De su libro citamos: “De todos ellos, solo Juan, el discípulo amado de Jesucristo, no tuvo una muerte trágica, en el reino de Dios, las pérdidas humanas son ganancias en el banco celestial y, muchas veces, las ganancias terrenales son pérdidas en la libreta de ahorro en el cielo. El ser discípulo es más que creer, es más que predicar el evangelio, es más que seguir los pasos del Maestro, es tan simple como negarse a sí mismo y estar dispuesto a morir por nuestras convicciones y creencias. Aquellos mártires del primer siglo y los demás que se registran en los anales de la historia del Cristianismo, quienes murieron por su fe inquebrantable, también compartirán la resurrección y la vida eterna con nuestro Señor Jesucristo” (Reynolds Jossef Pérez Stefan, La Santa Cena, p. 56).
  6. Reynolds Jossef Pérez Stefan, La Santa Cena, p. 167.
  7. Reynolds Jossef Pérez Stefan, La Santa Cena, p.98.
  8. Conversatorio con Reynolds Jossef Pérez Stepan en el Santo Cerro.
  9. Reynolds Jossef Pérez Stefan, La Santa Cena, p. 257.
  10. Reynolds Jossef Pérez Stefan, La Santa Cena, p. 323.

 

Intuición metafísica en Lupo Hernández Rueda

Por Bruno Rosario Candelier

 

En su condición de académico de la lengua, poeta, escritor y abogado, amén de su admirable testimonio humano, Lupo Hernández Rueda dio variadas notaciones de una singular vocación humanizada, literaria y espiritual.

Bajo la inspiración de Lupo Hernández Rueda, los integrantes de la Generación del 48 decidieron crear una revista literaria, que denominaron Testimonio, para dar a conocer la producción poética y ensayística de sus miembros, incentivar la vocación creadora y promover el conocimiento y la valoración de la literatura. Y la abrieron a todas las corrientes del pensamiento literario y la creatividad artística.

Hernández Rueda fue no solo un grandioso creador sino un valioso intérprete y promotor de la creación literaria. Él fue el inspirador de la revista de su grupo liteario y durante varios años se editó aquí en Santo Domingo y, naturalmente, cumplió con el rol que le correspondió ejercer como órgano de promoción de las artes y las letras. Si contásemos con suplementos literarios y revistas de literatura, contribuiría a la difusión del saber literario y a incentivar nuevas vocaciones creadoras. Entiendo que se hacía más fácil motivar el talento para la creación en función de la motivación de los intelectuales y aspirantes a escritores porque encontrábamos en las revistas y los suplementos literarios el testimonio textual de los creadores, su idea del mundo, su orientación intelectual y su inclinación espiritual. En ese sentido Lupo Hernández Rueda ejerció un gran papel como promotor del saber y como entusiasta forjador de la creación poética. Esa inclinación de su sensibilidad y su conciencia lo convirtió en el líder intelectual de la Generación del 48.

Lupo Hernández Rueda era un creador ejemplar. Asumió su formación académica con rigor, seriedad y disciplina. No había doblez en su conducta, ni pose vana en sus actitudes. Consagrado a la creación, hasta sus últimos días de vida laboró en la composición de poemas. Y entendía que debía procurar el bien de los demás. Por eso era un hombre justo, noble y bueno. Y un cultor de los más altos valores de la conciencia.

Hay, además, otro aspecto importante en Lupo Hernández Rueda, y era su singular distinción como ser humano. Quizás el atributo personal más importante en Lupo era la armonía que irradiaba y la simpatía que sembraba entre sus relacionados, en los integrantes de su grupo y en los miembros de las diferentes generaciones literarias y promociones grupales. Quizás el rasgo más representativo de la Generación del 48 fue justamente el sentido de armonía entre sus socios, y esa vocación de empatía, que se plasmaba en una disposición de solidaridad entre sus integrantes, era el toque de distinción de Lupo Hernández Rueda. Ese singular atributo distinguió a la Generación del 48 entre las agrupaciones literarias del siglo XX.

