5 poetas reconocidos con el Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo

 Por Fausto Leonardo Henríquez

Introducción

La poesía mística canta la belleza del mundo, el temblor silente de las cosas y de las criaturas. Podríamos abundar en la poesía la mística taoísta, sufista, budista, judía, islámica o de inspiración cristiana. Podríamos, incluso, abordar la mística por continentes, por regiones o por países. Pero todos esos campos se escapan de nuestra intención. Esto nos alerta de cuán vasta es la temática que ahora nos ocupa. Si alguien está interesado por la mística puede recurrir a El fenómeno místico de Juan Martín Velasco[1] o a La mística en América de Bruno Rosario Candelier.[2]

He escogido cinco poetas, podían haber sido más, reconocidos por la Fundación Fernando Rielo que es, probablemente, la más prestigiosa institución que premia cada año una obra de poesía mística, no importa de qué inspiración religiosa provenga. Los poetas místicos nos dan a beber la sustancia divina, pues son portavoces de lo sublime y sagrado. En este tenor dice Friedrich Hörderlin: «Pero a nosotros poetas nos corresponde / permanecer descubiertos bajo la tormenta divina, / y tomar con las propias manos / el rayo del padre y entregar al pueblo, / velado en canto, el divino don».[3]

Es oportuno mencionar que en España Ernestina de Champourcin (1905-1999), destacada poeta de la Generación del 27, publicó en 1970 la antología Dios en la poesía actual.[4] En esa misma línea, José Julio Cabanillas y Carmelo Guillén Acosta, toman la antorcha de la célebre poeta y publican una nueva antología con idéntico título Dios en la poesía actual, aunque con ciertos matices de selección, editada por Adonáis.[5]Estas dos antologías dan cuenta de que, en todas las épocas, aún en las más áridas como puede ser la nuestra, aparecen voces poéticas que leen la huella secreta de Dios en el mundo y en la vida, en los acontecimientos y las criaturas, en lo cotidiano y en la interioridad sedienta de trascendencia.

Fernando Rielo en el prólogo a Matevski escribe: «La poesía mística no es voz de flauta y Víctor, no un Cristo entre cantares en un mundo de duelo: sí la lírica voz de vívida tragedia por el amor signada». El hispanista y fundador del Movimiento Interiorista de Literatura, nacido en la República Dominicana, Bruno Rosario Candelier, apunta: «La del místico es una belleza que trasciende la mera sensorialidad. La belleza mística se esconde en lo profundo de las cosas, puesto que las apariencias ocultan su encanto y sólo la elevación espiritual atrapa esos fluidos entrañables, manantial de la Belleza Suprema»[6].

 

1 . Takis Varvitsiotis

Takis Varvitsiotis.[7] Nació en Grecia, 1916-2011. Recibió el VIII Premio Mundial en 1988 con su obra La pesca milagrosa. Abogado de profesión, es autor de veintidós libros de poesía. En el contexto de la Primera Generación de Postguerra, a la que pertenece, se mantuvo fiel al surrealismo, con especial influencia de Éluard, Reverdy y Odsseas Elytis. Ha sido traducido al inglés, francés, alemán, italiano, rumano, polaco y búlgaro, entre otras lenguas y, a su vez, ha traducido a Baudelaire, Mallarmé, Eluard, Saint-Jhon, Lorca, Neruda, Alberti y Huidobro. Impartió conferencias en Harvard, Princeton, Yale y Buffalo. Obra poética: El epitafio (1951); Sol de invierno, El caballo de madera, Abecedario, Nacimiento de otoño y otros poemas, Humilde loa a la Virgen María, Sinopsis 1 y 2 (Poesía junta de 1941-1972), Ana de la ausencia, Calidoscopio, (1971) Fragmenta o la germinación de los minerales, La pesca Milagrosa (1990).

