ZAFRA – PUBLICITAR – *FRENAR DE CUAJO

“En la pasada ZAFRA en todos los partidos en los que actuó salió desde el banco y dejó promedio de 6.8 puntos con 1.4 rebotes por juego.”

En los países donde se cosecha la caña de azúcar se conoce muy bien lo que es la zafra.

Con ese nombre se designa el período que dura la fabricación de la caña, el corte, el tiempo de actividad que se suscita en las industrias de caña, con el corte, acarreo y molienda.

Todo lo que en gran parte de nuestra América se conoce como zafra guarda relación con la caña de azúcar y actividades anejas. No es menos cierto también que en nuestra América se llama zafra a la época de recolección de alguna siembra. A esta zafra se la hace acompañar de otra palabra que indica a qué tipo de cosecha se refiere; de este modo se dirá, zafra de café, zafra de tomates, etc.

Hay que mencionar también que en algunos países la palabra zafra es sinónima de cosecha. En otros países no se limita a los frutos, granos, y vegetales, sino que se lleva más lejos y se le acepta para otros fines. En Uruguay se emplea aplicado a los animales. De esta suerte se lee la palabra en la literatura de ese país, utilizada para el tiempo de matanza de lobos marinos.

En el Diccionario General de Americanismos de Santamaría se recoge el uso de zafra en el Río de la Plata para el “aprovechamiento y venta del ganado o de sus productos en la época oportuna del año”.

Hace ya muchos años se escuchaba la expresión “hacer zafra”. Tenía esa expresión un contenido de “acabó con todo; se lo llevó todo; arrasó con todo”. Con ella se daba a entender que algo se conseguía o lograba en gran cantidad. Con este valor tiene sentido la extensión que se hace del significado original del término. Se acepta este viejo uso porque se relaciona con la gran cantidad de productos que se cosechan o recogen durante la zafra o cosecha original. Alude a la abundancia de caña, de movimiento, de actividad, de trabajo.

En el pasaje que se citó al principio de la sección, el uso que se hace del vocablo estudiado es equivalente a “temporada”. No andan lejos los dos conceptos, la zafra y la temporada, porque de hecho la zafra corresponde a una o más temporadas del año durante las cuales se cosecha.

Hasta donde se revisó en literatura especializada, así como en los diccionarios, nada sugiere que se use la palabra zafra como equivalente del vocablo temporada en ninguno de los países de nuestra América.

PUBLICITAR 

“Por ello debemos PUBLICITAR todos estos desmanes, como las cuotas de asesinatos por región soviéticas de Stalin. . .”

El verbo publicitar hace un tiempo que medra en el ambiente. Lo grave del asunto es que no se circunscribe al español hablado, sino que invade el terreno de lo impreso.

Casi nunca se le oye o lee conjugado. La mayoría de las veces se le utiliza en infinitivo como en el caso del texto citado. Son muchos los que piensan que el verbo publicitar reviste caracteres diferentes del verbo publicar. El último tiene larga historia en la lengua española.

Hay quienes lo usan simplemente para variar, para no repetirse con el verbo publicar. Es más, algunos hablantes y hasta escribientes encuentran semejanza entre publicitar y promocionar que no reconocen entre publicar y promocionar.

Otras personas propenden a servirse del verbo publicitar en los casos en que se lleva algo a pública subasta, a publicar por medio de medios masivos de publicidad, por eso lo emplean para esas funciones.

Algunos propugnadores del verbo examinado pregonan que la diferencia entre publicar y publicitar estriba en que el primero es sencillamente hacer público, mientras que el segundo sirve para dar a la publicidad algo en más alto grado, lo publica en alta voz; por medios más perceptibles, que llegan más lejos, que alcanzan un mayor número de personas.

Si el movimiento continúa por la senda en que va, quizá un día no muy lejano el verbo publicitar logre su reconocimiento oficial. Hasta la última actualización del diccionario oficial de la lengua en marzo del 2004, la Academia no había aceptado en sus páginas el verbo publicitar.