¿Saben ustedes quien fue la persona que sembró en la Generación del 48 esa actitud de armonía y solidaridad, de compañerismo y de genuina amistad? Fue Lupo Hernández Rueda. Su vocación humana, su actitud de servicio hacia los demás era fruto de un singular amor que ese gran poeta experimentaba y, desde luego, fue la manifestación de una vocación de entrega para ayudar a los demás. No solamente lo demostró en el plano material ayudando a otros cuando tuvo las condiciones materiales para hacerlo. También en el plano profesional, intelectual y literario dio señales de su generosidad y grandeza. Su casa era frecuentada por muchos jóvenes en busca de una orientación literaria que él sabía compartir, porque siempre hizo de la literatura no solo una fuente de creación y de expresión de su propio talento creador, sino un vínculo de relación y fraternidad, ya que aspiraba a hacer de la literatura un vínculo de hermandad entre los creadores que se valen de la palabra y la dimensión estética del lenguaje para contribuir a enaltecer la condición humana.

Otro aspecto importante que quiero subrayar era la dimensión trascendente de la palabra. Esa dimensión era la expresión de la idea que Hernández Rueda tenía de su visión del mundo, ya que entendía que la palabra era capaz de materializar, cuando la asumimos como la expresión de la más alta condición humana, los ideales que elevan la conciencia. Por eso en su creación se evidencia la asunción de la vertiente sensorial de lo viviente, el testimonio de su intuición del sentido de las cosas y el reflejo de su percepción de los efluvios de la Creación.

Su primer libro tiene como título Como naciendo aún. En esta obra encontramos el testimonio del creador que siente que nace al mundo, que permanentemente se está renovando en su contacto con la realidad, porque él tuvo la capacidad de ponerse en sintonía con fenómenos y cosas, con la dimensión esencial y trascendente del Universo, y para lograr ese vínculo intelectual, imaginativo, afectivo y espiritual con lo viviente, supo vincularse con el hombre, con la dimensión sensorial de las cosas y con las emanaciones cósmicas. Esa disposición de su intelecto era también parte de esa sensibilidad, conforme lo que el poeta español Garcilaso de la Vega llamaba el “dolorido sentir”. Decía Garcilaso que todo genuino creador experimenta un dolorido sentir, es decir, una capacidad de integración y comprensión de la cosa de tal manera que, en atención a esa sensibilidad caudalosa, empática y abierta, lo sufría todo, lo vivía todo t disfrutaba todo; y Lupo era así, tenía esa sensibilidad abierta hacia el Cosmos; una sensibilidad honda y caudalosa desde la cual entraba en conexión con la esencia de lo viviente; y una dotación espiritual que le permitía sintonizar las manifestaciones suprasensibles del mundo.

En uno de los más importantes poemas de su primer libro dice: “El árbol al que canto es apenas una tenue llama”. Él no se refiere al árbol común y corriente que apreciamos en la naturaleza. “Árbol” en su lenguaje tiene una connotación simbólica y por consiguiente podemos decir que esa palabra podría aludir al ideal, al aliento de vida, al sentido cósmico, a todo lo grande y hermoso que podemos experimentar en nuestro contacto con lo viviente.

Esa dimensión profunda de lo viviente, que Hernández Rueda intuía con su inteligencia sutil, era una llama intensa de cuya comprensión él sabía que apenas revelaba una tenue llama.  Él tuvo consciencia de la grandeza que lo distinguía y mantuvo siempre la humildad a pesar de saberse dotado de la más alta dotación intuitiva que un ser humano puede experimentar en función de los dones y atributos que ha recibido a través de la palabra: “El árbol que yo canto es una tenue llama”, cantaba nuestro poeta en “Definición del árbol”.

