METERLE

Con respecto del verbo meter, este posee en el español dominicano varias acepciones que se apartan de lo conocido del español internacional. Esos significados se mencionarán en el desarrollo de este estudio, mas lo que se pretende aquí es llamar la atención sobre el verbo utilizado del modo en que aparece en el título, es decir, sin necesidad de complemento alguno.

Lo interesante de este verbo es que en tanto verbo reflexivo, pronominal o de acción recíproca cubre una vasta gama de acciones en el español dominicano.

La persona que invierte dinero en República Dominicana, “mete cuartos en un negocio”. Cuando un agente de la policía de tránsito atrapa (en dominicano, “agarra”) a una persona en el momento de una infracción, “le mete una multa”. El individuo que gusta de consumir drogas, lo que hace es que “le mete a las drogas; o mete drogas”. Si a alguien se le ocurre comprar algo, sobre todo si lo compra a plazos, entonces “se mete en deudas”. Si acaso la persona padece de modo súbito de algún malestar, y comienza a estornudar, se dirá que “se le metió una estornudadera”. Si se propasó en su conducta, el dominicano dice que “se metió en rojo” y pagará las consecuencias por ello. Del mismo modo, si uno cambia de profesión sin la debida preparación, o porque está improvisando, dicen que “se ha metido a carpintero”. Si algo inesperado le sobreviene a un dominicano lo describirá diciendo que eso “se le metió en el cuerpo”. Se deja constancia aquí de que esta enumeración no es exhaustiva.

Con respecto del verbo meter, funcionando como tal en locuciones verbales, el español dominicano cuenta con una treintena de ellas. Quien esto escribe se auxilió del Diccionario del español dominicano (2013), publicado por la Academia Dominicana de la Lengua, para esta lista y para la mención de la cantidad de locuciones.

El meterle que se prometió al principio de esta sección, así solo y con el pronombre incorporado, tiene relación directa con “una pela, unos correazos, fuete, una fuetiza”. No es raro oír a un(a) joven dominicano(a) decir que si se porta mal en su casa “le meten”, es decir, lo castigan. Y ese castigo por necesidad es corporal, implica violencia física. A esta acepción hay que hacerle un espacio en los diccionarios del español dominicano. Adrede se deja sin mencionar el verbo meter en los casos en que se trata de metérselo, que es otro cantar.

 

PALESTRA *PÚBLICA

“Durante este tiempo, cada vez que alguien trate de pasar una nueva ley de inmigración, el nombre de este matrimonio de indocumentados va a salir a la PALESTRA PÚBLICA”.

La historia de la palestra se remonta a la época de Grecia. Era un lugar público. Sirvió al principio para ejercicios de índole física. Más tarde se abrió para aceptar discusiones públicas también. Para comodidad se repasarán las descripciones de palestra y se comprobará que en la oración que se trae en esta ocasión para ilustrar, se está en presencia de lo que se conoce con el nombre de pleonasmo.

Esta figura que se acaba de mencionar se conoce con varios nombres que giran alrededor de la abundancia de palabras innecesarias, del exceso o sobra de términos. Se considera un vicio cuando la sobreabundancia mentada no le añade belleza o utilidad alguna a la locución. Este recurso se acepta en los casos en que sirve el propósito de imprimir mayor fuerza o colorido a la expresión. Algunas de estas redundantes expresiones están consagradas en el uso y se han convertido en lugares comunes.

Esta figura en cierto modo se asemeja a otra que tiene mayor amplitud, que se denomina tautología, que es cuando la repetición se hace sobre una idea. El pleonasmo puede producirse por la simple utilización de sinónimos o perífrasis. En retórica ya caída en desuso, algunos oradores se permitían estas repeticiones de sinónimos con la intención de aclarar los conceptos. En otros casos se recurría a este procedimiento para demostrar conocimientos, que es algo que desembocaba en pedantería.

En República Dominicana se recuerda que en el estilo forense los abogados utilizaban estas repeticiones sinonímicas para no dejar cabo suelto que pudiese prestarse a interpretaciones aviesas o para no dar pábulo a la parte contraria a esgrimir argumentos irrefutables. En los casos en que estas repeticiones de sinónimos son ociosas se llama de “datismo”.

En algunas ocasiones en estilística puede recurrirse al procedimiento de la redundancia para surtir un efecto determinado, como es el caso del ya famoso ejemplo, “lo vi con mis propios ojos”, que en República dominicana se completa añadiendo “que se comerán los gusanos”.

Para regresar al punto de partida. En el caso de la “palestra pública”, la definición de la palabra palestra lleva en su seno el dato de que es “un sitio, plaza, lugar” público. Es el sitio donde se discute de forma pública. “Salir a la palestra”, que es la expresión usada por el redactor, es participar en una discusión pública.

 

QUE – ADONDE

“Fue allí QUE V. y su hijo, quien es dueño del taller llegaron en su Altima a recoger algunos equipos”.

En la cita el redactor omitió la (,) coma que debe ir después de “taller” y antes de “llegaron”. El signo ortográfico omitido sirve para indicar la división de frases o elementos de ellas y haría más fácil de entender el sentido de la frase.

Cada día que pasa se observa mayor confusión en cuanto al uso de, que, (a)donde y cuando. Los equívocos llegan hasta el extremo. Algunos redactores piensan que donde puede hacer las funciones de todos los demás. En esta sección se limitará el estudio a que utilizado en lugar de adonde.

Lo que cabía en la frase que se ha transcrito era adonde, porque este adonde, sin acento, es un adverbio relativo de lugar, que en el caso específico de la cita de más arriba tiene relación con “allí”, su antecedente, que naturalmente se refiere a un lugar. Ese adonde representa por su significado, “el lugar en que, el lugar al que”. El verbo llegar es un verbo de movimiento que hace que el adverbio relativo que deba emplearse sea adonde.

Vale la pena que se escriba una frase parecida a la de la cita, con el mismo sentido, en la que se reemplace ese “que” por “el lugar al que” para aclarar lo que se ha escrito a este respecto. “Fue allí, al lugar al que V. y su hijo, quien es dueño del taller, llegaron en su Altima a recoger algunos equipos”.

No puede dejarse pasar la oportunidad que ofrece este ejemplo y el tratamiento que de este se hace para recordar que donde, como se mencionó antes, es adverbio de lugar y no de tiempo. Esto equivale a decir que no debe usarse donde para aludir a momentos, o tiempo, pues en esos casos lo que corresponde que se utilice es cuando.

No hay que impacientarse si no se estudian todos los casos relativos a estos adverbios en esta sección. Antes se ha escrito sobre algunos de ellos; además, habrá ocasión de examinarlos en otras oportunidades, cuando se presenten los textos (citas) extraídos de la prensa escrita con usos indebidos de estos.

© 2015, Roberto E. Guzmán