Genealogía y personalidad del cardenal López Rodríguez

VALORACIÓN DE LA OBRA DEL P. PEDRO ALEJANDRO BATISTA

 

Por Bruno Rosario Candelier

   El inspirador de este libro del padre Pedro Alejandro Batista (1), Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, es el eminente purpurado dominicano que fuera arzobispo de la Arquidiócesis de Santo Domingo. En esta presentación voy a ponderar la obra genealógica del distinguido presbítero cibaeño que fuera párroco de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario de Moca.

Este libro de investigación genealógica es una obra fundamental para conocer el pasado de nuestro pueblo, documentar la historia de Moca y precisar el origen de la familia López Rodríguez cuya máxima figura lo es el cardenal dominicano. Hay datos, referencias y múltiples detalles sobre la historia de nuestro pueblo que se conocen a través de la intrahistoria familiar o mediante el estudio de las personalidades que el padre Batista aborda en esta obra genealógica cuyo centro de atención es la genealogía y la personalidad del cardenal López Rodríguez, el protagonista que atizó la curiosidad por los orígenes, como la tiene el padre Batista, que quedó subyugado por la personalidad del protagonista de su investigación genealógica.

El cardenal López Rodríguez consignó en sus palabras de agradecimiento al agraciado presbítero que exploró los orígenes de su familia lo siguiente: “Como es natural, tratándose de un experto en genealogía, al parecer al padre Batista se le ocurrió de inmediato la generosa idea de investigar a profundidad, por los medios a su alcance, las raíces históricas de mi familia; por lo menos a partir del momento en que los López y los Rodríguez comenzaron a establecerse en la parte Este de la Isla de Santo Domingo, mediante sucesivas migraciones europeas, especialmente de las Islas Canarias, las cuales tuvieron lugar con posterioridad al descubrimiento y la colonización de América. Es digno de mención el hecho de que, como resultado de ese loable esfuerzo, el padre Batista ha realizado una labor encomiable, sobre todo si se tiene en cuenta lo difícil que es en nuestro país tener acceso a ese tipo de datos e informaciones, principalmente debido al precario estado de conservación en que se encuentran numerosos archivos nacionales. Esto equivale a decir que, si el propósito perseguido por este sacerdote era el de darme una sorpresa muy agradables, ciertamente lo ha logrado con creces” (2).

Quien hace una investigación genealógica automáticamente se remonta a los orígenes del asunto de estudios, es decir, se instala en la etapa inicial de un hecho o de una persona, y en este caso particular, donde se explora el origen de una persona, dicha búsqueda puede ser de una familia o de un pueblo. El hecho de rastrear los orígenes de una persona supone un trabajo de investigación inmenso. Yo me imagino las horas de trabajo, de estudio, de exploración, de curcuteo en los archivos y documentos que hizo el padre Pedro Alejandro para confeccionar este libro porque cuando el lector lo tenga en sus manos se va a dar cuenta de tantos detalles genealógicos y la organización precisa, secuencial, de un antepasado al siguiente hasta llegar a la actualidad. El hecho de organizar el origen de tantas familias mocanas en esta obra es para preguntarse: ¿Y cómo pudo encontrar el padre Batista tantos datos genealógicos? ¿Qué virtud tiene el padre Batista para olfatear el dato preciso que dé cuenta de un detalle de manera que sirva como identificador del decurso de un personaje, que nos revele la idiosincrasia de un pueblo, que manifieste aspectos históricos, lingüísticos, antropológicos en su estudio genealógico de tantas familias para dar como resultado esta obra que se llama Genealogía y personalidad de Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez?

