Valoración de El Sorato de Magdala de Bruno Rosario Candelier

Por Luis Quezada Pérez

 

BRUNO ROSARIO CANDELIER: La historia que se cuenta en El Sorato de Magdala está vinculada con dos parejas de épocas diferentes: una pareja cibaeña de nuestro tiempo y la pareja clásica de la etapa inicial del Cristianismo, Jesús de Nazaret y María de Magdala. La relación espiritual que hubo entre Jesús y María Magdalena, como la que hubo en la pareja cibaeña, es el tema que el autor plasma esta novela epistolar, primera novela que se publica en nuestro país con esa modalidad escritural. Y los dos narradores, Aurora y Barranco, desarrollan mediante intercambio de cartas el núcleo de la trama narrativa. Vamos ahora a cederles la palabra a dos notables intelectuales dominicanos, el teólogo Luis Quezada y la historiadora de arte Laura Gil, para que nos den la valoración que ambos tienen de esta novela.

LUIS QUEZADA: Los escritores tienen un problema debido a que sus creaciones literarias no las producen en el momento preciso y oportuno porque no lo andan buscando tampoco. Entonces, la pertinencia y la relevancia de una obra salen en el momento en que ni es pertinente ni es relevante, pero ese no es el caso de El Sorato de Magdala. No sé si Bruno Rosario Candelier lo hizo, como dicen los abogados, con premeditación y alevosía, sacar esta novela en este momento porque la iglesia está reivindicando, después de 2000 años de mantenerla invisible, a una mujer que es la mujer por antonomasia del primer siglo de la Cristiandad, María Magdalena. Ninguna mujer es más citada en los textos canónicos que María Magdalena. Quizás la madre de Jesús podría tener más citas, pero María Magdalena era una gran seguidora de Jesús. Entonces, me parece que en este momento, hace 30 años, el primero que la comenzó a reivindicar fue el Papa Juan Pablo II en una exhortación apostólica que se llama Mulierisdignitatem (A la dignidad de la mujer), y ahí nombra con un título clásico que viene de la antigüedad, María Magdalena: la apóstol de los apóstoles, porque eso fue María Magdalena. No es una coincidencia el hecho de que los cuatro evangelios canónicos la ponen como la primera testigo de la resurrección. En una sociedad judía en donde la opinión de la mujer valía menos que nada, pues la mujer no tenía calidad, la mujer siempre era infantil; no tenía calidad para ser testigo en un juicio. Su testimonio no valía. Entonces, hace 30 años Juan Pablo II la reivindica que, por cierto, no sé si con premeditación y alevosía, Bruno incluye a Juan Pablo II en un pasaje de esta novela. Y, en segundo lugar, hace 3 años, el papa Francisco acaba de dar un palo exigiéndole a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, que litúrgicamente el recuerdo de María Magdalena deje de ser memoria y se convierta en fiesta con el mismo rigor con que se celebra la fiesta de los demás apóstoles. El 22 de julio celebramos a María Magdalena, ya no como memoria, sino como fiesta. Hago toda esta perorata inicial porque la novela de Bruno ha salido en el momento más preciso y oportuno, como ha sido la publicación de El Sorato de Magdala.

