PANOPLIA – AMARRAR – REBULLONES – OPTOMETRISTAS

“El gobierno agotó toda la PANOPLIA de medidas intimidatorias. . .”

No es tarea fácil descifrar lo que quiere expresar esta “panoplia” aquí. Trataremos de encontrar la fuente del error, después que se demuestre que no tiene cabida en este texto.

Las acepciones generalmente aceptadas para el vocablo del título son solo cuatro. La primera es la “armadura completa con todas las piezas”. Como parte de la arqueología es la que estudia las armas de mano y las armaduras antiguas. Es, por otra parte, la colección de armas ordenadamente colocadas.

La última acepción es la que designa la tabla, generalmente en forma de escudo, donde se colocan floretes, sables y otras armas de esgrima. Ahora comienza la labor de interpretación.

Quizás creyó el autor del artículo que “panoplia” es sinónimo de “colección”, así a secas. O bien, que significa tabla en el sentido de lista o enumeración.

Cuando se compara con la lectura de lo vaciado más arriba, el término estudiado no significa lo que quizá pensó el columnista, y el uso que de él se hizo no se acepta. No es sinónima la palabra de “gama”, con el significado que a veces se le reconoce, ni tampoco lo es de “serie”. Una de estas dos últimas palabras fue la que debió aparecer en el artículo del cual se extrajo la cita.

Otra posibilidad para salvar el texto era omitir las palabras “de medidas”, y entonces se hubiera entendido en el sentido de “armas”, que seguido de “intimidatorias” hubiera desempeñado su cometido cabalmente.

AMARRAR 

“. . .es la única en la que pueden sentarse conjuntamente con la principal potencia económica del mundo cada tres o cuatro años y AMARRAR acuerdos hemisféricos.”

No hay nada que criticar al uso que se hace del verbo en la cita. Sobre lo que se desea comentar en esta ocasión es sobre la selección misma.

Para personas extrañas a la lengua española, cuando encuentran un verbo como este se sienten desorientados, porque piensan que ésa no es la mejor selección posible en el contexto.

En los casos de acuerdos, contratos, pactos y actos parecidos, lo que se hace es que se firman, se concluyen, o cualquier otro verbo conveniente.

El propósito de una intervención aquí no se limita a señalar la inconveniencia –no se critica por incorrecto- del verbo, sino para aprovechar la ocasión y examinar de donde llega el verbo a nuestro español.

Desde que la influencia del español de la marinería en América fue mencionada a principios del siglo XX por los lingüistas y lexicólogos, se ha estudiado el fenómeno en diferentes momentos.

Aunque pueda parecer raro, se ha observado que la frecuencia del uso de verbos que tuvieron su origen en la vida en el mar no se limita a las ciudades del litoral de las islas del Caribe, así como de las costas del continente.

Con mucha frecuencia se observa y anota que hay marcada preferencia del verbo “amarrar” sobre el verbo “atar”, por ejemplo. Entre otros verbos preferidos o favorecidos se encuentra el verbo “jalar” sobre “tirar”.

De la misma forma, en muchos países de nuestra América Morena, las personas utilizan con mayor frecuencia el verbo “cargar” en vez de “llevar”. Del mismo modo emplean el verbo “regarse” en lugar de “esparcirse”. En muchas ocasiones “botan” las cosas, no las “tiran”.

El autor de estos comentarios puede dar fe de haber escuchado el llamado a la mesa en su hogar, hecho por la querida tía, persona nacida y criada lejos de la costa, que era así, “arrímense a la mesa”. No era “vengan, acérquense”, sino el verbo de la vida marinera.

Todo parece indicar que a pesar del paso de los siglos seguiremos leales a los verbos y terminología de la vida del mar, al mismo tiempo que nos deshacemos en críticas contra la conquista, colonización y contra la España de esa época.

REBULLONES 

“A medida que se alejan algunos de los REBULLONES (y gracias, Rómulo Gallegos, por regalarnos esa palabra que aún no está en el DRAE) agitados por el desorden oficialista con el fin. . .”

Nada más interesante que poder compartir los vocablos propios de nuestros países americanos. Lo que no debe olvidarse cuando éstos se empleen, es que hay que definirlos para facilitar en los lectores la labor de comprensión del mensaje.

En su libro “Doña Bárbara” es donde Rómulo Gallegos se refiere a los “rebullones”, que no son otra cosa que “terribles pájaros que beben sangre”, según Ángel Rosenblat.

La definición que para el ave, pájaro se dice en América, trae Morínigo en su “Diccionario del Español de América”, es “pájaro fantástico de mal agüero”.

Cualquiera de las dos definiciones que se prefiera, ya sea “ave de mal agüero” o “pájaro que bebe sangre”, el “rebullón” no trae ni presagia buena cosa.

OPTOMETRISTAS 

“El acuerdo no beneficia, al contrario del presentado en Illinois, a los quiroprácticos, psicólogos, fisioterapeutas y OPTOMETRISTAS.”

