La sonrisa del monje y el secreto compartido

Por Eduardo Gautreau de Windt

 

Cualquiera de nosotros, por académico o formal que sea, por adusto o realista, constantemente va de la realidad a la ficción y de su ficción a la realidad de los demás. Y es la realidad la fuente primaria de toda ficción: películas, anécdotas, novelas… Todas son historias que surgen del diario vivir. Hasta la propia historia, la misma historia tiene algo de ficción. Primero, porque la cuentan generalmente los vencedores, y aquellos relatores plasman su visión, su enfoque, de acuerdo a los datos que disponen en su momento y a su (im) parcialidad. Y, por más imparcial, por más científica que ella pretenda ser, se ha demostrado que su percepción es influenciada por circunstancias externas a los hechos mismos, dependiendo de condicionantes políticas, sociales, económicas, etc. Si además consideramos que hay motivaciones humanas, imperfecciones del relato historiográfico que no pueden explicarse, que dejan huecos al contarla… ahí entonces, con intuición, con imaginación, con el análisis del hecho humano, yéndonos de la realidad pura y simple, claro está en base a la investigación histórica, podemos reconstruir esa narración incompleta, explicándonos muchas de las cosas de aquellas realidades que no hemos vivido. Ese es el rol de la novela histórica. Y en eso radica su importancia y su aporte.

En El secreto del monje, Arnaldo Espaillat Cabral, luego de una exhaustiva investigación documental, nos construye una narración fascinante, abarcadora, de amplios matices históricos y que nos ubica en la génesis de una obra de carácter universal, develando un gran secreto. Así desde Santo Domingo de Guzmán a la España continental del siglo XVI, navegando por la historia universal y la historia del arte, la lengua y la religión, el autor nos abre un abanico de posibilidades casi inauditas. Con fray Gabriel Téllez, el célebre Tirso de Molina, como referencia de fondo, y como eje central su obra teatral “El burlador de Sevilla y convidado de piedra”, el autor nos ensambla una trama de varias vertientes: geopolítica poscolonial, historia colonial, literaria universal; todas relativas al mundo iberoamericano, a partir de la conspiración de las autoridades coloniales de Cuba y Puerto Rico contra la República Dominicana, en el contexto de la lucha independentista Cuba(pág. 34). Este es el pretexto histórico con el que se da la gran subtrama: a partir del encuentro, en 1881, en la fortaleza Ozama, entre dos militares interesados en la historia, mejor aún, en la historia del arte. (pág 30). Entonces, de la política vernácula, marcada siempre, igual que ahora, por la inacabable lucha por el poder, y sus tejemanejes y conspiraciones, se salta a la geopolítica. Pero todo esto será secundario, aunque historia, real, verdadera… es la trama en la que hay que escarbar para llegar al filón de oro, la tesis de Espaillat Cabral que lo impulsa a escribir El secreto del monje: en la que hay secretos de alta política, militar, de estado, internacionales; secreto de creación literaria y secretos pasionales de personajes históricos de importancia universal. El secreto de un monje, fray Gabriel Téllez, inmortalizado con el pseudónimo de Tirso de Molina, por un personaje imperecedero, universal: Don Juan Tenorio, es el meollo y razón de ser de esta obra (pág. 110).

Distinguiremos, entonces, para el análisis dos planos narrativos fundamentales:

  1. El plano superficial, que constituye el hilo conductor o trama de la gran narración: la cooperación militar entre el general del ejército dominicano Ernesto Bengoni, erudito y patriota, y el capitán de navío de la armada española Rodrigo Arteaga Fuenleal, gallardo, culto y preparado. Ambos finalmente logran con una operación secreta evitar un conflicto internacional, aun corriendo riesgos personales, en beneficio de nuestro país.

Dicha trama se desarrolla por la actuación e interacción directa de los personajes. Y en esta, moviéndose en el tiempo, se relatan pequeñas tramas colaterales de importancia terciaria que le dan cuerpo y sabor al relato; a saber: el desembarco de Punta Cana y la batalla del Cabao; la historia de la cacica Zameaca o india Catalinay el español Miguel Díaz; la conformación de la orden de los Mercedarios (pág. 15) , el misterio de los restos del gran almirante Cristóbal Colón; hasta el breve abordaje narrativo sobre el poeta y cortesano español conde de Villamediana (pág. 49), la vida del padre Miguel Mañara, de Córcega  (pág. 22), y la vida del insigne y travieso Lope de Vega (pág. 45), por no desmenuzar más.

  1. El planos profundo, objetivo primordial del autor, y que surge de los labios de los personajes de la novela, la narración de la vida y las peripecias del intenso don Luis Colón de Toledo, III almirante de las Indias, hijo de Don Diego Colón y Doña María Álvarez de Toledo y Rojas, Virreyes de Santo Domingo. A quien seguimos, de la mano del autor, y gracia a la erudición del general Bengoni desde su nacimiento en Santo Domingo, en 1522, hasta la España de Felipe IV, y más allá, hasta su muerte en Oran, Algeria, en 1572. Paseándonos, ampliamente por la corte del virreinato de Santo Domingo, con sus intríngulis, y la vida de nuestra virreina María de Toledo y sus ejecutorias de estado, hasta presentarnos a la tristemente célebre prisionera del Alcázar, María de Orozco, hermosamente inmortalizada por nuestro Manuel Rueda, amor eterno de Don Luis, primer duque de Veragua.

