Refranero del español dominicano: refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas

Por Bruno Rosario Candelier

 

Identificación y acarreo de paremias

Con el nombre de paremias se conocen las variantes fraseológicas expresadas en refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas. El conjunto de nuestras paremias, que nuestro pueblo bautiza con el nombre de refranes, constituyen el meollo de esta quinta obra lexicográfica publicada por la Academia Dominicana de la Lengua.

La confección de este refranero implicó tres años de labor lexicográfica en el acarreo de refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas. En mi condición de director de la ADL y coordinador del equipo lexicográfico de la institución, instruí a los colaboradores con la base teórica y la orientación lingüística para ejecutar las tareas pertinentes con un criterio operativo en la realización de esta obra de estudios idiomáticos. El acarreo de las paremias de diccionario implicaba diferenciar los rasgos semánticos de las susodichas paremias (refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas), mediante el auxilio de una guía que el equipo lexicográfico aplicó en el expurgo de las fuentes primarias (obras literarias, textos periodísticos y voces de la oralidad) en procura de las expresiones paremiológicas del español dominicano, tanto en el plano literario como en la cultura viva del pueblo, formalizadas en los diversos modismos idiomáticos usadas en las obras de nuestros escritores o pronunciadas en los variados escenarios de la lengua viva, en los medios de comunicación y en los diversos ambientes populares. Esta obra se funda, por tanto, en el uso de refranes del español dominicano.

Con la orientación lexicográfica pertinente, la labor de acarreo de las expresiones paremiológicas se hizo en busca de las idiolexías del español dominicano que este Diccionario de refranes, editado con el auspicio de la Fundación Guzmán Ariza pro Academia Dominicana de la Lengua, ofrece a quien pueda interesar. Con este refranero completamos el abanico fraseológico de nuestro lenguaje, con las cinco vertientes paremiológicas registradas en esta obra.

Indagamos, leímos y curcuteamos obras narrativas de autores nacionales en busca de las expresiones idioléxicas, lo mismo en textos de poesía y ficción, que en periódicos y revistas. Y puse particular atención a la oralidad, fuente viva de refranes, adagios, sentencias, máximas y proverbios. Cada una de las variantes paremiológicas del abanico fraseológico fue enfocada con el siguiente criterio:

   Máxima: Señala lo que hace que las cosas sean. Y en tal virtud, es  un principio que orienta la conducta: “El ojo del amo engorda al caballo”.

   Sentencia: Advierte lo que las cosas deben ser, por lo cual es norma o patrón que ampara una determinación: “Delante de ahorcado no se debe mencionar el lazo/la soga”.

   Adagio: Indica lo que las cosas son y, en ese sentido, es un conocimiento fundado en hechos de la vida: “Culebra no se amarra en lazo”.

 Proverbio: Muestra lo que las cosas generan, razón por la cual es una pauta inspirada en su naturaleza: “Por la fruta se conoce el árbol”.

Refrán: Señala lo que las cosas enseñan, en cuya virtud entraña un concepto derivado de una experiencia de vida: “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”.

Además de definir cada paremia, presentamos ejemplos para que se entienda mejor cada variante paremiológica. También se explica el modo operativo y la estructura del esquema para definir cada variante paremiológica con ejemplos oportunos:

aguas

las aguas se aclaran con el tiempo. máx. Señala que a una situación turbia, de la que no se tiene una percepción clara, es mejor darle larga.

 

filo

filo a la mocha que hay cañas que cortar. sent. Consigna lo que se debe hacer para conseguir lo que se quiere, como el hecho de fajarse a trabajar: “…reaccionó pronto y se puso a sacar más filo a la mocha, que había cañas que cortar y mandarla para el ingenio. Ahora que se vuelve a la posición anterior, el panorama le pertenece de nuevo por entero…” (OGil, “Orlando”, L. D., 25/01/16/5A).

 

agrias

las agrias no se pagan. adg. Indica que se hace lo que conviene: “El pasado lunes en el Comité Político quedó claro que las agrias no se pagan y que la alta dirección puede hacer jugo con las dulces” (OGil, “Orlando”, L. D., 4/08/17/6A).

