Pasear, interrumpir/irrumpir, tesonero/personal/personero, harén/aren

Por Roberto E. Guzmán

PASEAR

¿Qué viene a hacer este verbo en estos comentarios si ni siquiera se cita un ejemplo de uso?

La respuesta es relativamente fácil, o fácil para un dominicano, como se demostrará más adelante.

En el español internacional el verbo del título goza de acepciones muy bien documentadas. Hasta en el español americano goza de acepciones bien documentadas. De manera somera se mencionarán algunas de las correspondientes a esos ámbitos del español. Se hará hincapié en las que más se parecen a la acepción dominicana que se develará aquí.

El Diccionario de la lengua española ha incorporado en su nómina de acepciones para el verbo del título una que se emplea en Costa Rica que se asemeja a la de la República Dominicana; esta es: “Desmoralizar a alguien, destruirlo espiritual y moralmente”. En funciones de verbo pronominal, como el anterior, en Cuba se usa para, “Dominar ampliamente una disciplina”.

La significación mencionada más próxima a este párrafo se conoce también en el español dominicano, sobre todo en los pasillos de las escuelas y universidades.

El “pasear” de los dominicanos no ha sido inventariado aún en los diccionarios de español diferencial; por esa razón se tae a estos comentarios. En esa variedad de español una persona pasea a otra cuando la lleva (pasea) a un campo del saber y le demuestra que la primera persona tiene mayores conocimientos, de modo que la hace quedar en ridículo.

Como se comprueba con los detalles de la acepción dominicana, la acepción comparte con la de Costa Rica el rasgo de desmoralizar a alguien; sin llegar al grado de la costarricense. Con la acepción cubana comparte la dominicana la característica de “pasear” a alguien en una disciplina del conocimiento humano.

Quien estas reflexiones escribe está seguro de que una vez expuestos los pormenores del verbo en cuestión, muchos hablantes de español dominicano reconocerán la acepción sobre la que se ha escrito.

 

INTERRUMPIR – IRRUMPIR

“. . .R. V. IRRUMPIÓ desde tempranas horas de la mañana las operaciones. . .”

Con mayor frecuencia que la deseada se encuentran confusiones en personas educadas acerca de cuál vocablo utilizar en los casos en que estos tienen algún parecido en su escritura.

En esta sección se estudiarán los dos vocablos del título con sus respectivos significados y equivalentes, con los ejemplos correspondientes. No se enumerarán todos los casos, pero se recalcarán las diferencias con el propósito de que no haya lugar a otras confusiones en el futuro entre los dos vocablos.

De acuerdo con lo que el Diccionario de la lengua española recoge en sus páginas, el verbo interrumpir tiene dos acepciones. La primera es “cortar la continuidad de algo en el lugar o en el tiempo”. La segunda es, dicho de una persona: “Atravesarse con su palabra mientras otra está hablando”. No puede dejarse pasar la oportunidad para señalar que ese “atravesarse” parece menos apropiado que otros verbos que se dejaron fuera.

En cuanto al verbo irrumpir el diccionario mentado más arriba solo le reconoce una acepción, “entrar violentamente en un lugar”.

Con la lectura de las dos acepciones vaciadas más arriba se deja en evidencia la mala selección que hizo la persona que redactó la frase copiada inmediatamente debajo del título. Interrumpir las operaciones equivale a cortarlas, detenerlas, impedir que siguieran, discontinuarlas, pausarlas.

 

TESONERO – PERSONAL – PERSONERO

“Las riquezas. . .han sido el fruto de mucho sacrificio y trabajo PERSONERO”.

En más ocasiones de las que la persona desearía que sucedan el cerebro le juega malas pasadas. Eso que se menciona es lo que parece que sucedió en el ejemplo de la cita. El cerebro mezcló palabras y produjo otra que existe, pero que no se acomoda para imprimirle sentido a la frase. El vocablo “personero” posee un sentido particular en República Dominicana que se mencionará en esta sección.

Tesonero significa que tiene tensión o constancia, que es perseverante. En general se refiere a la persona que demuestra tenacidad, empeño continuo y firmeza en su propósito.

La palabra personal tiene varias acepciones que varían de acuerdo con el contexto en que se emplee. Una es sinónima de particular; otra tiene un significado más profundo y se empareja con lo íntimo. Esas que se mentaron son acepciones cuando la palabra desempeña funciones de adjetivo.

En funciones de sustantivo, personal tiene que ver con el grupo de persona que trabaja en un mismo sitio. En deportes es la falta que comete un jugador sobre otro.

Un personero es un procurador para entender o solicitar negocios ajenos. En el pasado fue un procurador de las cortes castellanas.

En la República Dominicana la voz personero adquirió un matiz especial inmediatamente después de la caída de la dictadura trujillista. Se aplicó al “Funcionario público cercano al poder”. Diccionario del español dominicano (2013: 542).

El personero del régimen era un representante del poder de ese régimen de fuerza; una persona que se había beneficiado de ese gobierno. En resumen, como puede comprobarse mediante lo expuesto aquí, personero es una palabra que tiene una historia particular en el español dominicano.

 

HARÉN – AREN

“Tenía su AREN, mujeres al por mayor. . .”

No hay perdón para quien incurre en dos errores con palabras que no mantienen semejanza alguna en cuanto a su significación. El primer error es en cuanto a la sílaba de la mayor intensidad en la pronunciación. El “aren” que le salió al redactor pertenece al verbo arar y no se enuncia del mismo modo que el harén o harem que debió aparecer en el escrito.

En esta sección se dejará fuera de consideración lo concerniente al verbo arar que por su grafía aparece conjugado en el presente del subjuntivo y en imperativo. Mucho más interesante es el sustantivo masculino harén, que también puede escribirse harem.

La palabra harén es de aparición tardía en español, pues se tomó del francés harem y en lengua española se introdujo, de modo documentado, en 1830; esto de acuerdo con lo que escribe J. Corominas en su Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (1967:325). En francés se conocía el vocablo harem desde el año 1673 Dictionnaire historique de la langue française (2012-II-1593).

La significación primera de harén fue en las casas musulmanas “zona en que viven las mujeres”. Por metonimia pasó a ser “conjunto de mujeres que viven bajo la dependencia de un jefe de familia”. Diccionario de la lengua española 2014, consultado en línea. En inglés harem está documentado desde el año 1634 (haram) con el mismo significado que en las otras lenguas, tomado del árabe.

En el español moderno se utiliza casi siempre para designar a las mujeres que son amantes o concubinas de un hombre, aunque ellas no vivan bajo un mismo techo. Con este valor quiso presentarlo quien mal escribió la cita copiada al principio de esta sección.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Galipote, copa, armador

Por Roberto E. Guzmán

GALIPOTE

La palabra galipote del español dominicano tiene varios rasgos que hacen de su estudio un punto interesante. Posee esta una acepción que se conoce únicamente en el habla de los dominicanos. Su étimo remoto no había sido dilucidado de modo exhaustivo. Eso se hará aquí, con sus pormenores y, se aclarará su etimología.

