Por Bruno Rosario Candelier 

A Miguel Solano,
soldeño fecundo de fluyente imaginación.

 

Llama que quema y se quema,
se consume y no consume: Tu amor.
(Ofelia Berrido, “Fuego”)

 

La huella de la experiencia cósmica

Cuando una mujer da a luz por primera vez se le llama primeriza y, aunque Ofelia Berrido es ya una escritora veterana, como poeta es una autora primeriza. De alguna manera yo he sido una especie de partero literario de su obra: les aseguro que el libro que ha parido Ofelia Berrido es bello, no solo desde el punto de vista físico, con una edición preciosa, sino también desde el punto de vista del contenido conceptual y formal, denso y profundo por la temática, precioso y cautivador por su forma.

Voy a comentar algunos aspectos de la lírica de Ofelia Berrido donde se puede apreciar la onda metafísica y mística de su creación y la peculiaridad estética que distingue a esta primera obra poética de la poeta interiorista.

Para escribir poesía hay que tener sensibilidad estética, pero para escribir el tipo de poesía que aparece en este libro hay que tener, además, una sensibilidad mística, cualidad que distingue a Ofelia Berrido, fruto de su formación espiritual, su vocación estética y su cosmovisión metafísica, hermosas condiciones con las que vino a la vida, con atributos espirituales que la han dotado para la creación, que ella potencia con el aporte de su experiencia cósmica.

Con la expresión “experiencia cósmica” aludo a un tipo de vinculación que desde la sensibilidad profunda una persona puede establecer con la energía espiritual del mundo, y Ofelia ha vivido intensas experiencias cósmicas.

Esta poeta interiorista y académica dominicana nacida en Santiago de los Caballeros ha tenido el acierto de plasmar en poesía ese tipo de vivencia que muchos tienen, pero no todos han podido plasmarla a través del arte de la creación poética o de cualquier otra manifestación artística. Ella tiene un don muy especial que la distingue y enaltece porque posee altas condiciones estéticas y espirituales para encauzar creadoramente sus intuiciones y vivencias.

Los seres humanos nos vinculamos con el mundo sensible del ámbito circundante, con el mundo entrañable inherente en nuestra conciencia o con el ámbito metafísico de lo existente, y algunos tienen la virtud de vincularse con el mundo ideal del que hablaba Platón. Ese “mundo ideal” está más allá de la realidad visible e invisible, en otro mundo desde el cual nos llegan señales, emanaciones, destellos y efluvios, y las sensibilidades especiales, como la de Ofelia Berrido, pueden captar esas ondas provenientes de la cantera del infinito y testimoniar sus hondas percepciones, profundas y sublimes, para lo cual se requiere la posesión de una inteligencia sutil y una sensibilidad estremecida.

Para entender este libro hay que tener la capacidad intelectual y la sensibilidad artística que permitan penetrar en esos niveles de la realidad profunda a través de la palabra. No es un libro común y corriente. Es una obra que requiere el entrenamiento de ciertas disciplinas del espíritu porque tiene un trasfondo metafísico inspirado en una visión religiosa, influida por la filosofía budista que ella aplica en su creación. El libro tiene un meollo metafísico por el horizonte intelectual que plasman sus intuiciones y por el ordenamiento interior y trascendente de su espíritu compenetrado con el silencio, la meditación y la contemplación, indispensables para escribir desde esa onda metafísica.

En este sentido podrán ustedes apreciar el fulgor intuitivo de la sensibilidad que se manifiesta en estos versos esplendorosos, fruto de sus vivencias místicas. No es una obra escrita al amparo de suposiciones, ni de fantasías, sino de sus propias intuiciones, cifradas en sus vivencias interiores.

Hay fenómenos especiales de la conciencia a los que acceden personas con un elevado índice espiritual, como el de Ofelia Berrido, porque nuestra poeta tiene la sensibilidad desarrollada para escuchar la voz infinita de la conciencia cósmica. Quien tiene oídos para captar y entender su voz interior y la voz superior, plasmadas en este libro, da cuenta de intuiciones y revelaciones que son el resultado del desarrollo espiritual de la conciencia y del poder de creatividad para plasmar un contenido como aparece en Pájaros del olvido.

Para escribir una obra como esta hay que haber experimentado fenómenos de conciencia y tener una sensibilidad dispuesta, como la tiene Ofelia Berrido, ataviada con la energía interior del espíritu y potenciada por la vivencia superior de la conciencia cósmica, de la que recibe el aliento de creatividad para sentir, vivir y expresar lo que percibe en el fuero metafísico de la realidad, que no es solo lo que reflejan las sensaciones de las cosas. Lo más importante de la realidad la percibimos con nuestros sentidos interiores o sentidos metafísicos, que en nuestras escuelas no nos los enseñan, pero los que han estudiado la tradición hermética y la literatura de los contemplativos saben que hay corrientes, tendencias y líneas del pensamiento y la espiritualidad que enseñan ese tipo de conocimiento esencial del mundo y de la vida. Entonces, quien ha podido llegar a esos planos de la realidad suprasensible puede tener, no solo esa experiencia, sino la capacidad para intuir, percibir y recrear, mediante la palabra, lo que concita la sensibilidad profunda, vivencia que es un reto para la conciencia.