 

venganza

la venganza no es buena consejera. prov. Enseña a no hacerle lo mismo a quien nos ha ocasionado un daño: “Al PLD, como a las Paola, le manda uno a decir siempre: “por favor” y “gracias” (ser humilde) y a releer atentos el refranero popular… “la venganza nunca es buena, mata el alma, la envenena” (PMckinney, “Bulevar”, L. D., 12/01/16/10A).

 

mal

no hay mal que por bien no venga. ref. Enseña que una adversidad suele tornarse favorable: “Cientos de ratas fueron encontradas muertas a causa de las aguas, (…) y que motivó al general Príncipe Tenebroso a opinar que “No hay mal que por bien no venga, pues solo así podían morir tantos ratones juntos…” (RPeraltaRomeroResiduos146).

En el taller de orientación explicaba los ejemplos, al tiempo que aclaraba las dudas con las instrucciones pertinentes para la realización de las tareas. Las expresiones idiomáticas llamadas “refranes” comprenden las paremias cuyo estudio se conoce con el nombre de paremiología, vertiente del lenguaje que en la lengua española tiene una importante tradición por la dimensión ilustradora, sintetizada y edificadora de los refranes. A las expresiones idiomáticas las denominé  “idiolexías”, que es lo mismo que decir, ‘modismos idiomáticos’.

Con el caudal de las expresiones idioléxicas que conforman los modismos idiomáticos de nuestro lenguaje confeccionamos este refranero integrado por refranes, adagios, máximas, sentencias y proverbios, modalidades del decir que fundan esta nueva obra de la ADL. En el Diccionario fraseológico del español dominicano dimos a conocer locuciones, frases y giros idiomáticos (1), cuyas idiolexías completamos en esta obra.

Con esta orientación iniciamos la confección de este diccionario paremiológico cuya realización tuvo tres procesos: recopilación de expresiones idiomáticas, definición de sus significados y, en múltiples casos, ilustración de su uso con ejemplos de las expresiones idioléxicas.

 

Naturaleza de las paremias

Paremia es la palabra que designa al conjunto de refranes que usan los hablantes de la lengua. El refranero comprende el caudal de paremias, y el conjunto de las expresiones paremiológicas llamados idiotismos o modismos idiomáticos, constituye una herencia de la lengua española compartida por los hablantes de las diversas variedades del español en el mundo hispánico. Por eso el perfil del refranero no es solo una expresión de la lengua general sino también una muestra de las variantes geográficas de nuestro idioma con sus formas peculiares en el habla del español dominicano.

El habla se forma con los vocablos con que se forman las combinaciones léxicas y sus valores semánticos que la gramática clasifica en frases, oraciones y párrafos. El lenguaje está preñado de formas paremiológicas que llamamos locuciones, frases, giros, refranes, adagios, máximas, sentencias y proverbios. El conjunto de esas expresiones idiomáticas o paremias, que el autor de esta obra llama idiolexías, nuestro pueblo lo identifica como refranes.

Hay dos clases de paremias: las simples (locuciones, frases y giros) y las complejas (refranes, adagios, sentencias, máximas y proverbios). Estas últimas tienen en común una dimensión semántica que entrañan una lección, una enseñanza, un principio, un sentido profundo, una verdad moral y una sabiduría existencial. Las primeras expresiones idiomáticas (locuciones, frases y giros) las presentamos en el Diccionario fraseológico del español dominicano; y las segundas (refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas) figuran en este Diccionario de refranes, que completa el caudal de las expresiones idiomáticas que usan los hablantes dominicanos de todas las edades, condiciones sociales, niveles culturales, modalidades expresivas y variantes dialectales.

Los adagios entrañan un conocimiento de la realidad; las máximas, un principio orientador; las sentencias, una pauta de conducta; los proverbios, una enseñanza moral; y los refranes, una sabiduría inspirada en la experiencia de la vida.

