Santiago Muñoz Machado: “La lengua es bien cultural más importante que tenemos”

Por Emilia Pereyra

 

El académico sugiere al Estado y a las universidades que tomen en serio el idioma

Santiago Muñoz Machado, reputado jurista y escritor, director de la Real Academia Española (RAE) y presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española, es un tenaz defensor del lenguaje que resalta su valor y aconseja al Estado y a las universidades que fomenten la lectura. En su reciente visita a la República Dominicana, donde encabezó el domingo 1 de marzo la puesta en circulación del Diccionario panhispánico del español jurídico, Muñoz Machado respondió preguntas de este medio, en compañía de Bruno Rosario Candelier, María José Rincón y Fabio Guzmán Ariza, miembros de la Academia Dominicana de la Lengua, que lo acogió.

 

En ese recorrido por varios países de América, ¿cómo ha podido percibir el estado del español en este momento? 

Es una pregunta para que normalmente el interrogado conteste qué le parece la corrupción que se aprecia en la calle respecto del español, la pérdida de valores del español culto y la sustitución por jergas de todo tipo. Son cosas de la vida. Tampoco hay que preocuparse demasiado. Yo creo que en la medida en que los sistemas educativos funcionen un poco mejor podrán ser mejores educados en la lengua también los ciudadanos de este país y del mío. El problema es universal. Yo creo que este tipo de preguntas, por otra parte, busca contestar al fenómeno del uso del español en las redes, muy especialmente en los sistemas electrónicos, en las redes sociales, entre ellas el wasap y los más modernos. De esto último decimos en la academia que nos parece que no hay que tomarse muy en serio que sea un idioma escrito o una manera de hablar escrita, que es más bien una forma de realidad nueva, inmediata, que tiene el valor de un dialecto encerrado en sí mismo y sin mucha proyección hacia el exterior. No está afectando a la lengua canónica, sin perjuicio de que salgan de este recinto algunas palabras que luego tengamos que considerar, cosa que hacemos con toda normalidad, incluso cuando son neologismos, lo que no es infrecuente. Los incorporamos cuando se han generalizado y ya está.

 

Por ejemplo, ¿ya lo están considerando wasapeando?

Tanto lo estamos considerando como que hemos tenido el atrevimiento en la Academia de la Lengua de aprobar unas reglas sobre cómo escribir en wasap. En el Libro de estilo de la lengua española, que se publicó hace dos años, pues hemos incluido un capítulo entero sobre la lengua en las redes y ponemos cómo hay que exhibir los emoticonos, si se ponen signos de interrogación, dónde va el punto, cómo se usan las comas, las combinaciones de mayúsculas y minúsculas para enfatizar, si está bien escribir en mayúsculas para ponerle énfasis a tu criterio o manejar mezclas de mayúsculas y minúsculas y poner cinco signos de admiración seguidos. De todo esto hemos escrito en este libro, digo yo, a pesar del director. Es el director de la academia quien tiene un punto de ingenuidad, porque lo que prima es las redes es la antigramática.

 

Algunos hablantes se quejan de las redes y de internet y del impacto que tienen y buscan consejo en la RAE y otros dicen no importa lo que decida la entidad, pues escriben como nos da la gana. Hay dos corrientes. ¿Cómo se puede manejar esta situación?

Pues yo creo que, por parte de la academia, como siempre se han manejado las cosas del idioma. Nosotros incorporamos palabras al diccionario, establecemos reglas, cambiamos las reglas generales de la gramática y de la ortografía en la medida en que se han convertido en un uso general. Eso es lo que verificamos, en qué medida pues son usadas por las mayorías de los hispanohablantes. Esas otras variaciones y agresiones están muy reducidas a un núcleo de los que manejan esas… que somos todos. Pero no trascienden al lenguaje oral y ni al escrito. Ni usted ni escribimos ni hablamos con abreviaturas ni omitiendo palabras. Cuando se escribe formalmente esto no ocurre.

