VALORACIÓN DE LA PALABRA

Diálogo virtual de Bruno Rosario Candelier y Ofelia Berrido con los escritores de la diáspora dominicana en Estado Unidos, Rhina Espaillat y Juan Matos

(https://drive.google.com/file/d/1HTinmN-h5uX4yXzyeLsk3hHrGUPW6QUi/view)

 

—Bruno Rosario Candelier: Buenas tardes, Juan Matos. Me da mucho gusto saludarte.

—Juan Matos: Buena tardes, don Bruno. Me complace este diálogo virtual con usted. Yo ya lo conocí y lo saludé en 1983, cuando usted ganó el Premio Siboney de Ensayo con su libro La imaginación insular.

—Bruno Rosario Candelier: Me agrada saberlo. Ese fue un acontecimiento memorable en mi carrera literaria. Y tú, ¿dónde te encuentras ahora?

—Juan Matos: Resido en…. Cerca de Concord.

—Bruno Rosario Candelier: En Concord surgió el Trascendentalismo, movimiento literario entre cuyos poetas sobresalen Ralph Waldo Emerson y Henry David Thoreau.

—Juan Matos: Así es. Es una ciudad con un fuerte movimiento cultural.

—Bruno Rosario Candelier: El ambiente donde uno crece los primeros años de vida influye en nuestro desarrollo cultural, por la energía telúrica y la energía celeste que nos impacta, que misteriosamente no sabemos cómo opera en nuestras neuronas cerebrales, pero influye para que lleguemos a ser lo que somos.

—Rhina Espaillat: Buenas tardes, don Bruno. No se imagina la satisfacción que me produce conocerlo. Es una gran verdad lo que usted acaba de afirmar y por eso precisamente, porque pasé siete años en República Dominicana antes de venir para Nueva York, me he quedado con el deseo de hacer algo por mi país. De hacer lo poquito que puedo hacer que es traducir y…

—BRC: Si usted supiera que eso les pasa a los dominicanos que viven en los Estados Unidos o en cualquier territorio fuera de nuestro país, sobre todo a los que tienen muchos años fuera, que sienten una llamada interior mediante una especie de cordón umbilical de la conciencia, sienten esa llamada, esa apelación, ese impulso de querer hacer algo por su país. Y entonces, naturalmente, lo ideal sería canalizar ese impulso y realizarlo. De manera que usted, que ha hecho mucho en la traducción y en la creación literaria, puede seguir haciendo lo que su sensibilidad le inspira y su talento le permite.

—Rhina: Yo he tenido mucha suerte, porque la verdad es que yo me siento que tengo dos países, dos idiomas, dos culturas, dos familias. Y eso, como siempre les digo a mis estudiantes (Juan lo sabe, porque se lo he dicho), les digo a mis estudiantes de la diáspora aquí —y también a los americanos que vienen de Grecia, de Alemania, de Corea, de todas partes—, yo les digo: “Ustedes no son personas divididas, son personas multiplicadas”.

—BRC: ¿Ah sí? Personas multiplicadas. Está bien dicho eso.

—Rhina: Así es. Les digo: “Ustedes no son menos por haber cambiado su estado, su vida, su destino. Ustedes son más porque tienen más familias en el mundo”. Porque dondequiera que uno va uno crea familia.

—BRC: Quien vive fuera de su país de origen, lo ama mucho más.

—Rhina: En cierto sentido quizás.

—Ofelia: Tienen mucha nostalgia.

—BRC: Hay mucha nostalgia, con el deseo de hacer algo por su propio país.

—Ofelia: Don Bruno, mire, la poesía de Rhina Espaillat usted tiene que tratar de leerla, porque ¡tiene un aliento espiritual, don Bruno, que usted no se puede imaginar!

—BRC: ¿Cierto?  Confieso mi ignorancia de su obra. Quiero conocerla.

—Ofelia: Hay unos libros para usted que ya se los mandaron. Y en el caso de Juan Matos, él vivió la infancia en bateyes.

—BRC: Sí, sé que es de Barahona, tengo esa información.

—Juan Matos: Sí.

—BRC: ¿Se refleja el eco de los bateyes, Juan, en tu obra?

—Juan Matos: Sí, indefectiblemente se refleja mucho.

—BRC: Tienes un dejo parecido al tono expresivo de los boricuas.  ¿Has compartido con puertorriqueños?

—Juan Matos: Sí. La mayoría de mis estudiantes son puertorriqueños.

—BRC: Ah, bueno, de ahí viene el influjo.