El redactor y los colaboradores de este Diccionario de refranes siguieron las instrucciones impartidas para confeccionar este refranero con las idiolexías que conforman las paremias del español dominicano. Cumplimos tareas específicas para el expurgo de las fuentes (obras literarias, textos periodísticos) y voces de la oralidad (expresiones de la calle, localizables en tiendas, colmados, colmadones, discotecas, bares, templos, peluquerías, escuelas, oficinas, cafeterías, centros médicos, restaurantes, estadios deportivos) y, desde luego, en la radio, la tv y la red electrónica de internet.

Los textos de ilustración se consignaron de la siguiente forma: la palabra clave y el ejemplo están escritos en negritas; definición del significado de la paremia, seguido de dos puntos; la paremia donde aparece en el párrafo va entre comillas, y se escribe con letras en versalitas; y al final, entre paréntesis, va la inicial del nombre del autor, sus apellidos completos, una palabra clave del título de la obra en cursivas y la indicación de página, sin margen). La fuente bibliográfica se consigna en la bibliografía final (2).

    El autor de esta obra aplicó una metodología de trabajo que se resume en el siguiente decálogo operativo que orienta al lector:

  1. Expurgo y presentación de las paremias, idiolexías o expresiones idiomáticas leídas, usadas o escuchadas.
  2. Tras cada expresión idiomática se consigna su definición.
  3. Se selecciona el párrafo donde aparece la susodicha paremia para mostrarlo como ejemplo de uso.
  4. Si la paremia se ha tomado de un libro, periódico o revista, se cita su uso con el ejemplo que sirve de ilustración.
  5. En cada ejemplo se consigna la fuente de procedencia, cuya ficha bibliográfica aparece en la bibliografía final.
  6. La palabra clave y las paremias se marcan en letras negritas.
  7. Si la paremia presenta más de una vertiente interpretativa se consignan con números en negritas.
  8. Cada ejemplo se coloca en orden alfabético en el diccionario.
  9. Las expresiones idiomáticas se clasifican de acuerdo con su modalidad (refrán, adagio, máxima, sentencia y proverbio).
  10. Esta plataforma de trabajo unifica criterios con rigor metodológico para la calidad de la investigación paremiológica.

Cada una de las paremias presentadas fue revisada cuidadosamente en beneficio del rigor lexicográfico de este refranero o lexicón paremiológico. En la confección de esta obra lexicográfica apliqué diez consideraciones operativas:

  1. El orden de la ficha bibliográfica se hizo de esta forma: nombre del autor, título del libro (con letras en cursivas), lugar de publicación, editora, año de publicación y página.
  2. A cada refrán le precede una palabra clave.
  3. Al término del refrán va un punto.
  4. A seguidas se consigna su clasificación en minúscula.
  5. A continuación se presenta la definición o la descripción del significado del refrán.
  6. Al término de la definición se colocan los dos puntos que anuncian el ejemplo.
  7. Se muestra como ilustración un párrafo donde aparece el uso del refrán, que en la cita se destaca en versalitas.
  8. El ejemplo se pone entre comillas y se da la procedencia.
  9. La fuente de referencia se consigna entre paréntesis con la inicial del nombre, los dos apellidos del autor, una palabra clave del artículo o el libro citado y la fecha de edición. La ficha bibliográfica va en la bibliografía final.
  10. En esta obra paremiológica estudiamos los modismos idiomáticos de la expresión vertidos en las paremias, es decir, refranes, adagios, sentencias, máximas y proverbios.

El conjunto de las paremias o idiolexías se usan en la lengua escrita y en la lengua coloquial de la oralidad. El refranero condensa la sabiduría popular, y el campesino matiza y complementa su conversación con refranes y dichos populares. Dada la riqueza expresiva de las paremias, el hablante común tiene una fe inmensa en las formas de expresión paremiológica. Ya Sancho, como auténtico hombre del pueblo, decía que su único caudal eran los refranes (3); y el campesino dominicano, fiel a esa tradición popular, conoce y emplea un dicho sentencioso para cada situación. Cuando, por ejemplo, desea expresar la pretensión de superioridad del hombre de la ciudad, no vacila en afirmar que “el sabio vive del fruto, y el bruto, de su conuco” (4). Según Emilio Rodríguez Demorizi, el refrán era un recurso habitual en nuestra poesía popular tradicional. Abundaba en las letrillas de los primeros tiempos de la República, de 1844 a 1861, y luego en las décimas de Juan Antonio Alix, “quien mejor y más largamente espigó en la vasta sementera del refranero criollo” (5).