Una de las características de Varvitsiotis, sostiene el Premio Nobel de Literatura, Odysseus Elytis, es que «ha conseguido crear un mundo exclusivamente personal, onírico y transcendente». La pesca milagrosa no es, como dice en el prólogo Fernando Rielo, un libro de poesía mística. Lo es en tanto que «contiene la lejana paradoja de un paraíso terrenal perdido». La poesía de Varvitsiotis contiene la sublimidad de los grandes maestros de la lírica universal: «Primero tienes que escuchar / el gran silencio… Para que los llanos se inunden / de agua virgen» (p. 43). El lector atento podrá descubrir algo diferente, una estética con tonalidades mediterráneas infrecuente, al menos en la forma. Lo vamos a ver con ejemplos concretos.

TE ESPERO

Te espero

Ven de prisa

que te estoy esperando

Cada palabra que te escribo

me cuesta un poco de mi sangre

Mientras mis ojos

permanecen abiertos

sin párpados

Quizá sea aún temprano

allí donde estás tú

Pero aquí

la noche llega

muy pronto

con su gran silencio

y con su collar

de terribles sueños

Si vienes

este año

no nevará

con violetas negras (p. 28)

 

II

SOSEGADO NAVÍO PEQUEÑO

Sosegado navío pequeño

con su chimenea como un búcaro de humo

A veces me pregunto si no eres acaso

una nereida en duelo

Y deseo atraerte junto a mí

Tú precursor de un alba misteriosa

presencia incomparable

que en mí revive

la llama de otro mundo

y que pronto a lo lejos desaparece

en el cielo atormentado

soplando con arrogancia

una cosa negra (p. 39)

 

AGUA VIRGEN

Para mejor convertir

el limo en alabastro

la piedra en golondrina

las crines en música

la sombra en terciopelo

la nave en cometa

primero tienes que escuchar

el gran silencio

y luego abrir los grifos

para que los llanos se inunden

de agua virgen (p. 43)

 

IV INCORRUPTIBLE INCENDIO

Incorruptible incendio

que nos traes el divino saber

y ofreces generoso tus espléndidas flores

igual que un rosal

cargado de destellos

y elevas hasta el cielo

loores sin palabras.

La inmortal doctrina

de lumbre tú me enseñas

pero también verdades de ceniza

en el implacable fracaso (p. 58)

HILOS DE LA VIRGEN (XIV)

En la marea de la historia

eternamente ilumina

la sangre de Cristo (p. 77)

 

2 . Mateja Matevski

Mateja Matevski.[8] Nació en Estambul en 1939. Recibió el X Premio Mundial con su obra Torre Negra (1990). Ensayista, crítico literario. Ha publicado Lluvia (1956); Equinoccio (1963), Romance de fiesta (1967); Crepúsculo (1969); Perúnica (1976); Círculo (1977); Tilo (1981; Voz (1984); Nacimiento de la Tragedia (1985). De la tradición al futuro (crítica y ensayos, 1987); Drama y Teatro (crítica y ensayos, 1987); Hacia afuera (poesía 1990); La torre negra (poesía, 1992); Sacando afuera (poesía, 1996); La luz de la palabra (crítica y ensayos; El muerto (poesía, 1999); Área interna (poesía 2000).

La obra de Matevsqui bordea la mística desde el dolor. Aspira a la trascendencia y, sin negar los estímulos sensoriales, halla el equilibrio interior en los elementos de la naturaleza: los astros, la tierra, el cielo, la hierba, el viento, el océano. El poeta elabora símbolos que le distancian de la percepción de los sentidos para adentrarse en un mundo inmaterial, puro, trascendente. Lo hace, no para huir del mundo, sino para aliviar las luchas de la existencia, afrontar la muerte y el dolor humano. La lírica de Matevsqui es, como la de César Vallejo, desgarrada, elegíaca, recia. Abriga, finalmente, la poesía de este bardo turco un acentuado influjo de lo telúrico y mítico del cosmos.

