Discurso de recepción a Rafael Peralta Romero

Por Tony Raful Tejada

   Hoy recibimos  como nuevo miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua, al escritor, periodista y académico, Rafael Peralta Romero. Nacido en Miches, República Dominicana, el tres de diciembre de 1948. Es miembro  correspondiente de la Academia y del grupo Mester de Narradores, adscrito a esta corporación.  Ha tenido  un largo y productivo ejercicio como comunicador social, editor de secciones, ejecutivo, columnista y corrector de estilo de varios diarios nacionales. Fue Sub director  de Información y Prensa de la Presidencia de la República,  Director de Relaciones Publicas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y otras instituciones. Tiene 14 libros publicados.

    Rafael Peralta Romero  estudió comunicación social en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y al mismo tiempo ha laborado como profesor de las escuelas de Letras y Comunicación Social de esa institución.

Se cuenta entre los más destacados autores de literatura para niños de la República  Dominicana, además de ocuparse del aspecto teórico de la misma, a través de conferencias y artículos. Ha ofrecido numerosas exposiciones sobre temas diversos vinculados a la cultura, al lenguaje, a la historia, a la literatura infantil, a la ortografía, a la narrativa y a la poesía.

Su discurso de ingreso para su incorporación como miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua, titulado, “Concurrencia de libertades y restricciones en el uso de la lengua española”, es un formidable alegato para el abordaje de la libertad de los hablantes del idioma español, en el sentido de crear cuantos términos y vocablos,  sean requeridos por una necesidad léxica comunicacional para nombrar seres y cosas, denominar cualidades de los elementos de uso de la palabra. El proceso de formación de las palabras está condicionado a las necesidades comunicativas de la sociedad, tal y como establece  Mario López Asenio, en su interesante trabajo titulado “Morfología, proceso de formación de palabras”, “Como el español es una lengua romance, las palabras más usadas provienen del latín. A estas palabras se les llama patrimoniales. Junto a ellas se han ido incorporando nuevas palabras de diferentes procedencias: germanismos, arabismos, italianismos… y hoy día, especialmente, anglicismos. Estas palabras se conocen como préstamos... hay un grupo de palabras de creación individual (un autor la inventa) o colectiva (la sociedad) que se incorporan al idioma para hacer referencia a realidades nuevas o desconocidas. A estas se las conoce como neologismos, tanto las patrimoniales como los préstamos como los neologismos son sometidas a los procesos que tiene la lengua para  crear nuevos vocablos”.

“La Morfología es la parte de la Gramática que se ocupa de la forma y la categoría gramatical de las palabras.  Las palabras se clasifican según sus propiedades morfológicas, en dos grupos: las invariables (preposiciones y conjunciones), y las palabras variables (sustantivos, adjetivos, verbos….b) según sus propiedades sintácticas. Utilizando este criterio, distinguiremos las siguientes clases de palabras: determinante, pronombre, sustantivo o nombre, adjetivo, verbo, adverbio, preposición y conjunción. En resumen, los principales procesos de formación de nuevas palabras son los siguientes: A partir de palabras primitivas: derivación, composición y parasíntesis, Los préstamos, Los neologismos, procesos transformativos: Las siglas, la acrónimia y el acortamiento y la revitalización.”

Rafael Peralta Romero propone priorizar la necesidad de comunicarnos enriqueciendo la lengua en la creación  de  palabras que nos resulten necesarias, citando las limitaciones de las libertades léxicas para nombrar seres y cosas. Es el elemento referencial de las restricciones, el enfoque de la necesidad, cuando habla de generar voces nuevas “a partir de otras ya existentes en nuestra lengua, y en algunos casos por la adopción y castellanización de vocablos procedentes de otra lengua y que carecen de equivalente en la nuestra”.