El galipote es una “Persona que, según la creencia popular, tiene la facultad de convertirse en animal o en árbol. Diccionario del español dominicano (2013:330). Ese diccionario menciona un femenino para la voz, aunque el autor de estas notas nunca ha oído de la galipota.

En la literatura dominicana se menciona este personaje y se asegura que se conoce también con el nombre de dundún. La forma cómo se logra este poder es firmando un pacto con el diablo Diccionario de cultura y folklore dominicano (2005:176). En la literatura dominicana varios autores se han valido de este personaje fantástico desde T. M. Cestero en La Sangre (1913) hasta M. Veloz Maggiolo (1980).

La voz del título entró al español dominicano a través del criollo haitiano, galipòt, galpòt, gayipòt, que es un animal mítico que se asemeja al lugarú (lougawou). En esencia es un ser o espíritu malhechor. Se aplica en el criollo haitiano a la persona que se mueve con celeridad, que según parece puede estar en dos sitios a la vez. Haitian English Dictionary (2000:253).

En el español general galipote es una brea empleada para calafatear. En francés es una resina de pino. Entró en el diccionario académico de la lengua española en el año 1899. Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1980-III-42).

La palabra galipòt del criollo haitiano deriva del francés hablado en la región del Poitou que tiene relación con la lengua de oíl que pertenece a la familia de las lenguas romances. Como se verá más adelante esta palabra pasó al francés de la provincia de Quebec en Canadá. Lexicréole (2001:94). Este autor define al galipote como un duende, fantasma; o, como una organización secreta nocturna.

El galipote francés más próximo del dominicano es el que se conoció en la región del Centro-Oeste y Auvernia en Francia, en la que se empleaba la voz para designar un animal monstruoso que deambulaba por la noche en los campos. En sentido figurado, en una locución, adquirió el sentido de buscar aventuras extraconyugales, y, así pasó al francés canadiense. Se piensa que este galipote deriva de galipette que significa cabriola, maroma. Vocabulaire du français de province (2010:232). Y Dictionnaire historique de la lengua française (2012-II-1463).

En el francés canadiense actual la locución courir la galipote corresponde a frecuentar los lugares de diversión. También se usa para ir de un lugar a otro en el pueblo y correr tras las faldas. Dictionnaire de la langue québécoise (1980:241) y The Québecois Dictionary (1982:110).

Un rasgo que torna interesante la voz estudiada es que pasó de las provincias francesas, en las que se usaba para nombrar a una bestia fabulosa (por eso es sustantivo femenino en francés), a una persona que se mueve rápidamente en criollo haitiano hasta derivar en un espíritu malhechor o, en un brujo. De aquí pasó al español dominicano para denominar a una persona que hace un pacto maléfico y puede convertirse en animal o árbol. Esta voz es un ejemplo fehaciente de las transformaciones que experimentan las palabras al pasar de una lengua a otra y de un país a otro.

 

COPA

“Estos pequeños huertos en las COPAS de los edificios. . .”

El vocablo copa tiene significados muy bien asentados en el español cotidiano. Según se deduce de la lectura de la frase copiada se la ha usado en un sentido nuevo, que aún no se ha registrado en los diccionarios usuales.

No se critica el uso que se hace de la palabra copa, aunque no se apruebe el uso que se hace de esta. Se seguirán los pasos que el/la redactor/a hizo del vocablo destacado, para llegar al meollo del asunto de cómo llegó hasta este empleo.

En los árboles la copa es el “conjunto de ramas y hojas que forma la parte superior de un árbol”. Esa es la definición que recoge el Diccionario de la lengua española. En esta acepción se subrayó una parte para destacarla y que se la retenga.

El tema de la frase tiene que ver con plantas, huertos, hortalizas y cosas parecidas. La parte superior de un edificio es la azotea, pero en este caso la llaman copa.

Como puede observarse mediante la lectura de la frase, el/la redactora/a estaba inmerso en su escrito y deslizó una copa más que no deja de tener asidero, solo que el vocablo no ha recorrido el largo camino que le imponen las lenguas a las palabras nuevas.

Puede añadirse que se admira el poder creador de quien redactó, pero no puede ofrecérsele apoyo aun cuando se percibe la relación que existe entre la copa y la parte superior del edificio.

 

ARMADOR

“. . .D. M. el ARMADOR infatigable”.

En el español abundan las palabras patrimoniales que son conocidas por la mayoría de los hablantes por el significado principal, que casi siempre es el más antiguo, o, el de mayor uso.
Junto a los significados tradicionales de algunas palabras los hablantes incorporan a estas otras significaciones en su habla que pasan a la lengua escrita, pues ese se considera el itinerario que siguen esas palabras desde que F. de Saussure lanzó esa idea.

En algunas ocasiones los vocablos que se eligen pueden depender del campo de actividad a que corresponde la nueva palabra. En otras ocasiones los hablantes se conforman con una traducción o una adaptación a la lengua de llegada.

En el caso de este “armador” no se trata de la vieja palabra que designa a la persona que arma un mueble o artefacto. No se trata tampoco de quien arma o dota un barco para su explotación comercial. El armador de la frase es la persona que desempeña una función importante en el juego de baloncesto.

El Diccionario de la lengua española aún no ha reconocido este armador que sí consta en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias, donde se define como el “jugador que organiza las jugadas durante el partido”. Menciona ese lexicón que ese es un uso conocido en Puerto Rico y,  desempeña ese vocablo las funciones de adjetivo y sustantivo.

En la obra El idioma español en el deporte (1994:447) aparece la voz armador para lo que en inglés conocen con el nombre de play maker y lo define como el “encargado de organizar el juego dentro de la cancha”. En la obra mencionada puede leerse que “en español puede llamarse base” al jugador que se ocupa de esta labor.

Hay que celebrar que los hispanohablantes hayan escogido para este jugador de baloncesto una palabra que no es servil al inglés. No cabe duda de que han seleccionado esta palabra porque encuentran en el verbo armar suficiente base para hacerla aceptable. En el verbo armar se encuentran algunas cualidades que hacen de este un fundamento adecuado para escogerlo en el deporte del baloncesto para el trabajo que realiza el “armador”.

El armador imparte las instrucciones en la cancha, tanto en su aspecto defensivo como ofensivo. Dispone los cambios necesarios para adaptar la estrategia al desenvolvimiento del partido. Ese jugador ordena las acciones adecuadas a las circunstancias del juego. Es la persona que monta las acciones en el tabloncillo. Todos los verbos usados para la acción del armador están presentes en el verbo armar.

La elección es probable que se hiciera siguiendo la descripción de la actividad del jugador, pues ordena la acción de su equipo sobre la marcha. Puede escribirse que con el escogimiento de esa palabra se afirma la expresividad lingüística que caracteriza el lenguaje deportivo.

