En algunos hablantes la costumbre hace ley

Por Tobías Rodríguez Molina

 

Al escuchar a muchos de los usuarios del español, en lo que respecta a la variante del objeto indirecto  de tercera persona gramatical (le-les), es decir, la que expresa el daño o provecho de lo expresado en el verbo, o en los verbos si es más de uno, captamos que no pronuncian o no emplean la variante “les”, la cual hace referencia al plural. Eso deja indicado que los que así lo hacen no tienen conciencia de ese fenómeno de la concordancia, que demanda usar “le” cuando el receptor del daño o provecho es singular y “les” cuando es plural.

Veamos algunos ejemplos del uso indicado por la norma cuando se trata del singular:

  1. A él y a nadie más le haré un regalo.
  2. A Lucrecia le dijeron que se veía muy elegante con ese traje.
  3. Esa mata de cajuil luce mejor después que le cortaron la rama seca.
  4. Después que le lavaron el pelo, ese  perro se ve precioso.

Si pluralizamos los receptores, la variante “le” pasará a ser “les”. Veamos.

  1. A él, a Juan y a María les haré un regalo.
  2. A Lucrecia y a las demás muchachas les dijeron que se veían muy elegantes con ese traje.
  3. Esas matas de cajuil lucen mejor después que les cortaron las ramas secas.
  4. Después que les lavaron el pelo, esos perros se ven preciosos.

Es muy probable que una cantidad abundante de usuarios, quizás la mayoría,  si reprodujeran en el habla, no leyendo, las oraciones 5, 6, 7 y 8, van a pronunciar “le” en vez de “les”.

Y si las leyeran, seguro que la cantidad de los que lean “les” como lo indica la concordancia  aumenta, pero siempre habrá quienes lean “le” en lugar de “les”. Eso lo constaté recientemente escuchando a un lector en un templo, el cual las dos veces en que apareció un “les” lo pronunció como “le”. Veamos esos dos casos:

  1. “Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Jesús les respondió…” El ministro leyó  “Jesús  le respondió:”
  2. “…los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio.”  También en este caso el ministro dejó de pronunciar “les” y leyó: “…y a los pobres se le anuncia el Evangelio.”

Y por  esa  tendencia de mantener el “le”, trátese del singular o del plural, una comunicadora, en un canal   de la ciudad de Santiago de los Caballeros, R. D., pronunció tres veces  “les” como ”le”. Véanse los ejemplos:

  1. “Tenemos que decirle a nuestros oyentes…”
  2. “Queremos informarle a ustedes…”
  3. “Señores, yo le dije que íbamos a traer al programa a una mujer bella…”

Afirmé en el titular de este artículo que la costumbre hace ley y creo que con los casos que les he ofrecido no estamos lejos de comprobarlo. Pero si ponemos un poco de cuidado, esa costumbre no se convertirá en ley; al contrario, la derogaremos para siempre. Les pongo como ejemplo a imitar el caso de un ingeniero santiaguero a quien le impartí un curso de redacción.  Casi  al l terminar el mismo  me confesó que antes del curso no sabía si usar  “le” o “les”, pero que ya, sin titubear, sabe cuándo debe emplear uno y otro.  Manos a la obra: derrotemos la costumbre para que no exista esa ley en ese aspecto de la concordancia.

 

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