¿Quién escribió “tres bellas que bellas son”? Desde hace muchos años hemos escuchado los jocosos versos de una estrofa cuyo autor desconocemos. Los versos son los siguientes: “Tres cosas me tienen preso/ de amores el corazón: / la bella Inés, y jamón, / y berenjenas con queso”. ¿Sabe usted quién es el autor?

BRC A FRANCISCO ROSARIO,  17 DE JUNIO DE 2011

Respuesta

Desde hace muchos años yo también había escuchado esos festivos versos, pero desconocía el nombre del autor. Sabía, sin embargo, que algunos profesores usaban esos versos en la escuela para enseñar los signos de puntuación. Aparece en algunos libros de lengua española con el título “Tres bellas, que bellas son”. Tiene ese título ya que se trata de tres hermanas casaderas, Soledad, Julia e Irene, que conocieron a un joven y apuesto caballero, licenciado en letras y las tres se interesaron en él. Pero el caballero no se atrevía a decir de cuál de las tres hermanas estaba enamorado. Como no se declaraba a ninguna, las tres hermanas le rogaron que dijera a cuál de las tres amaba. El caballero escribió en unos versos sus sentimientos, aunque “olvidó” consignar los signos de puntuación, y pidió a las hermanas que cada una añadiese los signos de puntuación que considerase oportunos. La décima era la siguiente:

Tres bellas que bellas son
me han exigido las tres
que diga de ellas cual es
la que ama mi corazón
si obedecer es razón
digo que amo a Soledad
no a Julia cuya bondad
persona humana no tiene
no aspira mi amor a Irene
que no es poca su beldad

Soledad leyó la estrofa y escribió:

Tres bellas, ¡qué bellas son!,
me han exigido las tres
que diga de ellas cuál es
la que ama mi corazón.
Si obedecer es razón,
digo que amo a Soledad;
no a Julia, cuya bondad
persona humana no tiene;
no aspira mi amor a Irene,
que no es poca su beldad.

Julia, en cambio, consignó los signos de puntuación así:

Tres bellas, ¡qué bellas son!,
me han exigido las tres
que diga de ellas cuál es
la que ama mi corazón.
Si obedecer es razón,
¿Digo que amo a Soledad?
No. A Julia, cuya bondad
persona humana no tiene.
No aspira mi amor a Irene,
que no es poca su beldad.

De su parte, Irene puntualizó de la siguiente manera:

Tres bellas, ¡qué bellas son!,
me han exigido las tres
que diga de ellas cuál es
la que ama mi corazón.
Si obedecer es razón,
¿Digo que amo a Soledad?
No. ¿A Julia, cuya bondad
persona humana no tiene?
No. Aspira mi amor a Irene,
que no es poca su beldad.

Como persistía la duda, tuvieron que rogar al joven que les develara quién era la dueña de su corazón. Cuando recibieron de nuevo el poema del caballero con los signos de puntuación las tres se sorprendieron:

Tres bellas, ¡qué bellas son!,
me han exigido las tres
que diga de ellas cuál es
la que ama mi corazón.
Si obedecer es razón,
¿Digo que amo a Soledad?
No. ¿A Julia, cuya bondad
persona humana no tiene?
No. ¿Aspira mi amor a Irene?
¡Qué!… ¡No!… Es poca su beldad.

(Esos versos aparecen citados por Roberto Vilches Acuña en Curiosidades literarias y malabarismos de la lengua. Santiago de Chile, Editorial Nacimiento, 1955).
Ahora bien, Roberto Vilches Acuña no es el autor, sino el recopilador. Confieso que pregunté a muchos versados en letras y nadie conocía el nombre del autor de tan ocurrentes versos.
Justamente, en el mes de mayo del presente año (2011) me hallaba en San Lorenzo de El Escorial, de la comunidad de Madrid, en cuyo escenario celebrábamos el IV Congreso Internacional del Interiorismo. En uno de sus comentarios, el poeta español José Nicás tiró al desgaire los citados versos de “Tres bellas que bellas son”.  Entonces alerté mis orejas, interrumpí al poeta y le pedí que me dijera el nombre del autor en cuestión. Sin titubear dijo el nombre del susodicho poeta: BALTAZAR DEL ALCÁZAR.
Al día siguiente, busqué los datos biográficos de Baltazar del Alcázar y me enteré que era un poeta oriundo de Sevilla (1530-1606), cultor de poesía religiosa y amorosa, pero su fama se debe a sus piezas satíricas y poemas festivos, entre los cuales tiene amplia difusión “Cena jocosa”, poema escrito en redondillas (Cfr. Francisco Rico, Mil años de poesía española, Barcelona, Planeta, 2009, p. 429).
Me complace dar con tan singular nombre y satisfacer esta curiosidad literaria que, durante mucho tiempo, fue también mía.