Aventar – convencer – anécdota – desorden – conferencia

AVENTAR

“Un mes antes, en el estadio del club de fútbol Villareal en un despliegue de racismo, un aficionado le AVENTÓ un plátano al brasileño del Barcelona. . .”

Para aclarar el asunto, lo primero es que no le tiraron un plátano, sino un guineo, alias banana, que en España se conoce con el nombre de plátano. Para no plantear un pleito basta con mencionar que el fruto es más conocido por banana que por ningún otro nombre. Esto por infortunio, porque en verdad debió llamarse guineo. Como dicen los dominicanos “dejémoslo de ese tamaño”.

El asunto que interesa en esta sección es el concerniente al verbo del título, aventar. Lo que interesa saber es si es reconocido por la mayoría de los hispanohablantes con un significado que le dé sentido a la frase que se copió a modo de ejemplo.

Las definiciones que aventar tiene en el español de todos los días no satisfacen para imprimirle sentido real a la oración de la cita. Para demostrar eso se recurrirá a las acepciones de los lexicones. Al final de la exposición se verá la explicación que se propone para ser indulgente con relación al verbo aventar en una oración como la reproducida más arriba.

En los diccionarios que prestan oído con rapidez al uso del español de todos los días aparece una acepción del verbo aventar que hace pensar en que el uso que se ha hecho del mismo es justo. Ese verbo es equivalente de arrojar, tirar.

El DRAE consigna algunas acepciones con viento y aire, pero ninguna satisface el vacío que se produce con el verbo aventar de la cita.

El Diccionario de americanismos (DAA) es el diccionario que arroja luz sobre el asunto. Para el verbo aventar trae más de una acepción que se presta para dar sentido a la oración copiada. En siete países de la América morena aventar corresponde a “impulsar alguien con fuerza una cosa o una persona”. En México y Costa Rica, añade ese diccionario, es “arrojar un objeto por el aire para que una persona lo atrape”.

Como ha de notarse, el hecho referido en la cita ocurrió en España, pero la redacción fue realizada para lectores hispanoamericanos. Esta aseveración se hace tomando como base las acepciones que los diccionarios peninsulares registran.

Hace más de cincuenta años, en la República Dominicana, aventar era propinar un golpe o dar un empujón a otra persona de fuerza tal que lo dejaba sin aire, es decir, con problemas para recobrar el aliento.

Hay que celebrar que los medios modernos de comunicación permitan que las personas se mantengan en relación escrita con sus semejantes alrededor del mundo y, que esas correspondencias hagan más conocidas las peculiaridades de cada español.

 

CONVENCER

“Disfruta de la historia y por lo regular está CONVENCIDO *QUE sus veredictos serán trascendentales”.

En el cuerpo de esta sección se verá que en el caso específico del verbo convencer, usado del modo en que lo hace el columnista, debió llevar la preposición DE inmediatamente después del verbo porque el complemento es una proposición con “que”.

En la oración que ilustra el mal uso, el verbo convencer se utiliza con el sentido de “llegar a aceptar o creer algo, tras haber reflexionado sobre ello”. Se construye con un complemento que lleva la preposición DE. Se dice y se escribe “estar convencido de”.

Algunas personas sienten el temor al escribir de caer en el “dequeísmo” y evitan la preposición “de” al escribir. Olvidan ellos que en español existen verbos que exigen en su construcción la preposición DE. Como consecuencia de la forma de escribir olvidando que algunos verbos exigen la preposición “de” incurren en lo que se llama “queísmo”.

 

ANÉCDOTA

“De acuerdo con F., hay incluso alguna evidencia, a este punto ANECDÓTICA, de que el examen puede incluso detectar condiciones precancerosas desde muy temprano”.

En esta ocasión se va a dejar pasar lo relacionado con la “condición” porque ya se examinó ese punto en otra ocasión. Tampoco se estudiará lo infortunada que resulta la elección de “evidencia” seguida de anecdótica. El objetivo aquí es centrar la atención sobre “anecdótico”.

En español anecdótico es diferente del significado que posee la voz anecdotic en inglés. Las diferencias no terminan allí sino que en las dos lenguas, español e inglés, anécdota y anecdote las acepciones no coinciden. Los detalles se verán más abajo.

En español una anécdota es un relato de algún suceso divertido, extraño o curioso. Es un suceso circunstancial o irrelevante. Solo se reproducen las acepciones que tiene relación con lo que se estudia aquí.

En inglés “anecdote” es generalmente interesante, divertido o biográfico de un incidente. En ambas lenguas se trata de un relato, que en inglés es generalmente corto.

Ahora hay que examinar a anecdótico en español: “que contiene anécdotas” o “que tiene poca importancia”. En inglés “anecdotic” es que está relacionado con anécdota o que consiste de anécdotas. Que se basa o consiste en informes u observaciones de analistas que no son científicos. No se tradujeron las acepciones que no son relevantes para el análisis que se hace aquí.

Se subrayaron las palabras que se consideran importantes para destacar la diferencia que existe entre las dos palabras en las dos lenguas, español e inglés. Se presume que el artículo del cual se extrajo la cita es una traducción del inglés al español.

Como se nota al llegar a este punto del desarrollo de las argumentaciones, la selección de las palabras, por una parte, hace incongruente la oración. Por otra parte, desvirtúa el sentido de lo que expresó la persona.

Al traducir hay que demostrar cuidado con el producto que se entrega para la lectura. Los parecidos engañosos pueden tener consecuencias funestas. Piénsese, que en esta oración hay un contrasentido, una inexactitud y una ambigüedad. Esta oración es digna de ser incluida en una antología de disparates.

 

DESORDEN

“. . .incluyendo nuevas pruebas clínicas, proveen una esperanza para aquellos pacientes diagnosticados con ese tipo de cáncer o con otro DESORDEN de las células sanguíneas”.

La forma primera en que se entiende un desorden es como una situación en que las cosas no están en su lugar. Es algo en lo que no hay organización. Se dice que hay desorden cuando hay irregularidad y exceso.

En muchas ocasiones cuando se escribe hay que amoldar el léxico al entorno, es decir, utilizar los vocablos que son propios de la rama del saber acerca de la cual se escribe. Los términos propios de una actividad harán que los lectores aprehendan mejor el contenido de lo expuesto.

En el caso de este “desorden” se harán algunas observaciones para darle mayor precisión a lo que transmite o lo que pretende transmitir el mensaje.