En efecto, “El árbol que yo canto es una tenue llama”, aparece en una de las obras fundamentales de Lupo Hernández Rueda, Como naciendo aún, que ese ilustre poeta oriundo de Santo Domingo publicara en 1953 en la capital dominicana, pero para entender cabalmente la dimensión profunda implicada en ese y otros versos de nuestro creador habría que explicar el sentido trascendente al que alude, cifrado en una imagen y un símbolo plasmados en esa creación poética cuya obra ponderamos por su grandeza, la trayectoria ejemplar de su creador y su encomiable manera de testimoniar su enaltecedora condición humana.

Como hombre dotado de alta sensibilidad espiritual y estética, Lupo Hernández Rueda vino al mundo con el don de la creatividad justamente para poder testimoniar lo que su alma visualizaba y su inteligencia intuía para dar el testimonio de sus percepciones profundas y, sobre todo, para canalizar estética y espiritualmente lo que sentía y percibía a la luz de su inteligencia metafísica.

Los poetas sobresalen por estar dotados de un singular don mediante el cual pueden desplegar su sensibilidad y su conciencia para sentir y entender el mundo como efectivamente lo sienten y lo entienden desde la raíz profunda de sus manifestaciones sensibles y suprasensibles con la huella de su sensibilidad estremecida y el impacto de su conciencia trascendente. Lupo Hernández Rueda fue un ser altamente privilegiado por la palabra, prestigiado por una honda sensibilidad y dotado por una profunda inteligencia, y en tal virtud puso su palabra, su sensibilidad y su inteligencia al servicio de un elevado ideal en conexión directa con la esencia del mundo y el sentido de las cosas. Nuestro agraciado poeta logró ponerse en conexión con la dimensión profunda de fenómenos y cosas porque los poetas pueden dar con el sentido subyacente que hay en las manifestaciones de la Creación, y entonces con esa capacidad que tuvo, nuestro poeta se dio cuenta de que estaba en conexión con algo mucho más profundo que la simple realidad circundante, no solo con la manifestación de la realidad material a la que nos conectamos, sino con esa dimensión profunda de la realidad sutil a la que solo llegan los poetas, los iluminados y los místicos desde sus particulares condiciones en atención a esa singular conexión especial con la esencia del Cosmos.

Hay un circuito del cerebro, que es un tramo especializado de la conciencia, que desarrollan los poetas y los místicos para percibir, en función de esa conexión con la dimensión profunda de lo viviente, las irradiaciones cósmicas en sus peculiares estelas, sonidos e imágenes cuando entran en sintonía con las facetas ocultas de lo suprasensible en virtud de una peculiar dotación para establecer una conexión profunda, y por esa vinculación, que se produce con el más allá, pueden los poetas metafísicos, los místicos y los iluminados captar muy antiguas esencias de la sabiduría cósmica y verdades profundas del Numen del Cosmos. Por eso escribió Lupo Hernández Rueda: “El árbol que yo canto es una tenue llama”, porque él sabía de donde le venía esa luz y de donde procedían las verdades profundas de muy antiguas esencias que enriquecen el trasfondo conceptual de su lírica. Esa conexión profunda con el más allá es una conexión real, sentida y vivida desde el hondón de la sensibilidad hasta experimentar un estremecimiento de conciencia mediante una experiencia cardinal no ya con las señales sensoriales del mundo material, la realidad social o la realidad histórica, sino con la realidad metafísica del Cosmos y, sobre todo, con las irradiaciones profundas vinculadas a la fuente misma de lo que existe. Con esa profunda sensibilidad poética pudo nuestro distinguido poeta entrar en conexión con la dimensión profunda del Cosmos y pudo también lograr la dimensión de un alto nivel metafísico, simbólico y trascendente, y, desde luego, pudo desarrollar su sensibilidad metafísica en función de esa dotación poética a través de una conexión entrañable con la esencia cósmica. Cuando el poeta entraba en sintonía con la esencia del Cosmos y el sentido de lo viviente, a su ser llegaban las irradiaciones cósmicas con estelas, ondas, susurros, señales, imágenes y símbolos de las más extrañas simbologías del inconsciente colectivo y de la sabiduría espiritual del Universo.