—Juan Matos: Trabajando con las comunidades recién llegadas y en los programas de inglés como segundo idioma, trabajo mucho con los centroamericanos y caribeños. Pero la mayoría, hasta la última década, siempre era puertorriqueña. Pero en los últimos quince años la comunidad dominicana ha crecido vertiginosamente. De hecho, ahora en Massachusetts la comunidad dominicana es mayor que la comunidad puertorriqueña.

—BRC: ¿Ah sí?

—Juan Matos: Sí, y hay ciudades, como Providence y Laurence, donde el 80% de la población estudiantil es dominicana.

—BRC: Voy a aprovechar lo que dices para hacerles una pregunta vinculada a la lengua. Recientemente la empresa comercial JUMBO de Santo Domingo está promoviendo la iniciativa de que la Real Academia Española incluya la palabra “mangú” en el Diccionario de la lengua española. ¿Ustedes han escuchado que algún americano mencionar esa palabra? ¿Han escuchado a algún hablante norteamericano decir la palabra “mangú”?

—Juan Matos: Que yo recuerde —en el ámbito de los educadores—, he escuchado a educadores americanos que han visitado a la República Dominicana hablar del mangú, conocen la palabra, lo celebran cuando llegan.

—BRC: ¿Ah sí?

—Juan Matos: Dicen: “Estuve en tu país y comí mucho mangú, y bebí mucha Presidente”.

—Rhina: Mi esposo conocía la palabra y yo no hablaba español, pero él conocía la palabra “mangú” y conocía también los “tostones”, y conocía el arroz con pollo.

—BRC: ¿Su esposo era norteamericano?

—Rhina: Oh sí, americano, del Bronx: americano, judío, rumano.

—BRC: La pregunta la hago por lo siguiente: para la Real Academia Española admitir una variante léxica propia de cualquier país hispanohablante en el diccionario académico, en este caso un dominicanismo, esa palabra debe usarse en tres países, por lo menos. Aquí, en República Dominicana usamos mangú, que es una creación léxica de nuestro país; se usa en Puerto Rico; y sabemos que los dominicanos residentes en los Estados Unidos la usan, pero para que tenga validez en Norteamérica su uso, tiene que ser empleada por hablantes no hispanos, es decir, por hablantes norteamericanos que también usen esa palabra. Si eso se confirma, entonces, ya esa palabra calificaría para cumplir con una exigencia de la Real Academia Española para incorporar una nueva entrada en el Diccionario.

—Ofelia: Don Bruno, ¿y cómo se puede confirmar ese uso?

—BRC: Bueno, hay dos formas: primero, el testimonio gráfico de un texto escrito o el testimonio oral de un hablante americano.

—Ofelia: Por ejemplo, una novela mexicana que mencione la palabra “mangú”.

—BRC: Si es una novela mexicana no es un testimonio válido, porque los mexicanos son hablantes hispanos. Una novela de un norteamericano que la mencione, o un articulista en un periódico. Y la otra opción es la de un hablante americano que confirme que han usado ese vocablo, como decir “a mí gustarme el mangú”, por ejemplo.

—Ofelia: Yo he visto ese uso en Facebook. Norteamericanos que han venido de vacaciones y ponen en Facebook, para los amigos que dejaron aquí: “Me hace falta el mangú”.

—BRC: Me gustaría, Ofelia, que me envíes ese testimonio por escrito.

—Ofelia: Ay, lo voy a buscar, lo voy a buscar.

—Juan Matos: Yo podría conseguir ese testimonio con educadores. Precisamente acá en Concord donde suelo estar como Autor en Residencia, y varios de los profesores… Bueno, ellos viajan todos los años a República Dominicana por una clase que se llama “Salomé”, en la que estudian la obra de Salomé Ureña.

—BRC: ¡Qué bien! Salomé Ureña es la más grande poeta del siglo XIX en nuestro país.

—Juan Matos: Y todos los años tres maestros viajan a República Dominicana a una clase llamada “Las mariposas” sobre el libro En el tiempo de las mariposas de Julia Álvarez, Esos profesores americanos viajan todos los años a Ojo de Agua. Son de una institución privada, se llama Concord Academy, y además es una escuela internacional de estudiantes de secundaria donde llegan estudiantes de diferentes países: de China, de la India, de varios países, y es lo que le llaman un “Bolin School”, una escuela donde los estudiantes llegan como si se mudaran a una universidad.

—Rhina: Le voy a pedir a Julia Álvarez que me mande ejemplos del uso del “mangú”.

—BRC: Pero el testimonio de Julia Álvarez no vale porque ella nació aquí.

—Rhina: Yo lo digo porque ella es académica y ella tiene muchas amistades americanas, ella enseña con americanas y sus estudiantes son americanos, por eso le digo.