Lo que ha hecho la lengua con respecto de este jugador es que ha acomodado una palabra antigua del español que era de uso en otras áreas de la actividad humana y la ha adaptado a una realidad de un deporte de aparición más bien reciente. Con este tipo de cambio que se observa aquí se comprueba que las sociedades humanas usan el instrumento que es la lengua para acomodarla a la evolución que experimenta la realidad.  Ni la sociedad ni la lengua son estáticas.

© 2018, Roberto E. Guzmán

 

Corbé, blanquitud, sacar, dajao/Dajabón

Por Roberto E. Guzmán

CORBÉ

La palabra que figura a modo de título no se encuentra como tal, es decir, por derecho propio en los diccionarios diferenciales de español dominicano. Esa palabra se encuentra formando parte de algunas locuciones de uso común en el habla de los dominicanos. En este apartado se argumentará que ella merece un sitio en el léxico dominicano porque posee una significación que le es propia.

Hace ya varios años que por medio de estos escritos se hizo un espacio a la palabra en cuestión, pero a pesar de que se explicó su procedencia no se arguyó para crearle un espacio propio.

Corbé es una voz de origen francés que probablemente ingresó al español dominicano durante la ocupación haitiana. Esa es la representación gráfica que el dominicano ha hecho de la voz corvée del francés que era una obligación que los ciudadanos debían honrar como un impuesto pagado en horas de trabajo. Consistía en un trabajo gratuito para la comunidad que hacían los ciudadanos en grupo. Tuvo su origen en la sociedad feudal y era un tributo que se debía al señor feudal.

En la lengua criolla haitiana lo escriben, kòve y lo definen como trabajo en grupo seguido de distribución de comida, realizado por obligación y generalmente en las vías públicas.

El Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:137) asienta dos locuciones sustantivas con la palabra del título, corbé de gente y corbé de presos; y una locución adjetiva, de corbé. La primera es, “Grupo numeroso de personas”. La segunda es, “Grupo de reclusos dedicados a trabajos forzados”. La tercera es, “Referido a persona, grupo que va por el mismo camino”.

Al copiar las acepciones se resaltó el vocablo grupo y esto explica que se haya escrito acerca de la palabra. Se piensa que en el español dominicano hay que hacerle un lugar a corbé con el significado de “grupo”, esto así en vista de lo que acaba de exponerse.

Ojalá se encuentre eco en esta propuesta de incluir esta voz en calidad de específica del español dominicano con la acepción que se propuso.

 

BLANQUITUD

El fenómeno de la BLANQUITUD. . .”

Con alguna frecuencia no precisada, aparece alguien con buena educación formal que muestra de manera implícita su inconformidad con los recursos que ofrece el léxico de la lengua. Esto que se acaba de exponer es lo que se cree que ha sucedido en el caso de la frase que se reprodujo a modo de ejemplo del uso de la voz del título.

En muchas ocasiones -quizás demasiadas- la persona que inserta la nueva voz no tiene el deseo o la oportunidad de explicar el nuevo término que saca a la luz. Como consecuencia de eso los lectores se ven en la situación de tener que descifrar el significado de lo que leen.

No resulta difícil encontrar que esta voz tiene relación con la palabra blanco. Se presume que no es un sinónimo de otra palabra vinculada con blanco, sino que posee rasgos peculiares que la hacen única y de allí que se la comente en este espacio.

En el proceso para dar con una definición se procederá a examinar los vocablos reconocidos de la lengua que pertenecen a la misma familia. Blancura, por ejemplo, es la “cualidad de blanco”. No es blanquecino que es “que tira a blanco” y, sinónimo de blancuzco.

No se va a abundar más y se propondrá una definición. Es el privilegio de ser blanco, con las características y facultades que esa condición confiere a la persona que goza de esa ventaja. Hay que tomar nota de que este es un juicio que procede de la reflexión, basado en suposiciones lógicas. Es infortunado que el autor que escribió el término no se tomara el tiempo y la molestia de explicarlo. Quizás lo dejó así porque en su mente estaba muy claro el concepto. O solo quiso impresionar a los lectores con una palabreja nueva.

 

SACAR

“. . . ya que el comité central SACO una resolución. . .” (Así, sin la tilde en el original).

Lo que sucedió en esta frase es lo que se conoce en el habla popular como un “doble feo”. En primer lugar usa el redactor el verbo sacar y en segundo lugar olvida la tilde para que se entienda que la acción acaeció en el pasado. El verbo sacar está fuera de contexto en una frase como esta. No “se saca” una resolución.

Dependiendo de las circunstancias, muy bien pudo elegir un verbo que indicara que la decisión fue adoptada o que fue emitida. No huelga recordar que adoptar en este caso es tomar una resolución después de haberla discutido, examinado, evaluado.

En el caso de que se trate de que la medida resolutoria fuese emitida, es decir, dada a conocer, entonces puede escribirse que la publicó, la hizo de público conocimiento. Si la divulgó, entonces la difundió. Si se había mantenido secreta o no era conocida del público puede decirse o escribirse que la reveló.

De todos los verbos que se han repasado el único que no merece que se escriba en una hipótesis como la de la frase es ese “sacar” que queda desestimado por ser poco preciso.

 

DAJAO – DAJABÓN

“. . . pero también de hábitat de DAJAOS, de camarones y anguilas. . .”

En esta sección se tratará el tema del pez que existe en las aguas frescas de la República Dominicana. Se aprovechará la ocasión para escribir también acerca del nombre Dajabón.

En su origen el nombre del pez fue dahao. Hoy se conoce con el nombre de Dajao. Es un pez de río y con ese nombre se lo conocía en México, Cuba y Puerto Rico. El nombre científico de este es agnostomus o agnostemus monticula.

Esta voz -dahao- aparece en la obra Indigenismos de D. Emilio Tejera (1977:517). D. Alfredo Zayas y Alfonso en su obra Lexicografía antillana (1914:209) trae la voz Dahabon como el nombre de, “Uno de los ríos que riegan la Vega Real de Haití, y desagua en la costa Norte”. Con respecto de la voz dahao escribe que es un pez de río de corriente rápida que en Cuba se pesca con aguacate, no del todo maduro.

La palabra Dajabón también es un indigenismo y D. Emilio Tejera en la obra mencionada antes sostiene que aparece ya en los escritos del P. Las Casas. El último escribe Dahabon. Se trae esta información para desvirtuar la etimología inventada por no especialistas acerca del nombre de la ciudad fronteriza de Dajabón, que se presenta como derivada de una mezcla del nombre del pez Dajao y del criollo haitiano (o francés) bon. Esta explicación etimológica se apoyaba en que los residentes de la parte occidental de la isla La Española decían que ese pez era bueno, dajao bon, de donde Dajabón.

