Por Bruno Rosario Candelier 

Nadie tocará la aurora
para entrar a mi cielo.

(Rita Guzmán)

   La creación poética de Ana Rita Guzmán Ceballos, una de las genuinas creadoras entre las escritoras de poesía en las letras dominicanas, proyecta una honda experiencia vivencial en su sensibilidad y su conciencia. Reconocida profesora de sociología y brillante cultora de una enjundiosa lírica, nuestra agraciada poeta hace del arte del lenguaje el centro de sus apelaciones entrañables y el cauce de sus inclinaciones estéticas (1).

Realmente cuando se habla de poesía nos referimos a una creación del lenguaje que puede responder a la expresión de la realidad sensorial y también puede ser la comunicación de lo que se sale de la realidad porque la poesía tiene la virtud de aludir a la realidad del mundo sensible y al mundo de lo invisible, ya que puede hablar de las cosas que se manifiestan con sus datos perceptibles, como puede también hablar de los fenómenos metafísicos.

La obra de Rita Guzmán es la expresión de una energía, de lo que desde la Antigüedad grecolatina se llamaba ENERGÍA CREADORA, y esa energía creadora es connatural al ser humano porque forma parte de la dotación del Logos, que ya Heráclito de Éfeso, uno de los antiguos pensadores presocráticos, por su alta dotación espiritual le atribuía una energía divina, que calificaba como el más hermoso don que hemos recibido los humanos en cuya virtud podemos hablar, pensar, intuir y crear, como se evidencia en la poesía ya que esa elevada manifestación de la creatividad verbal plasma con el lenguaje de la lírica las más hondas y cautivantes intuiciones y vivencias.

La poesía es una creación del lenguaje, y esa creación tiene un carácter estético; pero esa creación estética, aunque tiene los mismos atributos para todos los creadores en cuanto a que es una expresión de la creatividad, sin embargo en cada creador es diferente, ya que en cada autor la poesía tiene una manifestación peculiar y específica en función de la sensibilidad y el talante del poeta.

En el caso de Rita Guzmán Ceballos, nuestra poeta canaliza su energía creadora a través de la palabra poética en donde se pueden apreciar tres vertientes claves para entender la línea de creación de la poeta francomacorisana. En su poesía hay una energía telúrica, una energía erótica y una energía divina. Por energía telúrica entiendo el aliento que recibimos de la tierra, el impacto físico que recibimos del terruño donde nacemos y nos criamos. El espacio físico donde nos desarrollamos inyecta en nuestra sensibilidad una energía peculiar que configura nuestra sensibilidad y entonces canalizamos a través de la creación lo que la tierra inyecta a través de los alimentos, del ambiente y el paisaje, de la historia y la cultura.

La segunda dimensión es erótica. Uso la palabra “erótica” en el sentido griego, que aludía no solo al amor, el erotismo o la potencia erótica de la sensibilidad humana, sino también a la dimensión espiritual como la entendían los antiguos filólogos helenos, para los cuales esa vertiente o manifestación de la inteligencia y la sensibilidad despierta en nosotros el deseo de ser, el anhelo de saber y el ímpetu de crecer interiormente, de manera que se trata de un aliento especial. La energía erótica es un aliento especial que brota en nosotros y que hace que seamos lo que somos, que canalicemos nuestro potencial creador y encontremos un cauce específico para canalizar todo el potencial con que venimos a la vida, que se manifiesta de una forma amorosa, con plena compenetración del propio creador desde el hondón de su sensibilidad en conexión con el mundo circundante o con la realidad social o cultural que le ha tocad vivir y compartir, y eso es hermoso saberlo, sentirlo y proclamarlo.