Con relación a su investigación genealógica, nuestro investigador eclesiástico responde a la inquietud de conocer su motivación para abordar esta rama de la historiografía: “Desde que llegamos a Moca en el año 2009 como párroco de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario, comenzamos a organizar el archivo parroquial que estaba muy deteriorado y fuimos ordenando las informaciones de las familias mocanas. En el año 2011 invitamos a su eminencia, Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, para que asistiera el 30 de septiembre a las patronales que se celebran del 28 de septiembre al 7 de octubre, día de la patrona. En medio de una amena conversación, nos dijo que sus cuatro abuelos eran nativos de Estancia Nueva y que descendía de los canarios. Al ver su interés por conocer dichos ancestros, nos motivamos a estudiar más profundamente su genealogía, y es así como surge este trabajo. En el año 2012 tuvimos la oportunidad de visitar y entrevistar en su hogar a la señora Altagracia de Jesús López Salcedo, la tía paterna más joven del Cardenal, que nació en el año 1913 en Barranca, La Vega. Ella nos comunicó que sus ascendientes eran de origen canario, que vivían en Estancia Nueva de Moca y luego se mudaron a Barranca, La Vega, en la década de 1910. De sus ocho hermanos, los primeros cuatro nacieron en Moca y los últimos cuatro en Barranca, siendo ella la última. También nos afirmó, como nota curiosa, que tuvo la suerte de montar el ferrocarril de La Vega a Moca en el gobierno de Horacio Vásquez.  Para conocer la genealogía y la personalidad del cardenal López Rodríguez, hay que remitirse a sus orígenes genealógicos, los cuales se remontan a las inmigraciones canarias de los siglos XVI al XVIII, realizadas por disposición de la Corona Española a los pueblos del Nuevo Mundo, a fin de repoblar las islas que estaban siendo despobladas, o en algunos casos, como el de la Hispaniola, proteger las fronteras de las amenazas de piratas y corsarios, y en otras para el trabajo agrícola” (3).

Al hablar del cardenal López Rodríguez, naturalmente se trata de una personalidad carismática como, sin duda, lo es el eminente purpurado dominicano, un hombre de iglesia con un peso histórico, cultural, eclesiástico y pastoral en nuestro país por el vigor intelectual, moral, religioso y espiritual que había heredado de su familia. En esta obra del padre Batista podemos apreciar el tremendo influjo de una familia en la formación de un niño, en el desarrollo de una persona, en la evolución de una personalidad que asume y proyecta un ideal de vida a través de su conducta, su palabra y su obra.

Para ponderar la importancia de este libro quiero señalar y comentar algunos aspectos relevantes de esta obra de investigación que a continuación enumero.

En primer lugar, en este libro encontramos los orígenes del cardenal dominicano que se remontan al presbítero Juan López Fernández. Una primicia reveladora es el dato de que dicho sacerdote es el primer párroco de la iglesia de la Villa Nuestra Señora del Rosario de Moca. Descubrir y revelar ese dato, una genuina primicia de esta obra, es un aporte importante de este libro del padre Batista para la historia de la Iglesia Católica en Moca y para la historia de nuestro país. ¿Por qué hago esa afirmación? Por lo que eso implica para el conocimiento del pasado de la parroquia Nuestra Señora del Rosario de Moca; para conocer la historia misma de Moca y, desde luego, para tener una idea del trayecto original del primer cardenal de nuestra amada Iglesia Católica.

Nuestro sacerdote-escritor descubre, en segundo lugar, la línea levítica del purpurado dominicano, lo que implica dos facetas importantes en la vida de nuestro cardenal: ese entronque levítico revela una singular tradición, es decir, la vocación clerical del propio mitrado, con todo lo que eso implica en su trayectoria espiritual, porque viene de una tradición religiosa, da continuidad a la tradición de un pasado fundado en una génesis eclesiástica; y además, ese entronque levítico entraña una vinculación genética con la raza judía en términos genealógicos.

