Pararrayos, hindú/indio, zafacón/zafacón, mesías/mecías, mapeo/mapear

Por Roberto E. Guzmán

PARARRAYOS

El pararrayos más conocido es el dispositivo compuesto de una o más varillas de hierro, conectados a tierra o agua que sirve para atraer las descargas eléctricas de las nubes y generalmente se coloca encima de puntos altos en edificios o buques para protegerlos de daños.

El pararrayos dominicano es una persona que atrae las descargas de la crítica, la maledicencia y, es la persona a quien se hace responsable de los errores y malas actuaciones de otros.

Este personaje es muy útil en política porque desplaza la culpabilidad de las cabezas de los gobiernos hacia esos personajes. Resulta como en el adagio dominicano “al dedo malo todo se le pega”.

Este pararrayos hace las funciones de “chivo expiatorio” para que su jefe no cargue con las responsabilidades de sus propios desaciertos. Este chivo aparece en el Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:115): “Ser la persona a quien se le achaca la culpa”.

En fin, el pararrayos es quien carga con las culpas ajenas y paga las consecuencias, por lo menos en la opinión pública. Para que desempeñe esas funciones a este funcionario se le paga muy bien en el tren administrativo (en un compartimiento de lujo).

Este pararrayos se documenta aquí porque no se ha encontrado huella de su existencia en los lexicones dedicados a la variante dominicana del español.

 

HINDÚ – INDIO

“. . .aires japoneses, instrumentos *INDÚES y. . .”

El hindú es el “natural del Indostán, región de Asia”, así lo consigna el Diccionario de la lengua española (2014). El diccionario del inglés americano, Merriam-Webster Dictionary para el Indostán utiliza la palabra India; otros diccionarios de lengua española prefieren usar también la palabra “India” para el país de la región del sur de Asia. Con el adjetivo hindú puede uno referirse también  a la persona que practica la religión hinduista o hinduismo. El plural de hindú es hindúes.

El indio es el natural de la India. El adjetivo y sustantivo indio sirve para mencionar a los pueblos o razas indígenas de América, a los pobladores autóctonos de América. Esto de los indios de América se debe al error de Cristóbal Colón que luego fue continuado por la denominación de Indias Occidentales a algunos territorios de América.

El plural de hindú es hindúes; el de indio es indios. Con respecto a los instrumentos a que se refiere la frase transcrita se queda el lector con el deseo de saber si es a lo nativo de América, o lo conocido con el nombre de la India.

El indio americano ha sido desconsiderado en las variantes de algunos países hispanoamericanos, en cinco de esos países es sinónimo de inculto. En el habla del español de República Dominicano el indio es el ingenuo.

 

ZAFACÓN – SAFACÓN

“. . .se las tira al ZAFACÓN”.

Encabeza esta sección el nombre que recibe en República Dominicana el “recipiente para basura”. Diccionario del español dominicano (2013:713). Con la zeta /z/ es como se escribe en los textos de español cuidado. Con la ese /s/ es la forma en que los hablantes de español dominicano lo enuncian.

Es historia muy vieja que en muchos países de habla hispana no se establece diferencia alguna al  pronunciar palabras que lleven la zeta, la ese o la ce.

De acuerdo con el criterio de quien esto escribe debería escribirse con ese /s/ porque proviene del inglés safety can, y es “Recipiente hecho comúnmente de hoja de lata que se usa para echar provisionalmente la basura”. Así consta en el Vocabulario de Puerto Rico de D. Augusto Malaret (1955:292).

La costumbre impuso zafacón y así está en el Diccionario de americanismos (2010) y se usa en el este de los Estados Unidos, Panamá, Puerto Rico y República Dominicana. Algo parecido a esto sucede con la lechoza, que algunos se empeñan en escribirla con la zeta y la llaman lechosa, cuando debería usarse la palabra original, papaya, que es voz taína que procede de las Antillas según Gonzalo Fernández de Oviedo. Indigenismos (1977-II-1132).

 

MESÍAS – MECÍAS

“. . .buscando un presidente *MECÍAS. . .”

Ante errores de este tipo uno no sabe si llorar o reír. Es un descuido incalificable. No puede quedar impune una falta de esta envergadura, pues si al digitar se pulsa la tecla de la ese /s/, en lugar de alcanzar la tecla de la ce /c/, no puede perdonarse que no se reparara el error al leer el texto redactado, que es lo que debe hacerse. Con insistencia se repite, “antes de dar algún texto para su publicación hay que revisarlo”.

Mecías con una ce /c/ entre las dos vocales, la /e/  y la /i/ pertenece al verbo mecer. Escrito de ese modo es la segunda persona del singular del pretérito imperfecto, tú.

Mesías, siempre escrito con inicial mayúscula es el redentor prometido en la Biblia. En el cristianismo es Jesucristo que redimió a los hombres. Escrito con inicial minúscula es un sujeto real o imaginario en quien se deposita toda la confianza, con cuya llegada se solucionarán todos los problemas.

No hace falta añadir cosa alguna a lo expuesto, pues lo escrito más arriba explica por sí mismo el error que se encontró en la cita.

 

MAPEO – MAPEAR

“Hicimos un levantamiento del MAPEO delictivo. . .”

En el español que se califica de general existe el verbo mapear; por eso entró en el Diccionario de la lengua española que publica la Asociación de Academias. Sin embargo, ese no es el verbo mapear que los dominicanos conocen. En el examen que se hará más adelante se verán los dos verbos mapear con sus respectivos participios adjetivados.

El verbo mapear por necesidad no es el que tiene relación con los mapas. Puede ser también una representación gráfica de las partes de un todo. En el registro culto de Chile el verbo sí tiene estrecha relación con los mapas, pues es la confección de mapas. De la misma manera también se usa para significar “trasladar a un mapa sistemas o estructuras conceptuales”.

En medicina se ha oído que con algunas pruebas diagnósticas de uso en la actualidad, la ultrasonografía por ejemplo, los profesionales de ese campo pueden hacer mapeos del flujo sanguíneo en algunas partes del cuerpo humano.

En República Dominicana, Estados Unidos, Puerto Rico, Nicaragua y Honduras el verbo mapear es otra representación gráfica para el verbo mopear. El último verbo deriva de la palabra mapo que en el español de Estados Unidos y en Puerto Rico es, “Aparato compuesto por un mazo de cordones absorbentes y un mango largo para humedecer y limpiar los suelos”. Esta adaptación al español deriva a su vez del inglés mop.

En República Dominicana llaman de mapear la acción que en otros países denominan mopear. El mapo es sinónimo de suape, que también deriva del inglés, en el español de los hablantes de la variedad dominicana.

En algunos países dirían que es para limpiar los pisos porque los suelos solo se barren, no se mopean. En las zonas rurales pueden humedecer el suelo y luego barrerlo con una escoba.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Gusano, generalista, intríngulis, elefantiásico, acumulo, inventar

Por Roberto E. Guzmán

GUSANO

Esta palabra se incluye en estos comentarios para recordar que esta designa un objeto de uso de los viajeros. El motivo principal para que esta se incorpore a estos estudios es que en el habla coloquial se designa con el vocablo gusano un objeto que se utiliza para transportar ropa y otros efectos personales.

El gusano en cuestión generalmente es hecho de lona o de otro material flexible y resistente. Es muy útil para transportar efectos personales porque el material de que está fabricado expande y acepta gran cantidad de estos. Una de las ventajas de este gusano es que como es capaz de estirarse puede acomodar mucha ropa en su interior.

Ese gusano es de forma cilíndrica u oblonga, más largo que ancho y tiene por lo general un asa del mismo material que está adherida (cosida) a lo largo para facilitar su manejo. El asa y la forma del objeto son convenientes para que la persona que lo usa pueda pasarlo sobre un hombro y dejarlo descansar sobre su espalda. Es una suerte de saco más largo que estrecho.

Es un tipo de talego de viaje. Esa palabra, gusano, es muy apropiada para designar el objeto descrito más arriba porque este se asemeja a la forma de un gusano blando, alargado.

No ha podido encontrarse esta palabra, la utilizada aquí, inventariada en los diccionarios diferenciales de español americano. Se ha oído de boca de hablantes de español americano y, especialmente de hablantes de español dominicano; por lo tanto, hay que tomarla en cuenta para incluirla en los repertorios de esta variedad de español.

 

GENERALISTA

“. . .con televisiones que compiten por audiencias millonarias con las grandes GENERALISTAS en inglés. . .”

Con respecto del vocablo estudiado en este aparte, se verá el origen de este, el país donde se originó y el uso que lo difundió en el español hasta imponerlo en el español internacional. Además, se comprobará cómo en la especie de la cita se desliza para ampliar su cobertura semántica.

El adjetivo generalista entró en el Diccionario de la lengua española en la edición correspondiente al año 2001, con la misma redacción que posee en la actualidad, “Dicho de una persona: que en su profesión domina un amplio campo de conocimientos”. El ejemplo que ofrece es, “Médico generalista”. Señala en esa sección que puede usarse también como sustantivo.

Todavía permanece fresca en la memoria de quien esto escribe cuando los pacientes procedentes de México preguntaban si el médico que los trataba era un “generalista”. Sin ánimo de enmendarles la plana se les informaba que era un médico de cabecera, un médico de medicina general o, de familia.

En esa ocasión se pensaba ya que era posible que esa voz se generalizara más adelante como consecuencia de la gran cantidad de hablantes que se expresan por medio de la variedad mexicana de español.

La palabra ha tenido fortuna pues como ya se escribió fue integrada en el léxico oficial general en el Diccionario de la lengua española de 2001. La historia del adjetivo no termina ahí, pues en Argentina lo utilizan de un modo más general, “Que abarca y trata un conjunto de conocimientos generales acerca de distintas materias: Proponen una educación generalista. / La información de los periódicos debe ser generalista”. Diccionario integral del español de Argentina (2008:864).

La palabra generalista aparece en el Diccionario del español actual (1999-II-2320) en función de adjetivo en su primera acepción, “De carácter general”. Ese diccionario aporta ejemplos de uso en el ámbito educativo. En la industria de la televisión y desempeñando la labor de nombre también, está documentado en el campo de la medicina.

El Nuevo diccionario de voces de uso actual (2003:521) define el término, “Que se dedica a productos o cuestiones muy variados, de uso o carácter general, o que alcanzan a una gran cantidad de personas”. Este diccionario incluye ejemplos de uso acerca de productos de hipermercados; de emisoras de radio y de un portal electrónico.

Lo que se ha trazado en grandes rasgos es la historia de la voz. Se piensa que aún tiene futuro promisorio en el ámbito de la lengua, pues es posible que más adelante en el tiempo las acepciones oficiales se amplíen.

 

INTRÍNGULIS

“. . .y conocedora de LAS INTRÍNGULIS. . .”

Esta voz que figura a modo de título se ha prestado a través del tiempo para más de un error. Por medio de estos comentarios esos se destacarán y se ofrecerán los remedios para evitarlos.

Antes de continuar es bueno que se recuerde que por su formación y significado la voz analizada aquí no es de uso cotidiano en las conversaciones; es más bien una voz de uso de las esferas de habla culta.

La voz del título entró en el diccionario académico en el año 1884. En la actualidad la Real Academia escribe que el origen de esta es incierto. Eso no es obstáculo para que existan teorías acerca de su formación. La más socorrida sostiene que procede del italiano intingoli, plural de intingolo que es “pócima, salsa”. Al final, la voz estudiada se contaminó con la palabra española intriga, de donde adquirió la grafía actual. (Diccionario etimológico de Corominas y Pascual).

Vale la pena que se recuerde que la voz estudiada equivale a “dificultad o complicación”, que presentan una cosa. O “intención solapada, razón oculta” que se suponen en alguna acción.

Uno de los errores que la voz crea es en cuanto a su género, no es femenina, sino que es vocablo masculino, de allí que sea el intríngulis. Algo que no debe olvidarse es que su plural que no varía la grafía, continúa siendo intríngulis.

 

ELEFANTIÁSICO

“La otra misión del ELEFANTIÁSICO aparato estatal. . .”

Los diccionarios de español solo registran para el vocablo del título que este se refiere a la enfermedad que se conoce con el nombre de elefantiasis. Puede actuar en tanto sustantivo para indicar que es una persona que padece esa enfermedad. Hasta aquí llega la tradición de la lengua reconocida por los lexicones.

Aparte de lo escrito más arriba el uso en algunas ocasiones utiliza este elefantiásico en funciones de adjetivo para destacar el gran tamaño o las grandes dimensiones de algo. Para llegar hasta allí lo que hace quien así se expresa es que con la voz estudiada se refiere al elefante, y sobre todo, al volumen del animal.

Quien así escribe, elefantiásico, olvida que hay otras palabras de buena cepa en el español internacional que sirven para denotar que algo es grande. Si desea mantenerse en el reino animal puede elegir al mastodonte y decir o escribir “mastodóntico”. Mastodonte por sí mismo indica “persona o cosa muy voluminosa”.

Es probable que el sentido de este elefantiásico trascienda en una conversación o en un texto si antes se ha preparado el entorno para que no quepa duda con respecto a lo que se desea comunicar.

 

ACUMULO

“. . .el leonelismo propala el ACUMULO. . .”

Un acumulo es un sustantivo dominicano con características propias. No se creó de la nada, sino que derivó de algunos rasgos  que el verbo acumular posee en el español internacional.

El verbo acumular en su vertiente legal denomina “unir unos procedimientos a otros para que sean resueltos por una sola sentencia o resolución”; así consta en el Diccionario de la lengua española (2014) de la Asociación de Academias.

Los argentinos también han extraído algo de este verbo y en el mismo diccionario mencionado consta que aunque poco usado, para ellos acumular es “imputar algún delito o culpa”.

El acumulo dominicano es una voz que tiene mayor capacidad para ofender, pues en el Diccionario de americanismos de la Asociación antes mencionada este es definido en el ámbito rural, donde nació, con el matiz equivalente de “calumnia”; es decir, es una imputación falsa y maliciosa. En el entorno antes mentado es también “ofensa, injuria”.

Puede comprobarse mediante las acepciones dominicanas ya vaciadas aquí que estas pertenecen más al dominio de la moral que al legal, judicial.

Como resultado del fenómeno de la urbanización que se ha producido en la República Dominicana, el término examinado tiene menos uso en la actualidad. Los avances en los medios modernos de comunicación han enseñado otras formas de insulto.

Como consecuencia de la atracción que ejerció el sustantivo aquí estudiado, el verbo acumular en el español dominicano terminó con el significado propio en el país de “calumniar a alguien”; así consta en el Diccionario del español dominicano (2013:13).

 

INVENTAR

“. . .la idea de que el Presidente pueda INVENTAR con una reforma constitucional. . .”

Este inventar con el significado que se expondrá más abajo pertenece al español de varios países hispanoamericanos. Esto es, no solo los hablantes de español dominicano lo utilizan de ese modo.

El significado particular de este verbo lo comparte el hablante de español de la  República Dominicana con México, Nicaragua, Paraguay, Venezuela. Así consta en el Diccionario de americanismos (2010).

Se usa el verbo inventar para significar, “Decir o hacer cosas descabelladas”. Hay que recordar que descabellado es, “contrario a la razón, al orden o a la prudencia”. Gran diccionario de la lengua española. Esto equivale a decir que inventar es decir o hacer cosas desatinadas, disparatadas, imprudentes, insensatas.

Se presume que los calvos no deben estar contentos con que el adjetivo descabellado sirva para expresar que alguien muestre poca inclinación por la serenidad, el buen juicio, que incurra en acciones absurdas.

