Palabras del autor Odalís G. Pérez en el coloquio sobre su obra

Por Odalís G. Pérez

   No es habitual que alguien tenga la cortesía de invitarme a este tipo de coloquio, debido precisamente a esa supuesta “oscuridad” de mi obra y de la que se ha hablado aquí. Mi lengua-lenguaje y el idiolecto que he construido hasta hoy han provocado muchas reacciones al respecto.

La exégesis literaria que han llevado a cabo la poeta y comunicadora Camelia Michel y el Dr. Bruno Rosario Candelier sobre mi obra poética se explica mediante un concepto que es el que, según ellos, a mí me cualifica, el de poeta hermético proveniente de la tradición hermética. Todo esto por lo que se llama el cauce poético y que en mi caso tiende a vincular esa tradición con aspectos que son místicos, esotéricos y metafísicos. Pero esa dimensión poética se hace legible en mi obra, desde mis inicios. Algo de biografía poética hay en lo que se ha escuchado y leído hoy.

Voy a empezar con la apreciación de la colega Camelia Michel. Entiendo que su interpretación se debe a un intuitivo modo de penetrar en estructuras y regiones complejas que adquieren valor comprensivo por ser ella poeta y ha podido entrar en un proceso de hermeneusis para destejer el texto que favorece lo que se llama una intencionalidad interpretativa para enfrentarse con el logos plural, que es el hueso del poema en el caso en el que ella lo expresó, a propósito de mi poemario Tímpano terrestre. Solamente el título dice que eso que el mismo se intuye y constituye desde la “escucha poética”. Realmente el poema se vuelve fuerza sonora, energía verbal y, al mismo tiempo, logos confluyente y eje rítmico. Cosa que ella captó. Incluso debo decir que estoy extrañado porque yo no conocía, en su caso, más que la faceta de comunicadora y poeta; conocía solo la poesía a la cual yo me había acercado, a propósito de su primer libro. Por eso puedo entender que una comunicadora, que también lectora de poesía pueda entender y referirse a ese tramo de mi poesía que como ya he dicho, no es habitual que la crítica literaria dominicana la perciba como tal.

En efecto, Michel no le hizo caso a lo de mi oscuridad, a eso de que nadie me entiende y entró en ese logos, océano poético y que conforma los mundos de mi obra poética. Lo que caracteriza mi poesía es aquello que parece surgir de una lengua poética antigua, profética, mística y originaria para poder interpretar sin ningún tipo de obstáculo, según pude escuchar, el texto como tejido y fluido verbal. Así como pensaban los griegos y latinos,la literatura como sierpe y cauce, la poeta me ha puesto también en una escena de huellas, ante fantasmas,demonios y una serie de cosas, entidades e imágenes que realmente yo me las quito de encima para no volverlas a ver. Pero entonces ella remueve ese espacio interior y convierte su lectura en una escena del lenguaje. En el poema y su lectura podemos comprender los niveles de productividad expresiva mediante el lenguaje poético.

Todo este proceso me estimula aún más para transitar en ese tipo de mundo posible, pues lo que he publicado hasta ahora no es ni la más mínima parte de lo que he escrito hasta hoy. Tengo más de treinta libros inéditos que no he podido publicar y no sé si los pueda publicar. Algunos están terminados desde la década de los 90 y otros los he escrito en los últimos diez años. He pasado, a duras penas, de sujeto análogo a digital, pero aun así siento la necesidad de escribir a mano. Hasta ahora he tenido una batería de colaboradores que me han ayudado a digitalizar mis libros de ensayo y de poesía. Voy más allá del simple escribir. La velocidad del pensamiento no se puede escribir como lo hago: a mano. Pues aunque yo sepa digitalizar, utilizo el recurso de la “manuescritura”. Entonces, pensar el poema implica una operación compleja, una tensión de significados que se produce entre pensamiento, intuición, lenguaje y escritura.