Lo más sano en el español actual es evitar el uso si se quiere escribir en español que no sea censurable. No hay razón para que se le emplee, a menos que la persona que así actúa lo haga con toda la intención de “publicar” su desconocimiento de lo que es regular y común en español aceptado.

*FRENAR DE CUAJO 

“Ojalá que la próxima vez que Edwards se ufane de sus votos anti-libre comercio con América Latina, Kerry lo FRENE DE CUAJO con el mismo. . .”

Las combinaciones que pueden ocurrir en una lengua son infinitas. Son muchas las palabras que existen, y las combinaciones que pueden lograrse con ellas no tienen límites.

No obstante lo expresado en el párrafo anterior, hay algunas expresiones que están hechas y que son aceptadas como tales en la lengua. Son combinaciones a las que estamos acostumbrados, son de uso diario.

La combinación que se pondera en esta sección no encaja en el campo de las usuales. Hay que verificar el significado de “cuajo” para determinar si cabe que se le utilice junto al verbo frenar.

En realidad el propósito no es analizar el cuajo del estómago, ni el efecto de cuajar; tampoco se propone traer a colación aquí la calma de la cuaja.

Lo importante es revisar la locución adverbial “de cuajo”. Con esa locución se indica “de raíz, sacando enteramente algo del lugar en que estaba arraigado”. Resulta muy difícil que algo o alguien frene o lo frenen “de cuajo”, es decir, de raíz. Hay árboles que se arrancan de cuajo, que es de donde llega a la lengua haitiana el “dechouke”, que es sacar de raíz, extraer algo por completo; que es, por lo tanto, equivalente de erradicar.

En la combinación analizada el verbo frenar está bien empleado, porque se le usa en el sentido de “moderar los ímpetus”, que es de buena estirpe en lengua española. Con el verbo se expresa que se disminuye la intensidad de algo; se contienen las pasiones; se influye para que alguien no se deje llevar de una inclinación.

Para acompañar a frenar lo que siempre se usa es “frenar en seco”; “frenar de golpe”. Este frenar en seco es hacerlo bruscamente. Cuando se usa “de golpe” para frenar, la intención es comunicar que se hace “de una vez”, con el significado de contundentemente.

Ya está expuesta la opinión con respecto al cuajo y al freno empleados juntos en una expresión. No se debe interpretar la crítica que aquí se hace como un mensaje para que la escritura se convierta en la repetición de los clichés harto conocidos que producen hastío. Tampoco las expresiones moderadas vertidas aquí son una licencia para que se lleve a extremos ridículos el poder de creatividad de los hablantes y escritores.

ANCLAR

“. . .poco después que aprobamos la construcción de la idea original con cinco tiendas por departamentos, varias de estas tiendas. . . comenzaron a fallar y ya no pudieron ampliarse, así que necesitamos encontrar otras formas de ANCLAR el proyecto. . .”

Desde el principio hay que aclarar que se trata de un artículo traducido del inglés al español. El asunto de interés aquí es evaluar el uso que se hace del verbo “anclar”.

Ocurre con mucha frecuencia que los traductores en el empeño por acomodar las palabras que encuentra en el original con las significaciones que conocen, retuercen el sentido de las palabras para acomodar la traducción.

En español el verbo anclar tiene sus sentidos propios y directos. Otros significados los ha adquirido por extensión, a fuerza de uso e impuesto de ese modo.

En su sentido primero el verbo anclar era echar anclas. De esa manera se sujetaban las naves por medio del ancla. Al extender la utilización del verbo se le aplicó a las personas para expresar que se quedaba o arraigaba en un lugar o que se aferraba  a una idea o actitud. En funciones de verbo transitivo es sujetar algo firmemente al suelo o a otro lugar.

Es probable que leído rápidamente el acomodo que se hizo del texto aparezca con sentido en español. Si se escudriña con mirada crítica, el pasaje carece de sentido porque en nuestra lengua común el verbo anclar no tiene cabida aquí. En muchos casos el verbo anclar se emplea para destacar que algo se inmoviliza, se detiene, porque se sujeta con firmeza.

