Valoración poética de León David

Por Bruno Rosario Candelier

   Desde hace unos años en el Movimiento Interiorista del Ateneo Insular hemos disfrutado la presencia, el conocimiento y la obra de nuestro valioso poeta Leopoldo Minaya, pero nunca, hasta hoy, habíamos tenido la oportunidad de conocer el talento exegético, como hemos disfrutado esta tarde el enjundioso estudio que en esta sesión ha presentado nuestro querido poeta interiorista sobre la obra de León David, en cuya exégesis evidencia una alta capacidad valorativa, lo que revela, además, su potencial crítico y teorético para ponderar, desentrañar e interpretar una obra literaria con la belleza, la erudición y la profundidad como lo ha hecho en su enjundiosa ponencia nuestro poeta. Por consiguiente, a partir de ahora, querido y admirado poeta, no podemos obviar ese valioso potencial exegético de tu intelecto para asignarte una tarea de interpretación, si me lo permites, porque lo que tú has presentado esta tarde, en este coloquio sobre la obra poética de León David, ha sido una ponencia iluminadora y edificante sobre la obra poética de nuestro agraciado poeta y académico de la lengua. La brillantez y la profundidad de tu valoración poética y estética de la obra de León David es sin duda admirable y esclarecedora. ¿Y por qué se da esa condición intelectual, estética y espiritual en Leopoldo Minaya? Porque él vive la poesía y la creación literaria y, en razón de que vive poéticamente la vida, disfruta con pasión el arte de la palabra en la creación poética. Y eso, naturalmente, supone en primer lugar que tiene formación intelectual, talento creador, sentido de la estética y disfruta intensamente lo que entraña la creación y la interpretación.

La mayoría de los seres humanos no le hacen caso al arte de la palabra, ni a la creación artística, ni a la producción intelectual, científica, estética y espiritual porque la gente común vive una vida vegetativa, con una existencia fundada en la satisfacción de las necesidades materiales, que se manifiesta en comer, dormir, descansar, recrearse para cumplimentar las apelaciones comunes de la existencia. Muchos no se dan cuenta de que nuestra condición humana tiene una dimensión especial centrada en la conciencia, el intelecto y la espiritualidad, y esa espiritualidad tiene múltiples formas de plasmación, de canalización y de vivencia. Y la creación intelectual, artística y literaria es una de las principales manifestaciones del espíritu que da cuenta de lo que nos distingue y enaltece a los seres humanos en función de una dotación primordial que recibimos cuando fuimos dotados con el don de la vida, como el Logos de la conciencia. El Logos de la conciencia que originalmente concibió Heráclito de Éfeso en la antigüedad griega fue una intuición genial de ese pensador presocrático porque nos enseñó a valorar lo que realmente enaltece la condición humana, centrado en la energía del Logos en cuya virtud podemos pensar, intuir y crear. Entonces, en el ámbito de la creación, la palabra está a nuestro alcance y a nuestra disposición, que es lo que hacen los poetas, los narradores, los dramaturgos y los intérpretes de la creación, como lo hace León David, para darle sentido a lo que intuyen los seres humanos, para darle valor y trascendencia a la misma vida; y, sobre todo, para darle un cauce creador al caudal de conceptos e imágenes que concita la mente cuando se pone en contacto con la energía y el alma de lo viviente.