 

INVOCACIÓN

Aún no había despertado cuando algo me dijo

¡levántate y ponte en marcha!

algo que ya ha desparecido

acaso en la oscuridad, en la mente o en el temblor enigmático

de una luz hasta entonces desconocida

Y ahora no sé

qué era ni de quién

Aquella voz ese ruido ese tremor repentino

y a dónde habré de dirigirme despierto

si ni siquiera en el sueño conocía el camino ni el fin

Marcho ahora con los ojos cerrados por la luz

que con su brillo me esconde los senderos

y aleja los confines desconocidos

cegando los pensamientos entre el sueño y el mundo

Y hela aquí que no me deja adivinar

aquello que piensa en mí encontrarlo

y aquél que desde hace tiempo me conduce

y aquello por lugares conocidos y desconocidos

a través de los ojales del tiempo

más allá de él

más allá de mí

más allá de todo (p. 21)

VOCES

Voces desde las profundidades

Oscuras voces nocturnas

de abismos grutas de fluviales peñascos

Voces que llevan rocas

arrancan bosques

derriban diques

Voces de la prehistoria

de desiertos / de selvas

Silencio del planeta

mudez del mundo

creada por voces

a través de sueños / y venas

a través de sombrías pesadillas

Voces secretas voces conocidas y desconocidas

que se arrastran por la tierra

por el pensamiento arrastrándose

que pisaron la hierba

y en la mente trepan

hasta la articulación ruidosa de la luz primordial

de lo oído

hasta el color claro de la garganta

de las liberadas voces

Hojas que tiemblan

fuentes que murmullan

celestes pájaros

que al hombre se dirigen

con el eco de su propia garganta

Voces (p. 44)

 

MUDEZ

Busco el lenguaje bajo la lengua

por el silencio tragado

En todas partes sólo

miradas frías

de cosas inexistentes

que el corazón conoce

acechando el río

bajo la luna sonríe

Ni siquiera las raíces hablan

más profundamente que la tierra misma

¿cómo adivinar las historias

llevadas por el viento

hacia la primavera

silencio que ata cuando

solamente la tierra habla

a través de mi boca? (p. 30)

 

3 . Maria Assumpta Schenkl

Maria Assumpta Schenkl.[9]Nació en Alemania en 1924. Monja del Císter. Recibió el XXVI Premio Mundial en 1996 con su obra Me acerqué al cordero. Ha publicado Oh tú, mi dorado Dios (1986), Yo amo el Amor (1990); Levántate, amiga mía, y ven (1994), Textos espirituales del diálogo de amor entre Dios y el alma (1994). La religiosa contempla el misterio de la redención desde las coordenadas que presenta el tiempo fuerte litúrgico de la Cuaresma, Pascua y Pentecostés. A veces –tal vez será por la traducción, es difícil saberlo– entra tan adentro de lo sagrado de Dios, la Trinidad, por ejemplo, que da la impresión de que su lenguaje es insuficiente para decir todo lo que su alma percibe, goza y contempla. No es fácil, ciertamente, comunicar por cualquier medio lo que podríamos calificar instancias divinas.

 

I

Amado Señor.

Siempre resuena en mi corazón

tu Palabra:

“Permanece en mi amor”.

Ella palpita en mi ser,

irradia mi espíritu

y en mi sangre canta.

Olas de alegría me inundan,

gozoso y amoroso fuego,

tu Palabra me inflama:

“Permanece en mi amor”.

Oh misión, luz y camino,

consejo y súplica a la vez.

Ardiente deseo de Dios y

entrega de sí mismo.

¡Cómo podré yo concebirte de una vez!

Felicidad sin medida.

En acción de gracias

se derrite mi alma.

Señor, Dios mío,

guárdame en tu amor (p. 40)

 

II

Amado,

¿cuándo es el tiempo del amor?

Nunca y siempre ahora,

pues el amor no tiene tiempo,

el amor es eternidad.

Y tú y yo descansamos

en el eterno ahora

del amor,

ebrios de luz.

Sí, ebria estoy

de tu amor, Amado.

Ebria y en ardiente deseo

por ti, a la vez.

 

Que al fin, este trozo

de corazón mío, sangrante,

en ti encuentre lo perdido,

que permanezca intacto y a salvo

en tu corazón,

y así,

unido quede al tuyo (p. 76).