Los modismos y dichos populares constituyen un modo de expresión de nuestro pueblo y una forma de expresión de su idiosincrasia porque esa forma de hablar, como los modos sentenciosos, no solo son muy del gusto de los sectores populares, sino que revelan una faceta de su talante cultural. Al respecto, escribía Juan de Valdez: “Lo mejor que los refranes tienen es ser nacidos en el vulgo” (6); y Gonzalo Correas afirmaba que “de refranes se han fundado muchos cantares y, al contrario, de cantares han quedado muchos refranes” (7). El soneto de Ramón Emilio Jiménez lo confirma:

 

La guapa moza campesina, cuya

comprensión de la vida es nada estrecha,

aunque ya herida por oculta flecha

le dice al hombre del que aún no es suya:

 

No hace un lazo una hebra de cabuya,

un solo grano no hace cosecha,

un solo machetazo no hace brecha,

ni un solo día basta para ser tuya”.

Pero al instante el ánimo responde

del campesino, que su amor no esconde,

y el labio se abre al corazón sincero:

De un solo grano se formó la mata,

es una sola bala la que mata,

y una sola palabra la que espero” (8).

 

El apego a esas formas de expresión sigue vivo en los sectores populares, especialmente en la población rural, donde el criollismo conserva sus raíces originales. Las mismas formas métricas tradicionales se prestan mejor para la incorporación de las paremias. Cuartetas, seguidillas y pareados, las formas más típicas de la lírica folklórica, resultan un eficaz instrumento, como dice Carlos H. Magis, para satisfacer el gusto popular por el decir sentencioso, que suele emplear los recursos fundamentales de la expresión poética tradicional: metrificación, rimas, imágenes (9).

Tanto el refrán, como las restantes expresiones idioléxicas, tienen un perfil social ya que las paremias obedecen a la condición espacio-temporal de la cultura que la genera. Por ejemplo, el refrán “tanto vales, cuanto tienes” refleja parte de la cosmovisión de la mentalidad de la sociedad donde tiene vigencia dicha expresión, es decir, proyecta una situación en donde el valor del dinero prima sobre la esencia de la persona.

 

De refranes y dichos populares

“Esto también lo sabe casi azul Domitila,/la domadora de Compadre Mon, la que suave,/abre sus manos de patio, y siente que se llenan/de las barbas de Mon, y siente que sus dedos/se pueblan de refranes, y el pueblo en ellos cabe,/igual que todo el cielo cabe en una ventana” (10).

En uno de sus discursos políticos decía Juan Bosch que los dominicanos de su tiempo no hablan como lo hacían los de tiempos anteriores, y precisaba que hasta hace algunos años “aquí se oían muchos refranes que hoy no se oyen” (11). Pues bien, en esta obra hemos recogido no solo los refranes actualmente en uso, sino los refranes del pasado que figuran en libros de autores dominicanos.

En efecto, de tiempo en tiempo se puede apreciar que la forma de hablar varía en virtud de la naturaleza cambiante de la sociedad y el habla de sus hablantes y, en cuanto a los refranes y dichos, siguen teniendo vigencia, aunque algunos usos pierden su sentido primordial. Como el refrán tiene una vinculación con la vida campesina conserva muchos rasgos de la cultura tradicional. El refranero condensa reflexiones realistas y prácticas comunes de los hablantes ante acciones humanas, hechos naturales o acontecimientos sociales. El refrán es fruto del sentido común socializado, de la experiencia colectiva avalada por una tradición inveterada y reproducida por cada generación que repite y reafirma la verdad del dicho agudo y la reflexión de la expresión sentenciosa. En el refrán brota el alma del pueblo con su filosofía natural, su postura ante la vida y sus aspiraciones, su humanismo, su modo de reaccionar, positivo o negativo, ante tal o cual ocurrencia. Cada refrán, sentencia, adagio, máxima o proverbio versan sobre situaciones concretas y encierran un axioma de las verdades entendidas como tales: “Loro viejo no aprende a hablar”, dice una antigua expresión que alude a quien debiendo hacer algo no lo hace por falta de habilidad.