Algunas personas en el pasado llegaron a pensar que el nombre del pez fue en su origen “dajado” y que por la pronunciación descuidada pasó en el habla a “dajao”; ya se sabe que no hay tal cosa.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Matraca, ambigüedad/*ambiguedad, interdicción

Por Roberto E. Guzmán

MATRACA

Esta palabra retrotrae al autor de estas líneas a la época de su pubertad. En ese momento los relojes eran mecánicos y, tenían rubíes y un “pelo”. Se recuerda que la cuerda era muy delicada. En esos años tener un reloj era un lujo. Eran mecanismos delicados que fácilmente se rompían o se descomponían. Esos relojes de pulsera eran enemigos de los deportes y de los juegos físicos.

A esa época pertenece la palabra “matraca” en el español dominicano. Era una forma de llamar al reloj de pulsera por otro nombre. No había necesariamente ánimo de burla en el uso de este vocablo. Hasta puede sostenerse aquí que había un dejo de admiración por el aditamento que medía el pasar de las horas y el tiempo. Si la memoria no falla, el reloj era más matraca mientras mayor fuese su tamaño.

Por esos años era normal que un joven al preguntar por la hora a otro le dijera, ¿Qué hora tiene tu matraca? No había ofensa en que se usara esa palabra, pues poseer un reloj de muñeca daba un toque de prestigio a quien lo poseía. En resumen, matraca era sinónimo de reloj de pulsera sesenta años atrás, por lo menos entre jóvenes en la ciudad de Santo Domingo.

Resulta interesante buscar el origen de la palabra en español y las relaciones que ella tiene con palabras de la misma familia, o desviadas de estas en otras lenguas. Sin olvidar, claro, el sentido derecho de la palabra matraca.

La palabra matraca en el español general posee varias acepciones. Es un instrumento musical de percusión. Es una persona inoportuna y molesta. Es una conversación sobre un tema molesto. Es una rueda que produce ruidos desagradables.

En su origen la matraca del español tuvo relación con el sonido que hacía un martillo. Luego fue una suerte de juguete que producía ruido. En francés la matraque es un tipo de macana. Como una curiosidad puede mencionarse que en francés de Quebec la voz patraque se usa con el sentido de “reloj de pulsera de poco valor”. Problèmes de lexicologie québécoise (1977:202).

Se recuerda que de modo jocoso los jóvenes de aquella época acostumbraban también a llamar de “macana” esos relojes que sus compañeros de estudios y de juegos llevaban. Era usual oír la pregunta, ¿Qué hora tiene tu macana? El misterio de esta macana quizá lo resuelve el español dominicano que entiende que algo que es macana es fuerte, preciso. Este uso está documentado en el Diccionario del español dominicano (2013:425), “Reloj grande o lujoso”.

En América, en ocho países, entre ellos República Dominicana, una matraca es un vehículo viejo y ruidoso. En República Dominicana, Puerto Rico y Bolivia, es también un artefacto mecánico que funciona mal o que no funciona. En portugués brasileño posee la palabra matraca algunos de las acepciones del español. Los datos sobre los países hispanoamericanos aparecen en el Diccionario de americanismos.

El Diccionario del español dominicano (2013:454) confirma la parte concerniente a ese país, con relación a macana. Se espera que algún día se documente la acepción dominicana que se publica aquí –matraca- para que se recoja en los lexicones de español dominicano.

 

AMBIGÜEDAD – *AMBIGUEDAD

“. . .erradicando toda situación de AMBIGUEDAD. . .”

En los últimos tiempos se ha notado cierta dejadez de parte de los articulistas con relación al asunto de colocar las tildes sobre las vocales para distinguir bien el papel que desempeñan en la oración.

Hay que poner en perspectiva el error en que se incurre -aún mayor- en cuanto se refiere a la diéresis, esos dos puntitos horizontales que en español se colocan encima de las úes.

Estos dos puntos constituyen un signo diacrítico, esto es, da un valor especial a la letra.  Solo se colocan sobre la letra u en las sílabas gue y gui; de esa forma se indica que esa vocal debe pronunciarse.

En la obra Anthropological Linguistics (1968:24) Joseph Greenberg afirma que siempre “la forma de escribir es la que se acomoda a la lengua hablada”. En este caso debe tomarse esa aseveración pensando que la pronunciación de esas palabras con diéresis fueron las que impusieron la utilización de estas para asegurarse de la forma en que debían y deben decirse.

En estos casos como el que se encuentra en la cita parece que la pereza vence a los redactores, a pesar de que la ausencia de la crema cambia la pronunciación de esas palabras. Este signo ortográfico auxiliar ha de representarse también sobre las letras aún cuando se escriban en mayúsculas.

En su condición de licencia poética, existe en español la posibilidad de representar la diéresis sobre otras letras además de las úes, para indicar que las vocales que componen el diptongo sobre el que se coloca deben pronunciarse en sílabas distintas.

Demostrar este tipo de pereza en los escritos destinados al gran público fomenta confusión en los lectores, pues a veces los últimos no poseen la capacidad para suplir el descuido del redactor. Además, con ese proceder fomentan una mala costumbre.

Los periodistas, los articulistas y todo aquel que tiene acceso a escribir en los medios de difusión ejercen un papel de modelo que debe ser asumido con respeto y celo.

 

INTERDICCIÓN

“Las autoridades realizaban operaciones de INTERDICCIÓN en un puesto de chequeo. . .”

Últimamente se ha extendido la mala costumbre de utilizar la palabra del epígrafe. Este uso tuvo su nacimiento entre los hispanohablantes de los Estados Unidos de América del Norte. El vocablo en cuestión pertenece por derecho propio al ámbito del español legítimo.

El problema que se advierte en la actualidad es que se ha extendido su campo semántico sin que ello tenga asidero. Más abajo se verá el asunto en detalle, sazonado con un poco de historia y semántica comparativa.

No produce sorpresa si se escribe que la interdicción es una prohibición en todas las lenguas que tuvieron algún tipo de contacto con el latín. Aún en aquellas lenguas con contacto menos directo, como el inglés, la primera acepción es su sinonimia con prohibición.

Según los textos acerca de semántica y etimología en un principio la interdicción fue una prohibición de decir, de expresarse, interdicere que tuvo su origen en el latín culto. Ese verbo del latín clásico fue de uso en el ámbito eclesiástico; de allí pasó al campo del derecho para las prohibiciones tanto en derecho civil como en derecho penal. El inglés lo tomó del latín a través del viejo francés.

La utilización que se hace en los últimos tiempos de esta interdicción proviene del inglés, lengua en la cual posee tres acepciones muy bien reconocidas. La primera como se escribió más arriba es solo la de prohibir.

La segunda que ha pasado al español, como puede comprobarse en la cita, es la de interceptar, que no aparece en las demás lenguas antes mencionadas. Entonces corresponde al español interceptación, que es la acción o resultado de detener, coger, parar, apoderarse de algo antes de que esta llegue a su destino o destinatario.