 

III

Yo misma soy ahora

Cordero

y unida estoy

al manso Cordero que triunfó.

Y todo lo que le pertenece

es mío también:

heridas y dolor,

luz, vida y amor.

 

Y el Cordero tanto me ama

que sus dones

están en sus manos

como fuego que quema.

Y tan grande es su anhelo

por regalarlos a muchos

y en abundancia

a mí entregarlos…

que no quiere para sí

nada conservar.

Sí… todo me lo regala.

Se regala a sí mismo por amor.

 

IV

Mi Señor amado,

a la fuerza me has arrastrado

al Cuerpo Místico,

a ese Cuerpo que lo encierra todo.

Palpitante en su corazón vivo

y anegada fluyo

en la roja sangre de sus venas.

Y así todo soy en el todo.

Cuando en el cielo frío y mañanero

lentamente palidece

la matutina estrella,

despierto yo llena de júbilo,

al canto de la alondra,

aspirando por un corazón paterno.

Murmuro susurrando suavemente,

mecida por la brisa marina,

con las argénteas hojas del olivo,

alimentada por la tierra

profética de Delfos.

Grano de arena que suave se desliza

soy yo, en continuo fluir

de incandescente desierto,

bajo la pisada del caminante.

Yo vivo inmersa

en la suave fragancia de la rosa

y del manzano,

y cantando voy

por un antiquísimo sendero,

al vislumbrante resplandor

de los planetas

y vivo así contigo

en todo corazón humano (p. 116)

 

4 . Teodoro Rubio

Teodoro Rubio.[10] Nació en Burgos, España, 1958. Recibió el XXV Premio Mundial con su obra Tu mano todo el día (2005) Sacerdote. Se doctoró en Filología Hispánica al estudiar a Gerardo Diego. Ha publicado los poemarios: Araña en tu silencio (1989); Herida la palabra (1991); Murmullos de brisa-mar (1992); Arañando tu niebla (1996); Luminosa andadura (1999); La oquedad de tu distancia (2001); Fría desnudez del calendario (2001); Tu mano todo el día (2005); La memoria se cuelga en los balcones (2013).

La naturalidad con la que Teo Rubio hila sus versos en Tu mano todo el día es asombrosa. El lenguaje es fluido y sugerente. El poeta habla de sus vivencias, de todo lo que sucede en su corazón y de todo lo que le afecta desde fuera. La poesía de Teo Rubio, para mí, es una poesía de confluencias, pues a ella vienen a parar lo cotidiano, lo espiritual, los acontecimientos, las propias vivencias, los estímulos, el dolor, las tristezas, en pocas palabras: la vida misma. Eso quiere decir, que no hay hermetismo ni poses, que lo que hallamos en la obra de Teo no es sino lo que todos sentimos, pero que no todos expresamos. El lirismo de Teo Rubio, heredero de la mejor tradición de la poesía española, tiene, según percibo, resonancias de José Luis Tejada y de Gerardo Diego. Eso se evidencia en la transparencia de la palabra y en la creación de pequeños mundos –los poemas– en los que todos cabemos, porque canta sentimientos humanos universales.

 

I

En esta soledad de andamio antiguo

que le crujen los huesos todo el día,

oigo a veces tu voz precipitarse

igual que aquel suicida del ático de enfrente.

las ráfagas de niebla difuminan

mi nombre, mi memoria,

y me envuelve tu voz con sus temblores

de luz casi continuos.

Balanceo de sílabas, de música,

y el verso es un peón en el tablero

de ajedrez que improviso, a cada instante,

en este espacio denso, con mi sombra.

Así es la vida, un juego solitario,

un apostar en contra de uno mismo

y ganar la partida.

Así es la vida, un libro de hojas blancas.

En él la soledad esconde versos

y tú, mi voz anónima y amiga,

me dictas los poemas (p. 41)

 

II

Esta tarde de púrpura y silencio,

partido en dos mitades como el día,

escribo: soy feliz, aunque me duela

tener el corazón como la escarcha,

sin altura ni peso.