En el ámbito médico la palabra favorecida para traducir el disorder del inglés es “trastorno”. En algunos casos puede sustituirse por “enfermedad”, así se hace en congenital disorder que se lleva al español como “enfermedad congénita”. En otros casos puede usarse “deficiencia”, como cuando se traduce hearing disorder”, que se dice y escribe “deficiencia auditiva”. En lo relativo a la piel un skin disorder será una “afección de la piel” y en este caso se trata de una alteración morbosa de un elemento o de una función del organismo humano.

Otras posibilidades para traducir la dichosa mencionada voz del inglés se hace con la ayuda de “desequilibrio, perturbación, alteración”. Hay que tener en cuenta que en casos muy reducidos en español existe la necesidad de recurrir a “anormal, anormalidad” para transmitir cabalmente la idea.

En español el término trastorno tiene una acepción que se adapta muy bien a lo que se explica aquí, y es “alteración de la salud”.

Se utiliza la voz desorden cuando se trata de “desorden civil, público, o social”, que también se conoce con el nombre de “disturbio”. En los casos de las enfermedades es más propio emplear una de las palabras sugeridas más arriba.

 

CONFERENCIA

“Al terminar el curso, muchos padres tienen CONFERENCIAS con los maestros y hacen un análisis de las áreas académicas débiles. . .”

Lo que se criticará en esta sección es algo que se observa en hablantes o escribientes de más de una lengua. Específicamente en el caso presente, en un escribiente de español e inglés.

Las confusiones que se producen al navegar en dos lenguas suceden casi siempre sobre palabras que expresan conceptos abstractos que a veces son vagos por su naturaleza misma. Esos vocablos conciernen acciones de la vida corriente que pueden caer en una lengua o en otra. Además, en muchas ocasiones la escritura o la pronunciación son parecidas en las dos lenguas. Aquí se considera lo concerniente a la voz conferencia del español y a la del inglés que es muy parecida, conference.

Los dos vocablos tienen acepciones comunes y otras que difieren. Como es de esperarse las que son diferentes son las que causan los problemas pues no son conocidas o recordadas por todos los hablantes de las dos lenguas.

En español una conferencia es en sentido general una disertación en público o una conversación entre representantes de gobiernos, organismos o asociaciones. Solo se traen a esta sección las que interesan para los propósitos de esta sección.

La conferencia del español pasa al inglés en algunas circunstancias con el nombre de lecture, congress.

Una conference en inglés puede ser una reunión de dos o más personas, generalmente formal.

De inmediato salta a la vista que la conferencia del español es más formal que la del inglés. La del inglés no pasa de ser una reunión en español, una entrevista o, una consulta. Lo que se comprueba entre el inglés y el español se nota también entre el inglés y el francés.

© 2014 Roberto E. Guzmán

 

 

 

 

 

 

 

Sicariato – firmar el libro – convenimiento – vía (por la via de, por vía de) – en base a – accionar

SICARIATO

“Con estos, además, nació el SICARIATO, una serie de asesinos profesionales que se movilizan generalmente en moto y matan por encargo, en ocasiones por menos de 200 dólares. . .”

No cabe duda alguna de que esa voz, sicariato, tiene relación con el vocablo sicario del español, que no es otra cosa que un asesino asalariado. El salario que percibe el sicario lo logra por el trabajo que ejecuta por cuenta propia que consiste en asesinar. Leer más

Regado – osteoartritis – plus – darse cuenta de que (*darse cuenta que) – instalación

Regado – osteoartritis –

La voz del español dominicano que se trae a estos estudios en esta ocasión casi siempre se utiliza en el femenino: regada. En buen dominicano habría que definir esta voz como el participio pasado del verbo regar.
Este verbo a su vez equivale en este caso a “ocupar un área más vasta o ancha”. Se sabe que el verbo “regarse” en el español dominicano tiene un significado especial para enfadarse, incomodarse, ponerse de mal humor, pero en este caso no tienen relación. Leer más

Redaccional – buena plata – cajón de bateo (caja de bateo) – abocar (avocar) – mandatorio – osteopenia

REDACCIONAL

“En la tradición REDACCIONAL consiste en la ubicación, al inicio de un artículo de pura esencia periodística, de los hechos básicos de la crónica, el género por excelencia”.

No todas las palabras que están en uso en el español actual se encuentran en el lexicón mayor de la lengua que imprime la RAE. Para comenzar, sería imposible que ese colegio pudiera mantenerse al tanto de todas las creaciones de la inventiva humana.

El reconocimiento de la RAE toma tiempo porque la sanción que concede esa corporación se otorga después de detenido estudio de los genes de los vocablos de invención reciente; además, esos términos nuevos deben ajustarse a eso que los alemanes llaman sprachgefühl, que hay quienes consideran que es el sentido intuitivo de lo que es apropiado en una lengua,  concepto que según otros pertenece a la lingüística precientífica.   Leer más

Trozo – trigésimo (trigésima) – arrollar – hispanoparlante – salón- reinventarse

TROZO

“. . .la malanga se le pone a tres TROZOS a N. M.”

Desde el principio de esta sección hay que dejar claro que aquí lo importante no es la malanga ni la locución: lo que se aprovechará será solo “trozo”. La razón para proceder de esta manera es que en el español dominicano la voz trozo, así sola, tiene un significado que la destaca de entre las demás hablas del continente y la península. Leer más

Reguilete – chiringa (capuchino) – encuestólogo – coconspirador – antigüedad –

REGUILETE

“Esto puede parecer molesto, pero creo que las pocas cosas que he logrado en mi vida han sido a causa de ser un REGUILETE”.

Leer la prensa en una ciudad cosmopolita donde escriben personas que proceden de diferentes países es una aventura extraordinaria; por lo menos para una persona interesada en los vericuetos de la lengua. Leer más

Tenedor – recoger (captar) – gancho – tirapiedras – *manguito rotador (manguito de los rotadores) – desplumar

Tenedor

Este tenedor es dominicano. No ayuda a comer ni tiene nada que ver con libros de contabilidad. El tenedor de esta sección se encuentra (encontraba) en las calles de la ciudad de Santo Domingo de hace más de cincuenta años.