Aquí mismo en este salón, tengo una amiga a quien he tenido que “castigar” con el trabajo de digitalización: Carolina Lerebours. Carolina es profesora de la UNPHU, y sin ningún tipo de excusa ha colaborado conmigo por mucho tiempo y ha trabajado con algunos de mis libros. Le agradezco mucho su gentileza. No todo el mundo puede digitalizar ese tipo de texto. No puede, porque eso es un asunto que, como señalaba el Dr. Bruno Rosario Candelier, tiene que ver con el “secretismo” de la creación literaria y artística. Es por eso que  a mí no se me escoge en algunas antologías. Voy a concursos y regularmente “pierdo”, pues el jurado dice no entender mis textos poéticos o en prosa. Y están escritos en un español impecable, pero los llamados miembros del jurado no “entienden”.

Entonces yo tampoco los acuso porque eso tiene su “temperamento”, y yo no sé de dónde surge la dificultad logosófica y logográfica. Desde que me educaba con los padres jesuitas en el Instituto Politécnico Loyola de San Cristóbal, las clases de matemáticas, química y física no me interesaban mucho. Llegué hasta el primero de bachillerato donde había que decidirse por mecánica general, agronomía o electrónica, y yo no quería estudiar nada de eso. Entonces tuve que “quemarme” en el instituto para que me expulsaran de allí e irme al liceo de San Cristóbal, mi ciudad natal a concluir mi Bachillerato en Filosofía y Letras, que era mi entrada a las humanidades. Tuve que dar latín, literatura, filosofía, apologética, todo lo que se daba en el llamado bachillerato “para los vagos”, por lo cual la reprimenda de mis padres fue ejemplar. Tuve que salir, por un tiempo de mi casa, pues mi padre estaba incómodo por yo tomar tal decisión.

Ustedes saben que el Instituto Politécnico Loyola era un centro al que se entraba con muchos requisitos y yo me formé allí desde la primaria. Pero en mi rebelión, yo no quería esa tekné que ellos practicaban, sino más bien otra tekné poética. En aquel tiempo visitaba la biblioteca del instituto y empecé a leer y descubrir textos literarios de importancia y cuando los demás compañeros de aula  estaban enredados con el álgebra, la trigonometría, la física, yo no me sentía vinculado a esas disciplinas académicas.

Sin embargo, le agradezco a ese instituto que tenía una biblioteca dotada y muy importante donde yo podía leer la Colección Pensamiento Dominicano que dirigía don Julio D. Postigo, y que por aquel entonces la pude leer completa. Luego de aquella experiencia, me la arreglaba para tomar el autobús de la UASD, de manera gratuita y dirigirme a la universidad estatal para visitar su biblioteca, principalmente la sala de autores dominicanos, y buscar los libros de los poetas que allí estaban,  y que yo no los había leído. Leí casi todo lo que había allí entre tercero y cuarto de bachillerato.

No era que me obligaba alguien; yo quería hacer eso. Me escapaba, porque en mi casa eran bastante rígidos con la educación y tenía que llegar a una hora determinada. Yo venía a la biblioteca de la UASD a leer y debía tomar la guagua de regreso que me llevara de nuevo a San Cristóbal antes de la seis de la tarde, porque si me pasaba de esa hora tendría un castigo, pues en mi casa se castigaba hasta los 18 años. En una ocasión sucedió lo inesperado y ya no pude volver a la biblioteca de la UASD, pero me alegraba al pensar que leí muchas obras dominicanas de gran valor.

Quiero realmente agradecer este encuentro porque, repito, no es frecuente que a mí se me invite a de manera especial a conversar sobre mi vida-obra. Soy sincero. No estoy hablando con poses y todo el que me conoce sabe que yo no simulo.

Les quiero decir que tengo un proyecto poético terminado, titulado Hermes caribeño, que escribí hace unos años en Puerto Rico. Lo inicié estando allí de visita. Y de estancia en estancia escribí todo el libro. No lo he puesto a concursar, pues estoy negado a participar en concursos, pues desde que ven el tipo de escrito, aunque sea con seudónimo, piensan: “Ese es Odalís” y me “serruchan”. Pero sigo escribiendo textos poéticos. El estilo mío es, como dice el doctor Rosario Candelier, singular, genuino. Desde que aparece un grecismo o un latinismo o alguna expresión que “suene” a esas lenguas, se me quiere identificar con dichos cauces. Además de la tesitura del discurso, el ritmo del poema, el estilo pitagórico, parmenídeo y otras cardinales textuales que supuestamente se encuentran en los ejes del poema, se asocia la influencia a mi mentalidad creadora.