La alta poesía no es la que se creó para expresar emociones y bellezas consentidas. La gran poesía ahonda en la voz del ser, la voz de las cosas y la voz profunda del Cosmos. Los grandes poetas de la humanidad son los creadores metafísicos y místicos, porque tienen el don especial de percibir el sentido de las cosas y la voz de la Creación, ya que participan de una especie de cordón umbilical de la conciencia que los conecta con la esencia del Universo. En tal virtud, pueden recibir y expresar a través de ese cordón umbilical espiritual señales y emanaciones especiales que los poetas captan y convierten en imágenes y símbolos y logran que su poesía, destinada a la reflexión, la meditación y la comprensión de lo viviente, sea una especie de iluminación de la conciencia.

En Pájaros del olvido, Ofelia Berrido describe pasajes que iluminan la realidad. Hay que vivir y experimentar la llama de la Creación para sentir místicamente el mundo. Ofelia Berrido ha podido sintonizar, desde la vinculación de su alma con el alma del mundo, imágenes, destellos y voces secretas del Universo. Los escritores que experimentan ese tipo de vivencias sienten un desdoblamiento de la sensibilidad y la conciencia para lograr esa coparticipación con la vivencia cósmica, experiencia en la que los autores se sienten uno con la cosa mediante una simbiosis especial de su sensibilidad profunda con la sustancia de las cosas y, entonces, regresan de esa vivencia con el impulso para crear y convertir en poesía lo que han vivido en ese rapto interior de la conciencia, lo que es propio de la alta poesía y de la experiencia extática.

En ese sentido, los poetas metafísicos y místicos tienen una sensibilidad que les permite sentirlo todo, gozarlo todo y sufrirlo todo, por lo que Garcilaso de la Vega hablaba del “dolorido sentir” que experimentan quienes tienen sensibilidad poética. Ese “dolorido sentir” los lleva a compenetrarse sensorial, intelectual, imaginativa, afectiva y espiritualmente con fenómenos y cosas. Después de vivir ese tipo de vivencias, que suelen experimentar poetas, iluminados y místicos, regresan de esa experiencia con un grandioso tesoro que testimonian en su creación. Algunos sufren esa experiencia con dolor, como un parto de la conciencia. Pero cuando regresan de esa experiencia, sienten la necesidad de compartir sus vivencias en la fragua de su conciencia con la inmensa compensación espiritual que remedia el duro pasaje que realizaron para dar con la sustancia de la creación.

Ofelia Berrido se ha vinculado a la realidad en todas sus manifestaciones. Nuestra poeta ha sabido sintonizar las vivencias entrañables desde su sensibilidad profunda y por esa razón ha podido escribir Pájaros del olvido y ha sabido profundizar en la dimensión de la realidad con gran acierto expresivo en esta creación poética. Por suerte para ella y para las letras dominicanas sus experiencias metafísicas han dado buen fruto.

En su creación poética Ofelia Berrido canta el ordenamiento de lo viviente a la luz de la realidad cósmica. Deja fluir la energía interior de su conciencia, y su sensibilidad canaliza lo que ha sentido y vivido, por lo cual plasma una valoración del mundo como expresión de lo sagrado, al tiempo que subraya nuestro destino trascendente. Por eso hay un júbilo místico en sus poemas.

La sensibilidad empática de nuestra poeta está enraizada a lo viviente. Desde esa disposición interior capta y plasma lo que sacude su sensibilidad arrebatada. Cuando experimentamos determinados fenómenos que nos estremecen, se constituyen en un reto para nuestra inteligencia. Quien tiene el don de la palabra, sabe darle forma y sentido a sus vivencias entrañables. En la conformación de estos versos fluye el sentido budista del vacío, la metafísica de renuncia, el desapego y el no deseo desde la nada misma:

 Los pájaros del olvido
En el desvelo de la madrugada
despavoridos vuelan hacia el vacío.
Cantan en voz desesperada
para expulsar tu voz y tus caricias;
para revivir mi piel marchita;
borrar tu nombre, animar mis ojos,
y devolverme la sonrisa.
Sin saber ni entender,
entre el cielo y la tierra,
en el centro de lo desconocido
habito y pienso.
Abro las ventanas rojas
de mi corazón adolorido
y expulso los pájaros del olvido.
El Universo esconde el secreto…
Su grandiosidad no es capaz
de expresar la verdad de tu ausencia…
Y los pájaros del olvido vuelan hacia el vacío…

