TENDENCIA A – TENDENCIA DE – INJERENCISTA – *INGERENCISTA

“La TENDENCIA DE disminución de los delitos debe mantenerse, y no se deben escatimar. . .”

En primer lugar, las cosas tienen tendencia A algo o HACIA algo cuando “manifiestan un impulso de naturaleza física o espiritual que las hace moverse, crecer, obrar o desenvolverse en cierta dirección o hacia cierta cosa, o cierta manera de ser.”


Si el movimiento o impulso pertenece o se le desea atribuir a alguien o algo, entonces es legítimo que como atributo se le adjudique A una persona, y se puede mencionar como propio. De esa forma es legítimo que se le atribuya A una persona, y se puede mencionar como propio de la  persona o cosa. Existe una expresión, “abandono a su suerte” que corre hace largos años en el español, pero es una deformación del participio “abandonado a su suerte, o a la suerte”.

Si existe una tendencia y lo que sigue es un nombre que sirve de destino o meta hacia donde se mueve la cosa o persona mentada, entonces la preposición que conviene es A. En el caso del texto, como se trata de un sustantivo no sólo es conveniente que se use la preposición A, sino que se le anteponga el artículo definido.

Hay nociones básicas, que es siempre bueno tener presentes y bien claras, para evitar caer en errores infantiles, pues si no se escribe con cuidado se deja notar que se carece de estilo y conocimientos de la lengua. La tendencia “a la” disminución es la redacción adecuada.

INJERENCISTA – *INGERENCISTA 

“. . .que de inmediato despertó críticas por su carácter INGERENCISTA, y les planteó que. . .”

Si no existe un verbo que lleve en su seno la G y que signifique “entremeterse”, mal puede formarse con esa letra una palabra que la lleve y signifique lo que no logra su inexistente radical.

El verbo “ingerir” es “entrar por la boca. . .” El inGenioso redactor confundió este verbo con el otro que lleva la “J”, que es “injerir”, “entremeterse, introducirse en una dependencia o negocio.”

Del modo como quedan establecidas las cosas, la intromisión en los negocios ajenos es la injerencia.

El verbo “ingerir” da lugar a la ingestión y a la ingesta. La última se la encuentra ahora en la edición del 2001 del DRAE, como sinónima de dieta, conjunto de sustancias que se ingieren.

El que se entromete, como se dice en América, en los asuntos ajenos sin ser invitado es el que molesta con la misma letra que se escribe el verbo, con jota. Con la última descripción no es fácil que se olvide la diferencia.

ABANDONO *A LA *VEJEZ 

“. . .para determinar si existen cargos de abandono A la vejez por parte de quienes tengan la responsabilidad del cuidado y atención de esta pareja de ancianos.”

Algunos errores son tan burdos que el lector no acaba de entender como es que un hablante de la lengua puede cometer torpezas de este género. Todos los abandonos son DE. No es posible comprender como es que algún periodista puede colocarle una A al abandono, a menos que él no sea un “abandonado” de la lengua.

Son muchos los abandonos. En los tribunales se conoce de los siguientes, que es una muestra enumerativa y no exhaustiva, “abandono de familia, de hijos, abandono de menores, abandono de niños, abandono de residencia, abandono de servicio” y muchos más que sería prolijo detallar.

Para poder expresar cabalmente lo que se propuso el periodista no debe usarse el nombre “vejez”, que se refiere a la condición de la persona, sino a la persona misma, por lo tanto debería ser “abandono DE ancianos”, por aquello de que los ancianos son las personas que se perjudican con el acto o acción de abandonar. Un gobierno que no se ocupa de los viejos, de las personas de  la última edad, o cualquier otro eufemismo, es posible que se le catalogue diciendo que ha hecho “abandono de la vejez”, y en ese caso lleva el artículo definido.

*SURPLUS  

“El cuerpo demasiado descansado goza de un SURPLUS de vitalidad que puede exacerbar las bajas pasiones.”

En el diccionario autorizado de la lengua no se consigue dar con el paradero del vocablo surplus, que es el título de esta sección. Ni siquiera en los diccionarios de uso del español se puede encontrar el término. La infructuosa búsqueda se extendió hasta los diccionarios de neologismos.

A veces no es conveniente expresar que una palabra no existe, porque desde el momento en que alguien la usa puede dar lugar a su nacimiento. Lo que sucede en muchos casos es que su uso es muy restringido, tan restringido que es casi un secreto.

En la lengua española reconocida existen unos cincuenta, cincuenta y uno para ser más exactos, vocablos que comienzan por sur-, por lo que no se le debe considerar como un gran productor.

El recurso al diccionario de la lengua inglesa confirmó las sospechas que se tenían con respecto a la procedencia del término. En esa lengua se le conoce en el ámbito de la economía y de las finanzas.

El inglés adoptó la palabra del francés. En la lengua madre de la cual procede, significa “excedente, exceso”. Quizás estas dos últimas palabras fueron las que debió usar el redactor del escrito en vez de lo que escribió.

CRONOGRAMA 

“. . .esperaban que B. anunciaría un CRONOGRAMA para la creación de un estado. . .”

Al fin el Colegio madrileño de la lengua se dignó incluir la palabra del título en el repertorio de la lengua. En la edición del 2001 consta con la definición siguiente: “calendario de trabajo”. Al incluir el vocablo en su Diccionario, la Academia menciona a Cuba, Ecuador y El Salvador como los países en los cuales se le conoce o se le emplea. Quizás esas fueron las Academias correspondientes que solicitaron la inclusión y certificaron del uso del término en sus respectivos países.