—Juan Matos: Voy a escribir ahora en el chat el correo electrónico, maestro Bruno. Si usted me da permiso, puedo escribirle un correo electrónico a usted y a varios de los maestros norteamericanos que sé que conocen del “mangú”.

—BRC: Tienes mi permiso. Mi correo personal es ateneoinsular@hotmail.com.

—Juan Matos: El mío es: <jmmiliteratura@gmail.com> Y gracias, Ofelia, porque nos mandaste la información de los libros para el Ateneo Insular allá en Santiago y La Vega.

—Rhina: También les voy a pedir esos testimonios a Willis, que es académico también, porque él enseña en un colegio. Yo conozco muchos académicos aquí, y tengo amistades americanas, puros angloparlantes y también sus estudiantes, y si me mandan prueba pues entonces se las mando a usted.

—BRC: Magnífico, muy bien.

—Ofelia: Juan, déjame hacerte una pregunta. ¿Qué te gustaría a ti comunicarle a don Bruno, algo que tú quieres que él sepa ya que estamos con él aquí?

—Juan Matos: Ah, sí, yo tengo aquí, como dicen, mi “wishlist”, tengo mi ‘lista de deseos’. Primero le agradezco la gentileza de darnos la oportunidad de conversar con usted.

—BRC: Muchísimas gracias, Juan, me siento honrado.

—Juan Matos: El sueño mío —y estoy seguro que de Rhinamai también—, es cómo suplir esa necesidad que tenemos de unir a los escritores dominicanos con los escritores de la diáspora. Por ejemplo, fue a través de Juan Félix que tuve el medio de conocer a Ofelia. Yo leía sus ensayos, etcétera, igual que como leo los suyos, don Bruno, y así otros autores. ¿Cómo lograr un encuentro con escritores de la diáspora y los miembros de la Academia?

—BRC: Pienso que en este momento un medio ideal sería organizar diálogos o charlas, como ahora lo estamos haciendo vía Zoom, y yo me ofrezco a dar una de esas charlas sobre lengua y literatura. Este medio electrónico es una forma de establecer una vinculación.

—Juan Matos: Exacto. Voy a tomar notas. Eso es muy interesante, muy interesante.

—BRC: Ahora mismo son importantes los encuentros virtuales, en razón de la pandemia, ¿verdad?, pero, sobre todo, ya esta plataforma va a quedar para siempre. Aun cuando pase la pandemia, va a quedar como medio de comunicación y de relación este vínculo electrónico, que antes no lo estábamos usando. Fíjense cómo, a partir de la pandemia se ha generalizado el uso del Zoom y de otras plataformas telemáticas. ¿Qué se puede hacer? Bueno, además de un conversatorio como este –es admirable que yo estoy hablando con ustedes dos, Juan Matos y Rhina Espaillat, ustedes en los Estados Unidos y Ofelia Berrido y yo en nuestro país— lo que nos enriquece a todos. Nos enriquece, ya los conozco a ustedes dos, sabía que existían, pero no los conocía, no los había visto, como ahora.

—Rhina: El honor es nuestro, don Bruno. Si Juan me presta la lámpara mágica de donde sale el genio, el geniecillo, yo también tengo un deseo, y no tienen que ser tres con uno me conformo, y es este: yo he querido, hace mucho tiempo, que en las universidades y colegios de aquí exista un departamento —del idioma, naturalmente—, pero un departamento especial para la traducción. Yo creo que eso es una cosa importantísima. Pero también, no solo aquí, sino allá. Porque cada puente tiene dos puntas, para cruzar el río tiene que tener dos puntas.

—BRC: Claro, una relación es siempre entre dos.

—Rhina: Y si queremos que se junten esas culturas y se enriquezcan mutuamente debe haber en cada universidad un departamento de traducción y que tengan maestros que sepan varios idiomas, inclusive el inglés, naturalmente, pero otros también. Porque el mundo está creciendo, el mundo está saliendo de su primer hoyito, porque era un hoyito que había, y ahora es enorme. Es así. Si uno quiere vivir con el mundo hay que saber otros idiomas.

—BRC: Muy buena propuesta.

