BABASO

He aquí una voz que espera por su reconocimiento. Por lo menos, que se la reconozca en el habla de los dominicanos. Debe mencionarse que hace largo tiempo que no se oye este sustantivo que fue tan popular en los años sesenta del siglo pasado.

Una de las razones por las que se piensa que ya no se la oye es porque no se frecuenta el medio en que tuvo vigencia esta voz. En aquellos momentos en que se oía esta palabra no había lugar a interpretación porque el contexto o los elementos de la situación guiaban hacia su significado específico.

Desde este nivel en esta exposición hay que señalar la relación que tiene esta voz peculiar con el sustantivo femenino baba, que como se sabe ha procreado larga descendencia en el español dominicano.

En los años ya mentados un babaso era una borrachera. Una de esas en que el sujeto acostumbra a hablar mucho, sin sustancia, sin sensatez, e incluso a veces, con la lengua estropajosa; además, no era raro que se comportara de manera inapropiada. Con esta explicación se trata de transmitir la rentabilidad comunicativa del nombre.

Darse un babaso era sinónimo de embriagarse. A veces, se recuerda, se recurría al verbo ponerse para expresar la misma idea, “ponerse un babaso”. La combinación resultaba y aún resulta extraña, por el verbo y el significado propio de este. No debe mostrarse extrañeza con respecto de este uso si se piensa que en el habla popular la selección de palabras no siempre es lógica.

Consecuente con este babaso, la persona podía describirse diciendo que hablaba babosadas. El autor de estos comentarios recuerda haber usado la voz del título, así como haberla oído en muchas ocasiones. Según parece la voz no ha sido dignificada por el uso literario.

Este sustantivo cumplió su función de facilitar la comunicación en la variedad del español dominicano; de ahí que pueda considerarse legítimo y correcto entre hablantes del español dominicano. Si la voz babaso desapareció del vocabulario activo del dominicano puede ser como una consecuencia de la acción niveladora en el dominio de la lengua.

Por ese medio se da testimonio de la existencia de esta voz, para que otras personas, si la han oído alguna vez, también atestigüen de su existencia.

RIESGO – RIEGO

“Mostrar esta diversidad de poéticas y discursos articulado en un display que se haga comprensible para el espectador, siempre entraña muchos RIEGOS”.

Parece que en verdad hay escribientes que redactan de la misma forma en que hablan. Hablan con descuido y de ese modo escriben. A menudo se sostiene que los hablantes se expresan oralmente de una manera, y, llevan sus pensamientos por medio de la escritura de modo diferente. La reflexión que lleva en sí la acción de componer las oraciones obliga a observar mayor cuidado.

En el caso de la cita se está delante de un ejemplo de error infantil. Tal parece que el cronista sobre artes escribió como habla, de allí que incurriera en este gazapo.

El riesgo es la posibilidad de un daño, inconveniente o perjuicio. Los riesgos son imprevistos. El riego es el sustantivo masculino que corresponde a la acción y resultado de regar. Regar, a su vez, es echar agua o un líquido, derramar una cosa. En República Dominicana este riego tiene un sinónimo, reguío.

Hay tanta distancia entre los significados de las dos palabras del título que uno se siente exonerado de explicar más. Lo que refleja la cita es un gran descuido.

SOCIOCULTURAL

“En el orden político y SOCIO CULTURAL esta modernidad líquida. . .”

Hay personas que escriben crónicas acerca de obras de arte            y descuidan el empleo del español. Muchas veces lo que hacen es que crean palabras para describir rasgos que detectan en obras de arte. Esa no es la más criticable de las características de estos periodistas. La crítica se reserva para los casos en que no se mantienen al día. Mantenerse al día es estar al tanto de lo que el uso y la norma culta propugnan en el español.

Tal parece que estos comentaristas no se percatan de que la reiteración de errores en la redacción de sus artículos afea su trabajo. Deberían ser conscientes de que las pifias, descuidos y gazapos alejan a los lectores de sus artículos.

Los componentes de palabras, sobre todo los prefijos, se unen a las palabras a las cuales se anteponen. No importa que sea un componente largo o que posea sentido propio. Como es el caso de “socio” que significa también amigo, compañero, persona o entidad asociada o, que es miembro de una sociedad. No ha de dudarse de que en la preceptiva moderna, aceptada por todos los cultores del bien escribir, esos componentes se añaden a las raíces para formar un solo vocablo.

En el DEL, Diccionario de la lengua española, el ejemplo que se encuentra cuando se verifica el uso de socio- en tanto componente, no es otro que “sociocultural”. El último  término citado aquí es el que debió aparecer en la crónica de arte.

EFICIENCIAR

“. . .sostuvo que en el país se debe promover la creación de un reglamento que permita EFICIENCIAR. . .”

En esta sección se enfocará el tema sobre la oportunidad de crear un verbo con las características que este presenta. Se estudiará el origen de este, así como la correcta formación de este y la posible acepción que habría de atribuírsele.

Por la forma en que se presenta el verbo del título hay que entender que su origen se encuentra en el sustantivo eficiencia. Es oportuno recordar que la eficiencia es la capacidad para lograr un efecto determinado; así mismo, es la competencia que se demuestra en el trabajo desempeñado.

En la actualidad hay que recurrir a giros para expresar que algo “tiene eficiencia”. Poder pasar la acción o reconocer que alguien tiene aptitud en el desempeño de su trabajo quizás podría manifestarse por medio de un verbo con estas cualidades.

En el ejemplo que apareció en la prensa escrita se trata de un reglamento que permite hacer eficiente algo. Por esto el redactor recurrió al verbo eficienciar.

Como puede notarse se formó sobre la base de eficiencia y no sobre la de eficiente. Siguió el creador del verbo el modelo moderno de “concienciar” por oposición a lo que se usó durante largo tiempo, concientizar.

No se puede argumentar a favor del verbo por la escasez en el uso. No se ha encontrado rastro del empleo de este verbo. Todo parece que ha sido acuñado muy recientemente o que es una creación peregrina, peculiar, que no arrastrará devotos.

El único recurso que queda es ser paciente y estar atentos para ver si alguna institución reconocida le da su aprobación o, si el uso culto lo adopta e impone.

© 2016, Roberto E. Guzmán.