Escribo: soy feliz, aunque no tenga

la inmensidad del mar para abrazarte (p. 63)

 

III

En este milenario roble

guardando el equilibrio nos mantienes

dios acróbata.

Nos lanzas al trapecio de la historia

igual que pájaros sin alas.

Pendulas con tus manos nuestras vidas

y cuando nos golpean los insomnios

tú te ríes de vernos temblar como hojas

y a menudo caernos de tu rama (p. 84)

 

IV

Porque esta enfermedad corre sin pausa

al ritmo acelerado de las olas

del mar. Y con su estruendo

va inundando mi playa de tristeza.

Acudo a ti, Señor, tan desvalido,

con sed de ti, desierto y sin oasis.

Yo te llamo, Señor, y me respondes

con rotundo silencio, y hasta a veces

el silencio es callado y se desgarra

la ilusión de sanarme. ¡Y tanta lucha!

Escucho una campana que a lo lejos

ensombrece esta noche, y como estrellas

titilan en mis pulsos los perfiles

del júbilo, poblando con sus luces

mi destierro de fiebre. La campana

suena con un dolor tan insistente

que me olvido de mí, por un instante.

Y pienso que tu voz es la que suena

en este corazón desalentado.

que esta brisa que azota mi crepúsculo

sea tu aliento, Dios. Que tengo frío;

frío, como esos pájaros que vuelan

en bandadas, reptando el firmamento,

sin dejar huella, diminutos: manchas

grises en la amplitud de tu horizonte.

Que la brisa y el bronce que requiebra

este sosiego sea suave bálsamo

en las fatigas últimas que vienen

como náufragos, Dios, a la deriva.

Sí, suena la campana nuevamente

y oigo que tu voz me está llamando

por mi nombre: “¡Hijo, es hora de abrazarte!” (p. 97)

 

5 . Bettsy Yhamile Narváez Cárdenas

Bettsy Yhamile Narváez Cárdenas.[11] Nació en Ecuador en 1972. Recibió el XXXII Premio Mundial con su obra Entre los pucheros (2012). La mística de Narváez es experiencial. Es decir, vive su unión con Dios en y desde lo cotidiano. Su monasterio es el hogar, su lugar de trabajo. El transcurrir mismo de una jornada ajetreante, desde que amanece hasta que cae la tarde, es su taller de oración y fe. Dios está en todo lo que hace y todo lo hace desde Dios. Y ésa es la gracia mística de esta poeta. Con razón Santa Teresa de Jesús acuñó la célebre frase que Dios también estaba entre los pucheros, es decir, en lo más ordinario de la vida. Dios también es un Dios presente en lo que hacemos, por rutinario y baladí que parezca. Es cuestión de actitud. Un instrumento musical suena donde quiera que se le toque y no solo en una sala de conciertos.

 

I

La noche no termina de bostezar

con su largo, larguísimo cansancio apretujado.

Arriba, sobre la luz parásita de la ciudad,

brillan las constelaciones

como un libro de cuentos

que no cierras nunca.

Pero yo tengo que levantarme.

Los primeros gorriones te agradecen

que los preservaras de la helada,

y los mirlos se saludan con chillidos.

Tengo que levantarme.

La madrugada es un animal abrupto

con puntas finísimas de frío

y se estira junto a estos cristales

sin ganas de irse.

Tengo que levantarme

Tú me esperas.

Los colibríes tosen y empiezan su trabajo,

el ruido de las máquinas los ahoga.

Entre el vapor del agua que empieza a hervir

y los panes del desayuno, pienso,

no ha crecido el día lo suficiente

y Tú ya lo tienes todo listo:

el sol que ha de calentarnos,

la sonrisa que nos dará razones de seguir,

la lluvia con su danza de miles de ajorcas de cristal,

el amor nos dará razones de amar,

la aventura de vivir en tu Presencia.

Por eso vengo todavía sin calzarme,

antes de los ruidos del día

para decirte:

Aquí me tienes (p. 18).

II

Prisa.

Inútil prisa.

Nada debería turbar este minuto

pero la vida sigue

y tenemos que ir todos a partes diferentes.