La tercera faceta que se puede apreciar en la creación poética de Rita Guzmán es la connotación divina de la palabra, que es una dimensión metafísica y trascendente en su creación poética. Fíjense en lo que dicen Ana Rita en la introducción de su primer libro, Voces cercanas al silencio (2), donde expresa que se siente “conmovida ante la felicidad que brindan las cosas pequeñas”. Es decir, nuestra poeta se conmueve por todo, porque lo siente todo, lo sufre todo y lo vive todo con el gozo de lo viviente, y es una dicha sentirlo y decirlo en virtud de lo que tienen los poetas, que Garcilaso de la Vega, el famoso lírico español del siglo XVI, llamaba “el dolorido sentir”. Los genuinos poetas experimentan un “dolorido sentir” en virtud del cual lo sienten todo y lo viven todo, aunque también lo sufren y lo gozan todo, y ese poder de su sensibilidad hace que se vuelque su conciencia y se manifieste creadoramente en el arte de la creación poética, porque la poesía no es solo la expresión de emociones y belleza, sino también la expresión de mensajes profundos, del sentido trascendente que propicia la vida y el Cosmos. Rita Guzmán se siente “fascinada por la intensidad del silencio…”. El silencio tiene algo singular que desemboca en la sensibilidad interior de Rita porque su talante, que es la manera de sentir, está adiestrado para vivir el trasfondo del silencio y ver más allá de las apariencias de fenómenos y cosas:

Estos fragmentos se  fueron volviendo

huellas de mi presencia…

Alude la poeta a su creación poética. Todo el mundo vive una presencia, y todos tienen una manera de vincularse con el Todo. Al final de su prefacio, escrito en San Francisco de Macorís en el 2007, escribió nuestra poeta: “Se desvanece mi resistencia compartir el perfil de tantas cosas reflejadas en el espejo de este canto”. Este canto es su palabra, su creación poética, la expresión de su sensibilidad y su conciencia:

Dejo escapar mis palabras

que huyan hasta convertirse

en infinitas efigies apenas

apreciables por corazones viajeros.

 Entonces la persona lírica se retrata a sí misma, diciendo quién es ella, cómo es su sensibilidad, qué hay en el trasfondo de su ser y, entonces, en esa dimensión estética, metafísica y simbólica aflora su energía erótica, la energía que está en todos nosotros y en todo lo viviente.

La energía erótica se puede apreciar desde tres perspectivas en la creación poética y, de un modo especial, en la lírica de Ana Rita Guzmán: desde la perspectiva del yo; desde la perspectiva de la creación; y desde la perspectiva del Cosmos.

Ana Rita Guzmán Ceballos, que tiene consciencia de que está instalada en el mundo, que tiene una singular conexión con lo viviente y que es dueña de una profunda intuición para captar y expresar el sentido de fenómenos y cosas, acude a la palabra para decir lo que intuye y mueve su sensibilidad espiritual y estética (3):

Después de mil lunas sin dormir

confirmo de tu canto apenas

algunos ecos que suenan

confundidos entre voces

cercanas al silencio.

 Es decir, para Guzmán Ceballos el silencio es una expresión de la conciencia. Y en su vivencia particular y desde el fuero de su intimidad, la conciencia perfila y recrea el eco de las cosas silentes porque ella percibe el sentido del mundo, de las cosas que fluyen y, sobre todo, la dimensión inédita y esencial de lo existente, lo que es propio de los poetas o de quien tiene sensibilidad poética. En uno de sus poemas escribe:

Nostalgia del tiempo

atrapada en sus ojos

la espera impacienta la manada

de lobos

que llevan dentro.

 Esa expresión simbólica, “manada de lobos que llevan dentro”, con una connotación representativa, es una manera de decir que los seres humanos llevamos dentro un demonio, aunque también llevamos un ángel, para aludir a una expresión figurativa y deíctica que fluye en nuestro interior y, desde luego, depende de la actitud interior, de nuestra concepción de las cosas y de nuestra sensibilidad metafísica para que el peligroso lobo -o el amoroso ángel- se activen y actúen. Para aplacar la furia del lobo secreto, con las manifestaciones intolerantes de la conducta o el pensamiento ajenos, sugiere el cauce de un fluir consentido con la capacidad para dejar pasar.