Cortados por el mismo filo, en el español dominicano se emplea el adjetivo inventador/a que se aplica a la persona que con frecuencia obra “inventando”. Hace largo tiempo ya que por medio de estas reflexiones se trató este tema del adjetivo. Las personas inventadoras son aquellas que se exponen por sus actuaciones a situaciones de peligro, de riesgo.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Zapatear/zapatazo, gentrificación, astreinte

Por Roberto E. Guzmán

ZAPATEAR – ZAPATAZO

El verbo zapatear mantiene una acepción de uso en el español de los hablantes dominicanos que se relaciona con los significados del verbo zapatear de la manera en que este es conocido por la mayoría de los hablantes de español.

El verbo zapatear en las acepciones correspondientes a la marinería, la esgrima, la cacería y, las personas con los pies calzados, lleva o utiliza en esas definiciones el verbo golpear o el nombre golpe, ya sea esto de modo expreso o sobreentendido.

De allí es de donde los dominicanos han creado un zapatazo que se utiliza en un caso concreto. Este zapatazo dominicano se refiere a la sensación que experimenta un tomador de bebida alcohólica fuerte cuando la ingiere y esta llega y golpea el estómago. Del mismo modo en sentido figurado puede referirse también a la sensación que siente ese sujeto cuando los efectos del alcohol comienzan a afectar el cerebro.

De la forma en que se ha explicado la acepción de este zapatazo, en realidad no hay golpe, pero sí hay una sensación y un efecto que produce la bebida alcohólica en quien la bebe, de allí que la identifiquen con el golpe o ruido del zapatazo material reconocido en el español internacional.

Ah, vale aquí que se recuerde que este zapatazo no ha sido reconocido en los diccionarios de dominicanismos producidos hasta esta fecha. Se confía en que después de documentarlo del modo en que se ha hecho aquí este no pasará inadvertido en el futuro.

 

GENTRIFICACIÓN

“. . .que es la GENTRIFICACIÓN de la zona restaurada. . .”

La voz del título llama la atención porque las primeras letras así juntas –gentri– no evocan idea alguna en el español tradicional. Las tres primeras letras –gen– sí guardan relación con el latín precursor del español actual.

La voz del título procede del inglés, lengua en la que se utiliza sobre todo en asuntos relacionados con el urbanismo. Como es un fenómeno que ocurre en ciudades de casi todo el mundo es natural que a falta de una palabra patrimonial, las diferentes lenguas de los países donde se produce el fenómeno hayan recurrido a adoptar o adaptar la voz gentrification del inglés.

La nueva voz que ha incursionado en el español común ha adquirido tanta importancia que una institución asesorada por la Real Academia de la Lengua Española le ha dedicado un espacio importante a la voz estudiada.

Lo primero que hace esa institución es asegurar que gentrificación es un neologismo válido; esto así porque “es una adaptación adecuada al español del inglés gentrification”.

El Merriam-Webster´s Dictionary define este fenómeno con las siguientes palabras, que traducidas al español terminan de este modo, “proceso de renovación y reconstrucción que acompaña al influjo de personas pudientes y de clase media en un área en deterioro, que a menudo desplaza a los generalmente más pobres residentes anteriores”. (Traducción RG).

La palabra gentrification apareció en inglés en el año 1977, según el mencionado diccionario, formada sobre el inglés gentrify. Este verbo indica “aumento del valor de los bienes raíces en un barrio al convertir un área pobre en una de viviendas más caras”. El verbo se documentó en inglés en el año 1973.

El verbo en sí mismo deriva de gentry que es de larga data en inglés, 1303, que a su vez tiene relación con el viejo francés. Chambers Dictionary of Etymology (2015:428). En italiano han integrado la voz gentry a su uso como palabra extranjera para mencionar a la pequeña nobleza inglesa propietaria de tierras. Dizionario delle parole straniere (1999:112).

Elisenda Bernal, de la Universitat Pompeu Fabra en un estudio publicado en Martes Neológico asegura que el término gentrificación se debe a la socióloga británica Ruth Glass que así bautizó en 1964 al “proceso de transformación de un espacio urbano deteriorado o devaluado a partir de la reconstrucción o rehabilitación de edificios”. Esa investigadora acota que la entrada en español se documentó en el año 2004.

Cuando en español se admite un neologismo es para evitar tener que recurrir a una perífrasis. El mundo moderno está en constante mutación y esos cambios se reflejan en el léxico. El fenómeno a que se aludió con la voz analizada, si bien recibió su reconocimiento en inglés, lengua que lo denominó, es un proceso que se repite en otras sociedades y, que en consecuencia, necesita de un nombre. La palabra del título dejará de ser un neologismo cuando los hablantes no se sorprendan al oír o leer esa palabra.

De acuerdo con Fundéu BBVA, a la que se aludió antes aunque no se nombró, en español existen otros vocablos propuestos para denominar el procedimiento a que se contrae la gentrification, *elitización residencial es una de ellas, con el inconveniente de que “elitización” no es una palabra integrada todavía al repertorio reconocido de la lengua española, pero puede argüirse que también es un neologismo válido.

 

ASTREINTE

“. . .también se impuso un ASTREINTE de RD$ 5 mil pesos por cada día de retardo. . .”

La voz que aparece resaltada en la cita es probable que produzca muchas preguntas en las mentes de los lectores de español dominicano. En el texto reproducido puede deducirse el significado de esta gracias al entorno en que se encuentra.

La voz pertenece al ámbito jurídico dominicano que la tomó en préstamo hace largo tiempo del francés jurídico. Esta voz se repite en las aulas de derecho, en los tribunales y en los escritos de los abogados y entendidos en esta materia.

Parece que existe una relación o inclinación de afecto de parte de los juristas dominicanos con respecto de esta voz que no les permite renunciar al uso de ella. Se piensa que al contrario de lo que piensan muchas personas, en español existen palabras de buena solera que pueden desempeñar las funciones de este galicismo.

La astreinte es una condena pecuniaria pronunciada a título conminatorio, a razón de tanto por día o mes de retardo contra el deudor de una obligación de hacer o, en algunos casos, de una obligación de dar, para constreñirlos a cumplir. Petit Dictionnaire de Droit (1951:143) Obra publicada por la Editorial Dalloz. Hay que consignar que lo traducido es solo una parte de las explicaciones que trae ese diccionario; eso solo constituye el meollo de las características. (Traducción RG).

En el Petit Robert aparece la voz del francés definida, “Condena al pago de cierta suma de dinero por cada día de retardo en la ejecución de un acto ordenado por una jurisdicción civil”. (2007:164). (Traducción RG).

El galicismo deriva del verbo francés astreindre que puede traducirse por “constreñir, obligar”. De aquí puede que la astreinte , que es el participio pasado sustantivado desde el año 1875 con el significado de “condena pecuniaria que debe pagarse por un retardo”, sea una obligación.

No hay lugar a mostrar sorpresa que en el argot jurídico dominicano permanezcan muchas voces del francés si se tiene en cuenta que durante largos años los tribunales se rigieron por traducciones (no siempre felices) de códigos franceses.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

28 AGO 2018

PARA GUSTOS, COLORES

Cada cierto tiempo se escuchan voces que preconizan la muerte de la lengua española. En estos días he leído a Pedro Delgado Malagón en El Caribe preguntarse si nuestra lengua morirá de pureza, relegada al uso de los intelectuales y artistas, o si morirá desintegrada por la contaminación de las jergas. Me encanta que la pasión por la lengua española, que sin duda demuestra Delgado, sea tema de debate y esté presente en los medios de comunicación, que tanta responsabilidad tienen en la difusión de su buen uso, ya que la lengua es su principal herramienta.

Parece apuntarse don Pedro a los que creen en su agonía. Refiere con detalle un supuesto informe académico dispuesto a modificar hasta lo irreconocible nuestra ortografía. Con tonalidad tremendista habla de inquisición, de mutilación despiadada y de perverso aquelarre, sin parar mientes en que este remedo de reforma académica no es más que una broma barata para afear malos usos ortográficos que circula desde hace años por las redes, y que quizás no merece el mal rato.

La labor de las academias de la lengua española, tan traída y tan llevada, sigue siendo desconocida para muchos hablantes. Entre burlas y veras se propagan bulos muy difíciles de desmontar; sobre palabras admitidas o no, sobre supresión de letras en el abecedario, sobre cambios ortográficos inverosímiles y, sorprendentemente, también sobre inmovilismo a ultranza.

Delgado Malagón habla de la mala ortografía, de las jergas y de la disgregación lingüística como principales responsables de la debacle; tres aspectos (ortografía, léxico y unidad) tan interesantes para el debate que me atrevo a dedicarles algunas de mis próximas Eñes. No tendrán, ya les adelanto, una tonalidad tan oscura como el «Sálvese quien pueda» de don Pedro, pero, para hablantes y gustos, colores.

 

04 SEP 2018

EVIDENCIAS ORTOGRÁFICAS

Esta Eñe de hoy quiere acercarnos a la ortografía, no a sus reglas y excepciones, sino a su razón de ser en el sistema lingüístico. Para ello no hay mejor guía que la Ortografía de la lengua española, un manual académico que debería convertirse en libro de consulta cercano.

Para la escritura disponemos de un conjunto de signos convencionales, es decir, producto de un convenio o pacto antiquísimo para representar el lenguaje oral mediante signos gráficos. Necesitamos además un conjunto de reglas que indiquen cuándo y cómo deben usarse estos signos. Según la definición académica, «este conjunto de normas que regulan la correcta escritura de una lengua constituye lo que llamamos ortografía». No es cosa exclusiva del español: todas las lenguas de cultura tienen su ortografía.

La ortografía, como conjunto de reglas, no es inmutable. Sus convenciones han ido evolucionando con el tiempo según distintos criterios. Nuestras normas ortográficas de hoy no son las mismas que se aplicaban en otras épocas; ni mejores ni peores, adaptadas a los tiempos.

Lo que debemos tener claro es que la ortografía tiene carácter normativo, lo que permite mantener la uniformidad de la representación gráfica del español, independientemente de la persona que escriba, del país en el que viva o haya nacido, de su variedad dialectal o de su acento.

La forma en que nos enseñan ortografía nos hace verla como un galimatías ininteligible de reglas y excepciones, en lugar de transmitirnos que la ortografía nos permite escribir y leer con corrección. Dicen las Academias de la Lengua sobre la ortografía: «No es un simple adorno, sino condición necesaria para el completo desarrollo de la persona, como individuo y como ser anclado en la sociedad, en la medida en que la escritura es hoy fundamental como soporte del conocimiento y como instrumento de comunicación».

11 SEP 2018

DE JERGAS Y ARGOTS

Nos toca seguir con el léxico. Muchos consideran que las variedades léxicas de nuestra lengua representan un riesgo para su futuro. Algunos hablan de jergas o argots para referirse a ellas de modo despectivo. Aclaremos algo.

Los sustantivos jerga y argot comparten dos significados. Usamos estos sustantivos para referirnos a un lenguaje particular que utilizan las personas que comparten oficio o profesión. Así hablamos del argot médico o de la jerga informática. El hecho de que el argot, o la jerga, estén formados por términos especializados hace que, en muchas ocasiones, se convierta en un lenguaje críptico para los que no pertenecen al grupo profesional. Y recuerden que hay grupos profesionales muy «particulares» a los que les viene muy bien que sus propias jergas sean incomprensibles para otros: el argot de la drogadicción o la jerga delincuencial. Precisamente la dificultad para su comprensión hace que usemos los sustantivos jerga y argot para referirnos a cualquier lenguaje difícil de entender, por su incorrección o por su confusión.

Las jergas no son cosa de nuestros tiempos. Han existido desde que la lengua es lengua. Que se lo digan si no a Miguel de Cervantes, en cuyas novelas podemos encontrar el léxico jergal de su tiempo usado de forma magistral. La existencia de las jergas no pone en peligro nuestra lengua. El peligro está en que solo podamos comunicarnos echando mano del vocabulario jergal. Como casi siempre, la responsabilidad está en la cancha de los hablantes. Se trata de ampliar nuestro vocabulario de forma que podamos aprovechar el argot o deshacernos de él a voluntad. Con más y mejores palabras se amplían también nuestros horizontes y, por supuesto, los de nuestra lengua.

18 SEP 2018

¿EN PELIGRO?

Si hay una lengua inmensa en el mundo, esa es la nuestra. Los hispanohablantes debemos ser conscientes de lo que esto implica. Nuestra lengua es inmensa en historia y en extensión; basta saber que se habla como lengua materna en cuatro continentes desde hace siglos. Nuestra lengua es inmensa en hablantes y todos y cada uno de ellos tienen derecho a considerarla propia. Donde más se muestra la amplitud de nuestra lengua es en la pronunciación y en el vocabulario.

¿Significa esto que nuestra lengua está en peligro de disgregación? En mi opinión el español tiene en la riqueza y la variedad su fuerza y su futuro, porque nuestra lengua dispone de las armas que le permiten mantenerse unida.

La ortografía, como sistema estructurado, nos permite conservar la unidad, que no la uniformidad de nuestra lengua. Describe muy bien su importancia social la Ortografía académica: «Gracias a la existencia de una ortografía común leemos los textos de autores de muy diversas áreas geográficas como si tuvieran una misma voz. La unidad ortográfica constituye, pues, el soporte más visible del sentimiento de comunidad lingüística y cultural entre países que se expresan en una misma lengua».

El vocabulario es otro cantar. Su capacidad de adaptación, combinación, creación y muerte es ilimitada. También tiene sus reglas, pero está obligado a responder de inmediato a nuestras necesidades en todas las circunstancias de la vida. Y no hay nada más cambiante y más rico que la vida. El léxico de una lengua no puede quedarse atrás. Los buenos hablantes somos responsables de utilizarlo apropiadamente, de atesorarlo, de enriquecer nuestro bagaje para sacarle el mayor partido posible a nuestras palabras, a nuestras casi infinitas palabras. Unidad y diversidad parecen irreconciliables, pero no lo son en nuestra lengua.

 

25 SEP 2018

JAMÓN Y CASABE

El préstamo lingüístico forma parte esencial del léxico de nuestra lengua. La adopción de palabras procedentes de otras lenguas no es una práctica reciente. Sucede desde que la lengua es lengua por el contacto directo entre hablantes de idiomas distintos o por la influencia cultural, política o económica de una sociedad sobre otra.

Lo que diferencia a unos extranjerismos de otros es la razón por la que se adoptan. Hasta que los españoles llegaron a esta isla la lengua española no se había visto en la necesidad de disponer de una palabra para referirse a la yuca, ni a una especie de pan elaborado a partir de ella, sencillamente porque para ellos no existían ninguna de estas realidades. Cuando las palabras empiezan a hacerse necesarias para designar una nueva realidad el préstamo es la vía más rápida; en un «santiamén» lingüístico yuca y casabe entran a formar parte de nuestro léxico, y como tales empiezan a regirse por las normas gramaticales y ortográficas de nuestra lengua. Incluso sirven de base léxica para crear nuevas palabras (yuquitacasabero), dan origen a locuciones (guayar la yucahacer yuca) o protagonizan refranes a la dominicana: a falta de pan, casabe.

Los préstamos que deben preocuparnos como amantes de nuestra lengua son otros préstamos; aquellos que adoptamos por moda, parejería o, sencillamente, como sucede en la mayoría de los casos, por desconocimiento de nuestras propias palabras. Cuando esto sucede la palabra patrimonial y el préstamo, con el mismo significado, conviven y, a veces, terminan desbancándose una a otra. La Ortografía académica pone un curioso ejemplo histórico: hace siglos el galicismo jamón (del francés jambon) acabó triunfando sobre el patrimonial pernil precisamente en la tierra de los jamones. Ninguno de nosotros sentimos a la palabra jamón como extranjera, porque para la lengua como para los buenos jamones el tiempo no pasa en balde.