Aquí uno calcetines de talón por delante

Allá unos cordones sin atar

y un pijama calentito

que no quiere ceder su puesto al uniforme.

–El ángel del Señor anunció a María…

(Responden dos voces con sueño

y una lengua de trapo)

–He aquí la esclava del Señor…

(Responde una voz clara, otra somnolienta

y una lengua de trapo)

–Y la Palabra se hizo carne…

(Responden tres voces de niños

y desde otra habitación, una más recia)

Ruega por nosotros

Santa Madre de Dios

para que amándonos

en este hogar nuestro

tan común como cualquiera

el amor nos haga dignos

de alcanzar las promesas

las gracias

la unidad

la paz

que promete tu Hijo

Amén (p. 23)

III

Ahora

vine a saludarte un ratito

Pero debo irme, Señor

me pasaría la vida aquí

queriéndote

pero el amor excede las palabras.

Y también me esperas en la clase

voy a buscarte en ellas

en las niñas que me esperan

Te amo siempre

déjame amarte en ellas

como tú quieres

como tú quieras

Un beso (p. 35)

IV

Un cerro de roma me saluda en el horizonte

Es muchísimo –una semana, tal vez–

Yo quisiera, no sé

una siesta

recordar el color de los árboles

entontecer frente a la tele.

Primero, las piezas pequeñas

(los que deben poco, aman poco)

Luego las delicadas

(los que son amados

se purifican en el fuego)

Luego las camisas

con trabajo y paciencia

y zurcido y doblado

(seguirte consiste también

en recorrer todo el camino

sin detenerse)

Y luego

y luego

Cuando me permites volver a ti

buscas todos mis rotos

Parchas, abotonas, desarrugas

con tu mano, fuego y ternura

me devuelves la llaneza del amor

me corriges y me doblas

me mandas servir con traje nuevo

(última sábana)

Desconecto la plancha.

Tú me desarrugas

me zurces

me abotonas

me amas (p. 49)

Finalmente, los cinco poetas que hemos presentado, para decirlo con Hördelin, «habitan poéticamente el mundo», porque ellos transmiten con la palabra los secretos arcanos y están al servicio de los aleteos celestiales. Son los místicos, como Matos Paoli en Criatura del rocío,[12] quienes izan la voz en el diamante, quienes en su boca llevan el resplandor del viento. Martín Heidegger en su ensayo sobre Hörderlin y la esencia de la poesía[13] subraya la importancia del habla y del diálogo. Acorde con eso, los poetas encauzan, con la palabra, el diálogo con la divinidad y la humanidad, por ellos nos viene la esencia de la poesía. Los poetas, y especialmente, los poetas místicos, brotan como esporas en todas las épocas. Ellos viven en la tierra en —como Fausto de Goethe, a la espera de pasar un día del «estado pupal»[14] al otro lado donde la luz es Luz de Luz, o como Dante que alcanza la luz prístina del Paraíso, «la alta luz que es cierta por sí misma […] ¡Oh luz eterna que sola en ti existes, sola te entiendes, y por ti entendida y entendiente, te amas y recreas!».[15]

 

Fausto A. Leonardo Henríquez,

Miembro Correspondiente

de la Academia Dominicana de la Lengua

Ponencia pronunciada en la 78ª Feria del Libro de Madrid el 12 de junio de 2019.

REFERENCIAS

Alighieri, Dante, Divina Comedia, Par. XXXIII. Posición en Kindle 12240. Edición de Kindle.

Cabanillas, José Julio y Guillén Acosta, Carmelo, eds., Dios en la poesía actual, (Adonáis 661–662), Madrid: Rialp, 2018, 236 pp.

Champourcin, Enestina, Dios en la poesía actual, Biblioteca de Autores Cristianos (B.A.C.): Madrid 2 1972, 219 pp.

Heidegger, Martin, Hörderlin y la esencia de la poesía, trad. Manuel Ramos, (Poesía y Arte), Buenos Aires, Argentina: Arte y Poesía, 1992.

