Publicaciones de la Academia. Camelia Michel: Soliloquio de los días

Por Miguelina Medina

   Al ponderar estos poemas de Camelia Michel confieso que me acerco temerosa a las palabras al darme cuenta de que no las encuentro con el sentido habitual, pero hago un esfuerzo y contrapongo al miedo el alma que muestra Cameliaen su mirada, y ante sus ojos me fluyen las palabras porque las puedo descifrar aun si no hubiera leído sus versos.

Es tan cierta la belleza que Camelia muestra en sus ojos, que solo por ellos puedo seguir esta ordenanza de escribir. Alma y dolor son sinónimos en Camelia, y también condena. En su alma significa firmeza y resolución, esperanza y creación. El alma de Camelia traspasa los sentidos del género con el que vino a la vida, y a la vez me parece que también son femeninos. Le ha tocado transcribir, a nuestra poeta, algunas voces que solo ella con su sensibilidad podía hacer audibles. Yo, mujer, he recibido en mi alma todas sus voces; más el hombre puede escaparse en ella y olvidarse de su Ser en el punto que flota con el brillo del Universo, que ha traído Camelia a su pequeño universo. Un niño, si escuchara estos poemas, podría llegar a la adultez en el momento, ipso facto, y solo cuando crezca podría entender la paradoja sueño-realidad. La conciencia alcanzada a destiempo a veces es buena, a veces mala. La conciencia lejana y profunda de la autora pudo transformarse en un crecimiento para las letras, para la sociedad, cualquiera que sea, que ella habite:

Temblorosa y extraña

hoy dormita en mi jardín prisionera

donde espera que vuelvas

donde sueño encontrarte despierto.

(“Flor temprana”)

En algún momento, Camelia nos hace olvidar la palabra y nos vamos con ella en el viento “leve”. Parece contradictorio, pero la misma palabra que nos transporta nos hace olvidarla. Yo creo que ese es el poema verdadero: algo fuera de nuestro espíritu que vence a la palabra y nos hace olvidar las palabras del verso que quedó atrás, para retomarnos luego en su vuelo, sin darnos cuenta. A veces no entendemos eso, y hacemos observaciones rígidas de lenguaje a la poesía que flota en el poema:

Hoy nacieron rosas en el jardín de antaño

que esperan tu retorno

rosas en el viento como la fuga leve

rosas en la calle

rojas de ansiedad.

(“Flor temprana”)

   En este poema, podemos ver a la verdadera poeta: fuerte, decidida, resuelta, índice de un alma que puede romper el dolor: “¡Ya no más, hasta aquí has llegado, y te sepulto!”:

Como flor impúdica en el cielo

la mañana despunta luminosa

borracha de verdor

y una alondra temerosa

canta en mi mano tu nombre.

(“Flor temprana”)

 

Así es el alma de Camelia, así la muestra en sus ojos confesos. Y esos son los ojos que quisiera que ella le diera siempre a este mundo desolado:

He viajado descalza

por tierras y maressin tiempo.

(“Flor temprana”)

  Camelia riega en todo el poemario su alma diáfana, traslúcida en sus ojos, y no intenta encubrirla ante el dolor, que acepta y redime en su interior, en su soliloquio permanente:

Libre y resueltahoy regreso a ti

como Lázaro despierto

al conjuro redentorde mil palabras (…)

como aquella melodía

que rasgó las cuerdas de un laúd dormido

en la tarde medieval. (…)

hoy he vuelto de la nada

como el primer sonido

que latió en el Universo (…)

Invictade una lucha que luché

contra fantasmas.

Me castigaron los años

que perdí en el sepulcro

sin entender la vida

sin atrapar caminos

ni horadar distancias. (…)

Pero hoy cantaron caracolas

que silbaban en la brisa

Hoy cantaron las sirenas entre peñascos y mares

que marcaban el sendero

y acortaban las distancias

que reían y lloraban

y señalaban el cielo.

(“Regreso a ti”)

 

El amor que duele y sangra lo comprende con el amor de la palabra indómita y misionera, con la cual nos aliviana el camino que ha torturado hasta la carne, pendiendo el alma nuevamente de la fe en el amor interminable:

 

(…) en tu boca de peces susurra la muerte

y se esparce el dolor de los amantes

por jardines devastados. (…)

Pero vuelves sembrando de luces y deseos la noche

despertando el aullido de los lobos anhelantes

los sollozos en los labios destrozados

el amor por siempre fugitivo.