 

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

¿QUÉ HACER EN ESPAÑOL CON LAS PALABRAS EXTRAÑAS?

 La primera recomendación frente a los vocablos extranjeros  es evitarlos. Pero cuando éstos resultan  indispensables, o al menos necesarios,  procede recibirlos y  buscar la forma de adaptarlos  al perfil de nuestro idioma. Un vocablo se hace necesario porque  representa un objeto, una circunstancia o  una acción  que no ha sido nombrada en español.

El extranjerismo podría expresar también  una cualidad para la cual no se tiene palabra en  lengua de castellana. Es decir palabras que encierran una valoración sobre personas, cosas, animales o situaciones.

Si nos vamos a quedar con un vocablo procedente de otra  lengua, la actitud más prudente es sustituir grafías ajenas al sistema ortográfico del español, de manera que el vocablo se aproxime a las características del español.

Pongamos por ejemplo que como  en español la letra –q  (cu) solo tiene uso con el dígrafo –qu, o lo que es igual: seguida de las vocales –ue (queso, querer, quemado) y –ui (quiero, quizá, quimera), el nombre del país  árabe   debe escribirse Catar y no Qatar, como prefieren algunos.

Incluso, voces  procedentes del latín pero que no forman parte  del patrimonio léxico del español han presentado dificultades por su grafía ajena al sistema ortográfico castellano, específicamente con la letra -cu, sin formar el dígrafo qu,  y la pretensión  de unos hablantes de emplearla con el sonido  de –k (ca).

La Ortografía de la lengua española, publicación oficial 2010, apunta al respecto que: “Este uso autónomo del grafema q en representación del fonema /k/, como ya se ha señalado, contradice los intentos por regularizar y simplificar la escritura del español promovidos por la ortografía académica, que ya en 1815 determinó que se escribieran con cu+vocal todas las palabras en las que la secuencia gráfica  qu se correspondiese con la secuencia fónica /ku/, con independencia de la etimología”. (OLE, pág. 615).

Por lo antes expresado es que las voces latinas exequatur, quadrivium y quorum es preferible escribirlas con –cu: execuátur, cuadrívium y cuórum.

La voz inglesa “whisky” entró al español y no parece que vaya a desaparecer, pues el elemento que representa  ha calado muy hondamente  fuera de la cultura escocesa. Esta palabra presentó un problema de adaptación, dado que la –w (uve doble) no  existía en el alfabeto latino y por tanto  no hay palabras, propias del español, que lleven este signo. Del inglés y del alemán, sobre todo, llegaron vocablos iniciados con –w que fueron adaptados  con los sonidos –gu  o –v . Ejemplos: welf (alemán) devino en güelfo y wagon (del inglés) se acuñó como vagón.

Güelfo   es un adjetivo  y se define así: “1. adj. En la Edad Media italiana, partidario de los papas y enfrentado a los gibelinos, defensores de los emperadores de Alemania”.

Siguiendo ese patrón, los académicos  recomendaron adaptar la voz whisky con la grafía güisqui, y así aparece en el Diccionario. Pero más adelante a la uve doble (doble ve y mal llamada doble u) se le dio carta de ciudadanía en nuestro idioma  y se  está reconsiderando   la escritura del nombre que identifica al licor británico. Wiski es la forma considerada más acorde con su etimología, pero aún no la recoge el Diccionario académico.

La voz “kangourou”, procedente del francés  se adaptó al español como canguro, mientras zink  (del alemán) quedó en zinc o cinc.

Hemos de repetir  que el uso de  extranjerismos   es necedad cuando se trata de voces que tienen equivalente en español, pero cuando no ocurre esto, procede acuñar la palabra extraña y someterla al orden  de nuestra lengua.

Del Japón nos  llegó un juego llamado /yudo/, pues escribamos yudo, yudoca y Asoyudo. ¿Por qué escribir “judo” si leemos yudo?

 

 

 

ADAPTACIÓN DE EXTRANJERISMOS AL ESPAÑOL

Ninguna lengua se ha formado de un día para otro. Más bien es resultado de una serie de interacciones entre sujetos que practican  el comercio, la guerra, las migraciones, la dominación de unos sobre otros o un  tipo de relación que implique comunicación e intercambio.

El español se ha formado a partir del latín. Este se extendió por la península ibérica a partir del siglo III antes de Cristo  y  se impuso a las lenguas prerromanas. De ese latín con influencia de las lenguas de la región procede la base léxica del español. Es lo que se denomina léxico heredado o patrimonial.

El latín siguió predominando en Europa  y fue la lengua de cultura por excelencia. Las lenguas romances recurren a ella para cubrir necesidades expresivas. A través del griego llegaron, sobre todo, los términos cultos, propios de la ciencia: biología, filosofía, ortografía, pedagogía.

Hoy el español es una lengua adulta, hablada por más de quinientos millones de personas, solo superada por el mandarín, idioma de los chinos. El contacto del español con otras lenguas (árabe, italiano, inglés, francés, indígenas americanas)   atrajo términos de las mismas  para originar el léxico adquirido.

El comercio, la tecnología, la persistencia de las migraciones, los intercambios artísticos y   deportivos, los nuevos hábitos de consumo e incluso las relaciones  políticas, facilitan el ingreso de términos de otras lenguas que se tornan necesarios en la nuestra.

Se ha llamado préstamo lingüístico a la adquisición de una palabra procedente de otra lengua. Es recomendable recurrir previamente al acervo  lexicográfico del español y localizar  el vocablo indicado, por su valor semántico, para sustituir la voz extraña.

De modo que es preferible decir computadora personal en lugar de “personal computer”; disco compacto y no “compact disc”, cedé  y no cidí (CD), gestor o manejador de redes, en vez de “comunity manager”, restaurante y no “restaurant” o “restorán”..

Algunas palabras y expresiones extranjeras carecen de equivalentes para la traducción o el que aparece dificulta  apreciar el sentido de lo que se quiere expresar.  Es entonces cuando se procede a la acuñación del neologismo. Ese neologismo adaptado asumirá  un comportamiento propio de un vocablo del español, tanto para formar el plural, como el diminutivo  o someterse al accidente de género (femenino, masculino).

Algunos de estos vocablos procedentes del inglés  pudieron ser traducidos, pero los hablantes del español prefirieron aceptarlos por el sonido de su lengua de origen,  y los académicos recomiendan escribirlos de este modo: beisbol, fútbol, líder, mitin, blíster, eslogan, estrés, escáner, estándar…).

Del francés hemos adaptado coñac (en francés cognac), champán (champagne), chofer (chauffeur), garaje (garaje).

Estos ejemplos del italiano:   espagueti (spaghetti, plural de spaghetto), yacusi (yacuzzi), lasaña (lasagna).

Lo que dice la Ortografía de la lengua española: “Las voces extranjeras deben escribirse siempre en los textos españoles con una marca  gráfica que destaque su condición de palabras pertenecientes a otra lengua: preferentemente   en cursiva en la escritura tipográfica (siempre que el texto base esté escrito en redonda; pero en redonda, si el texto base está escrito en cursiva) y entre comillas en los textos manuscritos, donde no es posible establecer la oposición entre la letra redonda y la cursiva. Esta marca gráfica estará indicando que el término  en cuestión  es ajeno a nuestra lengua y que, debido a ello, no tiene por qué atenerse a las convenciones ortográficas españolas ni pronunciarse como correspondería en español a esa grafía”. (pag. 601).

El préstamo o adaptación de términos extraños es una vía de enriquecimiento del español. Eso sí, esto requiere respeto para el perfil de nuestra lengua

«Lumbre de la mocanidad», del doctor Bruno Rosario Candelier

La palabra libro se tiene como fuente de enseñanza por antonomasia. No importa su contenido, un libro siempre tendrá algún aporte para nutrirnos intelectualmente, incluyendo ¡oh, paradoja! aquellos que nada pueden aportar para “mejorarnos”, pues se convierten, estos últimos, en referentes precisos de lo que no debe merecer nuestra atención y esfuerzo. Indudablemente que el grado de desarrollo intelectual a que ha llegado la humanidad se debe a la aparición de los libros. Por ello, hemos de celebrar siempre sus publicaciones, ya que vienen a ensanchar la ribera del conocimiento en sentido general, pero, también, nos aportan luz sobre un proceso, época o materia, en sentido particular. Y cuando el libro ha sido elaborado por un escritor con conciencia y dominio del oficio, esa luz ha de ser aprovechada para nuestro crecimiento. Tal es el caso de este volumen que presentamos hoy a la consideración de los estudiosos, investigadores o, simplemente, curiosos de la literatura dominicana y  su trayectoria a través de los siglos. Porque, aunque en este gran aporte a la bibliografía nacional solo se reseñan autores que han nacido en la demarcación geográfica de la provincia Espaillat, muchos de ellos han tenido trascendencia nacional e internacional, convirtiéndose, varios de ellos, en paradigmas de las letras nacionales.

Y en ese punto es donde radica la singular importancia de esta nueva producción de Bruno Rosario Candelier, quien imbuido de un acendrado sentimiento humanista no pierde oportunidad ni tema para ofrecer su aporte al engrandecimiento del acervo cultural de esta sociedad que tanto lo necesita. Haciendo galas de su dominio sobre los géneros literarios; echando mano a su amplio portafolio de estudios sobre la intelectualidad dominicana y, auxiliándose de sus amplios conocimientos técnicos en la materia,  el doctor Rosario Candelier nos agrega otro peldaño a la escalera de obras didácticas que desde 1975 comenzó a ensamblar para el provecho de quienes quieran o necesiten escalar hasta la cumbre de nuestra literatura. La historia de una nación, continente (o del mundo) no puede ser engranada sin los detalles particulares de cada región o personaje que haya tenido que ver con su desarrollo. Y normalmente, los escritores, por el bagaje cultural que llevan sobre sus hombros; por el grado de razonamiento  que llegan a alcanzar, producto de su preparación intelectual, son elementos distinguidos en la elaboración de esa historia. Así que, al revisar las páginas de este libro, entraremos en contacto con más de 150 protagonistas de la vida nacional que, en el devenir del tiempo se han convertido (y seguirán convirtiéndose) en fuentes obligadas para estudiar nuestro pasado; referentes actualizados para comprender nuestro presente y elementos determinantes para proyectar nuestro futuro.

La obra está organizada en 5 secciones específicas donde se nos presentan trabajos sobre cultores mocanos en los diferentes géneros literarios, comenzando con una síntesis histórica que ocupa la primera parte. Y si algún “pecado” podría alguien encontrarle a este libro, es la pasión con que su autor, permeado por su sensibilidad telúrica, asume el estudio de lo que él denomina la Mocanidad. Es posible que, producto de ello, a algunas personas les pueda parecer extenso el abanico de nombres que abarca. No obstante, objetivamente hablando, a ninguno de los personajes mencionados se le puede quitar la cualidad que lo ha hecho merecedor de aparecer en esta detallada reseña histórica. Pero, aparte de cualquier observación que se le pueda hacer, lo que resalta, lo que verdaderamente sobresale una vez más, es la maestría de su autor en la elaboración de este tipo de trabajo. Con la válida iniciativa de rescatar y propagar la “lumbre de la Mocanidad”, el director de la Academia Dominicana de la Lengua, nos brinda la oportunidad no solo de conocer datos precisos sobre los productores literarios de su “patria chica”, sino que, a través del contenido de los estudios que estructuran el volumen, nos ofrece cátedras de ensayística en varios de sus trabajos recopilados para ensamblar este, su más reciente aporte literario.  Tal es el caso del texto que aparece en la página 79, bajo el título de “Moca en la poesía de Aída Cartagena Portalatín”, a mi entender, uno de los más sobresalientes ensayos literarios que se haya escrito sobre obra literaria alguna, en nuestro idioma.

Tanto por la forma en que está estructurado, como por el sustrato que deja en el lector, este trabajo puede considerarse un modelo, en cualquier idioma y para cualquier público, como puede apreciarse en la “birla introductoria” que el autor usa como pórtico. Cito: “Creo firmemente en ese aserto por cuanto todo escritor es dominado por una obsesión que se reitera, abierta o solapadamente, en todas sus obras. En ese sentido es como se emplea la palabra tema, significando la obsesión o red de obsesiones. Así, Federico García Lorca habló duendes, productivos y Mario Vargas Llosa de “demonios” personales. Lo particularmente difícil es detectar el tema específico de cada escritor, sobre todo, cuando esa obsesión se oculta ingeniosamente en los artificios del lenguaje. Tal es el caso de Aída Cartagena Portalatín (Moca, 1918) en “producciones literarias. ¿Y quién era Swain? Su retrato aparece en Escalera para Electra (1).

Aquí se perfila un planteamiento profundo del tema a desarrollar y se plantea un abordaje al mismo que no deja dudas de la seguridad y precisión con que el tema habrá de ser tratado. Y les juro que no decepciona a esa primera impresión, la profundidad con que el autor desentraña los secretos que revelan el tema motor en toda la obra de esta sobresaliente escritora de nuestra lengua. Como se aprecia en esta síntesis genial de todo el ensayo.

Efectivamente, Aida Cartagena trenzó los recuerdos, y ese nudo rememorativo le permitió desgranarlos en sus libros. Es así como en “Sed de dolor” reitera  los “viejos recuerdos”; en “Sangre sin nombre” habla de “remolinos de pasiones pretéritas”; y en “Poema de eternidad” asegura, dirigiéndose a alguien que identifico como Swain, que “te hiciste un primer puesto en el mundo de mis pensamientos y así reconstruimos los pórticos de aquel amor caído”. Habrá que esperar muchos años, concretamente, la publicación de la novela Escalera para Electra, para conocer aquel “amor caído”  a que alude Aída (2). Este es, quizás, el más sólido ejemplo de la importancia de esta obra, que no solo nos ilustra sobre los dignos personajes que encontramos en sus páginas, sino que nos sirve de modelo a quienes, modestamente, pretendemos abrirnos camino en el sendero del género ensayístico.

¡Ojalá que el ejemplo del maestro Rosario Candelier sea asumido por otros intelectuales de la nación y que, en un ejercicio de investigación seria y objetividad intelectual, nos brinden un ejemplar contentivo de los personajes que han existido en cada foco literario que se haya desarrollado en el país!

«Lumbre de la mocanidad», de Bruno Rosario Candelier

Por Camelia Michel

   Hoy me toca comentar la obra Lumbre de la Mocanidad. El arte literario en la Villa Heroica, tarea que comenzaré resaltando la capacidad productiva de su autor, Bruno Rosario Candelier, la cual siempre logra sorprenderme, a pesar de que poseo, al igual que todos ustedes, pruebas fehacientes y cotidianas de su fertilidad creativa y permanente entrega al trabajo literario.

Este libro salió a circular en Moca hace apenas unos días, hecho que constituyó todo un hito en términos del interés expresado por dicha comunidad y del respaldo de sus autoridades, particularmente de la oficina del senador José Rafael Vargas.

Encaminada a resaltar la impronta de la Villa del Viaducto en el quehacer literario nacional, Lumbre de la Mocanidad presenta 61 textos, la mayoría de los cuales son ensayos y análisis literarios de Bruno Rosario Candelier, relativos a escritores mocanos destacados en los diferentes géneros literarios. También figuran textos vinculados a dicho eje temático, de los ensayistas Luce López Baralt, Pura Emeterio Rondón, Manuel Matos Moquete y del poeta Alberto Peña Lebrón; al igual que algunos diálogos y entrevistas, entre ellos, una conversación con una servidora, en torno a los valores de la Mocanidad.