—Ofelia: Don Bruno, puede surgir esta posibilidad, que no sé si…Yo estoy hablando, como estamos aquí entre amigos. Pero, por ejemplo, en el caso de Rhina —según yo tengo entendido—, ella ha sido profesora de gente que está estudiando para ser traductor. Entonces, ella no es que conoce un poquito el idioma inglés y ahora está traduciendo. No, ella es profesional de la traducción. Entonces, sugiero yo que tal vez, y no sé si Rhina está de acuerdo: que, por ejemplo, en la Academia de la Lengua eso que ella dice pudiera, quizás, surgir un departamento, o un área —o lo que sea—, que tenga que ver con traducción y pudiera quizás uno pensar que ella misma pudiera participar en eso, porque es una experta reconocida. O sea, no es una improvisada. Me parece que eso sería —como ella quiere servir al país—, eso sería una gran manera, una gran forma.

—BRC: Bueno, para materializar esa magnífica propuesta tuya, Ofelia, podríamos comenzar contigo misma, porque tú dominas el inglés y conoces el español.

—Rhina: Exacto, exacto.

—BRC: Se necesita una persona que conozca los dos idiomas, el inglés y el español.

—Ofelia: No, doña Rhina, porque no soy traductora. Yo hablaba de doña Rhina.

—BRC: Pero tú, en nombre de la Academia, podrías ser el enlace para esos encuentros.

—Ofelia: Ah, usted dice que tome el proyecto para desarrollarlo.

—BRC: Exacto.

—Ofelia: Aquí yo, pero doña Rhina allá.

—BRC: Ella en los Estados Unidos y tú en nuestro país.

—Rhina: Exacto, dos partes del puente.

—Ofelia: Bien, doña Rhina. Yo domino el inglés, pero no soy traductora.

—Rhina: Yo tengo muchísimas traducciones en ambos sentidos: del inglés al español y del español al inglés. He traducido muchísimo, todo lo importante de san Juan de la Cruz.

—BRC: ¿Ah sí? ¿De san Juan de la Cruz?

—Ofelia: Mire, don Bruno, que yo le dije que ella estaba traduciendo.

—BRC: Ha tocado mi autor favorito.

—Ofelia: ¡Usted le dio por donde es, doña Rhina!

—BRC: San Juan de la Cruz es mi inspirador y es, doña Rhina, el patrono espiritual del Ateneo Insular y el Movimiento Interiorista.

—Rhina: ¡No me diga! Ese es uno de mis favoritos, uno de los amores de mi vida.

—BRC: Magnífico.  Compartimos esa simpatía.

—Rhina: Y es el santo de los poetas.

—BRC: Fue declarado por Juan Pablo II, que era poeta, el Patrono de los Poetas.

—Rhina: Y también he traducido a sor Juana Inés de la Cruz y a muchas mujeres de Sudamérica, como Juana de Ibarbourou.

—BRC: Bueno, hay otro punto en común entre nosotros.

—Ofelia: ¿Usted sabe qué pasa con eso, don Bruno? Que yo sepa, ninguna otra Academia que pertenezca a la Real Academia Española, tienen un área destinada a la traducción de textos del español…

—BRC: Creo que ninguna la tienen.

—Ofelia: usted sería innovador en eso.

—BRC: Bueno, no yo, sino la Academia Dominicana.

—Juan Matos: Es interesantísimo.

—Rhina: Que lo apreciarían muchísimo, porque yo he pasado muchos años traduciendo, así, por el mero gusto, y para servirle a mis dos países. Pero yo tengo 89 años ya, y no voy a poder seguir haciéndolo mucho tiempo. Y por eso he tratado de juntar gente joven y he tenido ese “workshopt”, ¿cómo se dice?

—Juan Matos: Ese taller.

—Rhina: Ese taller de traducción que yo he tenido en la casa. Es aquí, en mi casa, alrededor de la mesa de la cocina. Y son gente que viene una vez al mes, antes de la pandemia, naturalmente, ahora no viene nadie. Y esa gente, por lo menos, a mí me dice, quizás por afecto, por gratitud, que han aprendido mucho. Y yo espero que hayan aprendido algo. Y yo lo que quisiera hacer es mandarle los escritos míos sobre las traducciones. Y también darle nombres de varias personas aquí en este país que pueden ser parte de la otra punta del puente. Porque, por ejemplo, Willis Ramírez…

—Juan Matos: Sí, eso iba a mencionar, aquí tengo el nombre de Willis.

—Rhina: Y entonces el señor Eugenio Marcano no traduce poesía, pero traduce prosa perfectamente. Es un traductor excelente. Me hizo una traducción a mí, porque yo le mandé uno de mis escritos sobre la traducción, precisamente, que está escrita en inglés, y él me dijo: “Ay, no se moleste, no se moleste en traducirla, que yo lo hago”. Y yo digo: “Bueno, muy bien”. No podía haber sido mejor.

—BRC: Perdone doña Rhina. Ofelia, aprovechemos a doña Rhina y vamos a pedirle que en uno de los próximos encuentros virtuales que dé una conferencia sobre las traducciones.