De lo que se trata ahora es de demostrar como llegó el “ancla” hasta la cita. En los Estados Unidos de Norteamérica, una de las tareas principales que tiene el constructor de un centro comercial es atraer tiendas reconocidas hacia ese sitio. Una vez que esas tiendas reconocidas, de renombre nacional, compran o alquilan un espacio, lo demás es más fácil.

A esas tiendas grandes, conocidas, que atraen compradores donde se establecen, es lo que se conoce en inglés con el nombre “anchor”. No es un verbo, es un nombre que se usa para denominar un negocio grande (como una tienda por departamentos) que atrae clientes y otros negocios a un centro comercial, así la definen en inglés.

No hay que extrañarse que a textos en lenguas extranjeras, se les retuerzan para acomodarlo a lo que el traductor(a) piensa que expresaba el texto original. Este es un tipo de solución que se llama “para salir del paso”. La solución del menor esfuerzo. Unas veces se procede de esta manera por haraganería. En otras ocasiones se hace por ignorancia. Esta última muchas veces es el reflejo de la haraganería.

*AVISTAJE 

“. . .en una acto que abrirá mañana la temporada oficial de AVISTAJE de ballenas en. . .”

Hay que comenzar dejando claro que la voz creada por quien escribió el texto no consta en el diccionario oficial de la lengua española. Como la lengua no se compone solo de los vocablos que las autoridades de la misma asientan en un momento dado, se hace necesario indagar más allá para tratar de establecer si es de uso en algún país de nuestra América.

El término examinado no se encuentra en los diccionarios de americanismos consultados. Lo que procede que se haga a partir de este momento es analizar la oportunidad del engendro y los cromosomas del mismo.

No hace falta que se invente un vocablo para designar una acción si se cuenta con palabras en el seno de la lengua que la definen cabalmente. Quizás se está en presencia de un vocablo que se escucha en los sitios donde se ejecuta la acción que se expresa con la voz comentada.

Entrando en una labor que no es la normal para el lector, se puede pensar que la intención  del autor de la reseña es dar a entender que se comienza la temporada de observación de las ballenas.

La intención es buena, pero no basta con la buena intención. Ha procedido a formar un término con la ayuda del verbo “avistar”. La primera acepción del verbo es “alcanzar con la vista algo”. En otro aspecto y en funciones pronominales se le utiliza para mencionar que dos personas se reúnen para tratar algún negocio.

Se percibe en el verbo avistar que se alcanza a ver algo a muy larga distancia. La acción se refiere a algo que apenas se ve; algo que se ve sin poder apreciar los detalles.

El verbo avistar tiene como equivalentes los verbos descubrir y divisar, y se le usa para ver algo en el campo o en el mar a considerable distancia. De la significación del verbo, a que se tome la libertad para crear un sustantivo para mentar la acción, es larga la distancia.

El nombre inventado tiene visos de legitimidad si se toma en consideración que guarda relación con el significado del verbo. La acción se hace a una distancia considerable y se hace en el mar, o por lo menos el objeto divisado está en el mar. Además, en el verbo observar lo observado conlleva que se aprecian los detalles, y esto no sucede cuando se divisan las ballenas.

Por otra parte, si se hubiese tratado de crear un sustantivo sobre la base del verbo divisar habría salido más largo, algo como *divisamiento, o divisación que es peor que lo que se analiza.

Ahora hay que trabajar con los elementos que forman el neologismo. La primera parte se la saca del verbo avistar a la que se ha añadido la terminación -aje. En español el sufijo –aje es el sufijo corresponde al sufijo “-aticus” del latín que existía en algunos adjetivos. En español el sufijo aplicado a nombres indica el resultado de la acción, como es el caso del pasaje. Mejor aún, es el resultado de una acción realizada por un grupo de personas. En nuestra lengua el sufijo –aje solo se utiliza para formar o hacer sustantivos.

Con una palabra como la que se estudia aquí lo que hay que hacer es permitir que el tiempo la sancione. Si el uso la aprueba no queda más que aceptarla. Si por el contrario el vocablo muere joven, hay que ser pacientes para ver nacer otros términos que la reemplace.

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