Algunos aciertos y desaciertos en casos dificultosos del español en la novela Equis

Por Tobías Rodríguez Molina

Los idiomas constituyen un ente sujeto  a evolución o cambio en el transcurrir del tiempo. Eso le pasa, por consiguiente, a nuestra  lengua española.  De ahí que  todos los que usamos ese canal de transmisión de información, especialmente los escritores y comunicadores en general, participamos de ese proceso, por lo que hay que cuidarse de llamar “peladamente”  errores a muchos usos alejados de las normas  que hasta ahora nos han orientado en el empleo de nuestra lengua castellana. Eso me llevó a hablar de “acierto” al uso de acuerdo con la forma tradicional, y “desacierto” al caso en el que hay un apartarse del uso y normas del español, algo que se  está constituyendo en algo  generalizado y normal, como es, por ejemplo, el caso del “queísmo” y el “dequeísmo”, y otros aspectos más que presentaré en este artículo.

En esta ocasión, mientras leía la novela EQUIS, de Avelino Stanley, fui anotando casos acertados y desacertados presentes en esa novela y de los cuales voy presentando mis consideraciones frente a unos y otros. Debo dejar aclarado que, tal como aparece dicho en el título, analizaré casos que nos presentan fuertes dificultades al emplearlos. Entremos ya en materia.

Aciertos y desaciertos al emplear “aquí” y “acá”:

  1. Empleo de aquí y de acá de acuerdo con la norma:
    1. “Eso era Carita por aquí y Carita por allí.”(p.11, 3ra. edición). En este ejemplo encontramos a “aquí” con el sentido estático que le asigna el español, significando “en este lugar”.
    2. “Ven hacia acá, hacia el Este.”(p.13, op. cit.) .Esta vez Avelino emplea “acá” de acuerdo con el sentido dinámico que se le asigna a ese adverbio de lugar.
    3. “Los árboles se movían así, hacia allá, hacia acá, danzando un ritmo lento, con la parsimoniosidad de la orquesta que dirigía magistralmente la naturaleza.” (p. 66, op. cit.). En este fragmento el autor también emplea “acá” siguiendo la norma de nuestra lengua, es decir, expresando dinamismo o movimiento.
  1. Uso de “aquí” apartándose de la norma del castellano:

-“…desde que María tomaba la lámpara en la mano, su sombra bailaba sobre la pared para aquí y para allá.” Este caso, en lo referente al sentido dinámico, es semejante al 1c, que fue bien empleado al usar “acá”, pero en este caso 2, empleó “aquí” quebrantando la norma, pues debió usar “acá” por el sentido dinámico envuelto en la expresión.

Desaciertos al emplear separadas palabras que van unidas

  1. “…hablaba con Aguila, el muchacho de en frente que estudiaba psicología en la universidad autónoma.” (p. 44, op. cit.). “en frente” no es una expresión adverbial sino un adverbio que se escribe “enfrente”. Hay que tener en cuenta que el nombre de la universidad autónoma debe iniciarse con mayúscula.
  2. “El, como estaba de vacaciones, había venido a donde sus familiares.” Ese “a donde” no debe escribirse en dos palabras, sino en una sola, es decir, debe escribirse “adonde”.
  3. “Sobre todo al medio día, cuando uno venía sudoroso del ingenio.” Aquí se trata del período de tiempo, que es el “mediodía”, y no la mitad del día, que es “medio día”. Véase el siguiente ejemplo: “El agricultor trabajó solamente de las ocho de la mañana hasta el mediodía, y por eso  solo  le pagaron medio día de trabajo.”
  4. “…y se la llevó cargada, acariciándola todo el tiempo, besándola en la boca, en las mejillas, en la nariz, donde quiera. (p. 97. op. cit.). Se trata en este caso del adverbio “dondequiera”.  “Donde quiera” podría aparecer escrita en dos palabras en una oración como esta: “Donde quiera ella ir (donde desee ella ir), allí iré yo.”

Desaciertos al usar juntas palabras que se escriben separadas.

  1. “Aveces, como para disimular, María se tiraba en la cama y duraba horas enteras mirando hacia arriba.” (p. 79. op. cit.). Este desacierto consiste en escribir “A veces”, que es una frase adverbial, como si fuera un adverbio, que en ese caso se escribiría en una sola palabra.
  2. “La abuela, después de haber visto todo, salió depronto y volvió con una mata de sábila…” (p. 81, op. cit.). Se deben escribir no unidas las palabras de esta expresión adverbial, que es “de pronto” y no “depronto”.
  3. “…se le había dado ese nombre no se sabe porqué.” (p. 83, op. cit.). Si a ese “porqué” lo estuviera acompañando el artículo “el”, estaría bien empleado, pues sería “el porqué”, equivalente a “el motivo”. Pero en ese contexto equivale a “por cuál (qué) razón o motivo” y se escribe “por qué”.

