Cada época tiene sus gustos que la distinguen de las demás, tanto en la vestimenta como en la música, el corte de pelo, la bebida, etc. Dentro de ese etcétera cabe el idioma. Así, mientras que en mi juventud –en los años sesenta–, vestíamos túnicas hippies,bailábamos merengue con Johnny Ventura o Félix del Rosario, lucíamos el pelo largo y seco o afros,  bebíamos ron con coca-cola y hablábamos de los “anuncios” en la radio y en la televisión; hoy los jóvenes andan todos con jeans (“pantalones de fuerte azul”, se decía antes), bailan reguetón, exhiben el pelo corto y engominado, toman vodka con cranberry (“arándano agrio” o “arándano amargo”, en castellano) y ya no oyen “anuncios” en  los medios, sino “spots publicitarios”.

Esto es así porque el español es una lengua viva y dinámica, que cambia en cada momento, admite neologismos y extranjerismos, crea nuevas palabras, cambia el significado de otras y condena a muchas al desuso y, con el tiempo, a la extinción. El vocabulario que usa la gente de hoy no es el de hace cuarenta años, ni de diez ni cinco, ni el del año pasado.Las causas y consecuencias del dinamismo de nuestra lengua son, para bien y para mal, muchas y variadas. Su estudio rebasa con creces el ámbito de esta columna, en la que solo nos interesa resaltar,  por el momento, el aspecto caprichoso y empobrecedor de ciertas modas en el habla dominicana actual. En otras oportunidades,  nos referiremos a las cualidades positivas y enriquecedoras del fenómeno.

A continuación analizamos un muestrario de palabras que están “de temporada” en la República Dominicana.

Iniciar

Comenzamos, como es natural, con iniciar. El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define el vocablo, en su primera acepción, de esta manera: “1.  tr. comenzar (dar principio a algo). Iniciar la marcha, la sesión”.  Además de comenzar, señalado en la definición, iniciar tiene los sinónimos siguientes:  empezar, principiar, estrenar e inaugurar.  El verbo también puede utilizarse en forma pronominal:  iniciarse, se inicia, se inició.

Por razones que no entendemos, los abogados y periodistas dominicanos de hoy no toman en cuenta la existencia de estos sinónimos de iniciar y emplean solo este último vocablo, una y otra vez, con cacofónica monotonía: todo inicia (sic) y nada comienzani empieza ni principia ni se estrena ni se inaugura, ni aun se inicia. Parecería que iniciar posee atributos que no tienen sus equivalentes.

La realidad, sin embargo, es que ocurre lo contrario –iniciar es inferior en versatilidad a algunos de sus sinónimos–, como comprobamos a seguidas:

“La docencia inicia (sic) oficialmente hoy en las escuelas públicas y colegios…” (Listín Diario)

“Año escolar inicia (sic) hoy con acto en B.C.” (Diario Libre).

“…[E]l plazo de los diez (10) días hábiles iniciaba (sic) el 2 de abril de 2007″. (SCJ, 2a. Cám., 22 de agosto de 2007, No. 66, B.J. 1161, p. 725).

En los tres ejemplos que preceden se utiliza iniciar como verbo intransitivo, es decir, sin objeto directo; lo cual es incorrecto porque el verbo iniciar es transitivo y por tanto requiere siempre un objeto de su acción (de ahí la marca “tr.” en la definición del DRAE).  Se debe siempre iniciar algo, por ejemplo, iniciar la clase, iniciar el estudio, iniciar la computadora; pero no se puede iniciar a secas, ni a las 6 p.m., ni mañana ni nunca; salvo cuando se utilice el verbo en su forma pronominal: el acto se inicia a las 6 p.m.

Comenzar y empezar, en cambio, son verbos transitivos e intransitivos a la vez y, por tanto, resultan apropiados para todos los usos. De ahí que se pueda decir correctamente que el acto comienza a las 6 p.m. o que el acto empieza a las 6 p.m.  Estrenar,  principiar e inaugurar, al igual que iniciar, son verbos transitivos que requieren de un objeto para su uso, excepto cuando se utilizan en forma pronominal.

El uso reiterado de iniciar por el hablante dominicano es, pues, una moda, un capricho muchas veces incorrecto, que desaprovecha al caudal léxico de nuestro idioma.