 

La onda de la sensibilidad profunda

Ofelia Berrido posee una profunda sensibilidad espiritual en conexión con la Energía esencial del Universo. Ese atributo de su interioridad se manifiesta en una disposición para asumir la dimensión interna y mística de lo viviente y expresarla en sus creaciones mediante una onda metafísica y poética, como lo hicieran Emily Dickinson, Alfonsina Storni y Dulce María Loinaz, aunque en la obra de la poeta dominicana se suma la orientación de la mística oriental con el aliento de la experiencia metafísica.

Podemos vivir metafísicamente el mundo, hecho que implica sentir su vertiente interna y trascendente, como lo viven los iluminados y contemplativos desde el ámbito de su fuero personal mediante la recreación de una llama, un ideal o un sueño. Para entender este planteamiento es importante distinguir tres aspectos conceptuales vinculados a la comprensión de la realidad:

 1. El “mundo sensible” del ámbito circundante, del cual asumimos los datos de lo real-objetivo para transmutarlos en sustancia de nuestras experiencias interiores y, desde luego, en la temática de la creación.

2. El “mundo entrañable” de la interioridad, donde podemos recrear, a nuestro gusto y manera, el placer de lo vivido con la fruición de lo sentido.

3. El “mundo trascendente” de la realidad metafísica para experimentar, como dijera Platón, el “mundo ideal” de la verdadera Realidad, como lo suelen experimentar los poetas místicos y metafísicos.

   La creación poética de Ofelia Berrido (1) es una expresión de la dimensión espiritual de su sensibilidad trascendente, con una obvia orientación hacia el sentido de la vida y el vínculo con lo sagrado. No ignoro que la cualidad de un poema radica en su aliento expresivo, su gracia estética y su formalización expresada en datos sensoriales con hondura interior. Desde luego, las ideas que fundan al poema han de concitar el atractivo del sentido que lo orienta porque algo debe darle brillo a la inspiración. Pero como obra literaria o expresión estética del lenguaje, la imagen y el concepto han de imbricarse a la vertiente afectiva, conceptual y espiritual del tema, aunque su lenguaje emocional se funde con la energía interior de la imagen o el contenido del concepto.

Hay que ponderar el aspecto conceptual en la composición de estos poemas en razón de que, para nuestra poeta, es importante no solo la belleza de la forma sino la hermosura del concepto, con un peso específico inherente a su visión del mundo. Ofelia Berrido revela una peculiar atmósfera interior, índice del horizonte metafísico de sus creencias y el aura mística de sus vivencias. Cuando algo concita la vertiente profunda de la sensibilidad, concita no solo una irradiación de lo invisible sino que provoca una valoración reflexiva con un sentimiento de compenetración y entrega.

Nuestra poeta suele refugiarse en el claustro de su intimidad para oír el eco del silencio, sentir el aura de la meditación, disfrutar el sabor de la soledad y vivir el esplendor de la Creación bajo el halo sutil de lo sagrado. Las composiciones poéticas de Ofelia Berrido constituyen un testimonio vivo y elocuente, no solo de su capacidad descriptiva, sino del fulgor vaporoso de su espiritualidad y el caudal de conceptos y emociones que matizan las singulares vivencias de sus experiencias interiores.

La poesía puede inspirarse en cualquier tema y bajo la línea de cualquier vertiente estética, lo mismo de las cosas agradables de la vida o de las que generan frustración o desdicha. El sentimiento de desaliento que genera una realidad dura y nefasta tiene dos grandes aliados que ayudan a combatir los efectos aniquiladores de una experiencia dolorosa, como son la VIDA INTERIOR DE LA CONCIENCIA y el PODER MÍSTICO DE LA ESPIRITUALIDAD.

Quien ha sido entrenado en los predios fecundos de la espiritualidad, como Ofelia Berrido, adquiere la fuerza interior para transmutar y sublimar lo que desarticula y altera el curso ordinario de la cotidianidad.

La poesía de Ofelia Berrido recuerda la de Emily Dickinson por la relación de su sensibilidad empática con lo viviente. A la ilustre poeta norteamericana le tocó sufrir una experiencia dolorosa vinculada a una frustración de amor. La “solitaria de Amherst” se refugió en su residencia, y como era no solo bella y graciosa sino talentosa y rica, abandonó el mundo y se encerró a rumiar su frustración en los predios de su lujosa mansión. Allí se dedicó a cultivar el jardín, a contemplar la naturaleza y sublimar su desencanto. Para su fortuna contó con la más hermosa vía de sublimación de penas y frustraciones: tenía a su disposición el ángel de la poesía, a la que se entregó en cuerpo y alma, canalizando en el arte del lenguaje artístico el caudal de su experiencia dolorosa y, en vez de malgastar su tiempo replicando su desaliento, transmutó en hermosos versos el contenido de sus vivencias, adobado al sentimiento místico de lo divino, por lo que pudo potenciar su vida interior y su espiritualidad, dándole a su existencia, mediante el arte de la creación poética, un sentido de compensación y trascendencia.