Los responsables de que se propague este uso viciado son algunos periodistas que abrevan en inglés y escriben en español. Esta traducción defectiva constituye otro tipo de descuido que también es censurable.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Reservado, agradecer, encajonar/engavetar, por la cuenta de/a cuenta de

Por Roberto E. Guzmán

RESERVADO

Reservar es un verbo reconocido ampliamente en el español internacional. De la familia de este verbo es el nombre “reservado” que también se conoce muy bien.

¿Qué rasgo especial tiene el adjetivo reservado en el español dominicano? En el español dominicano “un reservado” no es solamente el hombre comedido, discreto, cauteloso y circunspecto.

El reservado dominicano se relaciona a distancia con el compartimiento del coche de ferrocarril. Pero hay que recordar que los ferrocarriles de pasajeros hace largo tiempo que no existen en República Dominicana.

En los “hoteles de mala muerte”, en las secciones destinadas a comer y beber, es decir, en el bar o restaurante, había uno o más reservados. La característica de estos lugares era que escapaban a la mirada de los demás. Una vez que eran ocupados por los parroquianos, quedaban aislados de las miradas furtivas. No parece necesario que se añada que la iluminación era muy escasa en los reservados.

Esos sitios eran provistos de un timbre por medio del cual se llamaba el servicio del camarero o la camarera para que tomara las órdenes de los clientes que allí se recogían. El reservado tenía una mesa y sillas, además, en él había un mueble para sentarse con el espaldar alto que estaba adosado a la o las paredes.

Huelga decir que en esos hoteles los huéspedes no iban solo a dormir. Algunos de estos tenían comodidades de buena calidad. Es probable que los “moteles de placer” hayan mermado en gran medida el mercado de estos negocios y el uso de los reservados.

Habrá que incluir la palabra del título con una acepción apropiada para designar lo descrito en los próximos lexicones dedicados a las voces vernáculas del país dominicano. Con ese propósito se documenta aquí para que no se olvide.

 

AGRADECER

“Los republicanos pueden AGRADECER a sus propios fracasos. . .”

Por los significados que el verbo agradecer mantiene en el español corriente resulta cuesta arriba aceptar que pueda aceptarse el uso que de este se hace en la frase copiada. Se examinará la oportunidad de este tipo de utilización en casos excepcionales, aunque se centrará el examen sobre el empleo normal del verbo.

El verbo agradecer tiene estrecha relación con la demostración de gratitud por una cosa recibida o algún favor que beneficia. Algunas cosas que se benefician de algo muestran el buen efecto recibido, sin necesidad de expresar sentimientos.

En los casos en que se agradece por algo, es porque se ha recibido una cosa o un beneficio por la que se ha trabajado para conservarla o mejorarla. Esa cosa muestra el efecto beneficioso recibido.

No es posible en puridad de verdad agradecer algo que produce fracasos. El Diccionario de uso del español (2007:91) en su redacción para la primera acepción del verbo agradecer, deja sentado (y bien parado) que agradecer es, “Estimar un beneficio o una atención recibidos”.

En los únicos casos en que puede usarse el verbo agradecer del modo que se nota en la cita es cuando se hace de manera sarcástica, con ironía, por burla. En esos casos debe manifestarse muy claramente el ánimo que impele a emplear ese verbo en ese estilo. Claro, en muchos ocasiones el redactor lo que trata de conseguir es un efecto en el lector, o, lo hace como una guasa acerca de los hechos a los cuales se refiere.

 

ENCAJONAR – ENGAVETAR

“. . . el gobierno intentó legalizar el aborto terapéutico, pero finalmente ENCAJONÓ el proyecto. . .”

No todas las veces las sustituciones de vocablos producen una consecuencia afortunada. Tal parece que el redactor de la frase transcrita trató de evitar la palabra gaveta del español americano y la sustituyó por su sinónimo cajón del español peninsular. El desacierto se produjo cuando llevó ese traslado al verbo y, escribió encajonar, que es muy parecido en su enunciación al enfadarse en demasía dominicano.

No se está de acuerdo con la permuta que hizo el escribiente porque el verbo encajonar, como es natural, lo primero que significa es meter en uno o más cajones. Además, expresa ese verbo el meter algo o a alguien en un sitio estrecho. Los demás significados son muy especiales, por lo tanto, no se vacían aquí.

En tanto, el verbo engavetar en el Diccionario de la lengua española aparece en la primera acepción recogida por ese lexicón con el valor de, “Detener o paralizar un asunto o un documento voluntariamente”. Esta significación es propia para los siguientes países: Cuba, El Salvador, Nicaragua, República Dominicana, Venezuela.

Como si lo anterior fuera poco, la segunda acepción que es de uso en El Salvador, Guatemala, Honduras y Venezuela es, “Guardar algo en una gaveta por tiempo indefinido”.

Se piensa que no hacen falta más argumentos para demostrar la inoportunidad del verbo elegido por el redactor de la cita reproducida al principio de esta sección.

 

POR LA CUENTA DE– A CUENTA DE

“. . .el consumo de energía se multiplica por diez, sobre todo, A CUENTA DEL uso de combustibles fósiles. . .”

Llama la atención el uso que se hace de la locución verbal “a cuenta de” en la frase que se copió. No es la primera vez que se encuentra este uso. Es más, parece que hasta se la ha usado en una que otra ocasión. Lo interesante en este uso es que no se somete este empleo a lo que registran los diccionarios, como se verá más adelante.

El Gran diccionario de la lengua española para la expresión “a cuenta” o “a cuenta de” solo asienta que es “como parte de una cantidad a pagar” y la registra como locución adverbial. La misma locución es considerada por el Diccionario de la lengua española como locución prepositiva y la define con el valor de, “En compensación, anticipo o a cambio de”.

El Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:150), recoge la locución verbal “a cuenta de” con el significado de, “En condición, estado o situación de algo”.

Si se lee la frase reproducida más arriba a manera de ejemplo del uso de “a cuenta de”, puede comprobarse que este empleo no se aviene con ninguna de los significados que se copiaron de los tres diccionarios, pues no le confieren sentido a la cita.

La locución que correspondía que se usase en este caso era “por la cuenta de” que las Academias consideran una locución adverbial con el sentido de “Al parecer, o según lo que se puede juzgar”. Si se hacen los ajustes convenientes y se reemplaza en la cita ese “a cuenta de”, por “al parecer”, la frase cobra sentido; así mismo, si se cambia por “según lo que se puede juzgar”, pues de ese modo expresa la idea de que el pago se hace por concepto del uso de combustibles fósiles.