Un acierto fundamental en Lumbre de la Mocanidad. El arte literario en la Villa Heroica, es el hecho de que revela la influencia y el impacto del talento mocano en la literatura nacional y mundial, porque hablar de autores fundacionales en sus respectivos géneros y épocas, tan diferentes entre sí y alejados en el tiempo, como Juan Antonio Alix y Aída Cartagena Portalatín -uno de trascendencia nacional, la otra, de  proyección internacional- es mucho más que una casualidad afortunada. Otro aporte de Rosario Candelier es haber detectado dos filones esenciales en la literatura mocana: la ligazón entrañable con la tierra y las vivencias, y una onda de expansión hacia lo universal. Así, este crítico literario señala que el apego a la tierra y el sentido de lo propio, ese ethos que podríamos llamar “Mocanidad”, en algunos autores asume una voz nacionalista, de defensa de lo nuestro, del país, con alusiones a los enfrentamientos de principios del siglo pasado, o bien de exaltación del paisaje y características del lar nativo, con mucha prevalencia de la épica y de lo lírico-épico, como en los casos de Gabriel Morillo, y de Octavio Guzmán Carretero.

En otros autores se presenta a través de una visión metafísica y de conexión cósmica. Pero algo que no podemos obviar es el hecho de que en esta variopinta relación de análisis de autores mocanos cronológicamente dispuesta, hay un entronque con la literatura universal de todos los tiempos. Así, se resalta el carácter modernista de la poesía mocana de principios del siglo XX, y su evolución hacia las vanguardias posteriores, cónsona con los movimientos poéticos de la capital y todo el país, en los que se reflejan las inquietudes literarias con vigencia mundial. ¡Ojo: ser un escritor vinculado a la Mocanidad no es sinónimo de encierro mental, o de regionalismo o localismo fanático, sino de apertura desde lo propio!

Fenómenos como los descritos solo se repiten en una localidad, cuando hay todo un hábito cultural, una tradición de lectura, escritura y reflexión, que en cada época da frutos, dado que no solo hablamos de Aída o de Alix: hablamos de Manuel Valerio, de Alberto Peña Lebrón, o más lejanos en el tiempo, deGabriel Morillo, de Octavio Guzmán Carretero y de un conjunto de poetas y narradores contemporáneos pertenecientes a diferentes movimientos y círculos literarios, que tienen en común una gran dotación creadora y bagaje intelectual, y sobre todo, la impronta, el recuerdo de su tierra, de sus vivencias en el pequeño mundo que los vio  nacer, sin menoscabo de su apertura a corrientes universales tanto clásicas como vanguardistas.

De hecho, en este conjunto de ensayos, Rosario Candelier pone de manifiesto que Moca, su Moca, nuestro Moca natal, no solo es tierra de poetas y narradores, sino que las disciplinas humanistas tienen un espacio fundamental.

No olvidemos que en este terruño han visto la luz historiadores, costumbristas, educadores, críticos literarios, como el mismo Rosario Candelier, gente vinculada al teatro, la oratoria, periodistas, juristas brillantes y cultores de las diversas disciplinas artísticas. Ciertamente, muchos de los escritos recogidos en este libro ya eran conocidos, pero en muchos casos constituyen una revelación, porque en ellos su autor pone el dedo sobre la llaga, y es preciso releerlos para aquilatar su contenido. En algunos casos Rosario Candelier ofrece planteamientos radicales, como los vertidos en torno a Juan Antonio Alix, a quien considera el fundador de la literatura dominicana. Cito: “Desde una perspectiva estética, la obra de Juan Antonio Alix, por la categoría y la cantidad de su creación, es el más importante cultor de la poesía popular dominicana y el primer escritor criollo que sustenta la base de la literatura nacional. Al asumir la décima como expresión de la poética nacional, este decimero es el primer poeta dominicano con cuya obra pauta el inicio de las letras nacionales, hecho que convierte a Juan Antonio Alix en el fundador de la literatura nacional”.

Es particularmente exhaustivo su análisis de la obra del poeta sorprendido Manuel Valerio, cuya tendencia metafísica es un elemento de mucho interés para Rosario Candelier. La estética desplegada por Valerio -la cual, señala Bruno Rosario, no llegó a ser claramente formalizada en conceptos- de alguna manera fecunda la estética interiorista, dado que su poesía se ajusta a planteamientos básicos de este movimiento. Creo, pues, que entre los precursores más influyentes del Interiorismo, hay que asignar un espacio de principalía a Manuel Valerio, voz poética de lenguaje límpido y engañosamente sencillo, pero lleno de enigmas y sentido profundo, que se insinúa bajo la capa de bellísimas imágenes. Y la lectura cuidadosa del ensayo “La lírica metafísica de Manuel Valerio” es bastante reveladora.

En cuanto a los escritores contemporáneos de la provincia, Rosario Candelier abarca un amplio muestrario de nombres, géneros y obras, que no puedo abordar en este breve espacio. Algunos de los más conocidos cuya labor poética él aborda son: José Rafael Lantigua, Valentín Amaro, Freddy Bretón, Sally Rodríguez, Juana Elodia  Peralta, Basilio Belliard, José Frank Rosario, Iki Tejada, Pedro Ovalles, Mariano García, Fari Rosario, Gerardo Mercedes y Pedro Pompeyo Rosario. También muchos miembros activos del Ateneo Insular, como Carmen Comprés, Juan y Rocío Santos, Mikenia Vargas y una servidora.

Entre los narradores, amén de Aída Cartagena, Artagnan Pérez Méndez, Santiago Estrella Veloz, y Luce López Baralt analiza la novela de Rosario Candelier. En el ensayo, aborda la labor de Julio Jaime Julia, Adriano Miguel Tejada, Eduardo García Michel, Luis Quezada, Abigail Cruz Infante, entre otros. Voy a concluir agradeciendo a BRC que se tomara en cuenta mi trabajo no sólo en lo que concierne a la poesía, sino en un fructífero diálogo en torno a los valores mocanos. Finalmente, espero que todos se motiven y disfruten la lectura de este libro, que nos ofrece una de las espinas dorsales de las letras dominicanas.

 

“Lumbre de la mocanidad, el arte literario en la villa heroica”, del Dr. Bruno Rosario Candelier

Por Adriano Miguel Tejada

Mi distinguido amigo de más de medio siglo, Bruno Rosario Candelier, me ha pedido que diga unas palabras en esta puesta en circulación de su nueva obra, Lumbre de la MocanidadEl arte literario en la Villa Heroica, y lo hago con mucho gusto no solo por la amistad que nos une, o porque la obra ponga de relieve la inmensa cosecha de poetas y escritores de nuestra comunidad, sino porque se trata de un gesto de generosidad intelectual que pocas veces se observa en nuestro país.

En esta obra se reconocen no solo a consagrados escritores de nombre nacional e internacional, sino también a jóvenes discípulos de los afanes literarios del autor que ha creado escuela en el país y que autorizan a catalogarlo como el más importante promotor literario de la República Dominicana en toda su historia.

Así como tuvimos a un Eugenio María de Hostos que promovió la escuela y un nuevo método de enseñanza entre los dominicanos, y a un Domingo Moreno Jiménez que paseó la dignidad de su pobreza y la riqueza de sus versos por todo el territorio nacional, esta generación ha tenido el privilegio de contar con un Bruno Antonio del Rosario y Candelier que ha dedicado su vida a motivar en valores literarios y humanos y a crear una legión de escritores, demostrando así que el alma dominicana es terreno fértil para la creación de belleza y la búsqueda de lo infinito.

Así, entre sus discípulos hay desde sacerdotes y obispos hasta muchachos de la calle. Bruno es un descubridor de talento mejor que el más aguzado escucha de las Grandes Ligas.

Lo que más me llama la atención de mi querido Bruno es su capacidad creativa. Yo, que por obligación profesional me paso el día escribiendo, no puedo ni de cerca alcanzar las millas de letras que Bruno nos lleva a todos. Y no estamos hablando de gárrulas expresiones sin sentido, sino de textos trabajados, con referencias bibliográficas cuidadosamente seleccionadas y una arquitectura escritural que muestra la exquisita formación del autor, su enorme intuición literaria y su hombría de bien.

A 50 años de la fundación del Ateneo de Moca, del que Bruno fue activo vicepresidente, uno se maravilla de las cosas que se hicieron y de cómo han cambiado las cosas en nuestro pueblo querido.

En aquel tiempo, hacíamos una actividad literaria semanalmente. Ya fuera una conferencia o un recital; un panel literario de alcance nacional, un concierto sinfónico o una exposición de fotografía o de artes plásticas, ese grupo de jóvenes revolucionó la cultura de la ciudad al punto de recibir el reconocimiento de escritores de la talla de Alberto Baeza Flores y Héctor Incháustegui Cabral.

Usamos todos los espacios disponibles entonces, desde el Club Recreativo, el Amigos de la Duarte, el Deportivo Moca (La Cancha), el José Horacio Rodríguez, los salones de actos de las escuelas, del ayuntamiento municipal y la Gobernación provincial. En fin, la cultura llegó a todos los rincones de la ciudad.

Nuestra ciudad necesita que ese liderazgo surja de nuevo. Las inquietudes sabemos que están ahí. Las podemos observar en las peñas y en las entidades de desarrollo de nuestra ciudad y provincia. Solo se requiere que pongamos manos a la obra y seamos imaginativos. Conocerán la desilusión, como la conocimos nosotros, pero el esfuerzo vale la pena, porque ya no basta con quejarnos de que la juventud se está perdiendo: hay que ayudarla a salir de su letargo nocivo. En este caso, nuestro amor por esta ciudad tiene que ser activo, o es poco amor, como nos recordaba el poeta.

Quiero recordar, para finalizar una historia que me gusta mucho y que cuenta Costancio C. Vigil en su obra El Erial: un señor decidió construir una escalera para llegar al cielo, pero según avanzaba en su obra, se iban acercando personas que le pedían una pieza de madera para sostener su casa que se caía, otro para calentar a sus hijos que tenían frío y así sucesivamente. En un momento, el señor reflexionó sobre el hecho de que la escalera estaba cada día más corta, pero él se sentía más cerca del cielo.

Al saludar esta nueva obra de don Bruno Antonio del Rosario y Candelier, quiero expresar por medio de estas breves palabras mi permanente admiración por su talento, por su capacidad de trabajo y por su entrega a una causa que no produce dinero, pero que, como en la anécdota de la escalera, cada día lo coloca más cerca del cielo.

Enhorabuena, querido amigo.

Moca, teatro Don Bosco, 30 de agosto de 2018.

Presentación de «Lumbre de la mocanidad» de Bruno Rosario Candelier

Por Eduardo García Michel

   Confieso que el Dr. Bruno Rosario Candelier me ha sorprendido. Ha expuesto a mi humilde persona, sospecho que en forma deliberada, ante un reto enorme. Me ha pedido, nada más y nada menos, que realizara, en paralelo a los destacados intelectuales Alberto Peña Lebrón y Adriano Miguel Tejada, la presentación de su libro Lumbre de la Mocanidad: el arte literario en la villa heroica, que ve la luz en este acto, hoy, aquí, en Moca.

El atenuante a favor del Dr. Rosario Candelier, es que lo ha hecho con intenciones constructivas y de buena fe. En cambio yo, sin pensar en las consecuencias, engolosinado con el brillo de las candilejas, le he contestado, con fatuidad, que “para mí es un alto honor compartir la presentación de tu nuevo libro Lumbre de la Mocanidad: el arte literario en la Villa heroica. Lo haré con mucha satisfacción. Lo considero una gran distinción”.

Todo eso lo decía sin calibrar en su real dimensión el lío en que estaba metiéndome. Para el Dr. Bruno Rosario Candelier puede que presentar la obra de un autor le resulte fácil, familiar, luego de tener sobre sus hombros la publicación de más de 60 libros y una vasta participación en cónclaves literarios y lingüísticos. Hasta he visto títulos fascinantes de sus obras, referidos al mundo increíble y todavía no bien comprendido de la física cuántica.

Él está acostumbrado a enredarse entre letras, ordenarlas, domeñarlas, exprimirlas, explicarlas. Y lo hace, tejiendo con elegancia el arte del buen decir, enhebrándolo con un pensamiento en profundidad y el cultivo de la ética, la estética, metafísica y todo aquello que conecta las profundidades del ser con las fuerzas del Universo. Y, en eso, coincide con Azorín, quien decía que todas las cosas llevan un reflejo del alma universal. En mi libro Al amanecer, la niebla, me pregunto si en verdad el Universo tiene alma. Sé, o por lo menos intuyo, que las cosas vibran y sienten, ríen y padecen, pero esconden su sentimiento. En lenguaje coloquial, podría decirse que para el amigo Bruno, fundador y eje de un reconocido movimiento literario conocido como Interiorismo, estos menesteres son algo así como pan comido, no porque fuera fácil enredarse en esa complicada madeja, sino por la experiencia y los conocimientos acumulados y su sensibilidad exquisita, todo lo cual hace el milagro de que en sus manos lo complejo luzca sencillo.

En cambio, para mí, inscrito en el reino de los mortales que vive azorado por lo que ve y contempla, aprendiz de todo, a pesar de los años que ya llevo a cuestas que sí pesan por más que quisiera negarlo, es como si me pidieran escalar no el pico Duarte, que de subir puede subirse, sino el Himalaya en tiempo de ventisca y frío aterrador.

Y es que no se me escapa la dificultad que implica la participación en un acto como este, “contimás” (cuantimás), decíamos cuando muchachos, si se trata de presentar la obra de una figura tan consagrada y respetada como la del Dr. Rosario Candelier: ¡Tamaña responsabilidad!

El libro Lumbre de la Mocanidad es un significativo y monumental aporte de quien se ha convertido en un referente de las letras dominicanas. Al leerlo, el lector habrá de ir dándose cuenta de que Moca tiene una producción literaria insospechada, de enorme calidad y fuerza expresiva, sorprendente.

Concedo que yo mismo me conmoví al descubrirla tan de repente en toda su extensión, citada y analizada en el libro que se pone hoy en circulación. Conocía casos aislados, pero no tenía la visión abarcadora que poseo ahora, pues estuve alejado mucho tiempo del lar nativo y me perdí una parte significativa de esa producción.

Reconozco que me emocioné al deleitarme con algunas de sus hermosas manifestaciones, con la lectura de retazos o segmentos seleccionados por el autor. Y me llené de orgullo al comprobar la calidad y la fuerza de la obra del grupo de escritores citados en el libro. Esta obra redescubre su gran potencial.

Con este libro, el Dr. Rosario Candelier hace una gran contribución al conocimiento de la producción literaria mocana. Al compendiarla, reseñarla, analizarla, surge el deseo de conocer más en profundidad el trabajo de esos autores y el interés de leer sus obras.

Sucede que los libros de los autores reseñados fueron publicados en algún momento; puede que mucha gente, quizás no tanta, los tenga y haya leído, pero, y esto es lo triste, no aparecen en lugares de venta al público, es decir en librerías. Y si aparecieran tampoco se demandarían ni leerían en la medida de lo deseable, lo cual resulta decepcionante sobre todo para los autores, gente de singular talento. Esa es una de las grandes desilusiones. La producción literaria es para un núcleo reservado de interesados, especialistas, soñadores. Algo así como si se perteneciera a una logia, cuyos secretos se guardaran hacia adentro. No es culpa de los autores. Al contrario, es su calvario.