Lo primero que voy a resaltar es el hecho de que es un invento de la creatividad literaria de Bruno. Yo he buscado en los diccionarios de la Real Academia Española a ver si existe la palabra sorato. No existe. Es un invento de la imaginación fecunda de Bruno Rosario Candelier. Segundo, la novela es una extrapolación del siglo primero y el siglo XXI. El narrador juega con dos parejas: una pareja que es del siglo primero, que es María Magdalena y Jesús de Nazaret; y, en el siglo XXI, Aurora y Barranco. Precisamente la novela va a cifrar en dos mocanos el protagonismo; dos mocanos campesinos de una región de Moca llamada Villa Trina, en una sección llamada Los Bueyes; de ahí es la muchacha protagonista de la novela, que se llama Aurora. Un nombre que no es el nombre, según la novela no es su nombre de acta, sino que es el nombre que ella a sí misma se dio el día que radicalmente cambió su vida, y les voy a decir cómo Bruno presenta ese momento: Entonces, él escoge a una muchacha, Aurora, el nombre es extremadamente importante… Bruno tiene una obsesión con el nombre de Aurora que, no sé si eso brota de su inconsciente, porque ya en El sueño era Cipango aparece Aurora. Bruno es un novelista de los orígenes; es un novelista genesíaco. Las tres novelas que nos ha regalado son novelas genesíacas. Por ejemplo, El sueño era Cipango es una relación genesíaca de nuestra Dominicanidad, con las raíces hispánicas. Después publicó, una novela que habla sobre los orígenes de la Mocanidad: El degüello de Moca, aquel hecho trágico que ocurrió el 3 de abril de 1805, cuando pasaron las tropas de Cristóbal y Dessalines, y asolaron la villa de Moca en el templo de Nuestra Señora del Rosario, donde hicieron una masacre dentro del templo, y Bruno lo narra con una narrativa sumamente ágil. Esa faceta de su talento creador es una de las cosas buenas que tiene la narrativa de Bruno, que se lee con seguidilla. Ahora se va más lejos: a los orígenes del Cristianismo; y se va a la pareja bíblica del Cristianismo del siglo primero, que son María Magdalena y Jesús de Nazaret, y la hace cruzar con una pareja de campesinos mocanos: Aurora y Barranco, que son de Los Bueyes, Villa Trina. Ella de Palo Seco y él de Pedregal. Es una novela epistolar, es decir es un texto cuya estructura son 82 cartas que se mandan dos personas. La estructura epistolar para una novela, pienso que pudiera ser aburrida, pero, ¿cuál es la magia? Son cartas que empiezan desde el 3 de enero del 2001 hasta diciembre de ese mismo año (lo cual no sé si es una coincidencia o diosidencia el hecho de que las cartas estén escritas en el 2001, ya que en esta fecha hubo un corte dramático de la historia de la contemporaneidad nuestra por lo ocurrido en las torres gemelas). La cuestión es que la magia está en hacer la primera novela epistolar y, en segundo lugar, hacerlo con una técnica, una agilidad y creatividad literaria que yo les pago a ustedes si comienzan y leen la primera carta y ver si no les da seguidilla…