Desde que se leyó el uso de la locución llamó la atención porque parece que es un uso que se ha generalizado en el español dominicano. Ha de pensarse que en el habla de los dominicanos es frecuente que una persona pregunte a otra, “¿A cuenta de qué hiciste eso?” Aquí se considera que en casos como este y en otros parecidos la locución adverbial adquiere el sentido de “en qué condición, valiéndote de qué, apoyándote en qué, basándote en qué”. Más simplemente puede expresarse por, “¿Por qué hiciste eso?”, solo que se presume que la persona lo hizo amparado en o por algo.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

SI TOCA OPONERSE

Conocer la forma de las palabras nos ayuda a dominar su escritura. La morfología, la parte de la gramática que estudia la forma de las palabras, analiza los mecanismos para crear nuevas palabras que nos permitan decir lo que queremos decir, que no es otra la razón de ser de la lengua.

Entre estos mecanismos, la lengua ha desarrollado el que permite formar nuevos adjetivos a partir de la suma de un prefijo y un sustantivo. Si queremos un adjetivo que nos ayude a describir aquello que se opone al lavado de dinero, nos basta con sumar el prefijo anti- al sustantivo lavadooperación antilavado, ley antilavado. Si queremos un adjetivo que describa el efecto de un producto sobre la caída del pelo, nos basta con sumar el prefijo anti- al sustantivo caídachampú anticaída. Si queremos describir aquello que se opone a la corrupción, nos basta sumarle al sustantivo el prefijo anti-movimiento anticorrupción. El adjetivo que resulta es invariable cuando lo usamos aplicado a un sustantivo en plural: operativos antilavado, leyes anticorrupción, lociones anticaída.

Cuando el adjetivo se forma sobre la base de un sustantivo que ya está en plural, la ese final se mantiene en el adjetivo resultante, ya sea este singular o plural. Si queremos calificar el «supuesto» efecto de un cosmético facial sobre nuestras arrugas, nos basta con sumar el prefijo anti- al sustantivo arrugas: crema antiarrugas, tratamientos antiarrugas. Desde luego, desde el punto de vista de la lengua, mucho mejor este antiarrugas que el engañoso antiedad, formado por el mismo procedimiento.

Casi sin quererlo el prefijo de origen griego anti- ha protagonizado todos nuestros ejemplos. Nos gusta ser positivos, pero hay ocasiones en la vida en las que nos toca oponernos, y la lengua tiene que servirnos también para ello.

 

NO HAY DE QUÉ

La riqueza de nuestra lengua nos sorprende a cada paso. ¿Quién nos iba a decir a nosotros que un simple qué iba a dar tanto de sí? Unas semanas atrás matizamos la diferencia entre el qué tónico y el que átono. Hoy le damos protagonismo nuevamente al que, aunque esta vez en un contexto nuevo. Si se fijan, el qué se cuela, como quien no quiere la cosa, en muchas expresiones fijas de uso cotidiano. En todas las que verán utilizadas en esta columna ese qué es tónico y, por tanto, debe llevar tilde diacrítica.

¿Qué tal? ¿Nos ponemos manos a la obra? Qué sé yo cuántas veces hemos tratado eso de la dichosa tilde diacrítica. Estoy segura de que más de uno se pregunta qué tan difícil puede resultar aprender a tildar los monosílabos. Y los más reticentes seguro que están reclamando: «¿A santo de qué tenemos que ponernos otra vez con lo mismo?». Siempre habrá quien prefiera desentenderse: «¿Y a mí eso de las tildes qué? Yo nunca he sabido escribir bien, ¿y qué?». Hay hablantes que tienen un desinterés que para qué… Tantos las usamos y tan cotidianas son que incluso el manido qué lo qué tiene dos qué tónicos.

Como los lectores de esta columna no se cuentan entre los reticentes ni entre los desinteresados, seguro que agradecen este repaso de las expresiones que en nuestra lengua tienen al qué como protagonista. ¿Qué hay? ¿Las han contado? Las usamos muy a menudo y se merecen que las sepamos escribir correctamente. Si a algún despistado se le ocurre darme las gracias, con gusto le responderé: «No hay de qué».

NUEVAS Y NO TAN NUEVAS

Cada año conocemos cuáles han sido las actualizaciones que se han hecho a nuestro diccionario académico. Las modificaciones más vistosas suelen ser las incorporaciones: palabras que han ganado aceptación por parte de los hablantes y cuyo uso se ha mantenido en el tiempo. Esperar a que estas condiciones se cumplan provoca que el diccionario se demore en incluirlas.

Las adiciones léxicas de la última edición del DLE hablan de cómo cambia lo que nos rodea y de cómo cambiamos nosotros. Se popularizan los audiolibros, ‘grabación sonora del texto de un libro’, y nos familiarizamos con el holter, ‘prueba diagnóstica en la que un dispositivo registra en un monitor durante varias horas la actividad del corazón de un paciente por medio de electrodos colocados en su torso’. También nos hablan de que comemos hummus, ‘pasta de garbanzos, típica de la cocina árabe, aderezada generalmente con aceite de oliva, zumo de limón, crema de sésamo y ajo’, o cantamos y bailamos vallenato, ‘música y canto originarios de la región caribeña de Colombia, normalmente con acompañamiento del acordeón’ y ‘baile que se ejecuta al ritmo del vallenato’. Nos hablan de cómo está cambiando nuestra percepción de la realidad y cómo la transmitimos; la posverdad ha llegado para quedarse, ‘distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales’.

Como todas las obras que tienen a la lengua como protagonista el diccionario debe esforzarse por seguirle el paso. No hay nada que cambie más y más rápido que las palabras y sus significados. Por eso el DLE también ha modificado algunas definiciones, ha añadido acepciones y ha suprimido palabras de su nomenclatura. Les prometo que las iremos conociendo.

 

EL UMBRAL Y LA PUERTA
Escribía Inés Aizpún la semana pasada que la lectura es la puerta. De que nuestros niños sepan abrirla depende su desarrollo, el nuestro y el de los que vendrán. De esa puerta depende nuestro futuro. Y nuestros niños no saben leer. Todos hemos puesto nuestro granote de arena para que el umbral de esa puerta se haya convertido en una barrera insalvable más que en un punto de partida.

Si nuestros niños no nos ven leer, no sentirán curiosidad por la lectura. Mírenlo con los ojos de un niño. Un adulto abre un objeto, un objeto que no necesita batería, ni está conectado, ni tiene teclas ni luces. Lo mira en silencio, fijamente, y, poco a poco, pasa sus hojas. Parece haberse trasladado a otro universo. Parece divertirse. ¿No les apetecería intentarlo?

A los niños les despierta el gusanillo de la lectura convivir con los libros, con gente que lee, con gente que valora las palabras. Pero eso no basta, es solo el primer paso. La alfabetización los pone en contacto con la palabra escrita. Los enseñamos a interpretar grafías que se van sumando para componer palabras. Un paso más. Tenemos que hacerles descubrir que las palabras escritas son algo más que una suma de letras; que las palabras escritas nos dicen lo mismo que las palabras habladas. Otro paso más. Tenemos que ayudarles a intuir que las palabras no deberían estar solas; cuantas más palabras podamos convocar, más podrán contarnos y más podremos contar nosotros. Otro paso. Tenemos que guiarlos a través de las relaciones que las palabras establecen entre sí, esas que nos ponen a pensar, a reír, a llorar, a soñar. Y solo entonces estarán leyendo.