Las librerías (quedan pocas) no admiten cualquier libro, sino aquellos con potencial de venta. Y si lo admiten, ahora añaden o están en proceso de añadir la exigencia a los escritores de presentar factura con valor fiscal, con los inconvenientes que genera el hecho de estar imposibilitados de reflejar gastos, pues son entes físicos, intelectuales, no empresas. Es decir, sin poder reseñar las pérdidas, pues constituyen su vida misma, cuyo resultado es un balance emocional angustiante. Este es un impuesto al saber, a la creatividad, a la cultura, inhibidor de las publicaciones. Y si los libros no se muestran en físico en los escaparates, es imposible medir su potencial. Pero, aunque se mostraran, la gente cada vez lee menos y usa cada vez más las tabletas electrónicas y los artefactos llamados inteligentes, una de cuyas características es anular la inteligencia, la capacidad de introspección, reflexión, razonar y pensar por sí mismo. Este es un enorme rompecabezas para la humanidad en su conjunto, que demanda respuestas y soluciones.

La obra del Dr. Rosario Candelier, Lumbre de la Mocanidad, especie de antología (es mucho más que eso), muestra con contundencia que los autores citados no se encasillan en una escuela o en un solo género. Su producción es diversa y va desde las décimas populares al teatro, ensayo, crítica, narrativa, historia, testimonio, literatura mística o religiosa, quizás siendo la poesía la que ostente predominio numérico.

Así, surgen nombres y se citan y comentan publicaciones de hasta 35 autores mocanos. Son ellos, Juan Antonio Alix, Aída Cartagena Portalatín, Gabriel Morillo, Octavio Guzmán Carretero, Aurora Tavárez Belliard, Manuel Valerio, Julio Jaime Julia, Alberto Peña Lebrón, Basilio Belliard, Artagnán Pérez Méndez, Adriano Miguel Tejada, José Rafael Lantigua, José Rafael Vargas y el propio Bruno Rosario Candelier. Y también, Santiago Estrella Veloz, José Frank Rosario, Sally Rodríguez, Carmen Comprés, Iki Tejada, Pedro Ovalles, Camelia Michel, Eugenio Camacho, Benjamín García, Fari Rosario, Roberto Miguel Escaño, Mariano García, Gerardo Mercedes, Persio Pérez, Juan Santos, Mikenia Vargas, Rocío Santos.

Tres más se destacan en el cultivo del género sagrado, como ocurre con Monseñor Freddy Bretón Martínez, el padre Roberto Miguel Escaño y Luis Quezada. Y uno más, que soy yo, no sabe muy bien la razón de compartir espacio con tantos estelares de la literatura dominicana, salvo que fuere por mi empecinamiento en seguir emborronando cuartillas (desde muy niño se decía que tenía la cabeza más dura que una tapia) y aspirar a que se lean. ¡Qué pretensión!

En adición a estos 35 autores mencionados, puede que existan otros que en una revisión pudieran ser incorporados, así como algunos más, descendientes de mocanos, con elevada calidad en sus escritos, que bien pudieran ser integrados a este grupo si el Dr. Bruno Rosario Candelier lo considerara apropiado.

Leyendo la obra Lumbre de la Mocanidad  surge con claridad una explicación de la riqueza cultural que alberga el pueblo de Moca. No es asunto de ahora; se remonta de lejos.

Bien lo refleja el Dr. Rosario Candelier cuando cita la visita a Moca, en el año 1881, del presidente Fernando Arturo de Meriño, acompañado de su secretario, Emilio Prudhomme, y las palabras de éste último al expresar que “allí encontramos sociedades literarias, biblioteca pública y gran entusiasmo por el progreso intelectual”. Y eso que se trataba apenas de una aldea, con muy pocos habitantes.

Esa tradición se ha mantenido hasta nuestros días. Dice Rosario Candelier que “Moca ha expresado a través de las letras una vocación creadora insoslayable. Los mocanos han cantado efusivamente lo que emanaba del fondo entrañable de su sensibilidad y han escrito páginas memorables con la sustancia emotiva de las pasiones al influjo de los ideales y las aspiraciones de la colectividad”.

¿Cuál es la explicación de ese comportamiento? Tiene que haber habido un sustrato educativo superior que llevara a sus gentes a hacer uso del instrumento literario con tan inusual fervor, de la misma manera, según se relata, que en esta villa hubo muchas familias que poseían piano, con cola y sin cola, y cultivaban el uso habilidoso y consagrado de diversos instrumentos musicales.

Siempre he pensado que el hecho de poseer medios propios de existencia, aun fueren precarios, daba autonomía y sentido de iniciativa a los habitantes de esta villa. Eso los dotaba de independencia hacia el poder establecido. Y alentaba la auto estima ciudadana. De ahí deriva el amor a las libertades, expresado en la participación en acontecimientos históricos fundamentales, que han conferido a Moca y revalidado el título de Villa Heroica. Y de ahí también es probable que proceda ese amor por el cultivo de las artes, letras y literatura. Y es que no hay nada que aliente más las aspiraciones de libertad y superación de un pueblo, que el tejer de los sueños, modelando y exprimiendo la música que poseen las letras cuando se las esculpe con el cincel de los sentimientos.

Bruno no se contenta con poner en evidencia esa riqueza literaria y pregonarla a los cuatro vientos. No. Va mucho más allá. Ejerce con rigor la crítica, señalando virtudes, aciertos, sugiriendo senderos a explorar, como buen maestro que alumbra el camino del porvenir.

No se trata únicamente del bisturí de un filólogo, sino de la capacidad analítica elevada a una dimensión sublime y amorosa.

Al final de la obra hay un intercambio epistolar entre el Dr. Rosario Candelier y Luis Quezada. Algo aleccionador, que llenó de gozo mi espíritu.

Al referirse al libro titulado Los tres rostros del Apocalipsis, el Dr. Rosario Candelier dice que “Luis Quezada Pérez ha dedicado tiempo, reflexión e intuición para interpretar el sentido mesiánico del texto apocalíptico de la Biblia en una obra que lo consagrará como un teólogo de alto vuelo y un pensador religioso en los estudios y exégesis del pensamiento bíblico en la República Dominicana”.

La humildad de Luis Quezada es proverbial, incluso mayor que su exuberante inteligencia. Por eso, de inmediato escribió al Dr. Rosario Candelier, lo siguiente: “Si fuéramos a poner las cosas en su justo lugar, no me considero ni un exégeta bíblico profesional ni un teólogo bíblico de recia formación académica”. Y agrega: “Te ruego que matices estas afirmaciones, pues me parecen exageradas, cargadas, eso sí, de un gran aprecio hacia mi persona”.

El Dr. Rosario Candelier martilla de nuevo, pienso yo que gozando en su interior con el reto que estaba lanzándole a Luis, penetrando su coraza de humildad, y le reitera que: “Puedes estar seguro de que, Dios mediante, procuraré ponderar tu grandiosa obra, por el contenido que en sí es relevante y por el valor del autor, que no es cualquier cosa. Eres un exégeta bíblico y un teólogo que esclarece, con tu singular pedagogía pastoral, importantes facetas de la Biblia, sobre la doctrina de nuestra Iglesia Católica y la fe que compartimos”. Y agrega: “Sin duda algo mejor tenía pautado para ti el Ordenador de lo viviente que no te fue posible ir al Bíblico de Roma. Lo que haces por nuestro pueblo vale ante Dios mucho más que un título europeo”.

En fin, una travesura del autor del libro que hoy se pone en circulación, recreada quizás con la finalidad de despertar en uno de los talentos que ha dado este pueblo, la necesidad de que termine de eclosionar, de emerger, vertiendo todo su saber a favor de la comunidad.

También así me sorprendió el Dr. Bruno Rosario Candelier. Lo que si tengo muy claro es que estamos ante una obra clarificadora, exquisita, de brazo largo divulgativo, amena, útil a la comunidad, vibrante, aferrada a las fuerzas que emanan del terruño, lúcida, de gran calidad, que viene a cumplir un cometido y llenar un vacío.

Maestro Bruno Rosario Candelier, gracias por su gran aporte y por la confianza depositada en mí.

Moca, Teatro Don Bosco, 30 de agosto de 2018.

 

La tradición literaria en Moca

Por Bruno Rosario Candelier

 

A Miguel Gómez Ovalle,

Quien irradiaba la llama de la Mocanidad.

 

Los centros culturales mocanos

Moca es un pueblo singular, no solo por su tierra feraz y su hermosa y pródiga naturaleza, sino por sus peculiares fluidos telúricos y sus singulares efluvios celestes con las fecundas irradiaciones espirituales que nutren la lumbre de la Mocanidad.

En esta obra desfilan los autores de alta significación para Moca, su historia y su literatura. Y se cuela entre sus páginas el aliento que hace de Moca una tierra singular por varias razones y, de un modo especial, lo que hace de nuestro pueblo un preciado tesoro del alma nacional.

El pueblo de Moca comienza a tener vida literaria en la primera mitad del siglo XIX. Enmarcado en un terreno fértil y un valle feraz en pleno corazón del Cibao, la comunidad de Moca data de principios del siglo XVII en plena etapa colonial española, y a partir del infausto acontecimiento de 1805 conocido como el degüello de Moca, tragedia que provocaran sanguinarias huestes haitianas contra la población mocana, el pueblo de Moca adquiere una notoriedad que se irá incrementando con el paso del tiempo mediante el aporte creador de sus munícipes en el orden agrícola, histórico, político, social, religioso, artístico y literario.

Siendo Moca un modesto pueblo recibió la visita en febrero de 1881 del Presidente de la República, presbítero Fernando Arturo de Meriño, y su secretario personal, el poeta Emilio Prud´Homme, días después publicó en el periódico El propagador, de Puerto Plata, una emotiva crónica en la que plasmaba sus impresiones sobre nuestra villa, destacando la animación cultural de la comunidad mocana. Citamos las palabras del poeta dominicano: “Cuando ya las sombras de la noche bañaban las copas de los árboles, y cuando se sentía entre los bosques el revoloteo de las aves en busca de sus nidos, las campanas de la iglesia anunciaban festivas que la Villa de Moca no estaba a muchos pasos. Con efecto: no tardamos diez minutos sin entrar a ese florido jardín cibaeño. (…) la Villa de Moca será pronto, si sus habitantes continúan como hasta ahora, una de las ciudades de primer orden de la República. Allí encontramos sociedades literarias, biblioteca pública y gran entusiasmo por el progreso intelectual”(1).

Efectivamente, las palabras de Emilio Prud´Homme correspondían a una realidad constatable. El entusiasmo por el progreso intelectual y la existencia de sociedades literarias ha sido una tradición en la Villa del Viaducto desde el siglo XIX. Moca ha expresado a través de las letras una vocación creadora insoslayable. Los mocanos han cantado efusivamente lo que emanaba del fondo entrañable de su sensibilidad y han escrito páginas memorables con la sustancia emotiva de las pasiones al influjo de los ideales y las aspiraciones de la colectividad.

En la primera parte del siglo XIX emerge la figura poética de Juan Antonio Alix (1833-1918), que se destacaría como el gran creador de décimas populares. Alix tenía una sólida vocación literaria, como la evidencia su numerosa producción poética con una señalada veta de cultura intelectual. Conocedor de los recursos poéticos y del lenguaje popular cibaeño, fue el primer poeta en crear una poesía que habría de sentar las bases de la literatura dominicana y, en tal virtud, fue el primer poeta en vivir de las letras en nuestro país, pues el vate mocano imprimía en volantes sueltos sus décimas, que daba a conocer en las callejuelas de Santiago, en el mercado público, en plazoletas y atrios de los templos. No solo fue el más alto representante de la lírica popular en nuestro país, sino el primer escritor criollo que sustenta la base de la literatura nacional con el acopio de lo popular, con el antecedente precursor, en la época colonial, de sor Leonor de Ovando en el siglo XVI, Luis José Peguero en el siglo XVII y Manuel Meso Mónica en el siglo XVIII.

El siglo XIX ve el despegue de las sociedades literarias, centros culturales y la creación de poesía y ficción tanto en Moca, como en las principales poblaciones del país. En 1887 se funda en Moca la sociedad cultural “Luz del porvenir”, institución pionera de una era de cultura que compartieron otros pueblos del Cibao. Se integraron a esa agrupación cultural los intelectuales mocanos Gabriel Morillo, José Antonio Guzmán, José Francisco Rojas, Agustín Brache, Elías Jiménez, Vicente de la Maza, Manuel Perdomo, Gumersindo Belliard, Ercilio Paulino, Juan María Contín, Francisco Leonte Vásquez y otros.

Correspondió a los miembros de “Luz del porvenir” dotar a Moca de una animación artística y literaria en la última década del siglo XIX, en el que predominaban las ideas románticas en narrativa y poesía, pues los escritores hacían del cultivo de las artes y las letras el blasón que gestaba el espíritu de la comunidad bajo la llama de la lumbre de la Mocanidad, sosteniendo y enriqueciendo la biblioteca pública, entonces centro social de amenos encuentros y fecundas tertulias, y promovían la celebración de veladas literarias, recitales poéticos, fiestas patronales y efemérides patrióticas.

La base de la tradición literaria mocana y del desarrollo de la Villa Heroica la hallamos en la sociedad “Luz del porvenir”. La sorpresa que experimentara el poeta Emilio Prud´Homme al encontrar en Moca sociedades literarias obedece al hecho de que esta comunidad era para entonces algo menos que un pueblo, una simple villa, como se puede apreciar en los grabados de Samuel Hazard.

Hacia el año 1901 aparece la sociedad educativa “El Normalismo”, que promovía en los habitantes de Moca las ideas pedagógicas de Eugenio María de Hostos a través de la creación de escuelas privadas para incentivar el amor al estudio, como se lo propusieron sus integrantes, entre los cuales hay que mencionar a Juan Crisóstomo Estrella, Federico Velásquez, Fernando de Lara, Elías Jiménez, Salustio Morillo, Lucas Guzmán y Manuel Cabrera. El influjo de esta agrupación en favor de la formación intelectual, educativa y estética se apreciará en el desarrollo cultural de nuestros ilustres compueblanos cuya huella llegaría más allá de la época en que ejerce la Presidencia de la República el prestante mocano Ramón Cáceres.

En 1927 surge en Moca el Centro cultural “Ariel”, al que pertenecieron Valentín Michel, Cándido Guzmán, Gumersindo Belliard, José de Jesús Olivares, Luis Álvarez, Lisandro Quiñónez, Francisco García, Antonio Guzmán Taveras, Siro Álvarez, Francisco Salvador Jiménez, Luis Olivares, Armando Almánzar y Juan María Contín. Para esa fecha ocupaba la Presidencia de la República otro mocano eminente, el general Horacio Vásquez. En esos años fecundos Moca vivía, al igual que otras comunidades del país, un tiempo de bonanza, y toda la zona del antiguo comercio local experimentó la edificación de nuevas construcciones que aún hoy testimonian una etapa de esplendor, desarrollo y crecimiento. Eran años de fervor cultural y animada vida intelectual, y en los hogares de la clase alta y de cierta holganza económica no faltaba un piano para los conciertos hogareños, una biblioteca con libros para leer y una inquietud genuina de superación a favor de desarrollo intelectual, educativo y cultural.

Otra entidad relevante en esa época fue la agrupación cultural “Lumen”, que idearan en 1939 Víctor Lulo Guzmán, Rogelio Espaillat, Ricardo Ismael López, Doroteo Regalado, Aurora Tavárez Belliard, Fresa de Lara, Julio Guzmán Bencosme, Aída Cartagena Portalatín, Rubén Vásquez, Carlos Guzmán Comprés, Valentín Michel, Angélica Sanabia, Manuel García Lizardo, Estela Rojas, Pura Dolores Tejada y Julio Jaime Julia.

Posteriormente otros intelectuales, estimulados por Julio Jaime Julia quien fundara el Ateneo Mocano en 1948, se sumaron a ese proyecto cultural, como César Ezequiel Guzmán, Angélica Sanabia, Antonio Rosario, Juana Abréu, Juana Muñoz, Antonio Francisco Rojas, Doroteo Regalado y Porfirio Guzmán Comprés.

