Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

UN SÍNTOMA MÁS

10/03/2020

El director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado, ha visitado esta semana la Academia Dominicana de la Lengua, en su condición de director de la RAE, pero, fundamentalmente, de presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española, a la que pertenecemos como una de las veintitrés que trabajan en el mundo.

Como siempre que nos encontramos los académicos, hemos hablado largo y tendido; de lo que hemos hecho, y, sobre todo, de lo que estamos haciendo y de lo que vamos a hacer. Santiago Muñoz nos ha presentado el extraordinario Diccionario panhispánico del español jurídico, en el que hemos participado y en el que vamos a seguir participando para que el uso dominicano del español jurídico esté correctamente registrado en sus páginas. Hemos hablado del Nuevo diccionario histórico de la lengua española, de las nuevas ediciones del Diccionario de la lengua española o del Diccionario panhispánico de dudas; también de la revisión para una nueva edición de nuestro Diccionario del español dominicano; o de nuevos proyectos, como el Tesoro léxico del español dominicano.

Lamentablemente en nuestras sesiones académicas ha sobrevolado, como siempre lo hace en nuestros proyectos, la ausencia de apoyo institucional al trabajo ad honorem que realiza la Academia Dominicana de la Lengua por el conocimiento y la valoración del buen uso de nuestra lengua. Y no hablo siquiera del apoyo económico, que no existe, sino del más fácil de brindar, aquel que se demuestra con la presencia o con las palabras de buena voluntad. La visita histórica de un director de la Real Academia Española, que, por cierto, ha sido fraternal, fructífera y exitosa desde el punto de vista académico, se ha saldado con la ausencia de las autoridades nacionales de educación o de cultura, un síntoma innegable de cuáles son nuestras prioridades como nación.

 

TILDES Y YES

17/03/2020

En cuestiones ortográficas nunca terminamos de aprender. Una seguidora me consulta en Twitter sobre el uso de las tildes en las palabras que terminan en ye. Ya saben que para determinar el uso o no de la tilde en las palabras de más de una sílaba es esencial buscar la sílaba tónica y saber en qué posición está: aquello de palabras agudas, llanas o esdrújulas.

Saber si una palabra terminada en ye lleva tilde depende también de su sílaba tónica y de la posición de esta. Si la sílaba tónica es la sílaba final de la palabra, es decir, si estamos ante una palabra aguda que termina en y, no debemos poner la tilde. Para encontrar ejemplos nos basta un precioso repaso por muchas palabras antillanas: batey, maguey, abey, caney, carey, catey, quibey o jagüey. No debemos olvidar nuestro bello topónimo Higüey, también palabra aguda terminada en ye y, por lo tanto, escrita sin tilde. Pero no solo hay ejemplos de origen antillano; también de origen francés, como convoy o bocoy, del portugués, como balay, o patrimoniales como virreyguirigay o el eufemismo caray, (por no decir carajo). Hay pocos ejemplos de palabras llanas, aquellas cuya sílaba tónica es la penúltima, que terminan en ye, en su mayoría anglicismos adaptados a nuestras normas ortográficas; todos deben llevar su tilde: yóqueyyérsey. Las esdrújulas y las monosílabas nos simplifican la vida; las primeras llevan siempre tilde; las segundas, nunca: ley, grey, rey.Hoy hemos aprendido sobre tildes, pero, si desconocen el significado de alguna de estas palabras de nuestra lengua, no desaprovechen la oportunidad de aprender vocabulario y rellenar sus árganas léxicas consultando un buen diccionario.

 

UN SIGNO SUTIL Y ELEGANTE

24/03/2020

Aunque tras un febrero dedicado a las palabras de nuestro himno cabría poner un punto final, la Eñe de hoy tiene como protagonista al punto y coma, cuyo uso correcto requiere una especial destreza. Manuel Seco, en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, nos explica que los signos de puntuación tienen la misión, entre otras, de precisar el sentido de lo que escribimos; nada más necesario para que los que nos lean entiendan adecuadamente lo que queremos decir y no otra cosa.

Me siento solidaria con el punto y coma; me gusta su personalidad dual. Me gusta que nos haga dudar cuando vamos a utilizarlo. A veces podemos elegir una humilde coma; otras, optar por el punto; incluso, recurrir a los dos puntos. De esta condición surgen las dificultades a la hora de usarlo en nuestros escritos; su aparición siempre está muy sujeta a la subjetividad del que escribe, y ya sabemos que, cuando la opcionalidad entra en juego, comienzan las dudas.

Nada de opcional o subjetivo tienen las normas ortográficas que rigen la forma correcta de escribirlo en un texto. Podemos empezar por conocerlas. El punto y coma siempre se escribe pegado de la palabra o del signo al que sigue y separado por un espacio de la palabra o del signo que lo siga a él. La palabra que se escribe inmediatamente a continuación del punto y coma se escribe siempre con la letra inicial en minúscula.

Muchos hablantes, inseguros sobre cómo utilizarlo, renuncian a él; pero el punto y coma bien usado es sutil, elegante y muy significativo. ¿Dispuestos a saber más sobre los usos del punto y coma?

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