En su discurso de ingreso a la Academia, Peralta Romero, divide su exposición  en seis secciones alusivas  a la temática escogida, en la primera expone el marco introductorio, en el segundo, rinde homenaje al académico y maestro de la palabra, Ramón Emilio Reyes, fallecido, a quien reemplaza en el sillón marcado con la letra C de la Academia. Las notas sobre Ramón Emilio Reyes, resaltan  su trascendencia literaria, el reconocimiento de su obra y la valía de sus aportes lingüísticos y culturales. Por igual evoca a los antecesores, el poeta Freddy Gatón Arce, el autor de “Además, son muchos los humildes de mi tierra” un texto antológico de la poesía dominicana, el padre Oscar Robles Toledano, una de las plumas más culta que hayamos tenido,  y Federico Llavería, fundador de la Academia.  En la tercera sección, Peralta Romero hace una reflexión sobre el equilibrio de la libertad y el peso normativo de las reglas en el lenguaje. La libertad como esencia no puede ser absoluta porque transgrede el orden mínimo necesario de articulación y de convivencia. La defensa de las pautas gramaticales, las compara con las reglas de tránsito, porque nadie puede conducir un automóvil en una ciudad carente de señales. Y pone el ejemplo de quienes ignoran la tilde que marca el acento de las palabras o que dejan alegremente la labor a las computadoras, desconociendo que la categoría gramatical de muchas palabras, depende de la silaba en la cuales se haya colocado el acento ortográfico, Peralta Romero hace  hincapié  en el problema que se crea al cambiar el sonido de la J jota por el de la consonante Y ye, lo cual se muestra de manera sistemática en generaciones anteriores. Y pone ejemplos ilustrativos. Y explica  que quienes escriben con J deberían leer pijama, siendo una incoherencia decir piyama y escribir pijama, pijama y soya la escribimos con J y las pronunciamos con Ye.  Peralta habla de un posible complejo de inferioridad lingüística que llevamos dentro. Me parece interesante su criterio para una discusión más profunda, pero los ejemplos son reveladores,   Japón se escribe con J, pero  nadie lo pronuncia  Yapón, aquí no se produce la sustitución fonética, sin embargo de Japón  nos llega la palabra Yudo, que nosotros escribimos Judo, Judoca. El Hospital Metropolitano de Santiago, cuyas siglas es HMS, al cual se le añadido el acrónimo de HOMS, le llaman JOMS, para “que parezca de fuera”, dice Peralta Romero, en el sentido de que, lo de fuera tiene una supuesta valoración superior de calidad, lo cual no es necesariamente cierto, pero delata ese complejo de inferioridad, como reflejo de una inequidad sicológica de identidad.

El Lic. Peralta Romero hace una clasificación  en relación con el tema lingüístico, evocando los espectros definitorios de la política y haciendo acopio de disquisiciones de acuerdo con el enfoque diferenciado de la lengua. Estarían los “conservadores”, a quienes se les llama puristas, y quienes se apegan  al caudal lexicográfico del español y se niegan a dar cabida a neologismos y adaptaciones de vocablos procedentes de otras lenguas. Por otro lado estarían los “anárquicos”, calificados como tales, a quienes sostienen la anulación de las normas ortográficas y prescinde de los signos de puntuación, pura y simplemente.   En cierta medida es así, pero hay que advertir que el lenguaje poético tiene licencias creadoras propias, su propio universo morfológico y criptográfico, y tanto en   modelos renovadores de versificación como en textos narrativos, la anulación  o no observancia de normas ortográficas, en algunos casos, no obedece a desconocimientos de las normativas, sino  a elaboraciones semánticas y creativas, a provocaciones  y rupturas  escriturales dentro del campo artístico.

Su aseveración de que, quien encarna la anarquía, al menos alberga en sus genes, vocación para actitudes viciadas al desconocer los controles académicos, es relativa por cuanto tanto el orden como la anarquía, son moldes sociales e ideológicos de valores taxativos, remitidos al universo social como respuestas a necesidades e impugnaciones, que en el caso concreto del lenguaje, pueden disociar, transgredir, alterar, en un escenario divergente, censurable, irreverente, pero no genético.

Una posición que el académico Peralta Romero llama intermedia  y que representaría acciones democráticas y progresistas  en política, sería en la lengua  la que  aceptaría  la adaptación de neologismos, sobre todo si no tiene equivalentes en nuestra lengua, como “baipás”, “estrés”, “escáner”. Por igual  acepciones aplicadas en el habla local,  voces existentes en el español, citada por Peralta Romero, como llamarle “china” a la naranja, “cuero” a la prostituta, “lechosa” a la papaya, significando que la máxima elevación de ese grupo es la capacidad de ver o propiciar la capacidad de enriquecimiento léxico, mediante la derivación, la composición y parasíntesis.