El refrán está vinculado a la tradición cultural de una comunidad, en cuya virtud está enraizado en el alma del pueblo. De ahí su carácter tradicional, su matiz folklórico y su gracia popular. El estudio de las paremias, con sus refranes, proverbios, adagios, máximas y sentencias, se denomina paremiología. Los dichos y refranes forman parte del acervo cultural del pueblo, ya que es parte sustantiva de su cultura viva, y como tienen un carácter tradicional, heredado y asimilado, conservan fórmulas estereotipadas, frases fijas, giros lexicalizados, clichés estilísticos y recursos expresivos fosilizados integrados al caudal lingüístico de la comunidad donde operan. La carga significativa que encierran las paremias está formada por valores socialmente aceptados -mitos, creencias, prejuicios, actitudes, supersticiones, leyendas- y que constituyen la sal de la vida del lenguaje de los hombres y mujeres del pueblo, matizando la conversación, modulando la intención expresiva, enriqueciendo el lenguaje coloquial con su singular decir.

El triple carácter patrimonial, convencional y tradicional de las paremias consolida una carga conceptual sutilmente refrendada por diversos aspectos ideológicos, imaginativos, morales, estéticos, imaginativos, afectivos y espirituales, a pesar de la petrificación de su contenido o la fosilización de su forma, de manera que las paremias connotan proyecciones interiores de la cosmovisión y cultura del pueblo que las usa y recrea -prejuicios sociales, supersticiones, tabúes-. Por esa razón, no siempre hay que aceptar como bueno y válido el significado de las paremias que encierra la cantera de la expresión idiomática popular. Ciertamente, entre las gentes del pueblo, el contenido de un refrán contiene una verdad indiscutible, y la fe ciega que depositan en esa manifestación lingüística los llevan a creer y compartir plenamente sus postulados. De ahí que la labor del lexicógrafo y, sobre todo, la del maestro y el escritor ha de consistir en valorar el alcance de esas expresiones tradicionales y fundar las antiguas verdades de una sabiduría inveterada.

Enfocadas las paremias como hechos de lengua en su expresión idiomática, se deben apreciar sus valores semánticos y el carácter lexicalizado de su composición. La expresión “carácter lexicalizado” alude a su condición de frase hecha, es decir, fija, invariable y repetida. Si enfocamos las paremias como una manifestación estilística en virtud de los rasgos expresivos implicados, es preciso ponderar sus connotaciones comunicativas, sus componentes afectivos y su contenido espiritual, atendiendo a su marca coloquial potenciada por la rica cantera del saber expresivo tradicional, valiosa fuente de recursos popularizados. Tal es el valor que tienen para literatos, profesores y lexicógrafos las paremias del lenguaje.

La palabra “popularizado” remite los sectores populares, y es justamente en esos sectores donde el uso de dichos v refranes tiene más vigencia, es decir, en la comunicación oral popular, sobre todo en el ámbito rural, donde el lenguaje corriente se impregna de expresiones paremiológicas. De ahí que algunos escritores que acuden al acervo lingüístico tradicional, especialmente los que hacen una literatura culta popularizada inspirada en el registro de lo propio, incorporan a su producción coplas y refranes de la cultura popular. Ese es un procedimiento al que acuden narradores, dramaturgos y ensayistas para aprovechar el matiz expresivo de las paremias y otras expresiones folklóricas como un medio para captar la esencia del alma popular, reflejar su idiosincrasia y expresar el sentir vivo del pueblo para obtemperar la simpatía popular.

