Nuestra lengua materna es uno de nuestros grandes patrimonios afectivos y culturales. Así comenzó su exposición nuestra destacada lingüista María José Rincón, para subrayar que los hablantes aprenden a valorar y a atesorar la propia lengua como un valioso activo cuando la conocen, cuando saben cómo es y de dónde procede y logran reconocerse como dueños y responsables de su mantenimiento, su defensa y su engrandecimiento.

Con el planteamiento del párrafo precedente, nuestra lexicógrafa y académica María José Rincón inició el Taller sobre el Español Dominicano, que ofreciera la Academia Dominicana de la Lengua a los interesados en mejorar su conocimiento de nuestro idioma.

“El primer paso para apoderarse de la lengua propia es conocerla y valorarla. Se trata de elaborar una imagen de conjunto de las características actuales que conforman la personalidad del español dominicano, partiendo de la descripción sincrónica de estos rasgos. Ninguno de ellos es exclusivo de la República Dominicana pero todas las características agrupadas dan personalidad propia, en el contexto hispánico, a la lengua que se usa en el territorio dominicano y en las comunidades de dominicanos que residen fuera de este territorio insular”, dijo Rincón.

Aseveró la disertante que si apren  demos a reconocer cuales son nuestros peculiares rasgos lingüísticos podremos asumirlos como tales. Sabremos que forman parte de nuestra identidad cultural y que nos definen como individuos, y sabremos también que gracias a ellos hemos expresado nuestro entorno físico y también nuestra realidad histórica y cultural. Todas estas características, cuyo conjunto define lo que somos, desde un punto de vista lingüístico, tienen su origen histórico. “Cuántas veces hemos oído decir francamente que los dominicanos hablan mal el español porque no pronuncian la zeta, porque “se comen” las eses… Esos rasgos, y muchos otros, no son producto de un error o de una incorrecta utilización de la lengua;  son consecuencia del desarrollo histórico de la lengua, que implica cambio, adaptación y reorganización de los elementos del sistema lingüístico y que da lugar a la diferenciación dialectal dentro del sistema unitario y común de la lengua española, que usan para expresarse casi cuatrocientos millones de hablantes en todo el mundo hispánico”, comentó la lingüista dominicoespañola.

Subrayó nuestra académica que la diferenciación dialectal de la lengua española le aporta riqueza y valor histórico y nuestro reto es conseguir que esta misma diferenciación no le reste capacidad de intercomunicación entre hablantes de distintas variedades. La lengua española ha conseguido mantener una de sus principales armas para colocarse entre las más importantes del mundo: su cohesión lingüística. “Todas las variedades dialectales son igualmente válidas y significan un enriquecimiento del idioma y, por tanto, de la cultura que inexorablemente se transmite a través de él. Las características propias del español americano, y asimismo del español peninsular, están condicionadas por las circunstancias históricas que han conformado su existencia, su cultura y sus señas de identidad”, precisó.

Los rasgos de la variedad dialectal dominicana, que tan frecuentemente oímos calificar como descuido o incultura, tienen  un origen histórico que explica su presencia y su arraigo entre nosotros. El desconocimiento de este hecho y de su significación provoca que se estigmatice su uso como si se tratara de hechos que demuestran un bajo nivel cultural.  El bajo nivel cultural existe, es evidente, pero no queda patente por la presencia de estos rasgos dialectales, dijo la conferenciante. El bajo nivel cultural se manifiesta fundamentalmente en el desconocimiento de la propia realidad lingüística y en la escasa capacidad para valorar lo que es auténtico, tanto en los hechos diferenciales como en los hechos que nos unen a la gran comunidad de hablantes de español, comentó.