La palabra es de mucha utilidad y ya había llegado el tiempo en que no se le podía mantener marginada sin detrimento del hablante y de la lengua. Se le utiliza en economía, ingeniería y política, así como también en otras ciencias.

*SALVATAJE 

“Un apego demasiado ortodoxo a la doctrina ´antisalvataje´ podría costar muy caro.” (. . .)

“Muchos funcionarios y economistas latinoamericanos recuerdan con nostalgia los paquetes de SALVATAJE financiero del gobierno de. . .”

Lo que hizo el periodista fue una salvajada contra la lengua, es decir, un acto de salvaje contra la integridad de la lengua. El vocablo tal y como apareció escrito no puede existir en español, porque va contra las leyes de la formación de las palabras en nuestra lengua común.

Como no se sabe de dónde rayos salió este invento, sólo se puede teorizar hurgando en el diccionario de la lengua inglesa o en el correspondiente francés. En el inglés hay términos parecidos al inventado por el periodista que descienden del francés y en ambas lenguas quieren decir “salvar, rescatar, recuperar”.

Es probable que un cortocircuito cerebral le haya jugado una mala pasada al redactor. En la ciudad en donde se leen estas lindezas hay que ser poliglota para poder comprender el diario que se publica en español.

SER UNA UNANIMIDAD 

“. . .Ronaldo era ya una UNANIMIDAD mundial y sobre sus espaldas cargó a una. . .”

No hay forma en que se pueda entender que una persona ella misma llegue o pueda ser una unanimidad. La unanimidad es el hecho de estar unánimes, y esto es estar acorde, conforme. Lo que se acepta o concluye por medio de acuerdo sin discrepancias y todos conformes es lo que se adopta “por unanimidad”. Si se trata de la selección de una persona para que desempeñe una función o trabajo, el sujeto elegido no pierde su condición para que se le llame “unanimidad”

El verbo que acompaña a unanimidad es estar y no ser. Qué cómo se pudo llegar a darle, otorgarle o reconocerle la condición de unanimidad a una persona, es un misterio que sólo el hablante (escribiente en este caso) puede despejar. La atribución no se le puede aplicar a una persona con la ayuda del verbo ser. Un candidato puede ser el sujeto de un voto unánime, de ahí a que se le considere como una unanimidad es otro asunto.

ROCOLA – *VELLONERA – *VICTROLA 

“Héroe de la radio, las ROCOLAS, *VELLONERAS, y *VICTROLAS de los bares y cafés de los países latinoamericanos. . .”

La rocola entró al Diccionario mayor en la edición del 2001; antes de esa fecha todavía no se le había asentado en las páginas del lexicón sancionado. En la entrada correspondiente que el DRAE separó para el vocablo consigna que es de uso en Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México y Venezuela con el sentido de gramola, vale decir, gramófono que hace oír determinados discos. Complace más una definición que se copia a continuación para el aparato, “tocadiscos de ciertos lugares públicos, que funciona con monedas.”

La *vellonera no ha conseguido que se le acepte en los predios del DRAE, pero es conocida ampliamente en los sitios de música y bebida. Con ese nombre se conoce en Puerto Rico a la rocola. También en República Dominicana. Según las noticias que se tienen, el nombre le llegó al aparato porque en Puerto Rico a la moneda de cinco centavos de dólar se le llama “vellón”. En República Dominicana por imitación y penetración se le asignó ese nombre también, sin que a las monedas de ninguna denominación se le conozca por vellón. El autor de estas notas recuerda que cuando estos tocadiscos públicos hicieron su entrada en el último país se les hacía funcionar con una moneda de cinco centavos.

La palabra vellonera consta en la literatura y es de uso corriente en los dos países mencionados en el párrafo anterior. Se puede comprobar este uso en La Guaracha del Macho Camacho, de L. R. Sánchez, con toda justeza y razón.

Con respecto a la *victrola, la formación y origen permanece en la oscuridad. Esa combinación en el seno de la palabra -ctr- no es muy corriente en la lengua española. Según las noticias que se tienen significa gramófono y aunque es palabra antigua no figura en los diccionarios viejos de hispanoamericanismos. El autor de estos comentarios recuerda haber oído el empleo de la palabra hace alrededor de cincuenta años, pero sin la “C”, es decir, vitrola y así la consigna Santamaría en su Diccionario General de Americanismos, obra publicada en el 1942. La definición que suministra es “fonógrafo con una caja de resonancia, en forma adecuada como mueble de adorno”.

En su Diccionario de Americanismos, Brian Steel recoge el término victrola y lo define como gramófono de lujo, que tiene forma de consola. Con esta ortografía y contenido se ha usado en la literatura de nuestra América morena. En Colombia, R. Restrepo lo menciona en Apuntaciones idiomáticas y correcciones del lenguaje. En Chile, J. Edwards lo usa en Los convidados de piedra. Si se toma en cuenta las fechas de publicaciones de los dos libros antes mencionados, transcurre entre ellos por lo menos treinta años, y de allí puede deducirse que la pronunciación y grafía perduraron por un período mayor que ese.

Con respecto a la ortografía victrola, con la C (ce) de Víctor, se puede aventurar una teoría etimológica. Quizás nace de la marca de fábrica RCA Victor, que el vulgo o la pronunciación española pudo cambiar en lugar de “victor” en “victro”, y para aclimatarlo al español le añadió la terminación  “-ola”; al juntar las dos nociones, el victor y la vitrola, dos palabras asociadas en la música., nació victrola.

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