—Ofelia: Okey, usted me dará la fecha y yo se la doy a ella. Ya ella sabe y si ella acepta, daría una charla a un grupo de escritores sobre la traducción y los puntos más importantes que ustedes consideren. Y, en un futuro cercano, digamos el mes que viene pudiéramos reunirnos para planificar bien. Usted, Juan y yo podemos escribir como un pequeño proyectito para esta área de traducción —que podría ser de la Academia Dominicana de la Lengua— para formar algo bien formal de las tres cosas que escribamos, mandársela a don Bruno, que él le dé el visto bueno, lo apruebe y entonces que él lo anuncie. Hacemos una reunión por internet para anunciar eso. Pero que ya eso va a ser como algo de la Academia y que también puedan participar también miembros del Interiorismo.

—BRC: Me parece muy bien.

—Ofelia: El asunto es que este equipo, que lo van a formar Rhina y Juan —que tienen los traductores allá— y yo voy a ver cuáles hay aquí —porque aquí deben haber—, entonces se forme este equipo de traductores, pero para trabajar con qué, con los textos de aquí, dominicanos hacia allá…

—Juan Matos: Eso es lo que queremos.

—Ofelia: Y los que están en la diáspora, para que se conozcan aquí. Los que escriben allá, pero que son dominicanos, y los que escriben en español aquí, pero que no se conocen allá. —Lo que ella hizo con mi libro Anacaona: estaba escrito en español y ella lo tradujo al inglés y ahora lo conocen allá en inglés.  

—BRC: Doña Rhina, usted ha hecho feliz a Ofelia. Ella me dijo lo feliz que estaba, me llamó para comentarme la felicidad que usted le produjo al traducir ese texto y ella está súper fascinada.

—Rhina: La que está fascinada y feliz soy yo porque es un texto que, cuando lo leí en español, yo dije: “Eso no se puede quedar en un solo idioma, eso tiene que traducirse”.

—Juan Matos: Usted me puso de castigo, porque me llama y me lo dice. Me dijo: “Pero cierra el pico, que todavía no termino”. Y yo no podía quedarme con esa, yo estaba brincando, porque ella me mandó el primer borrador. Y digo yo. “Bueno, yo tengo que mortificar a alguien” y llamé a José Enrique.

—Rhina: Yo le quiero leer a don Bruno algo de san Juan de la Cruz.

—BRC: Ay, sí, por favor. Quiero que me lea un poema suyo y uno tuyo, Juan.

—Juan Matos: Oh, yo de mil amores.

—Rhina: Pero yo quiero leérselo en inglés, mi traducción al inglés, a ver.

—Ofelia: Don Bruno, hay una cosa, traducir poesía no lo puede hacer cualquier persona.

—BRC: Así es, yo lo sé.

—Ofelia: Tiene que ser un poeta, porque el que traduce poesía y no es poeta, no le sale.

—Rhina: A mí me da piquiña cuando encuentro un poema riquísimo, con rima y con todas las divinidades que tiene la poesía, y entonces lo traducen como verso libre. Eso es un pecado.

—Juan Matos: Juan Freddy Armando se ha referido bastante a eso.

—Ofelia: Yo le quiero decir algo a don Bruno. Mire, cuando usted oye una canción en inglés o en francés o en alemán y usted no sabe lo que dice y usted la encuentra bella.

—BRC: Sí, así es.

—Ofelia: Pues eso es lo que va a pasar cuando ella le lea a san Juan de la Cruz en inglés. No importa que lo oiga alguien que no entienda el inglés porque la belleza, el verbo, en el idioma que ella lo ha traducido, desde san Juan de la Cruz, usted lo va a sentir.

—Ofelia: Ella tradujo su poesía y su prosa. Don Bruno, mire, cuando yo leí la traducción que hizo de lo mío, fue como a las dos de la mañana, yo me paré de ahí a llorar.

—BRC: Sí, tú me dijiste eso, que lloraste.

—Ofelia: Porque estaba precioso en inglés; porque aquello era una cosa hermosa, era súper estético. Estaba tan bien hecho que yo dije: “Pero ¡Dios mío!, parecería que fue escrito el original en ese idioma”, viendo lo bien hecho que está. Entonces, por eso yo digo. Cuando yo vi eso pensé en eso, que la Academia debiera tener un área para eso. 