Hace más de cincuenta años la ciudad capital de la República Dominicana no era ni sombra de lo que es la actualidad. La circulación era escasa, los semáforos casi inexistentes y la circulación la dirigían de día y de noche los llamados “policía de tráfico”. Estos se armaban de noche con dos focos (linternas), uno verde y el otro rojo. Los “tapones” se desconocían por la ausencia de suficientes vehículos para provocar un “entaponamiento”. Leer más

Porche – rameado – anglo – metraje – bicecletear

PORCHE

“. . .fue atacado por un oso cuando se encontraba sentado en el PORCHE de su casa móvil y tuvo que ser tratado de heridas leves. . .”

Algunos vocablos tienen mayor frecuencia de uso en ciertos países, al tiempo que en otros países esos mismos términos son muy raros en el habla y más raros aún en la escritura. De acuerdo con las memorias que se atesoran con respecto del habla dominicana, la palabra del título es poco usada en el léxico dominicano, más aún, es una rareza.

Los dominicanos utilizan otras palabras auténticas del español para designar lo que en buen español también se conoce con el nombre de porche. Es posible que la diferencia entre los hablantes tenga que ver con la historia y su influencia sobre la lengua.

Los “hispanounidenses” emplean con bastante frecuencia la voz del título en los Estados Unidos porque tiene semejanza con una del inglés que una tiene definición muy semejante a la española. Es una palabra que se oye en muchas ocasiones de boca de cubanos.

Este porche está identificado en los diccionarios del español general, ‘entrada a un edificio protegida por un tejadillo sostenido por columnas’, es un cobertizo o soportal. En este sitio el cobertizo es el tejado que sobresale de la pared y que se usa como protección; no es la cabaña o choza.

La palabra del inglés semejante a la del título es porch cuya grafía en el inglés medio se escribía de la manera en que se hace en la actualidad en español, es decir, porche. Las definiciones en ambas lenguas coinciden en sus elementos. Las dos lenguas conocen otro término que en inglés cayó en desuso, pero que en español sigue vigente que es “pórtico”, que claro, en inglés no lleva el acento.

Una vez alcanzado este punto de la exposición se hace necesario introducir la voz del español dominicano que se utiliza para llamar este porche; no es otra que galería. En el DED, 2013, aparece la acepción para el significado que distingue a galería de sus semejantes del español general: “Balcón o terraza techada, porche”. Viene con un ejemplo del uso tomado de la literatura dominicana que ilustra la manera en que se utiliza el término en el español dominicano.

RAMEADO

La palabra rameado, a en el español internacional vale para señalar una tela o papel que tiene dibujos de ramos; también es el dibujo o pintura que representa ramos.

Lo interesante de este vocablo es que en el español dominicano rameado tiene una significación especial que por una razón u otra no ha encontrado lugar todavía en los diccionarios de dominicanismos.

El rameado se aplica a una persona; más específicamente a un militar. Con este nombre se designa a los oficiales de alta graduación en las Fuerzas Armadas o de la Policía Nacional de la República Dominicana, que llevan ramos en la visera de los quepis y, ahora en las viseras de las gorras, alias cachuchas.

Estos ramos que corresponden a los grados son los que le confieren la categoría que hace que se reconozcan como tales, esto es, rameados. Una cosa -ramos sobre visera del quepis o gorra- que es símbolo de categoría de algunos militares sirve en este caso para denominar al militar de alta graduación, por lo tanto reemplaza la frase “militar de alta graduación”.

No se piensa que esta voz haya caído en desuso, ni que sea tan nueva que no sea de amplio conocimiento; por lo tanto, merece un sitio en el vocabulario registrado de los dominicanos. La explicación que puede explicar esta ausencia es la falta de uso en las obras de literatura dominicanas.

ANGLO

“Con el tiempo, los ricos se enamoraron del calor y la belleza natural de la ciudad, atrayendo a urbanizadores, empresarios, ANGLOS, judíos y negros”.

El estudio de esta voz es interesante. Lo es por su origen y por las tendencias por las que ha pasado a través de su historia, así como por las diferencias de significaciones en las diferentes lenguas. Este vocablo deriva del latín anglus.

Los anglos fueron los individuos de una tribu germánica que se establecieron en el norte de Inglaterra en la Edad Media. La palabra anglo se ha usado también para denominar a los ingleses de Inglaterra. Así mismo es inglés lo que pertenece a Inglaterra.

En la edición vigésima tercera del DRAE aparecerá una enmienda a esta palabra del título. Se añadirá que es un elemento compositivo con el valor de inglés. Ya antes de que la RAE se decidiera a reconocer a anglo- como elemento prefijo, del latín anglis, había muchos vocablos en el que aparecía, como por ejemplo: angloamericano, anglófilo, anglofobia, anglófono, anglohablante.

En la actualidad se usa la voz anglo para mencionar no solo a los anglosajones propiamente dichos, sino también a los que de alguna forma tienen sangre anglosajona, o, se les presume esta ascendencia. En los EE. UU. El uso ha impuesto la voz “anglo”, por oposición a latino, afroamericano o, indoamericano. Con ese valor la utilizó la articulista en el texto reproducido al principio de esta sección.

En francés, el elemento anglo- lo mencionan como sacado de la palabra anglais, es decir, inglés. En portugués anglo es inglés y, el individuo que colonizó el norte y centro de Inglaterra y dio nombre a la isla.

 

METRAJE

“A lo largo del METRAJE aparecen amigos y fervientes defensores de. . .”

Con respecto de esta palabra el español tiene una deuda con la lengua francesa. Hasta la RAE en su diccionario lo reconoce cuando consigna que procede del francés métrage. No resulta difícil de discernir la procedencia si se presta atención a la terminación -aje del vocablo en español. Esa terminación es la terminación más frecuente para las voces francesas que a su vez terminan por -age.

La importancia de la voz no termina ahí si se piensa que en la República Dominicana esta tiene un significado de mayor alcance que el que le es reconocido en el español general. Este aspecto se resaltará al final de la sección.

Mas hay que destacar que la razón por la que se trae a estudio este término no es por la procedencia, sino por la significación, que en este uso es impropio. Más abajo se verá el real significado de la palabra del título.

Desde hace largo tiempo en el DRAE y en los diccionarios de español general se asienta que metraje tiene que ver con la “longitud” de una película. El DRAE al enmendar la redacción de la acepción hace el asunto más claro cuando a la longitud le añadió la “duración de la proyección de una película cinematográfica”.

