BARÓN

Todavía el español no se ha prostituido hasta el punto de admitir que en materia de traficantes de drogas hay BARONES. La concesión ya se hizo con respecto a la los CAPOS de la mafia.

No olviden los lectores que en español el Diccionario de la Academia es la máxima autoridad con respecto a las palabras que existen como buenas en el léxico español. Ese diccionario no funciona como los diccionarios del inglés en los cuales se trata de incluir la mayor cantidad de palabras de las que se tenga noticia.

Los dos idiomas funcionan de manera diferente. En inglés basta y sobra con que una palabra sea acertada para que penetre en el uso de los hablantes y siente reales en el seno de la lengua. En español, casi todos los diccionarios lo que hacen es que consignan los vocablos que tienen relevancia, que han probado a través del tiempo, y el uso de buenos cultores de la lengua, que son útiles y aceptables.

Lo expuesto más arriba no va en el sentido de impedir la entrada a nuevos vocablos. Siempre hay y habrá neologismos que son necesarios. Para esos hay que abrir las puertas del templo mayor de la lengua.

El Diccionario de la Real Academia (DRAE) es el templo mayor en el cual penetran solo los vocablos que han recibido la carta de ciudadanía en la lengua.

Se espera que no se extienda este término de nobleza a una actividad tan innoble como es el tráfico de estupefacientes.

En la edición de 1992 del DRAE solo se consignaba que “barón” era el título de dignidad. Ya en el 2001 le añadieron una segunda acepción, “persona que tiene gran influencia y poder dentro de un partido político, una institución, una empresa, etc.”

Hay que ponerle atención a ese etc., pues puede ser el primer indicio de una extensión desagradable. No hay que olvidar que el uso obliga en muchas ocasiones a que se incluya una voz en el repertorio oficial de la lengua.

En los Estados Unidos de Norteamérica, la última acepción para barón (baron) es la que se le reconoce a la persona que posee gran poder o influencia en un campo o actividad. Trae el ejemplo del barón ganadero.

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