—Juan Matos: En las universidades de Santo Domingo, ¿tienen programas de idiomas? Por ejemplo, yo sé que el Centro Domínico-americano prepara a los médicos cuando van a tomar los “Board” y esas cosas. Porque fíjate, cuando falleció Norberto James, nosotros en el College le preparamos un homenaje a él, y una de las grandes sorpresas fue encontrar, aquí mismo, a cuarenta y cinco minutos de distancia, una chica que su padre es dominicano, su madre es argentina y es una excelente traductora; una joven que lo que conoce de la literatura dominicana es porque su padre, que es cocolo de san Pedro de Macorís, siempre desde chiquita le llevaba libros y ella se ha interesado mucho por la literatura dominicana. Pero nosotros no la conocíamos. Entonces a mí lo que se me da es, si de alguna manera, allá, en República Dominicana los jóvenes que están estudiando inglés como segundo idioma, porque, eventualmente, quién sabe si a lo mejor es una quimera, si hay un grupo que estaría interesado en sumarse al grupo de los jóvenes dominicanos de acá de la diáspora y enlazar esos jóvenes para fines de traducción, específicamente.

—Rhina: Eso ayudaría a juntar los dos grupos: los de nuestra isla y los de aquí.

—Juan Matos: Con estos jóvenes de acá, para fines de traducciones.

—Ofelia: Yo me comprometo, que en las universidades donde he trabajado, como en UNIBE, la UNPHU y en PUCAMAIMA, a hablar con los jefes de los departamentos de idiomas, a proponerles que seleccionen algunos estudiantes para un curso con Rhina de traducción. Pero, Rhina, si ellos hacen eso, tendría que haber un diploma. O podríamos hacer otra cosa, hacer primero el proyecto para don Bruno, de la traducción y a partir de ahí, que entonces sea la misma Academia la que dé ese reconocimiento.

—Rhina: Eso debe comenzar en Santo Domingo.

—Ofelia: Pero eso tiene que ser si don Bruno lo aprueba.

—Rhina: Claro que sí.

BRC: Yo les digo que sí, en principio lo apruebo, a partir del documento. 

—Rhina: Bueno, muy bien. Les voy a leer “En una noche oscura”, ¿verdad?

—BRC: De acuerdo. Todo lo que escribió san Juan de la Cruz es admirable.

—Rhina: “La noche oscura”, eso es lo más lindo que se ha escrito en el mundo, que les voy a leer la primera estrofa solamente en español y entonces les leo el resto en inglés:

En una noche oscura, 

con ansias, en amores inflamada, 

¡oh dichosa ventura!, 

salí sin ser notada 

estando ya mi casa sosegada. 

    Eso es un misterio. Cualquier lector se enamora inmediatamente porque es una aventura de una cosa que puede ser hasta peligrosa. Quiere decir que el lector ya está como un pez, cogido con el anzuelo.

—BRC: Muy bella dicción la de doña Rhina

—Ofelia: Ya usted sabe, y mire por donde ella va, mire lo que ella traduce por gusto, eso es lo que le da placer a ella: traducir.

—Rhina: Esta es una revista de poesía religiosa, poesía de fe.

—Ofelia: Póngasela en la pantalla la revista, para que don Bruno la vea. Mire, don Bruno, en una revista académica ella tradujo a san Juan de la Cruz y le dieron tres cuartas partes de la revista para su traducción.

—Juan Matos: Léale de su autor favorito.

—Rhina: Yo soy muy peligrosa. Si me ponen a leer, se acabó la fiesta.

—BRC: Pero lea algo suyo, un poema de su autoría.

—Ofelia: Ah, en español, algo suyo.

—Rhina: ¿Algo mío en español?

—Juan Matos: Yo le quiero leer esto de Rhina. Este es uno de mis trabajos favoritos, “Agua de dos ríos”.

—Juan Matos: Tiene textos en inglés y español. Ella escribe:

 

“Para mi tataranieto el astro pionero”

 

Tú, fulanito 

que por los caminos de mi sangre 

te lanzas al futuro 

dime si llevas los mil sabores del viento 

la luz del rocío 

las lenguas del musgo y helecho 

que cantan de la tierra. 

¿Y dónde dejaste la lluvia? 

Que no se te pierda ni el gemir de la gaviota 

en su desierto azul 

ni estas estrellas tibias como caricias 

que no encontrarás en tus noches de acero. 

Fíjate que no te falten mariposas 

Apréndete el color de las horas 

Y, ¡toma!, 

que en esa cajita de huesos 

te dejo el perfume de los mares. 

 

—Ofelia: ¡Qué belleza!

—BRC: ¡Y qué ternura!

—Juan Matos: Es una cosa sublime. ¡Ah! Una de las cosas maravillosas de Rhinamai.