El metraje se refiere a una medida tomada en metros como unidad de medida. En realidad existe un uso de mencionar las películas como “un corto metraje” o “un largo metraje”, sin utilizar la palabra película en ellas; ahora bien, una cosa es decirlo y otra muy diferente es escribirlo. Téngase presente además, que al añadirle “corto” o “largo” eso logra una mayor aproximación al objeto a que se alude. En lenguaje más preciso en el texto debió ser “película cinematográfica” o, simplemente “película”.

Para ponerle el punto final a la sección se debe cumplir con traer a esta el “metraje” dominicano. Este valor de metraje dominicano siempre se utiliza como medida, ya sea de longitud o de tiempo.

El caso en que se escucha con mayor frecuencia el metraje dominicano es en béisbol cuando como consecuencia de un batazo la pelota recorre una larga distancia. Se dice que es un batazo de “largo metraje”, que va lejos en el terreno de juego o fuera de este. Téngase en cuenta que en el béisbol dominicano las distancias se miden en pies.

Se emplea el “largo metraje” dominicano para duración cuando se desea destacar que algo que se hizo, se hace, se hará, o haría, toma largo tiempo. Sin tratar de producir rubor en los lectores, este tipo de español dominicano pertenece al registro hablado y en la mayoría de los casos se reserva para poner el acento en la duración del coito, que para un cibaeño sería hacerlo “laigo”.

Vale decir que los dominicanos se han adelantado a la RAE al extender el campo de acción de la cinematografía al campo del béisbol, empleando el vocablo como sinónimo de medida. Más atrevido todavía: sirviéndose de la voz como medida de duración en el acto de hacer el amor.

 

BICICLETEAR

“M. W. BICICLETEA desde. . .hasta el mercado campesino de B. para comprar frutas y verduras frescas y sin pesticidas”.

Produce satisfacción encontrar en alguna oraciones que se emplean términos con los que uno se crió. En la época en que uno (yo) era joven ese verbo era de uso continuado entre personas de la misma edad. La comodidad era el motivo principal por el que se recurría a este verbo, era más sencillo que tener que emplear un verbo acompañado del sustantivo bicicleta.

En aquellos momentos este verbo se consideraba más que nada parte de la jerga de los jóvenes.

La realidad es que aún en los tiempos presentes el verbo en cuestión no ha logrado la notoriedad que acredite su entrada en los verbos del español estándar. Se recuerda con cariño que al medio de transporte de que se trata aquí se le llamaba con cariño la “bici”. Por suerte esta apócope ha recibido la bendición de los diccionaristas.

La acción de bicicletear es propia de la América Hispana. En once países hispanoamericanos, entre los que se encuentra la República Dominicana, se sirven del verbo para manifestar “montar alguien en bicicleta” o “trasladarse alguien en bicicleta”.

El Diccionario de americanismos, 2010,  de la ASALE le ha hecho un espacio al verbo del título. Lo que no satisface de la acepción es la redacción adoptada en ese diccionario para bicicletear: “Andar alguien en bicicleta”. Hay que dejar bien claro que la RAE usa el verbo “andar” en algunos de sus ejemplos con el valor que se critica aquí. Quienquiera que no esté de acuerdo con lo que se expone aquí puede verificar los dos verbos, montar y andar, y caerá en cuenta de la certeza de lo que se escribe aquí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PORCHE

“. . .fue atacado por un oso cuando se encontraba sentado en el PORCHE de su casa móvil y tuvo que ser tratado de heridas leves. . .”

Algunos vocablos tienen mayor frecuencia de uso en ciertos países, al tiempo que en otros países esos mismos términos son muy raros en el habla y más raros aún en la escritura. De acuerdo con las memorias que se atesoran con respecto del habla dominicana la palabra del título es poco usada en el léxico dominicano, más aún, es una rareza.

Los dominicanos utilizan otras palabras auténticas del español para designar lo que en buen español también se conoce con el nombre de porche. Es posible que la diferencia entre los hablantes tenga que ver con la historia y su influencia sobre la lengua.

Los “hispanounidenses” emplean con bastante frecuencia la voz del título en los Estados Unidos porque tiene semejanza con una del inglés que una tiene definición muy semejante a la española. Es una palabra que se oye en muchas ocasiones de boca de cubanos.

Este porche está identificado en los diccionarios del español general, “entrada a un edificio protegida por un tejadillo sostenido por columnas”, es un cobertizo o soportal. En este sitio el cobertizo es el tejado que sobresale de la pared y que se usa como protección; no es la cabaña o choza.

La palabra del inglés semejante a la del título es porch cuya grafía en el Inglés Medio se escribía de la manera en que se hace en la actualidad en español, es decir, porche. Las definiciones en ambas lenguas coinciden en sus elementos. Las dos lenguas conocen otro término que en inglés cayó en desuso, pero que en español sigue vigente que es “pórtico”, que claro, en inglés no lleva el acento.

Una vez alcanzado este punto de la exposición se hace necesario introducir la voz del español dominicano que se utiliza para llamar este porche; no es otra que galería. En el DED, 2013, aparece la acepción para el significado que distingue a galería de sus semejantes del español general: “Balcón o terraza techada, porche”. Viene con un ejemplo del uso tomado de la literatura dominicana que ilustra la manera en que se utiliza el término en el español dominicano.

 

RAMEADO

La palabra rameado, a en el español internacional vale para señalar una tela o papel que tiene dibujos de ramos; también es el dibujo o pintura que representa ramos.

Lo interesante de este vocablo es que en el español dominicano rameado tiene una significación especial que por una razón u otra no ha encontrado lugar todavía en los diccionarios de dominicanismos.

El rameado se aplica a una persona; más específicamente a un militar. Con este nombre se designa a los oficiales de alta graduación en las Fuerzas Armadas o de la Policía Nacional de la República Dominicana, que llevan ramos en la visera de los quepis y, ahora en las viseras de las gorras, alias cachuchas.

Estos ramos que corresponden a los grados son los que le confieren la categoría que hace que se reconozcan como tales, esto es, rameados. Una cosa -ramos sobre visera del quepis o gorra- que es símbolo de categoría de algunos militares sirve en este caso para denominar al militar de alta graduación, por lo tanto reemplaza la frase “militar de alta graduación”.

No se piensa que esta voz haya caído en desuso, ni que sea tan nueva que no sea de amplio conocimiento; por lo tanto, merece un sitio en el vocabulario registrado de los dominicanos. La explicación que puede explicar esta ausencia es la falta de uso en las obras de literatura dominicanas.

