Por Emilia Pereyra

    Diecinueve textos componen el libro de cuentos del creador interiorista Miguel Solano, denominado Sinfonía de Águila, hermoso título que él explica en una instrucción nombrada Edad del águila, en la que refiere que es un apasionado de la danza afrodisíaca sin fin de esta bella ave depredadora, dotada de gran poder.

La primera historia, Vacío y dolor, está narrada en primera persona. Una voz femenina relata un encuentro con Don Diablo. El personaje airea el vacío interior que prevalece en su existencia, a pesar de que posee toda la riqueza que puede necesitar. Es un cuento existencialista, de tipo psicológico. Se trata de una exploración interior de una mujer arrasada.

Dice la protagonista: “Ese vacío genera una necesidad, un deseo de castigar el cuerpo, la carne, un deseo de ver cómo el castigo genera dolor y cómo ese dolor produce un cambio en el vacío, en el estado del vacío. Sé ahora que quienes promueven el dolor, la violencia, no lo hacen porque deseen hacer el mal o hacerse mal. En su búsqueda, en su exploración por una respuesta a un estado de vacío, de acumulada violencia, ven crecer una espantosa ansiedad que reclama como castigo darle dolor a las fuerzas físicas que creen lo generan” (págs. 20-21).

El Diablo, figura mítica recurrente en esta obra, vuelve a ser personaje en el cuento Experiencia propia, donde el ángel caído, tiene una singular conversación con Dios, al que reconoce como padre.

El Todopoderoso es de nuevo personaje en el cuento Edad del hombre, una versión libre, fantasiosa y maravillosa, sobre las ansias atribuidas a Dios.

A propósito, relata el narrador: “Más de quince mil millones de años le tomó el trabajo de crear la naturaleza tal y como la conocemos hoy, pero ya podía sentarse debajo de una mata de mango y descansar. ¡Qué cosa!, pero para Dios descansar es pensar; así que al mirar a los animales se dio  cuenta de  que le faltaba algo, ya había creado el libre albedrío, con lo cual eliminó la posibilidad de que alguien viniera a quejarse por su suerte, entonces una idea brilló ante sus ojos: ¡Institucionalidad! Eso es, aseguró, hay que definir funciones” (p.88).

En el ingenioso y divertido cuento se continúan plasmando las quejas y las solicitudes de animales y del mismo ser humano a Dios, que busca el modo de complacer peticiones.

   Dos mundos es el relato acerca del encuentro sexual de dos amantes, Cindy y Manuel Emilio, dos universos que terminan separándose. La narración tiene párrafos singulares en que se registran exploraciones sobre el pasado, y cito: “Y no sólo era la separación del objeto sino que sus mentes habían regresado al estado anterior, un estado de felicidad, de armonía en que desaparece el sentimiento de aislamiento o separación. Golpeaba en su interior el extraño eco, el regreso a sus primeros nueve meses de existencia, él dentro y ella sintiendo esa mágica sensación, ese sentimiento de omnipotencia que al conectarnos con el universo nos hace sentir como si todo fuera posible” (p.27).

En el Costo de la belleza, se recurre de nuevo a la primera persona para contar el encuentro de un hombre con una chica de belleza embrujadora en el hotel Lina, donde vivía entonces, en 1996. Con ella sostiene un diálogo chispeante, en el que negocian las condiciones de un acercamiento sexual.

Otro cuento sobre seducción y dinero es El origen de la dignidad, en el que se relata una sugestiva conversación entre una pareja de hoy, Adán y Eva, que se produce en clave bíblica y tono moderno.

   El origen de la justicia es una historia perspicaz, sobre las búsquedas espirituales a través del taoísmo, el budismo y otras corrientes. Lo protagoniza la doncella Chang-Lien Lu, que había iniciado “su conexión suprema con los dioses” cuando tenía trece primeras. Contada en la tercera persona, esta historia muy bien hilvanada y recreada termina arrancándonos una sonrisa, cuando se devela el resultado del prolongado estado de ensimismamiento con la gran revelación: “¡El sol sale para todos!” (p.36).