 

Tenemos en el país un problema grave con la escritura también, problemas con la sintaxis, con el léxico y hasta con la pronunciación. ¿Qué se lo podría recomendar a las universidades, al Estado dominicano en cuanto al manejo de la enseñanza de la lengua?

Creo que hace falta ponerse serio y pedirles que se tomen en serio la lengua. Que las enseñanzas de las humanidades en general y de la lengua en particular se tome con programas educativos más eficientes y más exigentes. Las academias no, hay algunas más activas en esto que otras, pero en general no nos ocupamos mucho de la enseñanza directamente. Eso es cosa de otras instituciones. Nos ocupamos y preocupamos de preparar materiales para docencia también en materia de lengua, pero en la aplicación práctica no nos corresponde. No podemos ni es nuestra función. No tenemos recursos públicos como para hacerlo.

 

La lengua española es para mí hermosísima y ofrece unas posibilidades expresivas enormes para la escritura, pero no siempre lo percibe así el resto de los hablantes. ¿Qué se le pudiese decir a la gente sobre el valor que tiene nuestro idioma?

Que sean conscientes de que es una lengua hermosísima, que tiene unas posibilidades expresivas extraordinarias, que no la corrompan, que traten de amarla y que le lean novelistas de esos autores importantes. Que lean. Yo creo que el consejo mejor que se le puede dar a cualquiera de cualquier lengua es que lea. No se puede saber nada sin saber cómo manejan la lengua los mejores, que son siempre los escritores, los que la han cultivado. Por tanto, debieran hacer los gobiernos programas de lecturas, programas de lectura serios, habituar a la juventud, que ahora lee cada vez menos, para que lea más y tratar de superar esos déficits. Lamentablemente la lengua es un negociado y los políticos creen que está todo hecho y no está todo hecho. Hay mucho por hacer.

 

 Además, es muy dinámica. Va cambiando constantemente, ¿no?

Yo creo que no, yo creo que siempre va cambiando muy lentamente la lengua, siempre sin perjuicio de que de vez en cuando hay grandes terremotos, pero bueno ha ocurrido siempre. Yo creo que ahora el deterioro es muy importante por lo que aportan al deterioro las redes y la falta de educación, la falta de formación.

 

Con frecuencia surgen las controversias sobre el tema del lenguaje de género. ¿Habrá un cambio en la Real Academia acerca de esto?

Cuando el pueblo soberano, que es el dueño de la lengua, decida habrá un cambio. Hasta tanto no. Aquí he venido oyendo mucho en República Dominicana que hubo un tiempo remoto en que los haitianos se empeñaron en que se hablara francés, pues salvo esos casos esporádicos nunca un poder público ha impuesto la lengua que hay que hablar y nunca la academia la impondrá. El asunto es muy comprometido ahora porque hay muchos grupos Ong y grupos feministas que pretenden que se acoja el lenguaje inclusivo. La doctrina oficial que mantiene la Real Academia, que yo dirijo, es que hay dos maneras de entender el lenguaje inclusivo: uno, que exige siempre el desdoblamiento al referirse al varón y a la mujer. Eso es inclusivo según esos movimientos que exigen una variación. Nosotros decimos que lenguaje inclusivo es aquel en que el genérico sirve para ambos sexos. Estamos por proponer el masculino genérico y quitarle lo de masculino para que sea genérico porque masculino parece una ofensa para algunos y es genérico sin más. Y eso es lo correcto, porque eso que verificamos en la academia, a través de nuestros corpus, de nuestras obras, es el lenguaje común de la mayor parte de los hispanohablantes y esa es la autoridad.

 

Vemos en ámbitos muy formales el uso de la arroba como si fuese una letra. ¿Qué se hará con este símbolo?