—Juan Matos: ¡Cómo trasciende la musicalidad de una lengua a la otra!

—BRC: Ella le pone emoción a la expresión y al sentido.

—Rhina: Cuando uno se pone a traducir un texto de un poeta en su idioma, como Juan Matos —yo lo mascullo, pero él lo trabaja, él conoce el idioma, como un poeta dominicano. Cuando uno se pone a traducir algo de él, o de César Sánchez Beras uno está en la gloria.

—BRC: Oye, Juan, ¡qué piropo te han echado!

—Juan Matos: Ella me compromete mucho.

—Ofelia: Juan, lee algo tuyo para que don Bruno conozca algo de tu obra.

—Juan Matos: La primera vez que me tocó viajar con Manuel David a la universidad, él me presentó su noviecita, pero él tenía tanto miedo, entonces escribí:

 

“No tiembles corazón”

(Para mis hijos ante el flechazo de Cupido)  

No tiembles corazón frente al espejo 

deja el miedo volar que te consume 

no reniegues del amor 

lucha parejo 

dolor es el sendero de aquel que de sí huye. 

  

—BRC: “Dolor es el sendero de aquel que de sí huye”, profunda y hermosa intuición.

 

La honda angustia que por piel llevas 

te viste de temor, te ciega en pleno. 

Mas es tanta la sed de darte por entero 

que a tu mismo sentir 

sentir le niegas. 

¡Ay, triste corazón! 

¡tan temeroso! 

que del martirio pendes sin reposo 

mas niegas del amor que se avecina 

a la tenue pared de tu alma herida. 

No niegues corazón vida a la vida 

del delirio a la sombra anda tu pecho. 

Sostente en la batalla 

y vete al lecho 

al margen de la pena y la herida. 

Al alba de las albas has de nacerte 

 con un sol de coraje en pecho abierto 

que el mismo temor a ti ha de temer. 

Sé firme, sé timón en mar tan cierto 

que aquella oscuridad 

dolor sentido 

sucumba para siempre en el olvido. 

 

—Rhina: Es un poema muy bello.

—BRC: Hay hondura y belleza. Te felicito.

—Rhina: Eso es la diáspora dominicana.

—Juan Matos: Yo tengo aquí Intercambio: intercambio de escritores-educadores, porque ahí nos beneficiaríamos muchísimo. Similar a lo que nos ayudó a hacer Rhina con su pueblo , y lo que hacemos aquí. ¿Cuáles de los escritores nuestros están enseñando, y qué enseñan? Por ejemplo, Ofelia,  ¿qué usted enseña?

—Ofelia: Literatura y español.

—Juan Matos: Entonces, yo tengo, por ejemplo, Rodaina, una académica dominicana que enseña literatura y español. Entonces nosotros la conectamos.  Y miren, en este mes, yo voy a tratar a, b y c; y puede que coincida. Entonces, si coincide, ustedes se preparan de tal suerte que los estudiantes suyos conozcan lo que se va a trabajar y entonces hacer estas conferencias con los estudiantes de clase a clase. Desde luego, su plantel escolar acá, por ley, uno debe pedir permiso al supervisor, pero siempre esas cosas que son de academia las aprueban. Y resulta que los estudiantes se van a encontrar en conferencias y se van a leer los unos a los otros o van a discutir el tema que usted está enseñando allá, y el punto de vista de lo que se está tratando, pues, se amplía. Y, ¿qué va a terminar? Usted conocerá una profesional, ellos conocerán otros jóvenes y entonces viene a partir de ahí un intercambio del género epistolar, y terminaríamos con ese intercambio de la lengua: si alguien de tu clase escribió algo en español y estos que están acá dominan el inglés, entonces estos les presentarían una traducción de lo que escribió, prosa o poesía. Generalmente a ese nivel ellos se sienten más cómodos escribiendo en prosa. Y, entonces, con el tiempo, podríamos construir una comunidad de jóvenes académicos que van a continuar, que nos van a suceder a nosotros. Ese es uno de mis sueños.

—Ofelia: Muy bien, Juan. Lo ideal sería lanzar un proyecto y caminando…

—Rhina: ¿Ustedes conocen a César Sánchez Beras?

—Ofelia y BRC: Sí, lo conocemos, y es muy buena su poesía.

—Rhina: Este es mi hijo dominicano, nos hemos adoptado mutuamente.

—Ofelia: Además, él es una persona muy buena, muy pura.

—Rhina: Es un alma de Dios.

—BRC: Recientemente leí sus dos libros más recientes, que él me los mandó para que yo le diera mi opinión. Y le di mi valoración sobre esos dos libros, muy buenos.