Nadie dijo que fuera fácil. Alfabetización, vocabulario, gramática, ortografía. Todos imprescindibles para la lectura, pero no suficientes. Sin curiosidad, sin pasión, sin placer no hay lectura. Mezclen estos ingredientes como si de una pócima mágica se tratase y el umbral se convertirá en el comienzo de un extraordinario camino.

 

A Santo Domingo, la eterna

Santo Domingo, ciudad fragmentaria

estallido de rosas y esquirlas

con un tambor de sombras y de átomos ardientes

va cantando en cada esquina

su pasado de leyendas y esqueletos dormidos

en las tumbas de la colonia antigua.

 

Santo Domingo

Hiroshima de Trópico y espuma

en la mortal soledad de su mundo

presurosa se cambia de dueño

para estrenar el deseo de los nuevos señores.

 

La ciudad y sus calles de fuego incendiándose

con los cañones oxidados de febrero

con la llama de abril que sepulta el recuerdo

y renace en la mentira de los sueños sin rumbo

hasta hundir su impiedad en los arrecifes.

 

Este pueblo calcina su historia

en el sol de cada mañana

dinamita de estrellas donde estalla el silencio

en cerrada mentira.

 

En esta tierra estremece el rugido

de un monstruotropical y salvaje

que calla su odio desde el mar sigiloso

acechando los pasos de la ciudad esquirlada

en burbujas y acero.

 

Esta ciudad que se borra en un mar de silencio

transparente e ingrávida

renacerá

rosa ígnea exhumada

de los pueblos antiguos perdidos en el sol

entre tambores de humo

y sus bosques dorados y suicidas.

Territorio sin vendimias

donde duermen los maizales su ceguera verde

y las bestias ya despiertan con hambre en los colmillos

graznando en las gargantas de cada nuevo invasor.

 

Aquí muero cada día

con la angustia de los ríos que perdieron sus caudales.

Aquí renazco cada día

para negar el olvido

para romper el silencio de este pueblo durmiente

que aún bebe la embriaguez de su espada

y devora indefenso su corona de laureles.

 

Una ciudad nunca duerme

cuando está cansada de la muerte

cuando se hastía la tierra de esperar por sus volcanes

cuando se cansan los labios de cantar sus imposibles

y arden rocas contra rocas en el vientre del olvido.

Pero las naves van soltando sus amarras

donde no existe el regreso.

Cada flecha ya dispara su dolor en las paredes

y cantan las voces una nueva catástrofe.

Hoy renace la palabra en estallido de aurora y mediodía.

Quema el fuego en cada letra

en cada flecha de plomo

hay amor en toda calle

un alud en las conciencias;

en las manos un misil ha nacido.

Esta fiera ya despierta con un machete entre las manos.

En el carro de sus héroes Santo Domingo corre

ataviada en una nueva armadura de sangre

porque hoy estrena su cosecha de libertades y acero.

Esparta de Trópico perfecto

ciudad eterna

ciudad rugido

¡Santo Domingopor siemprey para siempre!

 

Camelia Michel

Santo Domingo, D.N.

5 de mayo 2014

Derecho reservado

Conversatorio acerca de la obra César Nicolás Penson y su pasión por las letras: Antología, de Evelyn Marte Rodríguez

Por Camelia Michel

Es un placer y un honor representar al Dr. Bruno Rosario Candelier, presidente de la Academia Dominicana de la Lengua, en este coloquio en torno a la obraCésar Nicolás Penson y su pasión por las letras: Antología,de la acuciosa investigadora Evelyn Marte Rodríguez, que además de oportuna, constituye toda una revelación y una puerta abiertapara recuperar del olvido a un escritor fundamental para la literatura y la historia dominicanas.

Evelyn Marte Rodríguez trae del abandono en que las políticas oficiales y los usos culturales del momentosumergieron a César Nicolás Penson. Ese rescateno sólo era necesario en este punto y hora, sino indispensable. Hay demasiadas memorias de una etapa histórica trascendente y fundacional de la nación dominicana que se han diluido, ya por obra del azar, ya por dejadez o por alguna intención oscura que no vamos a dilucidar en este espacio.

El hecho de que Penson y sus Cosas Añejas prácticamente hayan sido invisibilizados en los programas escolares, al extremo de que sólo se introduzca su lectura de manera tangencial en los cursos de bachillerato, siempre me causó inquietud. Eso pude notarlo cuando mis hijos atravesaban la etapa escolar. Por el contrario, yo tuve la suerte de que cuando cursaba el sexto de primaria,nos asignaban como tarea leer sus historias más relevantes, y eso me motivó posteriormente a dedicar una atención particular a dicho libro completo.

El hecho de que haya sido relegado a un segundo plano, podría quizás atribuirse a cierta etiqueta que le han colocado algunos historiadores y críticos literarios, que lo consideran no sólo un escritor de una época superada, sino vinculado a un sentimiento nacionalista, que para algunos resulta indeseado y peligroso.

Con esta puesta en escena de Penson, creo que se hace justicia no sólo a un prosista y narrador  exquisito, cuya hoja literaria y periodística está llena de contenidos importantes y dignos de ser estudiados, sino a esa herencia cultural que nos llega a borbotones del pasado, pero que está trabada por falta de políticas y canales adecuados.

Este libro es una doble revelación porque nos muestra a un César Nicolás Penson más allá de sus narraciones tradicionales y costumbristas, contenidas en Cosas añejas y en Tradiciones y leyendas, y además nos acerca a Evelyn Marte Rodríguez, un espíritu inquisitivo y tenaz, que maneja no sólo la pasión, sino las técnicas investigadoras con mano diestra.

La propuesta pensoniana abordada en la obra de la que hoy estamos conversando, va desde artículos de interés nacional e internacional, editoriales, poemas, ensayos y correspondencia con personajes proceros, locales y extranjeros de la segunda mitad del siglo XIX,cuyos contenidos se refieren a tópicos literarios, históricos y filológicos. También se incluye su Reseña histórico-crítica de la poesía en Santo Domingo, que según destaca Marte Rodríguez es el “primer trabajo de importancia de nuestra historia literaria”.

Igualmente, la autora destaca una exposición titulada Estudio práctico de la lengua castellana, en el que,según Marte Rodríguez, Penson “asume posición frente a la autoridad de la Real Academia Española de la Lengua, en aras de establecer la conciencia literaria americanista y nacionalista”.

Debo decir que he quedado profundamente impresionada con el espíritu inquisitivo y lleno de rigor con que la autora, EvelynMarte Rodríguez, ha llevado a cabo esta investigación. La lectura de César Nicolás Penson y su pasión por las letras: Antología lo pone de manifiesto, y además, ella lo señala en la introducción.

