La Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, de la que forma parte la Academia Dominicana de la Lengua, publicaron a fin del año pasado la nueva Ortografía de la lengua española. Esta actualización de la ortografía del español es el producto de muchos años de trabajo que comenzaron a poco tiempo de publicada la edición anterior del año 1999. Con ella se cierra el último ciclo de publicación de las tres obras emblemáticas de las Academias –Diccionario de la lengua española (2001), Nueva gramática de la lengua española (2009) y Ortografía de la lengua española (2010)–,  destinadas a explicar el buen uso del léxico, las reglas gramaticales y la correcta escritura de nuestro idioma, respectivamente. El rasgo más relevante de estas tres publicaciones es su carácter panhispánico, concebido y realizado (en sus propias palabras) “desde la unidad y para la unidad” por las veintidós Academias que componen el ente normativo del idioma español en el mundo.

Se ha dicho con sobrada razón que la ortografía “representa el pilar fundamental de la unidad de la lengua”1, “la mayor fuerza aglutinante, unificadora de una amplia comunidad cultural” y “el triunfo del espíritu de unidad hispánica”2. Ello así porque el vocabulario, la pronunciación y la sintaxis pueden variar de un país hispanohablante a otro – y aun entre las distintas regiones dentro de cada país–, pero no la forma como se escribe el español, que  constituye un código uniforme de representación gráfica cuya finalidad es precisamente garantizar la perfecta comunicación escrita entre los usuarios de la lengua. Por esa razón, es más fácil para un dominicano comprender lo que escribe un mexicano o un español que entender lo que dice.

La ortografía es un sistema convencional estructurado que se ha creado para representar mediante la escritura el lenguaje oral. Es convencional porque en las escrituras alfabéticas la correspondencia entre sonidos (fonemas)  y letras (grafemas) es arbitraria, producto de factores etimológicos, históricos, etc. Así, por ejemplo, el fonema que en español originalmente se escribía nn y hoy se escribe ñ (España), en francés e italiano se escriben gn (Espagne, Spagna) y en portugués nh (Espanha). Igual sucede con  otros elementos de la ortografía, verbigracia, el uso de las mayúsculas: mientras que en la escritura árabe no existen las letras mayúsculas, en alemán se utilizan estas en todos los sustantivos y en español solo en los sustantivos que son nombres propios (salvo el caso muy particular de muchos abogados dominicanos que las utilizan incorrectamente  para casi todos).

Por su carácter arbitrario, establecido y mantenido por las Academias de la Lengua, la ortografía (la palabra significa “recta escritura” y deriva del latín orthographia y esta del griego) es esencialmente una disciplina normativa que aconseja e impone a los hablantes reglas que son en su mayoría de estricta observancia. El incumplimiento de esas reglas resulta en lo que se conoce como “faltas ortográficas”.

La ortografía española aventaja a las de muchos otros idiomas en que cualquier lector, al ver escrita una palabra desconocida para él, puede sin mayores esfuerzos pronunciarla correctamente gracias a las reglas de la tilde, inexistentes en otros idiomas. Compárese la situación de un estudiante asiático de idiomas ante los vocablos españoles término, termino y terminó; la palabra francesa chapeau y la inglesa Worcester. Solo la ortografía española indica cuando un vocablo es agudo, llano o esdrújulo; lo cual no ocurre ni con la francesa (¿chapó o chapo?) ni mucho menos la inglesa (¿cómo adivinar que Worcester  se pronuncia algo así como  úuster?)

La última versión de la Ortografía académica, de unas 750 páginas,  no introduce cambios profundos a la ortografía tradicional del español, sino que intenta hacerla más sólida, coherente, exhaustiva y moderna que la versión de 1999 de mucho menor extensión (162 páginas). Las casi 600 páginas de diferencia entre una y otra se dedican a solucionar problemas concretos y a analizar con esmero todos los distintos temas ortográficos: el estudio de las mayúsculas, por ejemplo, cubre 77 páginas; el de la tilde, 88.

Entre las normas y novedades más interesantes de la nueva Ortografía se encuentran las siguientes:

  •     El alfabeto español se compone de solo 27 letras (a, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z), y no de 29. Se han suprimido, pues,  la ch y la ll, que desde la segunda edición de la ortografía académica, publicada en 1754, venían considerándose como las letras cuarta y decimocuarta del abecedario. La razón radica en que solo son propiamentes letras losgrafemas, esto es, los signos gráficos simples; y no los dígrafos, o combinaciones de dos letras, de los que hay cinco en español:ch, ll, gu, qu y rr. Ya  la Ortografía de 1999 había bautizado a la ch y ll como dígrafos, aunque no las expulsó del alfabeto; y desde 1994 se había acordado que las palabras que comienzan con ch no se ubicarían aparte en el Diccionario, sino dentro de las c, al igual que las que empiezan con la ll, que se colocan desde entonces dentro de las palabras que comienzan con l.
  •     Hay seis letras que reciben distintos nombres en el mundo hispanoblante: la b, la v, la w, la  y, la r y la z. Las denominaciones recomendadas para estas letras por las Academias son las siguientes: para la bbe, en lugar de be largabe grande o be alta; para la vuve, en lugar de veve corta, ve chicave pequeña o v baja; para la wuve doble o doble uve, en lugar de doble veve doble o doble u (se considera esta última denominación, común en México y en la República Dominicana, como  un calco del nombre inglés double u); para la y, ye, en lugar de i griega; para la ii, en lugar de i latina; para la rerre, en lugar de ere (este último nombre se desecha definitivamente y el dígrafo rr se denomina ahora doble erre o erre doble); y para la zzeta, en lugar dezeda.
  •     La tilde tiene como función primordial señalar la sílaba tónica; no le corresponde diferenciar categorías gramaticales ni desambiguar textos. Por esta razón se recomienda no tildar nunca los demostrativos (este, ese, aquel, con sus femeninos y plurales) ni el adverbio solo. Como ya se ha observado en esta columna, desde 1956 se podía prescindir de esas tildes si no había riesgo de ambigüedad.3
  •     Dado que la secuencia de vocal abierta y vocal cerrada átona forma diptongo desde el punto de vista ortográfico, ciertas palabras, como fie (de fiar), guion, truhan,  ion, vio, dio y fue, se consideran monosílabas y, por tanto, no se tildan aunque algunas personas las pronuncien como si tuvieran hiatos.
  •     La conjunción o no se tilda nunca, ya que no se puede confundir con el cero (0) por su diferente tamaño y los espacios que la separan de los elementos coordinados. Antes se escribía 9 ó 10 millones, hoy se debe escribir 9 o 10, ya que con los teclados de computadoras se ha eliminado el peligro de confundir la letra o con la cifra cero, de tamaño mayor.
  •     Se aclaran muchas dudas sobre el uso de las mayúsculas y las minúsculas. A manera de ilustración, se destaca que en los títulos de obras escritas solo debe utilizarse la mayúscula para la palabra inicial; el uso obligatorio de la letra cursiva para el título entero lo delimita y evita el exceso de mayúsculas. Los sustantivos genéricos que suelen preceder al término específico geográfico, como océano, río, golfo, etc., actúan como clasificadores, por lo que deben escribirse con minúscula, por ejemplo:océano Atlántico, cordillera Central, lago Enriquillo, estrecho de Magallanes, etc. Las fórmulas de tratamiento, títulos, profesiones y cargos  se escriben con minúscula (señor, don, doña,  licenciado, magistrado, general), al igual que los días de la semana, los meses del año y los nombres comunes en general seguidos de término específico, como tigre de Bengala, canal de la Mancha, teorema de Pitágoras, etc. Solo será admisible el empleo con mayúscula inicial cuando el tratamiento no es seguido del nombre propio de la persona a la que se refiere (el Presidente viajó a Italia), pero el título deberá escribirse con minúscula inicial cuando esté acompañado del nombre propio (el presidente Leonel Fernández).
  •     Los prefijos se escriben generalmente unidos a la base (superútil, expresidente), a  menos que la base comience con mayúscula (anti-OTAN) o que vaya delante de una expresión pluriverbal (ex primer ministro, pro derecho humanos).
  •     Las combinaciones (dígrafosck cq no pertenecen al sistema gráfico del español, de manera que en las voces extranjeras que los incluyen deben sustituirse esas combinaciones por las grafías propias de nuestro idioma, a saber: bloc o bloque (en vez de block), coctel (en vez de cocktail) y tique (en vez de ticket).
  •     Se aconseja españolizar completamente la grafía de las palabras que emplean la letra q (salvo cuando formen dígrafos con la vocal u). En consecuencia, en lo adelante se debe escribir cuórum y execuátur en lugar de quórum y exequátur, así como Irak yCatar, en vez de Iraq y Qatar.
  •     El español rechaza la duplicación de consonantes si esa duplicación no se refleja en la pronunciación. Los préstamos de otras lenguas que incluyen dos consonantes se adaptan al español reduciéndolas a una sola: adenda (addenda), impase (impasse),brócoli (broccoli), escáner (scanner). La escritura con la consonante repetida representa un extranjerismo crudo que debe escribirse en cursivas (pizza, jazz), al igual que las expresiones procedentes de otras lenguas que no se han españolizado (ballet) y las palabras extranjeras que contienen sh (flash, show).

Por lo difícil que resulta vencer hábitos de años o décadas, los cambios ortográficos han provocado siempre resistencias y quejas, pero a la corta o a la larga los hispanohablantes acabamos acostumbrándonos a las nuevas normas y acatando las directrices académicas, que han sido formuladas para bien de todos. A decir verdad, la ortografía española actual es esencialmente la misma que aprobó la Real Academia Española en 1815 en su octava edición, cuando se simplificó notablemente la escritura eliminando losdígrafos ph rh,  y el trígrafo chr, entre otros cambios. Desde entonces escribimos física y no physicaritmo y no rhytmo, y algo revolucionario para la época: Cristo y no Christo.

1 REAL ACADEMIA ESPAÑOLA y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Ortografía de la lengua española: Madrid, Espasa, 2010, p. xl.
2 ROSENBLAT, Ángel. Citado en REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Ortografía de la lengua española: Madrid, Espasa, 1999, p. xiv.
3 GUZMÁN ARIZA, Fabio J. “Solo, este, ese y aquel. . . sin tilde”. Gaceta Judicial, núm. 276 (nov. 2009),  pp. 36-37.

© 2011 Fabio J. Guzmán Ariza