Ya los antiguos griegos hablaban del Numen para referirse a la sabiduría metafísica del  Universo, y a ese estadio trascendente de la sabiduría establecen una conexión desde su sensibilidad profunda los poetas metafísicos, los poetas místicos, los iluminados y los santos. Lupo Hernández Rueda tuvo esa dotación profunda que enaltece a los genuinos poetas y, en consecuencia, tenía la capacidad de poder entrar a la dimensión metafísica de lo viviente y acceder, como efectivamente accedió, a la sabiduría espiritual del Numen, razón por la cual pudo captar verdades profundas que plasmó en su poesía como conocedor de la palabra y, como hombre sensible vivió, experimentó y comunicó con palabras simples y comunes, con un lenguaje sencillo y sugerente esa dimensión profunda y trascendente. Por su singular dotación pudo revelar el nivel superior de las imágenes y los símbolos que su percepción traducía al lenguaje de la poesía para canalizar verdades provenientes de las altas regiones donde mora la esencia de la sabiduría cósmica.

Nuestro afortunado poeta, que fue también un destacado profesional del derecho y la enseñanza, asumió la creación poética como el medio estético y espiritual para canalizar las percepciones de su sensibilidad profunda ya que tuvo como poeta metafísico la capacidad para ahondar en el misterio, y pudo sintonizar lo que los antiguos griegos y los místicos de la India y de otras culturas del Oriente llamaban el Nous. El Nous es esa región del Universo que está mucho más allá de la dimensión sensible a la que llegan los seres privilegiados, sobre todo los poetas metafísicos y los creadores teopoéticos. A esa región del Nous llegó Juan el evangelista desde la cual pudo captar revelaciones profundas que transmitió en el Apocalipsis, en virtud de esa conexión con las capas trascendentes del estadio superior del Universo, con ese estadio de la Creación donde unos pocos privilegiados llegan. Otro singular ejemplo es el de san Juan de la Cruz que, como poeta místico, tuvo acceso a ese nivel superior de la conciencia cósmica y el pensamiento trascendente de la sabiduría mística. Sin duda alguna, Lupo Hernández Rueda fue también un privilegiado de la gracia poética porque en varios de sus poemas, tanto en Como naciendo aun o en Círculo, se puede apreciar esa conexión profunda con la sabiduría metafísica del Universo que nuestro poeta logró atrapar desde su más honda sensibilidad en contacto con la esencia misma de Cosmos, y por eso hay verdades profundas en su obra con las señales de muy antiguas esencias. En virtud de esos altos atributos de su inteligencia sutil en su obra hay no solo una dimensión estética, primer nivel de la creatividad que distingue la creación del lenguaje trascendente, como normalmente se expresan los poetas, sino también una dimensión metafísica con una vertiente simbólica de alta espiritualidad, y por esa razón como poeta pudo Hernández Rueda captar verdades profundas provenientes de la cantera infinita del Cosmos y, en tal virtud, supo captar y expresar las supradichas verdades de muy antiguas esencias,  como son las verdades cósmicas, metafísicas y místicas cuyas imágenes y símbolos conectan directamente con la Divinidad.