Hölderlin, Friedrich, Poemas(= Gedichte), trad. Eduardo Gil Bera (Lumen – Random House Mandadori. Versión para Kindle, 2012).

Goethe, Johann Wolfgang, Fausto, ed. Albrecht Schöne, trad. Pedro Gálvez, Bilingüe: Trad. del alemán: Faust. Eine Tragödie, vol. 1-2 (Barcelona: Random House Mandadori, 2013).

Matevski,  Mateja. Torre negra. (Poesía 10), Madrid: Fundación Fernando Rielo 1992.

Narváez Cárdenas, Bettsy Yhamile. Entre los pucheros. (Poesía 42), Madrid: Fundación Fernando Rielo 2012.

Rosario Candelier, Bruno. La mística en América. Contemplación, Poesía y Espiritualidad (Por las «amenas liras» 7), Santo Domingo. República Dominicana: Ateneo Insular 2010.

Rubio, Teodoro. Tu mano todo el día. (Poesía 33). Madrid: Fundación Fernando Rielo 2006.

Schenkl, Maria Assumta. Me acerqué al Cordero. (Poesía 23), Madrid: Fundación Fernando Rielo 1997.

Varvitsiotis, Takis. La pesca milagrosa. (Poesía 6), Madrid: Fundación Fernando Rielo 1990.

Velasco, Juan M., El fenómeno místico. Estructuras y procesos (Madrid: Trotta, 2003), 254 pp.

 

[1] Cf. Juan Martín Velasco, El fenómeno místico, Estructuras y procesos (Madrid: Trotta, 2 2003).

[2] Cf. Bruno RosarioCandelier, La mística en América. Contemplación, Poesía y Espiritualidad (Por las «amenas liras» 7). Santo Domingo. República Dominicana: Ateneo Insular, 2010.

[3] Cf. Friedrich Hölderlin, Poemas (= Gedichte), trad. Eduardo Gil Bera (Lumen. Versión para Kindle, 2012). Véase poema “Como cuando un día de fiesta”. Posición 7647-9528.

[4] Cf. EnestinaChampourcin, Dios en la poesía actual, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC.): Madrid 2 1972.

[5]Cf. José Julio Cabanillas y Carmelo GuillénAcosta, eds., Dios en la poesía actual, (Adonáis 661–662), Madrid: Rialp, 2018.

[6] Cf. Rosario  Candelier, La mística en América. p. 17.

[7] Cf. Takis Varvitsiotis, La pesca milagrosa, (Poesía 6), Madrid: Fundación Fernando Rielo 1990.

[8] Cf. Mateja Matevski, Torre negra, (Poesía 10), Madrid: Fundación Fernando Rielo 1992.

[9] Cf. MariaAssumtaSchenkl, Me acerqué al Cordero, (Poesía 23) Madrid: Fundación Fernando Rielo 1997.

[10] Cf. Teodoro Rubio, Tu mano todo el día, (Poesía 33), Madrid: Fundación Fernando Rielo 2006.

[11] Cf. BettsyYhamileNarváez Cárdenas, Entre los pucheros, (Poesía 42), Madrid: Fundación Fernando Rielo 2012.

[12] Cf. Francisco Matos Paoli, Criatura del rocío (Cuadernos de poesía 6), San Juan de Puerto Rico: Ateneo Puertorriqueño 1958.

[13] Cf. Martin Heidegger, Hörderlin y la esencia de la poesía, trad. Manuel Ramos, Buenos Aires, Argentina: Arte y Poesía 1992.

[14] Cf. Johann Wolfgang Goethe, Fausto, ed. Albrecht Schöne, trad. Pedro Gálvez, Bilingüe: Trad. del alemán: Faust. Eine Tragödie, vol. 1-2 (Barcelona: Random House Mandadori, 2013). Véase FaustoII, Acto 5, 11970-11988, p. 895.

[15]Cf. Dante Alighieri. Divina Comedia, Par. XXXIII, 54, 124-126 (Spanish Edition) (Posición en Kindle: 12240, 12283). Edición de Kindle.»

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