Al respecto escribe nuestro sacerdote-escritor: “Al abordar la faceta religiosa, veremos la línea levítica del cardenal, desconocida en su mayoría por el propio cardenal, su familia y la de los involucrados. Esta comienza por el lado de los López en el mismo siglo XVIII con el presbítero Juan López Fernández de Barrios, quien sirve como primer párroco de la Iglesia del Rosario, la más antigua de Moca, y cómo sigue esta línea con su sobrino y ahijado, el P. José Eugenio Espinosa Azcona, la cual continúa con su sobrino el P. Emilio Santelises y, de este, su nieto el P. Ricardo Santelises Pellerano. Además, con los hermanos presbíteros Honorio y Santiago Liz Salcedo, y más contemporáneamente con Mons. Hugo Eduardo Polanco Brito, P. Pascual Torres Torres, los hermanos presbíteros José Benito y Luis Daniel Taveras Hernández, y Mons. Freddy Antonio Bretón Martínez. Por el lado de los Rodríguez, con el P. Plinio Comprés Fermín, sdb y, posiblemente antes, con el P. Joaquín Rodríguez Grullón. Esperamos que su lectura cautive a sus familiares, que son numerosos, así como a todos los que sentimos cariño y respeto por su trabajo tesonero y celo pastoral al frente de la Arquidiócesis de Santo Domingo por casi 35 años. Para los que sintieron en algún momento resabio, vean en la profundidad de su corazón un hombre que ama a su patria y ha sido capaz de defenderla desde los años mozos de seminarista, cuando, precisamente, según algunos testigos, era uno de los que estaba en una lista del espía de Trujillo en el seminario para ser asesinado, por su posición vertical en contra de dicho régimen. Esta lista fue encontrada por dos seminaristas que entraron a la habitación del espía del régimen” (4).

Nuestro acucioso investigador señala el parentesco del cardenal López Rodríguez con los tres presidentes mocanos que nuestro pueblo ha dado al país. Y su conexión con otras personalidades, héroes políticos de nuestra historia y con diversas familias con las cuales tiene vínculos colaterales. En esta obra el presbítero Pedro Alejando Batista da todos los aspectos, todos los detalles, todos los datos concernientes a esa singular condición, patriótica y legendaria, familiar y eclesiástica, de nuestro grandioso cardenal.

Desde el punto de vista de su confección historiográfica esta obra es modelo del rigor metodológico que supone la investigación y la redacción de una obra centrada en la genealogía, es decir, de un libro fincado en la exploración del pasado, en la génesis de una persona, una familia o un pueblo. Y ese detalle es importante consignarlo por el gran valor que le otorga a este libro de investigación genealógica.

Esta obra genealógica del padre Batista revela y confirma la importancia de los archivos parroquiales. Fijémonos en el siguiente detalle: los archivos parroquiales registran datos importantes de una persona cuando alguien va a bautizarse, a confirmarse o a casarse, ya que le toman sus datos biográficos; esos datos quedan  registrados en los archivos parroquiales; y esos archivos se constituyen en una fuente documental valiosísima para conocer la historia de un pueblo, para indagar la historia de una familia, para curcuteer la historia de una comunidad.

Cuando escribí la novela El degüello de Moca tuve naturalmente que documentarme y acudir al pasado histórico de nuestro pueblo. ¡Cuánto me hubiera gustado contar con una obra como esta fuente de documentación, de inspiración y de constatación de tantos datos útiles y oportunos sobre nuestro pueblo! Pero no había fuente documental sobre el templo Nuestra Señora del Rosario de Moca porque cuando ocurrió el Degüello de Moca, en 1805, los haitianos no solo pasaron por las armas a los feligreses mocanos dentro del mismo templo, sino que quemaron la iglesia y todo se incendió, incluidos los archivos parroquiales, y con el incendio del templo, previamente habían degollado y matado a los fieles allí congregados, sino que destruyeron todo, incluidos los archivos parroquiales, y los datos que allí estaban consignados se perdieron. Entonces, no fue sino a partir de 1806 en adelante cuando, tras la reconstrucción del templo de Nuestra Señora del Rosario de Moca, se reinició el registro que cada sacerdote comenzó a consignar, a partir de esa tragedia que impactó la historia de nuestro pueblo. Entonces es a inicios del siglo XIX cuando comenzó de nuevo a tener vida la documentación histórica de nuestro pueblo. Por eso la importancia de esta obra del padre Batista, por esa documentación que consigna y testifica, ya que él se nutrió en los archivos parroquiales de otros templos católicos y otras fuentes documentales, hecho que le acredita a su favor una alta valoración de esta obra de su autoría.

