*CUPABILIDAD – PARTISANAS – OFENSA – APLICAR CON FUERZA

“…no haber demostrado tener el obligatorio certificado de CUPABILIDAD para recibir a los 175 niños que se esperaban…”

No es una broma. Es real que hay alguien que tiene licencia para escribir en un diario, que es redactor y que se le ocurre escribir un disparate de esta categoría. En un caso como este es cuando se desea tener un instrumento para medir desaciertos, disparates y dislates para calibrar un ejemplo como el del título y ver lo que hace el aparato. Es de hablantes normales del español pensar que este barbarismo sobrepasaría todos los grados de medición.


Una vez que se escribe un párrafo como el anterior, uno se siente mejor, porque se descarga un poco de frustración. Eso de escribir lo primero que le viene a la mente y que eso sea algo muy alejado de lo acertado es un privilegio que cada vez se hace más común entre la clase profesional del gremio de los periodistas. En verdad que es una vergüenza que sea así, pero es una realidad. No hay excusa que valga para escudar esta manifestación de ignorancia.

Los dos cables que se le atravesaron a la periodista en este caso fueron “cupo” y capacidad”, y de allí nació ese híbrido *cupabilidad. Ya puede el lector entender a lo que se refería la redactora cuando sacó esta perla.

Hay que mantenerse alerta ante ataques como este. No se les debe dar oportunidad a personas de esta laya para que ensucien el idioma común, porque crean confusión en los lectores que no tienen bien aprendidas las nociones de la lengua.

PARTISANAS 

…y no fueron renovados debido a divergencias PARTISANAS sobre asuntos laborales y ambientalistas.”

Los lectores desprevenidos pueden aceptar el empleo del término del título sin dificultad, sobre todo si están en contacto con las lenguas inglesa y francesa.

La palabra partisano, na aparece por primera vez en el DRAE en el año 1992, y, aunque no indica procedencia viene sin duda del francés partisan, que aparece documentado en el Gran Larousse de la Langue Française ya en el año 1827. La definición o equivalencia que ofrece la Academia es “guerrillero”. En verdad, es un combatiente no encuadrado en un ejército regular. El concepto anterior para el vocablo es el que corresponde a la lengua española, porque como se verá en inglés el contenido de la palabra es mucho más amplio.

En inglés, además de lo que significa en español, es también, el firme adherente a un partido, facción, causa o persona, especialmente quien exhibe lealtad ciega, prejuiciada e irracional. Como muy bien lo señala el diccionario inglés, el origen último del vocablo es del viejo italiano, partigiano, que ya se empleaba en el año 1555 en esa lengua. Éste a su vez procede del latín pártem, a través del adjetivo partesianus.

En español, para expresar lo que el periodista se proponía y no consiguió, se hace mediante el vocablo “partidario, ria” que la Academia define, “que sigue un partido o bando, o entra en él”. Además es el “adicto a una persona o idea”. En su cuarta acepción es “guerrillero”.

OFENSA 

“Si no lo hace incurre en una OFENSA CRIMINAL cuyo castigo es el pago de una multa de…”

Aquí de nuevo el vapuleado lector se encuentra en manos de una periodista que lo confunde. Lo expone a una muy mala influencia como resultado de una mala digestión lingüística. La “ofensa” que comete la redactora es de índole semántica porque maltrata el español al confundir una palabra de nuestra lengua con otra similar del inglés, es lo que se llama “falso cognado”.

Se parecen entre sí ofensa y offense, pero no son la misma cosa. Cuantas veces en español se use “ofensa”, en inglés se debe recurrir a “insult, affront, injury (de palabras.) De aquí se deduce que la ofensa nuestra es la injuria de palabras, el insulto.

Por su parte, la offense es el “delito” en el lenguaje jurídico, o la “falta” en el de los deportes. En los tribunales es también infracción de la ley, o escándalo. En el campo de la moral vale la pena utilizar el vocablo “transgresión” para expresar la idea de la violación a esas reglas. Si se trata de “atentados” a la decencia, entonces el término entrecomillado es el apropiado. Hay ocasiones en las cuales conviene usar “agravio” para que se entienda el contenido de lo expresado.

Como en otros casos, el mismo fenómeno señalado para el español ocurre con el francés, lengua en la cual la palabra es casi siempre un délit (delito.)

APLICAR CON FUERZA 

“…fecha límite para APLICAR CON FUERZA la ley…”

A todas luces la periodista tuvo un encuentro de tercer grado con una palabra del inglés, un verbo conjugado, el verbo to enforce, y cometió una falta de primer grado al traducirlo al español.

No hay que insultarla por eso. No hay que deshacerse en improperios porque ella se permita traducir sin consultar el diccionario, siguiendo la corazonada que le parte el corazón al lector concienzudo.

El verbo to enforce es transitivo y al llevarlo al español hay que hacerlo con la ayuda de varias palabras, dependiendo del contexto. Las más usadas son “poner en vigor, hacer cumplir, asegurar el cumplimiento de”. Como se comprende enseguida, se trata de las leyes, disposiciones y reglamentos. Así es como debe expresarse quien se encuentra en el ámbito jurídico.