Una larga labor de rastreo la condujo a las hemerotecas de la Biblioteca Emilio Rodríguez Demorizi, del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC); del Archivo General de la Nación (AGN) y a las Biblioteca Central y Biblioteca Rafael Herrera Cabral, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), entre otras.

Sólo me queda congratular a esta dama, a la que quiero exhortar a que continúe con tan necesaria labor. Esta especie de arqueología nos revelará grandes tesoros ocultos en diferentes etapas de nuestra vida como pueblo. A todos ustedes, gracias por escucharme, y por favor, apoyen este esfuerzo, adquiriendo y leyendo este libro, pues César Nicolás Penson y su pasión por las letras: Antología merece un lugar de honor en nuestras bibliotecas.

 

Santo Domingo, D. N.

23 de abril 2018

21.ª Feria Internacional del Libro

Pabellón Lupo Hernández Rueda

Los dominicanos no leen

Por Rosario Espinal

    No lo digo yo, me lo dijo un mensajero que pasa el día en su motor calle arriba y calle abajo. No recuerdo a qué vino el comentario, pero desde ese día he pensado varias veces en su aseveración: “Los dominicanos no leen”. El resultado es que he entendido mejor algunas cosas.

Los insultos. En la cantidad de artículos que leo en los periódicos digitales, lo que aparece al final, fundamentalmente, son insultos de los lectores; casi nunca veo un argumento que refleje compresión del texto y análisis. Es vómito mental.
Las faltas ortográficas. Con la proliferación de las nuevas redes sociales se encuentran a diario muchas faltas de ortografía. Cierto, no es fácil escribir correctamente a la velocidad del relámpago, pero muchas faltas son garrafales y no son producto de la rapidez en el teclado.

Los accidentes de tránsito. Los letreros en las carreteras, cuando aparecen bien indicados, son muchas veces ignorados. Las estadísticas de accidentes están ahí para demostrar que la insensatez, el alcohol y la falta de atención tienen mucho que ver con esas tragedias.

El origen del déficit en la lectura. ¿Cuántos libros, en promedio, lee un estudiante dominicano en primaria, en secundaria? ¿Hay mucha diferencia entre las escuelas públicas y privadas? ¿Y en las universidades? No tengo el dato. Si existe, por favor que alguien me lo pase.

La Feria del Libro. Se decía que vendían más comida que libros. Hay muchas casetas de instituciones del Gobierno con algunas publicaciones que no atraen ni siquiera al burócrata más aburrido. ¡Eso sí, con impresión costosa! Ahora dicen que la Feria está más enfocada en la lectura. ¡Ojalá así sea y tenga buenos resultados!

La caída del libro. En un país de unos 10 millones de habitantes, como es la República Dominicana, la edición de mil copias de un libro se considera todo un éxito porque no hay clientela. Las librerías van quebrando, aquí y en otros lados; y el mundo digital aplasta el impreso. ¿Qué lee la gente? ¿Facebook, WhatsApp y Twitter? La vida definida y expresada en pocas palabras.

No es nostalgia, nunca he sido nostálgica de la sociedad de antes. Pero me preocupa que en la medida que se abren los canales de opinión a más y más personas, no exista un mecanismo de instrucción para desarrollar en la población la capacidad de reflexión, argumentación y expresión. Sin eso, la interacción social se vuelve irrelevante, prevalece el dime y te diré, la polarización irreflexiva, y un constante denostar porque en la disminución de uno está el triunfo del otro.

La comunicación reflexiva es fundamental para avanzar, alcanzar sociedades más humanistas y menos guerrerista, buscar la justicia, construir la paz, y encontrar mayor bienestar. El empoderamiento mediante la palabra bruta, agresiva y destructora no augura buen futuro. La palabra es arma potente de apoyo o agresión, dulzura o amargura. Pongamos más atención a las palabras con las que organizamos nuestro pensar y accionar. La lectura es un camino hacia las palabras, hacia la historia, el presente y el futuro.

Alerta: recientemente, la Asociación Internacional para la Evaluación de Rendimiento Escolar (IEA) publicó los resultados del Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana, basado en un examen a 94 mil estudiantes de secundaria en 24 países del mundo que evalúa conocimientos y actitudes cívicas. Los cinco países participantes de América Latina obtuvieron los últimos lugares, y de ellos Perú y República Dominicana los últimos. La baja educación cívica, como muestra el estudio, se traduce en valores más autoritarios.

(Publicado en el diario Hoy, Santo Domingo, 25 de abril de 2018, p. 10A)

Bruno Rosario Candelier pone a circular libro sobre el grupo mester de narradores de la Academia de la Lengua

Por Emilia Pereyra

El director de la Academia Dominicana de la Lengua, doctor Bruno Rosario Candelier, puso en circulación el libro “El Grupo Mester de la Academia”, durante un acto realizado en la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2018.

En la actividad, el escritor valoró el aporte que hace el grupo conformado por los escritores Manuel Salvador Gautier, coordinador del colectivo, Ángela Hernández, Miguel Solano, Rafael Peralta Romero, Ofelia Berrido y Emilia Pereyra.

Al presentar la obra, Gautier recordó que el Grupo Mester de Narradores de la Academia Dominicana de la Lengua fue creado el 13 de agosto de 2005, a través de una carta constitutiva de la institución.

Dijo que el grupo ha trabajado con ahínco y que una de sus intervenciones más importantes fue la organización del Curso-Taller sobre Técnicas Narrativas, efectuado en marzo de 2009.

Afirmó que también el colectivo ha participado en paneles realizados en varias instituciones como el Centro León, universidades y en las ferias internacionales del libro.

Gautier explicó que en el libro Rosario Candelier ha recopilado una serie de trabajos realizados en diferentes escenarios, donde se analiza toda la obra o una sola obra de cada uno de los mesteres.

“Estos trabajos han sido escritos por distintos autores: el doctor Rosario Candelier, los mesteres y miembros de la Academia Dominicana de la Lengua y del Ateneo Insular”, agregó.

Dijo que Rosario Candelier introduce cada autor, con un trabajo donde analiza la obra de este autor, y que luego se continúa con los distintos trabajos realizados sobre la obra del autor por otros escritores.

Aseguró que el conjunto de estos trabajos por autor da una idea cabal del valor literario de su obra.

Manifestó que la publicación de Rosario Candelier demuestra una capacidad enorme en organización y método. “Quienes la lean, apreciarán la obra de un grupo de escritores que han sido sujetos de ser analizados y capaces de analizarse”, indicó.

Solano, Peralta Romero, Berrido y Pereyra dieron testimonios de las experiencias positivas que han tenido promoviendo la narrativa dominicana en varias provincias del país, universidades y espacios culturales.

24 abr 2018, Diario Libre