(“Flor de luna”)

 

Recordé en este poema de Camelia  el poema “El lobo”, del poeta vegano Miguel Ángel Durán, donde dice de él: “Vive cerca de los cayos, se anida en lo insondable”. Cuando leí el título del siguiente poema, “Canción para callar el dolor”, me reconfortó haber descubierto antes el sentir de la poeta:

 

Canción que surges de la nada

para acallar mi destino

si te pusiera palabras

no sería ya lo mismo.

 

Entonces evoqué a la poeta michense, la creadora interioristaJosannyMoní, que decía consutileza sin igual: “A veces se me ocurren buenas ideas pero a la hora de plasmarlas se esfuman parcialmente o lo que logro escribir es un triste reflejo de lo que siento y pienso”.

Las almas coinciden en el tiempo, tantas veces, y es tan bueno saberlo un día, aunque sea lejos. En la presentación de este poemario, Bruno Rosario Candelier, creador del Movimiento Interiorista,  pondera la creación literaria de nuestra poeta mocana, interiorista ella, de quienafirma que tiene “sensibilidad estética y el don de la creación simbólica”. Enseña el exégeta mocano que “los poetas son amanuenses del Espíritu pues son las musas, como creía Platón, o un Soplo sutil que nos conecta al Inconsciente colectivo, como creía Jung, que elige a los poetas para canalizar a su través el torrente de imágenes procedentes de la cantera infinita”. Añade el académico dominicano que la autora, “elegida por la Energía Superior del Universo para testimoniar cuanto percibe y crea su sensibilidad espiritual y estética, sus versos reflejan el ideario estético del Interiorismo, al que se ha vinculado en virtud de su consciente dotación creadora”. Rosario Candelier, filólogo y crítico literario, explica que algunos de los poemas de la autora mocana “revelan la onda espiritual de su sensibilidad trascendente con una fina participación de sus sentidos interiores”, y que los temas que enfocan estos poemas, como el dolor, el amor, la angustia, “son los temas eternos de quien mira poéticamente la vida, como puede mirarla la poeta interiorista”. Dice que ella “sabe crear la realidad estética que le sirve de sustancia para la conformación de su visión lírica, metafísica y simbólica”.

En algún momento de la lectura escribí en mi cuaderno: “Ya no había más pensamiento para sufrir, y se quedaron los versos de Camelia hablando solos, mientras yo dormía”.

Con el siguiente poema de Soliloquio de los días, de Camelia Michel, termino mi comentario: Primero transcribiré el poema, luego me limitaré a transcribir mis marginales opiniones del poemario, los cuales revelan mis sentimientos al momento de leerlo. ¿Por qué llegas poesía de la nada? He ahí una pregunta clave y oportuna:

Ángel oscuro que llegas de la nada,

¿por qué ahora que soy sombra

me visitas

y labras surcos crueles de poesía

justo cuando duermen los amores?

Cuando mi vida se funde

en un arco iris sepia

y ya lejanos se pierden los acordes

del ángel aquel que me llevó por el mundo

con una canción en los labios.

Hoy te contemplo poesía del olvido

indecisa rasgadora en el cieno

napa cruel donde naufragan los sueños

música sin claves de armonía.

¿Por qué poesía me lastimas con tu canto

ahora que naufrago rosa rígida en el barro

ahora que el laúd perdió sus cuerdas

cuandovuelan los años?

¿Por qué llegas poesía de la nada?

Ángel oscuro que despides el aroma de los tiempos

¿cómo te atreves a tocarme con tu fuego

ahora que soy agua y desfallezco?

Ángel que te pierdes en la nada

hoy me regalas una cítara y un poema.

 Del poemario de Camelia Michel infiero los siguientes comentarios:

  1. Se ausculta a sí misma habiendo llegado de la primera cúspide de la conciencia y la fe.
  2. Ese vacío, donde la belleza estremece los sentidos, se duda y se teme a su infinitud; ahí confesó el delito y aceptó su condena nuestra poeta.
  3. Yo creo que ya para mí no hay más nada que ponderar ni preguntar, llego al máximo de mi valoración de la poeta, definitivamente.
  4. Si algún poeta no llegara hasta esta cúspide, todavía le faltaría subir hasta que destile toda su antigua sangre.

Camelia Michel, Soliloquio de los días, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua, 2013.

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