Quiero ponderar también que en esta recopilación histórica y genealógica de datos sobre el cardenal López Rodríguez se señala la vinculación de la familia del cardenal dominicano con canarios, es decir, con españoles procedentes de las Islas Canarias, y ese hecho fue fundamental en la historia de Moca y para la misma historia del español dominicano. Importantes familias mocanas son la continuación de esos canarios que en los siglos XVII y XVIII se establecieron en Moca y fraguaron la base genealógica de la familia del cardenal López Rodríguez. Y en esta obra ese dato histórico se consigna con mucha propiedad.

Sobre los orígenes de la familia del cardenal López Rodríguez, el padre Batista consigna: “Profundizar sobre un tema como el que nos hemos embarcado es arduo y profundamente agotador. Pero, al mismo tiempo, la satisfacción es plena cuando se ha arribado a los objetivos o metas propuestas, y esto es lo que se ha logrado en esta investigación: presentar la genealogía del cardenal Nicolás López Rodríguez, partiendo del origen canario de sus cuatro abuelos, nativos de Estancia Nueva, y, a través de ella, estudiar su personalidad. Lo primero fue presentar el contexto de cómo las islas Canarias han dejado un fuerte legado en la composición social de la nacionalidad dominicana, desde el descubrimiento de América hasta nuestros días, y cómo se ha mantenido esta herencia entre nosotros, la cual se logra olfatear en las propias costumbres, lengua y habla de varios sectores de nuestro pueblo. Así como el arte culinario y la música de los isleños, sobre todo en los campos de algunos pueblos fundados por los canarios. Para llegar a la demostración de la tesis de que la familia del cardenal López Rodríguez es de ascendencia canaria, recurrimos a los movimientos o repoblaciones de la parte Este de la isla Hispaniola en los tres primeros siglos de la vida colonial y a la distribución geográfica de las familias canarias en la isla. Así vimos cómo llega a Moca José Guzmán, el barón del Atalaya, al final del siglo XVIII, tras el Tratado de Basilea, formando parte de esa prolija familia mocana, que le ha dado grandes hijos a dicho pueblo. Además, quisimos presentar los arzobispos y obispos descendientes de las familias canarias que poblaron esta isla, en cuya tradición se inserta más recientemente el cardenal. Escudriñamos las primeras informaciones de las familias López y Rodríguez en los documentos escritos a los que hemos tenido acceso y, dentro de lo posible, las hemos enriquecido con datos de los registros civiles y eclesiales a nuestro alcance. Para el año 1721 ya se encontraban estas familias en Santiago de los Caballeros, en las Revueltas de los Capitanes contra las disposiciones del gobernador colonial” (5).

Asimismo quiero ponderar la elección que hizo el padre Batista de la figura de cardenal López Rodríguez, que no fue una elección al azar, sino bien pensada en atención a la figura y la personalidad de cardenal dominicano. Todos los seres humanos tenemos una personalidad física y una personalidad metafísica. La del cardenal López Rodríguez es una personalidad sobresaliente, impactante y determinante por muchos aspectos: por su firme convicción religiosa, su decidida determinación moral y su indeclinable defensa patriótica. De ahí el poderoso influjo que él ejerciera por su espíritu organizador, su celo pastoral, su edificación teológica y por el profundo amor a la Iglesia Católica. Esa identificación plena y rotunda que se manifestó como sacerdote, como obispo y posteriormente como arzobispo y cardenal, la conoce y la valora el pueblo dominicano. Entonces, la elección que hizo el padre Batista del cardenal como fuente de estudio para su labor genealógica fue muy acertada y, desde la perspectiva que nos presenta sobre el origen genealógico del cardenal dominicano, hay toda una proyección que nos permite conocer, no solo el pasado de tantas familias mocanas, sino también la idiosincrasia de nuestro pueblo. Hay aspectos antropológicos, sociales, lingüísticos y religiosos que se derivan del estudio concienzudo, preciso, detallista que hizo este gran investigador para escribir esta grandiosa obra. Por eso la importancia de este libro, no solo para la historia dominicana, para la genealogía, la cultura, la iglesia y nuestro pueblo por la implicación de tantas familias consignadas en esta obra de investigación que realizara el padre Pedro Alejandro Batista.

