Para festejar el 150 aniversario del nacimiento del poeta Rubén Darío, el Instituto Nicaragüense de Cultura y la alcaldía de León, celebraron unas jornadas darianas con un amplio programa de actividades culturales, literarias y educativas entre las cuales hubo recitales de poesías, festival de música coral, presentaciones de libros y la celebración del XV Simposio Internacional sobre Rubén Darío.

La ciudad de León, donde vivió el poeta nicaragüense su infancia y su adolescencia, fue el escenario del XV Simposio sobre Rubén Darío en actividades que unieron las voces y ponencias de académicos, universitarios, profesores, estudiantes y poetas. El Teatro municipal y la alcaldía de León, convocaron al pueblo para unirse a la tradicional celebración literaria. En este simposio participaron académicos de América y España.

Esta actividad cultural, enmarcada en el 150 aniversario del natalicio del gran poeta nicaragüense, abordó la creación del autor modernista de importantes obras literarias. Las ponencias se llevaron a cabo en el Teatro municipal José de la Cruz donde recibieron a los invitados tras el desfile de las musas darianas y las palabras de bienvenida de las organizadoras, María Manuela Sacasa y Nidya Palacios, quienes ponderaron las actividades concebidas para conmemorar, con ponentes de distintas partes del mundo (de Argentina, Colombia, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y República Dominicana), el aporte de Darío con obras de teatro, ponencias y manifestaciones artísticas. Rubén Darío puso la creatividad hispanoamericana en alto, revolucionando el cultivo de las letras, la lengua y la literatura hispana.

Jorge Chen Chang, investigador y docente de la universidad de Costa Rica, habló del concepto de “disposición” (ordenación y distribución de las partes) y de “composición”, utilizado en narración y poesía. Aseguró que era necesario verificar la forma de organización y composición de los poemas de Rubén Darío, que no es inocente ni aleatoria, sino que ese orden tiene un sentido en el ordenamiento de los poemas. Abordó Canto de vida y esperanza, con “Por el influjo de la primavera”, que abre esta sección a la anotación temporal y al paso de las estaciones. La tarde descrita como una “inconsútil tela” establece, bajo la noción de una escritura, el paisaje que se va describiendo en el poema. Es interesante el verbo que utiliza Darío, “devanar”, que califica la acción del équido que liga en ovillo con el fin de hilvanar los celajes de la tarde en novedades capas cromáticas. Esa “inconsútil tela” tiene que ver con algo dañado, mal acabado y eso desencadena la imagen final del segundo cuadro de nuestros males, con el fin de revelar la fragilidad y los sufrimientos humanos que condenan los sustantivos “carne” y “vino”, transformándose en metonimias del sacrificio y el dolor. Remite al tópico clásico de la nave en el mar:

Y esta atroz amargura de no gustar de nada,

de no saber adónde dirigir nuestra proa

mientras el pobre esquife en la noche cerrada

va en las hostiles olas huérfano de la aurora…

¡Oh, suaves campanas entre la madrugada!

   Silvio Ambrogui, escritor y poeta nicaragüense, expuso el tema “Darío, libertador de la lengua castellana”. En sus palabras incluyó las referencias de otros grandes intelectuales como Pablo Neruda, quien dijo: “Rubén Darío surgió del idioma volando ráfagas de alas de oro”. Jorge Luis Borges, que afirmaba: “Todo lo renovó Darío, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado y no cesará”. Y Octavio Paz, que escribió: “Darío está presente en el espíritu de los poetas contemporáneos”.

Rubén Darío nació el 18 de enero de 1867 en Metapa, hecho que se debió al viaje que en circunstancias imprevistas realizara su madre, Rosa Sarmiento, fuera de León.

Por su parte, la ponencia de Bruno Rosario Candelier enfocó una novedad en el estudio del nicaragüense. En el mismo explica que Rubén Darío recibió el influjo de la ciudad de León, que sumado a sus dotes de poeta y al estremecimiento de conciencia experimentado a temprana edad, forjó el talante del grandioso poeta en que se convirtió el hijo de León. En una nueva teoría sobre la gestación del poeta, cifrada en el impacto de un hecho dramático que troquela su conciencia, el crítico señaló: “Efectivamente, el inmortal poeta nicaragüense desarrolló su capacidad poética con el acierto de la renovación métrica y la hondura de su percepción trascendente”. Mostró el ejemplo de “Primaveral”, donde nuestro poeta percibe el canto de la Creación, que las aves cantarinas entonan al sentir el fulgor de lo viviente.

En su disertación, el escritor dominicano sostuvo que después de leer a los clásicos de la antigua Grecia, la literatura española del Siglo de Oro y a los simbolistas franceses del siglo XIX, Rubén Darío conoció la clave de la poesía, cifrada en su esencia primigenia: “Describir la belleza sensorial que la sensibilidad capta de las cosas y el sentido profundo que la conciencia intuye. La energía amorosa, en armonía con la del Creador del Universo, es la conjunción perfecta para la vida y el arte de la creación”.

León, Nicaragua, 23 de enero de 2017.

Escrito por Ruth Ruiz