En su poetizar, el lobo poético de Ana Rita entraña una dimensión peculiar, es decir, la representación simbólica de una actuación audaz, desafiante y sorprendente: “Nunca me dijeron que el lobo es tan encantador. Como mansa oveja me educaron. Ciega de vida y versos con manía de lo cierto en las manos sin locura vagando por mis huesos. Nunca supe que el lobo de los cuentos vivía en la tierra prohibida del deseo que podía desatar vida con su lluvia cúpula mágica de espuma y sueños como un Dios creando el universo. No hablaron de ese animal perverso que inventa un mundo con su beso todo un bosque lleno de amapolas gritando en cascada sangre silvestre por las ardientes venas del delirio. Para ser una mansa oveja así de tierna me educaron. Nunca me dijeron que en las noches de luna sale el lobo hambriento del rojo territorio donde guardo mi vergüenza” (4).

En otro de sus poemas Rita Guzmán revela un pensamiento similar en una imagen cautivadora y densa:

Todo lo inventó este corazón viajero

la nada se agiganta.

  La poeta francomacorisana percibe las señales físicas y metafísicas del Universo, lo visible y lo no visible del mundo circundante y del ámbito sobrenatural, y en virtud de esa peculiar dotación intelectual y estética con que vino a la vida esta singular mujer llamada Ana Rita Guzmán ha podido sintonizar facetas y texturas de ambas realidades que sintonizan y expresan los poetas cuando testimonian lo que su sensibilidad percibe, lo que valoran de fenómenos y cosas, que es uno de los grandes atributos de los creadores de poesía y ficción. En “Olor a jazmín” escribe nuestra agraciada poeta:

Cabálgame,

llévame por el camino

que conduce al infinito.

   Esa es una profunda llamada que experimenta Ana Rita, apelación que sienten las personas con sensibilidad trascendente mediante el anhelo de vivir una compenetración profunda y entrañable con el infinito porque procedemos de una fuente infinita. Todo lo que existe procede de la fuente de la Divinidad, que es infinita, y todo desemboca en esa misma fuente primordial de cuanto existe. Por eso nosotros somos infinitos. Nada de lo que existe perece porque todo cuanto hay en el Universo fue creado por el Padre de la Creación, y lo que Dios crea no perece. Todos nosotros, en efecto, somos inmortales porque somos una emanación de la Divinidad. Y la alta creación poética procura dar cuenta de esa suprema condición de la naturaleza humana.

La creación poética es una expresión de las imágenes y los símbolos del fluir de lo viviente que encarna el significado de las emanaciones trascendentes provenientes del Numen cósmico. Para los antiguos griegos, el Numen encierra el caudal de la sabiduría espiritual del Universo, donde todo está registrado porque hay una sabiduría infinita, y los poetas son las personas dotadas de un circuito interior en su conciencia en cuyas neuronas cerebrales perciben las irradiaciones de la trascendencia y, en tal virtud, pueden entrar en conexión con las ondas electromagnéticas que conectan su conciencia con el fluir trascendente del Universo.

Nuestra poeta se inserta en el mundo, se siente parte del Universo y entra en conexión con el caudal de lo viviente en virtud de su sensibilidad empática y fecunda. Y en función de su conciencia, en “Te entrego este alud de sueños” expresa:

Las horas giran extendidas

en la memoria de tus besos,

llaman sus abrazos

cuando contemplo el firmamento.

Tu presencia desnuda, espanto de mis ruegos.

Comienzo a creer en que más allá del cielo

alguien siembra la vereda de árboles,

flores, pájaros, viento.

Por eso nuestra admirada poeta, ataviada de rocío, despliega su sentir:

Justo allí donde huela a jazmín

y se escuchen a los pájaros

anunciando otro día.