Lupo Hernández Rueda tuvo la virtud, como poeta dotado de una alta percepción intuitiva, de atisbar esos espacios siderales y tomar de las irradiaciones metafísicas las enseñanzas que formalizaba mediante el lenguaje de la poesía. Ya he dicho que como persona, Lupo se distinguía por ser un hombre bueno y noble. Nosotros pudimos tratarlo en múltiples ocasiones y pudimos apreciar su talento intelectual, su dotación poética, su condición académica y sus encomiables atributos humanos, y percibimos singulares detalles de su personalidad carismática, como la bondad hecha realidad en su conducta, en su palabra y en su relación con los demás. Él tuvo la conciencia de que, como poeta, contaba con el privilegio de ponerse en conexión con la dimensión trascendente del Universo a la que llegan los grandes creadores, los teopoetas y los iluminados. Él fue uno de nuestros grandes poetas metafísicos, un grandioso creador que dio testimonio con su palabra, su talento y su creatividad de lo que distingue la más hermosa condición humana, condición que ya en la Antigüedad había exaltado el pensador presocrático Heráclito de Éfeso cuando, al crear el concepto de Logos, identificó a los seres humanos como criaturas privilegiadas de la Creación porque mediante el Logos tenemos la capacidad para pensar, el poder para reflexionar, la dotación para intuir y la habilidad para crear. Quienes tienen la dicha de saber activar la palabra, la palabra creadora, la palabra que nos permite canalizar nuestras intuiciones y vivencias con belleza y sentido, como lo hizo Lupo Hernández Rueda, tienen a su alcance la más alta distinción de los mortales.

Su inmensa vocación de armonía y confraternidad, su encomiable disposición para servir y su admirable talento poético los pudimos constatar en las reuniones celebradas en la Academia Dominicana de la Lengua, con su hermoso testimonio de coparticipación y armonía. Así era Lupo Hernández Rueda, con los atributos que lo distinguían como intelectual, como poeta, como intérprete de la literatura y, sobre todo, como ser humano. Esa fue la grandeza de este notable creador que hoy ponderamos por el admirable ejemplo de su conducta, su palabra y su creación.

 Bruno Rosario Candelier

Coloquio sobre Lupo Hernández Rueda

Santo Domingo, Feria del Libro, 20 de abril de 2018

Comecheques, sine qua non/sine *quo non, ante/antes

Por Roberto E. Guzmán

COMECHEQUES

“La limpié de vagos Y COMECHEQUES. . .”

Esta voz que figura en el título es dominicana por todos los costados. Casi todos los hablantes de español dominicano entienden quienes son los comecheques. En esta sección se harán algunas puntualizaciones con respecto de esa voz.

Es fácil comprobar que la voz dominicana está compuesta del verbo comer y del sustantivo cheque. En cuanto al verbo comer hay que subrayar que aquí no se le usa en sentido estricto. Debe interpretarse el verbo con el significado de “mantenerse” o “vivir” de lo que expresa la segunda parte del compuesto, es decir, el sustantivo.

Se hace necesario precisar que el cheque que menciona la voz en cuestión se relaciona solo con los cheques de pago para empleados públicos, es decir, empleados de la administración pública.

Una vez expuesto todo lo anterior procede que se mencione que esta voz no consta en todos los diccionarios de voces dominicanas o de voces de uso en el español dominicano.

No figura en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias que se publicó en el año 2010. La primera mención de la voz estudiada aquí aparece en la obra Cómo hablamos los dominicanos (2004:111). En ese libro se la presenta con la definición siguiente: “despectivo referido al empleado al que solo le importa el dinero que cobra”.

Con respecto al empleado que se considera un comecheques hay más características que permiten particularizarlo de entre los demás empleados del tren gubernamental. “Que solo le importa el dinero que cobra” significa en este caso que en el desempeño de sus labores reduce estas “al menor esfuerzo posible”.

En relación con este personaje podría escribirse un libro, porque es un sujeto que carece de iniciativa, que hay que interpelarlo para que atienda o preste atención a los usuarios de las oficinas donde se supone que desempeña sus labores. En pocas palabras es un “barajador” de tareas, un “cero a la izquierda” en cuanto al trabajo se refiere.

Hay que tomar en cuenta la voz, porque define muy bien a una gran cantidad de personas que se benefician de los impuestos que el resto de los ciudadanos paga en un país con una abultada empleomanía del sector público.

 

SINE QUA NON – SINE *QUO NON

“. . .es condición SINE *QUO NON la de. . .”

