El escritor Manuel Matos Moquete, académico de la lengua, lingüista, narrador, profesor, novelista y crítico literario, fue el intelectual con quien iniciamos el conversatorio sobre su trayectoria literaria.

El director de la ADL expresó que Matos Moquete, en su condición de docente y teórico de la enseñanza de la lengua, tiene una fructífera trayectoria en el estudio de la lengua.

Manuel Matos Moquete agradeció a Bruno Rosario Candelier por la invitación. Seguidamente respondió a la interrogante sobre su origen y dijo: “Yo nací en Tamayo. Tamayo queda en el Sur profundo, en la provincia Bahoruco, aunque la gente de Tamayo dice que son barahoneros. Dijo que  nació en el 1944. Y en Tamayo se crio y cursó los estudios básicos, inició el bachillerato en Barahona y lo concluyó en la capital. “A Trujillo yo lo vi personalmente en mi pueblo en 1960, fue uno de los últimos viajes que él hizo. Hubo un esfuerzo durante años de grandes personalidades adictas al régimen, entre ellos mi padre, quien era miembro del Partido Dominicano y se logró que Trujillo fuera a Tamayo en 1960. Eso fue una cosa tan extraordinaria que después la narré en una novela mía, Larga vida, donde describí todo ese espectáculo y todas las consecuencias y las inspiraciones que su presencia produjo en mi pueblo”, relató el escritor.

Rosario Candelier manifestó a Moquete que tenía entendido que hay más de una de sus novelas que se inspira en Tamayo, a lo que el novelista asintió.

En cuanto a su crianza, el académico confesó que con su padre no era posible no ir a trabajar. Él tenía por lema “El trabajo y la escuela”. “Éramos 30 hermanos y a todos los hijos nos llevaba por la propiedad y todos teníamos que ir por la mañana o en la tarde a trabajar; nos cruzábamos por el camino; unos iban para la escuela y otros iban para el trabajo. Y así me crie trabajando y estudiando”, narró el escritor.

“¿Qué necesita un escritor para hacerse narrador?”, cuestionó Rosario Candelier.

Como respuesta a la interrogante, en su rol como narrador, Matos Moquete contestó que para una persona convertirse en narrador necesita gustarle mucho la historia y sentir pasión por el acto de contar, el arte de contar y de escuchar historia: “Es un encanto el escuchar el relato de otros y eso viene a veces también por la misma infancia. Yo nací y me crie en un pueblo de contadores de historias. No había electricidad en aquella época. Había una planta eléctrica en los años 1950 que encendía a las 7:00 de la noche, pero a las 10:00 ya se apagaba. Entonces, nos quedábamos siempre contando historias, muchas narraciones folklóricas de brujas, bacá y hechos cotidianos. Nos dormíamos escuchando esos cuentos”.

Desde el punto de vista literario, el narrador destacó que la dificultad mayor que experimentó en sus inicios como escritor fue el poder decir las cosas de tal manera que sintiera que tienen una diferencia, una sensibilidad distinta, porque se tiene la idea de que lo que dificulta a muchos escritores es que a veces están imbuidos por el uso común y corriente de la lengua y a la hora de escribir como que no pueden diferenciar lo correcto de lo impropio: “Es la misma lengua, pero hay que darle un giro. No es que yo voy a romper la lengua ni la voy a destruir como piensan muchos, dizque voy a hacer una transgresión de la lengua”, aclaró.

Rosario Candelier valoró a Manuel Matos Moquete como narrador, historiador, estudioso de la lengua y cultor de la palabra, por lo cual le hizo el siguiente planteamiento: ¿Cuándo tú escribes, tienes alguna motivación especial como escritor que te ha llevado a la escritura o cada obra ha postulado un tipo de motivación muy específica? ¿A partir de qué fecha tuviste conciencia de que tenías vocación literaria?

El escritor manifestó que no sabía que iba a ser escritor. Dijo que sabía que desde muy joven tenía dos condiciones, y usó una expresión de Sartre con respecto a cómo él era, ya que era percibido como el “idiota” de la familia. Explicó que era un tipo ensimismado, que en los campos le llaman azonzado, alelado, fuera de sí, que no hablaba, que está siempre en un rincón pensativo, abstraído, que no participaba en juegos. Tenía un mundo interior.

Por lo que intervine aclarándole que los artistas, los escritores, los intelectuales, poetas y contemplativos crean una concha interior, una especie de burbuja en la que se sumergen.   Entonces comienzan a rumiar sus experiencias, vivencias y fabulaciones, hasta tal punto que a veces les molesta el contacto con los demás. El académico comentó que era un lector compulsivo desde joven aunque no existieran libros, porque en su pueblo no había libros, pero se la ingeniaba para conseguirlos. Cuando ya estaba en la adolescencia era muy asiduo a la biblioteca municipal y era quien prácticamente abría y cerraba la biblioteca.

Comentó que desde muy temprano empezó a escribir en los periódicos de la izquierda dominicana: “Yo empecé a escribir artículos políticos desde muy joven y entonces la gente veía que yo escribía esos artículos y le gustaba. Incluso los artículos eran anónimos.   Comencé con la narrativa y la poesía. Escribí un libro de poesía, pero no continué”.

Manuel Matos Moquete manifestó que su pasión es la narrativa. “El ensayo para mí es una ficción del pensamiento”, agregó.

A la pregunta sobre su vocación narrativa el narrador explicó que escribe narración porque se reconoce como humanista. La narrativa le permite expresar una serie de emociones, situaciones y planteamientos que los seres humanos tenemos o debemos tener o podríamos tener. Entonces, los personajes son recursos para eso, los lugares son recursos: “Las técnicas son recursos para la filosofía que uno quiere expresar en narración: por ejemplo, un diálogo es un recurso pero yo tengo un planteamiento detrás de todo eso”.

El coordinador de la actividad explicó que en la narrativa de Matos Moquete hay una dimensión psicológica que la manifiesta cuando quiere dar cuenta de las actitudes y el comportamiento de sus personajes: “Ahí entra la psicología y nuestro narrador ha tenido gran acierto en ese aspecto, porque en su más reciente novela se aprecia esa incursión en la psicología de los personajes. Eso indica, naturalmente, que hay una capacidad del narrador para auscultar el alma de sus criaturas imaginarias”, consignó Rosario Candelier.

Al concluir, el público interesado manifestó sus inquietudes en forma de preguntas y elogios al escritor por su fructífera trayectoria.

Manuel Matos Moquete leyó una muestra de su producción narrativa para ilustrar, con el ejemplo de su palabra, el arte de la narración y su forma de escribir.

El director de la ADL agradeció la presencia del destacado académico y enalteció su valiosa intervención y su aporte al arte del lenguaje.

Santo Domingo, Biblioteca Juan Bosch, 6 de junio de 2017.

Escrito por Ruth Ruiz