En otras situaciones es posible la brevedad, con el auxilio de “imponer, exigir”. En otros casos no queda más alternativa que usar “hacer valer, obtener la fuerza”. El último caso, se refiere muy específicamente a los casos en los cuales una parte obtiene de las autoridades la autorización para ejercer su derecho con la ayuda de la fuerza. Otra posibilidad más es con “entrada en vigencia” para los casos de las mismas disposiciones de carácter obligatorio que se mencionaron antes.

Ya que se trató el asunto del verbo, es bueno hacer propicia la ocasión para tocar el punto referente al sustantivo correspondiente al verbo inglés, enforcement. Se es conciente que el vocablo en inglés es el sustantivo, tal como se mencionó antes, pero al llevarlo al español es posible que se le sustituya por un verbo en infinitivo, como por ejemplo el verbo “asegurar”. Así es posible escribir que algo se hace “para asegurar el  cumplimiento”, cuando en inglés haya algo parecido a “for the enforcement”.

De lo expuesto en el párrafo anterior se infiere que la palabra del inglés debe tomarse como equivalente de “cumplimiento, observancia, respeto”, sobre todo cuando se refiere a las normas, leyes y reglas. No debe descartarse el término “ejecución”, pues éste permite transmitir muy bien el concepto, sobre todo cuando se refiere a los convenios, contratos, pactos y acuerdos, o sentencias. Otra opción es “aplicación”.

No hay que devanarse las meninges con “law enforcement”, porque en inglés se refiere a las autoridades  encargadas de “aplicar” las leyes. En muchos casos son los agentes de la policía, los funcionarios del ministerio de hacienda, de finanzas o de organismos recaudadores de impuestos cuyas misiones son velar por el cumplimiento de las leyes.  No se ocupan solo de castigar, sino de las labores de policía en varios campos.

*TELONEAR 

“…con quien grabó tres discos y TELONEÓ a Gun´s and Roses y Lou Reed…”

El verbo es producto de la labor creativa de un redactor de espectáculos. Oficialmente no existe en la lengua española. Los diccionarios de neologismos no lo registran tampoco.

El Diccionario oficial de la lengua española trae una palabra, por lo menos desde el año 1992, que es “telonero, ra”,  que como se entiende enseguida es adjetivo y que la Academia define como artista “que en un espectáculo musical o de variedades, actúa, como menos importante, antes de la función principal”. A renglón seguido de la definición, añade la docta corporación madrileña que funciona también como sustantivo.

Cuando la palabra se refiere a un orador es  el “que interviene en primer lugar en un acto público”. Después de esas acepciones introduce la Academia la definición que era de esperar, “persona que hace telones o los maneja en un espectáculo”.

De aquí a que haya un verbo que indique la acción de las personas mencionadas en las definiciones anteriores hay largo trecho. Hasta tanto el uso no se extienda, no logrará imponerse ante los ojos de las autoridades de la lengua.

Lo más sensato en casos como estos es mantenerse al margen del uso de este verbo. Lo que hizo el grupo a que se refiere la reseña fue “actuar en funciones de telonero…, o simplemente fue telonero antes de…”

*IMAGINAL 

“…en cambio, parte del mismo presupuesto IMAGINAL que los paisajistas caraqueños…”

Si se le da rienda suelta a la actividad creadora, si se le permite a los hablantes del español libertad total para que forjen nuevas palabras, es muy probable que se termine en medio del caos. La famosa Babel se vendría encima de los hispanohablantes. Es preciso recordar a menudo que la lengua española es patrimonio común, que se la habla y escribe en varias latitudes como lengua nacional y que además hay muchos extranjeros alrededor del mundo que la conocen y la usan.
Es de prudentes tratar el español con respeto. No es aconsejable que se vulneren las reglas que rigen la lengua. La capacidad humana para crear palabras provocaría una avalancha de palabras que respondería a necesidades muy específicas y limitadas.

La palabra del título es una de esos términos creados para llenar un vacío momentáneo, uno de ésos que podría muy bien ser satisfecho con dos vocablos de uso común del español.

Según parece, lo que trató el autor de expresar es “de imagen”, de allí se le ocurrió que podía inventar un vocablo para ello como quien mezcla colores para lograr el matiz que desea.

Hay más riesgos que ventajas en esto de permitir la invención, creación, y acuñación de nuevas palabras. La capacidad y la posibilidad de creación son infinitas, y si se les permite a algunos hay que permitírselo a todos los hablantes. De hecho, los hablantes crean en el nivel popular y folclórico una inmensa cantidad de vocablos que perecen antes de madurar. Por otra parte, los escritores en casos excepcionales acuñan nuevos vocablos, sobre todo los poetas a quienes no se les puede criticar porque en cierto modo la creación es parte de su mundo. Si bien es cierto lo que se afirma con respecto a los poetas, no es menos cierto que hay que circunscribir esta tarea al ámbito poético.

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