El vocablo del título no consta en el diccionario mayor de la lengua. No por eso deja de usarse. Sobre todo, en los Estados Unidos de América del Norte es donde más utilizan la palabra, porque allí existe un tipo de profesional conocido con el nombre de optometrist, que es un especialista en el trabajo de la optometría. Para ejercer esta profesión se requiere un permiso especial (licencia).

La optometría, conforme con la Academia, es la “medida de la agudeza visual para corregir los defectos de la visión mediante lentes”. Lo que se hace para medir la agudeza de la visión es que se emplea el optómetro que es el “instrumento para medir el límite de la visión distinta, calcular la dirección de los rayos luminosos en el ojo y elegir los cristales”.

Para no tener que utilizar la palabra del título, que es extraña a la lengua española, algo que se puede hacer es recurrir a un giro cualquiera y expresar la idea del profesional dedicado a medir la agudeza visual.

Una de las posibilidades es “licenciado en optometría”. Esta licencia es la que se obtiene después de pasar por las academias de la profesión y las pruebas de suficiencia en la materia. Otra opción es “especialista en optometría”. El vocablo “optometrista” no es rechazado de modo terminante, y muchas personas lo usan porque es tolerado en la lengua de todos los días.

Con anterioridad se había escuchado decir en español “optómetra”, para referirse a la persona de nivel técnico que labora en la preparación de los lentes, que sabe leer las recetas preparadas por los oculistas, y que revisa el producto después de acabado. El oculista -por su parte- es el especialista en las enfermedades de los ojos.

En algunos países se acostumbra a colocar la terminación “-ISTA” a todas las ciencias o actividades; de esa forma dicen y escriben “profesionista” para referirse a una persona que posee un diploma en una ciencia cualquiera. En otros países, por el contrario, acostumbran a llamar “profesional” a la persona diplomada en una ciencia o actividad cualquiera. En los primeros países dirán que la persona es un “profesionista”, mientras que en los segundos se referirán a ellos usando el término “profesional”.

BOMBARDEAR *A 

“. . .en la cual 600 representantes BOMBARDEARON A preguntas a los representantes de la. . .”

Las preposiciones, esas pequeñas partículas, pueden causar mucha confusión. En el caso de la cita no la hay mayor porque después de la preposición y su complemento siguen otras palabras que completan la idea y evitan el equívoco. Si no hubiera sido por eso se habría podido pensar que fueron “las preguntas” las que recibieron el golpe del bombardeo.

La corta introducción que precede tiene como intención indicar que la preposición que introduce la materia u objeto “con” que se bombardea, es la última entre comillas. Lo que se usa como arma para el bombardeo utiliza la preposición “con” también. Así resulta, “Bombardearon las posiciones enemigas con aviones”. Para mencionar lo que se utilizó para bombardear también conviene la preposición “con”. “Bombardearon con bombas de alto poder de penetración los bastiones de resistencia”.

La mejor selección para mentar lo que se hizo en el texto extraído era emplear “con”, para que resultara de la manera siguiente “. . .bombardearon con preguntas a los representantes de la. . .”

Los objetos de los bombardeos fueron los representantes, por lo tanto ellos sí aceptan bien la preposición “a”. Se pudo escribir de este modo, “Bombardearon a los representantes de la. . . con preguntas”.

HANDICAP 

Es cierto que me atraen los personajes mayormente barrocos, expuestos, que sufren algún HANDICAP. Encuentro mayor riesgo en construir un personaje que vive las dificultades de un HANDICAP que hacer el retrato de alguien normal.”

Ya la edición del 2001 del lexicón mayor recoge el vocablo del título. La Academia menciona que la voz procede del inglés. En materia deportiva es la “competición en la que se imponen desventajas a los mejores participantes para igualar las posibilidades de todos”. En general es “circunstancia desfavorable, desventaja”.

La Academia Francesa de la Lengua acogió el término procedente del inglés en el año 1935, ya antes se le había incluido en el suplemento del Diccionario Littré de 1877.

En francés la voz ha tenido mayor importancia y procreó descendencia, el verbo handicaper, luego el adjetivo y el nombre handicapé (referido a lo físico).

Algunos hablantes pensaron durante largo tiempo que el “handicap” versaba sobre la inferioridad en la lucha por la vida.

Ya no hace falta escribir la palabra en cursiva, pues ya se le otorgó carta de ciudadanía en el español oficial. Más adelante en la historia se verá si la voz inglesa avanza en español del modo en que lo hizo en francés.

Para quienes se interesan en la etimología de las palabras, la que se estudia en esta sección consta de los vocablos ingleses hand y cap. Quien se siente superior a otro en una competencia es capaz de enfrentarlo con la mano en el sombrero, o en la gorra. Esto es lo que en español se expresa diciendo que alguien puede ganar una pelea con una mano atada a la espalda.

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