En la postrimería de la década del 50, varios jóvenes profesionales mocanos se nuclearon para canalizar sus inquietudes culturales y, animados por el talento intelectual de Artagnan Pérez Méndez, crean  la sociedad “Sapientia club”, entidad que aglutinó a inquietos ciudadanos con el propósito de impulsar la alta cultura. Entre sus miembros figuraron Alberto Peña Lebrón, Hugo Pérez Caputo, Darío Bencosme Báez, Abigaíl Cruz Infante, José Olivares y Rafael Martínez. Tenían una motivación científica, filosófica, artística y literaria, y organizaban conferencias, tertulias y encuentros para debatir temas de interés social, político y cultural.

En 1966, cuando por tercera vez un mocano ocupa la Presidencia de la República en la persona de Héctor García Godoy, se crea en Moca el grupo cultural “Incógnito” para celebrar tertulias literarias y charlas de temas históricos y artísticos, que integraban Artagnan Pérez Méndez, Valentín Michel, Bienvenido de la Cruz, Tomás Cueto, José Rafael Lantigua, Chequelo Guzmán y Arnaldo Vásquez.

Hacia mediados de los 60 se enciende la vida cultural en Moca. En los años 1966-1968 inquietos jóvenes fundan el grupo literario “La Roca”, que capitanearan José Frank Rosario y José Rafael Lantigua, al que se incorporaron Ciprián Hernández, Ramón Díaz, Carlos Minaya, Alfonso Fajardo, Enrique Cuevas y Yiyo Villalba. Ese grupo floreció bajo el influjo inspirador de la profesora Rafaela Joaquín.

El año de 1969 es muy activo en nuestra comunidad, remozada con la creación de dos importantes agrupaciones culturales: el Centro Juvenil “Don Bosco”, con una inspiración religiosa en su base y un despliegue deportivo y artístico en su ejecutoria. En lo literario promovieron el cultivo del teatro, tarea en que actuaron José Frank Rosario, José Rafael Lantigua, Fernando Guzmán, Anselmo Comprés, Benjamín García, Mariano García, Félix Tejada, José de León Méndez, José Francisco Encarnación, Andrés Comprés, Luis Manuel Brito, Chelo Durán, Manuel Torres, Ramón Almánzar, Paín Bencosme, José Gabriel Castillo, Carmen Rosa Sosa, Nancy Mejía, Iki Tejada, Bruno Rosario Méndez, Jenly Guzmán, Miguel Taveras y Franklin López.

La otra importante agrupación literaria fue el Ateneo de Moca. En efecto, el acontecimiento cultural más relevante de esa década prodigiosa fue la fundación del Ateneo de Moca, en febrero de 1969, con el liderazgo de Adriano Miguel Tejada y el respaldo de Bruno Rosario Candelier, Alberto Peña Lebrón, José Rafael Lantigua, Rafael Suazo, Pedro Grullón Torres, Ángel Rosario Candelier, Juan Cuevas, Roque Guzmán, José Contín, Julio Cabrera, Luis José Disla, José Infante, José Olivares y Darío Bencosme Báez.

El Ateneo de Moca llegó a celebrar en nuestro pueblo los actos literarios de mayor envergadura y de más honda repercusión nacional, como la Semana de la Cultura Griega, el Coloquio de la Novela Dominicana, La Literatura Nacional y el Encuentro Nacional de Escritores, incluyendo la organización de conferencias, charlas, paneles, charlas radiales, publicaciones de libros y la creación de una organización literaria regional.

En 1978 Julio Jaime Julia organiza el Círculo de Estudios Literarios de la Provincia Espaillat (Celpe), al que se integran Aquiles Almonte, Marién Peña, Iván Carvajal, José Abel Ferreiras, Félix Hernández, Orestes Tejada y Pablo Antonio Cabrera. Y, cuando ese grupo se desintegra, al año siguiente funda el grupo cultural “Pedro Henríquez Ureña”, en el que participan José Rafael Vargas, Arquímedes Comprés, Juan Pablo Acosta, Marina Reynoso, Pedro Taveras, Lucy Cuevas y Santana Martínez.

En el año de gracia de 1979, Bruno Rosario Candelier convoca a los jóvenes creadores de Moca y funda el Grupo literario “Octavio Guzmán Carretero”, entre cuyos miembros fundadores figuraron Pedro Ovalles, Juana Elodia Peralta, Aquiles Almonte, Milcíades Frías Jiménez, Carlos Pérez, Juan Pablo Acosta y Custodia Reyes Santiago; y en la década siguiente se adhirieron Iki Tejada, Persio Pérez, Eugenio Camacho, Basilio Belliard, Yanet Valerio, Jacqueline Cáceres, Carmen Comprés, Luis Quezada y Artagnan Pérez Méndez.

El Instituto Mocano de Cultura, creado en 1984 por el autor de esta obra, fue una extensión del “Octavio Guzmán Carretero”, concebido para celebrar homenajes literarios a destacadas personalidades de las letras nacionales, tarea que respaldaron Darío Bencosme, Sebastián Taveras, Juan Pablo Acosta, Milcíades  Fríaz Jiménez, Luis José Disla, Lourdes Bencosme, Minerva Calderón, Miguel Peña, Haydeé Vargas, Luz Nerys López, Jacqueline Cáceres, Seneida García, Antonia García, Jeffrey Lizardo y Silverio López.

En 1985 el poeta Iki Tejada funda en Moca el grupo “Rincón del Arte”, en el que tomaron parte activa Benjamín García, Benito Castillo, Pedro Taveras, Jefrey Lizardo, Mariano García, Horacio López y Juan Luis Guzmán. Este grupo promovía la pintura y daba charlas y tertulias artísticas y literarias dirigidas al sector juvenil.

El 28 de julio de 1990, Bruno Rosario Candelier funda en Moca el Ateneo Insular, al que suma el grupo “Octavio Guzmán Carretero” para seguir los postulados organizativos y estéticos del Interiorismo como su doctrina literaria. Entre sus miembros figuraron los mocanos Iki Tejada, Sally Rodríguez, José Frank Rosario, Pedro Ovalles, Artagnan Pérez Méndez, Carmen Comprés y Custodia Reyes Santiago. Luego se adhirieron Raymond Pérez, Camelia Michel, Juan Pablo Acosta, Ana Sofía Lulo, Lorena Ramírez, Lorena Comprés, Juana de Jesús (Marisol Marte), Fari Rosario, Juan Luis Guzmán, Rosalba Escaño, Benjamín García, Mikenia Vargas, Roberto Miguel Escaño, Juan Santos, Rocío Santos y Nathalie Gómez Abréu. El Ateneo Insular y el Movimiento Interiorista tienen una proyección nacional e internacional. La Real Academia Española incorporó al Diccionario de la lengua española (Madrid, RAE, 23ª. edición, 2014, p. 1256) la definición del Interiorismo en los siguientes términos: “Movimiento literario fundado en la República Dominicana, que expresa el impacto de lo real en la conciencia, la dimensión metafísica de la experiencia y la belleza sutil con sentido trascendente”. Creado por Bruno Rosario Candelier, desde Moca se ha difundido en la República Dominicana, en Hispanoamérica y en Europa.

 Las promociones literarias en Moca

  Juan Antonio Alix es el fundador de la literatura dominicana y, en tal virtud, es el primer escritor mocano con reconocimiento nacional. Además de los centros culturales, coexisten las promociones literarias que suelen ser la fuente de creadores que animan la vida intelectual de una comunidad. La primera promoción de escritores mocanos la hallamos en 1890, que emerge bajo la inspiración del credo romántico y de la influyente sociedad cultural “Luz del Porvenir”, cuya vida institucional se extendió hasta los primeros años del siglo XX. Formaron parte de la primera promoción literaria Manuel María Sanabia, Francisco Leonte Vásquez, Fernando de Lara, Raúl Cabrera, José Francisco Rojas, Salustio Morillo y José María Michel. Esta generación fue estremecida por el magnicidio de Ulises Heureaux (Lilís), que aconteciera en Moca en 1899. Para entonces el país vivía bajo la zozobra de las luchas montoneras, y la voz de la manigua era un imán para la juventud ardorosa de aventuras y pasiones. La sociedad dominicana estaba sumida en un desaliento respecto al destino del país, y sus intelectuales y escritores intentaban con su pensamiento y su imaginación trillar los pasos iniciales para levantar el espíritu nacional de su inveterada postración con un proyecto de patria entre sus puños y un amasijo de ideales en sus alforjas mentales, acicateados por el anhelo de progreso y paz, prevalidos del ideal romántico y del sueño burgués, y en un concierto de optimismo emprendedor, los escritores sembraban la semilla de la fe en el porvenir, haciendo del cultivo de las letras un vínculo de identificación patriótica y de entusiasmo creador.

Eran los días de la impronta educativa de Eugenio María de Hostos, que cifró en la formación escolar una esperanza regeneradora y constituyó la primera voz en oponerse a la maña nacional de la manigua montonera para formar, con el concurso de principios educativos moralizadores, hombres y mujeres dispuestos a encauzar el destino nacional hacia su mejor desarrollo material y espiritual. En la base de esas aspiraciones radicaba el anhelo de una población sedienta de cultura y disciplina, y los intelectuales de la época endosaban al ideal literario el anhelo de crecimiento espiritual, paralelo al desarrollo material, y la creación literaria, que ha sido siempre la expresión estética más fehaciente de la dimensión espiritual de los hombres y los pueblos, evidenció en Moca su efecto bienhechor en el curso de su evolución histórica.

La promoción de 1900 emerge al siglo XX, tras el empuje creador de Juan Antonio Alix y sus múltiples décimas, con la figura sobresaliente de Gabriel Morillo, que refuerza las bases de la tradición literaria mocana con poemas, narraciones, ensayos, discursos y conferencias, al tiempo que lidera a los integrantes de su promoción, como Elías Jiménez, Ramón Guzmán Pichardo, Juan Crisóstomo Estrella, Leonte Vásquez, Manuel de Jesús Viñas, José Brache, Francisco A. Córdova y José Dolores Alfonseca.

La siguiente promoción, la de 1910, la integran Onésimo Polanco, Ramón Amado Guzmán, Gabriel Guerrero, Ciprián del Rosario, Ramón de Lara y Rodrigo Cervantes, promoción que le tocó vivir el “Sitio de Moca”, a raíz de la muerte del presidente Cáceres, y posteriormente la primera intervención militar norteamericana. Los aires renovadores se sentirían en todos los rincones de la República. El nacionalismo seguía siendo la llama que encendía los ánimos patrióticos; y los poetas, dramaturgos y escritores, motivados por la musa florida y galante de inspiración modernista, hacían de los salones del Club Recreativo o del Club de Damas de Moca, los atrios de las iglesias y el Parque Central, los escenarios de encendidos piropos mediante el arte de la versificación. Esa generación, como aconteciera en el país y en gran parte de la América hispana, suspiraba por el Sena de París y el glamour cortesano de fragancias exquisitas y sensaciones exóticas. Gabriel Morillo, que fue un templo vivo de la Mocanidad, plasma en sus poemas la humanización de las imágenes y la elaboración estética del lenguaje al estilo modernista, como apreciamos en su poema “Nocturno”: “Tras el bosque, cabe un lago/solitario, cristalino/ misterioso, cual un mago/flota un árbol, se oye un trino./Sobre el césped delicioso/y en el aire, forma un velo/el encanto luminoso/de algún ópalo del cielo./Un ensueño peregrino/se apodera de las cosas,/y en el espacio un divino/florecimiento de rosas./De ese lago transparente/en la onda vi una bella,/ ninfa rubia, castamente seducida de una estrella./Y en la atmósfera divina/de esas noches luminosas aprendí/ la peregrina poesía de las cosas./ Tras el bosque, cabe un lago solitario, cristalino,/misterioso, cual un mago,/se ve un árbol, suena un trino”.

Sigue la promoción literaria de 1920 capitaneada por José Bretón y que completan Ramón Amado Guzmán, Gregorio Felipe, León de Jesús Castaños, Pablo Rojas, Rubén de Lara y Ángel Morales. Y luego la de 1930, que le imprime a su obra los caracteres de la tendencia socio-realista, como lo hace la más importante figura de esa generación y una de las figuras sobresalientes de las letras dominicanas. Me refiero a Octavio Guzmán Carretero, a quien sus compueblanos apodaban Cachón, y que tenía, como dijera Aída Cartagena Portalatín, la capacidad de observación de la realidad social y la preocupación por el quehacer y el destino del hombre (2). Además de Guzmán Carretero, integraron la promoción del 30 los intelectuales Valentín Michel, Pedro Reyes Vásquez, Francisco Guzmán Comprés, Gabriel Guerrero, Armando Almánzar, Juan María Contín, Julio Guzmán Bencosme y Aurora Tavárez Belliard. Sofocada por una aplastante crisis económica, esa generación sufrió los rigores de la pobreza y la precariedad material, por lo que se despertó en sus creadores la conciencia de lo social, orillando un Socio-realismo centrado en lo popular, lo nacional y lo vernáculo, que los llevó a ahondar en las raíces de la dominicanidad. Como enseñara Pedro Henríquez Ureña, estos creadores moldearon los perfiles de la expresión propia en busca de la idiosincrasia nacional con actitudes y costados de la realidad social y antropológica, local y nacional.

Tras el reconocimiento nacional que alcanzara Juan Antonio Alix por sus admirables décimas, le siguen los poetas Gabriel Morillo, con sus Mirtos y laureles; Octavio Guzmán Carretero, quien logró un alto puesto en las letras dominicanas con el poemario Solazo. Este ilustre poeta mocano participó en las tertulias de “La Cueva”, que funcionaba en la capital dominicana a principios de los 30 en la residencia del poeta Rafael Américo Henríquez, donde compartió con importantes creadores nacionales de la talla de Domingo Moreno Jimenes, Fabio Fiallo, Juan Bosch, Héctor Incháustegui Cabral y Franklin Mieses Burgos. Luego se une al “Grupo Minoritario de Santiago”, con Tomás Morel y José Bretón, este último oriundo de Moca.

En “Oración”, Octavio Guzmán Carretero testimonia un rasgo de su virtud lírica cuando pone a orar a la naturaleza desatando el aliento cósmico anidado en los elementos circundantes: “Era una hora escuálida y remota/ diluida al temor de la penumbra:/en cada rostro herido de fatigas /una humedad de bendición subía…/la paz formó un asilo de azucenas/bajo el alero lila del retorno;/y en cada labio muerto se asomaba/la intención de la frase transparente./En todo florecía una angustiada/ serenidad divina, y el campo de oro/entre el camino de las ascensiones/pasaba de lo diáfano a lo simple…/El viento trajo de la sierra parda / fracciones de fragancias y de trinos,/mientras la tarde en los caminos pobres/sembraba la frescura de la ausencia…/En el llano pequeño el buey oscuro/asaltó de miradas el barranco, y escondiendo sus ojos sin nociones/¡un perdido horizonte de llanuras!”.