Este latinismo así como muchos otros más existen en diferentes lenguas, pues pasaron por comodidad para expresar condiciones, situaciones y otros asuntos para los cuales se usaron primero en lengua latina. Fueron aceptados por conveniencias en las lenguas extranjeras que de una forma u otra tuvieron contacto con la lengua latina. Muchos de esos latinismos todavía perduran  en la terminología jurídica (¿jerga?) por la comodidad que representan, pues son muy precisos y no dejan espacio a equívocos o interpretaciones aviesas.

Algunos latinismos se han incorporado al lenguaje cotidiano, de forma que ya no pertenecen solo al léxico propio de una profesión o actividad. Este del título es un ejemplo al canto de lo que se asevera en la oración anterior más próxima a esta.

Con estos latinismos hay que observar una regla; estos no aceptan cambios en su composición porque son expresiones hechas que se han incorporado como unidades a la lengua corriente. Además, en lengua latina las terminaciones de las palabras que forman las frases obedecen a las reglas de esa lengua.

Sine qua non es una locución adjetiva que sirve para expresar “imprescindible, necesario”. Casi siempre se utiliza después de una condición o requisito. Indica que es una condición absolutamente necesaria. Destaca que algo es necesario de modo absoluto para que otra cosa se cumpla o se realice. Es invariable en su forma, por lo tanto, en singular o plural permanece sin cambios y sirve para referirse a condición o condiciones.

  1. Arturo del Hoyo en su Diccionario de palabras y frases extranjeras (1995:413) descompone la expresión en sus elementos y escribe que literalmente es “sin la cual no” y consigna el uso completo, conditio sine qua non. El Diccionario de la lengua española escribe la locución latina en cursivas. Es una “condición sin la cual no se hará algo o se tendrá por no hecho”.

Como puede comprobarse por la composición de la expresión, este sine es una preposición del latín que significa “sin” que en esa lengua se hacía seguir del ablativo, Dictionnaire etymologique de la langue latine (1951-II-1108).

Ese sine se encuentra en otro latinismo empleado en el ámbito legal, sine die, o, en lenguaje culto, sine dubio. El qua que trae la expresión es un ablativo femenino, en función de pronombre relativo, pero puede desempeñar funciones de relativo interrogativo indefinido. (Ídem, pág. 971). (Sin cuya condición). El ablativo a que se alude aquí es una categoría gramatical que expresa relaciones de modo, de usos, que en español se introducirían por intermedio de preposiciones tales como por ejemplo: en, sobre, con, por, y que expresan tiempo, materia, procedencia y otros.

 

ANTE – ANTES

“. . .T. G. dijo que *ANTES esa situación. . .”

Cuando se lee la frase copiada más arriba, el lector de inmediato se coloca en la situación de poder entender el mensaje que el redactor intentó pasarle.

El lector avezado no se deja confundir por la ortografía que encuentra, pues escrito con esa /s/  ese al final hace difícil la comprensión del mensaje.

Utilizando los equivalentes de ante, se lee “en presencia de” (delante de), o “frente a”. Puede adquirir el significado de “en relación a, (con)” o “respecto de”. Sustituido por uno de los equivalentes propuestos la preposición ante imprime sentido a la frase.

Algunos ejemplos para ilustrar el uso. “Decidió renunciar a su cargo ante las acusaciones. Pero antes de eso se llevó el santo y la limosna”.

Si se mantiene la escritura de la cita, antes, entonces cobra el valor de un adverbio que indica prioridad en el tiempo o en el espacio (lugar), o bien, denota preferencia. Hubiese sido válido escribir, “…dijo que antes de esa situación…”

En tiempos ya pasados el uso de una u otra podía provocar duda, pues las funciones de ellas no estaban definidas de la forma en que lo están en la actualidad. La confusión entre ante y antes pertenece al pasado. Incurrir en un error de este género es un desliz que algunas personas llamarían imperdonable.

© 2018, Roberto E. Guzmán