En el caso particular de Ofelia Berrido, tres atributos favorecen a esta singular mujer dotada de gracia, talento y belleza: el DON DEL ALIENTO METAFÍSICO, con la base mística para hacer de su obra un tributo de amor divino; el DON DEL TALENTO CREADOR, con la formación indispensable para hacer una creación de poesía y ficción; y el DON DE LA GRACIA ESPIRITUAL, con el encanto del entusiasmo enaltecedor, para darle a su pensamiento un toque de profundidad trascendente.

En efecto, nuestra querida y admirada poeta tiene a su alcance esos singulares atributos para hacer de su palabra la obra que transmuta una dolorosa experiencia en fuente de belleza sublime mediante el caudal de vivencias espirituales, de manera que nuestra creadora ha sabido transmutar la carga de angustias en sustancia para el arte y en ofrenda al Padre de la Creación. La llama de esos dones fecunda su sensibilidad, atiza su inteligencia y concita su talante estético para gestar frutos elocuentes.

En “Perdida en el tiempo” presenta la delicadeza expresiva de su sensibilidad y los efluvios espirituales de su conciencia. Hermosa creación de una mujer singularmente exquisita, especialmente sensible y copiosamente inteligente. Así es la onda sutil que posa, susurrante y melodiosa, en los átomos ardientes de un corazón enardecido:

La tormenta incitó
 el derrumbe de delirios…
Abatida por la impotencia,
asediada por la tortura
de vivir en un tiempo ajeno
poco a poco muero.
El  espacio…
El espacio no existe,
solo lo imagino para sentirme viva.
Una miga de esperanza,
sin razones y sin palabras,
cantará en silencio mi destino.
Sentiré el instante aún no vivido,
para que el tiempo
de otro pase y llegue el mío.

 

El sentido de estos poemas es el destino humano, índice de su vocación mística y de la dimensión espiritual de su sensibilidad. La temática de la poesía de Ofelia Berrido, desde cuya esencia aflora el fulgor de lo viviente, procede del caudal de sus intuiciones y vivencias. Además del valor sentimental que estos poemas tienen para su autora, sus composiciones poseen un valor metafísico por la conexión con la energía esencial de lo existente. Cuando nuestra poeta realiza ejercicios de meditación se entrega al fluir de la conciencia para experimentar la sensación del vacío y sentirse una con el Todo. En “Llanto sostenido” refleja el vínculo cósmico de una sensibilidad engarzada a la Energía espiritual de la naturaleza (2):

Sucedo como arbusto seco,
como leña sin cenizas,
como papel sin letras,
como lienzo sin obra,
como lluvia de mayo que no llega.
Sucedo, en medio del abismo,
entre lágrimas de un llanto sostenido
para que el sufrimiento y lo turbio se agoten,
para que fertilice la tierra
aún no creada, limpie mi alma
y vuelva a nacer la esperanza.

 

La poeta hace uso de los sentidos físicos y metafísicos para palpar las múltiples vibraciones de lo viviente. El aliento de lo divino, engarzado a lo real, aflora como la fuerza espiritual que la sostiene. En “Arcanos sutiles” evoca el ánfora sagrada y con ella el aliento vaporoso que la eleva a las esferas, canales de inspiración, sabiduría y gracia:

Caracola de extinguida voz
sobre tu pecho de palma,
concha de líquido suave,
néctar para tus labios, esa soy yo.
Bebe de mi cáliz la sustancia del Universo,
en este instante de deleite y pasión
bajo el silencio eterno de los siglos.
Antes que se encienda el cocuyo
cuando la sombra lo abrace
en la última hora del adiós.

 

Cuando nuestra poeta se pone en contacto con los elementos, especialmente con el fuego o el agua, símbolos de lo viviente, propicia la conexión interior con la Esencia de la Vida, que es lo mismo que decir, con la Energía espiritual del Cosmos. En “Margaritas amarillas”, Ofelia revela una experiencia metafísica en la que se siente integrada a la sacralidad del mundo, arrobada por el aletazo del misterio (3):

Perdida la vestidura
soy burbuja que se desvanece en el río
convertida en corriente.
Soy energía, origen,
polvo que se refunde en sus ancestros…

 

La relación entre la emisora de los versos y la realidad sensible manifiesta la dimensión amorosa de una sensibilidad abierta, empática y fecunda en íntima conexión con lo viviente, como se aprecia en “Luna que surca los mares”:

Agua, fertilidad…Vida.
Matriz del mundo, llévame oculta
en la media luna que surca los mares;
en las entrañas del pez
 o en tu cóncava cuna:
húmedo y cálido vientre de madre.

