Por Camelia Michel

   La Academia Dominicana de la Lengua es una fragua de realizaciones que apuntalan el uso y desarrollo del español en el país. La institución asemeja un taller donde las ideas toman forma como la materia que modela un escultor cuando plasma su mejor efigie.

Eso lo atestiguan las obras publicadas gracias al intenso trabajo que desarrolla la presente gestión al frente de la ADL, dirigida por el Dr. Bruno Rosario Candelier, quien cuenta con un equipo de trabajo de alta capacidad que integra la comisión lexicográfica y la comisión literaria de la institución.

En adición al Diccionario del español dominicano y al Diccionario fraseológico del español dominicano, Bruno Rosario Candelier ha publicado dos nuevos glosarios: el Diccionario de símbolos y el Diccionario de mística, y los boletines de la corporación, donde se aprecia el aporte de la ADL a la obra de la Real Academia Española, como diccionarios y manuales de gramática y ortografía, entre otras.

Entre los diversos materiales bibliográficos se percibe un futuro en construcción. La Academia nos remite al paraíso de Borges, que el insigne argentino imaginara como una biblioteca expandida por el Universo. Los fabulosos ejemplares de la colección académica no tienen la dimensión cuantitativa soñada por Borges, pero poseen el germen cósmico por su valor intrínseco y, sobre todo, por su capacidad de crecimiento. Nuevos ejemplares, muchos de los cuales son elaborados por el equipo de trabajo de la Academia, nos hablan de esa capacidad de renovación; de vivir siempre reinventándose, pues Rosario Candelier tiene una agenda llena de planes con miras al futuro inmediato.

El intelectual resalta la labor de confección de nuevos diccionarios. En la vetusta Casa de la Lengua que alberga a la institución, los minutos se marchan de prisa, en medio de la rutina de trabajo. Sin embargo, siempre hay oportunidad para la conversación amable y fructífera con su director. A pesar del trajín, hay espacio para el café y el diálogo. A la pregunta de qué han significado sus años de trabajo en la dirección de la Academia Dominicana de la Lengua, su respuesta no se hace esperar: “La oportunidad de servir al país, teniendo como base el estudio de la lengua y el cultivo de las letras. Una magnífica vía para sembrar inquietudes lingüísticas, promover la devoción por nuestras letras y atizar la conciencia de lengua en nuestros hablantes”.

Bruno Rosario Candelier tiene una sólida trayectoria como académico, lingüista y crítico literario, amén de su incursión en la narrativa. Pero es en el contacto con la gente, a través de la enseñanza y de la gestión cultural, como promotor y mentor de vocaciones literarias, donde encuentra su mayor fuente de satisfacción.

Esto lleva al escritor y creador del Movimiento Interiorista, uno de los movimientos literarios contemporáneos más fructíferos en República Dominicana, a afirmar que uno de sus principales logros es haber sacado a la Academia “de las cuatro paredes” en que vivía confinada. Afirma con orgullo: “He integrado la sociedad a la Academia. He activado esta institución, y algo bueno hemos hecho porque nos han atacado”.

   Comentario del poeta Leopoldo Minaya: “Estoy del lado de don Bruno Rosario Candelier. No creo que haya nadie que trabaje como él, ni que ame tanto las letras como él, ni que escriba como él, ni se dedique a los demás como él. Aquí nadie o casi nadie se interesa por las obras de los otros, salvo él; todos se endiosan ellos mismos, menos él”.

Santo Domingo, el 11 de octubre de 2017.