Lenguaje y perspectiva de género

Por Camelia Michel

  Como usuaria del español y académica de la lengua observo con preocupación el alcance de la ofensiva para establecer la perspectiva de género en el uso de nuestro idioma. Es frecuente observar el empleo del “todos y todas” y de expresiones similares en una amplia variedad de documentos y actividades públicos; así como el uso inadecuado de esta clase de fórmulas en los medios de comunicación, e inclusive en instituciones estatales y privadas, universidades y escuelas, con lo que la enseñanza del español puede incurrir en determinados vicios que perjudicarían al estudiante.

Esta situación no ha pasado desapercibida para la Academia Dominicana de la Lengua. De hecho nuestro director, Bruno Rosario Candelier, la resalta en la separata del Boletín de la Academia de 2012: “Esa recurrencia al doble género se está generalizando entre maestros, locutores, presentadores de programas, dirigentes políticos y sacerdotes. Incluso se está haciendo también en textos escritos”.  Preocupa al pleno de nuestra academia el cúmulo de inexactitudes y visión errada de los principios que norman determinados usos lingüísticos, que se desprende de esta nueva forma de paranoia y cacería de brujas, propiciada por la rígida y nada inocente dictadura de lo “políticamente correcto”. Repetimos que preocupa porque intenta por la fuerza promover el empleo de fórmulas inadecuadas en el manejo de uno de los accidentes gramaticales que afectan a los sustantivos, adjetivos, pronombres y artículos: el género.

La ADL ha tenido que abordar este problema en diversas ocasiones, haciendo las aclaraciones pertinentes para salvaguardar el uso correcto del idioma. Uno de los más notorios esfuerzos se centró en la citada separata, publicación que presentó un esfuerzo mancomunado de varios académicos, encabezados por Bruno Rosario Candelier.

En este documento, La plaga del lenguaje contemporáneo. El sexismo lingüístico y el doble género, el director de la ADL enfatiza -entre otros importantes planteamientos- que se hace un “uso innecesario del desdoblamiento genérico”, y cita algunos ejemplos: “Los/las dominicanos/as, A todos y a todas, etc.; en ambos casos se dice “los dominicanos”, esa expresión incluye a todos los dominicanos de cualquier género, hombres y mujeres, que participan de esa condición civil; y si se dice “Buenos días a todos”, no hay que especificar “y a todas”, puesto que “todos” incluye a los seres humanos presentes, en cuya categoría están incorporadas las mujeres”.

Hay que destacar que el uso del doble género -para invalidar el uso no marcado del género masculino- es uno de los elementos principales y más recurrentes en la propuesta feminista del lenguaje “inclusivo”, no obstante las objeciones académicas muy bien cimentadas en el conocimiento de la lengua, y en una ardua labor de análisis de la problemática morfosintáctica que acarrea la perspectiva de género para el empleo adecuado del idioma. En su informe titulado Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, Ignacio Bosque, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, gramático del español y miembro de la RAE, señala que “Hay acuerdo general entre los lingüistas en que el uso no marcado (o uso genérico) del masculino para designar los dos sexos está firmemente asentado en el sistema gramatical del español, como lo está en el de otras muchas lenguas románicas y no románicas, y también en que no hay razón para censurarlo”. Ignacio Bosque hace este cuestionamiento: “Tiene, pues, pleno sentido preguntarse qué autoridad (profesional, científica, social, política, administrativa) poseen las personas que tan escrupulosamente dictaminan la presencia de sexismo en tales expresiones, y con ello en quienes las emplean, aplicando quizá el criterio que José A. Martínez ha llamado despotismo ético en su excelente libro El lenguaje de género y el género lingüístico (Universidad de Oviedo, 2008)”.

Los planteamientos formulados por quienes promueven el uso del “lenguaje no sexista” tienden a lesionar el uso correcto del castellano, en aras de dar protagonismo a la mujer, en el supuesto de que el idioma español y sus usuarios la ocultan. Entonces, “visibilizar” a las féminas es un objetivo que se intenta alcanzar a cualquier precio, así se termine por romper estructuras morfosintácticas y pautas lingüísticas diversas que soportan el andamiaje de nuestro idioma. En muchas ocasiones el uso del lenguaje “inclusivo” denota una gran ignorancia del hablante, una escasa conciencia del lenguaje. El Dr. Bruno Rosario Candelier refiere, en el ensayo ya citado, que “un aspirante presidencial de nuestro país publicó un espacio pagado en la prensa nacional y encabezaba ese comunicado con la siguiente expresión: “A los/las dirigentes/as de nuestro partido”. Explica además que: “Esa reiteración del femenino, en este caso es innecesaria ya que al decir “los dirigentes” comprende a ‘los seres humanos que dirigen’. Además, la palabra “dirigente” tiene una terminación no genérica, es decir, carente de la marca de género y por tanto aplicable a ambos géneros puesto que termina en e, no en o ni en a, marcas consignadas para el masculino y el femenino, respectivamente”. Creo que este caso no requiere mayores comentarios.

Pero igualmente hemos notado que las mismas feministas con cierto nivel intelectual y supuesto dominio de la lengua, lanzan quejas y denuestos que expresan un pobre conocimiento de muchas de las pautas que rigen el español, como el caso de una dirigente política que protestaba porque, de acuerdo a su parecer, la RAE no aceptaba el femenino de la palabra jefe, lo que es absolutamente falso.

   Entiendo que las acciones emprendidas para introducir el denominado lenguaje “no sexista” en los usos oficiales adquiere la dimensión de una estrategia cuasi bélica, dada su plataforma operativa e insistencia en satanizar el español y en etiquetarlo como un idioma “machista”, y llega a dirigir sus misiles ideológicos a la Academia de la Lengua y entidades afines, al parecer con la intención de que dicha institución termine por aprobar sus planteamientos, sin importar que se desarticule todo un sistema lingüístico de probada eficiencia comunicativa y antigüedad, raíz de toda una tradición literaria de gran significación.  Es preciso notar que el segmento de la humanidad que considera al español una lengua sexista, no representa al conglomerado de hablantes de ambos sexos. Ciertamente todas las lenguas evolucionan y deben evolucionar de acuerdo con el cambio e interacción de los pueblos, pero otra cosa es que un idioma tenga que ser modificado en muchos de sus elementos esenciales para complacer los requerimientos de un grupo de presión, que se ha dado en considerar como representante de una parte considerable de la población mundial, sin tener derecho a ello. Si así sucediera para complacer a los grupos feministas empeñados en alterar el español, tendríamos también que hacer nuevas modificaciones cuando surgieran nuevos grupos dispuestos a sentirse discriminados en su propia lengua.

Nos hemos visto precisados a salir al frente a críticas, que van desde considerar que la RAE posee “un ortopédico corsé de reglas estrictas”, hasta los calificativos de que ésta es una corporación “rígida” y “machista”. Sería suficiente con que se buscaran los resultados de las constantes revisiones y adaptaciones realizadas con el fin de que el español contemporáneo se adecúe a las necesidades de los pueblos hispanoparlantes de toda la geografía planetaria. Muchas de las fórmulas de lenguaje “no sexista” son realizadas desde entidades que nada tienen que ver con el ámbito académico, ni con las instancias donde se estudia el uso del idioma. Se observa la tendencia a demonizar las recomendaciones de lingüistas y expertos, mientras conculcan aspectos gramaticales o léxicos firmemente asentados en nuestro sistema lingüístico.

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