Desacierto al emplear la variante del pronombre de tercera persona (el-los, la- las, usted-ustedes) con función de objeto indirecto, que debe ser “le” para el singular y “les” para el plural.

  1. “Con esa letrina en uno de los extremos que le servía, al mismo tiempo, de baño.” (p.60, op. cit.) Según el contexto, la letrina serviría para todos los que vivían en la hilera de habitaciones, es decir, “les” servía a todos.
  2. “Ya resultaba algo fútil para muchos, aunque a  otros, como su madre, esto le  resultaba una madeja muy difícil de tejer.” (p. 75, op. cit.). El contexto da a entender que el referente objeto indirecto “otros” es plural, por lo que mandaba usarse “les” y no “le”.

Desacierto al no aplicar la norma de la concordancia entre un sustantivo y su modificador directo o adjetivo. Ejemplo: “Y los laureles, esos monstruos enorme, apenas cedían.” (p. 84, op. cit.). Al estar monstruos en plural, pide que su modificador directo  se exprese en plural y sea “enormes”.

Desaciertos al  emplear “que” en lugar de otras construcciones.

  1. Empleo de “que” (queísmo) debiendo usar “de que”. Ejemplo: “Porque estaban seguros que ella no saldría de allí ni amarrada. (p. 76, op. cit.). La verdad es que el queísmo es empleado por la mayoría de los dominicanos. Es decir, ese uso se ha constituido en algo propio de nosotros. Hacemos esta afirmación a pesar de que uno no conoce ningún estudio sobre ese fenómeno de cambio linguístico, pero la percepción al oír hablar o leer lo que escriben nuestros compatriotas, creo que avala mi afirmación.
  2. Empleo de “que” en vez de “a los que” (desalosqueísmo). Ejemplo: “También se cruceteaban entre la cara de la gente los mimes, esa especie de los múscidos, que se le había dado ese nombre no se sabe porqué” (p. 83, op. cit.). Esta vez elidió  “a los” en la expresión “a los que”, a lo cual yo le he llamado desalosqueísmo, partiendo de “des” (eliminación, falta, ausencia) como en “desunido”, “desvergonzado”, “desamor”.
  3. Empleo de “que” en lugar de “en que” (desenqueísmo). Ejemplo:  “Justo en ese momento que la vecina rascaba ya el fondo del caldero…” (p. 96, op. cit.).  Debe ser:   “Justo en ese momento en que la vecina rascaba ya el fondo del caldero…”

Acierto en el empleo de “aún”: “Al pararse, satisfecha, sin tomar equilibrio aún, cayó al suelo.” (p. 55, op. cit.). Ese uso cumple con la norma al ser ese “aún” equivalente o sustituible por “todavía”.

Desacierto al emplear “aun” y “aún”

  1. “Aún así, todavía vivían buscando en los patios cualquier espacio pequeño…”( p. 57, op. cit.). Aquí vemos un empleo de “aún” con tilde como si se tratara de su equivalencia con “todavía”, lo cual no es así porque en ese ejemplo, la única equivalencia posible es con “incluso” e “inclusive”.
  2. “…la vecina rascaba ya el fondo del  caldero y no la había llamado aun…” (p. 96, op. cit.). Evidentemente, en ese caso tenía que escribir “aún” así,  con su  tilde, por su equivalencia con “todavía”.

Otro desacierto: Elisión de un término y una coma, con lo cual se dificulta la comprensión del contenido.

“Mientras María permanecía semifuribunda, con la cabeza apoyada en la palma de la mano.” (p. 80, op. cit.). La redacción se mejora y se aclara el sentido si decimos: “Mientras tanto, María permanecía semifuribunda, con la cabeza apoyada en la palma de la mano.”  Esa construcción sin “tanto” y sin “coma” no es una oración gramaticalmente completa, sino una proposición, que sería parte de una oración compuesta como la siguiente: “Mientras María permanecía semifuribunda, con la cabeza apoyada en la palma de la mano, la niña lucía desentendida en un rincón de la sala.”

Empleo desacertado del verbo “hacer” impersonal, que según lo pautan las normas de la concordancia, jamás debe aparecer en plural cuando se usa como impersonal, como lo usó el autor de la novela que  estamos analizando.

Veamos el siguiente ejemplo:  “Pensó ligeramente en que hacían algunos días  que la muchachita no se le escuchaba lo de Carita.” (p. 96, op. cit.). Para guardar la acertada concordancia, la expresión “hacían algunos días” tiene que ser “hacía algunos días”.

Si tenemos en cuenta la abundante cantidad de desaciertos presentes en esa novela de Avelino Stanley, podríamos pensar que, si pasó por las manos de un corrector de estilo, a esa persona  habría que enviarlo a un centro de corrección estilística.

© 2019, Tobías Rodríguez Molina

 

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