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre las dos parejas que se cruzan, hecha con una maestría, la del siglo I y el siglo XXI? Que en la pareja del siglo I hay una relación tan cercana, tan íntima, que difícilmente dos seres humanos de ambos sexos hayan tenido una relación tan cercana, con la que Bruno juega magistralmente, y lo puedo decir como teólogo, juega magistralmente con dos cosas fundamentales que son una delicia de la novela: el amor humano y el amor sagrado. Cuando digo amor humano, digo el amor carnal, instintivo, pasional de todo hombre por una mujer y de toda mujer por un hombre; y ese amor carnal difiere del amor sagrado. Entonces, en esa primera pareja del siglo I, quién convence a quién de qué tipo de amor elegir es Jesús. Magdalena y Jesús se miraron a los ojos, y es esa mirada cautivante (porque María Magdalena se acercó a Jesús como un hombre galante, un hombre apuesto, un moreno barbudo, melenudo, tostado por el sol, un gigante, un galileo con su nariz torcida como son los galileos), y, María Magdalena se acerca en pos del amor humano y, es la mirada cautivante de Jesús de Nazaret la que le transforma ese amor humano en amor sagrado. Pero en el otro caso de la pareja del siglo XXI, entre Aurora y Barranco, que son los protagonistas de la novela, ¿quién creen ustedes que transforma a quién? Aurora transforma a Barranco. Barranco se enamora entre las tripas de Aurora. Cuando Barranco la ve en una librería por primera vez, nace una relación en ese carteo que tiene un juego exquisito (a veces tienes que hacer un discernimiento, y Bruno tiene la magia de tirar una línea casi invisible entre el amor humano y el amor sagrado), porque él juega mucho en la novela con El cantar de los cantares. El texto bíblico dedicado al amor tiene la magia de no saber en dónde comienza el amor humano y dónde comienza el amor sagrado; es el único libro de la Biblia que no menciona por ninguna parte a Dios y está hablando de Dios desde el principio hasta el final, pero no lo menciona. Entonces, E lCantar bíblico hace una simbiosis entre el amor humano y el amor sagrado. El Cantar de los cantares es la magia de todas las publicaciones de la Biblia. Jorge Luis Borges dijo una vez que él con gusto sacrificaría toda su producción literaria por haber sido el autor de El cantar de los cantares. ¿Cuál es la relevancia y pertinencia que tiene la producción de Bruno, hoy? Está en que María Magdalena es la mujer que hoy, los que somos creyentes, estamos reivindicando para reivindicar una muchedumbre invisible durante 2000 años que existe en la Santa Madre Iglesia Apostólica: las mujeres. Tan invisible que hoy los exégetas han descubierto algo insólito. En su último libro, antes de morir, Raymond Brown, exégeta de primera magnitud mundial, acaba de decir lo siguiente (resumo en tres palabras una obra de 900 páginas). Primero: “Hoy tengo muchas dudas de que el evangelio de Juan lo haya escrito Juan”. Pero esa duda le llegó tarde porque los exégetas sabemos que Juan era semianalfabeto; entonces el griego y el texto literario que tiene el evangelio de Juan es demasiado exquisito para que lo escriba un semianalfabeto: así que queda descartado que el evangelio de Juan lo haya escrito Juan. Segundo: “Cada vez sospecho más que el evangelio de Juan, el discípulo amado no era un hombre, sino una mujer”. Siempre se ha dicho que el discípulo amado era Juan, el que recostó en la Última Cena su oído en el pecho de Jesús, diciendo “Dime quién es el barbarazo que te va a traicionar”. Y Él le dijo: “A quien yo le moje el pan, ese es”, y le mojó el pan a Judas que, por cierto, las dos figuras más desacreditadas en dos milenios, y que tenemos que reivindicar son Judas Iscariote y María Magdalena. Estamos hablando de María Magdalena, pero hay que destacar que Judas no es traidor. Es decir, si hay algo claro entre nosotros los biblistas es que Judas no traicionó a Jesús. La prueba de que no lo traicionó fue que se suicidó, y nadie que traiciona se suicida. Entonces, María Magdalena era la discípula amada. Leonardo da Vinci, que era un genio y no era ningún pendejo, a quien pone al lado del Maestro, recostándose de Jesús, es un rostro femenino. Todos los cuadros de la Última Cena están mal pintados, porque Jesús la celebró en la casa de Marcos, en el aposento alto como dicen los evangélicos, con los 12, los discípulos y las discípulas, porque Jesús, algo grande que hizo fue no hacer diferencia entre hombres y mujeres. Era el único caso de un rabí que no hizo diferencias entre discípulos y discípulas; de hecho, los rabinos no tenían discípulas, sino solo discípulos. Juan el Bautista, que fue quién introdujo en el profetismo a Jesús, tuvo discípulos, no tuvo discípulas; sin embargo, Jesús nunca se separó de las mujeres, y esa es una reivindicación que hay que hacer hoy. Pero además, a María Magdalena, a pesar de haberla hecho invisible, la hemos desacreditado diciendo que era el “cuero” más grande del siglo primero, porque en ninguna parte de la Biblia dice que María Magdalena era prostituta. María Magdalena vivía en un pueblecito que se llama Magdala, que queda en la parte occidental del lago de Galilea, y es verdad que en Magdala, donde había mucho tráfico comercial y de negociantes porque es una zona pesquera, los biblistas y los historiadores del siglo I, que yo creo mucho en ellos, coinciden en que María Magdalena vivía de salar pescado. En Magdala las mujeres vivían de salar pescado porque no existían refrigeradores. Es posible que en algún momento María Magdalena haya sido cortesana de personas de la alta clase. Hay una tradición apócrifa que dice que María Magdalena tenía un negocito de prostitución ahí en Magdala, y de Magdala se mudó a Cafarnaúm, lugar de mayor tráfico masculino para levantar el negocio, y se mudó a una zona de tolerancia en el pueblo de Cafarnaúm que se llamaba “La calle de los jazmines”. Se llamaba así porque en Israel se obligaba a que las mujeres de vida alegre llevaran un frasco colgado al cuello con fragancia de jazmín, y olían a jazmín, es decir, que si usted sentía el olor a jazmín en una mujer, es porque era prostituta, así como en la Edad Media a la mujer de la profesión más antigua del mundo se le obligaba a poner una rama en la puerta de su casa, y es de ahí de donde proviene la palabra “ramera”. Entonces, aunque esa tradición de que ella ejerció en la calle de los jazmines la prostitución, dicen los apócrifos, y lo dice Gerald Tasan, que Magdalena vivía de salar pescado. Lo único que dicen los canónicos es que Jesús le sacó 7 demonios, 7 espíritus impuros, según dice el Evangelio de Lucas. José Saramago que era ateo de pura cepa, o como dice Buñuel, “ateo por la gracia de Dios”, porque desde el punto de vista epistemológico el ateísmo no es más que un cortocircuito con la roca del ateísmo, que es la roca del mal. Si existe Dios y existe el mal, si existe el bien y existe el mal, entonces uno de los dos no existe, y sabemos que el mal existe; entonces Dios no existe. Ese es el argumento, es decir, el que no ha sabido integrar la roca del mal y saber que Dios es el anti-mal, como dice muy bien Andrés Torres, que me parece que es el que mejor ha trabajado la teología del mal en Repensar el mal, una de sus obras de hace unos pocos años. Saramago, que no era ningún pariguayo y era ateo por la gracia de Dios, dijo: “¿Por qué siempre dicen que Jesús nada más le sacó siete espíritus impuros a María de Magdala, pero no dicen que también le despertó a la Magdalena siete ángeles? Siete ángeles que yacían en la estructura inconsciente de su personalidad. Entonces, yo hice un trabajo del que ahora solo quiero mostrar el esquema, y lo llamé “El Sorato de Magdala: un acercamiento en siete aproximaciones”. En lo personal, entre las novelas de Bruno Rosario Candelier, he llegado a la conclusión de que la mejor es El Sorato de Magdala. Una novela epistolar de inspiración bíblica y ha sido un gran acierto suyo escribir esta novela entre dos protagonistas que se comunican a través del género epistolar.

