FUI – FUICHE – FULINLLÁN

Muchos de los lectores dominicanos pueden identificar algunas o todas las palabras que constan en este título. Todas ellas se refieren a una parte del cuerpo. Una de esas que se suponía en tiempos idos ya que no se exponía a miradas ni a la luz del sol.

Esa parte del trasero de las personas recibe nombres diferentes en muchos de los países hispanohablantes. Esos nombres forman parte del español vernáculo. No sabe uno si llamar estas voces con el nombre de eufemismos, porque si bien es cierto que encubren el verdadero nombre, no es menos cierto también que no deben usarse en público.

Todas estas palabras tratan de encubrir el verdadero nombre de las posaderas, asentaderas, trasero y otras denominaciones que son tolerables en presencia de oídos castos.

Todos los vocablos del epígrafe se refieren al culo, al ano, a las nalgas. No se tiene idea alguna porqué todas comienzan son la letra efe /f/. El nombre fui fue muy usado en el pasado dominicano. Probablemente fue así por ser un monosílabo. Es posible que la primera letra de esos vocablos provenga de fundillo que es otro nombre para lo mismo.

Fuiche es una grosería en sí. Se la usa como exclamación para expresar sorpresa, insatisfacción o contrariedad, asco. Muchas personas que utilizan esta voz por lo eufónica que es, desconocen que en realidad se refiere a esa parte oscura del cuerpo.

Con respecto a fulinllán. Este vocablo es más largo. Tal parece que ha sido elaborado para imprimirle mayor carácter a lo que se refiere; esto así porque el fui es un monosílabo y el fuiche es disílabo. Las tres sílabas de la última palabra realzan la naturaleza de esa parte posterior de la anatomía humana.

Algo que sorprende al hablante de español dominicano es llegar a la península (España) y oír que allí llaman “culo” al fondo (parte inferior) de los vasos, botellas y otros objetos. Asimismo usan esa palabra para mencionar el resto que queda en el fondo de esos recipientes.

Se piensa que en realidad las voces que se colocaron a modo de título en esta sección no constituyen eufemismos porque se convirtieron también en palabras de mal gusto, malsonantes y, ya no evitan el tabú social, no son corteses.

RANKEAR

“. . .que desde hace más de 20 años RANKEA. . .”

Algunas palabras extranjeras entran en moda en el español común. La mayoría de esas voces proceden del inglés por razones obvias, como son la importancia del inglés en tanto lengua internacional para hacer negocios y la hegemonía económica o financiera de los países que tienen esta lengua como predominante.

La razones que hacen que esos vocablos extranjeros cobren vigencia en el español escrito y en el hablado obedece a la influencia del periodismo internacional. En parte esto es fruto de la haraganería de los traductores que prefieren dejar crudas las voces extranjeras.

En otros casos lo que hacen los periodistas, columnistas y analistas de noticias es que adaptan al español esas palabras de otros idiomas añadiéndoles terminaciones del español o creando verbos o sustantivos con base en la palabra extraña, pero con semejanza en las terminaciones a la lengua corriente.

Lo que se adivina en el título, por la terminación,  es que se trata de un verbo. Sin lugar a dudas está formado sobre el verbo to rank del inglés. Ese verbo tiene muy buenas traducciones en la lengua general.

La aventura de esta creación parece que está alentada por la aceptación en cursiva que hizo el Diccionario de la lengua española de la Asociación de Academias (2014) de una voz del inglés de la misma familia de esta comentada.

La voz a la que se alude en el párrafo inmediatamente anterior a este es ranking que está definido en tanto sustantivo masculino en el lexicón mayor de la lengua, “Clasificación de mayor a menor, útil para establecer criterios de valoración”; o “clasificación por orden de importancia o preferencia”. Obsérvese que la ortografía del verbo no lleva tilde alguna de acuerdo con la manera de presentarlo que usa la Real Academia.

Este ranking pudo muy bien quedarse con la forma española de “lista o tabla de clasificación”. Ya el Diccionario panhispánico de dudas (2005) había propuesto ranquin para la representación en español de la voz del inglés. En el futuro se verá cuál de las formas prefiere el hablante y el escribiente común del español.

En el español escrito ha podido encontrarse que algunas personas prefieren escribir el verbo de la manera siguiente, ranquear, siguiendo el ejemplo propuesto por el Panhispánico de 2005, que reprodujo los sonidos del inglés con la grafía del español qu, en lugar de la letra /k/ (ca, ka) del inglés.

Existe la posibilidad de que en un futuro no muy lejano las organizaciones dirimentes de las dificultades de la lengua tengan que intervenir para zanjar específicamente el asunto acerca del verbo que se ha traído a manera de título. Es probable que en este caso, como en otros anteriores esas autoridades adopten lo que el uso habrá impuesto.