 

Talante místico de una idiosincrasia espiritual

Tiene nuestra poeta un talante sensitivo con una gran capacidad de amor. A través de sus versos se vislumbra una luz en su interior. La poesía de Ofelia es la expresión de su alma iluminada y buena, como se manifiesta en “Vuelo de mariposas”:

Te siento sereno
cuando juegas en el parque
y te columpias en el ir y venir
 de la nada…
Abrazada a tu cuerpo
espero el abrir de tus ojos,
velando el aletear de las mariposas
que se posan en tu mirada en ti anclada.
Siento tu aliento tibio en mi hombro.
Abarcada por el calor de tu cuerpo,
busco salir del abismo,
llenarme de vida y asombro…

 

El silencio, la oración y la meditación afinan con la sensibilidad de nuestra poeta y, en estado contemplativo, escucha voces de la cantera infinita. Según la cosmovisión de Pájaros del olvido, somos una realidad predeterminada por un Ordenamiento al que estamos sometidos inexorablemente. En tal virtud, el contenido de sus versos procura el acoplamiento al dictado del COSMOS que el Creador alienta, así como la pauta de la versificación establecida, conforme el ejemplo de “La canción de Nakitekas”:

Desprevenidos nos abraza
lo único certero:
lo que permea la vida,
las experiencias y el destino.
Muere la flor y el árbol,
el siervo y el amo;
muere el bueno y el malo…
Muere el amanecer en el ocaso,
la estrella que tintinea;
hasta el sol muere,
y renace con la aurora.
¡Hay algo oculto en la muerte
que no esté impreso en la vida?
¡Canta, Nakitecas!
¡Canta himnos sagrados!
Canta la canción candorosa
de la imagen desnuda que roba
 los recuerdos y ocasiona el olvido.

 

Los versos de  “Laberinto de sombras” concitan ratificación de la búsqueda mística subyacente en su alma enamorada de lo divino:

Era agua de manantiales, luz divina,
la alegría acompañaba mi danza
al salir el astro de la mañana.
¿Qué misteriosa idea avoca
prueba de mi fe en Ti?
¿Qué bestia salvaje esconde
 los secretos que ocultas de mí?
Soy ahora Minotauro que preso busca
salir de este oculto laberinto
que he creado para mí.

 

En mi sala de estudios evoco el aliento de una presencia vaporosa. El rumor de la noche fluye suave y silencioso; el cielo está lleno de estrellas y en la fragua del sentir solo tengo oídos para escuchar el ritmo de una música interior bajo el aura de una imagen con su presencia invisible. Creo, con la autora de “Guardianes del bosque”, que en ese espacio natual mora el aliento divino custodiado por guardianes de lo arcano:

Morada del aliento,
serpientes de vueltas sempiternas,
aves de rojo plumaje…
¡Pureza viva!
Tu fuerza es existencia
reverdecida al despuntar el día.
Los hijos de las llanuras
son los que alcanzan la cima.

 

En la visión de Ofelia Berrido (4), la naturaleza tiene una partícula divina que articula lo existente y transforma la condición humana para encauzar la vida hacia el derrotero inexorable del destino que a todos nos aguarda, según ilustra en “Los danzantes”:

¡Oh danzantes de ropajes blancos,
del bosque tropical y espeso!
Mirad las rojas y olorosas drupas,
alfombra de muérdago que fecunda versos.
El jardinero de la noche
con su canto sonoro
en esmeralda transformó las ramas
de pasiones y deseos.
Transfiguradla en Luz Divina
para que pueda lucir una corona
de muérdago en mi frente.

 

La poeta experimenta un júbilo entrañable al sentir la presencia inmaterial de un aliento iluminado que recrea con el requiebro de la sombra en el alero de la lumbre. Esa disposición de su sensibilidad se funda en el aliento de sus vivencias, que otorga un aire de misticismo a su creación, como se aprecia en “La marcha”:

Lo sé por la dicha inmensa
 que me embriaga
y por la danza de mi corazón.
¡Por fin he llegado!
Lo avisto en el brillo
 de constelaciones de tus ojos.
Es una luz fuerte, intensa, cegadora.
Rayos dorados lo cubren todo…
Solo siento
y aspiro el aliento del gran silencio
y una infinita paz se hace cargo de mí.

