La lectura con énfasis en los determinantes puede conducirnos a errores

Por Tobías Rodríguez Molina

 

Hace unos días visité la residencia de una de mis hijas y me llamó poderosamente la atención lo que está escrito en un pequeño cuadro que le regalaron. Allí leí la siguiente expresión de puro corte poético: “Florece en medio de tú desierto.”  Oralmente, hace tiempo que escucho a lectores de iglesia y a comunicadores en general leyendo con un énfasis que puede llevar a cualquier escribiente a poner tilde en casos parecidos a ese que aparece en el cuadro obsequiado a mi hija. Eso me inquietaba y tenía la intención, que se avivó el día de esa visita. Por eso estoy elaborando este artículo para que, cuando les toque leer, sigan las pautas de nuestro español.

Con el deseo de que estemos orientados en cuanto a la temática aquí planteada, consulté a Google en lo referente a los determinantes y encontré, entre otras informaciones, lo siguiente: “Los determinantes son palabras que van delante del nombre o sustantivos (sic) y sirven para delimitar el significado general de dicho nombre. Los determinantes concuerdan siempre en género y número con los sustantivos que acompañan.”

En esa definición no se nos dice que los determinantes son átonos, es decir, que no tienen fuerza o acento tónico, lo cual es muy importante saberlo porque los mismos se unen en la pronunciación al nombre al que acompañan, formando casi una sola palabra con una sola sílaba tónica. Veamos estos ejemplos: la casa (=lacasa); los niños  (=losniños). Al contrario, cuando la palabra que aparece delante del nombre o sustantivo se parece al determinante por tener las mismas letras (mi-mí, el-él, tu-tú), pero desempeña diferente función gramatical, como la de ser pronombre, esa palabra sí hay que pronunciarla con un énfasis bien marcado tanto en el aspecto tonal o tónico (y tilde en la escritura),  como en cuanto a la pronunciación separada de la palabra que le sigue. Veamos: “A mí, Señor,  acuden los necesitados.”( a- mí-  Señor- acuden- los- necesitados).

Google nos ofrece, sin embargo, una interesante clasificación con ejemplos bien precisos de los diferentes tipos de los mismos; pero como no entraré en ese aspecto de los determinantes, les sería de gran utilidad darle un vistazo a tan ilustrativa clasificación. A pesar de eso, les adelanto que el artículo determinado (el, la, los, las)  y el indeterminado (un, una, unos, unas) son determinantes.

Ahora bien, ¿a cuáles errores puede llevarnos este fenómeno del énfasis en los determinantes? A mi entender, a cuatro errores: de acentuación, de sentido (o del significado general del texto), de uso de la coma y cambio del modo verbal (del modo indicativo al imperativo) en algunos tipos de construcciones sintácticas.

Entraremos en materia con los siguientes casos:

1 a. Tu Señor atiende mis súplicas. -b. Tú, Señor, atiende mis súplicas.

Si leemos enfatizando el “tu” de la oración a, la podemos convertir en la oración b, y con ello le cambiamos totalmente el sentido a la primera: el Señor ya no es “tu señor”, sino “mi Señor”, y habría que ponerle tilde al “Tu” y, además, una coma antes y otra después de “Señor” al convertirlo en un vocativo, al pasar de “el Señor atiende” (modo indicativo) a “Señor, atiende” (modo imperativo).

2 a. Tu hijo obedece siempre. –b. Tú, hijo, obedece siempre. Lo mismo que sucedió con el ejemplo 1, se producirá con este caso 2. En la oración a, el hijo no es de quien está hablando, mientras que en la oración b, el hijo es de quien está hablando.  Y los demás cambios que se dan,  ya ustedes los pueden constatar sin que yo se los explique. Por esa razón continuaré y les presentaré los  ejemplos que aparecerán a seguidas. Excepcionalmente haré algún breve comentario de algunos de los ejemplos.

3 a. Tu marido atiende las súplicas de los necesitados. – b. Tú, marido, atiende las súplicas de los necesitados.

4 a. Tu Señor acoge nuestras súplicas en todo momento. –b. Tú, Señor, acoge nuestras súplicas en todo momento.

5 a. Tu amiga socorre a los necesitados. –b. Tú, amiga, socorre a los necesitados.

6 a. Tu tía dirige  el rezo del rosario. –b. Tú, tía, dirige el rezo del rosario.

7 a.  El doctor atiende el clamor de los que buscan su auxilio. – b. El, doctor, atiende el clamor de los que buscan su auxilio.

8 a. El padre mío oye las peticiones de los más necesitados. –b. El, padre mío, oye las peticiones de los más  necesitados. (¡Ojo! Con la pronunciación enfática del determinante “el” podemos convertir a mi padre en el “Dios Padre” de la Trinidad divina de los cristianos)

9 a. Yo amo y respeto a los que se dirigen  a mi Señor. –b. Yo amo y respeto a los que se dirigen a mí, Señor. (En este caso se puede cambiar a quién se dirigen las personas, que en el caso b se dirigen a mí y no al Señor)

10 a. Si  usted acude a mi Señor logrará lo  que busca. –b. Si usted acude a mí, señor,  logrará lo que busca.

11 a. El siempre acude a mi amigo en sus necesidades. –b. El siempre acude a mí, amigo, en sus necesidades.

Ya vimos lo inconveniente de leer enfatizando los determinantes por las  confusiones que podemos provocar en el  auditorio u oyentes a los  que les llevamos  nuestras lecturas o exposiciones. Es por ese motivo que, cuando nos toque leer  o dirigirnos a un público cualquiera, debemos guiarnos por la pauta propia del español que nos indica que el determinante se pronuncia formando con el sustantivo una especie de nueva palabra, cuya(s) primera(s) sílaba(s) pertenece(n) al determinante, como podemos visualizarlo en estos dos casos: A mi señor (a miseñor); A este señor (a esteseñor).

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