   ¡Paren eso!, es el siguiente cuento del mundo terrenal, sobre el abogado Manuel Caldosanto, caído en desgracia después de vivir una época de bonanza, debido a un cambio de gobierno, y en consecuencia se ve en las garras de los bancos a causa de un prolongado endeudamiento.

   El repartebienes un relato de cariz político, corto, de dos páginas, sobre aspectos de la realidad vernácula: la corrupción y el clientelismo, el manejo del poder y las truculencias, retratados en unas escenas palaciegas que se producen en cuatro templos del Palacio del León. A saber, la Consultoría Jurídica, la Secretaría Administrativa, el Secretario del Rey y la Cueva del Reynazo. Es un texto cargado de ironía y doble sentido, relacionado con tiempos políticos de nuestro pasado reciente.

Otro relato sobre clientelismo, extraído de nuestra realidad socio-política, es Yo sé dónde venden. Desarrolla el plan concebido por un gobernador para lograr un asiento en el parlamento con el uso de los bienes públicos.

   Zigzaguendo en Washington es otro cuento crítico, sobre el ámbito político, narrado con ironía. Se produce en Estados Unidos, donde en los meses de septiembre y octubre del inolvidable 2002, “el Francotirador se apoderó de las calles de Washington y los halcones de la capital del sacrosanto lugar plantearon que la mejor medida de protección era no caminar derecho sino zigzagueando (p.59).

   Parto imposible se refiere el escabroso tema del bestialismo. Ha sido narrado con gracia y la delicadeza que en literatura requieren los temas espinosos. “Los muchachos vieron a Marcial relinchar y haciendo fila; y permitiéndole al marido su retorno cada vez que este lo solicitaba. Fueron aprendices de esposos. De acuerdo con la sonrisa de Novia, unos fueron caballos, otros potros y otros apenas potriquillos”, escribe el narrador (p.50).

   El virus es una narración hiperbólica en torno al encuentro entre la doctora Amelia y Pablo del Robo, su paciente. “Miró el universo a través de la ventana del consultorio y empezó a reír, a carcajada, a plena felicidad; sonrió como a quien le han regalado el don de la felicidad eterna: la locura. Al voltearse y quedar frente aquellos ojos color oro de Amelia, impidió su penetración en su recién pasado mundo con una pregunta:̶ ¿Y si son bacterias?” (p.76).

Otros cuentos forman parte del volumen, como son Siete letras, de corte social, y ¿Lo sabía?, que versa acerca de un mujeriego tentado por el homo sexualismo. Solano remata el libro con dos microrrelatos, con apariencia de versos, titulados Con destino y ¡Rosa Roja!

Nuestro sagaz autor explora temas diversos en su Sinfonía del águila. Se percibe claramente que a él le interesan Dios, el Diablo, las filosofías orientales, el sexo, la seducción, el vacío existencial, el clientelismo, la política y la crítica social.

El autor cultiva un estilo propio, el indiscutible estilo Solano, salpicado de humor, picardía e introspección, y de la búsqueda de las verdades profundas. Lo hace empleando un lenguaje directo y estructuras gramáticas sencillas.

Miguel Solano sabe pincelar atmósferas con eficacia, y en gran parte de sus cuentos resaltan el tono crítico, la tendencia a satirizar y a narrar de forma distintiva.

© 2017, Emilia Pereyra.

Notas

1. Miguel Solano, Sinfonía del Águila, Ediciones aqi, Editora Búho, República Dominicana, 2006.págs… 20-21.
2. Ibídem,88.
3. Ibídem, 27.
4. Ibídem, 36.
5. Ibídem, 59.
6. Ibídem, 50.
7. Ibídem, 76.

Escrito por Ruth Ruiz