Si quien escribe prefiere mantenerse apegado a los genes de la lengua española, puede hacerlo utilizando algunos de los verbos o soluciones que se suministrarán. Para el verbo to rank, puede elegirse “ordenar o determinar el rango, grado o posición”, que es lo que retiene el Butterworths English Spanish Legal Dictionary (1991). Puede referirse este ordenamiento en algunos casos al grado o posición tomándose en cuenta la prioridad que se desea establecer. Pueden emplearse los verbos transitivos “clasificar, jerarquizar”; “alinear, colocar, situar”; graduar”. Y los intransitivos “figurar, ocupar, encontrarse, considerarse” y varios giros o locuciones, como por ejemplo, “clasificar por grados” y otros que no se mencionan.

Antes de cerrar esta sección hay que dejar claro que para el verbo del inglés en español solo se está considerando un aspecto de aquel, pues posee en aquella lengua otras significaciones.

MALANDRINADA

“. . .puntos de vista y manera de ver las MALANDRINADAS de los educados y escasamente…”

Algunas voces son de muy escasa circulación en el español de todos los días. Los hablantes crean sustantivos, verbos o adjetivos tomando unos u otros, a su vez, como base para sus invenciones. La palabra del título es una creación que probablemente deriva de malandro, malandra o de malandrín.

Podría asegurarse que con este vocablo estudiado en esta sección se menciona la acción propia o característica de uno u otro, el malandro, malandra o el malandrín. En esta sección se examinarán las tres voces recién mencionadas, partiendo de sus orígenes para analizar la oportunidad (conveniencia) de la *malandrinada que utilizó el articulista.

Según el Breve diccionario de la lengua castellana (1967:375) la palabra malandrín entró al castellano en el año 1605 con el significado de “bribón”. El  origen de la palabra es del italiano malandrino en tanto “salteador” que existió en esa lengua desde el año 1280. Como buen catalán J. Corominas no dejó de mencionar que en lengua catalana existe el vocablo malandri “bellaco, rufián”, desde mediados del siglo XIV.

El vocabolario etimologico della lingua italiana (1991:796) al tratar el origen de la voz malandrino se refiere a malandra con el significado de meretriz. Se extiende en consideraciones acerca de la formación de la palabra remontándose a mal, del latín malus y landrino del provenzal o eslandrino como vagabundo, mendicante.

  1. Ángel Rosenblat en Buenas y malas palabras (1977 IV: 158) entiende que la voz malandro entró al español a través del lunfardo. En el 2004, Oscar Conde en su obra Diccionario etimológico del lunfardo (2004:209), anota que malandrino, na y malandra se producen del cruce con el italiano malandrino, salteador. En Argentina la literatura sobre el uso de “malandra” es abundante, aunque el Diccionario del habla de los argentinos (2008:422) sostiene que es adjetivo poco usado del registro coloquial, “Se dice de la persona amoral, en la que no se puede confiar”. Se utiliza también como sustantivo. El Diccionario del español de Argentina (2000:377) asegura que malandra es una voz despectiva para “Persona que estafa o comete actos deshonestos e ilegales” y, ofrece el vocablo malandrín como equivalente en ese mismo país. Esas acepciones son recogidas tal cual por el Diccionario integral del español de la Argentina (2008:1102).

Los vocablos citados de uso en Argentina han producido descendencia, pues allí se conoce el “malandrinaje”, que es la voz que designa al “Conjunto de malandrines”. Ese dato se tomó de la obra Léxico argentino-español-francés (1992:147). Ese libro da a entender que malandra puede ser masculino, “un malandra” y, asienta una cita con ese empleo.

El malandro venezolano es más productivo y parece que ofrece pie para la creación objeto de este estudio. En ese país el malandrito, -a, en el nivel coloquial es el diminutivo en el habla para designar la “Persona joven que hace travesuras y que se viste de manera extravagante”. Funciona además como sustantivo. Conocen allí del malandro -a con las mismas funciones gramaticales para referirse a la “Persona joven de apariencia desagradable, que no trabaja ni estudia, con una conducta repudiada socialmente y que participa en hurtos y en otras acciones vandálicas y delictivas”. Así aparece en el Diccionario del habla actual de Venezuela (1994:313). Usan la expresión “hablar malandreado” que equivale a hablar como un malandro.

Malandro es, “En Venezuela, individuo fuera de la ley. Familiarmente se dice también a quien se viste, habla o actúa en forma parecida a los malandros”. Extraído del Diccionario de términos iberolatinoamericanos (1996:134).

Tan pronto se comprueba que existe ese modo de hablar, con el empleo de esas voces, eso ofrece la base para que se formen más voces por el mismo estilo, de donde esa “malandrinada” en Venezuela puede ser interpretada correctamente. Puede ser entendida también por todas aquellas personas que conocen del significado internacional de malandrín que para la acción del malandrín se consideraría un americanismo.

Antes de cerrar lo relativo a estas voces hay que declarar que no se desaprueba el uso de la voz del título por considerarse que está formada de acuerdo con los usos de la lengua española. Además, es una voz oportuna que resulta simpática para definir algunas travesuras de personas que merecen el título de malandros o malandrines, es decir, bandidos, basuras, perversos.

© 2017, Roberto E. Guzmán.

 

Escrito por Ruth Ruiz