La emisora de estos entrañables versos percibe el fluir de lo viviente como una presencia significativa que concita su sensibilidad y estimula su conciencia. Por eso pone su sensibilidad, su intuición y sus palabras al servicio de ese propósito que tiene la poeta para hacer de la sabiduría y el amor la llama del aliento cósmico, la fuerza genesíaca de lo viviente y el aliento redentor de los sentidos, justamente en función de ese poder, de esa energía erótica y de esa energía divina que atraviesa su sensibilidad y cautiva su conciencia. Ana Rita no es una mujer común y corriente porque está dotada de una energía divina, del aliento espiritual que recibió para dar un testimonio singular del mundo mediante su palabra creadora canalizada en su expresión poética. En “Versos que cantan” escribe emocionada:

Me besas y te vas

para regresar de nuevo.

Como las tormentas del Caribe

abates mi territorio

y lo llenas de hojas, ramas, vientos.

Tus lluvias inundan los huecos de mi isla;

desbordamiento del deseo

simientes milenarias.

Esas simientes milenarias las perciben los genuinos poetas que viven en comunión con la energía espiritual del Universo:

Resistiendo lazos que sangran

al ritmo caprichoso de los siglos secretos.

   Fíjense qué manera tan hermosa y profunda de escribir de esta singular poeta:

Te gusta llegar a mi playa

y besar las arenas de mis versos

como lirios blancos

o como espuma blanca.

Olas que danzan

se llevan tus tibias aguas que no descansan

para volver a mojar mis arenas sedientas de tu boca.

La luz es promesa de que volverás,

la tarde me enciende

y ardo como tronco seco.

   Esa sensibilidad estética y espiritual, que se conjuga en la creación poética de Ana Rita Guzmán Ceballos (5), da cuenta del portento de su creación porque, desde luego, para sentir como ella siente hay que tener una sensibilidad caudalosa, amplia, profunda y estremecida. Y también hay que tener una conciencia sutil, pareja a esa sensibilidad estremecida y estremecedora, como la de Rita Guzmán. Por esa razón, para esta poeta el silencio es la voz del misterio; el silencio es la huella de lo arcano que siempre está presente porque estamos rodeados de cosas visibles pero también de cosas invisibles que la sensibilidad trascendente capta misteriosamente en virtud de los sentidos interiores que tenemos para ponernos en conexión con esa dimensión profunda y trascendente de las cosas. En “Enamorada de la noche” escribe impregnada del aliento de la belleza y el misterio:

Enamorada de la noche

colgada de encanto a medio cielo

repleta de luz

dulce de esperanza.

Embriagada de silencio.

 Ustedes se imaginan cómo una persona puede sentirse embriagada de silencio:

Embriagada de silencios,

quieta de magia acompaña a las estrellas,

embellece al firmamento.

Ayer vi la luna

reflejada en el agua de los arrozales

buscando imitar tu mirada.

   Esa es la expresión erótica, la expresión amorosa de la dolencia divina, la expresión de identificación con lo viviente, el testimonio de la sensibilidad profunda que marca y distingue los rasgos de una creadora, como Rita Guzmán, por lo cual en su poesía hay una reflexión lírica, estética, metafísica y simbólica. Vertiente lírica del caudal de sus emociones entrañables. Vertiente estética del mundo de sus vivencias engarzadas al fluir de lo viviente. ¿Vertiente metafísica y simbólica de qué? Del cauce que ha de transitar la creatura consciente del destino que le aguarda. Por eso ella puede escribir:

Por todas partes

el delirio camina sin rumbo

desde el norte hacia el sur

el sendero es soledad,

El polvo de la sal deja sin sabor su garganta.

Todas las voces naufragan en mar de silencios.

Todo el cielo descobija tu techo.