Para mí, humildemente me atrevo a decir, y no lo digo porque él está aquí, tres cosas: en primer lugar, que hasta el sol de hoy, no creo que haya un cauce literal más profundo en la literatura dominicana que el Interiorismo, movimiento literario creado precisamente por Bruno Rosario Candelier. El Interiorismo ha trascendido las fronteras de la Dominicanidad y la Mocanidad, y ha llegado a otro plano. En segundo lugar, Bruno ha rescatado a través del Interiorismo tres cosas que para mí son vitales, como son: la dimensión mítica, la dimensión metafísica y la dimensión mística, que son las tres aproximaciones que hice a esta novela. Hoy muchos estamos rescatando la dimensión mítica de la humanidad porque hoy, con nuestros aires de modernidad, crearon nuestros complejos de superioridad poniendo en el pedestal a la diosa razón. Todos los que estamos aquí somos hijos de la modernidad. Hemos puesto en el pedestal a la diosa razón. Pues déjeme decirles que la diosa razón fue destronada por los mismos modernistas. La mayor escuela de la modernidad del siglo XX, en 1930 sacó el manifiesto de la modernidad, y en esa época destronaron a la diosa razón con este planteamiento: “Todo exceso de racionalidad es un déficit de racionalidad”. Entonces, el rescate del Interiorismo que está haciendo Bruno desde el pensamiento mítico universal de la mitología griega a la mitología hindú, la mitología azteca, maya, etc.,(abran los ojos porque el mito no era de cuando teníamos los pantalones cortos; el mito es parte de la estructura seral de nosotros como seres humanos). Nosotros somos seres mitómanos. Segundo, el rescate que hace el Interiorismo de la metafísica. Bruno es un apasionado de los pensadores presocráticos; él está rescatando a los presocráticos y quién rescata a los presocráticos está rescatando lo mejor del pensamiento de la humanidad. Tercero, en esta novela ustedes van a disfrutar del rescate místico del Interiorismo. Bruno no solo se agarra de los grandes místicos, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús y otros. Bruno, con mucha premeditación y alevosía, pone al inicio de la novela una frase de Tagore que resume la esencia del libro. Dice Rabindranah Tagore: “Un día vendrá cuando te cantaré en la aurora de otro mundo. Te vi una vez en la aurora de la tierra y te amé siendo hombre”. Es decir, ahí está rescatando a Barranco, que se enamora entre los huesos de Aurora, y Bruno, que no es ningún tonto y todo lo que hace es con premeditación y alevosía, en la solapa del libro consigna esa frase de Tagore. Yo digo que el que lee esto ya sabe por dónde va la novela. Pone un párrafo que aparece en la carta 60 entre las 81 cartas que configuran esta novela, que empiezan el 3 de enero del 2001 hasta diciembre del mismo año. En la carta número 60 del 2 de septiembre del 2001, Bruno Rosario Candelier consigna en la solapa del libro la esencia de su novela en las siguientes palabras:“Según la tradición conservada en nuestro Sorato, María Magdalena se sintió espiritualmente desnuda ante el resplandor de aquella purísima Llama que descubría el interior de su alma como un rapto indescriptible, y aseguraba la hebrea que Jesús la tomó por sus brazos, y al erguirse, emergió otra María ante la mirada sutil y transformante del mismísimo Jesús. Jamás hombre alguno la había mirado con una mirada de amor sagrado, como la miró Jesús”  (Bruno Rosario Candelier, El Sorato de Magdala, carta 60, 2 de septiembre de 2001)”.