 

ANGLO

“Con el tiempo, los ricos se enamoraron del calor y la belleza natural de la ciudad, atrayendo a urbanizadores, empresarios, ANGLOS, judíos y negros”.

El estudio de esta voz es interesante. Lo es por su origen y por las tendencias por las que ha pasado a través de su historia, así como por las diferencias de significaciones en las diferentes lenguas. Este vocablo deriva del latín Anglus.

Los anglos fueron los individuos de una tribu germánica que se establecieron en el norte de Inglaterra en la Edad Media. La palabra anglo se ha usado también para denominar a los ingleses de Inglaterra. Así mismo es inglés lo que pertenece a Inglaterra.

En la edición vigésima tercera del DRAE aparecerá una enmienda a esta palabra del título. Se añadirá que es un elemento compositivo con el valor de inglés. Ya antes de que la RAE se decidiera a reconocer a anglo- como elemento prefijo, del latín anglis, había muchos vocablos en el que aparecía, como por ejemplo: angloamericano, anglófilo, anglofobia, anglófono, anglohablante.

En la actualidad se usa la voz anglo para mencionar no solo a los anglosajones propiamente dichos, sino también a los que de alguna forma tienen sangre anglosajona, o, se les presume esta ascendencia. En los EE. UU. El uso ha impuesto la voz “anglo”, por oposición a latino, afroamericano o, indoamericano. Con ese valor la utilizó la articulista en el texto reproducido al principio de esta sección.

En francés, el elemento anglo- lo mencionan como sacado de la palabra anglais, es decir, inglés. En portugués anglo es inglés y, el individuo que colonizó el norte y centro de Inglaterra y dio nombre a la isla.

 

METRAJE

“A lo largo del METRAJE aparecen amigos y fervientes defensores de. . .”

Con respecto de esta palabra el español tiene una deuda con la lengua francesa. Hasta la RAE en su diccionario lo reconoce cuando consigna que procede del francés métrage. No resulta difícil de discernir la procedencia si se presta atención a la terminación -aje del vocablo en español. Esa terminación es la terminación más frecuente para las voces francesas que a su vez terminan por -age.

La importancia de la voz no termina ahí si se piensa que en República Dominicana esta tiene un significado de mayor alcance que el que le es reconocido en el español general. Este aspecto se resaltará al final de la sección.

Mas hay que destacar que la razón por la que se trae a estudio este término no es por la procedencia, sino por la significación, que en este uso es impropio. Más abajo se verá el real significado de la palabra del título.

Desde hace largo tiempo en el DRAE y en los diccionarios de español general se asienta que metraje tiene que ver con la “longitud” de una película. El DRAE al enmendar la redacción de la acepción hace el asunto más claro cuando a la longitud le añadió la “duración de la proyección de una película cinematográfica”.

El metraje se refiere a una medida tomada en metros como unidad de medida. En realidad existe un uso de mencionar las películas como “un corto metraje” o “un largo metraje”, sin utilizar la palabra película en ellas; ahora bien, una cosa es decirlo y otra muy diferente es escribirlo. Téngase presente además, que al añadirle “corto” o “largo” eso logra una mayor aproximación al objeto a que se alude. En lenguaje más preciso en el texto debió ser “película cinematográfica” o, simplemente “película”.

Para ponerle el punto final a la sección se debe cumplir con traer a esta el “metraje” dominicano. Este valor de metraje dominicano siempre se utiliza como medida, ya sea de longitud o de tiempo.

El caso en que se escucha con mayor frecuencia el metraje dominicano es en béisbol cuando como consecuencia de un batazo la pelota recorre una larga distancia. Se dice que es un batazo de “largo metraje”, que va lejos en el terreno de juego o fuera de este. Téngase en cuenta que en el béisbol dominicano las distancias se miden en pies.

Se emplea el “largo metraje” dominicano para duración cuando se desea destacar que algo que se hizo, se hace, se hará, o haría, toma largo tiempo. Sin tratar de producir rubor en los lectores este tipo de español dominicano pertenece al registro hablado y en la mayoría de los casos se reserva para poner el acento en la duración del coito, que para un cibaeño sería hacerlo “laigo”.

Vale decir que los dominicanos se han adelantado a la RAE al extender el campo de acción de la cinematografía al campo del béisbol, empleando el vocablo como sinónimo de medida. Más atrevido todavía: sirviéndose de la voz como medida de duración en el acto de hacer el amor.

 

BICICLETEAR

“M. W. BICICLETEA desde. . .hasta el mercado campesino de B. para comprar frutas y verduras frescas y sin pesticidas”.

Produce satisfacción encontrar en alguna oraciones que se emplean términos con los que uno se crió. En la época en que uno (yo) era joven ese verbo era de uso continuado entre personas de la misma edad. La comodidad era el motivo principal por el que se recurría a este verbo, era más sencillo que tener que emplear un verbo acompañado del sustantivo bicicleta.

En aquellos momentos este verbo se consideraba más que nada parte de la jerga de los jóvenes.

La realidad es que aún en los tiempos presentes el verbo en cuestión no ha logrado la notoriedad que acredite su entrada en los verbos del español estándar. Se recuerda con cariño que al medio de transporte de que se trata aquí se le llamaba con cariño la “bici”. Por suerte esta apócope ha recibido la bendición de los diccionaristas.

La acción de bicicletear es propia de la América Hispana. En once países hispanoamericanos, entre los que se encuentra la República Dominicana, se sirven del verbo para manifestar “montar alguien en bicicleta” o “trasladarse alguien en bicicleta”.

El Diccionario de americanismos, 2010,  de la ASALE le ha hecho un espacio al verbo del título. Lo que no satisface de la acepción es la redacción adoptada en ese diccionario para bicicletear: “Andar alguien en bicicleta”. Hay que dejar bien claro que la RAE usa el verbo “andar” en algunos de sus ejemplos con el valor que se critica aquí. Quienquiera que no esté de acuerdo con lo que se expone aquí puede verificar los dos verbos, montar y andar, y caerá en cuenta de la certeza de lo que se escribe aquí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tragos largos – arrogar (abrogar) – impedimenta (impedimento) – tumbao – proporciones bíblicas – protector (protectivo)

TRAGOS LARGOS

En la República Dominicana un trago es una copa de bebida alcohólica. Es también la bebida alcohólica en sí misma. Entre dominicanos “darse unos tragos” equivale a tomarse unas copas de bebidas alcohólicas.