Pues cada cual la pone donde le parezca porque infligir las reglas de la gramática no tiene sanción penal, pero la @en el lenguaje escrito todavía se puede, pero en el lenguaje oral no sé cómo se pronuncia. Bueno, las terminaciones en e tampoco están mal… Están estas fórmulas de terminar en e. Yo reto a quien quiera que hagan una conversación con la e. Es dificilísimo, requiere un entrenamiento muy severo.

 

¿Pudiera ser que el uso de la @ se deje de lado por su poco sentido práctico?

Nosotros, las academias deben insistir en que estas fórmulas no están en el común de las… Repetimos mucho estos conceptos: primero, es verdad que la discriminación de la mujer es un fenómeno histórico… Es verdad que tenemos que hacer un esfuerzo todos por la igualdad y luchar contra la discriminación. Pero tan verdad como esto es que la lengua no tiene la culpa. No es el principal problema. La lengua tiene adherencias de esa situación que son fácilmente identificables en los libros, incluso de la academia. Por eso, nos hemos dedicado en los últimos años a limpiar los diccionarios de referencias que no (son) machistas, pero sí son excesivamente masculinizantes y, si vale la palabra, evitables. Por ejemplos, definiciones de vocablos que empiezan por hombre, cuando se refieren a cargos que no están ocupados históricamente por mujeres, pero ahora sí.. Referencias que hay en el diccionario: jueza, la mujer del juez, embajadora la mujer del embajador, alcaldesa, la mujer del alcalde, etc. Todo eso sigue siendo verdad y siguen siendo vocablos en uso, porque seguimos usando alcaldesa o embajadora para la mujer del alcalde… pero es una acepción que tiene que bajar para situar en primer lugar embajadora, mujer que tiene la titularidad de la representación diplomática de su país. Ese tipo de verificaciones y de cambios los hemos hecho motu proprio, por nuestra propia iniciativa. Nadie nos lo ha pedido, (lo hemos hecho) dándonos cuenta de que en efecto hay muchas cosas del diccionario de la lengua actual que vienen del diccionario del siglo XVIII, donde las cosas eran de otra manera. Pero estamos muy empeñados en hacer lo que podamos. Lo que podamos no es estropear una lengua tan hermosa, no está utilizar desdoblamientos continuos que no se usan, que no es que no sean económicos, es que hacen feo un lenguaje tan precioso.

 

Usted hablaba del equipo que está trabajando diariamente, respondiendo consultas. ¿Puede dar una idea de la dimensión de ese trabajo diario que hace la RAE?

Las declaraciones de las academias son muy importantes en este punto. La autoridad lingüística de vez en cuando tiene que decir estas cosas que estoy contando ahora mismo. Lo noto porque es una necesidad. En España, la Academia se acaba de pronunciar recientemente sobre si nuestra Constitución maneja o no el lenguaje sexista y debería cambiarse. Y hemos dicho con absoluta rotundidad que la Constitución española está muy bien escrita. Yo he dicho… Todos los periódicos del país han sacado unas expresiones mías en una rueda de prensa en la que presenté ese informe. Dice: “La Constitución española tiene un español impecable”. Utiliza continuamente el masculino inclusivo. No sabe las repercusiones que ha tenido esa declaración, porque me para la gente por la calle, las mujeres, para decirme “es usted un valiente, pero muchísimas gracias” … las instituciones, gente que ya no sabía cómo escribir, si violentaban las reglas o las aspiraciones de algunos grupos que quieren cambiar el modo…Nadie de esos grupos ha formulado contestación alguna, y nadie es nadie. En cuanto a cuánta gente hace las cosas (el trabajo a favor de la lengua), pues mucha gente muy empeñada y muchos de nosotros de manera puramente honorífica. Es importante que se sepa que las academias tampoco somos un núcleo que gana muchísimo dinero manejando la lengua. Somos gente que tiene o ha tenido profesiones importantes. En mi caso, he sido abogado muchos años y tengo que apartar el oficio, porque no tengo tiempo, para dedicarle horas a la academia. Es lo que le pasa a don Fabio (Guzmán Ariza) y a tantos otros. Y los académicos de mi academia, pues, no reciben ninguna retribución. Trabajan ad honorem y esto hay que pensarlo. Tenemos, eso sí, equipos profesionales de lingüistas, de filólogos, que trabajan en nuestras obras y necesitamos la colaboración de expertos para algunas de ellas. El Diccionario general de la lengua lo están trabajando continuamente quince personas en la actualidad. Todos los académicos reflexionan sobre el diccionario durante dos horas todos los jueves. Cuarenta personas metidas ahí… trabajan y cambian veinte palabras cada jueves, a petición de los interesados, por iniciativa de ellos mismos y así se va trabajando. En el Diccionario panhispánico del español jurídico, pues, hemos convocado, ya que no tenemos fuerza en la academia para hacer eso. Supervisamos lo que se hace. Hemos convocado a 450 juristas y lexicólogos que han trabajado en la cuestión. Han tenido la disciplina y el pundonor de participar en la obra. Es importante ese trabajo.