 

Uniendo magistralmente todos estos relatos, nos amalgama una novela a manera de una matrioska o caja china; o, mejor aún, al mejor estilo de las mil y una noche, en donde se suceden una a una las distintas historias, de forma secuencial y lógica, de tal modo que cada una va aclarando y dándole respuesta a las interrogantes surgidas, a la vez que nos abre un nuevo portal, sin perder el hilo conductor del relato y, mejor todavía, sin dejar caer la trama, más bien incrementando su tensión narrativa. Así nos lleva de la ficción de la realidad a la realidad de la ficción, desarrollando su tesis, al dibujarnos de manera cierta y verás la naturaleza de dos personajes: uno real, de carne y huesos, que pertenece a nuestra historia, por ende a la historia universal, y el otro, etéreo, inmaterial, fruto de la imaginación creadora de un extraordinario dramaturgo; y de manera argumental, y convincente, nos interrelaciona a ambos, de forma sagaz y atrevida, hasta desafiante, diría yo. Luis Colón y de Toledo, primer duque de Veragua, primer duque de la Vega, segundo marqués de la Jamaica y III almirante de las Indias, travieso y abusador consuetudinario y reconocido disoluto y mujeriego, ¿acaso modelo e inspirador para el Don Juan Tenorio inmortal de Tirso de Molina?

En esta novela, al revelarnos “el secreto”, el autor enlaza la ficción de una obra teatral universal, que es a la vez una realidad, fruto de la pluma del gigante español, con la realidad fascinante de una posibilidad histórica de la España imperial y, además, el Santo Domingo del s. XVI. Admitir solo la posibilidad, de que está hipótesis sea verdad, nos coloca en el mapa mundi de la historia, con H mayúscula y de la literatura y el teatro universal.

Lo más interesante de la hipótesis es, que a manera de una hipótesis científica, cosa no ajena al autor, es una propuesta basada en investigación histórica documental y en análisis intuitivo y racional. Veamos… Una hipótesis se elabora en base a sospechas observacionales; el análisis de los hechos, en caso de una cuestión histórica, y el cotejo de las pruebas existentes. El autor hace galas de sus conocimientos de la historia colonial y de España, y nos pasea por lugares, acontecimientos y por las vidas de personajes reales, entrelazados en unas secuencias de una apasionante ficción lógica y verosímil… Para demostrar su novedosa e impactante teoría.

No son pocos los enigmas y misterios que de manera ambiciosa, mas no pretenciosa, el autor se atreve a descifrar: aborda sin desenfadado el polémico tema de los genuinos restos del gran Almirante Don Cristóbal Colón. De forma detallada, y ficcionando, de manera responsable y osada, con personajes históricos reales, nos detalla sus razones, las cuales, si llamaran la atención a estudiosos y eruditos, aquellos conocedores de la Historia, atendiendo a los argumentos planteados aquí, podrían ser objeto de, al menos, un debate serio, sino una investigación científica de estirpe histórica e internacional.

(Para muestra, este botón: Pág 92- 93)

Por medio de dos personajes, uno principal, casi alter ego del autor, y otro episódico y muy secundario, hombre de ciencias, en la novela, Espaillat Cabral se explaya en analizarnos y esclarecernos, mediante datos históricos investigados, y, lo más importante, el análisis crítico pormenorizado que lo lleva a atar cabos, de manera lógica, racional e intuitiva, como antes dije, logrando tener una trama amena, muy interesante y de probables motivos de revisión y debate, hoy, de todo aquel pasado que nos habla, pero que no es tarea fácil interpretar.

El secreto del monje, que muy bien podría titularse los secretos del…,el autor no escatimó esfuerzos investigativos siendo la obra de un erudito hombre de ciencias, así en plural, conocedor de la Historia, con mayúscula, y, sobre todo, inquieto pensador que no conforme con observar la realidad y reflexionar sobre la misma, la registra con donaire y presteza, con excelente dominio de la lengua y el lenguaje, articulando una obra novelada o una novela histórica, que resiste el análisis histórico, científico y literario de la posteridad.

Por último, al trasladarnos a la corte de Felipe IV, el autor destaca la importancia sociopolítica de la obra teatral El burlador de Sevilla y convidado de piedra, de Tirso de Molina, que, de acuerdo a la situación social y política de la Corona, deviene en ser una denuncia de la situación imperante en la España de la época; por lo que Espaillat Cabral redimensiona la obra, más allá de lo artístico y teatral, y destaca su personaje principal, Don Juan Tenorio, como un símbolo para las Cortes españolas, para la sociedad española, para el mundo hispanohablante y a la vez universal, trascendiendo los tiempos, los mares y las naciones; de ahí que la obra de Tirso de Molina se eleva como un faro de luz crítico contra los desmanes del placer y del abuso la indolencia, la indiferencia de los sujetos ligados a la alta sociedad y al poder.

 

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