Como en otros países de la América Hispana, en República Dominicana conocen del trago corto que es la bebida alcohólica que se sirve en vaso pequeño, eso que en la jerga de los bebedores también recibe el nombre de directo al hígado, el último hace falta que se documente.

No menos conocido es el “trago largo” que es la bebida alcohólica que se sirve en vaso alto, eso que los dominicanos llaman de “vaso grande”. Todos estos tragos están debidamente documentados en el Diccionario del español dominicano, 2013.

Existe una situación en la que los dominicanos emplean una expresión para referirse a la ingestión de grandes cantidades de bebidas alcohólicas: darse unos tragos largos.

Ha de resaltarse de inmediato que la expresión recién mencionada utiliza el adjetivo largo que es una medida principalmente de longitud, pero que también significa “en abundancia”. Hay que destacar además que en la expresión traída se recurre al verbo “dar” con la diferencia de que la acción practicada o ejecutada recae sobre el sujeto mismo de ella: darse.

Una característica más acerca de la expresión es que en ella no se utilizan los verbos corrientes para la acción de ingerir bebidas, como beber, tomar, sino en su lugar el verbo dar.

Cuando la acción de tomarse los tragos tiene larga duración los dominicanos dicen meterse en unos tragos largos. Este “meterse” debe tomarse en el sentido de “dedicarse a” o “emplear su tiempo en”.

Los dominicanos conocen el “trago del estribo”, así como el “trago de carretero”. El primero es el último trago que se toma antes de abandonar un lugar; y el segundo es uno de gran cantidad para que dure largo tiempo.

No sería motivo de extrañeza si después de leer esta sección las personas que esto hacen perciben un tufo a alcohol.

 

ARROGAR – ABROGAR

“Además, le ABROGA el derecho único a los palestinos de declarar la validez de las negociaciones. . .”

Todavía quien redacta estas notas acerca del idioma no ha logrado penetrar el secreto que hace que muchas personas hispanohablantes incurran en el error de confundir los dos verbos del título.

La única explicación que se presenta como valedera es que quienes tropiezan con el escollo lo hacen por ligereza o descuido. Por sus significados los verbos sometidos a estudio en esta sección se distancian mucho: el contenido semántico es muy disímil como se leerá más abajo.

Abrogar es invalidar una ley o disposición que estaba en vigor hasta ese momento, es abolir o dejar sin efecto esas medidas.

Arrogar es tomar, adoptar para sí una facultad o un derecho indebidamente, adjudicarse o apropiarse de modo indebido cosas inmateriales, derechos u honores. Escribe el DUE, es “atribuirse la cosa de que se trata sin más razón que la propia voluntad”.

Una vez examinados los dos significados queda por dilucidar si en la redacción del articulista cabe uno de estos dos verbos. El buen sentido de la lengua indica que la noción del verbo abrogar o del verbo arrogar excluye estos verbos de la frase.

En lugar de los dos verbos del título lo que encuentra lugar aquí es el verbo asistir, en el sentido en que lo entiende la RAE: “Dicho de la razón, del derecho, etc.: Estar de parte de alguien”.

Si para la primera confusión no había explicación posible, para la que se señaló al final, entre los verbos abrogar y asistir, hay menos explicación aún.

 

IMPEDIMENTA – IMPEDIMENTO

“Aparecen IMPEDIMENTAS inadvertidas, porque a los tiburones que controlan el pastel no les cuadran las cuentas”.

Impedimenta es una voz latina, es el sustantivo plural de impedimentum. Conforme con lo que asienta el Gran diccionario Larousse de la lengua española, impedimenta es la “carga o bagaje que dificulta los movimientos o la marcha de una persona o de un ejército”.

Si se toma al pié de la letra esto se aplica solo a movimientos o marchas de personas o ejércitos. Es una voz con sentido restringido, para personas o ejércitos, aunque podría aceptarse que se llevase a otras actividades. Esta “carga o bagaje” no es otra cosa que el “equipo” que lleva el ejército, o que acarrea la persona. Aplicado a una persona es literalmente: carga o bagaje.

Ahora bien, para qué echar mano de una voz latina cuando en español existen tantas palabras que son capaces de transmitir el mensaje de modo más cabal.

Lo que se estila es utilizar “impedimento” que es un obstáculo, embarazo o estorbo que impide o  dificulta la realización de una cosa. Se echa de ver que el impedimento es más general. No es “carga o bagaje” que dificulta “los movimientos o la marcha” de una persona o ejército.

Lo que ocurrió en este ejemplo es algo que acontece con frecuencia cuando se trata de refinar en demasía el lenguaje y se introducen voces ajenas a la lengua corriente. El apego a los vocablos bien conocidos y mejor escogidos lleva siempre el mensaje con claridad, exactitud.

 

TUMBAO

“Con sus diferentes grados de riqueza, notoriedad, seso y sexo, algunos intelectuales y artistas de ambas orillas se han montado un TUMBAO de la neutralidad. . .”

No hay que mostrar extrañeza si en algunos momentos del habla una persona cuela una voz que pertenece a su dialecto nacional. En menores ocasiones se da el caso en que llega hasta ese extremo un escritor que redacta.

En última instancia, en algunas oportunidades no hay palabra alguna que represente mejor un pensamiento que un vocablo que pertenece al habla coloquial. En otros momentos de la escritura, el escribiente prefiere omitir el verbo y utilizar una voz que identifique el hecho cabalmente.

Con apego a los usos establecidos, en el artículo del que se tomó esta cita la palabra tumbao aparecía escrita con relieve. Esa es la forma esperada en que debe escribirse una voz que pertenece al habla coloquial de un pueblo.

Tumbado (tumbao) es un modo de caminar. Este vocablo no soporta solo una acepción en el léxico cubano. Varias otras acepciones adornan este término: estado de ebriedad. Llegar a conocer bien una  persona, sobre todo sus inclinaciones y reacciones para evitarse problemas.  Adquirir el conocimiento o la habilidad para saber cómo funciona o se realiza un acto determinado. Todas las anteriores son significaciones del “tumbao” en el habla cubana.

Una de las últimas acepciones añadidas al tumbao es que se entiende por “engaño” o por “trabajo fácil”. Como sucede con frecuencia, existe un diminutivo añadido al término original: tumbaíto que equivale a familiarizarse con algo o alguien.

En Puerto Rico conocen un “tumbao plenero” que corresponde al movimiento ladeado que se hace al bailar la plena.

