PROTOCOLO – *PUBLICITADO – *RAPERO

En español este vocablo estaba limitado al ámbito de la diplomacia y de los ceremoniales. En el campo jurídico se refería a la ordenada serie de matrices y otros documentos que un notario conservaba a manera de custodia. La definición misma de la palabra menciona las formalidades. Otra de las acepciones guarda relación con las actas o acuerdos que se adoptan durante una conferencia, o congreso diplomático. Aquí de nuevo surge la materia diplomática. La tercera acepción que mencionaba el Diccionario de la Academia era por extensión, “regla ceremonial diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre”. Todo lo que antecede es lo que constaba en el DRAE hasta el año 1992.

En inglés la voz “protocole”, además de lo esencial que menciona el español es también un MÉTODO de hacer algo, sobre todo en el campo de la técnica. Muchas personas que leían el significado del vocablo en inglés lo trasladaban al español sin percatarse de que ese valor no lo tenía en nuestra lengua.

En materia de salud, sobre todo en las investigaciones y en algunos casos se siguen en inglés “protocolos”, es decir, un camino ya establecido. En estos casos lo que procedía que se usase en español era MÉTODO, TRÁMITE, PROCEDIMIENTO.

El uso científico del vocablo en español introdujo la palabra “protocolo” hasta el punto en que la Academia lo asentó en la edición de su diccionario en el año 2001. La cuarta acepción añadida reza así: “Plan escrito y detallado de un experimento científico, un ensayo clínico o una actuación médica”.

No cabe duda de que la postura de las autoridades de la lengua española ha sido aceptar y asentar el uso culto de la palabra. La definición que se copió del Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española es una adaptación (por no usar el vocablo traducción) de la definición que trae el Merriam-Webster´s Dictionary.

*PUBLICITADO

“En una improvisada conferencia de prensa al finalizar el PUBLICITADO encuentro…”

Desde que uno lo lee piensa que se trata del participio pasado de un verbo…y que el verbo tiene que ser PUBLICITAR. Pues bien, ese verbo sencillamente NO existe en español. No es menos cierto también que muchas palabras de las que se consignan en el Repertorio Oficial de la Lengua pueden dar pie a que se caiga en este error.

Hay que pensar que existen PUBLICIDAD, PUBLICISTA, PUBLICITARIO(A). Cuando el ascenso en las palabras va a este ritmo que se nota al traer estos ejemplos, en los cuales las terminaciones se alejan del original del verbo PUBLICAR, es natural y normal que un día cualquiera uno se equivoque. Hay que ser cuidadoso para no incurrir en este tipo de error.

El verbo en latín era publicare y pasó al francés como publier. El origen de la palabra estuvo relacionado con la nación como concepto y, de ahí matizó su significado a “concerniente a todos.” La palabra publicité en francés apareció en el siglo XVII, publication la había precedido al aparecer en el siglo XIV.

Estos últimos vocablos derivaron del latín publicatio. La Academia Francesa de la Lengua aceptó el término publicitaire en el siglo XX. En un principio publiciste era quien escribía acerca del derecho público; más adelante en el mismo siglo XIX se aceptó su uso para los periodistas y, ya en el siglo XX se admitió su sentido como “agente de publicidad” que ha desplazado en esa lengua a los precedentes.

Por el momento, hay que conformarse con lo que existe en español. El verbo PUBLICAR es el único que hace las funciones de llevar a conocimiento de todos los asuntos que pasan por este proceso. No se necesita el verbo PUBLICITAR, lo que se precisa es de la acción de PUBLICAR. Esto para que todos lo sepan y se haga del dominio público de modo que se incurra en menos deslices.

Ni aun en el Diccionario panhispánico de dudas se hace mención del verbo *publicitar, esta ausencia es notoria a pesar de que se tuvo la oportunidad de incluir su aceptación en calidad de bueno, aceptable o tolerable.  No obstante lo escrito en la oración anterior, hay que reconocer que el uso sigue en auge.

Quizás quienes emplean el verbo criticado lo hacen cautivados por la sonoridad del participio que es más largo y quizás atrae más la atención. El Diccionario de neologismos de la lengua española de la Editorial Larousse recoge el verbo “publicitar” (como le corresponde hacerlo) y lo define de este modo: “Hacer publicidad o hacer pública alguna cosa”. Adjunto a la definición consigna el sinónimo que le corresponde: promocionar.