La promoción de 1940 prohijó prestantes figuras literarias, siendo los más prominentes Aída Cartagena Portalatín y Manuel Valerio, que completaron Julio Jaime Julia, Víctor Lulo Guzmán, Estela Rojas Garrido, Pura Dolores Tejada, Carolina Hernández, Luis Napoleón Núñez Molina, Ayanes Pérez Méndez, Ramón Antonio Molina (Papa Molina), Marino Vásquez Rodríguez y Edith Jiménez. Ese grupo de escritores hizo de la Villa del Viaducto un centro cultural dinámico, y los poetas de esa promoción le dieron categoría al arte de la versificación. En “Cómo llorar la muerte de una rosa”, Aída Cartagena proyecta su vocación social y de protesta, que canalizó mediante los recursos simbolistas, creacionistas y surrealistas, según la pauta de la estética sorprendida: “¿Cómo llorar la muerte de una rosa,/si los amaneceres han desdoblado el mundo,/y en la hierba que tiembla cerca de los rosales/ se han quedado las albas vueltas gotas de agua?/Sólo desde la tierra/tienen brillo de ámbar las estrellas./A la tierra amarga vuelva/ la lluvia del color de los rosales./Sentir como los musgos se asen a las piedras;/hay un rencor en la brisa viajera./Hombres no han llorado/porque caen los hombres./ ¿Cómo llorar la muerte de una rosa?”.

Manuel Valerio fue uno de los poetas precursores del Realismo trascendente en la literatura dominicana, dimensión de la realidad que privilegia, cultiva y promueve el Movimiento Interiorista. Mediante la auscultación de los veneros mitológicos, metafísicos y místicos, con un lenguaje que sintetiza la expresión sensorial, conceptual y espiritual hace de la emoción estética un rico filón de lo sublime, como se aprecia en “Cantares” de Manuel Valerio: “Tu voz en el agua./Mi cuerpo en el agua./Tu voz y mi cuerpo/en el agua./Por el agua va mi cuerpo./¿A dónde irá mi cuerpo/en el agua?/¡Ay, que la muerte refleja/toda su sombra en el agua!/Tu cuerpo en la llama./Mi voz en la llama./Mi voz y tu cuerpo/en la llama./Por la llama de tu cuerpo/¡A dónde irá tu cuerpo/en la llama?/¡ay, que la muerte refleja/toda su sombra en la llama!/¡Ay, mi cuerpo en la sombra del agua!”.

Aída Cartagena y Manuel Valerio formaron parte de la Poesía Sorprendida que capitaneó Franklin Mieses Burgos en Santo Domingo en la década del 40 del s. XX. Manuel Valerio formaría el grupo cultural “Los juglares”, que en los 50 dictaba conferencias y organizaba recitales en los barrios populares de la capital dominicana; y Aída Cartagena dirigió en los 60 la revista Brigadas dominicanas, y su novela Escalera para Electra, con singular entronque griego y raigambre mocana, remozaría la novelística nacional.

La promoción del 50 cuenta con dos escritores de la talla de Alberto Peña Lebrón y Artagnan Pérez Méndez, que completan Antonio Rosario, Víctor Lulo Guzmán, Manuel García Lizardo, Darío Bencosme, José Antonio Viñas Cáceres, Servio Tulio Almánzar, Fermín Arias Belliard, José Olivares, Rubén Lulo Gitte y Juan Arístides Taveras Guzmán.

Quiero consignar aquí un hecho que viví en los años cincuenta, que se condice con la tradición literaria mocana y que en el pasado debió tener una enorme incidencia en la vida cultural de nuestro pueblo. El hecho que me llamó la atención sucedió en una fábrica de cigarros. Las fábricas de cigarros tenían en Moca un lector que les leía obras literarias a los operarios mientras estos realizaban sus faenas laborales. Este dato no lo digo porque me lo contaran mi padre o cualquier viejo de la época. Quien escribe, siendo niño, contempló lo que dice pues vio una escena de lectura en la fábrica de cigarros “La Imperial”, ubicada en los 50 en la calle Colón de Moca: uno de los trabajadores leía la novela El conde de Monte Cristo, de Alejandro Dumas, mientras los tabaqueros preparaban y picaban el tabaco de los cigarros. Yo mismo me sorprendo ahora al cabo del tiempo al evocar esa escena y el detalle de que entonces yo mismo le preguntara a mi primo tabaquero, a quien ese día le llevaba un recado a la citada empresa, y recuerdo claramente que me dijo que cada jornada laboral escuchaban capítulos de una novela o de una obra de aventuras o de un libro de reflexión, lo que constituía una forma de mantener a los obreros entretenidos, al tiempo que los dotaba de cultura literaria.

La animación cultural que ha signado la vida social, histórica y literaria en Moca probablemente se debe a la valoración que tenían los mayores de nuestro pueblo por el desarrollo intelectual, lo que explica la frecuencia de veladas literarias, la asistencia a la biblioteca pública o la existencia de centros culturales y agrupaciones literarias en Moca.

Pues bien, la promoción literaria de 1960 emerge en circunstancias socioculturales en que se valoraba altamente el cultivo del espíritu y en consecuencia se organizaban conferencias y tertulias, y se cifraba en la creación literaria la manifestación más alta de la sensibilidad estética y la imaginación creadora, con la concreción de los altos ideales que signaban nuestras vidas.

La generación del 60 la integraron Bruno Rosario Candelier, Freddy Bretón Martínez, Santiago Estrella Veloz, Fernando de Lara Viñas, José Antonio Viñas Cáceres, Mario Cáceres, Adriano Miguel Tejada, José Rafael Lantigua, José Frank Rosario, Pablo Michel Díaz, Rhadamés Rodríguez, Jorge Díaz Piñeyro, Terencio Cepeda, Rafaela Joaquín, Ligia Minaya, Germán Santiago, Rafael Gutiérrez Belliard, Ángel Rosario Candelier, Pedro Grullón Torres, Antonio Manuel Brito, Luis Emilio Montalvo, Javier Capellán, Argentina de Álvarez, José Abigaíl Cruz Infante, Eduardo García Michel, Fernando Rojas Mejía, Juan Manuel Santos Taveras, Carmen Comprés, Juan Castellanos y los sacerdotes salesianos Jesús María Tejada y Luis Rosario. A esa generación de escritores la sacude la muerte de Trujillo, fraguada por mocanos, y la estimula la apertura democrática, la revuelta de abril de1965 y el renacimiento de la fe nacionalista con la consecuente preocupación social y la conciencia de una cosmovisión humanizada en el cultivo de las artes y las letras.

Los literatos mocanos de la generación del 60 se nuclearon en el Ateneo de Moca en cuyo nombre organizamos semanas culturales, coloquios literarios, certámenes poéticos, presentaciones radiales, tertulias intelectuales, cursillos literarios, ediciones de obras y exposiciones pictóricas y bibliográficas. El Ateneo de Moca hizo de la Villa Heroica un polo cultural en la geografía literaria nacional, como dijera el escritor chileno Alberto Baeza Flores (3).

Los escritores de mi generación, la del 60, no podemos obviar el reconocimiento a valiosas figuras que hicieron de Moca su residencia, como el intelectual alemán Karl Uslik Fisher; el poeta vegano Emilio García Godoy; y el sacerdote español Cipriano Ibáñez (4).

La promoción del 70 vio el surgimiento de notables valores literarios, como José Rafael Vargas, Isidoro Santana y Giovanny Cruz, que completan José de León Méndez, Pedro Pompeyo Rosario, Juan Monegro, Luis Manuel Brito, José Bencosme, Elízabeth Méndez de Objío, Paula y Venecia Joaquín, David Gómez, Gabriel Guzmán Marcelino, Sobeyda Guzmán, Dorca Barcácel y Claudio Acosta.

La promoción literaria del 80 cuenta con valiosas figuras, como Sally Rodríguez, Pedro Ovalles, Persio Pérez, Eugenio Camacho, Custodia Reyes Santiago, Milcíades Fríaz Jiménez, Juana Elodia Peralta, Fernando Guzmán, Isidro Silva, Pedro Taveras, Gerardo Taveras, Santiago (Chago) Rojas, Fidencio Bencosme, Manuel Jiménez, Florencio Tejada, Arcadio Rojas, Juan Pablo Acosta, Domingo Caba Ramos y Aquiles Almonte.

Y desde la década del 90 se dieron a conocer Iki Tejada, Carmen Comprés, Basilio Belliard, Benito Castillo, Carlos Salcedo, Rafael Guzmán Fernández, Amable Guzmán, presbítero José Giovanny Solís, Antonio Gómez Alba, Felipe Mena, Antonio Utate, Juan Luis Guzmán, José Toribio Rosa, Luis Quezada, Mariano García, José Luis Paulino y Benjamín García. Con “Fuga”, de Sally Rodríguez, podemos ilustrar el amor de los mocanos al terruño, la compenetración con los elementos naturales y el vuelo lírico y metafísico de la agraciada poeta mocana: “La música húmeda de la tierra/me fecunda/Cristales marinos me cercan la cintura/Un círculo de silencio me ciñe/y quiero caminar/que mis pasos y palabras se humedezcan/ Derrama sobre mí tu noche y tu mirada/ Yo soy una mujer con resplandor herido/y no quiero sentir creciendo angustiada/ la voz y la mirada inmóvil de la tierra/ Te busco bajo la lluvia/ y en los bosques de amapolas /me escondo de la muerte”(Sally Rodríguez, Luz de los cuerpos, p. 47).

Hasta las poblaciones de Jamao y Garpar Hernández llega el bienhechor influjo de la irradiación espiritual de la Mocanidad, como lo confirman Víctor Gómez Bergés, Alejandro Arvelo, Minelys Sánchez, Daniel Tejada, Valentín Amaro. Y de La Cumbre de Puerto Grande son los poetas Mikenia Vargas y Daniel Sánchez Olivares.

La más reciente promoción de escritores mocanos, surgidos en las dos primeras décadas del siglo XXI, cuenta con talentosos cultores del quehacer literario, entre los que figuran Ramón Fari Rosario, Gerardo Mercedes, José Gabriel Morales, Nicolás Arroyo Ramos, Tony Genao, Dulce Jiménez, Kenia Mata Vargas, Rafael Guzmán Torres, Ángel Domínguez, Elba López, Carolina Guzmán, Mikenia Vargas,José Sánchez Disla, Juan Santos, Nathalie Gómez Abréu, Rocío Santos, Neris Morilla y Natalia Guzmán Taveras.

Merecen una especial mención los actuales benjamines de la creación poética en Moca, que integran el grupo literario “Triple llama” bajo la orientación del poeta Pedro Ovalles. Conforman ese grupo juvenil los poetas Leoni Disla, Jennifer González, Luis Alfredo Jiménez, Yadira Rosario Batista, Pablo Ramos Bencosme, Crismely Jiménez, Carmith Herrera, Soneida Pérez, Nathalia Grullón, Rocelio Solís, Winston Paulino y Luciano Abréu.

En un balance de las letras en Moca podemos afirmar que la Mocanidad inspiró la gestación de la literatura nacional con las décimas de Juan Antonio Alix; la creación de la lírica modernista en la poesía de Gabriel Morillo; la modernización de la novelística dominicana, con la ficción de Aída Cartagena Portalatín; la gestación de la poesía mística en las letras nacionales con la lírica teopoética de Freddy Bretón;la literatura inspirada en la realidad trascendente con la gestación del Interiorismo de Bruno Rosario Candelier; la creación de una literatura reflexiva y luminosa al modo de un Anthony de Melo oun Jalil Gibrán en Benjamín García; y la hondura espiritual de alta prosapia bíblica con la huella de fecundas revelaciones trascendentes en la obra exegética de Luis Quezada, quien explaya el Apocalipsis del Nuevo Testamento en un texto iluminador y edificante.

Quiero consignar aquí, como un dato de alta significación cultural, el bienhechor influjo espiritual de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, el templo inspirador de la Mocanidad, con el desarrollo de varias figuras de la vida intelectual mocana, pues no es casual que Juan Antonio Alix, el iniciador de las letras nacionales, fuera bautizado en ese templo parroquial de Moca; no es casual que Gabriel Morillo, el primer poeta de la Mocanidad, asistiera con frecuencia a meditar en esa sacrosanta iglesia del Rosario en busca de la sedación espiritual y la meditación interior; no es casual que Artagnan Pérez Méndez, destacado jurista y promotor religioso de fecunda espiritualidad, fuera monaguillo en esa centenaria parroquia mocana; no es casual que el fundador de la poesía mística en las letras dominicanas, Freddy Bretón Martínez, fuera monaguillo en ese agraciado templo católico; y no es casual que el creador del Interiorismo, Bruno Rosario Candelier,en su adolescencia entrara con frecuencia a contemplar y orar en ese augusto recinto sagrado.

La vetusta parroquia Nuestra Señora del Rosario, primordialcantera inspiradora de la Mocanidad, fue el escenario del fatídico degüello de Moca, ejecutado por sanguinarias tropas haitianas en 1805; es la tumba de héroes locales y antiguos presidentes de la República oriundos de Moca; ha inspirado a eminentes cultores de las letras nacionales; ha sido el epicentro de relevantes acontecimientos religiosos, sociales, políticos y culturales que vertebran la historia de Moca y de la nación dominicana; y ha sido un foco fecundo y luminoso de irradiación del aliento sacrosanto de lo divino.

En efecto, el aura de la Mocanidad se nutre de las raíces telúricas con su historia y su cultura, la onda peculiar de su ambiente natural y la savia fecunda de la fe católica con el aliento sutil de la espiritualidad. El templo Nuestra Señora del Rosario en el pasado, y el Santuario del Corazón de Jesús en el presente, han sido la rutilante lumbre nutricia de la Mocanidad.

Moca como polo literario de la literatura nacional

“Si son importantes los “polos” de desarrollo literarios en nuestra América, también son importantes las actividades de los “sub-polos culturales”, entre los cuales pudiéramos ubicar a Moca”, consignó el escritor chileno Alberto Baeza Flores, en La poesía dominicana en el siglo XX  (Santiago, UCMM, 1977, T. II, p. 313).

En el pasado varios pueblos del país fueron escenarios de una fecunda actividad cultural, como San Pedro de Macorís en el Este; Baní y Neyba, en el Sur; Puerto Plata en el Norte; y en el Cibao, Santiago, San Francisco de Macorís, La Vega y Moca.

Importantes antologías provincianas dan cuenta de la labor literaria en los pueblos, como las de Julio Jaime Julia y Eugenio Camacho sobre la poesía y la prosa en Moca. Esas antologías reflejan el valor de la obra literaria de autores mocanos y su aporte a las letras nacionales.

Moca constituye, con otros focos culturales de nuestras provincias, un centro creador activo de una dinámica participación en el quehacer literario nacional, y es sin duda un “polo cultural” en el corazón del Cibao, y no lo digo yo, sin duda movido por un etnocentrismo afectivo. Lo afirma el escritor chileno Alberto Baeza Flores en su estudio sobre La poesía dominicana en el siglo XX (citado, p. 313). En esta importante historia de la poesía dominicana, al analizar la edición de Solazo preparada por Adriano Miguel Tejada, Alberto Peña Lebrón y Bruno Rosario Candelier, el citado escritor pondera, además, el aporte del Ateneo de Moca como la entidad literaria que convirtió a la comunidad mocana en un centro de creación y promoción de las artes y las letras a la luz de los valores locales y nacionales.

En efecto, los más importantes escritores del país han participado en Moca en diversos coloquios literarios, charlas, tertulias, publicaciones, exposiciones o recitales literarios de los cuales se dieron información en la prensa escrita y otros medios de publicidad. Moca no es solo el centro de una fértil región agrícola, sino un vivero de inquietudes sociales, económicas, políticas, educativas, religiosas, artísticas y literarias, y en este último renglón la literatura ocupa un lugar señero, como lo revelaría un censo de las programaciones de las organizaciones consagradas a la difusión de la cultura, como fueron Luz del Porvenir, Lumen, Sapientia Club, Ateneo de Moca, Centro Juvenil Don Bosco, Rincón del Arte, Taller literario “Octavio Guzmán Carretero” y el Ateneo Insular.