Llegado a este punto de la exposición acerca de este tema, puede mencionarse la canción que menciona el “tumbao” del  personaje de la navaja que se desplaza en medio de la selva de cemento.

A veces, las más celebradas, hay que congratularse de que algunos escribientes echen mano de voces de este tipo para mantenerlas en el vocabulario activo de los hispanohablantes de la América Hispana como corresponde.

 

PROPORCIONES BÍBLICAS      

“Se refiere generalmente al fin del mundo mediante una serie de catástrofes. Una catástrofe de PROPORCIONES BÍBLICAS es lo que se está fraguando en. . . ”

Aquí el asunto se reduce a valorar cuál es la proporción de lo “bíblico”. Es dilucidar si lo que es bíblico es de proporciones tremendas. No puede negarse que en ese libro, la Biblia, hay pasajes que son tremendistas, pero ello no significa que todo o la mayoría de lo que está en la Biblia, sea de proporciones apocalípticas. Se impone aquí que se vuelva al origen del asunto para despojar la calificación “proporciones bíblicas” de cualquier interpretación aviesa.

Tremendo es lo que causa miedo; es lo que tiene grandes proporciones o intensidad; es lo que dice o hace cosas raras o sorprendentes. Una catástrofe es un suceso trágico y desgraciado de grandes proporciones que altera el orden.

La proporción es el volumen o dimensión de una cosa; es la importancia o intensidad de esa cosa. En otros aspectos es la relación debida entre las partes de una cosa o con respecto a otra.

Lo que se considera bíblico es lo que tiene relación con la Biblia, lo que es propio de la Biblia, de la Biblia. En sentido general se considera como una biblia el libro o conjunto de ideas fundamentales para una persona o en una religión.

El uso ha introducido que algo es propio de la Biblia por su solemnidad o grandiosidad, así llegan a escribir que hay “magnitud bíblica”. Este uso se encuentra documentado en el Diccionario del español actual de Seco, Andrés y Ramos. Ningún otro diccionario recoge este uso o una significación parecida.

 

PROTECTOR – *PROTECTIVO

“Capaz de llevar el suficiente poder de fuego y aparatos PROTECTIVOS para algunos pequeños países del tercer mundo. . .”

Esta frase reproducida más arriba pertenece a una reseña acerca del despliegue de un camión blindado para responder a emergencias con resistencias de civiles armados con equipo de alto poder de fuego. El asunto como se deduce desde que se lee la palabra resaltada es examinar el empleo de “protectivo” en el seno del español.

Son muchos los adjetivos en español que han cedido a la presión de otras lenguas, especialmente del inglés y se han deslizado hasta traer uno espurio de competencia. Ha aparecido un adjetivo al lado del tradicional con una terminación -ivo, a.

En inglés existen unos adjetivos que terminan en –ive. Y estos son los que influyen en las “descomposiciones gramaticales” que algunos escribientes producen en español por contaminación con esa lengua extranjera.

Casi siempre estos adjetivos antes mencionados derivan de verbos que indican que algo o alguien se comportan de modo relacionado con la base, es decir, con el verbo.

Parte de lo que lo que se ha escrito más arriba no quiere decir que no existen adjetivos legítimos de solera española que terminan en -ivo, a, tales como: ilustrativo, imperativo, indicativo, digestivo, exclusivo, ofensivo, gubernativo, exclamativo, nutritivo y un largo etcétera.

Cuando se trata de aparatos o máquinas, así como de instrumentos o aditamentos que terminan en -or, a se usan casi siempre para nombres de cosas. Estos vocablos derivan de verbos como se mencionó antes para los ya tratados.

Aquí el asunto se reduce a tener presente que son aparatos los citados en la reseña y que estos en el español corriente se llaman de protectores y no lo que el periodista insertó. Protector significa “que protege”.

No ha de olvidarse que la lengua española tiene sus fundamentos y trayectoria. Hay que obedecer al genio de la lengua que se encuentra presente en las manifestaciones cotidianas de esta.

Escribe Roberto E. Guzmán

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Barón – franquicia – monetización – exhorto

BARÓN

“Además, la muy publicitada captura del narco más rico del mundo ayudará a combatir la percepción de que BARONES de la droga gozan de impunidad en este país, afirman”.

Barón es un título de nobleza. Venía inmediatamente debajo del vizconde en el orden jerárquico. El origen de la palabra es, según algunos tratadistas del fráncico y, según otros del germánico, pero en los dos casos en esas lenguas el significado era “hombre libre, guerrero”. El femenino de barón es baronesa. Algunas personas de sexo masculino eran bautizadas con el nombre de Barón.

El título podía provenir del hecho de ser el así llamado el marido de una baronesa. En la historia se utilizó el nombre para designar a un “gran señor”, especialmente el que poseía un castillo. Este vocablo extendió su campo semántico cuando en el ámbito de la política se denominó con ese nombre, barón, a la persona importante y poderosa de un partido político o de otra organización.

Desde hace relativamente corto tiempo se ha notado una tendencia a aplicar el nombre “barón” a personas poderosas en el ramo de las drogas ilícitas. Esta tendencia que se detecta en los periódicos todavía no ha logrado reconocimiento ni siquiera en los diccionarios de uso del español.

La tendencia que se señala en el párrafo que precede inmediatamente a este proviene de la lengua inglesa, lengua en la que se llama baron a una persona que posee gran poder o influencia en cualquier campo de actividad.

En portugués brasileño la voz barão sigifica lo mismo que en español, pero tiene un valor que no se conoce en el español general. Es una “persona poderosa y conocida por el valor, por la posición o por la riqueza”. Solo se retiene esta acepción y se dejan otras que existen en portugués brasileño porque las demás que son diferentes no vienen al caso.

En francés desde el año 1901 entró en el argot y luego pasó al lenguaje familiar que baron era “protector, cómplice”. Más tarde tomó el cariz de “personaje importante” en una actividad.

Al final del examen puede verse que de modo internacional existe una tendencia a expandir el alcance del vocablo barón e incorporarle nuevas acepciones.

La suerte de los analistas, comentaristas y otros que emplean el término expandiendo su alcance es que la nobleza está en decadencia y no se ha quejado del uso abusivo y degradante del título nobiliario.

Una vez más, algunos escribientes se dejan llevar por el narigón inglés, es decir, imitan las voces de lengua inglesa llevándolas al español con el contenido que estas poseen en inglés. Este comportamiento los hace “siervos” del inglés.