   Esa manera de escribir puede desconcertar al lector que desconozca el lenguaje de la poesía porque la poesía tiene un lenguaje diferente al lenguaje con que usualmente nos comunicamos; por eso quien no conoce el lenguaje de la poesía no puede entender la creación poética. Muchos creen que ese lenguaje es asunto de gente rara, o de gente que no está en este mundo; no entienden que se trata de un don especial. Por eso decía Platón que los poetas recibieron el don creador de la Divinidad para que con ese don, con esa virtualidad poética, pudiesen captar los mensajes profundos inherentes a imágenes con el sentido de los símbolos arquetípicos que provienen de la fuente misma de la Divinidad y que nosotros, lo que no somos poetas, no entendemos. Los exégetas e intérpretes de la poesía sí lo entendemos, pero quien no es poeta se pierde en su comprensión porque es un lenguaje diferente, un lenguaje de lo arcano porque solo la intuición penetra en esa dimensión profunda y capta, a través de la revelación, mensajes que vienen de la cantera del infinito; y por eso los poetas no son seres comunes y corrientes; por eso en la antigua Grecia se veneraban a los poetas. Si Ana Rita Guzmán hubiese nacido en la antigua Grecia, al pasar por las callejuelas de Atenas la hubiesen venerado y los transeúntes se hubiesen inclinado en señal de reverencia porque vino al mundo con el don de los elegidos. Ana Rita fue elegida por la Divinidad, por las Musas o quién sabe por cuál potencia cósmica al recibir el don de la creación poética. Por eso ella puede decir conceptos y expresiones que nosotros, los que no somos poetas, no podemos expresar. Por eso ella escribe convencida de su alto don:

Soy eterna

al descubrir en ti mi locura más sana

el milagro del amor en una mujer,

que como yo,

había agotado los manantiales.

   Esa expresión amorosa, poética y erótica, tiene esa dimensión trascendente en esta creadora que ha sabido articular, mediante la palabra poética, lo que dicta el trasfondo del silencio de fenómenos y cosas. Podemos decir que Ana Rita Guzmán Ceballos es la poeta del silencio, la poeta que le canta el sentido del silencio inherente a lo viviente y que describe lo que el silencio sugiere mediante sus voces secretas y entrañables como se manifiesta a través de la creación poética de esta dominicana ejemplar.

Bruno Rosario Candelier
Encuentro del Movimiento Interiorista
Moca, Ateneo Insular, 23 de enero de 2016.

Notas:

1. Ana Rita Guzmán Ceballos nació en Santo Domingo, aunque ha vivido la mayor parte de su vida en San Francisco de Macorís, donde ejerce la docencia en el área de sociales y participa en la vida cultural. Socióloga y especializada en educación, tiene un doctorado por la Universidad del País Vasco en psicología y educación. Presidió la Casa de la Cultura y el Centro de la Cultura, ambos de San Francisco de Macorís, y ha participado en cónclaves nacionales e internacionales.
2. Cultora del lenguaje poético, publicó los poemarios Voces cercanas al silencio y Libertad a media luz.
3. Al agradecer el reconocimiento que la Academia Dominicana de la Lengua y el Ateneo Insular tributaron en Moca a Ana Rita Guzmán Ceballos, la distinguida poeta francomacorisana expresó: “Jamás en mi vida había esperado esto. Muchas gracias, me quedo sorprendida, no me creo merecedora de tanto. Quiero agradecerles a ustedes, agradecer la generosidad de don Bruno Rosario Candelier, de Ramón Antonio Jiménez y de Rita Díaz, y agradecer la presencia de mi familia, que está aquí. Gracias por este reconocimiento que acepto con mucha humildad. Es el segundo reconocimiento que don Bruno me hace porque el primero fue una vez que nos encontramos en el Aeropuerto Las Américas de la capital dominicana, y le dije a mi esposo: “Mira, ese es don Bruno, vamos a saludarlo”. Y cuando le dije a don Bruno mi nombre, me comentó: “En San Francisco de Macorís hay una poeta que se llama Rita Guzmán, como tú, cuya obra valoro por su calidad”. Entonces, emocionada, le dije a don Bruno: “¡Esa soy yo!”. Esa noche yo me quedé hablando de su espontaneidad y de lo bien que don Bruno me hizo sentir”.
4. Ana Rita Guzmán Ceballos, Libertad a media luz, Santo Domingo, Ministerio de Cultura, 2014, p. 55.
5. Palabras de Ana Rita Guzmán Ceballos en el acto en su honor celebrado en el Ateneo Insular en Moca el 23 de enero de 2016: “Yo pienso que los duendes hacen su juego y esto tenía que ser en Moca, tierra de mi madre, y qué hermoso que esto se diera aquí. Tomo la palabra de Huidobro y pregunto: ¿quién sembró la angustia en la llanura de tus ojos como el adorno de un dios? Y retomo a esa presentación de la que hablaba don Bruno Rosario Candelier para responder: como si la magia pudiera describir ante la incógnita melancolía del permanente retorno de mis errores y el doloroso cansancio de las brumas cotidianas conmovida ante la felicidad que brindan las cosas pequeñas, deslumbrada por el vacío del tiempo, fascinada por la intensidad del silencio, estos fragmentos se fueron volviendo huella de mi presencia agitando en las cumbres de mi ser. El germen de esta canción libertaria estuvo marcada decididamente por la subversión de mis sueños terrenales los cuales me vistieron de soledad. En el marco de la discursiva paradoja de la cultura institucional necesité respuesta de la imaginación, necesité sentirme fugitiva y volar sin control, encontrar mi identidad; quizás una subcultura de supervivencia personal me llevó a la poesía y para mí, en esencia, la poesía es eso en mi cotidianidad, una fuerza que me ayuda a sobrevivir y tolerar con una sonrisa los avatares a veces muy fuertes a los que la vida me ha sometido. Dicen que la poesía no es una opción, yo no sé. Yo siempre fui buena lectora de poesía y mi primer libro lo tuve a la edad de 9 años y me maravillé. Entonces siempre he estado deslumbrada con mis poetas preferidos. Yo soy loca con Fernando Pessoa, con Miguel Hernández, con Rabindranah Tagore, con Federico García Lorca, con muchos otros, y no tengo esa fidelidad con la poesía porque me paso un fin de semana con Franklin Mieses Burgos y me enamoro, me olvido del mundo, y así si retomo a Lorca y ya todo es él, y el próximo fin de semana me tiro en los brazos de Miguel Hernández y digo que él es mi preferido y así voy. Yo misma debo decir que fui la principal sorprendida con esa fuerza con que yo comencé a escribir. Escribía poemas de un tirón y creo que el silencio… cuando murió el padre de un amigo y varios días después de eso mi amigo me llamó y me dijo: -Doña Rita, usted que vino y yo se lo agradezco tanto, pero yo solo le pude dar mi silencio-; eso fue como un riflazo y conocí el silencio ya de adulta, así como llegué adulta a la poesía, pero la derrota, los problemas del mundo me abrieron un cauce a la poesía y en ella encontré esa estrategia de vida. Me sorprendió mi propio erotismo. Yo decía: “Una mujer de cuarenta y pico de años siendo directora de una academia y describiendo una relación amorosa, describiendo un amor solitario”. Y me decía un profesor que ellos se reunían a hablar de la crisis del capitalismo, de que hay que retomar el pensamiento marxista, pero después que salió su libro nada más hablamos de torbellinos. Es decir, yo no soy una mujer de mundo, soy una mujer de bajo perfil en el sentido de mi existencia, en el sentido de la tranquilidad. Yo soy una educadora y me he dedicado a eso, a la gestión cultural; he estado siempre envuelta en esos afanes de la gestión cultural pero nunca la escritura fue mi oficio y de pronto yo misma veo este desbordamiento y así llegó el poema “Ojos de luna”, un poema que a mí me gusta. La vida me presentó una situación muy difícil; me vi de cara a la muerte y comencé a hacerle un homenaje al dolor, a escribir; hay cosas que son tan profundas, tan íntimas que no las he publicado porque son parte de mi intimidad esencial; pero hice un homenaje al dolor, a la libertad y es que la poesía ha permitido que experiencias dolorosas, que han estado cerca como la muerte, hayan sido canalizadas en el canto: Más allá de la fatalidad las palabras/y con ella los ojos de la esperanza/se abren como el soplo incierto/del niño recién nacido/que aún no conoce el juicio final. Muchas gracias por este acto tan maravilloso”.

Escrito por Ruth Ruiz