En la quinta sección de su ponencia, el Lic. Peralta Romero, hace una provechosa definición del recurso llamado composición. Palabras como quita lodo, quita piedras o quita hojas, igual que cubrecama, quita manchas, sacacorchos,  matarrata o hiede viva, constituye un proceso  morfológico de palabras a partir de la unión de dos o  más vocablos, de dos o más bases compositivas cultas o de la combinación de palabra  y base compositiva. Señalando  que la norma académica no contradice la libertad de los hablantes para formar palabras a partir de la unión de dos o más vocablos, de dos o más base compositivas cultas o de la combinación de palabra y base compositiva.

Es interesante como Peralta Romero  define la necesidad del  lenguaje, su utilidad práctica, cuando dice, que toda realidad, acción, objeto o cualificación requiere de una palabra que la designe y si faltara ese vocablo en nuestro idioma, hay que crearlo. Ahí, dice Peralta, radica la libertad del hablante. Un ejemplo  muy revelador es la palabra “batidor”, que usamos los dominicanos para definir  un entramado de alambres para soportar el colchón en algunas camas. Dentro de las definiciones en el diccionario académico la palabra batidor, que tiene 10 acepciones, ninguna se refiere al entramado de alambres. Cita Peralta Romero la Nueva Gramática de la lengua española, el concepto de derivación se usa con dos sentidos en la lingüística contemporánea. En el primero más amplio, derivación se opone a flexión, y los fenómenos que abarca la morfología derivativa o morfología léxica se oponen  los que caracterizan a la flexiva. En ese sentido el concepto de derivación engloba también el de composición y el de parasíntesis. En el segundo sentido más restrictivo, el concepto de derivación se refiere tan solo a los procedimientos de formación de palabras, por medio de afijos, ya sean prefijos, sufijos o interfijos.

La parte seis define la morfología, el estudio de la estructura interna de las palabras, incluyendo las variantes que presenta las palabras, los segmentos que lo componen y la forma en que se combinan, explicando que se divide a la vez en morfología flexiva y morfología léxica o derivativa. Todo un sumario de ejemplos basados en la Gramática académica, explicando como a partir de un verbo se obtiene por derivación un grupo de sustantivos y uno de adjetivos.  Todo el trabajo enfocado en como las locuciones nominales dan lugar a derivados adjetivales, medio ambiental, de medio ambiente, bien hablado, mal hablado, bienvenido de bien venido, malcriado, mal criado. El ponente cita que la Gramática académica acoge el adjetivo medalaganario, formado en República Dominicana a partir de la locución  “me da la gana”. Y dice que como tenemos la libertad de crear adverbios a partir de agregar el sufijo mente, a un adjetivo, ha adquirido carta de presentación el adverbio medalaganariamente.

Dice el académico Peralta  Romero que los verbos son indispensables en el idioma. Es la única categoría gramatical capaz de expresar una idea por sí sola. Váyase, Entre. De modo que si de un concepto, de una situación, de una cualidad, se desprende una acción y carecemos de verbo para referirla, hemos de crearlo, no sólo es la libertad sino la necesidad.

La parte siete, explica y sostiene que nuestras creaciones de palabras no tienen que subordinarse al español peninsular, ni considerarse al menos. Dice Peralta Romero que la diversidad no contradice la unidad del español, sobre todo si las comunidades de hablantes parten de lo que tenemos para enriquecerlo. Hay un criterio  incisivo que apunta Peralta Romero cuando al referirse a la creación de palabras, indica que es poco lo que puede afectar la unidad de la lengua española a pesar de las diferencias que pueda  suscitar, puesto que el español en América se sostiene sobre zapatas tan firmes como el ordenamiento gramatical y la ortografía. Pienso que este criterio  delimita cualquier confusión o resistencia a la libertad necesaria de nuevas palabras y términos dentro del idioma español.

Recibimos en este  augusto recinto de la lengua, del idioma,  de la palabra reluciente de  la ilustración, en proceso magno de renovación perenne, al nuevo miembro de número de la  Academia Dominicana de la Lengua, Rafael Peralta Romero. Bienvenido al recinto sagrado del idioma, a la defensa de su esencia primigenia de comunicación  y a su evolución en el  desarrollo cultural y social de los pueblos.

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