Apostar

Según su definición académica, apostar siempre entraña  para la persona que apuesta el riesgo de perder dinero o algo. No obstante,  el verbo se utiliza a diario en la República Dominicana como comodín para expresar los significados más diversos, casi siempre sin ningún sentido de contingencia, a saber:

“Salcedo dice seguirá apostando a la transparencia uso fondos DN” (Listín Diario).

“Bengoa apuesta a subir las tasas, y nosotros a incrementar el producto” (Hoy).

“La tienda ofrece productos manufacturados bajos (sic) los estándares ecológicos que eliminan riesgos para la salud y dejan ver en nuestro exterior la apuesta a una vida sana, vital.” (Diario Libre).

“La implementación de las reformas institucionales cuesta dinero: es impensable eficientizar (sic) la administración de justicia en los términos que apuesta la nueva Constitución…” (FINJUS).

No cabe duda de que la palabra apostar está de moda cuando hasta  nuestra  nueva Constitución lo hace, de seguro un hecho sin parangón en el constitucionalismo universal. Apostamos a todo,  menos a cultivar el rico vocabulario del castellano, en donde encontraríamos una infinidad de verbos que, en la mayoría de los casos, resultan más precisos y adecuados, entre ellos: apoyar, defender,  propugnar, sostener, afirmar, favorecer, respaldar,  auspiciar,  preconizar,  promover,  fomentar y abogar.

Listado

El vocablo listado está de moda en el país desde hace mucho tiempo. Se impuso a partir del año 1978, condenando al desuso entre nuestra clase culta a la palabra más sencilla  lista, que se usaba hasta entonces. Durante el conflicto poselectoral de ese año, el entonces Partido Reformista (PR) impugnó los resultados que habían dado al candidato Antonio Guzmán como ganador de la elección presidencial frente al Dr. Joaquín Balaguer, quien llevaba doce años en el poder. El principal abogado del Partido Reformista, doctor Marino Vinicio Castillo Rodríguez (Vincho),  fundamentó la impugnación, cuyo conocimiento duró meses y fue ampliamente difundido en todo el país,  alegando que la oposición había trastocado los listados electorales. El término gustó entre la intelectualidad y desde esa fecha ha desaparecido lista del vocabulario de la gente “bien”.

¿Por qué? Supongo que tiene que ver con la congénita preferencia de esta clase por las palabras y frases más largas y complicadas. El historiador y escritor colombiano Jorge Orlando Melo ha analizado el tema de manera inmejorable:

[Hay palabras que] mueren porque son sencillas y breves, y las derrota el gusto por la expresión larga o pretenciosa: en los periódicos nadie anda por la calle sino que “se desplaza por la vía pública», ni entra a un edificio, sino que “ingresa a una edificación, ni existe tráfico sino “movilidad”. Ascender está matando a subir; descender a bajar; invidente a ciego; concluir a acabar; reemplazar o transformar a cambiar; abuelito a anciano o viejo; escuchar a oír. Y las palabras simples se cambian por largas perífrasis: “cambiar el texto”  se vuelve “introducir modificaciones en la redacción del documento” y “dar comida a los pobres” se convirtió en “desarrollar procesos de atención alimentaria a las poblaciones desfavorecidas”.

Los ejemplos sobran: es fácil hacer una lista de centenares de palabras en peligro de desaparición, porque los burócratas, locutores y periodistas piensan que son de clase baja, y de palabras y expresiones presumidas, que pueden servir para un manual de estilo para los que quieren lucirse. Los idiomas han cambiado siempre. Pero lo nuevo es que la creatividad popular y la literatura ya no son la fuerza principal de cambio, sino los medios de comunicación y la burocracia.”1

En la República Dominicana cabría agregar a los abogados a la lista de responsables.

Continuaremos en la próxima entrega con más palabras de moda.

1 MELO, Jorge Orlando. “El colombiano exquisito”. El Tiempo, Bogotá, Colombia, 8 de julio del 2009, en línea. Disponible en www.eltiempo.com/opinion/columnistas/jorgeorlandomelo/articulo-web-plantilla_nota_interior-5599388.html [consulta: 1 de agosto de 2010].

© 2010 Fabio J. Guzmán Ariza
Académico de la Lengua