Es oportuno y provechoso ponderar en esta obra genealógica el impacto de la herencia ancestral en la conformación de la personalidad. ¿Saben ustedes lo que eso implica? Se trata de la participación de una familia en la sociedad. El influjo de los padres en el hogar, las tradiciones y la cultura, el influjo de los valores y de la iglesia en la mentalidad de un pueblo; el influjo de los poderes espirituales que de alguna manera penetran en nosotros con su impacto en las fuerzas sociales y culturales para que lleguemos a ser lo que somos. Y esa faceta de la vida interior de la conciencia tiene mucho peso en la conformación espiritual de una persona, una familia y una comunidad.

Por ese influjo sociocultural, psicológico y espiritual en uno de mis libros, centrado en la historia literaria de Moca, Lumbre de la Mocanidad, esa “lumbre” fue inspirada, originalmente, por los sacerdotes y los párrocos que dirigieron y orientaron, desde el templo de la Villa Nuestra Señora del Rosario de Moca, la base doctrinaria, religiosa y espiritual de nuestro pueblo, que fue fundamental en la conformación de nuestra idiosincrasia y ha sido fundamental en la historia de Moca. El alma de la Mocanidad, el sello de la Mocanidad, lo imprimió a nuestro pueblo el influjo sagrado y místico del templo Nuestra Señora del Rosario por el impacto moral, religioso y espiritual que sus sacerdotes forjaron en nuestra conciencia cultural. De ahí el producto tan fino, tan excelso, tan luminoso, como ha sido el ejemplo vivo y elocuente del cardenal López Rodríguez, fruto de la iglesia, huella de la iglesia y gloria de nuestra iglesia. Y ese detalle me ha motivado exaltar esa dimensión que he llamado “herencia ancestral de la cultura”, que se infiere de esta valiosa obra del padre Batista: cómo todo lo que somos ha sido fruto de decenas de factores familiares, sociales, lingüísticos, religiosos y espirituales que influyen en el desarrollo de nuestro ser, en la gestación de nuestra personalidad y en la conformación de nuestra cultura, de tal manera que hacen que seamos lo que somos. De ahí el peso de una comunidad tan singular como el pueblo de Moca. De ahí la impronta espiritual de la Mocanidad, que se refleja en esta obra del padre Batista; de ahí el influjo de la familia en la personalidad, como se olfatea en esta obra genealógica del padre Batista; y de ahí también el efecto de todos esos factores que conforman esa herencia ancestral en la espiritualidad de un hombre, un pueblo y una cultura. El padre Batista ha exaltado con la creación de esta obra la figura del cardenal López Rodríguez.

No puedo dejar de consignar que este libro tiene una redacción impecable, es decir, el autor de esta obra sabe usar las palabras con propiedad, corrección y elegancia, lo que revela que nuestro sacerdote tiene un conocimiento preciso del lenguaje, que usa con rigor, precisión y, por supuesto, se ajusta a la normativa estilística, gramatical y ortográfica de la escritura.

La obra del padre Pedro Alejandro Batista, que aborda la genealogía del cardenal López Rodríguez, nos enseña que:

  1. Sus orígenes se remontan al presbítero Juan López Fernández, primer párroco de la iglesia de la Villa Nuestra Señora del Rosario de Moca.
  2. Descubre la línea levítica del purpurado dominicano, lo que lo emparenta con una tradición de religiosidad y misticismo de su personalidad espiritual.
  3. Señala el parentesco del cardenal López Rodríguez con los tres presidentes de origen mocano y con héroes nacionales oriundos de nuestro pueblo.
  4. Ejemplo de rigor metodológico en la investigación genealógica, como rama de la historiografía es una magnífica obra para conocer el pasado de Moca.
  5. Redacción impecable con un lenguaje claro, correcto y comprensible, afín a la expresión formal de la lengua discursiva con base conceptual.
  6. Esta obra confirma que los archivos parroquiales constituyen una fuente primordial para el conocimiento de los datos genealógicos de pueblos, familias y personas.
  7. Comprende este libro una recopilación de datos referenciales no solo de los antepasados de nuestro cardenal, sino que aporta informaciones lingüísticas, sociales, religiosas y culturales de nuestro pueblo.
  8. Esta obra constituye una manera historiográfica de conocer y exaltar la figura señera de nuestro cardenal López Rodríguez.
  9. La obra genealógica del padre Batista confirma el impacto de la herencia ancestral en la forja de la personalidad, ilustrada en la vida y la obra ejemplar, laboriosa y espiritual del purpurado dominicano.
  10. Finalmente, la confección de este libro pone de relieve al mismo tiempo la figura intelectual y religiosa del padre Pedro Alejandro Batista, acucioso investigador genealógico y valioso presbítero de la Iglesia Católica de nuestro país.

El padre Pedro Batista no imagina el inmenso bien que le ha hecho a la historia de Moca, a la iglesia dominicana y al cardenal López Rodríguez por haber confeccionado esta valiosa genealogía del eminente purpurado dominicano.

Finalmente quiero significar que la confección de este libro no solo constituye un homenaje a nuestro pueblo, sino también una manera de nosotros reconocer el hermoso trabajo literario, escritural y genealógico que ha hecho la figura intelectual y religiosa del padre Pedro Alejandro Batista, quien ha demostrado que es un acucioso investigador con una identificación espiritual con nuestro pueblo, con el pasado de nuestro cardenal y con la Iglesia Católica, de la que forma parte como sacerdote petrino. Se nota en este trabajo del padre Batista su compenetración con la Iglesia Católica, que es la más hermosa creación con que cuenta la humanidad, porque la Iglesia Católica fue la obra creada por Jesús de Nazaret. Y de ahí la huella histórica, religiosa y espiritual de nuestra iglesia en la conformación de nuestra religiosidad, fundamento de la cultura occidental a la que pertenecemos. De manera reverencial me inclino ante el padre Pedro Alejandro Batista por este grandioso aporte, por este hermoso trabajo suyo a favor de nuestro pueblo, a favor de nuestro cardenal, a favor de nuestra Iglesia Católica y a favor de nuestra cultura. ¡Enhorabuena, reverendo padre Pedro Batista, con mi reconocimiento y mi distinción!

 

Bruno Rosario Candelier

Presentación del libro del padre Pedro Batista

Moca, Teatro Don Bosco, 15 de noviembre de 2019.

Notas:

  1. El padre Pedro Alejandro Batista nació en Mata Grande, San José de las Matas, República Dominicana, en 1968. Sacerdote de la arquidiócesis de Santiago de los Caballeros, licenciado en filosofía por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en ciencias religiosas por el Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino. Inició su ministerio sacerdotal en 1997 en el Seminario Menor San Pío X y fue párroco de las parroquias San Isidro Labrador, de El Rubio en San José de las Matas, de Nuestra Señora del Rosario y Santa Catalina de Siena en Moca, además de servir como misionero en la parroquia San Juan Bosco en Bayamo-Manzanillo, Cuba. Fue formador del Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino y profesor de historia de la iglesia universal, latinoamericana y dominicana. Su pasatiempo favorito es la investigación genealógica en busca de los troncos genealógicos de la provincia Espaillat, siendo esta su primera obra en este contexto.
  2. Pedro Alejandro Batista, Genealogía y personalidad de Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, Santo Domingo, Amigo del Hogar, 2019, p. 17.
  3. Pedro Alejandro Batista, Ibídem, p. 19.
  4. Pedro Alejandro Batista, Ibídem, pp. 20-21.
  5. Pedro Alejandro Batista, Ibídem, p. 107.
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