Como se acostumbra a hacer en estos casos en esta columna se ofrecen a seguidas algunos verbos que  pueden usarse además de publicar para expresar la misma idea, entre ellos están: DIVULGAR, ANUNCIAR, INFORMAR, PREGONAR, PROPALAR, HACER PÚBLICO. Con estas basta. Como es de hábito ya, se reitera la advertencia de que cada una de las palabras equivalentes se usará con criterio acertado para que se avenga a las circunstancias.

*RAPERO

Hay que convenir que el ritmo del “rap” ha escalado puestos insospechados en la música moderna. Se puede suponer que muchas personas pensaron que se trataba de un fenómeno pasajero y que por lo tanto en español no había necesidad de que se incorporara una palabra para designar el ritmo.

Si así se razonaba con respecto al ritmo, con mayor razón se podía pensar que la necesidad era menor en cuanto a mencionar con voz propia de la lengua al intérprete del ritmo y al cantante.

Pasó mucho tiempo, sin duda, antes de que los honorables miembros de las Real Academia de la Lengua Española escucharan ese tipo de canción.

Con lo expuesto en los párrafos que preceden se pretende explicar la ausencia de las voces “rap, rapero” en el diccionario real de la Academia.

Lo que sí se puede pedir es que quienes usen la palabra en español la escriban en cursiva o entrecomillas para dar a entender en el ánimo de los lectores que se encuentran en presencia de un vocablo que no consta en el repertorio oficial de la lengua española.

La voz rap tiene larga historia en la lengua inglesa. Tiene esa voz, además, muchos y diferentes significados. Sirve también para auxiliar en la creación de expresiones propias del inglés. Quizás una de las acepciones que movió a que adquiriera el valor que adoptó para el ritmo es que entre otros asuntos tiene como verbo el significado de hablar francamente. Es un corear o cantar rítmico con acompañamiento musical.

RECTOR – DIRECTOR – GOBERNADOR – 

Lo que se ha comentado en otras secciones sigue en vigencia, cada palabra tiene su función específica, tiene su sitio en el léxico. Hace ya largo tiempo que se encontró, de la pluma de Mark Twain, que él sostenía lo siguiente: “la diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta es la misma que entre el rayo y la luciérnaga.”

Se encontró también que a un DIRECTOR de escuela le llamaron RECTOR. El Diccionario Mayor que educa, sugiere que no hay error, que un RECTOR puede ser quien gobierna una comunidad, hospital o colegio. La comunidad a la que se refiere el DRAE en este caso es a la de religiosos.

Así como no se cree que a nadie se le ocurra llamar RECTOR al GOBERNADOR de una provincia o estado, tampoco se piensa que sea adecuado llamar RECTOR al DIRECTOR de una escuela. Más que de léxico es un asunto de lógica. En muchos países de nuestra América Morena reservan la palabra RECTOR para los directores de las universidades y centros universitarios.

RECAUDAR

“…se dedica a la enseñanza y promoción de las letras y a RECAUDAR autores de otras naciones…”

Este verbo según la Academia significa: “Cobrar o percibir caudales o efectos. // 2. Asegurar, poner o tener en custodia, guardar. // 3. Ant. Alcanzar, conseguir con instancias o súplicas lo que se desea”. Termina la cita. De paso, vale recordar que la abreviatura esa que figura en la acepción tercera significa: Anticuado; antiguamente. También antiguo.

El empleo que se hizo del verbo en el texto citado fue en consecuencia un error. Causó extrañeza el uso que hizo el autor, por cierto una buena pluma, cuando escribió lo citado

Este es del tipo de error que más desorienta al lector. Lo que mueve a desorientación es que cuando se lee un escrito que lleva una firma reconocida por la fineza de su prosa y se encuentra uno con un término mal empleado, como es el caso aquí, las dudas asaltan al lector.

La primera reacción en un caso como el comentado, con las circunstancias que se señalan, es aceptar como bueno y válido el uso. Para evitar la aceptación sin límites es que se insiste en que la lectura hay que hacerla siempre con sentido crítico.

De manera consuetudinaria hay que cuestionar las palabras. Sobre todo cuando el sentido del genio de la lengua sugiere que puede haber un uso fuera de lugar. El mejor compañero y más confiable fuente en estos casos es el diccionario. Hay que recurrir al diccionario sin vergüenza ni descanso.

