Mester de la academia: seis excelentes escritores

 

Por María Antonieta Ferro


Los mesteres de la Academia Dominicana de la Lengua son intelectuales de alto nivel, vinculados al ámbito literario, político, social y económico del país.

El Grupo Mester de Narradores de la Academia, creado por don Bruno Rosario Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua, es la joya de la corona de la literatura dominicana. La vida me regaló el honor y el placer de conocer personalmente a todos los mesteres, compartir con ellos y hasta traducir al italiano algunas de sus obras. Fue una gran dicha la que me tocó. En la imaginación común, los académicos se ven como personas inalcanzables, trancadas en su mundo de elucubraciones y pensamientos, lejanas, casi fantasmas con rasgos humanos que sólo aparecen para pontificar sobre asuntos teóricos.

Déjenme decirles que no es así. Por lo menos, no son así los mesteres.
Ellos son intelectuales de muy alto nivel, rotundamente vinculados a la realidad literaria, política, social y económica de la República Dominicana y proyectados en el universo entero. Quien quiere saberlo todo sobre la obra de estos seis escritores, tiene a su disposición el libro de Bruno Rosario Candelier. Quien quiere conocer algo sobre estos seis seres humanos siga leyendo…

A Manuel Salvador Gautier, el coordinador del Grupo Mester, le llamamos Doi. Este apodo es la síntesis perfecta de la generosidad propia de su naturaleza. Aclaro el concepto: Doi se pronuncia igual que doy, o sea la primera persona del indicativo presente del verbo dar. Y aquí está la llave de lectura de mi teoría: Doi siempre da. Él da su sabiduría al mundo, él da buenos consejos y sugerencias a sus amigos, él da cariño a quien lo rodea, él da enriquecimiento espiritual a los lectores de sus novelas. Igual como decían los latinos: nomen omen. La viveza de ingenio y el sentido del humor que caracterizan a Rafael Peralta Romero alegran los conversatorios con él y hacen de sus enseñanzas sobre la lengua castellana un verdadero deleite. Yo le debo mucho, por haberme corregido definitiva e indeleblemente un error que los extranjeros cometen con frecuencia hablando en español: confundirse con el uso de los verbos traer y llevar. Vale la pena narrar la anécdota. Estábamos disfrutando una comida de bufé, compartiendo con varios amigos. Rafael y Doi estaban sentados a mi lado, respectivamente a mi izquierda y a mi derecha. Noté que el vaso de cerveza de Doi estaba vacío y le pregunté amablemente: Doi, ¿quieres que te lleve una cerveza? Sin darle tiempo para contestar, Rafael me miró a los ojos y sonriendo me dijo: “Si se la traes, ¡él estará más contento!”.  Nunca más me equivocaré entre los dos verbos… El poeta Solano es un gran filósofo. Con su mirada atenta y desacralizadora él capta los misterios del mundo y los desvela a los simples mortales. Fiel a su teoría según la cual la vida es goce, él vive su cotidianidad derramando sonrisas y serenidad, soplando igual que el viento entre las ramas de los desafíos, alejando las adversidades, regalando paz. Casi diría que Solano es el Sol que alumbra el camino de quien se le acerca.

Cada vez que me tomo un café pienso en Emilia Pereyra. No solamente por el hecho de que ella tiene una fuerte personalidad, una energía descomunal y la capacidad de transmitirla a los demás, sino también porque el más sabroso café de mi vida lo he tomado en su casa en el campo. Además de ser una destacada creadora, Emilia es una perfecta anfitriona. No se me olvidan los días que pasé con ella y los demás escritores en las lomas. Sin embargo, espero que ella haya olvidado que me tomé una greca entera de café (aproximadamente diez tazas) o que, al menos, me haya perdonado.

Y por últimas, pero no menos importantes, las dos flores que perfuman el jardín de la literatura dominicana: las poetisas y narradoras Ángela Hernández y Ofelia Berrido. La característica que tienen en común, o sea, la formación científica (en ingeniería química y medicina, respectivamente), constituye en mi opinión un valor añadido a sus creaciones literarias, que podríamos definir como vivisecciones de los sentimientos humanos, reconstrucciones del ADN de las emociones universales, transposiciones narrativas de la evolución espiritual de los seres vivientes. Quizás por esa misma razón Ángela y Ofelia contribuyen de manera sustancial a la vida social del país y al desarrollo de su cultura. Un verdadero ejemplo para todas las mujeres del mundo.

Finalmente, no está demás subrayar que varios miembros del Grupo Mester de la Academia han sido galardonados con importantes premios literarios. Son Premio Nacional de Literatura (el máximo galardón de las letras dominicanas): Ángela Hernández (2016) y Manuel Salvador Gautier (2018). En 2008 fue Premio Nacional de Literatura el fundador del Grupo, don Bruno Rosario Candelier. Puedo decir, sin miedo a que me contradigan, que el Grupo Mester de la Academia bien se merece estos éxitos, por su dedicación a las letras, su labor de creación y por las calidades humanas de cada uno de sus miembros. Mi auspicio es que en el porvenir reciban el Premio Nacional de Literatura también Emilia Pereyra, Miguel Solano, Rafael Peralta Romero y Ofelia Berrido, para que el Grupo Mester de la Academia se convierta en el Olimpo de las letras dominicanas.

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