 

FRANQUICIA

“. . .mostró preocupación ante la posibilidad de que el drama de su país termine convirtiéndose en una FRANQUICIA para traficar con el dolor de un pueblo”.

En las lenguas existe un movimiento natural a ensanchar el terreno que cubre un vocablo. En la mayoría de las ocasiones este fenómeno se produce hacia áreas relacionadas con el sentido o los sentidos propios de la palabra.

Como se ha estudiado antes por medio de estas reflexiones acerca de la lengua, el fenómeno se produce también por imitación de lo que acontece en lenguas extranjeras que así ejercen su influencia unas sobre otras.

Lo extraño en el caso del término examinado en esta sección es que el uso que hace el redactor de la frase transcrita no obedece a ninguna de las tendencias que se señalaron con anterioridad.

Más abajo se estudiará el significado primero de la palabra franquicia, así como las acepciones que se han incorporado como resultado del desarrollo de la economía moderna.

La primera franquicia era la exención que se concedía a alguna persona para no pagar derechos por las mercaderías que introducía o extraía.

La franquicia moderna, que reconoce el derecho del empresario, es la que se desprende del contrato mediante el cual una empresa concede a otra el derecho de explotación de un determinado negocio con el mismo nombre comercial. Naturalmente esta negociación conlleva el pago de una cantidad de dinero.

Con el nombre de franquicia se conoce también el establecimiento que se encuentra bajo las condiciones del contrato de franquicia.

Este término ha generado otros derivados de su sentido primero. Existe el vocablo “franquiciado, da” que funciona como adjetivo y sustantivo para designar a la persona o empresa que tiene una franquicia o ha firmado un contrato de uso de marca y venta de productos. También hay un “franquiciador” que es el que concede sus derechos de uso de marca y de venta de sus productos. No podía faltar el verbo “franquiciar” que relacionado con un negocio es ponerlo a disposición de alguien por medio de un contrato de franquicia. Esta acepciones se extraen del Diccionario Clave del español actual, 2009 [2012].

Una vez llegado a este punto hay que detenerse para tratar de encontrar el punto de coincidencia entre las definiciones anteriores y el sentido que le imprime el articulista a la palabra franquicia en la cita.

Como no hay una acepción propia que confiera derecho a una utilización del tipo que se hace en el pasaje, hay que concluir que se trata de una dilatación desmesurada de una de las acepciones reconocidas.

Se presume que el articulista toma el término franquicia con el sentido lato de licencia que en sí misma es un permiso o autorización o bien, una excesiva libertad para hacer o decir. En el caso del texto copiado, una “licencia para traficar con el dolor de un pueblo”.

El analista de acontecimientos internacionales no reparó en que estaba igualando las palabras contrato y licencia por medio del contrato de franquicia.

Como una curiosidad para los “hispanounidenses”, franquicia es lo que en los Estados Unidos de América del Norte se conoce como “deducible”. Es la cuantía mínima del daño a partir de la cual surge la obligación del asegurador en el contrato de seguro. Es en otras palabras, la parte de las pérdidas que recae inicialmente sobre el asegurado.

Como sucede muchas veces en las lenguas modernas, hay palabras que se asemejan  por su significado sin que ello entrañe que son sinónimas en todas las situaciones en que pueden presentarse. Saber elegir entre una u otra de estas palabras en cada circunstancia es el producto de una selección cuidadosa que obedece al buen criterio del hablante o escribiente.

 

MONETIZACIÓN

“Las arcas de los comités políticos de decenas de legisladores han recibido cientos de miles de dólares de las empresas e industrias privadas. . . En este clima de MONETIZACIÓN es justo y necesario reconocer que. . .”

No se ha de invertir mucho tiempo en demostrar lo aventurado que es el uso de la palabra destacada en el texto copiado. No hay asidero posible que ampare a la columnista.

Monetizar, que se encuentra en el origen de monetización, es no más que “dar curso como moneda legal a billetes de banco u otros signos pecuniarios”. No es otra cosa más que “hacer moneda”, es transformar en moneda.

De lo anterior se deduce que la monetización es la acción de monetizar. No hay secreto en esto. En economía existe una teoría del monetarismo. Mas esa teoría lo que hace es que otorga un papel preponderante al dinero en las fluctuaciones económicas y entiende que reduciendo la masa monetaria se combate la inflación.

Llegar de donde se situó la columnista a lo que se ha expuesto aquí hay un abismo. No hay por dónde colar algo que establezca una relación entre el empleo que ella hace de la monetización y lo que se considera aceptado en el idioma.

No es un clima de monetización. Es una política de dádivas, apoyos financieros y otros mecanismos legales que permiten influir sobre el ánimo de los legisladores.

 

EXHORTO

“. . .cuyos EXHORTOS por la paz y la concordia y ofrecimientos para mediar en la crisis fueron groseramente rechazados por. . .”

A veces por ligereza o por una tendencia a aplicar recursos de la lengua a casos que les parecen semejantes, los escritores llegan a caer en errores. Aquí, mediante la lectura de esta frase, puede detectarse un caso de los señalados en la oración inmediatamente anterior a esta.

El verbo exhortar transmite el mensaje de “incitar a alguien mediante palabras, razones y ruegos a que haga o deje de hacer algo”. Así lo redacta el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia Española.

Exhorto es en la terminología jurídica un oficio de un juez o de un tribunal que se dirige a otro -generalmente de su misma categoría- recabando  auxilio para realizar una diligencia procesal fuera del ámbito de su jurisdicción. En el lenguaje común este es el único exhorto aceptado por todos.

Recibe el nombre “exhorto” ese oficio porque el juez o tribunal utiliza esa fórmula en su despacho, con el verbo exhortar empleado en la primera persona del singular del presente del indicativo. Los dominicanos entienden muy bien el término “oficio”, que en la jerga administrativa de las “oficinas públicas” corresponde a una comunicación escrita.

El vocablo que se usa para la acción o el resultado de animar a una persona para que haga algo se llama exhortación. Así se llama además a la advertencia o aviso con que se intenta persuadir a una persona de una cosa.

Este tipo de formación de sustantivos, como el que se observa en la cita, lo que tiende es a fomentar una mala costumbre entre los hablantes de español de Hispanoamérica. Debe evitarse esta utilización porque no es recomendable ya que reemplaza al sustantivo de la lengua que desempeña las funciones desde hace largo tiempo.

Escribe Roberto E. Guzmán.