La belleza y la profundidad de la interpretación hecha por Leopoldo Minaya sobre la obra de León David (1) sugieren varias ideas que comentar y ponderar. Sobre todo, se sintetiza en una expresión del propio Leopoldo Minaya cuando dijo que en la obra de León David hay una “excelsitud estética”. Esa excelsitud estética, que ciertamente se da en la obra de León David, es importante considerarla para ponderar, sentir e interpretar el sentido de la creación, para vivirla como la vivió Leopoldo Minaya, que tiene la capacidad de sintonizar la esencia de una creación literaria, y tiene esa capacidad porque él participa de esa excelsa condición de los poetas en virtud de los atributos de su inteligencia, su sensibilidad y su espiritualidad. El hecho de vivir como viven León David y Leopoldo Minaya es una evidencia de lo que Martín Heidegger decía de los genuinos poetas, que “viven poéticamente el mundo”. Y vivir poéticamente el mundo implica abstraerse de la realidad cotidiana, recrear lo que conocemos en nuestro contacto con la realidad, sumar las experiencias y las vivencias en esa abstracción para crear lo que en literatura se llama una realidad estética y una realidad metafísica. En el fuero de esa realidad estética y metafísica los poetas, narradores, dramaturgos e intérpretes de la literatura tienen la capacidad para vivir al margen de las reclamaciones cotidianas, que mucha gente no lo entiende porque cuando ven al creador que se aparta para vivir en esa concha de su mundo interior, que necesita la privacidad, que tiene que vivir su vida a su manera, diferente a como la viven la mayoría de los humanos, no lo entienden; y entonces lo que suelen decir es que esa persona vive ausente de la realidad, que vive al margen del mundo, y hasta lo tildan de loco. Así lo consideran porque no entienden que esa “locura” de la que hablaba Platón es necesaria para crear arte, para crear filosofía, para crear literatura y vivir la estética y la espiritualidad porque hay que compenetrarse con el sentido que tiene la realidad. Para entender el sentido de la realidad hay que apartarse de la realidad mostrenca. Fíjense qué contradicción -aparente contradicción- porque es una manera de prescindir de determinadas manifestaciones de la vida e incluso de cosas buenas de la vida. La palabra no es más que un canal, un fuero, un cauce para canalizar las vivencias interiores, las vivencias intelectuales, estéticas y espirituales que tienen y viven los creadores cuando asumen la palabra en ese ámbito trascendente.

Tanto Leopoldo Minaya como León David (2) son finos cultores de la palabra porque la conocen, porque la han estudiado, porque saben interpretarla y recrearla. La interpretación también implica, en quien hace la labor de exégesis, la misma condición que tienen los poetas. Porque la creación y la interpretación entran en una interconexión necesaria para valorar lo que la palabra crea, sugiere y expresa.

El caso de León David es particular porque la persona que responde al nombre de Juan José Jimenes Sabater (3) tiene la virtud de que siendo un intelectual profundo, un esteta del lenguaje y un fino creador de la palabra, ha cultivado todos los géneros y lo ha hecho con brillantez formal y hondura conceptual. Escribe con el primor de la palabra y la elegancia literaria del buen decir en cada género de la escritura cuyos principios, técnicas y procedimientos conoce y aplica. Ha dado demostraciones fehacientes de que domina los recursos técnicos y formales de la creación literaria conforme la peculiaridad de cada género literario. Eso es oportuno consignarlo porque León David es un cultor del lenguaje y exquisito un creador de la palabra; un creador de la imagen y un pensador de conceptos, porque tiene la capacidad para reflexionar, intuir y crear, como lo evidencia el inmenso aporte de su obra literaria. Esa triple condición supone una alta intelectualidad en el creador que se ha dado a conocer con el pseudónimo de León David. Entraña en nuestro creador una alta intelectualidad que le ha permitido cultivar con altura, profundidad y elegancia el arte de la creación verbal. Esa excelsitud estética tiene una cabal concreción en la obra literaria de León David.