Como les digo, esto es una apertura que está en mí, no puedo separarme de ella y por eso les comento que esos libros que tengo terminados los voy a publicar quién sabe cuándo, pero los tengo terminados y buscaré la forma de editarlos. Planetario, que es mi más reciente obra, se publicó en 2015, es un homenaje al poeta y visionario alemán Jakob Boehme, quien escribió una obra total (que incidió mucho en mi creación poética), titulada Mysterium magnum, reveladora, pues para mí la poesía es mística, misterio, secreto, lenguaje, idioma de mundo y como autor tuve que leerlo en base a lo que se llama idioma originario. Ese protoidioma al que se refería el doctor Rosario Candelier, orienta cierto tipo de creación verbal tardomoderna.

Ese protoidioma es lo que yo he tratado de encauzar. Yo no tenía esa palabra, ni tampoco tenía la palabra Ursprache, esa lengua originaria o verdad (Wahrheit, como dicen Goethe y los poetas alemanes; sin embargo, todo ese recorrido ilumina lo que se llama el dichtung originario. Entonces cuando uno habla de la tradición poética homérica, por ejemplo, se piensa originalmente en esos filosofemas, en el polilogos, todo ese tipo de trasiego que va incluso desde esa poesía pindárica que uno conoce, por ejemplo, el principio que narra el poeta Píndaro, en Los trabajos y los días. Son los días de la creación. Todo eso narra un comienzo del mundo, un génesis de la Hélade. Todo eso puede enunciar un Universo barroco o neobarroco. Yo no me inscribo en repeticiones de algunos poetas nuestros, imitadores de José Lezama Lima, César Vallejo, Octavio Paz, Jorge Luis Borges y otros que han constituido tendencias a nivel hispanoamericano. No. Los he leído a todos en ediciones especiales; los leo siempre. Pero no es para dejarme fecundar fácilmente. Soy más rebelde e insurgente en este sentido. Por eso destruyo los ídolos que pueda tener, pero por un asunto de vocación, no por un asunto de poder o deber.

   No quiero, no deseo inscribirme en ningún movimiento o escuela, pues sé que todos, al fin y al cabo mitifican lo que es efímero de una u otra manera. Sin embargo, creo en la eternidad de la poesía y en ese Hermes caribeño, que voy a darle cuerpo editorial para publicarlo. Ese Hermes está ligado a la interpretación de las raíces, imágenes míticas y cuerpos de resurrección caribeños. Más de 500 páginas, un solo poema que aspira a ser un opus magnum, y lo voy a publicar, pues ese libro quiere ser una escritura confluyente antes de que mi cuerpo desaparezca o anochezca.

   Señores, no voy a hablar más, porque Camelia Michel y Bruno Rosario Candelier con su exégesis y hermenéutica de mi poesía me sorprendieron. No lo esperaba. Sin embargo, hay sorpresas significativas como la de Camelia Michel y la del doctor Bruno Rosario Candelier, que se enfrentan a todo lo difícil que de la creación es estimulante. Eso me pareció la exégesis poética de ambos. Dicha travesía se aparta de lo que son los lugares comunes de la interpretación, en este caso, cuando se está hablando de lenguajes de creación verbal que realmente ambos destacaron en la lectura de esta noche.

   Así que muchas gracias a la Academia Dominicana de la Lengua, que me invitó esta vez, no como un miembro de número para discutir asuntos filológicos, sino como poeta. Y que de alguna u otra manera tiene su valor porque se ha hecho ante un público de especialistas y lectores.

   Aquí hay personas que tienen doctorados y que trabajan conmigo en el Doctorado en Lingüística y Estudios del Español. Pero también hay personas que, como ese italocanadiense que se llama Giovanni Di Pietro, se ha especializado en leer todo lo que es la literatura dominicana y está aquí con una paciencia asombrosa.

   Muchas gracias de nuevo a todos y en especial a la Academia Dominicana de la Lengua en la persona de su director, Dr. Bruno Rosario Candelier.

 

Odalís Pérez Nina

Ciclo “Poetas de la Academia”

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