Moca ha dado al país historiadores y antólogos, como Julio Jaime Julia y Adriano Miguel Tejada; tradicionalistas locales, como Elías Jiménez, Ernesto Moscoso López, Rubén Lulo Gitte y Eduardo García Michel; críticos y ensayistas, como Gabriel Morillo, Bruno Rosario Candelier, José Rafael Lantigua, Carlos Salcedo, Basilio Belliard y Pedro Ovalles; periodistas publicistas, como Pedro Reyes Vargas, Santiago Estrella Veloz y José Rafael Vargas; profesores consagrados que influyeron en el cultivo de las letras, como Aurora Tavárez Belliard, Valentín Michel, Artagnan Pérez Méndez, María Teresa Julia, Virginia Ferreiras, padre Juan Montalvo, Pedro Grullón Torres, Pedro Porrello, Rafaela Joaquín, Ligia Belliard, José Frank Rosario, Adriano Miguel Tejada y Luis Quezada Pérez; politólogos ilustrados, como José Abigaíl Cruz Infante, Juan Arístides Taveras Guzmán, Mario Cáceres, Pedro Taveras y Carlos Amarante Baret; narradores audaces, como Aída Cartagena Portalatín, Santiago Estrella Veloz, José Frank Rosario, Artagnan Pérez Méndez y Fari Rosario; y poetas de diversa urdimbre, como Juan Antonio Alix, Gabriel Morillo, Octavio Guzmán Carretero, José Bretón, Manuel Valerio, Aída Cartagena, Pura Dolores Tejada, Víctor Lulo Guzmán, Alberto Peña Lebrón, Freddy Bretón, Sally Rodríguez, Iki Tejada, José Frank Rosario, José Rafael Lantigua, Carmen Comprés, Pedro Pompeyo Rosario, Basilio Belliard, Fari Rosario, Camelia Michel, Roberto Miguel Escaño, Benjamín García, Mariano García, Juan Santos, Rocío Santos, Persio Pérez, Luis Quezada y Mikenia Vargas.

Valiosos profesores, intelectuales y personas notables han hecho en la Villa Heroica obras auspiciadoras de un imponderable aporte al desarrollo de las artes y las letras con su participación a favor de la lumbre de la Mocanidad.

Cuatro de los movimientos estéticos que han surgido en la historia literaria nacional han contado con presencia mocana. El Postumismo de Domingo Moreno Jimenes recibió la adhesión de dos valiosos poetas mocanos, José Bretón y Octavio Guzmán Carretero, que también formaron parte del “Grupo minoritario” de Santiago en la década del 30. La Poesía Sorprendida albergó en su seno a dos ilustres mocanos: Manuel Valerio y Aída Cartagena Portalatín, cuyos primeros libros se dieron a conocer a través de su importante órgano literario. La Generación del 48 contó con dos intelectuales mocanos, Alberto Peña Lebrón y Darío Bencosme Báez; y el Movimiento Interiorista, además de su creador, tiene una valiosa representación mocana en Sally Rodríguez, Iki Tejada, José Frank Rosario, Freddy Bretón, José Rafael Lantigua, Carmen Comprés, Camelia Michel, Roberto Miguel Escaño, Luis Quezada, Juan Santos, Rocío Santos y Mikenia Vargas.

El periodismo ha tenido en Moca una fecunda producción editorial. No me refiero a los reporteros locales, que los hay de todos los niveles, sino a la publicación de periódicos impresos, dirigidos y editados en Moca, con materiales de diversas disciplinas de interés general y páginas literarias con reproducción de trabajos en prosa o en verso de autores mocanos, con el propósito de despertar el interés por las humanidades desde el ámbito de las letras. La revista Renovación fue, en las primeras décadas del siglo XX, un agente de ilustración y divulgación cultural; y Presencia mocana, capitaneada por José Abigaíl Cruz Infante, evidencia el empuje editorial de una comunidad provincial activa, fecunda y entusiasta.

Los integrantes de varias generaciones de mocanos nos educamos con los textos educativos de Aurora Tavárez Belliard. Recuerdo que yo repetía orgulloso, cuando aprendí a leer, una frase emblemática de su libro Rayito de sol: “El campesino se acuesta temprano y se levanta al rayar el alba”.

En música y canto se destacan Arístides Rojas Guzmán, Catalina Jáquez, Gabriel del Orbe, Papa Molina, César Hilario, Elenita Santos, Antonio Morel y Luis Ovalles. Todos ellos han cultivado la creación musical, la composición y el canto.

En las ciencias tenemos a Juan Manuel Taveras Rodríguez y Sergio Bencosme Ruiz, investigadores en centros médicos internacionales. Ambos hicieron contribuciones notables a la ciencia médica.

Varios escritores mocanos han consignado en sus testimonios y relatos los atributos del pueblo de Moca donde crecieron y conocieron la realidad familiar, social, campesina y urbana, como Elías Jiménez, Pablo Michel, Julio Jaime Julia, Rubén Lulo Gitte, José Rafael Lantigua, José Abigaíl Cruz Infante, Ayanes Pérez Méndez, Elízabeth Méndez de Objío, Adriano Miguel Tejada y Eduardo García Michel.

Al hablar de las artes, las letras y sus creadores, conviene privilegiar el enfoque de este estudio en los géneros ortodoxos de poesía y ficción. Porque el tema de la pintura, con las figuras de Poncio Salcedo, Guillo Pérez, Antonio Guadalupe, Hugo Mata,Félix Tejada, José Collado y Julio Tejada, merece una consideración aparte. Como también la labor teatral de José Frank Rosario y José Rafael Lantigua en los años 60 del siglo XX, o la actuación teatral de Eugenio Camacho, Belkis Pineda, Gerardo Mercedes y Benjamín García en las primeras décadas del siglo XXI. Desde luego, la obra literaria de autores mocanos y su aporte a las letras nacionales es el tema central en este libro.

Buena parte de la renovación artística tiene lugar en el Cibao, y Moca y autores mocanos tienen un papel protagónico en la creación literaria y en la gestación de la vanguardia literaria nacional. Al decir esto pienso en importantes creadores oriundos de Moca y con raíces locales fundadas en las vivencias de la Mocanidad. Me refiero a Juan Antonio Alix y sus Décimas; Gabriel Morillo, Dulces enigmas; Octavio Guzmán Carretero, Solazo; Aída Cartagena Portalatín, Escalera para Electra; Manuel Valerio, Coral de sombras; Alberto Peña Lebrón, Órbita inviolable; Freddy Bretón, Entre la voz y el fuego; Sally Rodríguez, Luz de los cuerpos; Iki Tejada, Un latido en el bosque; Pedro Ovalles, El color de la eternidad; Carmen Comprés, Será otro azul; José Frank Rosario, Entre el polvo y la ceniza; José Rafael Lantigua, Los júbilos íntimos; Basilio Belliard, Piel del aire; Fari Rosario, Polvo y olvido; Rocío Santos, Una gota en el mar; Juan Santos, La llama perpetua; Mikenia Vargas, Uña y carne; y otros cuya obra hemos celebrado en coloquios de la Academia Dominicana de la Lengua, el Ateneo Insular y la Oficina senatorial de Espaillat.

Justamente, Juan Antonio Alix, Gabriel Morillo, Octavio Guzmán Carretero, Manuel Valerio, Aída Cartagena Portalatín, Alberto Peña Lebrón, Julio Jaime Julia, Santiago Estrella Veloz, Freddy Bretón, Sally Rodríguez, Iki Tejada, Adriano Miguel Tejada, José Rafael Lantigua, José Frank Rosario, Artagnan Pérez Méndez, Eduardo García Michel, Pedro Ovalles, Carmen Comprés, Basilio Belliard, José Rafael Vargas, Mikenia Vargas, Fari Rosario, Benjamín García, Mariano García, Gerardo Mercedes, Juan y Rocío Santos, Mikenia Vargas y Luis Quezada son los creadores más representativos del quehacer literario mocano y, por los méritos de sus obras, sus nombres figuran en los textos de historia y crítica literaria y en antologías de la literatura dominicana. Los citados escritores han hecho un aporte a la literatura nacional en el plano de la poesía, la ficción y el ensayo. Por algo esos autores fueron incorporados a las corrientes literarias donde se hallan las voces más vigorosas de la literatura nacional, como José Bretón en el Postumismo; Octavio Guzmán Carretero en los Independientes del 40; Aída Cartagena y Manuel Valerio en la Poesía Sorprendida; Alberto Peña Lebrón en la Generación del 48; y la poética del Interiorismo de Bruno Rosario Candelier es enaltecida por Sally Rodríguez, Freddy Bretón, Iki Tejada, José Frank Rosario, José Rafael Lantigua, Carmen Comprés, Camelia Michel, Fari Rosario, Juan y Rocío Santos, Roberto Miguel Escaño y Mikenia Vargas.

El Interiorismo del Ateneo Insular

  El 28 de julio del año de gracia de1990 el autor de esta obra concibe en Moca un nuevo movimiento literario que formaliza y da a conocer con el nombre de Interiorismo, nombredel fundamento estético del Ateneo Insular, institución integrada por grupos literarios y escritores de varias poblaciones del país, como Moca, Santiago, Mao, Montecristi, Santiago Rodríguez, Puerto Plata, San Francisco de Macorís, La Vega, Jarabacoa, Constanza, Santo Domingo, La Romana, Hato Mayor, Miches, Baní y Azua. Este nuevo movimiento literario surge como respuesta a la demanda de reclamos espirituales que mitiguen la frustración y el desencanto, la crisis de valores, el vacío existencial y el anhelo de trascendencia, y propone un nuevo planteamiento estético centrado en una interiorización, reflexivay trascendente, en busca de la creación mitopoética, la verdad metafísica y el aliento místico de lo viviente. Frente al agotamiento de las pautas estéticas existentes, los interioristas entendían que la literatura precisaba de un modelo de hondura interior, mediante el cual los creadores literarios exploren sus percepciones entrañables, la dimensión metafísica de la realidad, la verdad poética y la belleza sutil de las imágenes estéticas, no con simples juegos verbalistas carentes de sentido, sino mediante la auscultación del fondo profundo de lo real con la contemplación metafísica de lo viviente y la vivencia mística de lo divino a la luz del Numen de la sabiduría espiritual del Universo.

Asumimos lo mejor de la tradición literaria local, nacional y universal. En el plano local, elegimos a Manuel Valerio  como nuestro precursor inmediato, cuya obra estimamos paradigma para nuestros objetivos estéticos; en el plano nacional heredamos el aporte estético y espiritual de los postumistas, los independientes y los sorprendidos, como la dimensión cósmica de Domingo Moreno Jimenes, la vertiente metafísica de Manuel del Cabral, la faceta mitológica de Franklin Mieses Burgos y la onda espiritual de Máximo Avilés Blonda. La estética interiorista cultiva y potencia una literatura mitológica, metafísica y mística para desarrollar en las letras dominicanas el Realismo trascendente. Asumimos lo mejor del pasado literario y nos nutrimos del aporte creador de nuestros predecesores y de las tendencias que han fomentado las vertientes trascendentes. Aprovechamos el aporte de la Clasicidad y la Modernidad para enrumbar nuestra creación hacia el desarrollo de la sensibilidad espiritual en procura del fondo interior del hombre, los efluvios de las cosas y la irradiación sutil del Cosmos.

Un ejemplo es “Inquietud”, de la interiorista Carmen Comprés: “¿Hacia dónde van las cosas/que al final son la nada?/Este lodo bañado en los ríos/de las calles tumultuosas./Estas espinas dolientes que rasgan la piel/y dejan sus huellas en cada piedra milenaria/derramando el púrpura que esconden con dureza./Estas rosas que crecen sin sentido en mi pecho por perderse en el llanto impreciso del rocío./¿A qué este temblor de mi cuerpo/por el llanto de los ríos?/¿A qué este nudo en mi garganta/desgarrando el grito en mi silencio?/¿A qué esta posición fetal/por el miedo de nacer en otro espacio?/¿A qué esconderme en las entrañas/de la tierra/para encontrarme de nuevo/en el Cosmos con el Todo?” (5).

En fin, Moca ha hecho un singular aporte al desarrollo de las letras nacionales y ha contado con creadores cuyo cultivo de la inteligencia y la sensibilidad constituye una forma elocuente de testimoniar la dimensión luminosa y espiritual de lo viviente. De ahí que Moca tenga una vigorosa tradición literaria canalizada en diferentes órganos y géneros, autores y obras, potenciada hoy por la fuerza pujante del Interiorismo del Ateneo Insular.

Los grupos literarios “Octavio Guzmán Carretero” y “Triple llama” encarnan la continuidad de la mejor tradición literaria mocana (6), y sus miembros constituyen, en esta etapa de nuestra historia, cultores que enaltecen las letras mocanas, signo y cauce de una creación fehaciente de autores y obras que han aportado a la literatura nacional la visión humanista, refrescante y luminosa de la lumbre de la Mocanidad. El teólogo, poeta y promotor cultural mocano, Luis Quezada, creador interiorista con mirada amorosa y sabiduría mística, escribe “Interioridad” (7), un balbuceante poema que celebra, jubiloso, el Interiorismo:

Entro en mí

buscando la verdad, el bien y la belleza;

hilos de oro van trenzando mi experiencia,

hilos de plata van bordando mi expresión.

Y descubro en ese camino interior

que nos encontramos sumergidos en un misterio,

dimensión profunda de sentido,

que lo envuelve todo,

y que resumo en una palabra: Amor.

Entonces brota en mí la poesía como expresión

y la mística como experiencia,

como cauces privilegiados que me descalzan

para acercarme reverentemente al Misterio.

Entonces encontré al que yo buscaba,

porque antes Él ya me había encontrado.

Y caí en la cuenta de que el orden del Misterio

no es verdad, bien y belleza, sino al revés,

que la belleza va delante, abriendo el camino;

el bien le sigue, calentándonos con su fuego interior

y la verdad resplandece como iluminación que refulge

en la oscuridad, para llenarlo todo de claridad.

Y descubro que tanto caminar y fluir hacia adentro,

nos lleva a la rica confluencia del ser,

que es plural, relación y alteridad.

Pues soy en la medida en que otros son parte de mi ser,

Soy-con-otros-y-por-otros,

Y así puedo gritar lleno de júbilo: EUREKA

El Todo no es la Nada ni la náusea

sino un Misterio profundo cargado de Sentido

que nos sumerge en el océano infinito

del amor y la ternura.

 

Bruno Rosario Candelier

Movimiento Interiorista del Ateneo Insular,

Moca, República Dominicana, 25 de junio de 2018.

 

Notas:

  1. Julio Jaime Julia, Notas para la historia de Moca, Santo Domingo, Publicación de la UASD, 1985, p.19.
  2. Ver Aída Cartagena, “Recordando a Tavito”, en Octavio Guzmán Carretero, Solazo, Moca, Ateneo de Moca, 1975, 2da. ed., p.18.
  3. Alberto Baeza Flores, La poesía dominicana en el siglo XX, Santiago, UCMM, 1977, T. II, p. 312.
  4. Bruno Rosario Candelier, Letras mocanas, Santo Domingo, Publicaciones de la UASD, 1985, p. 12.
  5. Poema cedido al suscrito por Carmen Comprés en julio de 2005.
  6. Desde mediados del siglo XIX hasta el presente, Moca ha tenido agrupaciones y centros culturales y literarios que han fomentado la lumbre de la Mocanidad.
  7. Poema leído por su autor como epílogo de su conferencia sobre “Mística y poesía” en el Encuentro del Movimiento Interiorista celebrado en el Centro de Espiritualidad “San Juan de la Cruz”, en La Torre, Moca-La Penda, el sábado 23 de junio de 2018.