En la aproximación bíblica que hago desde el punto de vista de la exégesis, que la reivindicación que está haciendo la Iglesia Católica por María Magdalena va a pasos acelerados y, quienes más hemos contribuido a eso somos los biblistas. En el capítulo 2 de Génesis, cuando Dios habla que va a crear a Eva, dice: “Hagamos a un igual frente a él”. Entonces ¿qué es la mujer? El igual frente a él. Eso es una “galleta” a los 2000 años de masculinismo o de machismo de la iglesia; porque nosotros tenemos una Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana que se llama la Santa Madre Iglesia. “Madre”, pero dirigida por hombres, y donde toda la tradición de los profetas bíblicos desde Isaías desde el siglo Vlll antes de Cristo, Yahveh se compara más con una mamá que con un papá: “Aunque una madre se olvide de sus hijos, yo no me olvido de ti, Israel”, dice Yahveh en el capítulo 52 de Isaías. Pablo, que es una gran figura, dice: “Ya no hay esclavos, no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos somos uno en Cristo Jesús”.

En fin, esta magnífica novela de Bruno Rosario Candelier ha salido en el momento preciso y oportuno para reivindicar a María Magdalena, que la hicimos a propósito invisible, igual que como hemos hecho a más de la mitad de la humanidad, que son también las madres de la otra mitad.

 

Luis Quezada Pérez

Presentación de El Sorato de Magdala

Santo Domingo, Feria del Libro, 27 de abril de 2019.

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