“No podemos tachar de inculto al hablante analfabeto que mantiene los rasgos lingüísticos que le han sido legados por generaciones. Es inculto el hablante que, aun habiendo tendido acceso a una educación formal, no ha aprendido a conocer esta tradición y a valorarla en su justa medida. La actitud negativa por principio hacia el habla popular denuncia un sentimiento de inferioridad lingüística”, dijo Rincón, y añadió: “Los estudiosos de la lengua damos cuenta de los fenómenos que encontramos en la realidad y no debemos hacer consideraciones acerca de la corrección o de la norma. Pero, al mismo tiempo, se nos demanda que tomemos partido y ayudemos a enfocar lo que debe considerarse como la norma correcta de uso de nuestra lengua. La conclusión no es la de que todo vale. Existe un consenso para considerar una norma culta panhispánica”.

Manifestó que estos son los pasos que da la criollización en una lengua. Precisó que estamos ante el nacimiento del español dominicano y esa variedad criolla diferenciada es el resultado de un proceso que denominamos como koineización, que es el contacto lingüístico de diferentes variedades dialectales, la amplificación de los fenómenos más característicos, la creación de un dialecto con función de “lingua franca” regional, la nativización del dialecto originado por los pasos anteriores y estandarización del nuevo dialecto. “Este español antillano es fruto de un proceso de criollización de las primeras variedades dialectales que se trasladan a territorio americano”, dijo; y citó una descripción de Juan Antonio Frago al hablar de la criollización: “La alteración del español dialectalmente diferenciado llevado a América a crear una nueva variedad a partir del cual surgió el español americano, nueva modalidad a su vez dotada de variedades socioculturales o geográficas menores que no solo se extenderían a todos los criollos, o nacidos en Indias, sino que acabaría siendo asimilado por estos como rasgo distintivo de su personalidad americana”.

La académica agregó que la criollización empieza a ser percibido como un rasgo de identidad, por lo que le dejó claro al público que esta forma de hablar es distinta de los pobladores provisionales que llegan a América y, por lo tanto, marca un signo de identidad: esa forma y esa variedad diferente. Con la ayuda del proyector le dio una explicación al publicó sobre el seseo, definido como el fenómeno más extendido en toda América; el yeísmo, que es la pérdida del componente lateral del fonema palatal; la caída de la /d/ intervocálica prácticamente general en todos los sociolectos y en todo el territoacto sobre el español en la Republica Dominicanario. También habló de la “s” en posición implosiva, ya sea en final de sílaba o de palabra, se debilita y produce aspiración y, con mucha frecuencia, pérdida, además presentó la aspiración como resultado de f- latina; de la “l” y “r” en posición implosiva se neutralizan. La académica informó que esta neutralización también aparece en fuentes documentales andaluzas del siglo XV y son los pobladores andaluces los difusores de esta característica dialectal. Dijo que lo que produce la diferencia entre unas zonas y otras del territorio dialectal dominicano es la solución que adopta esta neutralización. Dio ejemplo con posición implosiva con la preferencia por “l”, que es lo más habitual en la zona capitaleña. Además explicó que una solución peculiar del español dominicano de la región del Cibao es la solución de esta neutralización de las líquidas en posición implosiva como una “vocalización” en una “i” semiconsonante. “Este fenómeno se está retrayendo y concentrando en regiones rurales debido a su estigmatización sociolingüística”, subrayó.

María José Rincón enfatizó en su intervención que nuestra educación debe estar enfocada al conocimiento de nuestra propia realidad lingüística, a su valoración y estudio. Y dijo también que es fundamental la posibilidad de manejar la norma culta hispánica con fluidez en los contextos que la exijan, por lo cual debemos comprender el papel destacado que juega el conocimiento de la lengua propia y de su historia en las actitudes que los hablantes toman frente a ella. “Si podemos mejorar ese conocimiento también podremos transformar las actitudes de los hablantes frente a la lengua propia y, con ella, frente a sus propios valores culturales e históricos”, dijo al finalizar su participación.

Santo Domingo, ADL, 2 de marzo de 2017.

Escrito por Ruth Ruiz