Le contaba a Bruno (Rosario Candelier) y a los académicos de aquí que ahora estamos revisando la manera de hacer un diccionario histórico del español, que ha sido una obra que siempre se nos ha resistido y la manera de hacerlo es buscar todas las fuerzas intelectuales que sepan algo de la historia de la lengua. Se trata de hacer la biografía de cada palabra, cuándo nació, cómo evolucionó, si ha muerto, cuándo murió.

 

No sé si quiere decir algo más de lo que le hemos preguntado

Sí, quiero que ponga ahí que le agradezco mucho a la Academia Dominicana de la Lengua lo bien que me ha tratado, lo mucho que he aprendido de ellos, y que ponga también que recomiendo a los poderes públicos, muy especialmente, que atiendan a la academia, porque es una institución. Las academias son instituciones siempre débiles que se tienen que dar cuenta del trabajo inmenso que hacen, por el honor de la lengua y no porque tengan otro tipo de aspiraciones y que lo sepan porque es el bien cultural más importante que tenemos.

 

Fructífera trayectoria. Santiago Muñoz Machado es el trigésimo primer director de la RAE. Elegido el 20 de diciembre de 2018, tomó posesión de su cargo en el Pleno del 10 de enero de 2019. Estuvo al frente de la secretaría de la RAE desde 2015 a 2017. Es académico de número desde su elección el 13 de diciembre de 2012. Ingresó el 26 de mayo de 2013 con el discurso titulado Los itinerarios de la libertad de palabra. Es catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid desde 1994, y académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Académico de honor de la Academia Colombiana de la Lengua y de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba y académico correspondiente de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y de la Academia Dominicana de la Lengua. Posee una amplísima bibliografía. De su bibliografía jurídica, compuesta por más de cincuenta libros y numerosos artículos en materias de su especialidad, destaca su Tratado de derecho administrativo y derecho público general, obra de referencia en la materia. Es director del Diario del derecho y de la revista El Cronista del Estado social y democrático de derecho y miembro del consejo de redacción de otras revistas españolas y extranjeras. Es autor de libros de relatos, como Riofrío; de obras de investigación histórica, como El problema de la vertebración del Estado en España (2006) y Sepúlveda, cronista del Emperador (2012), además de un número importantes de obras ensayísticas, entre las cuales destaca la trilogía formada por Informe sobre España. Repensar el Estado o destruirlo’ (2012) -por la que ha sido galardonado con el Premio Nacional de Ensayo 2013-, Cataluña y las demás Españas (2014) y Vieja y nueva Constitución (2016). Es doctor honoris causa por las universidades de Córdoba, Extremadura y Valencia, y en mayo de 2015 fue reconocido como académico de honor de la Real Academia de Córdoba. En 2016 se le concedió la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort. Además es Premio Nacional de Historia de España 2018.

 

 

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