RECUENTO *COMPLETADO

“Eso hace mucho más difícil tener el recuento COMPLETADO, si la corte permite que…”

En las lenguas hay algunas reglas que no están escritas. Es como para el traductor, lo que le ayuda a detectar algunos errores es leer el texto en alta voz, de esa forma hay un mecanismo que se “activa” y detecta los yerros. Ayuda la fluidez de la lengua en el texto final, en el resultado acabado.

El uso ha hecho que se emplee “perfeccionamiento” para la acción de completar; e “integridad” para el estado de completo.
Completo es “entero, íntegro”. Piénsese, si la persona que escribió el lugar que se copió para aludir a la tarea inacabada habría escrito INCOMPLETADA.

Completo significa “con todas las partes, todos los individuos, etc., que constituyen la cosa de que se trata”. También se usa COMPLETO para señalar, indicar o destacar que algo es absoluto, rotundo, total. De esta manera puede decirse que hay redacciones que son un “fracaso completo”, o “completo fracaso”. Cuando hay lo que algunos llaman un “lleno” en la sala de espectáculos, recurren al verbo completar y expresan que la el lugar estaba “completo”. No es posible que en ninguno de estos casos se use *completada

La acción perfecta es la que se expresa con la palabra COMPLETA, mientras que la acción que no es “perfectiva” es la que se escribe con “completada”. Así tenemos que una persona puede responder: “aún no he completado mi trabajo”; pero para referirse al trabajo ya terminado, dirá: “ya el trabajo está completo”.

El diccionario de la Academia expresa que INCOMPLETO es lo “no completo”.

REGENTAR

“…se podría duplicar esa cifra de convertirse en un departamento municipal más o se saca a licitación para que lo REGENTEN compañías privadas.”

Con los verbos y las palabras que no son de uso común, lo mejor es usarlos con cautela. El verbo que encabeza estos comentarios en cierto modo es ADMINISTRAR, pero lo es con ciertas características que le son muy propias.

Consta en el Diccionario de la Academia que este verbo significa: “Desempeñar TEMPORALMENTE ciertos cargos o empleos. // 2. Ejercer un cargo ostentando SUPERIORIDAD. // 3. Ejercer un empleo o cargo DE HONOR”. Las mayúsculas son mías, R. G.
Compárese el uso en el texto con la definición y se verá que el estirón que se le dio al verbo en la cita no es apropiado.

GANANCIA

“…el nombramiento de C. H. como curador asistente era una GANANCIA para la institución”.

El DRAE consigna que ese vocablo es “la utilidad que resulta del trato, del comercio o de otra acción”. En la mayoría de los casos es lo que se gana, particularmente en dinero.

Las personas que tienen que navegar entre los idiomas inglés y español deducen inmediatamente que lo que constaba en el original era la palabra “asset”, que naturalmente alguien como solución fácil tradujo por ese término que se comenta ahora.

No parece que sea la mejor solución, sobre todo porque se trata de una persona y la incorporación de una persona a un equipo de trabajo no es una “ganancia”, sino una VENTAJA. Se puede cambiar la oración y escribir que la contratación de esa persona es una VALIOSA adquisición; que la cooperación suya es de GRAN VALOR.

Algunos diccionarios bilingües español-inglés y viceversa, no traen una sola palabra para la traducción de la voz del inglés antes mencionada, asset. De manera tácita reconocen estos diccionarios la dificultad que conlleva la traducción de esa voz. Proponen combinaciones para los diferentes casos en los cuales se pueden usar los equivalentes. Del modo que se acaba de comentar es como lo hace el diccionario Oxford. El diccionario Harper Collins es más acertado, pues consigna el término “ventaja”. El diccionario Simon & Schuster muda un paso más, añade la combinación “persona muy útil”.

En este caso como en tantos otros casos que uno tiene que leer en la prensa a diario se trata de malas interpretaciones o de traducciones deficientes de los conceptos del inglés. Esto sucede porque muchas personas creen que por ser “bilingües” pueden traducir. Otros piensan que los diccionarios resuelven todos los problemas. Una de las cualidades más sobresalientes de un traductor es el sentido crítico. Este le permite discernir cuando acepta un vocablo y cuando lo desestima.

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