Entonces, al comentar la hermosa y profunda exégesis literaria que hizo Leopoldo Minaya a la no menos hermosa y profunda obra literaria de León David, no es sino una manera de ponderar y enaltecer la alta valoración que tengo de la obra de León David como creador, como escritor, como teórico de la literatura y como intérprete de la creación literaria, quien, además, tiene una particularidad única en la literatura dominicana. ¿Y por qué digo que tiene una particularidad única en la literatura dominicana? Porque, hay diferentes niveles en el arte de la creación (4). León David tiene la capacidad para situarse en el más alto nivel del lenguaje y tiene el alto talento para entender y crear el lenguaje en su más honda y sublime profundidad, lo que indica que es alto su talento, profunda su intuición y luminosa su sabiduría. Porque el lenguaje tiene muchos niveles, variadas escalas y diferentes estilos, y él sabe encimarse en la más alta cumbre de la creación, y adentrarse en el más profundo y entrañable fuero de la palabra, y recrear el más exquisito nivel expresivo de los estilos literarios. Y, entonces, prevalido de ese enorme potencial de la palabra, León David usa un lenguaje altamente culto. Él es nuestro creador literario dotado del más refinado uso del lenguaje de la creación estética, en términos de la exquisitez de la palabra y de la excelsitud estética del lenguaje en esa dimensión culta de la expresión, tan profunda, tan elevada, tan sutil, como la que él tiene para usar un léxico exquisito, un léxico culto asimilado del tesoro patrimonial de nuestra lengua, que él asume, actualiza y revive con el esplendor de alta estirpe. En la obra de León David encontramos palabras que usaban los escritores de cuatro o cinco siglos atrás, palabras que trajeron a nuestro país los primeros españoles que poblaron esta isla y que en nuestro tiempo son palabras altamente cultas que, en la mayoría de los casos desconocemos, y León David sabe darles el uso pertinente y el sentido apropiado a esas palabras antiguas de nuestra lengua, a esas voces arcaicas de nuestro vocabulario, a esas acepciones añejas de nuestra semántica con el sentido apropiado que tuvo en su tiempo, con el sentido propio en su acepción primordial en virtud de esa sólida cultura académica que tiene León David; y por ese nivel de penetración en el más alto estadio de la lengua misma en su nivel profundo, estamos ante un escritor consumado de nuestra lengua. Y eso no es más que una expresión de los múltiples talentos literarios que adornan la personalidad estética y espiritual de León David, razón por la cual me inclino reverente ante la obra y ante el talento de este querido y admirado creador. ¡Enhorabuena, poeta!

 

Bruno Rosario Candelier

Encuentro literario del Ateneo Insular

Colegio Nuestra Señora de Las Mercedes

Santo Cerro, La Vega, 26 de octubre de 2019.

 

Notas:

  1. Juan José Jimenes Sabater es el intelectual y escritor que escribe bajo el pseudónimo de León David.
  2. Poeta, narrador, ensayista, dramaturgo, teórico y crítico literario, Juan José Jimenes Sabater nació en La Habana, Cuba, en 1945. Publica sus ensayos, narraciones, estudios y poemas con el pseudónimo de León David. Textos suyos escritos en los diversos géneros literarios han sido publicados en diferentes medios de comunicación y en libros de poesía, ficción y ensayo. Licenciado en Letras por la Universidad de los Andes (Mérida, Venezuela), dirigió la Escuela de Arte Dramático de la Dirección General de Bellas Artes, el Departamento de Letras y la Extensión Cultural de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Fue embajador de la República Dominicana en Argentina y Uruguay.  Es miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua y miembro del Movimiento Interiorista del Ateneo Insular. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Poemas del hombre anodino, Poemas del hombre nuevo, Trovas del tiempo añejo, Intento de bandera, Guirnalda, CarminaEn narrativa: Narraciones truculentas, Parábola de la verdad sencilla, El hombre que descubrió la verdadEn teatro: El sueño de Arlequín, La noche de los escombrosEn ensayo: Huellas sobre la arena, Adentro, Cánepa, Artes plásticas dominicanas, Una aproximación a la pintura metafísica de Jaime Colson, Cálamo currente,El lenguaje de la poesía, Domingo Moreno Jimenes y Delmira Agustini o el otro nombre de la pasión. En Obras completas de León David están editadas en 7 tomos sus diferentes géneros literarios.
  3. Como creador de literatura y expositor intelectual, León David se ha integrado a las actividades literarias del Movimiento Interiorista del Ateneo Insular con cuya estética se identifica y respalda.
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