 

La emisora de estos versos quiera apresurar el anhelo de dejarse poseer por la vida,  con la emoción de sentir todas sus formas, colores, facetas y texturas de la intrincada red de lo viviente. En “La muerte de ahora” lo plantea:

De ahí, surgiré…
seré vapor, niebla y nube
y caeré suave y cristalina…
multiplicada en lluvia para unirme a ti
en el océano interminable de los sueños…

 

En “Sonido primordial”, cuyo aliento metafísico confirma una visión espiritual de lo viviente, la poeta anhela “develar” el misterio, es decir, ´quitar el velo´, ´descubrir´ o ´revelar´ lo que la realidad oculta:

Silencio inmóvil,
solo el arroyo se escucha
 correr entre las peñas.
Palpitas en mi pecho, corazón del cielo,
al impulsar las aguas del torrente
y desplazarte entre los pinos y los cedros.
Vibración sagrada, sagrada vibración,
sostenida en do
sobre la corriente y el vacío…
Susurra tu secreto en mi oído,
devela tu misterio y llévame contigo.

 

En “Aleph”, la poeta ausculta la dimensión cuántica de la realidad cósmica con la concepción metafísica de su espiritualidad:

Ve cómo surge el signo primigenio
que vincula al mundo.
Descubre el postrero de esta historia sin fin…
¡Allí yace la palabra!
Es la estampa de los mundos creables.
Una historia sin fin…
Encamina tus pasos firmes
hacia el norte de los peldaños,
como si fuera Babel.
Allí brillan las estrellas.
Una historia sin fin…
Por el Este dirige tu mirada
al Sol que incendiado se eleva.
Cuando retornes del Oeste de Oriente
y del Sur tropical terrenal…
sabrás que esta historia no tiene fin…

 

En “Tres días sin sueño”, la persona lírica siente que tiene una coparticipación con la Energía esencial y sueña con descifrar el secreto que subyace en la voz de la Creación:

Ya nada te importa,
pero todo se escucha,
 todo se siente, se ve, se intuye…
Una hormiga trepa
el tallo de una rosa.
Oyes la hoja que se mueve,
el abrir de los pétalos de un capullo;
ves como su aroma se esparce;
y sientes que se acerca la abeja.
La noche me ha atrapado
me mantiene en vigilia.
Hay algún secreto
que estoy supuesta a develar
despierta en la noche.

 

Sentimiento de coparticipación con lo viviente

En la coparticipación con lo viviente, coexisten la vida y la muerte, la sombra y la luz, arriba y abajo, dentro y fuera, pero todo es un continuum (5). Todo forma una red y todo está en todo. En ese tenor, muerte y vida se suceden sin tregua:

La muerte es la vida en un continuum.
La muerte no llega: nos acompaña siempre;
Es parte de nosotros, como lo es nuestro rostro;
o la mirada de nostalgia al recordar viejos amores:
la muerte está en cada fibra de nuestro cuerpo,
es la vida que late y seguirá latiendo,
Es luz… Luz eterna…

 

El místico intuye que la vida, como expresión divina, es eterna por el vínculo entrañable con la Potencia esencial de lo viviente. Es una manera de descubrir, mediante la revelación ontológica, que el Ser se revela en su plenitud. Esa conciencia de lo real conlleva una iluminación interior que supera el miedo a la muerte, propicia la liberación mental y alienta el desapego de las cosas transitorias y caducas. Por eso el místico valora el sentido de la sabiduría, la bondad del amor, la verdad metafísica, los efluvios espirituales, la voz universal, el entusiasmo divino y las revelaciones trascendentes. En “Revelación”, nuestra poeta interiorista intenta describir la subyugación de su alma ante la gracia de la experiencia mística:

Aquel día…
Aquel instante imposible de medir
experimenté la diafanidad del Universo.
No vi  Tu imagen ni oí tus palabras,
pero Te aprehendí.
En aquella luz nunca antes vislumbrada,
en aquella intensa claridad;
en aquella naturaleza en su esplendor;
en aquella felicidad en la cual me convertí
Te sentí.
Aquel rapto de paz y de goce
me cerró las puertas de la duda
y me abrió el camino de la fe.

 

En su poetizar consciente, nuestra poeta se une a todo, se vuelve todo y lo siente todo. Y en esa identificación se hace una con los elementos. La de Ofelia Berrido es una poesía reflexiva cuya belleza se funda en el encanto del concepto con el que encauza un pensamiento integrado a un sentimiento divino. Cuando la imagen se articula a conceptos profundos genera deleite conceptual.  “Nada puede ser atrapado” lo expresa:

Mi espíritu no puede ser
 atrapado ni poseído ni explicado.
No hay principio ni fin,
ni interior ni exterior.
No hay instancias…
Solo una confesión silenciosa;
un beso y un abrazo al viento;
un fuego inexistente que te quema;
un sentir sin toque;
un aprender sin palabras;
un Todo en la nada.

