ÑOÑO, A

A veces se pregunta uno si esta voz tiene algo que ver con el principal significado con que se reconoce en el habla de todos los días de los dominicanos, por la repetición de la misma sílaba; o si el propósito de la repetición en el fondo es solamente enfático.

Es bueno recordar que todavía en el año 1970, en la décimo novena edición del Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, no se había asentado el principal significado dominicano.

En esos años los académicos solo reconocían que ñoño servía para referirse a la persona “apocada y de corto entendimiento”. Cuando se aplicaba a cosas era para denotar “soso, de poca sustancia”. Ya el significado que le dio origen iba en decadencia, pues se caracterizaba de anticuada la acepción “caduco, chocho”.

Se ha repetido antes en el desarrollo de este comentario,  “principal significado dominicano”. Con este se destaca el más conocido y empleado, que es el de “mimado, consentido”, como muy bien lo define el Diccionario del español dominicano (2013). Así mismo, la persona que se tipifica de ñoña lo es por ser “susceptible, delicada”; o bien, “inclinada a los mimos”.

Añadido a las demás, el último diccionario mencionado recoge la acepción que se refiere a persona o cosa “que se aprecia o se prefiere entre varias”. Trae dos acepciones más ese lexicón que son de menos uso, para designar la “barriga” y la “presidencia de la República”.

Ya en una intervención anterior por este medio se subrayó que la ñoña es la “banda presidencial” en tanto símbolo de la presidencia de la República, de donde los dominicanos han creado la expresión “terciarse la ñoña” para significar, llegar a la presidencia de la República.

Ahora bien, no se ha no se ha hecho espacio a esta voz solo para esencialmente repetir lo que la mayoría de los dominicanos conocen, sino para recordar una acepción que no ha recibido el reconocimiento oficial en los diccionario diferenciales. Ñoño también vale para expresar que algo es “grande, enorme”. Se emplea de preferencia para cosas. El autor de estos comentarios ha oído en muchas ocasiones este uso.

Para terminar, algunos ejemplos ayudarán a recordar este uso. “El capitán se paseaba entre los presos con un ñoño garrote”. Aquí se entiende como sinónimo de “enorme”. “El calié escondía en la cintura debajo, de la chacabana, el ñoño revólver con que disparó”. En este caso evoca la idea de “grande”.

PALEAR – PALIAR

“. . .como contingencia para PALEAR el desempleo. . .”

Las dos palabras del título son legítimas en el español de cada día. En realidad son muy diferentes en su uso porque los respectivos campos semánticos son distantes.

La confusión entre uno y otro de estos dos vocablos procede de la forma en cómo se  pronuncia el verbo palear en el habla descuidada, negligencia que lleva a enunciar las dos palabras de la misma forma.

Una vez que las dos voces se confunden en su elocución, eso conduce a que se equivoquen los significados y, en consecuencia, el uso que corresponde a cada una de ellas.

Palear es utilizar la pala para mover una cosa. En agricultura es aventar el grano para separarlo de la paja. En resumen, es trabajar con la pala.

Paliar es moderar, mitigar, ser indulgente. Mitigar ciertas enfermedades. Moderar, suavizar, atenuar una pena, disgusto, etc. Ser indulgente, disculpar, justificar algo.

CIEGA – SIEGA

“. . . si no es una voladora que CIEGA la vida de un morador de este sector marginado. . .”

La falta de diferencia en la pronunciación entre los dos sonidos, ese /s/ y ce /c/ en la mayoría de los países de la América Hispana es un fenómeno fonológico viejo. Las explicaciones que se han ofrecido sobre el origen a veces son difíciles de entender. El hecho es que se dicen o pronuncian de igual modo los sonidos de las letras s, z, o c seguidas de /e/ o /i/.

Si se sometiera a evaluación estadística el asunto que se mencionó en el párrafo anterior, es muy probable que se concluya admitiendo que hay una mayoría de hablantes de español que sesean; o lo que es lo mismo, que los ceceantes son minoría.

La forma de manifestar oralmente los vocablos que llevan las consonantes mentadas y las consecuencias engorrosas que de ellos pueden derivarse, son solucionados (o evitados) por el contexto.

Esto es, desambiguado por el entorno lingüístico, pragmático o social en que se coloca un elemento o un enunciado, como sucede en la cita. Aquí se salva la situación por el conocimiento lógico que existe en el lector de que una “voladora” (minibús de transporte público urbano) no deja privado de vista, sino por excepción. Estos conocimientos extralingüísticos del contexto particular concurren para despejar la duda.

Lo que se ha explicado más arriba no exime de culpa a una persona que incurra en el desliz de escribir ciega, con ce /c/, cuando lo que sugería el entorno particular era que lo hiciese con ese /s/. Ciega es del verbo cegar, que es privar de la vista. Siega es del verbo segar que es interrumpir de forma violenta y brusca.

En gran medida el desacierto se produce porque el redactor de la frase reproducida insertó una palabra dominguera para expresar “matar”. Si el articulista hubiese permanecido en el ámbito de su “voladora”, que es una palabra del español dominicano, no hubiese tenido problema alguno. Al engalanar la redacción se arriesgó en este caso más allá de los límites de lo conveniente para sus conocimientos. Este tipo de problemas se obvia manteniendo un apego a lo básico, al uso de los términos que son bien conocidos y que se frecuentan en las lecturas habituales. La otra forma de evitar estos enojos con la ortografía, es leer, sobre todo, leer buena literatura, pues de esas lecturas queda el sedimento que nutre el conocimiento de la lengua.

SÉ – SE

“. . .acaso el inicio de un esfuerzo empresarial, parcial o general, no lo SE, para el empresariado recuperar la cuota de poder. . .”

Los dos monosílabos son iguales en su ortografía. La única diferencia entre uno y otro es la tilde que puede observarse sobre uno de ellos. Ese acento ortográfico colocado allí es lo que se llama acento diacrítico, es decir, que le confiere un valor especial a la palabra.

En principio los monosílabos se escriben sin tilde, pues no existe la necesidad de señalar en cuál sílaba ha de hacerse el mayor esfuerzo de la articulación. En los ejemplos que se reproducen en el título, la tilde ejerce la función de distinguir el significado y la función gramatical de uno con relación a otro; esa es su función distintiva.

, con la tilde, acento gráfico, pertenece al verbo saber y representa la conjugación de la  primera persona del singular del presente del indicativo. Puede ser también el verbo “ser” en la segunda persona del singular del modo imperativo.

Este “sé” es el que debió escribir el articulista en la cita al principio de esta sección para que trascendiera claro su mensaje, pues se deduce del contexto del artículo que se trataba del verbo saber.

Se, sin la tilde, es un pronombre personal reflexivo. Pertenece a la tercera persona y se usa en dativo y acusativo en género masculino o femenino y número singular o plural. En esta sección no se entra en el detalle de todas las posibilidades en las que puede aparecer “se” en la lengua.

A la luz de lo explicado, por eliminación, parece muy sencillo discernir cuándo debe colocarse la tilde. Solo resta que el redactor sea cuidadoso para evitar el error.

© 2017, Roberto E. Guzmán.

Escrito por Ruth Ruiz