La literatura dominicana tiene valiosas obras con expresiones paremiológicas. En esta obra hemos citado refranes usados en textos poéticos de Juan Antonio Alix, Ramón Emilio Jiménez, Manuel del Cabral, Huchi Lora y Benjamín García; cuentos de José Ramón López, Juan Bosch, Artagnan Pérez Méndez, Rafael Peralta Romero y Emelda Ramos; novelas de Alfredo Fernández Simó, Marcio Veloz Maggiolo, Ángel Garrido, Emilia Pereyra y Manuel Salvador Gautier; obras dramáticas de Franklin Domínguez, Manuel Rueda, Máximo Avilés Blonda, Iván García y Jovanny Cruz; estudios y ensayos de Pedro Henríquez Ureña, Ramón Emilio Jiménez, Emilio Rodríguez Demorizi, Héctor Incháustegui Cabral y Orlando Gil, entre otros. Los refranes condensan la sabiduría popular y, por su carácter tradicional, son anónimos, conceptuosos y breves.

El refrán tiene una impronta sociocultural. Sus implicaciones sociales, políticas, antropológicas y espirituales los convierten en signos portadores de variados sentidos y mensajes. En un campo de La Vega, y esto lo registro en mi libro Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, le oí decir a un campesino esta expresión: “El sabio vive del bruto, y el bruto, de su conuco” (12). Y lo decía con gesto de humildad, consciente de lo que estaba diciendo, y del puesto, que según su apreciación, ocupaba en la sociedad. Justamente los refranes tienen su origen en un hecho concreto y se aplican a hechos similares, y su importancia es indiscutible por el rol que desempeñan en el lenguaje coloquial.

Naturalmente, no se debe confundir el refrán, típica expresión paremiológica, con la frase conceptuosa o deslumbrante, como esta que escuché de una película brasileña: “Mi vida se detuvo en el tiempo”, o esta otra, de factura literaria: “El tiempo es lento para el corazón que espera”. El campesino dominicano es ducho en crear y repetir refranes y expresiones paremiológicas. De labios de nuestros campesinos he oído varias expresiones paremiológicas: “El burro sabe a quién tumba, y el demonio, a quién se lleva”, para indicar que uno sabe lo que hace y a quién lo hace; “Tú eres el níspero del Cerro” alude a una persona muy vieja; “Mala carcoma tienes tú al lado” significa que no puedes hacerle vagamunderías a su compañero. La significación de las siguientes son obvias: “Más vale paso que dure, que trote que canse” (es preferible ir despacio sin cansarse, que ir rápido y terminar agotado); “aquí tiene uno que bailar al son que le tocan” (hay que hacer lo que establece la casa o el jefe); “el que sabe de mondongo, que desenrede esta tripa” (señala que  el portador del conocimiento resuelva el problema); “cada cual sabe dónde amarra su caballo” (advierte que uno sabe lo que tiene que hacer y cómo lo hace); “ese gallo no canta en tu gallinero” (señala a quien está fuera de su ambiente natural).

Conocedor del rol de los refranes en el talante de nuestro pueblo, Manuel del Cabral escribió: “Y se agiganta mucho más tu historia/en la alcancía de mi memoria,/loro de los refranes, triunfo de las mujeres,/cuando volando las cabalgaduras,/eran sobre las lomas y las llanuras/un tiroteo los amaneceres” (13).

Los refranes, máximas, sentencias, adagios y proverbios formalizan la sabiduría del pueblo (14) y, como en los cuentos de caminos, resumen la experiencia de vida, el conocimiento de la realidad y los saberes heredados. Condensan vivencias, anhelos y normas de vida, que se consignan con una pauta de escritura (15). Según la estimación de Pablo Mckinney, a los señores (se refiere a los actuales dirigentes políticos en el poder) los refranes y cuentos de la sabiduría popular deberían decirles algo, por ejemplo: “Tanto fue el cántaro a la fuente, hasta que se rompió”, o aquello de “tanto sobó el diablo a su hijo, hasta que le sacó un ojo”, o “Lo mucho hasta Dios lo ve” (16).

Los refranes revelan una filosofía pragmática, realista y vivencial de la vida cotidiana, fundada en hechos reales y experiencias vividas, que al ser internalizados en la conciencia y usados en el lenguaje con su connotación semántica, proyectan el sistema de creencias, actitudes y valores del pueblo que los crea, usa y pronuncia (17).