 

En el vuelo trascendente de “Pájaros del olvido II” podemos apreciar la recreación de una vivencia estética en su arraigo cósmico. Su conexión metafísica con la visión búdica y cuántica de lo existente le inspira el sentido budista del vacío, concepto que tiene una connotación mística en las culturas contemplativas del Oriente. Es una vía metafísica de la renuncia y un cauce simbólico del desapego, del no-deseo, ni de nada que implique la querencia de la voluntad para experimentar la vivencia de la nada en la nada misma del vacío, el silencio y la soledad. Poética del desapego, también lo es de la vocación contemplativa que hace de la palabra el centro de reflexión espiritual a la luz de una honda inclinación del espíritu humano según el impulso interior que asciende hacia la región sutil de la pureza seráfica para experimentar la purificación que libera, la fruición que embriaga y el éxtasis que transforma.

En “Invisibles mundos” la poeta siente que “todo se desvanece”. Ese planteamiento tiene varias implicaciones: conexión cósmica, intuición metafísica, vivencia mística, catarsis lírica, logoterapia poética, comprensión búdica y fruición espiritual. En su percepción de lo viviente, Ofelia tiene una percepción múltiple y simultánea de una misma cosa, pues la realidad es un entresijo de redes, partículas y ondas que conforma el perfil de lo existente:

Soy éter, rocío, niebla, espuma… 
Soy humo de un fuego ausente,
cenizas de una madera verde,
vapor del suelo tras la lluvia.
Soy polen que el viento carga en su seno,
olor a lluvia del desierto, fuego y agua.
Soy… presencia de muerte,
  esperanza de vida,
ámbar de la extinta Hymenea.
Soy la resina de mi herida,
arcilla y arena endurecida,
tierra en reposo… milenios.

 

Este poemario de Ofelia Berrido, con el lenguaje del yo profundo y la dimensión espiritual de las cosas, canaliza secretos de su jardín interior, ese fuero entrañable en el que fluyen miedos, ansias, dudas, sueños y certidumbres para que “las pasiones se expresen en un alma que persigue la calma”. De algún modo es también la expresión de la lucha entre el ruido y el silencio, entre el instinto y la razón, entre el pasado y el futuro. Pájaros del olvido, expresión del misterio inherente con su reto inminente, despliega “Señales dolorosas”:

Me das señales dolorosas
y aquí estoy, rebelde,
padeciendo esta aflicción.
El entender no aminora mi sorpresa.
El sentir tu Presencia, no suprime el temor.
Ahora que encuentro la paz
me arrebatas todo.
Cuando por fin disfruto el mundo,
lo pierdo todo.
Veo cómo la muerte acecha, pasiva
y  la  encuentro en todas partes casi dormida.
Recibo tus señales.
Una y otra vez veo Tus huellas
y no lo puedo creer.
Huyo despavorida…
No me preparo para la muerte,
sigo en este mundo de la forma
atada a pequeñeces.

 

Para una sensibilidad espiritual y estética identificada con el Budismo Zen es natural que su cultora se incline por el tanka, una forma de creación poética, condensada y elocuente de la cultura japonesa, ideada para canalizar, en la brevedad de unos versos sencillos, la visión mística de lo viviente, como se evidencia en este poemilla:

Débil corazón
que ansiaba llegar y se cansó
 en el camino…
Yaces en la oscuridad certera,
tu tumba huele a flor.

 

Cuando se tiene una inteligencia sutil y una sensibilidad porosa a la belleza y el misterio, como la de Ofelia Berrido, se puede percibir la connotación inherente a la dimensión interna y esencial de lo viviente, conforme lo revelan estos versos:

En tus hojas descubro
 la fragilidad;
en tus raíces los secretos del Universo.

 

En fin, estamos ante la obra de una autora con fino aliento espiritual y claro sentido cósmico, canalizando en el lenguaje de la poesía la gracia y encanto sensorial. Esta agraciada poeta tiene una alta dotación sensible con una peculiar frecuencia espiritual y, mediante la canalización de sus intuiciones y vivencias, expresa la conexión de su vivencia cósmica con su manera de entender el mundo desde la irradiación de su sensibilidad profunda. En esta obra poética podrán apreciar su visión del mundo, el testimonio de su sensibilidad estética y la vertiente espiritual de un espíritu altamente exquisito, frugalmente hermoso y sensiblemente dulce, como el de Ofelia Berrido.