—Rhina: Voy a leerles Areíto por todos, de César, con mis traducciones.

 

“Areíto por todos”

Me sacaron como apache de la llanura y del viento 

me arrojaron como inca de la barca del silencio. 

Pero vengo de la sombra 

del pasado y del futuro. 

Me sacaron como indio 

pero vuelvo como negro. 

Me sacaron como negro del tambor de la esperanza 

me negaron el trapiche para moler mis adentros,,,

Pero vuelvo en la manigua,  cimarrón, blanco y negro. 

Me sacaron por judío, por latino, por moreno, 

me sacaron por hispano por guloya y por negrero. 

Me sacaron de las nubes donde desnudé la lluvia 

Me sacaron de los montes donde desnudé la tierra. 

Pero vuelvo como indio, pero vuelvo como negro 

pero vuelvo en español, en […] y en taíno 

regresando por los montes  estrenando un rostro nuevo. 

Vengo con el mascarón  de los que no tienen patria. 

Me sacaron, me sacaron  pero vuelvo, pero vuelvo. 

 

—Ofelia: ¡Qué bien! A mí me parece que él debe estar reencarnado en negro, en indio, en aquello, en lo otro, entonces vuelve de otra manera. Bueno, muy bien, yo creo que hemos tenido muy buena velada, no sé qué ustedes opinan.

—Juan Matos: Yo me siento, en verdad, muy emocionado de encontrarme con el maestro don Bruno Rosario Candelier. Ofelia, seguiremos en contacto para ver cómo se construyen los puentes, como dice Rhinamai, y eventualmente llevar a realidad uno de estos sueños.

—BRC: Antes de terminar, quiero escuchar otro poema tuyo, Juan.

—Juan Matos: “Para los maestros”, un poema a mi mamá, cuando vivía en el Bronx:

 

Usted sabe, maestra, que le debo más que versos 

y que, definitivamente, es imposible cancelar factura 

porque el sol de mis días de mi vida 

tiene su rostro, su calor y su fe. 

Esta deuda a su ancestral amor 

ascendente función espiritual 

deriva en infinita maravilla 

germina en su vientre 

nace, se multiplica, 

 día a día. 

¿Con qué algoritmo nombrarte, madre? 

Después de su nombre 

cualquier frase es un adorno innecesario 

excepto que “la amo”. 

 

—BRC: Muy bien. Altamente complacido de haberte escuchado, Juan.

—Rhina: Bueno, yo también le voy a leer uno mío. Este se llama “Para Petronila, la tejera”. Petronila es un nombre que yo encontré en el árbol de mi familia, y me dijo mi tía que ella era la nieta de un esclavo y se casó con uno de los Espaillat:

 

“Petronila, 

en el árbol familiar de mi ascendencia 

he dado con tu nombre 

en un borroso renglón que quiere aunar tu vida 

con la vida de aquel hombre. 

¿Cuántos tátaros son, si he de contar, que te llevó al altar? 

Aquel hijo de España, enamorado, te entregó mi apellido. 

¿Te fue fiel? 

¿Supo honrar en tu carne al desdichado viso, tátaro abuelo 

que secuestrado en África, en trabas, 

me legó esta piel, entre canela y miel? 

Quiso, con la moneda de su amor, 

pagar la horrenda deuda incalculable de vida 

a los que a fuerza de labor, obligado y trato abominable 

crearon en mi tierra gran valor y culpa imperdonable. 

Nombrada entre los míos en esta fila, 

¿no hay señas que indica si sufriste? 

Pero tu origen abarca asunto triste. 

Con tan ásperas fibras no se hila vida de seda, 

pero en tu vientre urdiste a mi pueblo, Petronila. 

 

—BRC: Maravilloso.  Me complace, doña Rhina, conocer su sabiduría, su alta capacidad lingüística y su vocación literaria. Y a ti, Juan, también me complace haberte conocido. Ya leerá la obra de ambos. Le agradezco a Ofelia que ha propiciado este encuentro.

—Rhina: Gracias, gracias a ustedes por este encuentro.

—Juan Matos: Ay, sí, Ofelia, gracias, a ti. Muchísimas gracias, don Bruno.

—BRC: Realmente me he sentido altamente complacido con haberlos conocido a ustedes dos, a Juan Matos y a Rhina Espaillat. Y espero que este vínculo continúe.

—Rhina: Bueno, yo me siento que estoy flotando en el aire.

—Juan Matos: Gracias, Ofelia, por presentarnos al Maestro y hacer este encuentro posible.

—BRC: Gracias a ustedes, que sigan bien.

 

Transcripción: Miguelina Medina

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