En las paremias se refleja la idiosincrasia del pueblo y por ende la psicología de sus hablantes con las manifestaciones antropológicas de la comunidad donde el dicho popular o el refrán oportuno tienen vigencia. Por eso en esta obra se proyecta, a través de nuestros refranes, una radiografía del alma dominicana, que el autor de esta obra va desgranando e interpretando en las correspondientes idiolexías con el ejemplo adecuado. Por ejemplo, el refrán “en el ruido de las espuelas va el coraje de los jinetes” se retrata el alma nacional mejor que cualquier tratado de sociología o cualquier estudio sociopolítico.

En su dimensión lingüística, sociológica y literaria las paremias registran, perfilan y plasman lo que una comunidad de hablantes entiende, usa y expresa. Porque un refrán no es solo una simple paremia del lenguaje, sino una singular forma de ver las cosas y una peculiar manera de explicar el mundo.

 

Bruno Rosario Candelier

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo, R. D., 7 de enero de 2018.

Notas:

  1. Cfr. Bruno Rosario Candelier, Irene Pérez Guerra y Roberto Guzmán, Diccionario fraseológico del español dominicano, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua, 2016.
  2. Rafael Peralta Romero, Residuos de sombra, Santo Domingo, Cocolo Editorial, 1997. Claudio Acosta, “Qué se dice”, Hoy, 15/07/14/2A. Marino Berigüete, 13 cuentos supersticiosos del Sur, Santo Domingo, Centenario, 1999. P. Mckinney, “El bulevar de la vida”, Listín Diario, 12/01/16/10A. César Medina, “Fuera de cámara”, Listín Diario, 13/01/16/2A.
  3. Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, II, XLIII.
  4. Adagio escuchado por el autor de esta obra en Bacuí, paraje rural de la provincia de La Vega, R. D., en el año de gracia de 1964.
  5. Emilio Rodríguez Demorizi, Refranero dominicano, Roma, Stab tipográfica, 1950, p. 35.
  6. Juan de Valdez, Diálogo de la lengua, Madrid, Espasa, 1953, p. 15.
  7. Gonzalo Correas, Arte grande de la lengua castellana, Madrid, Conde de la Viñaza, 1903, p. 258.
  8. Ramón Emilio Jiménez, Savia dominicana, Santiago, Rep. Dominicana, El Diario, 1931, p. 169.
  9. Carlos H. Magis, La lírica popular contemporánea, México, El Colegio de México, 1969, p. 368.
  10. Manuel del Cabral, Obra poética completa, Santo Domingo, Alfa y Omega, 1976, p. 100.
  11. Juan Bosch, Vanguardia del pueblo, Santo Domingo, 24/03/1982, p. 4.
  12. Bruno Rosario Candelier, Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, Barcelona, España, UCMM, 1977, p. 190.
  13. Manuel del Cabral, Obra poética completa, p. 50.
  14. B. Rosario Candelier, Ensayos lingüísticos, Santiago, UCMM, 1990, p. 235.
  15. Los ejemplos de ilustración siguen esta pauta: la palabra clave y la paremia en negritas; la definición del significado seguido de dos puntos; el párrafo de ilustración citado entre comillas y la paremia donde aparece su uso se consigna en versalitas. Al final se coloca entre paréntesis sin márgenes la inicial del nombre del autor, sus apellidos, una palabra clave del título de la obra y la página donde figura el uso. La bibliografía registra la fuente de los refranes en libros, revistas y periódicos.
  16. Pablo McKinney, “El bulevar de la vida”, Listín Diario, 18/07/17/12A.
  17. El autor de esta obra consigna que, como fuente de la oralidad, escuchó varios programas de radio y tv en procura de refranes usados por los voceros de la comunicación social, entre los cuales cito a Mons. Freddy Bretón en “Comunicación y vida”; Julio Hazim, en “Revista 110”; Manolo Ozuna en “El mañanero”; Melton Pineda en “Buenas tardes, país”; Delis Herasme en “Amaneciendo con Delis Herasme”; Consuelo Despradel en “Tempranito con Consuelo”; Juan Grullón, en “La esquina de Juan”; Cristian Casablanca, en “Mente maestra”; Álvaro Arvelo, en “El gobierno de la mañana”; Pablo Mckinney, en “El sol de la mañana”; y Héctor Arias (El Talibán), en “El poder de la gente”.
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