 Notas:

1. Ofelia Berrido nació en Santiago, República Dominicana. Estudió en los Estados Unidos de Norteamérica. Ha viajado por varios países cuya cultura mística y literaria ha nutrido su formación intelectual. Habla español, inglés y francés. Docente de literatura y español. Doctora en Medicina por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, se especializó en Ginecología y Obstetricia y en Oncología Ginecológica en la Escuela de Residencias Médicas de la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia. Busca en el interior del hombre la raíz de sus fortalezas y debilidades, sus alegrías y sufrimientos para entender el sentido de la vida y el mundo. Una necesidad de comunicación con el Poder del Universo fecunda su sensibilidad espiritual y se siente atraída por la Energía Cósmica, concitándole los secretos de la vida, lo Absoluto, que busca como una necesidad espiritual y estética. Cultora de narrativa, ensayo y poesía, publicó la novela mística El sol secreto (Santo Domingo, 2006) y ahora el poemario metafísico Pájaros del olvido. Como un ángel de luz y ternura, disfruta la pasión de lo divino en virtud del don espiritual que embellece su alma y nutre su sabiduría. Cautivada por la Potencia del que Es, vive y goza la pasión de lo divino.

2. En carta que me enviara Ofelia Berrido, mediante correo electrónico fechado el 23 de abril de 2012, me escribió: “Vivimos pensando que actuamos, que nos movemos, que las cosas cambian y sencillamente el tiempo pasa y las cosas develan su potencialidad, su naturaleza.  Todo estuvo ahí desde un principio… Todo está ahí simultáneamente.  Nuestra vida y nuestra muerte,  nuestros dolores y nuestras alegrías, nuestras ataduras y nuestra liberación: todo está ahí en el tiempo desarrollándose, dejándose ver. Todo está ahí. Todo es… infinitamente…”.

3. En mi contestación a la poeta interiorista, le escribí por la misma vía y en la misma fecha lo siguiente: “Es sorprendente el concepto de que las cosas coexistan en una simultaneidad de pasado y futuro, de tiempo y materia, según lo explica la visión cuántica, metafísica y poética, como la han percibido algunos poetas, entre ellos, el dominicano Noé Zayas y el boricua José Luis Vega. Los grandes idearios espirituales, conllevan una nueva visión del mundo y de la vida, con una transformación que se manifiesta en el comportamiento y la creatividad. Ese es el efecto transformante de la iluminación, que logran místicos y contemplativos desde una de las orientaciones espirituales que existen a disposición de los interesados”.

4. En carta que me enviara Ofelia Berrido, mediante correo electrónico fechado el 23 de abril de 2012, me escribió: “Vivimos pensando que actuamos, que nos movemos, que las cosas cambian y sencillamente el tiempo pasa y las cosas develan su potencialidad, su naturaleza.  Todo estuvo ahí desde un principio… el pollo es pollo aun siendo huevo; está ahí sin lugar a dudas, pero solo en el tiempo somos capaces de verlo. Todo está ahí simultáneamente.  Nuestra vida y nuestra muerte,  nuestros dolores y nuestras alegrías, nuestras ataduras y nuestra liberación: todo está ahí en el tiempo desarrollándose, dejándose ver. Todo está ahí. Todo es infinitamente…Quiero tocar un poco el Genjo Koan, pero es bueno recordar, aunque bien sé que es de su conocimiento, que cuando se habla de Budha no se habla de ningún dios. “Budha” significa sabio y “buddha”, con dos “d”, se refiere al ser que ha alcanzado la iluminación. Es decir, el ser humano que ha penetrado la ilusión del mundo y ha alcanzado el conocimiento liberador. Por otro lado, el Budismo es el sistema filosófico promulgado por Siddhartha Gautama, pero el buddha no es un nombre propio, sino un adjetivo que califica un estado o condición, aunque en Occidente el término ha acabado por convertirse en un nombre propio y personal que designa a Siddhartha Gautama, el fundador del Buddhismo”.

5. En mi contestación a la poeta interiorista, le escribí por la misma vía y en la misma fecha lo siguiente: “Es sorprendente el concepto de que las cosas coexistan en una simultaneidad de pasado y futuro, de tiempo y materia, según lo explica la visión cuántica, metafísica y poética, como la han percibido algunos poetas, entre ellos, el dominicano Noé Zayas y el boricua José Luis Vega. Los grandes idearios espirituales, entre los cuales el Budismo tiene un lugar singular, conllevan una nueva visión del mundo y de la vida, con una transformación que se manifiesta en el comportamiento y la creatividad. Ese es el efecto transformante de la iluminación, que logran místicos y contemplativos desde una de las orientaciones espirituales que enaltecen la vida”.

Bruno Rosario Candelier
Presentación de Pájaros del olvido
Santo Domingo, ADL, 25 de octubre de 2012.

 

Escrito por Ruth Ruiz